Determinismo versus libre albedrío en un gráfico

determinismo versus libre albedrío
(c) Ramón Morales Castell.

Se me ha ocurrido esta manera de representar el alcance del libre albedrío en relación con los distintos campos del conocimiento humano. Esta curiosidad comenzó con la idea de que en la astrología hay dos corrientes básicas con respecto al libre albedrío. Por un lado, la astrología antigua tiende a basarse en un determinismo/fatalismo (lo que también se puede llamar determinismo duro o fuerte) con respecto al poder del yo mientras que la astrología moderna tiende a considerar que el determinismo con respecto al yo es relativo. Al final pude representar este asunto en un gráfico pero he añadido otras relaciones, por lo que será mejor explicarlo todo en detalle para que se entienda bien la idea.

La base del gráfico es la línea negra inferior que muestra dos extremos. Hacia la izquierda se ubica el determinismo absoluto y el fatalismo. En este extremo el ser humano cree en el poder absoluto del destino: todo está predeterminado, nada se puede cambiar, la libertad del individuo es imaginaria, la voluntad libre es ficticia. Aquí se ubican las filosofías o creencias que dicen que el yo no tiene ningún poder real, que es completamente impotente. En el extremo derecho se ubica la idea contrario: el libre albedrío absoluto. En este extremo el ser humano cree o piensa que tiene poder total para construir su destino: nada está predeterminado, el individuo es todopoderoso para cambiar el destino, la libertad del yo es totalmente real y absoluta, el individuo lo puede todo. En medio de estos dos extremos se ubica el determinismo relativo o fatalismo relativo. En este punto medio creemos que la voluntad individual es relativamente libre, que el yo o individuo tiene cierto poder sobre la realidad y que su propio destino es en parte predeterminado y en parte abierto a nuevas posibilidades creadas por el yo. En este punto medio pensamos o creemos que la libertad del yo es real pero no lo puede todo, está limitada.

Esos son en resumen los tres puntos de vista básicos sobre el poder del yo y el libre albedrío:

  • Determinismo absoluto, fatalismo absoluto. El yo no tiene ningún poder real. El libre albedrío no existe, no es real.
  • Determinismo relativo, voluntad relativamente libre. Hay libre albedrío pero no es absoluto. El ser humano es relativamente impotente sobre su propio destino.
  • Libre albedrío absoluto. El yo es todopoderoso. Nada está predeterminado. No hay fatalismo de ningún tipo.

Ahora, sobre esta base ponemos una sombra roja que representa el alcance del yo. Si acaso aceptamos la afirmación de que existe un yo, un individuo o sujeto de algún tipo, el alcance o poder de ese sujeto o individuo lógicamente tiende a ubicarse hacia el extremo del libre albedrío absoluto. Esto no es aquí una afirmación sobre la realidad sino una información de referencia para entender la base del gráfico. El yo existiría en su forma más poderosa en el extremo derecho del libre albedrío absoluto y va perdiendo poder o alcance a medida que nos movemos hacia el centro del gráfico. Un poco más allá del centro de la línea negra, cuando pasamos el determinismo relativo, el yo deja de existir o de tener poder. Allí en esa línea punteada gris donde termina la mancha roja del alcance del yo, el libre albedrío deja de existir o es imaginario. Más allá de ese umbral marcado por esa línea punteada, ya no creemos o pensamos que exista un libre albedrío de cualquier tipo.

Ahora que entendemos las bases del gráfico, los puntos de referencia, podemos comenzar a ubicar los distintos campos del conocimiento humano, ideologías, filosofías o religiones.

Comencemos por la astrología. La astrología tiene dos segmentos de color en la parte superior porque, para resumir todo el asunto, la dividimos en astrología antigua y astrología moderna. La forma más antigua de la astrología es fatalista y determinista porque considera que los astros determinan todo en la vida del ser humano. Esta astrología se extiende desde el extremo izquierdo hasta el punto en que inicia el alcance o poder del yo. Esta opinión astrológica con respecto al carácter imaginario del libre albedrío que es propia de la astrología antigua, tiene en la actualidad muy pocos seguidores, pero es posible encontrar algunos ejemplos. Por ejemplo, en su libro Astrología Precesional, el astrólogo Boris Cristoff afirma que el libre albedrío no existe y que todo en la vida humana, individual y colectiva, está determinado por los astros. Eso es un ejemplo actual del fatalismo absoluto en la astrología. Más allá de esa mancha morada de la astrología antigua está la mancha azul de la astrología moderna, en la cual los astrólogos consideran que el determinismo es relativo: hay partes de la vida humana que están predeterminadas por los astros y hay partes que están en blanco para ser llenadas por las elecciones de la voluntad relativamente libre del sujeto. Sin embargo, la astrología no puede llegar hasta el extremo del libre albedrío absoluto porque esto constituiría una contradicción teórica: en la astrología siempre se debe dar por hecho alguna forma de predeterminismo porque si el ser humano es absolutamente libre, entonces el poder de los astros sería absolutamente inexistente o irrelevante, y eso anularía todo el sentido general de la astrología. Por eso la astrología llega hasta esa línea punteada gris que se acerca al extremo derecho pero no llega hasta ese extremo.

La mancha anaranjada más abajo, cerca de la base del gráfico, representa la magia, el esoterismo y el ocultismo. Es el caso contrario al de la astrología: parte desde el extremo derecho y se extiende hacia la izquierda pero sin llegar al determinismo/fatalismo absolutos. Se detiene en esa otra línea punteada que está cerca del extremo izquierdo. En el esoterismo y la magia el yo siempre juega cierto papel. El mago u ocultista hace elecciones conscientes para modificar la materia o la energía y producir consecuencias deseadas. Esto sólo es posible si se cree en el poder del yo para realizar tales prodigios. Piénsese en el lema del Thelema (“Haz tu voluntad”) o en los escritos de Austin Osman Spare donde la voluntad se supedita al deseo del individuo. Pero puede haber formas de magia o esoterismo u ocultismo donde se piense que se puede ir más allá del alcance del yo, que el ser humano puede aceptar que carece realmente de libre albedrío y aún así llevar a cabo actos creadores o transformadores bajo la creencia de que son fuerzas ocultas o externas las que actúan a través de él. Esto coincide con el caso de las religiones más antiguas y primitivas, donde el chamán es el mago de la tribu. Es decir, las operaciones mágicas son posibles incluso cuando somos los títeres ciegos de fuerzas de la naturaleza o del universo. Dichas fuerzas no necesitan que nuestro yo sea libre, sólo necesitan que creamos que poseemos libre albedrío cuando en realidad estamos actuando impulsados por una fuerza impersonal. Esta última idea está representada en ese extremo izquierda de la mancha amarilla de la religión, que sí llega hasta el extremo del determinismo absoluto.

En cuanto a la religión y el budismo, quise poner aparte el budismo para distinguirlo del resto de las religiones porque el budismo posee una filosofía muy detallada y específica sobre la creencia del yo y del libre albedrío. La religión cubre en el gráfico el mismo recorrido que la astrología: desde el extremo del determinismo/fatalismo absoluto hasta llegar casi al extremo del libre albedrío absoluto. Al igual que en la astrología, en la religión no podría existir la creencia en el libre albedrío absoluto porque eso quitaría todo poder y prerrogativa a cualquier fuerza superior al ser humano, ya sea de la naturaleza o relativa a un dios (a menos que hablemos de una religión donde los seres humanos sean los dioses). Las religiones más antiguas se ubican también hacia la izquierda en el gráfico porque no importa lo que el ser humano decida o trate de cambiar, los dioses o seres sobrenaturales son los que tienen todo el poder para trazar el destino. En esencia es el mismo fatalismo de la astrología antigua.

Pero el budismo (mancha amarilla clara) se extiende en la parte central del gráfico: según esta filosofía y religión el ser humano es relativamente libre. Según el budismo, parte de lo que somos y experimentamos en la vida está predeterminado por existencias anteriores (el kamma o karma) pero también tenemos el poder de cambiar nuestro futuro por medio de las decisiones que tomamos en el presente. Esto niega automáticamente los dos extremos contrarios del fatalismo absoluto y del libre albedrío absoluto. En el budismo el yo carece de sustancia propia, es un fenómeno condicionado o “vacío”, como dicen los budistas, pero eso no quiere decir que no exista como una entidad artificial, social-psicológica y transitoria con cierto poder real sobre el mundo y la existencia humana. No obstante, el budismo no llega hasta el extremo del determinismo duro porque si lo hiciera habría en él una contradicción lógica. Si tenemos el poder de cambiar nuestro futuro es porque poseemos cierta libertad, nuestro yo es real de alguna manera, lo que no niega que sea impermanente y dependiente. También la mancha amarilla del budismo en el gráfico se inclina más hacia la izquierda que hacia la derecha. Esto se debe a que el Buddha negó la existencia de un “yo” definido como una entidad metafísica (attá) fija, permanente y estable. Esta doctrina budista del no-yo (anattá) hace que el budismo se aleje un poco más del extremo derecho del libre albedrío absoluto, en comparación con el resto de los sistemas de conocimiento representados en el gráfico.

Hablemos ahora de ciencia. Utilizo la expresión “ciencia materialista” para distinguir nuestra ciencia moderna institucionalizada de otras disciplinas que a veces reclaman el título de ciencia para sí, como la astrología empírica o algunas formas de ocultismo. No estoy afirmando aquí que la ciencia materialista sea la única que merece el título de ciencia, o que cualquier otro sistema de conocimiento diferente de nuestra ciencia racional-materialista sea pseudo-ciencia. Yo acepto una definición amplia y abierta de lo que es la ciencia. Sin embargo, para hablar en términos actuales y para evitar que el gráfico se hiciera más complicado, me estoy refiriendo aquí específicamente a la ciencia materialista, eso que llamamos ciencias naturales o empíricas.

Nuestra ciencia materialista moderna (mancha verde claro) se ubica en el centro del gráfico en igual medida hacia la izquierda y la derecha, sin tocar los extremos. Aquí no es posible negar la existencia o el poder del yo puesto que el sujeto que estudia el universo necesita de ello para que pueda existir el conocimiento científico. La ciencia existe en la mente de un sujeto que investiga, y el yo es el instrumento psicológico de ese sujeto para poder relacionarse socialmente con otros sujetos. Pensamos inmediatamente en la fenomenología. Aunque la fenomenología es filosofía, en la práctica es imposible hablar de ciencia sin hablar también de fenomenología hasta cierto punto. Que el ser humano escoja estudiar científicamente los fenómenos implica que puede tomar decisiones y cambiar el futuro, y por lo tanto hay que negar aquí el determinismo/fatalismo absolutos. Además, la manera como el ser humano utiliza la ciencia para cambiar su realidad social y material es más que evidente. Estos cambios son posibles porque el ser humano decide alterar su futuro. Esto hace que la ciencia se acerque al o contenga alguna forma de idea de libre albedrío. Pero al mismo tiempo la ciencia materialista niega que el libre albedrío sea absoluto, puesto que científicamente estamos conscientes de nuestras limitaciones físicas, biológicas y sociales. Puedo querer volar, pero sin un aparato tecnológico soy incapaz de hacerlo. Puedo querer curarme de una enfermedad, pero sin un medicamento (en la mayoría de los casos) soy incapaz de hacerlo. Puedo querer vivir para siempre pero estoy consciente de que mi constitución biológica me lo impide y eso es algo que no puedo cambiar. No existe, y creo que no puede existir, un tipo de ciencia que afirme el poder absoluto del yo o una libertad absoluta de un sujeto sobre la realidad.

El escepticismo (mancha gris) lo ubico en el mismo espacio que la astrología y la religión, lo cual puede parecer falaz, pero recuérdese que el gráfico se refiere específicamente al asunto del libre albedrío y de la creencia en el poder del yo, y no a otros aspectos del pensamiento humano. Al igual que en la ciencia materialista, el escepticismo no puede negar de manera absoluta el poder o la libertad relativa del yo puesto que debe existir un sujeto pensante capaz de tomar decisiones y alterar su futuro para que puedan existir dudas de cualquier categoría. Uno no duda simplemente de algo, uno escoge dudar de algo. Y esa elección es la actividad de un libre albedrío relativo. Por eso el escepticismo no llega a tocar el extremo del libre albedrío absoluto. Sin embargo, al contrario de la ciencia materialista, en el escepticismo sí podemos afirmar la nulidad total del libre albedrío o del alcance del yo (extremo izquierdo del gráfico), aunque esto parezca una contradicción. Es lo que llamamos escepticismo pesimista o fatalista. En este escepticismo las personas opinan o creen que el yo no es real de ninguna manera, que es una ilusión, un “fantasma” creado por el cerebro o por la imaginación. En esa visión del mundo no importan las decisiones que tomemos porque se cree que nuestro futuro ya está determinado por condiciones y circunstancias que no podemos cambiar. Este tipo de escepticismo pesimista, al igual que la astrología antigua, es menos frecuente en la actualidad.

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