Ajahn Chah, fragmento de “Abriendo el Ojo del Dhamma” (Opening the Dhamma Eye)

AjahnChah[…]

El Buda practicó soportando muchas dificultades y torturándose a sí mismo con ayuno y similares, pero él investigó profundamente en su propia mente hasta que finalmente sacó de raíz la ignorancia. Todos los Budas se iluminaron en la mente, porque el cuerpo no sabe nada. Puede dejarlo comer o no, no importa, puede morir en cualquier momento. Todos los Budas practicaron con la mente. Se iluminaron en la mente.

El Buda, habiendo contemplado su mente, renunció a los dos extremos de la práctica – indulgencia en el placer y el dolor – y en su primer discurso pronunció el Camino Medio entre esos dos. Pero escuchamos su enseñanza y hace fricción contra nuestros deseos. Estamos enamorados del placer y del confort, enamorados de la felicidad, pensando que somos buenos, que estamos bien – esto es indulgencia en el placer. No es el camino correcto. Insatisfacción, displacer, disgusto y rabia –esto es indulgencia en el dolor. Estos son los caminos extremos que uno en el sendero de la práctica debe evitar.

Estos “caminos” son simplemente la felicidad y la infelicidad que aparecen. El “uno en el sendero” es esta misma mente, “el que conoce”. Si un buen humor aparece, nos aferramos a él como algo bueno, esto es indulgencia en el placer. Si un humor desagradable aparece, nos aferramos a él con desagrado – esto es indulgencia en el dolor. Estos son los senderos erróneos, no son los caminos de un meditador. Son los caminos de los mundanos, aquellos que buscan diversión y felicidad y que huyen de lo desagradable y del sufrimiento.

Los sabios conocen los senderos erróneos pero rehúyen a ellos, renuncian a ellos. Son inamovibles por el placer o el dolor, felicidad o sufrimiento. Estas cosas aparecen pero aquellos que saben no se aferra a ellas, las dejan ir de acuerdo a su naturaleza. Esta es la visión correcta. Cuando uno sabe esto en plenitud, hay liberación. Felicidad e infelicidad no tienen ningún significado para un Iluminado.

El Buda dijo que los Iluminados estaban lejos de las impurezas. Esto no significa que ellos huyen de las impurezas, ellos no huyen a ninguna parte. Las impurezas estaban allí. Él lo comparó con la hoja del loto en un estanque de agua. La hoja y el agua existen juntos, están en contacto, pero la hoja no se empapa. El agua es como las impurezas y la hoja de loto es la Mente Iluminada.

La mente del que practica es igual; no huye a ninguna parte, se queda justo ahí. El bien, el mal, la felicidad y la infelicidad, lo correcto y lo incorrecto aparecen, y él los conoce a todos. El meditador simplemente los conoce, no entran a su mente. Esto es: él no se aferra. Él es simplemente él vive la experiencia. Decir que él simplemente vive la experiencia es nuestro lenguaje común. En el lenguaje del Dhamma decimos que él deja que su mente siga el Camino Medio.

Estas actividades de felicidad, infelicidad y demás están constantemente apareciendo porque son características del mundo. El Buda se iluminó en el mundo, él contempló el mundo. Si él no hubiera contemplado el mundo, si no hubiera visto el mundo, no se hubiera podido elevar sobre él. La Iluminación del Buda fue simplemente iluminación de este mismo mundo. El mundo estaba todavía ahí: ganancia y pérdida, alabanza y crítica, fama y deshonor, felicidad e infelicidad estaban todos ahí. ¡Si no hubieran estado, no hubiera habido nada sobre lo cual volverse iluminado! Lo que él conoció fue justamente el mundo, aquello que rodea el corazón de las personas. Si las personas siguen estas cosas, buscando alabanza y fama, ganancia y felicidad, y tratando de evitar sus opuestos, se hunden bajo el peso del mundo.

Ganancia y pérdida, alabanza y crítica, fama y deshonra, felicidad e infelicidad – esto es el mundo. La persona que está perdida en el mundo no tiene vía de escape, el mundo lo sobrecoge. Este mundo sigue la Ley del Dhamma así que lo llamamos dhamma mundano. El que vive dentro del dhamma mundano es llamado un ser mundano. Vive rodeado de confusión.

Por lo tanto, el Buda nos enseñó a desarrollar el sendero. Lo podemos dividir en moralidad, concentración y sabiduría, desarrollarlos hasta la plenitud. Este es el sendero de la práctica que destruye al mundo. ¿Dónde está este mundo? ¡Está precisamente en la mente de aquellos enamorados de él! La acción de aferrarse a la alabanza, ganancia, fama, felicidad e infelicidad es llamada “mundo”. Cuando estas cosas están allí en la mente, entonces el mundo aparece, el ser mundano ha nacido. El mundo nace por causa del deseo. El deseo es el lugar de nacimiento de todos los mundos. Ponerle fin al deseo es ponerle fin al mundo.

Nuestra práctica de moralidad, concentración y sabiduría es llamada de otra manera el sendero óctuple. Este sendero óctuple y los dhammas mundanos son un par. ¿Cómo es que son un par? Si hablamos de acuerdo con las escrituras, decimos que ganancia y pérdida, alabanza y crítica, fama y deshonra, felicidad e infelicidad son los ocho dhammas mundanos. La visión correcta, la intención correcta, el habla correcta, la acción correcta, soporte de vida correcto, el esfuerzo correcto, la consciencia correcta y la concentración correcta: esto es el sendero óctuple. Estos dos senderos óctuples existen en el mismo lugar. Los ocho dhammas mundanos están aquí en esta misma mente, con “el que conoce”; pero este “que conoce” tiene obstrucciones, así que conoce de manera errónea y así se convierte en el mundo. Eso sólo este “que conoce” y no otro. La naturaleza de Buda no ha aparecido todavía en esa mente, no se ha sustraído todavía del mundo. La mente como ésa es el mundo.

Cuando practicamos el sendero, cuando entrenamos nuestro cuerpo y nuestro habla, es hecho todo en esta misma mente. Están en el mismo lugar para que se puedan ver uno al otro; el sendero ve al mundo. Si practicamos con esta mente nuestra, encontramos ese aferramiento a la alabanza, la fama, el placer y la felicidad, vemos el aferramiento al mundo.

El Buda dijo: “Deberías conocer el mundo. Es resplandeciente como el carruaje real del rey. Los tontos quedan hipnotizados, pero los sabios no se engañan”. No se trata de que Él quisiera que fuésemos por todo el mundo mirando todo, estudiando todo sobre el mundo. Él simplemente quería que observásemos esta mente que se aferra al mundo. Cuando el Buda nos dijo que mirásemos el mundo no quería que nos quedásemos atascados en él, quería que lo investigásemos, porque el mundo nace precisamente en esta mente. Sentado bajo la sombra de un árbol, puedes mirar el mundo. Cuando hay deseo, el mundo viene a existencia ahí mismo. Querer es el lugar de nacimiento del mundo. Extinguir el querer es extinguir el mundo.

Cuando nos sentamos en meditación queremos que la mente se vuelva pacífica, pero no es pacífica. ¿Por qué es así? No queremos pensar pero pensamos. Es como una persona que va a sentarse sobre un hormiguero: las hormigas le pican. Cuando la mente es el mundo, entonces incluso sentados inmóviles con nuestros ojos cerrados, todo lo que vemos es el mundo. Placer, tristeza, ansiedad, confusión – todo eso surge. ¿Por qué es así? Es porque no hemos realizado el Dhamma. Si la mente es así, este meditador no podrá sobreponerse a los dhammas mundanos, no investiga. Es lo mismo que si estuviera sentado sobre un hormiguero. ¡Las hormigas le van a picar porque él está justo en su casa! Así que, ¿qué debería hacer? Debería buscar algún veneno o usar fuego para alejarlas.

Pero la mayoría de los practicantes del Dhamma no lo ven de esta manera. Si se sienten contentos siguen el contentamiento, sintiéndose descontentos sólo siguen eso. Siguiendo los dhammas mundanos la mente se vuelve el mundo. A veces podemos pensar: “Ay, no puedo hacerlo, esto está más allá de mi capacidad…” así que ni siquiera tratamos. Esto es porque la mente está llena de impurezas, los dhammas mundanos impiden que el sendero surja. No podemos resistir en el desarrollo de la moralidad, la concentración y la sabiduría. Es justo como aquel hombre sentado sobre el hormiguero. Él no puede hacer nada, las hormigas están picándole y caminando sobre él, está inmerso en confusión y agitación. No puede sustraer su sede del peligro, así que sólo se sienta ahí, sufriendo.

Así es con nuestra práctica. Los dhammas mundanos existen en la mente de los seres mundanos. Cuando esos seres desean encontrar la paz los dhammas mundanos surgen justo ahí. Cuando la mente es ignorante sólo hay oscuridad. Cuando el conocimiento surge la mente se ilumina, porque ignorancia y conocimiento nacen en el mismo lugar. Cuando la ignorancia ha surgido, el conocimiento no puede entrar, porque la mente ha aceptado la ignorancia. Cuando el conocimiento surge, la ignorancia no puede quedarse.

Así que el Buda exhortó a sus discípulos a practicar con la mente, porque el mundo nace en esta mente, los ocho dhammas mundanos están aquí. El sendero óctuple, es decir, la investigación a través de la calma de la meditación de penetración mental, nuestro esfuerzo diligente y la sabiduría que desarrollamos, todas estas cosas aflojan el agarre del mundo sobre nosotros. Aferramiento, aversión y autoengaño se vuelven más ligeros, y siendo más ligeros los conocemos como tales. Si experimentamos fama, ganancia material, alabanza, felicidad o sufrimiento, estamos conscientes de ello. Debemos conocer estas cosas antes de que podamos trascender el mundo, porque el mundo está dentro de nosotros.

Cuando estamos libres de estas cosas es precisamente como salir de una casa. Cuando entramos a una casa, ¿qué clase de sentimiento tenemos? Sentimos que hemos pasado a través de la puerta y entrado en la casa. Cuando dejamos la casa sentimos que la hemos dejado, vamos a la brillante luz del sol, no es oscuro como era adentro. La acción de la mente entrando en los dhammas mundanos es como entrar en la casa. La mente que ha destruido los dhammas mundanos es como alguien que ha salido de la casa.

De manera que el practicante del Dhamma debe convertirse en uno que es testigo del Dhamma por sí mismo. Él conoce por sí mismo si los dhammas mundanos han desaparecido o no, si el sendero ha sido desarrollado o no. Cuando el sendero ha sido bien desarrollado, expulsa los dhammas mundanos. El sendero se vuelve más fuerte y más fuerte. La visión correcta crece a medida que la visión incorrecta decrece, hasta que finalmente el sendero destruye las impurezas — ¡o eso o las impurezas destruirán el sendero!

Visión correcta y visión incorrecta, hay sólo estos dos caminos. La visión incorrecta tiene sus trucos también, tú sabes, tiene su sabiduría – pero es una sabiduría que está mal dirigida. El meditador que comienza a desarrollar el sendero experimenta una separación. Eventualmente es como si él fuese dos personas: una en el mundo y otra en el sendero. Ellas dividen, halan hacia su lado. Cuandoquiera que él está investigando, hay esta separación, y ello continúa y continúa hasta que la mente alcanza la penetración mental, vipassana.

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