Estudio de una carta natal: caso Nietzsche. Parte 1.

Información de contexto sobre este artículo. Escribí estos dos artículos en el año 2008, cuando comencé a estudiar astrología en profundidad. Este artículo lo publiqué originalmente el jueves 4 de septiembre de 2008 en El Ultimátum Hiperbóreo. El texto fue escrito desde la perspectiva de una persona escéptica que recién descubre en el estudio de una carta natal una serie de “coincidencias” o coherencias entre la biografía de un sujeto y los textos astrológicos que describen las distintas partes de la carta natal, coincidencias o coherencias que dan razón a la astrología moderna occidental como instrumento de descripción psicológica y que certifican la herramienta de la carta natal o cosmograma como un diagrama que representa gráficamente la configuración psicológica de tendencias del individuo. Todos los análisis y afirmaciones están estrictamente basados en la biografía confirmada del sujeto estudiado (el filósofo alemán Friedrich Nietzsche) y en citas textuales de astrólogos reconocidos mundialmente. Al final del artículo añado un comentario actualizado al día de hoy sobre el punto controvertido referente a la hora de nacimiento (y por tanto el signo ascendente) de Nietzsche.
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Estudio de una carta natal: caso Nietzsche.

Parte 1

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Friedrich Wilhelm Nietzsche nació el 15 de octubre de 1844, en un pueblo llamado Röcken, en la provincia prusiana de Sajonia. Con este primer dato pasamos a la primera consideración del estudio, su signo solar: Libra. Haremos un primer acercamiento general sobre los signos solar y ascendente del sujeto estudiado, trabajando sobre varias nociones actuales que los astrólogos de la rama de la astrología humanista y de la astrología psicológica guardan para esos dos puntos.

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De manera muy resumida, que el signo ascendente contiene las potencialidades e inclinaciones de “el principio del yo”(1), es decir, el punto de contacto del individuo con el medio que le rodea, el vecindario, el mundo. En ese sentido se equipara con el concepto de persona de Carl Gustav Jung, esto es la “máscara” del sujeto, su fisiología periférica, mientras que el signo solar indica el tono, el color, el tipo de energía de la “fuente de poder” del individuo, partiendo de la idea de que el Sol representa el “principio de la voluntad”, de la vitalidad, energía y creatividad.
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Una de las primeras anotaciones que haría un astrólogo sobre el signo solar se referiría al planeta regente del mismo. En este caso (Libra), se trata del planeta Venus. Tradicionalmente, las personas que nacen bajo la energía de los dos signos que rige Venus (Libra y Tauro), tendrán una disposición natural al arte, a la expresión artística, y a la valoración acentuada de las problemáticas que implica la vida amorosa y sentimental. En el caso de Nietzsche podemos decir que estos puntos se dan con suficiente claridad. Pero vayamos más allá. En Friedrich Nietzsche ocurre lo que los astrólogos llaman “recepción mutua”. Esto significa que Venus no está ubicado en ninguno de sus signos regentes, sino en uno cuyo planeta regente se ubica, a su vez, en Libra o en Tauro. El planeta Venus de Nietzsche se ubica en Virgo (regido por Mercurio), y Mercurio se ubica en Libra (regido por Venus).
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En lenguaje simbólico –el astrológico–, toda la vena artística de Venus se expresa en Friedrich Nietzsche de manera minuciosa, detallista, perfeccionista, porque Venus estaba alojado en el intelectual y astuto signo de Virgo. Y toda la habilidad discursiva (Mercurio es Hermes Alado, el mensajero de los dioses), la inteligencia, el manejo prodigioso de la palabra y de la gramática, asumen un tono orgánico, original, vivo, rico, nutritivo, poético, venusino, porque Mercurio estaba en Libra. Además de todo esto, astrológicamente se explica porqué las funciones intelectuales del filósofo siempre giraban en torno a disertaciones concernientes a los equilibrios, a sopesar los opuestos para obtener una perspectiva más verosímil, y al problema del “valor estético”. Mercurio –el intelecto, el discurso, el mensajero– volaba sobre el signo de la balanza. Venus, que indica las funciones anímicas de los sentimientos y de la relación de pareja, ubicado en Virgo, explica porqué el filósofo alemán logró racionalizar de manera tal su mundo emocional, con el resultado apabullante de que a las personas más cercanas les parecía un reto involucrarse sentimentalmente con él. Y no sólo se manifiesta de esa manera, sino también con una rigurosa pulcritud en el contacto íntimo y en el trato del propio cuerpo.
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El Sol –centro de vitalidad, energía y creatividad–, y Venus sobre el signo de Libra indican en general las funciones más internas de Friedrich Nietzsche. Por medio de su abundante correspondencia se confirma el carácter de indeciso, que es algo muy librano. Derek y Julia Parker escriben sobre Libra:

“Una de las razones por las que a menudo es indeciso [el librano] es porque ve demasiado claramente todos los lados del problema y le resulta difícil tomar partido. Tiene un fuerte sentido de la justicia y pondrá todo de su parte para que la justicia se aplique.”(2)

Friedrich Nietzsche podía rehacer hasta cuatro veces una lista de regalos que enviaba a su madre, comprometiendo el horario de envíos, porque no podía decidirse sobre un libro o unas botas nuevas; defendía sin dudar a sus amigos del colegio, y luego a los de la universidad, contra cualquier injusticia, por pequeña que fuera (el puntillismo de Virgo acentúa la percepción); y son bien conocidos los abundantes reproches por no formar parte por mucho tiempo (en virtud de su actitud crítica y su rápida evolución intelectual) de algún partido, grupo o asociación. Su tiempo en las asociaciones filológicas fueron más bien cortos, y su cátedra en la universidad de Basilea no duró mucho. Sus críticas a los judíos no le hicieron antisemita (malentendido que aclaró definitivamente en Ecce homo), y su diagnóstico despiadado y exhaustivo de la idiosincrasia alemana no lo llevó a ser declaradamente antigermano, si bien algún tiempo vivió sin nacionalidad. Todas estos “movimientos”  que parecen ir hacia una dirección y luego hacia la contraria –ese “tanteo”–, es una manifestación de la indecisión librana. Y como si fuera poco, su idea de la “veracidad intelectual” es claramente ese “sentido de justicia” que se refiere a Libra, aplicado a las funciones intelectuales y al raciocinio (Mercurio y Virgo) de una mente potente y vivaz.
Alegre y optimista por naturaleza, no puede soportar la soledad y su falta de resistencia natural ante ella puede desinflar su espíritu positivo. Esta antipatía le proporciona un fuerte deseo de asociarse, no sólo en los negocios y en la vida privada, sino también en su vida intelectual.
Estas líneas se ajustan muy bien a Friedrich Nietzsche, y las que siguen más aún:
La inclinación intelectual que sienten por una persona (o quizá un escritor o artista) [Wagner, Schopenhauer] estará, a menudo, equilibrada por la antipatía, igual y opuesta, que sienten por otra; ilustrando así el tema tan adecuadamente expresado en el símbolo del propio signo: la balanza o báscula. 
Ahora bien, todo eso se refiere al signo solar, que aceptamos como indicador de las funciones más internas del individuo. El signo ascendente lo veremos como el “principio del yo”, la máscara, la persona. Los astrólogos aseguran que los aspectos más generales y básicos del sujeto se definen como una mezcla más o menos equilibrada de las energías del signo solar y del signo ascendente. En cuanto al signo ascendente de Friedrich Nietzsche hay una pequeña discrepancia [leer comentario al final del texto]: debido a que nació alrededor de las 10 de la mañana, unos minutos menos ubican el punto del ascendente (la cúspide de la 1ra Casa) sobre el signo de Escorpio, y unos minutos más lo ubican sobre el signo de Sagitario, que efectivamente estaba ascendiendo por el horizonte del este en ese momento.
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He decidido resolver la cuestión asumiendo a Escorpio como su signo ascendente, y hacer el reparo de considerar también la influencia de Sagitario (como si el signo ascendente fuera una combinación de ambos), basado en la noción astrológica antigua de que aunque el signo saliente haya sido Escorpio, el signo que asciende (el siguiente, o sea Sagitario) marcará también al “principio del yo”. Esta es una pequeña dificultad astrológica que me parece que se resuelve analizando las características de ambos signos. En el caso de Friedrich Nietzsche se manifiesta la dicha mixtura en el signo ascendente, confirmando no sólo segmentos del texto astrológico de los dos signos por separados, sino también la noción de que tal mixtura en el signo ascendente se da efectivamente en esas condiciones.

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Dane Rudhyar es más psicológico en sus descripciones de los doce paradigmas del zodíaco. Su texto sobre Sagitario en el ascendente es muy revelador, a pesar de ser muy corto y conciso: “…el individuo puede ser afecto a la vida al aire libre y a los viajes [Nietzsche descubrió en los viajes una cura natural para su debilidad física] (¡o así lo dice la tradición!) pero mucho más significativamente es una persona que llegará a darse cuenta de qué es y quién es a través de su participación en una gran causa, en una creencia social o religiosa [durante sus primeros años fue protestante, e incluso llegó a iniciar estudios de teología en la universidad], o en una búsqueda de la verdad [esto último fue el fuego de su vida]. Esta verdad, que se busca después, puede capitalizarse tanto que el individuo procure promoverla o promocionarla con un celo a menuda fanático  [“El Anticristo. Maldición contra el Cristianismo”], o, al menos, con gran dedicación… Ese individuo debería buscar, al menos teóricamente, socios que cooperen con él de manera práctica [su participación en las asociaciones juveniles y filológicas], tal vez siguiendo diversas líneas de esfuerzo para que sus generalizaciones y su expansionismo puedan alimentarse con variados datos apropiados y relaciones de múltiples niveles [sus relaciones sociales incluían individuos de todas las clases sociales en una época en la que eso era más bien extraño].” (3)
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En cuanto a Escorpio en el ascendente, Rudhyar escribe:
La persona… procurará a menudo desempeñar su papel en la sociedad obteniendo su poder de quienes estén muy cerca de ella. Son numerosos los dirigentes políticos que nacieron con Escorpio como su signo ascendente: Disraeli, Gandhi, Lenin, Stalin y Mussolini. A estas personas les gusta usar el poder de la sociedad y la identificación con lo que su gente necesita para lograr alguna clase de integración orgánica en el nivel nacional; pero, cuando se relacionan con quienes se les asocian, les sacan fuerzas vitales y exigen resultados concretos que se ajusten a líneas fijas de actividad. 
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¿Acaso explica esto lo importante que fue para Nietzsche adherir personalidades del mundo político y artístico a sus ideas? ¿Explicará por qué él y Lou Andreas-Salomé decidieron seguir caminos separados? ¿Las reacciones de sus lectores a sus críticas al Reich produjeron en él un profundo resentimiento que supo ocultar y sobrellevar bien, o fueron sus críticas más bien un ensañamiento (Escorpio se caracteriza por ello) contra el decadente estamento político alemán del siglo XIX? De todas maneras se trata del tema de Escorpio: su planeta regente (Plutón) está en Aries y en oposición al Sol. En lenguaje astrológico esto es: su capacidad para producir transformaciones y cambios radicales en la sociedad (y Plutón estaba en movimiento retrógrado además) se vio acentuada sobremanera (“La fuerza se demuestra por exceso”, escribió Nietzsche), al punto  de ser contraproducente. Sus ideas eran demasiado poderosas, revolucionarias, intensas, para la taimada y recalcitrante sociedad europea del siglo XIX.
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Con estas anotaciones podríamos ya demostrar que hay un porcentaje importante de equivalencia entre los textos astrológicos y el sujeto escogido. Una parte importante del estudio sería luego realizar el mismo parangón utilizando la carta natal de otros sujetos que posean las mismas configuraciones astrológicas. ¿Cómo actúa Escorpio como signo ascendente en personas aparentemente tan diferentes como Disraeli, Gandhi, Lenin, Stalin, Mussolini y Nietzsche? De los resultados obtenidos se obtendría entonces un “hecho estadístico” que llamaría la atención para ser considerado con suficiente seriedad.
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Dije que no profundizaría mucho en los detalles del signo solar y ascendente. No obstante, no quiero terminar esta parte sin comentar un hecho tan interesante como los anteriores. Me refiero a la posición del planeta regente del signo ascendente. En el caso de Nietzsche sería el planeta Plutón, para aquellos que toman a Escorpio como su signo ascendente, o Júpiter para aquellos que opinan que el signo ascendente de Friedrich Nietzsche es Sagitario. Ya mencioné que Plutón estaba haciendo oposición con el Sol en la carta natal de Nietzsche, y que esto era una configuración significativa en él. Citaré el texto de Derek y Julia Parker sobre los aspectos negativos (entre los cuales se incluye la oposición) Sol-Plutón.
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“Se da una tensión adicional  que puede ser paliada con la simpatía de las personas que rodean al sujeto. Importantes áreas de la personalidad suelen estar bloqueadas por estos contactos negativos. La expresión positiva del individuo no es nada fácil.” (4)

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A parte de esto, diré que para un estudio más científico de las nociones y doctrinas astrológicas, sería importante manejar aspectos técnicos de astronomía y la estructura del sistema solar. Quizás así descubramos “coincidencias significativas” que incluso la astrología podría desconocer ahora. Por ejemplo, Plutón en movimiento retrógrado en la carta de Nietzsche, y en oposición al Sol, implica que la Tierra formaba en el momento de su nacimiento una línea recta en la cual a un extremo estaba el Sol y al otro (el más lejano) se ubicaba Plutón. Para los planetas internos, un movimiento retrógrado significa mayor cercanía con la Tierra (y por tanto una mayor intensidad de su “influencia astrológica”), pero para un planeta de órbita tan excéntrica como Plutón, en el caso de Friedrich Nietzsche por ejemplo, estaba más lejos de la Tierra, porque estaba cercano a su propia afelio.
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De manera que creo que sería conveniente estudiar las distancias físicas planetarias para confirmar nociones como las siguientes: que Plutón produce, cuando pasa a los primeros grados de un signo, condiciones y predisposición para grandes y terribles guerras; o que algunos planetas exteriores como los gigantes Júpiter y Saturno establecen, con los aspectos que forman entre ellos y la Tierra, períodos de terremotos y actividad volcánica en nuestro planeta (y seguramente en otros).

NOTAS

1. Dane Rudhyar en Las casas astrológicas. La experiencia individual en un marco de referencia. Editorial Kier. Tercera edición.
2. Derek y Julia Parker. Nuevo gran libro de la astrología. Alfadil Ediciones, Editorial Debate. Cuarta edición.
3. Dane Rudhyar. Las casas astrológicas. La experiencia individual en un marco de referencia. Editorial Kier. Tercera edición.
4. Derek y Julia Parker. Nuevo gran libro de la astrología. Alfadil Ediciones, Editorial Debate. Cuarta edición.
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Comentario sobre el signo ascendente de Friedrich Nietzsche

Luego de estos ocho años que han pasado, en los que mi conocimiento astrológico ha avanzado, he llegado a una conclusión, definitiva por lo menos por ahora, sobre el problema del signo ascendente de Nietzsche. He decidido aceptar que la hora de nacimiento de Nietzsche debió haber sido tal que la cúspide de la casa 1 en su carta natal debió haber caído en los últimos grados de Escorpio. La energía de un signo determinado es muy fuerte en los primeros grados del signo y muy débil en los últimos tres grados, espacio en el cual el ascendente escorpiano de Nietzsche se tiñe con la energía ya invasiva de Sagitario en ese punto. Lo que ocurre es, como escribí en el artículo, que el ascendente se encuentra “en estrés” (igual que le ocurre a los planetas que se encuentran en los últimos tres grados de una casa determinada): esto significa que el ascendente se comporta como si quisiera pertenecer a ambos signos o como si no supiera a cuál signo pertenecer completamente. He observado este mismo fenómeno en tres personas que conozco de primera mano. Lo que eso produce en la práctica es que la persona se comporta como si algunas veces fuese Escorpio y otras veces Sagitario. Pero la ambigüedad es tensa y conflictiva para la psique, porque los signos sucesivos pertenecen a elementos antagónicos (Escorpio es agua, Sagitario es fuego), lo que otorga al ascendente un carácter agitado, de crisis y transformaciones o adaptaciones fallidas. Esto es más drástico cuando el ascendente “en estrés” se produce de tierra a fuego.
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El tono sagitariano del ascendente de Nietzsche se hace evidente en todo lo que hizo, pero en la manera como lo hizo se refleja la energía escorpiana. Su verbo incisivo, su necesidad casi compulsiva de “destruir” o erosionar las estructuras tradicionales de la sociedad (la religión mayoritaria, la política continental, la visión rígida de la Academia), de transformar a la fuerza todo lo que le rodeaba… todo esto es reflejo del ascendente escorpiano. Que los protocolos psicológicos de conducta no logren resolverse felizmente, o adecuadamente, se debe también a que la energía del signo en los últimos grados de su segmento, se encuentra en “estado de fallecimiento”, como la luz del sol en el atardecer.

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Escorpio a Sagitario: agua y fuego, momento poderoso pero peligroso de la consciencia, momento crítico de transformaciones delicadas y liberadoras.

 

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