Einstein y budismo

Albert Einstein es uno de mis héroes personales. Pertenece a una categoría especial de científicos, no sólo por su trabajo teórico y sus descubrimientos sino también por su actitud positiva ante la vida, su espiritualidad, su gusto por el violín y la música, y sobre todo su compromiso personal con la utopía de un mundo pacífico. Estamos en una época en la que algunos divulgadores y científicos de televisión, como yo los llamo, tienen el control mental sobre miles, quizás millones de personas, que siguen a estos divulgadores como ídolos, como estrellas de rock casi.

Carl Sagan fue el científico y divulgador de ciencia que inició esta moda, esta moda de los divulgadores de televisión. No tengo nada en contra de Carl Sangan. Su programa Cosmos seguramente fue muy bueno. Leí su novela Contacto, la única que escribió, y me pareció muy buena. Pero Carl Sagan tenía prejuicios también. Era un ser humano. Tenía prejuicios sobre la astrología, por ejemplo, la cual no conocía en profundidad y sin embargo la criticaba y la despreciaba. Uno no debe criticar aquello que uno no conoce en profundidad. Einstein era superior a Sagan en este sentido. Einstein era un genio de esos que investiga su propia mente y saca aquellas cosas que reducen la calidad de la mente, la calidad de los pensamientos. Carl Sagan, me parece, no alcanzó este mismo nivel de desarrollo mental y por eso tenía prejuicios todavía.

Los divulgadores de televisión lamentablemente iniciaron una era oscura de ateísmo fanático y escepticismo a priori. No lo digo como ataque a nadie, tampoco como una crítica contra el ateísmo o el escepticismo. Yo mismo me considero adherido a estos grupos. Pero las cosas en extremo son dañinas, sean lo que sean: ciencia, arte, religión, incluso el ateísmo y el escepticismo son dañinos si se llevan a un extremo. Y así vemos estos pequeños grupos de ateos fanáticos que han caído en un discurso de odio contra la religión, incluso contra religiones que no conoces como el buddhismo y el daoismo. A mi siempre me sorprende encontrar en blogs de ateos fanáticos y grupos en redes sociales y estos “memes” y artículos panfletarios, incendiarios, al más puro estilo “inquisición católica” contra todo lo que sea espiritualidad y religión. ¿Cómo es que un grupo que en el siglo pasado se vanagloriaba de portar la supremacía del pensamiento racional ahora cae en estos comportamientos histéricos, fanáticos? No lo entiendo.

Y siempre que creo que algún científico de televisión va a poner el ejemplo de tolerancia y altura intelectual, viene entonces uno que me decepciona. Hace unos años vi una entrevista conducida por Neil deGrasse Tyson, el astrofísico que presenta la secuela del programa de televisión de Carl Sagan, secuela que se llama “Cosmos: una odisea del espaciotiempo”. Este científico entrevistó a un sacerdote. Toda la entrevista me resultó realmente decepcionante, no por las respuestas del sacerdote sino por el estado mental infantil de burla constante de deGrasee. El sacerdote de hecho de mostró poseer un conocimiento prudente, apreciativo y respetuoso de la ciencia, respondiendo todas las preguntas como una persona que acepta y entiende la diversidad de pensamiento y que no pretende imponer su creencia sobre los demás. Por el contrario, la actitud de deGrasse era reírse y burlarse de todo lo que respondía el entrevistado, reduciendo todos los temas y todas las preguntas a generalizaciones y tergiversaciones banales sobre las cosas que deberían ser supuestamente rechazadas por una persona lógica y racional. Me pareció entonces ver en la persona de Neil deGrasse Tyson a uno de estos ateos fanáticos que pretenden imponer su visión de la cosas, que no entienden que la diversidad de creencia y de pensamiento es una condición necesaria y respetable de nuestra existencia actual y que incluso la ciencia y el pensamiento científico incluyen una gran porción de creencia, aunque ellos no lo llamen así. Y entonces pensé: es lamentable que los científicos sean tan capaces en su tema específico pero tan incapaces en respetar la diversidad de pensamiento y las creencias y estilos de vida de otras personas.

Albert Einstein no fue un científico de este tipo. Quizás le guardo un porcentaje extra de respeto porque no fue una persona carente de espiritualidad. Y si uno lo piensa, no es difícil ver que una persona que cultiva su espiritualidad es una persona más tolerante, más abierta, más adecuada para lo que necesitamos ahora y mañana en este planeta, sin que esto implique que debe estar adherida a una religión mayoritaria o normada o institucionalizada. ¿Por qué no pueden los científicos (y los ateos y los escépticos) ser así: más tolerantes, más abiertos? Yo no pido que sean espirituales o que aprecien la religión, pero ser abiertos de mente y tolerantes significa que reconocen que no puede haber imposición de un pensamiento único (el pensamiento racional ateo, o el pensamiento de una religión en específico). Imponer una u otro cosa es lo mismo: es la imposición de un pensamiento único, de una visión única del mundo y del ser humano. No, yo no pido que aprecia la religión como fenómeno complejo y humano. Eso sería pedir demasiado. Pero sí creo que pueden seguir el ejemplo de los buenos científicos y dejar de imitar a ultranza los patrones mentales cerrados de los “científicos de televisión”. Toma de ellos lo que sea bueno, pero rechaza lo que no sea bueno.

Sin duda alguna a Einstein le guardo un porcentaje extra de respeto por su opinión sobre el buddhismo, que es mi credo personal. Ya era mi héroe científico antes de conocer esta cita textual, pero cuando la leí por supuesto que me sentí más complacido con la personalidad de Einstein porque vi que había aún más apertura mental y tolerancia y respeto y conocimiento en él sobre la espiritualidad humana. Veamos la cita textual de Albert Einstein sobre el buddhismo y luego comentaré lo que yo creo que quiere decir en esas líneas:

Albert Einstein y budismo.

En primer lugar la apreciación de Einstein se centra en un criterio específico: ¿cuáles características debe poseer una religión cósmica del futuro? E inmediatamente surge otra pregunta: ¿y por qué una religión cósmica? Vemos aquí que Einstein estaba pensando en el futuro de la humanidad y estaba tratando de imaginar una religión universal que uniera a la personas en vez de dividirlas, un credo que hiciera de la humanidad una hermandad pacífica, avanzado, evolucionada, cultivada mental y moralmente. Una religión que no se limite a los defectos o rasgos de los terrícolas sino que pueda ser encontrada o compartida con otras humanidades en otros mundos. De allí el adjetivo “cósmica”. Einstein estaba pensando en positivo y en constructivo, sobre lo que podía ser una religión de la Tierra pero también una religión del espacio, de los mundos en el espacio.

Y entonces nos dice las característica de tal religión cósmica:

  • trasciende un dios personal,
  • evita los dogmas y la teología,
  • cubre tanto lo natural como lo espiritual,
  • y está basada en un sentido religioso que aspira desde la experiencia de todas las cosas, naturales y espirituales, como una unidad con sentido.

Lo primero que tengo que explicar aquí es que, incluso los mismos buddhistas no se pondrán de acuerdo sobre todos estos puntos. Y esto es un ejemplo del punto número dos. No hay en el buddhismo una autoridad que censure o imponga cuestiones de dogma, que imponga cómo debe uno leer o interpretar las escrituras o cómo poner en práctica la Enseñanza. La falta de esta autoridad eclesiástica, y la falta de consenso dentro de la misma comunidad buddhista, no son un defecto en si. Son la condición innata de un grupo de personas que siguen su evolución y su consciencia de manera individual (porque la espiritualidad es individual, en principio), y por tanto no puede haber imposición de ningún tipo. Pero, habiendo dicho esto, expliquemos el primer punto.

Es cierto que el buddhismo trasciende un dios personal. Y si hablamos del Dhamma, la Enseñanza del Buddha, en la forma del Canon Páli por ejemplo, podemos ir más allá y afirmar que el buddhismo incluso transciende un dios impersonal. Esto es algo que sorprende a los feligreses de las religiones deístas (cristianismo, judaísmo, islam, hinduísmo) y a los ateos por igual: ¿es el buddhismo una religión atea? Sí, lo es. Pero tendríamos que decir: el Dhamma, la Doctrina del Buddha, es una doctrina atea. El buddhismo es otra cosa, los cultos populares, las mezclas con las religiones autóctonas ancestrales, poseen rasgos de creencia en dios o dioses. Pero la Enseñanza del Buddha, lo que el Buddha enseñó como Doctrina, no posee la creencia en un dios supremo creador. Ningún tipo de dios personal al estilo de las religiones como el cristianismo, el judaísmo y el islam, tienen cabido en el Dhamma del Buddha.

Ya hablamos un poco del segundo punto. Que la figura de un dios sea completamente periférica en el Dhamma del Buddha explica por qué no hay una teología en el buddhismo. Sin creer en un dios creador, qué sentido tendría hablar de teología. Aunque esto no es completamente cierto. Sí hay un poco de teología en los discursos del Canon Páli, pero lo que hay de teología en estos discursos es tan directo, tan simple y tan pírrico para la creencia en dios, que da igual decir que no hay nada de teología allí.

Cubre tanto lo natural como lo espiritual. Esto es así porque la visión que el Buddha tuvo sobre la vida y el universo es una visión de conjunto donde la diversidad son manifestaciones de los mismos fenómenos y substancias subyacentes a las que se puede reducir toda la realidad. En otras palabras: lo natural y lo espiritual no son dos mundos o substancias separadas, alienadas, distanciadas entre sí (como ocurre en las metafísicas de las religiones deístas). En el buddhismo la espiritualidad no es cosa de otra mundo o de otra substancia, es algo que se vive y se hace aquí mismo, en este mundo, en este mismo cuerpo mortal. Lo natural y lo espiritual son aspectos o frecuencias de la misma realidad, de la misma existencia. Somos seres naturales y espirituales al mismo tiempo, materiales y mentales al mismo tiempo. Cualquier separación que creamos que existe entre estos dos aspectos de la experiencia humana es una separación ficticia, artificial, en nuestra mente, en la manera cómo interpretamos y percibimos la realidad.

El último punto tiene que ver con el punto dos y el punto tres también. Debido a que la realidad toda es un continuum de fenómenos, que no hay separación entre lo natural y lo espiritual, nuestra experiencia de lo religioso es una experiencia personal, inmediata, llevada a cabo con nuestro propio cuerpo-mente como instrumento de experimentación, exploración e investigación. No es un monje o un sacerdote el agente que va a servir como mediador entre lo espiritual y lo natural, entre un sentido de lo inmortal y de lo mortal. Los monjes sirven como nuestros maestros y guías, pero no son sacerdotes, no son mediadores. En última instancia no los necesitamos para experimentar la comprensión profunda de la realidad. Por eso el sentido religioso en el buddhismo aspira desde la experiencia personal de todas las cosas, sin separación entre la materialidad y la mentalidad, entre lo natural y lo espiritual. Todas estas “piezas” de la realidad y de la experiencia de la realidad tienen sentido como una unidad, como una totalidad. Lo que entiendo de esta afirmación es que, la espiritualidad-religiosidad en la práctica del Dhamma no ocurre en un espacio ficticio de la mente, donde la mente se encierra y se enrolla con “entidades imaginarias”, como lo diría Nietzsche, sino que la mente se abre y se ocupa de los elementos reales de la realidad (el cuerpo y sus partes, la mente y sus partes, el mundo y sus partes, etc). En el buddhismo la tarea de hecho es limpiar la mente de fantasías, ilusiones, imaginaciones que no tienen coherencia o contacto con la realidad, y por eso podemos experimentar la realidad toda como una unidad que tiene sentido.

A parte de lo anterior, quiero explicar otras cosas que no tienen relación directa con la cita de Einstein pero sí una relación indirecto o colateral. El buddhismo es una religión cósmica también el los siguientes sentidos. Primero, que no creemos en la existencia del hombre como una entidad especial que fue creada en este planeta y que es única en el universo. Hay una tradición en el buddhismo que dice que, en cada momento hay allá afuera en el universo diez mil Buddhas vivos, cada uno en un mundo como la Tierrra, habitado por personas como nosotros. No se trata de que hay copias de la Tierra sino de que el Buddha enseñó la idea (o realidad o creencia o como quieras llamarlo) de que el universo está lleno de mundos como el nuestro, con sus propios habitantes que son seres pensantes y sintientes como nosotros. Extraterrestres, en otras palabras. Esto explica por qué la existencia de los extraterrestres no es extraña para los buddhistas. Reconocemos que hay vida en todo el cosmos y que no somos únicos en el universo. Y esto hace que nuestra religión sea la única religión mundial verdaderamente cósmica en el sentido de que no creemos aquí ser una creación especial o ser el centro del universo. Esos diez mil Buddhas que ahora están vivos en sus propios planetas de origen no son idénticos a “nuestro” Buddha. Son extraterrestres que, al igual que “nuestro” Buddha, lograron el Despertar. Son extraterrestres iluminados. Reconocemos así también que la iluminación o el Despertar no es algo que sólo los terrícolas pueden lograr: es algo que puede lograr cualquier ser pensante en el universo.

Así nuestro buddhismo no es “nuestro” buddhismo. No es propiedad exclusiva de la Tierra. No es algo que sólo existe o surgió en la Tierra. Es una Doctrina, una Enseñanza, una Religión que es realmente universal porque puede surgir en miles de mundos, en miles de culturas extraterrestres parecidas a la nuestra. Y aquí llegamos así a la segunda razón para este título de religión cósmica: el Dhamma, la Enseñanza del Buddha, es algo universal. Es universal en el sentido en que atañe y concierne a cualquier tipo de ser pensante en el universo. El Dhamma, la Enseñanza de “nuestro” Buddha Gotama, es igual al Dhamma que cualquier otro Buddha extraterrestre enseña en su propio planeta de origen. El Dhamma es el mismo aquí en la Tierra y en esos otros “diez mil mundos”, que es sólo es una cifra simbólica. Quizás sean diez millones de mundos, o veinte millones, o cuarenta trillones. No lo sabemos.

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