Meditación de las 32 partes del cuerpo

image002Esta es una de las muchas meditaciones discursivas* que el Buddha Gotama enseñó a sus discípulos y que han quedado registradas en el Canon Páli, el registro más antiguo y fidedigno de los discursos del Despierto. El Buddha enseñó esta meditación a sus discípulos ordenados como monjes y monjas para eliminar la lujuria o la atracción física hacia el cuerpo. Por eso, desde hace más de 2500 años, los bhikkhus (monjes) y bhikkhunís (monjas) la utilizan para hacerse conscientes, de manera permanente, de la desagradable realidad del cuerpo. La intención con esta meditación no es generar odio o desprecio por el cuerpo humano sino concentrar la mente y ver conscientemente ese lado desagradable del cuerpo que las personas en el mundo normalmente se esfuerzan en ocultar. No es por casualidad o por locura que todos los días tenemos que limpiar y bañar este cuerpo. Tenemos que peinarlo, cepillarle los dientes, usar desodorante, cambiarle la ropa, cortarle las uñas, etc. Lo tenemos que hacer porque el cuerpo es por naturaleza como un animal sucio que desprende todo tipo de impurezas. El cuerpo humano no es ese objeto hermoso y limpio que la publicidad usa como vector para vender productos. El cuerpo en realidad está lleno de todo tipo de sustancias hediondas. El cuerpo es tan sucio que tenemos que bañarlo y limpiarlo todos los días para quitarle la suciedad, y si no lo hacemos, los gérmenes y enfermedades literalmente nos comen en vida.

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La realidad interna de nuestro propio cuerpo… ¿Cuántos de nosotros conoce realmente lo que tenemos por dentro? Esta ausencia de conocimiento también es una forma de ignorancia.

Esta es la desagradable realidad de este cuerpo que desde tiempo inmemorial los seres humanos prefieren ocultar o ignorar, por una parte porque nos identificamos con el cuerpo (creemos que esto es lo que somos) y no podemos aceptar la idea de que somos esta cosa sucia como un animal. Al verla como algo limpio y atractivo se nos hace más placentera, más fácil, más llevadera la creencia falsa de que esto es lo que somos. Y por otro lado ocultamos o ignoramos esta realidad porque las personas en el mundo tienden a ser superficiales, a ver sólo la superficie o a concentrarse en aquello que causa placer o gusto. El aspecto desagradable del cuerpo no causa placer ni gusto, y por eso lo ocultamos e ignoramos. ¿Cómo funcionan nuestros baños y hospitales (los lugares donde nos ocupamos del cuerpo? Son lugares cerrados, herméticos, donde parece que ocurre algo secreto, algo oculto. Nos da pena hacer nuestras necesidades frente a otras personas o mostrarnos sucios. Nos da pena admitir que este cuerpo funciona exactamente igual al de cualquier animal que vemos en la naturaleza, sólo que lo hemos “domesticado”. Todo esto son comportamientos de seres que quieren negar u ocultar una realidad desagradable.

Por otro lado, el aspecto agradable del cuerpo es lo que dispara el mecanismo de la atracción física y la lujuria. Si no hubiera un lado agradable, bonito, en nuestros cuerpos, tampoco habría lujuria en el mundo. Porque lo que es agradable o hermoso siempre genera atracción, apego, deseo y adicción. Nuestro estado mental actual en el que escondemos y negamos el aspecto desagradable del cuerpo y al mismo tiempo exageramos su aspecto agradable (para que esto funcione como una palanca que nos ayuda la realizar lo primero) es la causa de que la lujuria y la adicción al erotismo y al sexo sean malas cada vez más frecuentes y normales en nuestras sociedades.

El Bendito Buddha utilizó la realidad desagradable del cuerpo para destruir la raíz de la lujuria en la mente. Por eso esta meditación es obligatoria en los practicantes monásticos del Dhamma y también en todos los practicantes laicos que quieran deshacerse de la lujuria causada por la carne del cuerpo. Esta meditación consiste en repasar mentalmente las partes del cuerpo escogidas por el Maestro cuando diseñó esta meditación. En realidad el Buddha menciona sólo 31 partes; luego la tradición añadió el cerebro para completar la meditación y por eso ahora se llama “meditación de las 32 partes del cuerpo”. Si los buddhistas laicos (o cualquier otra persona religiosa o no) quisieran practicar esta meditación, la primera tarea es hojear un libro sobre anatomía humana para tener una idea de los órganos y líquidos del cuerpo, y utilizar esa información para visualizar cada una de las partes durante la meditación. En los tiempos del Buddha los monjes y monjas visitaban los lugares donde la sociedad disponía de los cadáveres frescos y observaban las distintas partes del cuerpo y sus fluidos. Así los monjes tenían una idea bastante realista, de primera mano, de cómo lucen cada uno de los órganos, su tamaño, su color, su olor… Estudiar los órganos del cuerpo en un libro de anatomía es una buena idea, pero ver órganos reales sería lo ideal. El problema es que estamos tan acostumbrados a ocultar o no ver la apariencia de nuestros propios órganos que muchas personas no soportan ver un cuerpo humano abierto.

Wikimedia Commons ha dispuesto las ilustraciones del libro Anatomía de Gray donde podemos ver ilustraciones de calidad de todos los órganos y tejidos del cuerpo humano (abrirá en otra ventana):

> Ilustraciones del libro Anatomía de Gray.

Después de estudiar un poco la forma de los órganos y la apariencia de los fluidos (ya todos conocemos de primera mano algunos de esos fluidos), entonces aprendemos el texto de la meditación en si. Es importante seguir el orden porque hay una lógica o razón en ese orden de los elementos. La parte inicial donde decimos o pensamos “en este cuerpo hay”, es opcional. Se puede comenzar la meditación directamente con los 32 elementos mencionados:

MEDITACIÓN DE LAS 32 PARTES DEL CUERPO

[En este cuerpo hay:] pelo de la cabeza, pelo del cuerpo, uñas, dientes, piel, músculos, tendones,
huesos, médula ósea, bazo, corazón, hígado,
membranas, riñones, pulmones, intestino largo,
intestino corto, esófago, heces, bilis, flema,
linfa, sangre, sudor, grasa, lágrimas, aceite,
saliva, moco, aceite de las articulaciones, orina,
cerebro.

La fuente de esta meditación en el Canon Pali está en el Khuddakapatha 3. La meditación aparece en varias partes del Canon, por ejemplo en Anguttara Nikaya 10.60:

¿Y cuál es la percepción de lo que no es atractivo? Está el caso de cuando un monje analiza este mismo cuerpo –desde las plantas de los pies hacia arriba, desde la corona de la cabeza hacia abajo, rodeado de piel, lleno de toda clase de cosas sucias: “En este cuerpo hay: pelo de la cabeza, pelo del cuerpo, uñas, dientes, piel, músculos, tendones, huesos, médula ósea, bazo, corazón, hígado, membranas, riñones, pulmones, intestino largo, intestino corto, esófago, heces, bilis, flema, linfa, sangre, sudor, grasa, lágrimas, aceite, saliva, moco, aceite de las articulaciones, orina. Así él permanece concentrado en lo no atractivo que es este mismo cuerpo. Esto es lo que se llama la percepción de lo que no es atractivo.

image006La tradición enseña (y la ciencia actual lo confirma) que algunas personas son lujuriosas por naturaleza. A este tipo de personas el Buddha recomendaba especialmente hacer esta meditación porque, como dijimos, esta meditación permite “bajarle el volumen” a nuestra lujuria o erotismo exacerbados. Otras personas no son tan lujuriosas o carnales por naturaleza, y por tanto no necesitan hacer esta meditación tanto como las personas sensuales. La tradición buddhista también enseña que las personas que hacen mucha meditación de benevolencia (mettá), pueden desarrollar un incremento de su lujuria o erotismo, porque la energía mettá es una forma de amor y el cuerpo siempre interpreta el amor en términos de erotismo y sexualidad. Si usted hace meditación mettá desde hace mucho tiempo, usted debe observar e investigar su propio mente-cuerpo para ver si su lujuria o erotismo se ha incrementado últimamente. Si ese es el caso, entonces es aconsejable practicar la meditación de las 32 partes del cuerpo para devolverle el balance a su mente. Así uno no tiene que dejar de irradiar mettá como lo venía haciendo.

Por otro lado, su uno observa que no hay en la mente de uno ninguna deficiencia de benevolencia (mettá) y compasión (karuna), que le resulta muy fácil a uno irradiar esos estados mentales, y que al mismo tiempo la lujuria y el erotismo se han incrementado mucho, entonces lo que uno debe hacer es dejar de hacer meditación mettá por un tiempo y dedicarse sólo a la meditación de las 32 partes del cuerpo. Todas estas meditaciones son como medicinas que tomamos por largos períodos de tiempo para corregir ciertos excesos o debilidades en la mente. La persona malvada, odiosa, rabiosa, debe hacer meditación de benevolencia como medicina para exterminar su tendencia al odio. La persona lujuriosa o muy sensual debe hacer meditación de las 32 partes del cuerpo como medicina para exterminar esa tendencia a la lujuria o la sensualidad.

No hay que ponerse neuróticos ni obsesivos. Si usted es una amo o ama de casa, y tiene una pareja sexual activa, y si su erotismo y libido tiene niveles normales, entonces no hay ningún problema. Lo que se presenta en una cantidad aceptable, normal, mesurada, no tiene nada de malo. Pero si usted es una persona que quiere o debe vivir en celibato, o practicar la abstinencia sexual por las razones que sea, entonces la meditación de las 32 partes del cuerpo es perfecta como una medicina para llevar la mente a otro nivel. Yo pienso que esta meditación es perfecta como tratamiento o medicina psicológica para las personas que sufren ciertos trastornos, por ejemplo adicción a la pornografía, adicción al sexo y a la masturbación. Yo estoy seguro que si las personas que sufren estos trastornos se dedicasen a practicar esta meditación de las 32 partes del cuerpo a largo plazo se curarían de sus trastornos o desbalances. Sería un gran beneficio social que los terapeutas, psicólogos y psiquiatras enseñasen o recomendasen esta meditación como terapia adicional o alternativa para ciertos pacientes. También estoy seguro que si ciertas personas de ciertas tradiciones religiosas, como los sacerdotes católicos, aprendiesen y pusiesen en práctica esta meditación, podrían vivir en celibato sin correr el peligro de que sus libidos se perviertan en la lamentable forma en que ya sabemos que ocurre. Lo bueno de esta meditación es que es totalmente objetiva y no-religiosa, no-dogmática: no hay en ella ninguna declaración de fe o de doctrina o de teoría religiosa. Es simple y llanamente una descripción de las partes reales, objetivas, del cuerpo humanos. Cualquier persona de cualquier religión, incluso ateos y escépticos, la pueden aprender y poner en práctica sin comprometer o cambiar sus posturas religiosas o filosóficas.

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Si ves la piel, el pelo, la superficie del cuerpo, habrá atracción y lujuria. Si ves el esqueleto, la carne, los órganos internos, no habrá atracción ni lujuria. La parte externa del cuerpo puede ser atractiva, pero la parte interna nunca lo es.

Otro “truco” que la tradición buddhista nos enseña para superar la lujuria es visualizar el esqueleto de las personas. Cuando tenga una persona atractiva en frente y no quiera usted entregarse a pensamientos lascivos, ayuda mucho ver a la persona en su esqueleto, imagine sus huesos, vea a través de la piel hasta los huesos. A nadie le causa lujuria un esqueleto, así que, con el tiempo, su lujuria se irá apagando. Aquí sirve también la sugerencia anterior de revisar un atlas o enciclopedia del cuerpo humano, estudiar los huesos, memorizarlos para luego traerlos a la memoria en cualquier momento.

¿Por qué nos apegamos tanto a nuestro cuerpo?

El cuerpo es fuente tanto de placer como de dolor y angustia. Si el cuerpo no tuviera la capacidad de proporcionar sensaciones placenteras, no nos apegaríamos tanto a él. El Buddha el explica a Maháli:

Maháli, si la forma [el cuerpo] fuera exclusivamente angustiante –seguida de estrés, imbuida [únicamente] de estrés y no imbuida de placer–, los seres no estarían infatuados con la forma. Pero debido a que la forma es también placentera –seguida de placer, imbuida de placer y no [sólo] de angustia–, los seres están infatuados con la forma. A través de la infatuación, son encantados. Por medio del encantamiento, son contaminados. Esta es la causa, esta es la condición de requisito para la contaminación de los seres. Y así es cómo los seres son contaminados con causa, con la condición de requisito.

Samyutta Nikaya 22.60

Para complementar esta meditación, reflexione constantemente sobre lo que el Maestro dijo sobre los placeres sensuales:

Es bueno, monjes, que ustedes entiendan el Dhamma enseñado por mi de esta manera, porque en muchas maneras les he descrito las acciones que obstruyen y que, cuando uno se vuelve indulgente con ellas, son verdaderas obstrucciones. He dicho que los placeres sensuales son de poca satisfacción, mucha angustia, mucha desesperación, y un gran obstáculo.

He comparado los placeres sensuales con una cadena de huesos: algo de mucha angustia, mucha desesperación, un gran obstáculo.

He comparado los placeres sensuales con un montón de carne: algo de mucha angustia, mucha desesperación, un gran obstáculo.

He comparado los placeres sensuales con una antorcha de heno: algo de mucha angustia, mucha desesperación, un gran obstáculo.

He comparado los placeres sensuales con una zanja llena de brasas ardientes: algo de mucha angustia, mucha desesperación, un gran obstáculo.

He comparado los placeres sensuales con un sueño: algo de mucha angustia, mucha desesperación, un gran obstáculo.

He comparado los placeres sensuales con bienes prestados: algo de mucha angustia, mucha desesperación, un gran obstáculo.

He comparado los placeres sensuales con los frutos de un árbol: algo de mucha angustia, mucha desesperación, un gran obstáculo.

He comparado los placeres sensuales con el hacha y el cuchillo de un carnicero: algo de mucha angustia, mucha desesperación, un gran obstáculo.

He comparado los placeres sensuales con espadas y lanzas: algo de mucha angustia, mucha desesperación, un gran obstáculo.

He comparado los placeres sensuales con la cabeza de una víbora: algo de mucha angustia, mucha desesperación, un gran obstáculo…

Alagaddupama Sutta. Majjhima Nikaya 22.

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* Las meditaciones discursivas son aquellas en las que utilizamos una oración o idea verbalizada para concentrar la mente en ella. El tema de la meditación cosiste en una palabra o serie de palabras que repetiremos una y otra vez durante el tiempo que dure la meditación. La idea es, por un lado controlar la mente y entrenarla para que se dedique a UNA sola idea, y por otro lado ir penetrando mentalmente en la realidad del tema que escogimos para la meditación. Las meditaciones discursivas son las más fáciles de realizar y las más recomendables para los que comienzan a meditar.

Te invito a leer también (abrirá en otra ventana):

> Algunos comentarios sobre la meditación de las 32 partes del cuerpo.

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Lee también mi lista de Referencias del Canon Pali para que verifiques por ti mismo de dónde provienen las afirmaciones que hago en este blog acerca del Buddha-Dhamma (abrirá en otra ventana):

> Referencias del Canon Pali.


Buddhismo Theravada para principiantes en una sola página (abrirá en otra ventana):

> Buddhismo Theravada para principiantes.

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La lista de libros sobre buddhismo disponibles en este blog ahora la puede ver en la siguiente página (abrirá en otra ventana):

> Libros en PDF.

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