Lo apolíneo y lo dionisíaco en el arte hoy

“La dupla Apolo-Dioniso es para Nietzsche un modelo de equilibrio que permite al hombre salir de la mentira religiosa, de la fatuidad de la moral consoladora y del utilitarismo obcecado de los modernos. La visión heraclítea de la vida presentaba una temporalidad angustiante, un tiempo devorador de sí mismo en el que todo se desvanece en un devenir sin puntos fijos; la imagen del gran fuego que todo lo purifica porque todo lo devora, del morir y renacer de todas las cosas, presentaba una existencia sin justificación y sin sentido final. El hombre nada podía preguntar a este acontecer porque lo único que había de escuchar era el ruido del ojo de un remolino. Pero el arte consuela a su manera, porque es la única perspectiva que afirma que, a pesar del carácter cambiante de los fenómenos, la vida es placer en su poder indestructible. El arte salva al hombre que ha visto los impulsos destructores. La idea de Schopenhauer de un estadio de contemplación final, el Nirvana, mata la vida. El reposo en el que se fija la rueda del deseo, la negación budista de la vida, el nada querer para nada sufrir, hacen que sea la vida misma la que se detiene. No hay otro consuelo que el vivir a pesar de todo, pero no con la resignación de un destino menor, sino con la afirmación múltiple de un espíritu dionisíaco que goza de sus transmutaciones y de las alegrías de sus metamorfosis.”

Tomás Abrahám (1996). El último oficio de Nietzsche.

Editorial Sudamericana, S. A. Buenos Aires, 2005.

Me permito la licencia de tomar la dicotomía de lo apolíneo y lo dionisíaco propuesta por Nietzsche para desarrollarla como un criterio arquetípico de dos tendencias básicas contrapuestas. Entiendo que la intención de Nietzsche no era elaborar un sistema de la conducta humana (1), y sin embargo la dupla Apolo-Dioniso tiene un gran potencial en el campo del lenguaje simbólico y de la caracterología para señalar formas de ser o de “dejarse llevar”. Dos aspectos básicos contrapuestos y arquetípicos de la psique humana. Así, mi uso de la dupla como criterio de diagnóstico, no excluyente y no exclusivo, de la conducta total humana me interesa particularmente en el campo del arte para el reconocimiento de etiquetas o rótulos básicos o subyacentes de la obra de arte y de todo lo que el ser humano hace en tanto ser creativo-artístico.

Hombre de Vitruvio.
Lo apolíneo: búsqueda del conocimiento, voluntad de orden y simetría, reino de la luz y de la belleza clásica.

En lo apolíneo veo el gusto por la grandilocuencia y la espectacularidad de los diseños monumentales. Nuestras ciudades con sus grandes edificios que parecen torres y el diseño del urbanismo a sus pies, simulando venas de actividad febril reguladas por carriles y protocolos de conducta y una “danza” masiva de personas que aprenden a moverse y a transitar de acuerdo a reglas definidas. Esto es apolíneo. Es como las órbitas de los planetas que siguen su curso en sus inmensas avenidas espaciales bajo la batuta del Astro Rey (Apolo).

Hay una similitud extraordinaria entre el diseño de planta de nuestras ciudades y los circuitos integrados, como si ambos fueran versiones micro y macro de la misma obra de arte: es que ambos son obras de arte apolíneas. Además, lo apolíneo impulsa el lado científico del ser humano, la búsqueda del conocimiento. Y eso más el hecho de que lo apolíneo es el reino de lo cívico ordenado en protocolos suficientemente elegantes y eficientes, hace que nuestras ciudades modernas sean apolíneas por partida doble.

lo dionisíaco
Lo dionisíaco es el gusto por el exceso, el desdén contra la mesura, la voluntad de oscuridad, prefiere la noche y lo asimétrico y la belleza no convencional, incluso la fealdad.

Lo dionisíaco actúa como la voluntad de la disolución o como la libertad en su exceso, cosa que frecuentemente deviene en desorden y en disrupción. Su gusto por el exceso y la ebriedad en la ruptura de los límites funciona como un quehacer anti apolíneo. Dominado por lo apolíneo, el reino de la luz y de la civilidad, lo dionisíaco queda relegado en nuestras ciudades a pequeños espacios cerrados donde se experimenta el lado más “libre” de la experiencia humana. Libre entre comillas porque muchas veces lo dionisíaco no es más que una acción reactiva (es decir, negativa) que busca contradecir lo apolíneo. Los clubes nocturnos con su música estridente y sus drogas, los prostíbulos, los callejones oscuros donde lo feo es lo bello y donde lo bello es ultrajado, violado.

Lo dionisíaco en la ciudad está viciado debido al resentimiento que causa estar limitado por lo apolíneo. Lo dionisíaco en nuestras ciudades, hablando del diseño de planta o plano, son los sectores que crecen sin planificación, sectores que son construidos en base a los más básicos instintos de supervivencia y reproducción: las ciudades de cartón o latón, los barrios paupérrimos, las favelas. Esto es lo dionisíaco en su aspecto de desorden libérrimo y supeditación a las vísceras (2).

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Lo apolíneo es elegante y sobrio.

Lo apolíneo desea formas de expresión elegantes, formas que hablen de sublimación, de perfección acabada, pero de perfección en la mesura. Lo recto debe ser exactamente recto. Lo curvo debe ser hermosamente curvo. Lo plano no debe tener irregularidades. Los espacios son monumentales o pequeños pero delicados. Lo apolíneo-monumental es elegante y propiciador de sosiego, como los grandes espacios urbanos imperiales o sacros. Lo apolíneo-petit es afiligranado y escultórico, como el art nouveau. Lo apolíneo es aristocrático en la línea del sol y del dominio del sol. Por eso la escultura y la arquitectura nacen de lo apolíneo en la propuesta de Nietzsche. Lo apolíneo quiere regir en el espacio por medio de la materia, y por eso nuestras ciudades y toda nuestra naciente cultura planetaria tienden a ser apolíneas. A lo dionisíaco no le importa el espacio en sí, sino regarse a través del espacio sin límites, utilizando la materia como alimento y como trampolín. Por eso la música en la propuesta de Nietzsche tiene su relación íntima con lo dionisíaco.

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Lo dionisíaco prefiere lo oscuro, lo orgánico interno, la experiencia del exceso y de la ebriedad.

En mi visión de lo dionisíaco, como siempre quiere oponerse a lo apolíneo –porque siente que el imperio de la luz es invasivo, intrusivo–, ello prefiere formas asimétricas, la belleza de la imperfección y de la irregularidad. Las líneas rectas no son tan rectas y las líneas curvas se tuercen y rizan sobre sí mismas como intestinos.

Lo dionisíaco prefiere lo oscuro, lo etílico, lo orgánico interno (como las vísceras), lo ctónico. En el arte gráfico la estética desaliñada y oscura de Dave McKean, por ejemplo, es dionisíaca. El arte de H. R. Giger es dionisíaco porque muestra lo extraterrestre (esto es, lo extra-apolíneo, ajeno a nuestro Sol) y porque simula las formas de las vísceras, mientras que Apolo prefiere la belleza de la superficie, la piel, el cabello, la vestimenta como pieza de arte.

Deconstructivismo: lo dionisíaco disfrazado de apolíneo.

Casi todo lo que llamamos arte clásico es apolíneo. Las pinturas de Leonardo da Vinci y de Michelangelo, las esculturas y arquitecturas neoclásicas, la monumental y la brutalista, son apolíneas. No es posible la experiencia dionisíaca en un espacio regido por la proporción áurea y bañado de luz en todos sus rincones: tales espacios impulsan a la lucidez, a la reflexión, al conocimiento.

Lo dionisíaco prefiere ser laberíntico y su más reciente burla hacia la arquitectura moderna es el estilo deconstructivista. Por medio del deconstructivismo lo dionisíaco se mofa de la grandilocuencia y de elegancia de lo apolíneo en su propio terreno, la arquitectura.

Pero hay veces es que lo apolíneo y lo dionisíaco se hacen concesiones mutuas y aparecen en obras mixtas, mestizas, sobre las que es difícil decidir cuál elemento rige, si es que alguno de los dos rige.

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Catedral gótica: lo apolíneo revestido de lo dionisíaco.

La arquitectura gótica, ¿es apolínea o dionisíaca? En principio la arquitectura gótica nace por ingenio constructivo: el edificio gótico es una invención genial, más alto, más luminoso, con ventanas más grandes, con naves y bóvedas más largas y anchas. Es lo apolíneo en la estructura ósea de la catedral, del castillo gótico. Pero luego la psique humana cubrió esa estructura ósea con un revestimiento dionisíaco de esculturas enigmáticas, de laberintos y gárgolas y bestias fantásticas medievales. Las torres góticas con sus agujas y filigranas son un ensayo arquitectónico y escultórico en lo apolíneo pero vestido de un manto dionisíaco de gnosis oculta, de esoterismo encubierto. Siglos de lluvia y de intemperie completaron la apariencia oscura del edificio gótico: las manchas negras, verduzcas y pardas sobre los bloques y esculturas dieron al edificio gótico la apariencia de decadencia y de fantasmagoría que son como el chiste de Dionisos contra la búsqueda de luz y de altura de los maestros artesanos de la cofradía gótica.

Un ejemplo inverso al del edificio gótico, es decir, un ejemplo de arquitectura dionisíaca revestida de gustos apolíneos es el edificio modernista. Lo dionisíaco vuelve a la tierra para reivindicarla. Tal reivindicación la logra por medio de la imitación de las formas de la naturaleza. Enrejados que simulan ramas de viña, balcones que parecen algas gigantes petrificadas, marcos de puerta que son como hojas de árboles, muebles y lámparas y escaleras que son como caracoles y flores y miembros animales o vegetales o fúngicos. El edificio modernista desafía los ángulos rectos y las cuadrículas y el círculo, elemento geométrico apolíneo por excelencia. El edificio modernista es sinuoso, asimétrico, parabólico, curvo, semeja lo orgánico pero no lo orgánico en reposo (que puede ser simétrico y recto) sino lo orgánico en movimiento, que es como miembros que se tuercen y se conectan entre sí. Así lo dionisíaco quiso volver al sentido de la tierra en la arquitectura modernista. Pero luego la psique humana revistió este volver-a-la-tierra con la elegancia y la finura del arte apolíneo. El edificio modernista no simula completamente lo orgánico, lo simula hasta cierto punto y luego se reviste de delicadas capas doradas y verdes, de filigranas de perlas y piedras preciosas, de espacios llenos de luz diseñados para el goce artístico medido, controlado, con mesura, el goce artístico apolíneo.

Arquitectura élfica. Dibujo para la película El Señor de los Anillos.

Lo apolíneo está tan presente en nuestra psique y hace tanta presión desde dentro de nosotros, que hemos comenzado a fantasear, a coquetear, con la idea de llevar lo dionisíaco del modernismo a una forma más apolínea. Viene a mi memoria un ejemplo ficticio pero no por eso menos válido, un ejemplo sacado del cine. En El Señor de los Anillos la arquitectura élfica parece una mezcla de gótico y modernismo español: es lo dionisíaco que, presente en la arquitectura gótica como revestimiento y en el modernismo como estructura ósea, arrodillado ante lo apolíneo ha dado origen a una forma ultra sublimada de lo dionisíaco en la arquitectura. Es lo apolíneo que ha raptado, que se ha apropiado, que ha plagiado el invento dionisíaco gótico y el modernista y lo ha convertido en esas esculturas excelsas (el edificio élfico, que es como un organismo en simbiosis con los árboles) que mueven al ascetismo, a una cierta espiritualidad naturalista, conservacionista. Si tengo razón, la arquitectura contemporánea irá evolucionando cada vez más a ensayos de este tipo, hasta el punto en que los veamos como parte integral, funcional, de nuestras ciudades y sociedades.

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El modernismo adquiere formas extraterrestres en la cultura y arquitectura talonesa de la serie de ficción científica Tierra: Conflicto Final.

Lo apolíneo es tan importante para nuestra evolución positiva que parece que no somos capaces de imaginar una arquitectura extraterrestre que no sea apolínea en alguna medida y que al mismo tiempo pertenezca a una cultura superior desarrollada. En la cultura popular de la ficción científica televisiva, en Star Trek por ejemplo, la arquitectura de las razas extraterrestres dañinas, destructivas, guerreristas, es completamente dionisíaca. Es como el modernismo sin su revestimiento apolíneo, o lo gótico sin su esqueleto apolíneo. Es lo opuesto del edificio élfico. Edificios que parecen órganos internos o crisálidas de insectos malditos. Por dentro son como cuevas, como vasos conductores de un cuerpo extraterrestre para el cual somos un elemento indeseable. Lo dionisíaco absoluto nos resulta repulsivo, primitivo, retrógrado. Y para que la arquitectura dionisíaca extraterrestre nos resulte soportable, digerible, debe haber hecho concesiones a lo apolíneo. Un ejemplo es la arquitectura talonesa en la serie Tierra: Conflicto Final. Aquí los edificios parecen una forma evolucionada de modernismo pero lo dionisíaco va más allá con las formas sinuosas, que no sabemos si son vegetales o animales, produciendo una impresión de desasosiego y alguna forma de enajenación. Estos ejemplos son señales que indican tendencias inconscientes: mientras nuestra arte plástica-gráfica evoluciona hacia formas más extremas de los apolíneo, coqueteamos con la idea de que nuestra arquitectura evolucione hacia formas dionisíacas casadas con lo apolíneo, en el que caso de que nos neguemos a desarrollar lo apolíneo absoluto en la arquitectura. Coqueteamos, como cultura en evolución, con la idea del edificio élfico o del edificio talonés: no es fortuito que la arquitectura de estas culturas extrahumanas ficticias posea tales características.

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Coruscant, capital de un imperio galáctico. Tanto el diseño de planta como el diseño de los edificios reflejan el gusto apolíneo por la simetría, la elegancia y el dominio del espacio.

La otra tendencia que imaginamos como evolución arquitectónica futura para nuestra propia cultura es por ejemplo la arquitectura republicana, y la imperial, que encontramos en películas como Star Wars. La arquitectura de Coruscant es lo apolíneo absoluto en la forma de una ciudad que se extiende sobre toda la superficie del planeta (3). Y recordamos lo que escribí más arriba, que lo apolíneo busca regir el espacio, dominar el espacio, extenderse hasta donde alcance la vista. La ciudad de Coruscant es la ciudad apolínea arquetípica. Lo cual me lleva a la cuestión del carácter marcial de lo apolíneo. Según tengo entendido, para Nietzsche lo apolíneo es marcial en esencia, mientras que lo dionisíaco no. Esto no significa que lo dionisíaco sea pacifista. Nietzsche dejó muy claro, según su esquema del mundo, que el pacifismo es una forma de negación de la vida: los fuertes tienen derecho a imponer su voluntad extrema de dominio y para tal fin se arrogan la prerrogativa de la guerra. No obstante, yo no veo hay una relación intrínseca comprensible entre lo apolíneo-dionisíaco y la dualidad débil-fuerte. El fuerte puede ser apolíneo o dionisíaco. Pero Nietzsche da la impresión de opinar, al menos durante su etapa “madura” (entre 1883 y 1888), que el hombre fuerte debe ser dionisíaco: nadie tiene derecho a imponerle límites y deberes, lo único que le vale como ley natural es la propia ley interna de su voluntad de poder, que en la búsqueda de la ebriedad de exceso de sí misma parece ser dionisíaca por naturaleza. Es claro que tanto lo apolíneo como lo dionisíaco pueden asumir formas marciales, pero si tratamos de descubrir una conexión natural, funcional, entre lo marcial y lo apolíneo o lo dionisíaco, me inclino a pensar que lo dionisíaco tiende a ser más marcial que lo apolíneo.

Star Wars_Estrella de la Muerte.
La Estrella de la Muerte, satélite artificial creado para destruir mundos. Lo apolíneo-marcial en su máxima expresión.

La lógica de mi análisis es que en su gozo de la experiencia del exceso y de la ebriedad de la sobreabundancia (por ejemplo, de la sobreafirmación de sí mismo), el hombre dionisíaco tiende a ser violento y destructivo. En una perspectiva macro, en lo social, nuestra tendencia dionisíaca se realiza por medio del maquiavelismo y de la guerra. Lo dionisíaco quiere destruir aquello que se le enfrenta imponiendo sanciones, limitaciones, condiciones. Porque lo dionisíaco es ctónico y visceral mientras que lo apolíneo prefiere lo discursivo-argumental de la razón y del diálogo. Mas lo apolíneo puede ser marcial en tanto es el principio del reino de la ley, del orden y del gobierno. Lo apolíneo gusta regir procesos, controlar funciones, ordenar voluntades en filas rectas con protocolos de acción detalladamente predeterminados y bien pensados hacia futuro. En ese sentido las milicias imperiales, por ejemplo las milicias romanas o las chinas modernas son aspectos de lo marcial-apolíneo. Volviendo al ejemplo de la arquitectura en Star Wars, lo apolíneo de la República Galáctica se vuelve marcial en lo apolíneo del Imperio Galáctico: La Estrella de la Muerte es lo apolíneo-marcial absoluto que en forma de arquitectura es un arma ciudad-luna artificial. Es aséptica y regulada hasta el más mínimo detalle, con sus miles de uniformados impecables y su tecnología de punta, pero es lo apolíneo-marcial en manos del mal, dirigido al servicio de la muerte y de la destrucción, lo dionisíaco-marcial (4).

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Cradle of Filth. Lo dionisíaco en la música se expresa por fuerza en las subculturas del rock metal. No obstante, como desafío y venganza contra lo apolíneo (la cultura “main stream” actual), lo dionisíaco asume formas viciadas, disruptivas, extremas. Imposible controlar aquello que busca la experiencia del exceso.

En la música lo dionisíaco ha florecido notablemente después del nacimiento del rock. Es curioso que así como lo gótico en el arte es como un revestimiento del edificio gótico, la literatura gótica con sus acentos en lo oscuro, lo misterioso-mórbido, la experiencia de la liberación de lo prohibido, lo inmoral, lo malévolo-satánico-demoníaco, ha servido como fuente de contenidos para la música dionisíaca de nuestro tiempo. Virtualmente todos los contenidos de la literatura gótica decimonónica y post decimonónica están presentes en las subculturas del metal rock, del death metal, del rock gótico, del gótico vampírico, del metal satánico y del metal luciferino, y de las miles de permutaciones que se derivan. Esta música está diseñada para originar y expresar en el hombre la embriaguez dionisíaca, vinculada esotéricamente a lo oscuro e inmoral, y la experiencia del exceso. Los referentes a los vampiros, a Lucifer, a Satanás, a los dioses paganos oscuros (lo ctónico) y a la brujería son sólo herramientas para facilitar lo dionisíaco y especialmente lo dionisíaco viciado. Esto último es lo dionisíaco resentido por la hegemonía de lo apolíneo en nuestras sociedades, que se cuela en esos mundillos de los subgéneros de “música oscura”: la sangre como símbolo del derramamiento del alma, las drogas, el salvajismo heredado de los cultos tribales, la experiencia de la ruptura de los límites y de lo moralmente establecido es fundamental en esos estilos de música postmoderna, contramoderna, ultra dionisíaca.

Por su lado lo apolíneo ha dominado casi toda la música clásica, continuando los cánones de belleza sonora de los grandes compositores clásicos. Para Nietzsche lo dionisíaco estaba presente por ejemplo en el último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven (lo que nosotros llamamos el “Himno de la Alegría”, que en realidad es un pequeño fragmento de dicho movimiento), y en las piezas wagnerianas de Las Valkirias. Esta música no tiene nada que ver con el metal, el death metal o metal gótico. ¿Cuál es la conexión entonces? Lo dionisíaco en la música para Nietzsche es el uso extremo de grandes series de acordes, de largas figuras expresivas que se repiten una y otra vez, como una danza, que no se limitan ni en el volumen ni en la rapidez, todo lo cual junto golpea el aparato auditivo del oyente y sugiere un torbellino ajeno a la gravedad de la tierra y al orden medido de lo apolíneo. Así, el mencionado movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven produce la sensación de ser arrebatado, levantado del suelo. La abundancia vocal que se superpone y se entreteje desorienta al oyente: es como estar en medio de una corriente furiosa y rápida de agua que culmina con una cascada invertida, un chorro que se eleva hacia la nada, hacia el todo. Esto es la embriaguez dionisíaca. En el caso de la música de Wagner, los distintos grupos de instrumentos producen fajos de sonido policromático que representan la grandeza de fuerzas inmensas que luchan y se oponen entre sí. El ejemplo típico es Música de Fuego Mágico. La experiencia del exceso en Wagner es lo dionisíaco-marcial, por eso la música wagneriana preferida de Nietzsche era la que dio sonido a las grandes épicas nórdicas, historias trágicas de enfrentamiento y de voluntad de poder.

Estos aspectos dionisíacos de la música clásica todavía están vigentes hoy, por ejemplo en la música que toma como plantilla –o que parece tomarla—a, por mencionar un tipo paradigmático, El Rito de la Primavera de Igor Stravinsky. La música rock y metal parecen estar muy distanciadas de Beethoven, o de Wagner o de Stravinsky porque lo dionisíaco en esos géneros ha pasado por procesos degenerativos. En primer lugar los instrumentos musicales ya no son los mismos. La percusión en la música clásica posee una riqueza increíble que ya no está presente en la simplona batería de la banda de rock. En ésta el sonido “artificial” es esencial, la guitarra eléctrica o el teclado eléctrico. El contexto del uso contemporáneo del sonido electrónico en la música rock y metal parte de los componentes de rebeldía, de desobediencia, de contra cultura, que la cultura rock y pop poseen desde el siglo XX, aunque paradójicamente tales aspectos ya no tienen sentido en una cultura que ha devenido en socialmente aceptada, banalizada, comercializada. Pero el rock y el metal insisten en los sonidos disruptivos como formas de romper con el pasado y con la estética de lo elegante-hermoso en la música, y esto constituye una conducta dionisíaca. Además el uso extremo de las posibilidades de los instrumentos, del volumen, de la repetición de las figuras, de los acordes, todo junto, produce un sonido cargado y estridente, lo más cargado y estridente posible, porque lo dionisíaco busca siempre el extremo, el exceso. Estas características se dirigen a producir una experiencia semejante, si bien saturada de referentes culturales marginales (la cultura gótica, vampírica, satánica, pagana, etc), a la experiencia de exceso y embriaguez que Wagner y Beethoven produjeron en un oído del siglo XIX, el oído de Nietzsche. Si Nietzsche pudiera escuchar a Metallica o a Cradle of Filth o a Megadeath, probablemente pensaría que es la música más horrible y espantosa que el ser humano es capaz de producir, pero luego comprendería –quizás– los complicados y enrevesados procesos sociales y culturales que, en apenas un siglo, han producido una degeneración tal de la evolución de lo dionisíaco, no sólo en la música, sino en todo el arte en general.

Y así como en arquitectura el gótico y el modernismo son formas mixtas, conciliadas, de lo apolíneo y lo dionisíaco, en música también ocurre un proceso paralelo. Hay muchos casos y ejemplos, porque en la música hay muchos estilos, géneros y horizontes culturales. Conozco y aprecio particularmente el género metalsinfónico, como un ejemplo de esa forma mestiza. Por ejemplo, la música de la banda europea Therion. Aquí tenemos los aspectos de lo dionisíaco en el metal anteriormente enumerados pero ordenados según un diseño apolíneo. No me refiero solamente al hecho instrumental en sí del uso de los sonidos sinfónicos y de las voces sinfónico-corales que, armados con la banda de rock y los sonidos electrónicos son un aspecto del mestizaje Apolo-Dioniso. Encontramos en Therion la misma búsqueda de la experiencia del exceso y de la ebriedad dionisíaca que vemos en el metal “puro” y en el death metal pero están supeditados a las líneas medidas, controladas, de la música apolínea. Es un experimento interesante sobremanera. Es música transmoderna que concilia genialmente lo dionisíaco viciado del siglo XX y lo encausa hacia una forma evolucionada que no necesariamente es esclava de lo apolíneo. Al contrario de lo que la persona dionisíaca típica siente al escuchar Therion (“es un estilo decadente, feminizado, carente de virilidad, de fuerza; si quisiera escuchar una ópera me iría al teatro…”), lo apolíneo ve en ello un paso evolutivo importante en la historia de la música. Pero como todo depende de la constitución particular de cada quien, de la inclinación dionisíaca o apolínea de cada quien, todo es juzgado de acuerdo a esas inclinaciones y constituciones. La persona dionisíaca sentirá aversión de manera natural por las obras de arte apolíneas mientras que preferirá las dionisíacas y sentirá sospecha de las formas mixtas. La persona apolínea juzgará retrógrado, dañino o simplemente feo, a la obra de arte dionisíaca, y sentirá gozo con las formas mixtas siempre y cuando el resultado sea “agradable” (es decir, bello, elegante, sobrio).

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Therion: lo apolíneo y lo dionisíaco se unen en armonía en un estilo mixto de música sinfónico-coral con el rock y el metal. El subgénero metal sinfónico, tal como ha encontrado expresión en Therion, es un experimento transmoderno muy interesante.

También domina lo apolíneo, sin duda alguna, los grandes mercados del arte, de la publicidad y de la industria del entretenimiento hoy. Así como lo dionisíaco viciado se canaliza en la drogadicción, el alcoholismo y la prostitución acreditada, lo apolíneo viciado se canaliza en toda nuestra cultura de la superficialidad y de la belleza física con nuestros concursos de belleza, nuestra obsesión por la juventud, el físicoculturismo y la industria del modelaje (íntimamente casada con la industria del entretenimiento y la publicidad y el mercadeo). Lo apolíneo prefiere la belleza de la superficie, dijimos más arriba. La piel, el cabello, la belleza de la forma humana sana y desarrollada. Nuestra cultura tiene que evolucionar positivamente en la línea de lo apolíneo y esto significa que, en algún momento, la cultura superficial de la belleza física deberá ser trascendida. No se trata de dejar de ser atractivos o de renunciar al ejercicio y al estado saludable. Se trata de dejar de fingir, por medio del maquillaje y de las cirugías plásticas, que somos atractivos y que estamos sanos. El hombre del futuro será atractivo como consecuencia de estar sano. No necesitará mecanismos de fingimiento de belleza superficial.

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NOTAS

1. No me siento convencido de esto. Que el discurso de Nietzsche esté supeditado a lo anecdótico, a lo ocasional y a lo aforístico, no implica que oculte una “voluntad de sistema”, incluso sabiendo que el mismo Nietzsche consideraba tal voluntad como falta de honestidad. Sus juicios y su búsqueda de criterios de diagnósticos de la condición humana en su totalidad son indicios de una necesidad de explicar el mundo, de descubrir patrones y procesos ocultos detrás de los fenómenos o en los fenómenos. A mi parecer esto constituye una voluntad de sistema, una voluntad de dilucidar al mundo como sistema. De lo contrario, suponiendo una inexistencia de tal carácter sistémico del mundo, no tendría sentido elaborar juicios y criterios de valor universales (esto es, aplicables a todos los seres humanos o a grandes grupos de personas) para explicar la realidad humana, lo cual es precisamente todo lo que Nietzsche hizo.

2. Esto no es juicio de valor referente a los pobres o a las ciudades de latón. Dichas estructuras son realizaciones macro de lo dionisíaco y, como escribí más arriba, esto es una explicación no exclusiva y no excluyente de los fenómenos. No niega ni modifica ni desarrolla las explicaciones sociológicas, antropológicas, historiológicas, del origen de la pobreza en las ciudades o del origen de los barrios paupérrimos. Es una explicación “metafísica” (no estrictamente; y por eso prefiero el adjetivo “esotérica”) de los fenómenos sociales, en masa o individuales. Yendo más allá de esto me queda expresar que la pobreza (sobre todo la exclusión a la educación y a los estratos más aceptados de la sociedad) condiciona a una masa de personas a vivir en un estado básico de desarrollo cívico y social. En dicho estado básico lo que queda es vivir para las vísceras y por las vísceras en una forma de vida llena de carencias y de violencia. Pero esto no es exclusivo de los pobres. El sibarita de elite, altamente educado, culturizado, rico o con acceso a la riqueza de la sociedad, también vive para las vísceras y por las vísceras, sólo que lo hace en una estructura de vida privilegiada y permisiva. Ambos estilos de vida son formas viciadas de lo dionisíaco, si bien es difícil distinguir en qué punto el vicio es ajeno a lo dionisíaco.

3. Menciono este ejemplo del cine, pero uno igualmente relevante es la ciudad de Trántor, capital del imperio galáctico en la serie novelística de La Fundación de Isaac Asimov, una ciudad inmensa que, al igual que Coruscant, se extiende y cubre toda la superficie de un planeta con metal y hormigón armado y cristal. Ignoro quién imaginó primero una ciudad semejante, pero para mí particularmente fue Asimov el primero que imaginó y describió esta ciudad que pongo como ejemplo de lo apolíneo absoluto.

4. Ya no hablando de arquitectura sino del aspecto cosmogónico de “la fuerza” y del “lado oscuro de la fuerza”, veo un paralelismo interesante con la dupla Apolo-Dioniso. En mi opinión, la espiritualidad Jedi es apolínea: es controlada y busca el control consciente y mesurado de la fuerza universal. Es ascética y auto limitada. El uso del poder de la fuerza universal es tan embriagante que es prudente, conveniente, oportuno, sabio, ponerle límites. Esto es una actitud apolínea. Pasarse al lado oscuro de la fuerza es renunciar a esa mesura, a ese control. Es rendirse a la experiencia del exceso y de la ebriedad que produce el uso sin límites de la fuerza universal. Los señores Sith son caballeros dionisíacos. Usar el odio, la rabia, el ansia de poder y de destrucción, como armas de batalla es un punto de vista dionisíaco. Lo curioso de la historia en Star Wars es que ambas formas de los dionisíaco y lo apolíneo son marciales: tanto los señores Sith como los Jedi son guerreros, son soldados al servicio de una ideología. Hubiera sido interesante ver lo apolíneo aquí desprovisto de su aspecto marcial. Veo una contradicción en lo apolíneo-marcial evolucionado: a mi parecer lo apolíneo evolucionado se aleja cada vez más de lo marcial, mientras que lo dionisíaco evolucionado se acerca cada vez más a lo marcial. Por eso en mi esquema mental lo dionisíaco en nuestras sociedades actuales incluyen a los movimientos de guerrilla, los narcos de la droga, las guerras entre señores de la droga, y todo el espectro de la criminalidad urbana (pandillas, mafias, ladrones, mafiosos empresariales o políticos, etc).


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