Lo apolíneo como línea evolutiva positiva de la humanidad

Darwinismo temprano versus darwinismo actual

Una opinión que antes nos parecía brillante, nos puede llegar a parecer retrógrada después de unos cinco o diez años. Recuerdo todavía aquellas conversaciones, entre el año 2001 y el 2009, en pequeños grupos de jóvenes que se caracterizaban por una crítica amarga a la sociedad y a la religión. En aquel entonces yo sólo absorbía lo que escuchaba, y también estaba de acuerdo con algunas cosas pero más que todo buscaba la manera de aferrarme a un punto de vista que simulara (o emulara) fuerza de carácter y dominio del espíritu. Era un joven reaccionario que buscaba un nicho ideológico hecho a medida y el nicho de Nietzsche siempre tiene la capacidad de simular (o emular) esa fuerza de carácter y dominio del espíritu que un tipo de persona busca en los libros.

Tarot_Rey de Espadas.Había en esos círculos no sólo personas reaccionarias que se buscaban a sí mismas, había también ese tipo de persona que trata a la sociedad con desprecio como si ella, la persona, estuviese formada de otra sustancia, de una sustancia superior. Hablamos de lo estúpida que son las masas, de cómo se dejan llevar por ideas que corrompen el espíritu, ideas diseñadas para ser asimiladas por débiles de alma, o ideas que terminan debilitando el alma en aquellos que las aceptan –obviando el hecho de que nosotros mismos también nos dejábamos llevar, en nuestra pedantería y esnobismo, por lo que alguien en el siglo XIX escribió en sus libros, en una sociedad y tiempo muy diferentes a los nuestros. Parecería que Nietzsche no es un darwinista social, y sin embargo es posible argumentar que su llamado por algunos existencialismo humanista y su sentido de aristocracia espiritual son formas sublimadas de darwinismo social, un darwinismo temprano ilustrado por los conocimientos de vanguardia de un joven que perteneció a los círculos de conversaciones reaccionarias de su tiempo. Por eso no es extraño que Nietzsche tenga alguna resonancia o continuidad en los círculos reaccionarios de tiempos sucesivos. Dicho esto, es nietzscheana una forma de darwinismo social que otorga una justificación para tomar lo que se quiere del mundo, destruyendo a “los débiles” en el camino, porque la compasión es femenina y decadente –dice Nietzsche–, y la crueldad y el instinto de supervivencia justifican la dureza y el desprecio, los cuales nos hacen fuertes y evolucionados –según Nietzsche.

Es fácil rastrear la actitud de Nietzsche en los clichés del darwinismo temprano. Se creía en el siglo XIX, apenas nacido el darwinismo, que la crueldad y la competencia despiadada eran la norma, el imperativo conductual en el reino animal. Hoy sabemos que la competencia despiadada se da entre especies distintas (y muy poco entre individuos de la misma especie) y que el ser humano no inventó el colaboracionismo y el asociacionismo: éstos son procesos cotidianos normales y masivos entre individuos de la misma especie. En otras palabras, lo que el darwinismo evolucionado, restaurado y corregido del presente nos muestra es que, el colaboracionismo y el asociacionismo son tan frecuentes y tan importantes dentro de las especies que de hecho parecen ser el imperativo conductual en el reino animal y no la competencia despiadada y la crueldad. Esto da una bofetada clara y sonante a los defensores del capitalismo y del neoliberalismo que instrumentalizan el darwinismo temprano (y el nietzscheanismo, si me permiten la expresión) para justificar las injusticias y desigualdades sociales y el principio de competencia mercantilista en las sociedades humanas. Los animales de hecho colaboran más entre sí de lo que compiten. El instinto creador en la naturaleza es más colaboracionista (incluso entre especie distintas, reconocen ahora los biólogos y zoólogos) que el instinto destructivo y competitivo.

El macho alfa versus el macho omega

Hoy releo algunos fragmentos de los libros de Nietzsche y me parece que estoy en desacuerdo casi con todo. Leo su biografía, su correspondencia, y no veo a un súper hombre, no veo a un macho alfa. Nietzsche era enfermizo físicamente, y él lo sabía. Varias generaciones de ascendentes por línea paterna educados bajo y para el luteranismo produjeron –según él mismo afirmó– una desmejora genética transmitida a él desde su padre, pastor de provincia. Su constitución débil incluía afecciones del sistema nervioso y del sistema digestivo. Me parece ver también un resentimiento subrepticio en su ambición por pertenecer a alguna clase de aristocracia (para lo cual imaginó una pertenencia a una “aristocracia espiritual”). Esa necesidad de reconocimiento de su supremacía intelectual seguro tiene su origen en su crianza al margen de la pobreza y en la dependencia económica ya sea de la manutención del Estado o de algún familiar. Veo un hombre frágil, desesperado por ser popular (la depresión que la baja venta y receptividad de sus libros le causaba son una pista reveladora), incapaz de tolerar la libertad de pensamiento en sus amigos y conocidos cercanos, cuando albergasen opiniones desaconsejadas por él. Uno debe saber qué tipo de persona uno es en un momento dado, pero también uno debe saber qué tipo de persona es esa de la cual tomamos prestadas tantas ideas. Su vida, su manera de vivir y de relacionarse con otros. Conociendo la vida privada de las persona se comprende mejor –y hasta quizás se descubre por primera vez– por qué pensó lo que pensó.

Otro aspecto polémico del darwinismo temprano es el concepto del macho alfa. Sabemos que es más que un concepto. Se puede identificar al macho alfa en las manadas. Su comportamiento es positivamente reconocible en un manojo de conductas y de señales. Pero eso es una cosa y que el macho alfa en nuestra especie deba ser igual al macho alfa de otras especies es otro asunto. Lo que funciona para algunas especies no funciona para otras. Cada especie tiene su sustrato de comportamientos arquetípicos que aseguran la supervivencia y la evolución, y resultaría desastroso intentar copiar de otras especies esos comportamientos y trasladarlos a nuestra realidad –a menos que estemos hablando de procesos universales comunes a toda la vida biológica. Y hay que considerar además el hecho evidentísimo de que no somos una especie normal. Algo tenemos que nos separa del reino animal y algo nos sugiere que debe ser así. Pero lamentablemente algunas malas lecturas del darwinismo temprano (o el darwinismo temprano en sí) han introducido aberraciones de interpretación y de comportamiento guiados por lo que creemos debe ser el macho alfa.

Nietzsche no utiliza –que yo sepa—la expresión macho omega. Es el término que yo empleo para referirme a lo que él llamó el rebaño, el hombre masa, y más específicamente el tipo de hombre masa que se aleja más de lo que supuestamente debería ser el macho alfa. Pero todo esto una fantasmagoría, una lectura errada basada en insuficiencia de datos y en primeras opiniones. Lo que para Nietzsche sería el macho alfa de nuestra especie podría ser de hecho un tipo de sujeto nocivo que obstaculiza las tendencias más positivas que la naturaleza se empeña en canalizar en el reino animal y que nosotros deberíamos emular, no por pertenecer al reino animal sino por estar en sintonía con la intención evolutiva de la materia. Y lo que hoy calificamos de macho omega podría ser de hecho un tipo de sujeto que, por estar exento de prejuicios filosóficos o de excentricidades individualistas, canaliza y realiza la intención evolutiva no sólo de nuestra especie sino de la materia toda. Esta única observación invertiría radicalmente el punto de vista nietzscheano y el darwinismo social de nuestro tiempo. Pero no tocaré en detalle ese tema aquí. Lo menciono solo para incluirlo en la elaboración de un esquema que considere lo apolíneo y lo dionisíaco como líneas de conducta evolutiva que pueden ser positivas o negativas, dependiendo de las consideraciones.

Lo apolíneo versus lo dionisíaco

Nietzsche utiliza la dicotomía de lo apolíneo y lo dionisíaco como criterios para elaborar su teoría sobre el arte griego y cómo evolucionó hacia lo dialéctico-discursivo. En principio, lo apolíneo se identifica arquetípicamente con el arte de la escultura, mientras lo dionisíaco se identifica con la música. Pero en el desenvolvimiento del quehacer artístico humano lo apolíneo y lo dionisíaco devienen –es mi opinión– en formas de estilo, en protocolos de procedimiento, en fisiologías artísticas que dejan su impronta en las obras de arte. Así el arte apolíneo (que puede ser igual música, pintura o arquitectura) se caracteriza por la claridad, la sobriedad, la mesura, la elegancia de formas, debido a que Apolo representa la luz, busca la luz y el conocimiento. El arte dionisíaco se caracteriza por el exceso, la ebriedad que produce la experiencia artística de la búsqueda de la belleza, una belleza que se encuentra incluso en la fealdad o que rompe los moldes de la belleza clásica. Lo dionisíaco en la música es la exaltación de la experiencia auditiva y la expresión de un éxtasis despojante, por ejemplo en el último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven o en la épica wagneriana de Las Valquirias.

En un ejercicio de clasificar en líneas muy generales dos aspectos contrapuestos de la psique humana, utilizo la dicotomía de lo apolíneo y lo dionisíaco para tipificar cualquier aspecto del comportamiento humano, no sólo del arte. Así llegamos a la ciencia, que es apolínea porque se aleja al máximo de la experiencia del exceso y de la ebriedad del éxtasis despojante, y porque busca la luz, el conocimiento. Pero una religión o culto determinado también puede ser apolíneo. A mi parecer, el budismo es la única religión mundial perfectamente apolínea, con sus acentos en el ascetismo, la lucidez autosostenida, la sobriedad y la mesura en el comportamiento. Lo dionisíaco está presente en los aspectos oscuros de nuestras sociedades, porque el gusto dionisíaco por el exceso y la ebriedad han devenido en las actividades viciadas, negativas de nuestras culturas: la cultura de la guerra, el capitalismo salvaje, la drogadicción, la esclavitud, los cultos ctónicos como la brujería y la santería, etc. Y también, por supuesto, lo apolíneo tiene aspectos sórdidos, pero por su naturaleza lo sórdido apolíneo es menos impresionante y menos alienante que lo sórdido dionisíaco.

Lo apolíneo y lo dionisíaco, así utilizados como criterios para evaluar toda la experiencia humana, me permiten suponer que no están al mismo nivel en una visión horizontal de la evolución humana. Uno de ellos apunta hacia abajo y el otro hacia arriba. Por lo manera en cómo lo dionisíaco ha degenerado en nuestras sociedades he llegado a creer que lo dionisíaco nos retrotrae a formas anteriores de nuestra evolución. Lo dionisíaco potencia nuestras adicciones destructivas y nuestra molicie espiritual en lo referente al proceso de originar al súper hombre. Porque lo que yo observo en la línea evolutiva de las especies, y en el paisaje total del instinto evolutivo de la materia toda es que la vida biológica avanza hacia lo apolíneo, dejando atrás lo dionisíaco. Tomás Abraham (El último oficio de Nietzsche) expone de manera muy clara, resumiendo a Nietzsche, un fragmento que me permitirá explicar mi punto de vista:

El hombre no es un animal de conocimiento, reposa sobre un fondo de voracidad, insaciabilidad, disgusto y crueldad, como atado a las espaldas de un tigre. El tigre, animal dionisíaco. ¡Dejadlo atado!, grita el arte. ¡Despertadlo!, grita el filósofo en su pasión por la verdad. Éstas son las dos puertas de la vida para Nietzsche. Soñar o morir. La voracidad del hombre de conocimiento por despertar a todo el mundo, esclarecerlo, iluminarlo, deshojarlo, esa ambición por ver o saberlo todo, hará de todo nada. El arte es la pericia humana, reconoce nuestros límites, no le pregunta nada a la calavera, la pinta y le pone un sombrero.

El hombre es un animal dionisíaco, y cualquiera que aparente otra cosa está mintiendo o fingiendo ser lo que no es, o siendo lo que no debería ser. Ésta es la idea de Nietzsche, en pocas palabras. Si aceptamos que el ser humano tiene derecho a las alternativas de lo apolíneo y de lo dionisíaco, entonces ¿por qué sólo lo dionisíaco es lo verdadero o lo que debería ser? En Nietzsche veo no sólo el gusto por lo dionisíaco sino una preferencia ciega hacia ese aspecto de la psique humana. Esa fue su verdadera enfermedad. Por eso es que desde su punto de vista todo lo que asume formas o maneras apolíneas (según nuestro enfoque de toda la experiencia humana) le resulta algo enfermo, débil, eliminable, destruíble. Lo dionisíaco quiere exceso, ebriedad, libertinaje (que es el exceso de libertad). Lo dionisíaco toma un poco de libertad y la prostituye, la lleva hasta el límite. Lo apolíneo también quiere libertad, pero la libertad apolínea es controlada, medida, porque la fisiología apolínea gusta seguir un plano, una ruta, mientras que la dionisíaca se mueve sinuosamente, como un meandro que en su curso no pretende ser dirigido o rectificado.

Para Nietzsche el arte debe servir a las funciones dionisíacas, a la expresión de lo dionisíaco, no a la búsqueda apolínea del conocimiento, de la iluminación. El arte apolíneo es inferior para Nietzsche quien, enfermo de lo dionisíaco, se niega a aceptar que lo apolíneo también es humano y verdadero. ¿Prejuicio del filósofo, su intransigencia? “Mi preferencia es la verdadera. Mi punto de vista es el más elevado, el más fuerte, el mejor”. Así como se puede trazar la influencia del darwinismo temprano en la preferencia de Nietzsche por lo dionisíaco (que además está respaldada por su propia fisiología y biografía personal), utilizo el darwinismo evolucionado, corregido, de nuestro tiempo, para argumentar que lo dionisíaco no tiene derecho a prevalecer sobre lo apolíneo. La respuesta más objetiva parecería ser que ambos tienen el mismo derecho, pero lo que la intención evolutiva de la naturaleza me dice es que la respuesta más objetiva es precisamente la contraria de la de Nietzsche. Lo dionisíaco es una tendencia atávica de la humanidad. Es lo que nos vincula y retrotrae al reino animal, al cual –por evolución– ya no pertenecemos. En ese sentido defender lo dionisíaco en detrimento de lo apolíneo es una postura retrógrada.

Por lo anterior es que podemos ver cómo todo el darwinismo temprano se cuela en las opiniones de Nietzsche para su reforma política y cultural de Alemania, y luego en sus comentarios sociales sobre la sociedad europea. Citemos de nuevo a Tomás Abraham:

Para que haya arte es necesario el ocio, es decir un sobretrabajo, un excedente que permite a ciertas personas reproducir en obras los cánones de belleza. Es decir que para haya artistas son necesarios los esclavos, y para que haya esclavos es necesario el Estado. Ésta es la crueldad de las sociedades. Para que haya esclavos es necesaria la guerra, porque los esclavos son prisioneros de guerra que tienen cautivos su cuerpo y sus bienes, pertenencias, mujer e hijos. Son un botín. Arte, Estado, guerra, esclavos, éste es el origen de las civilizaciones. Cuando esta verdad cruel intenta ser modificada con un proyecto de paz e igualdad, al modo de los socialistas alemanes y todos los hijos de la Ilustración, se termina con el Estado, y con la Nación. Los griegos, dice Nietzsche, perecieron por la esclavitud, nosotros lo haremos por el ideal de la falta de esclavitud.

Nietzsche no tuvo la pre-visión de que sucesivas revoluciones industriales darían a la humanidad mayores horas de ocio, con las cuales las personas podrían dedicarse más al arte y al conocimiento. En la sociedad del siglo XIX parecía imposible que las masas se dedicaran al arte, puesto que era una actividad reservada a los que tenían dinero y posición social. Es decir, en el esquema mental de Nietzsche, basado y limitado por la Europa del siglo XIX, el desarrollo del arte requería grandes masas de esclavos (que libraran con su trabajo a las elites prometidas para el ocio), y los estados modernos eran los nuevos “imperios” (el nuevo tirano) que esclavizaban a las masas. El pensamiento de Nietzsche es cruel porque es el pensamiento de una persona que nació y vivió en un tiempo cruel, más cruel que el nuestro. Por eso para Nietzsche el socialismo alemán es un atentado contra el progreso y la evolución. Nietzsche estuvo seguro de que la guerra y la esclavitud que ella y los estados producían, eran algo necesario para el arte, es decir, para la vida. Estaba equivocado. Los proyectos de paz entre naciones y los intentos por igualar los derechos de las personas (Derechos Humanos) no fueron, de hecho, obstáculos para el progreso y la evolución de la humanidad, sino todo lo contrario. La historia ha demostrado que los proyectos de paz y los movimientos sociales que tienen su origen en los hijos de la Ilustración, no hicieron desaparecer a las naciones y a los Estados. Los estados modernos de hecho han incorporado gran parte de los proyectos de paz y de igualdad de derechos, y esto junto con los estilos de vida derivadas de las revoluciones industriales y tecnológicas, han consolidado a los estados y a las naciones como entes más estables de lo que Nietzsche pensó que serían.

La crueldad no tiene por qué ser siempre parte de la existencia humana. Que la crueldad sea la historia de las civilizaciones no quiere decir que siempre deba serlo. Y si creemos eso entonces nos contradecimos, porque también aceptamos el hecho de que el ser humano evoluciona, las sociedades humanas evolucionan. La evolución humana significa precisamente un alejamiento de la crueldad. Y para que ese alejamiento se haga efectivo también debe haber un alejamiento de lo dionisíaco, que en sus formas sociales gusta de la violencia y de la crueldad. La vida humana imbuida de crueldad, afectada de crueldad, es nuestra adolescencia evolutiva. Si acaso estamos en el umbral de la madurez de la humanidad, entonces la crueldad debe quedar en el pasado. Los proyectos de paz mundial y de igualdad entre las personas no son debilidades femeninas impuestas por los decadentes: son la búsqueda y realización de lo apolíneo, esa rueda de luz solar que busca siempre nuevas formas de justicia y de belleza y de equilibrio. El mundo está enfermo de guerra precisamente porque nos hemos aferrado al lado dionisíaco de la mente humana. Mientras más tratamos de perpetuar los modelos salvajistas, animalizantes, nietzscheano-darwinistas (que no es el darwinismo evolucionado de nuestro tiempo), más retrógrados nos volvemos, más guerra y crueldad e injusticia impondremos sobre generaciones futuras.

El sentido de la vida humana dirigido por lo apolíneo: el conocimiento

Lo apolíneo gusta del conocimiento, de la luz. La Ilustración francesa, el socialismo, y la política de paz entre naciones son aspectos políticos y sociales de lo apolíneo, realizaciones macro a nivel planetario de lo apolíneo (mientras que lo dionisíaco asume tendencias disolventes como el anarquismo y el anti progresismo). Lo apolíneo es discursivo y cordial, mas no ruidoso y pedante y grosero como lo dionisíaco. Nuestra civilización basada en el conocimiento y en la búsqueda del conocimiento no es una civilización enferma y débil como pensó Nietzsche que sería. Falló en ver que el destino de la especie humana es el conocimiento y no la embriaguez y el exceso dionisíaco, que fueron más bien pulsiones de su alma debilitada y alienada por la sociedad.

La materia del universo se agrupó y evolucionó en formas cada vez más complejas para dar origen a la vida. Eso es lo que averiguamos científicamente. Y la vida evolucionó para parirnos a nosotros con nuestros cerebros ávidos de conocimiento. Como un científico dijo alguna vez: somos la materia que quiso conocerse a sí misma. Somos el mecanismo por medio del cual el universo se hace consciencia para conocerse a sí mismo. Conocimiento. Ese es el sentido, el propósito, el destino, el fin de la vida humana. Esto también es una forma de darwinismo, pero una forma tan evolucionada que hoy contradice gran parte de las opiniones de Nietzsche.

Si tenemos razón y el conocimiento lo es todo para nosotros, entonces lo apolíneo tiene derecho y supremacía sobre nosotros y nuestros mundos. Y entonces Nietzsche estaba equivocado, doblemente equivocado. Para Nietzsche el arte está del lado de la vida y el conocimiento está del lado de la muerte. Para mi tanto el arte como el conocimiento están del lado de la vida, porque ambas cosas son expresiones caracterizantes de lo que somos y de lo que hacemos. Arte y conocimiento están incorporados en la condición humana, tanto que se puede decir que son la condición humana. Sustrayendo a ambos de la persona, se deshumaniza al sujeto. Un ser humano que carece de arte y de conocimiento está del lado de la muerte, o del animal –lo cual es equivalente, porque volver al estadio anterior es la muerte para el hombre. El Übermensch es posible, porque es el estadio siguiente de la evolución humana (así como el anterior es el animal), pero no si creemos que lo dionisíaco es más necesario y verdadero que lo apolíneo, o que nuestro dilema es la dicotomía arte/vida versus conocimiento/muerte. Una persona puede centrarse en el arte (y el arte apolíneo es tan válido como el dionisíaco) o puede centrarse en el conocimiento. Pero yo creo que, de hecho, el Übermensch es y sólo podrá ser súper apolíneo con un centro doble, tanto el arte como el conocimiento. Utilizo lo dionisíaco y lo apolíneo para rastrear las líneas de la evolución humana, mas en mi esquema –aceptando que el hombre es una cuerda tendida entre el animal y el súper hombre–, lo dionisíaco máximo es lo animal mientras que lo apolíneo máximo es nuestra siguiente fase evolutiva, lo más alejado del animal. Estas ideas se pueden graficar con una serie de fórmulas muy sencillas que indiquen estadios de menor evolución a mayor evolución (siendo el Übermensch, el súper hombre o sobre hombre, el estadio 5):

  1. Sujeto ajeno al arte y al conocimiento = sujeto deshumanizado, animalizado (lo dionisíaco al máximo).
  2. Sujeto centrado en el arte = condición normal humana (puede ser tanto dionisíaco como apolíneo).
  3. Sujeto centrado en el conocimiento = condición normal superior humana (más centrado en lo apolíneo que en lo dionisíaco).
  4. Sujeto centrado tanto en el arte como en el conocimiento = prerrequisito del súper hombre, condición humana normal pero en la frontera de lo extraordinario (casi doblemente apolíneo).
  5. Sujeto centrado tanto en el arte como en el conocimiento pero fiel al desarrollo de lo apolíneo = el súper hombre, condición sobre humana (doblemente apolíneo, lo apolíneo al máximo).

Hago una observación sobre el número 1. El sujeto ajeno al arte y al conocimiento es por ejemplo el esclavo. No tiene derecho a la búsqueda de la belleza ni a la expresión artística del gozo libre de la vida. Tampoco tiene derecho a la ciencia, a la escuela, al estudio, ni a la religión basada en el autocultivo. No se pertenece a sí mismo. Es propiedad de otro ser, es la mascota de otro ser. Utilizado como mano de obra o como objeto, es algo que come y defeca y se utiliza para mover otros objetos. Entre él y el animal de carga la diferencia es sólo de forma. Por eso el número 1 de este esquema es lo que deshumaniza, lo que animaliza. No obstante, el arte y el conocimiento, en formas mínimas o viciadas, también pueden ser utilizadas para deshumanizar y animalizar al ser humano. Un arte basado en el disfrute grosero, objetizante, de las funciones corporales (sexo, comida, ejercicio, etc) es igualmente un arte que pone al ciudadano en el nivel 1 de este esquema. Esto coincide con las críticas que se hacen, por ejemplo, al reggaeton y a la subcultura del físicoculturismo. El reggaeton es animalizante porque insiste en la primacía del sexo, del consumo de alcohol, y del machismo, expresiones todas dionisíacas. El físicoculturismo es defendido como un deporte y como un arte: el individuo se “esculpe” a sí mismo. Pero en el proceso se vuelve esclavo de su cuerpo, de la alimentación y de la actividad física, y en ese sentido es una actividad animalizante. De manera que para animalizar al ser humano no sólo se le puede sustrae del arte, también se le puede acostumbrar a un tipo de arte dionisíaco que lo degrade al nivel de un cuasi animal. Igual observación es válida para el uso del conocimiento, el cual puede ser lavado, encapsulado, desvitaminizado, con el propósito de producir “esclavos mentales” que son como animales en forma humana. Esto es lo que hacen por ejemplo las sectas destructivas con sus clichés doctrinarios que, repetidos millones de veces al adepto, lo convierten en una especie de zombie (un animal-humanoide sin criterio propio ni verdadero pensamiento libre).

La verdadera transvaloración de la valores –una transvaloración verdaderamente adaptada a nuestra realidad psicológica y espiritual–, es darnos cuenta de que el tipo de ser humano cruel, animalizado, el darwinista social, no es el macho alfa de la humanidad, no es el súper hombre. Es un tipo de ser humano que, en el esquema propuesto aquí, pertenece al número 1 o al número 2 de nuestra lista. El darwinista que habla de la supervivencia del más fuerte y de la supremacía del macho alfa es, generalmente, una persona que está reproduciendo el patrón de sociedad que sufrió cuando era niño o que sufrió durante toda su vida. No es el punto de vista que trae evolución de la humanidad sino un punto de vista que reproduce (e incluso tergiversa) el estadio evolutivo actual de la humanidad. El supuesto macho alfa que pertenece al número 1 de nuestra lista es el sujeto que ha sido abusado, esclavizado, utilizado, y como mecanismo de venganza subconsciente, o simplemente como reproducción de sus propios factores externos, busca a su vez la dominación y esclavización de los demás. Es en realidad el macho omega en su aspecto negativo. Un agente nocivo de involución y de retroceso. El supuesto macho alfa que pertenece al número 2 es simplemente un sujeto que, llevado ya sea por lo dionisíaco o por lo apolíneo, busca la posesión material o ideológica de otros seres humanos o de su entorno. Una de las funciones más primitivas de la vida biológica es el consumo de materia. En el ser humano dicha función asume la forma sublimada, pero frecuentemente malsana, de consumo de personas y de sociedades. El supuesto macho alfa que se deja llevar por este instinto malsano en realidad es un sujeto común y corriente que, en el esquema evolutivo, está actuando de acuerdo a un imperativo biológico tan bajo como los imperativos biológicos que impulsan a los sujetos del número 1. Por eso en este esquema la evolución actual de la humanidad se da a partir del número 3, que es el sujeto más centrado en lo apolíneo que en lo dionisíaco. Un sujeto más centrado en el conocimiento tiene la visión superior que le permite liberarse de todos los imperativos atávicos que heredamos del reino animal, o liberarse de los comportamientos retrógrados actuales: tanto el consumo de materia (que en el aspecto social y dionisíaco se manifiesta como capitalismo y consumismo), el consumo de personas y sociedades (que en el aspecto social se manifiesta como imperialismo, dictaduras y hegemonías económicas y políticas), como la idea ilusionante de que el integracionismo de los proyectos de masas humanas no son más importantes que las libertades del individuo (lo cual en lo social asume la forma del neoliberalismo).

La transvaloración ajustada, rectificada, es la transvaloración orientada hacia la restitución de la supremacía de lo apolíneo sobre lo dionisíaco. Lo dionisíaco se mueve hacia abajo y hacia atrás; lo apolíneo se mueve hacia arriba y hacia delante. La humanidad del futuro –es nuestra creencia y esperanza–, evolucionada, sana, fuerte, madura, será más apolínea de lo que hoy somos. Será una humanidad que reconoce que el conocimiento es la meta de nuestro ser, el sentido de nuestra vida, y el fin de nuestra existencia. Las sociedades apolíneas del futuro serán pacíficas, justas, bellas, autocontroladas, automedidas, mesuradas, balanceadas, luminosas, de líneas y proceder elegantes y sobrios. Serán anti dionisíacas. Las masas estarán más integradas y los individuos comprenderán cuán supeditado a lo social/colectivo está y debe estar la esfera de lo individual.

El súper hombre: ser humano súper apolíneo

La evolución humana inicia en el sujeto centrado en el conocimiento, número 3 de nuestro esquema. El arte en tanto búsqueda de la belleza no puede asegura la evolución positiva de la humanidad porque una visión estética de la vida siempre será superficial mientras que el conocimiento rompe los muros de los dilemas placer/displacer, gusto/desgusto, preferencia/aversión. Sólo se puede estar más allá del bien y del mal por medio del conocimiento. La búsqueda de la belleza está irremediablemente ligada al aparato sensitivo que no encuentra maneras de zafarse de la necesidad de placer, gusto y preferencia. Esto es otra manera de poner en palabras por qué lo apolíneo (la búsqueda del conocimiento) asegura la evolución positiva de la humanidad. Y por qué en nuestro esquema, los estados apolíneos se van incrementando hasta que llegamos al número 5, el sujeto súper apolíneo, el súper hombre, doblemente apolíneo.

En mi esquema mental el número 3 es la etiqueta del científico, el pensador, el intelectual liberado de todo esnobismo y de toda la toxicidad elitista de los mundillos intelectuales de la actualidad. Es la etiqueta también de determinado hombre religioso, por ejemplo el monje budista, quien busca el conocimiento y el control de sí mismo. El número 4 es la etiqueta de lo que hemos llamado el “hombre del renacimiento”, es decir el inventor-científico-artista. Por ejemplo, Leonardo da Vinci. Es un tipo de sujeto que se caracteriza por una actividad preclara y febril en ambos hemisferios cerebrales. Como científico estudia el mundo y busca el conocimiento, como artista busca la belleza, pero es una búsqueda mesurada, sobria, dirigida por el principio apolíneo. Este hombre es casi doblemente apolíneo porque, en tanto científico o pensador o intelectual, canaliza la función apolínea de la búsqueda del conocimiento, y en tanto artista utiliza lo apolíneo para dar expresión creativa y libre a su existencia en el mundo. Por eso lo ubico en la frontera de la condición normal del ser humano, es casi el Übermensch. Pero como sería una tarea digna de un vidente vislumbrar lo que el Übermensch es en un caso en particular, este “casi súper hombre” se muestra idéntico al súper hombre.

El sujeto perteneciente al número 4 es superior al anterior porque, mientras que el científico-pensador-intelectual contribuye, en el mundo del pensamiento, a la evolución de la humanidad, el artista-científico lo hace por partida doble: sus investigaciones científicas contribuyen al impulso hacia delante del mundo del pensamiento mientras que sus creaciones artísticas elevan el nivel de la dimensión estética y cotidiana del ser humano. Sus obras de arte pugnan en la vanguardia de la búsqueda de las nuevas formas e interpretaciones de la belleza, ya sea guiado por lo dionisíaco o lo apolíneo. Su “dejarse llevar” por los instintos de lo dionisíaco puede dar origen a contribuciones valiosas en el arte pero también dichas obras pueden significar un mirar atrás en la línea evolutiva positiva de la humanidad, porque a lo dionisíaco no le interesa la evolución positiva mientras ésta dependa de planos, esquemas, límites, protocolos controlados.

El súper hombre o sobre hombre (Übermensch) es una forma sublimada, acabada, transcendida, del sujeto anterior. Es el científico-artística que, en su quehacer artístico está siempre guiado por lo apolíneo: el camino es el desarrollo controlado, lúcido, sobrio, de la búsqueda y no el objetivo ordinario, común, y a veces hasta retrógrado, de la experiencia del exceso y de la ebriedad en la ruptura de límites y esquemas (lo dionisíaco). El Übermensch en este esquema que he presentado contribuye al mundo del conocimiento para el establecimiento de esos proyectos de paz y de integración humanitaria que a Nietzsche le parecieron una debilidad femenina indigna del súper hombre, en su imagen desfigurada por la máscara del macho alfa del darwinismo temprano. El súper hombre también contribuye al mundo del arte pero siempre en la búsqueda de la belleza apolínea (la marca de la sociedad futura hiper evolucionada) y en la integración de esos descubrimientos a los usos y formas masivas de la civilización planetaria. No veo cómo el súper hombre apolíneo podría dejar de ser un agente integrador a nivel planetario. Porque lo dionisíaco integra de forma disolvente (el yo se disuelve en el éxtasis dionisíaco y en su búsqueda) mientras que lo apolíneo integra de forma constituyente, es decir, integra según un plano, un patrón geométrico y simétrico lógico y racional.


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