Algunos comentarios sobre la meditación de las 32 partes del cuerpo

Atención: no soy Maestro de Dhamma ni maestro de meditación. Todo lo que escribo en este blog sobre meditación son sólo comentarios y opiniones sobre mi experiencia personal con la meditación. No es una enseñanza acreditada. Puede contener equivocaciones o estar mal explicada. Si usted busca un maestro espiritual o un Maestro de Dhamma o de meditación, le sugiero buscar un bhikkhu (monje) o una bhikkhuní (monja), que en mi opinión son los únicos verdaderos maestros de Dhamma y de meditación.

Debo hacer algunos comentarios sobre esta meditación que es práctica habitual de todos los bhikkhus (monjes) y bhikkhunís (monjas) del Theraváda (Buddhismo Original o Doctrina de los Ancianos). La intención con esta meditación no es generar odio o desprecio hacia el cuerpo de uno. La intención es investigar el cuerpo tal cual como es, tanto en su exterior como en su interior, y observar el aspecto desagradable que posee el mismo. Lo explicaré en detalle porque puede generar confusiones o malentendido en los ciudadanos occidentales, acostumbrados como estamos a un bombardeo publicitario constante que nos condiciona casi a adorar el cuerpo.

El cuerpo posee aspectos agradables y desagradable. Ver las cosas tal como son significa estar consciente de los aspectos agradables y desagradables y de también de los aspectos neutros (que no generan ni agrado ni desagrado). Ahora, si sólo vemos el aspecto agradable del cuerpo, estaremos ignorando una parte de la realidad. Si sólo vemos el aspecto desagradable del cuerpo, también estaremos ignorando una parte de la realidad. La clave de la práctica buddhista o del Dhamma (Enseñanza del Buddha) es observar uno u otro aspecto dependiendo de lo que necesitemos lograr en términos de la sanidad de nuestra mente. Si por alguna razón nos enseñaron o condicionaron a maltratar nuestro cuerpo o a ser negligentes con él, entonces observar el aspecto agradable del cuerpo puede ayudarnos a valorarlo más y a cuidarlo más. Esta es la tarea mental que deben hacer las personas que han descuidado su cuerpo y ahora tienen problemas graves de salud. Deben entonces comenzar a hacer ejercicio, a comer más sano, a mirarse más en el espejo, etc. Esto es valorar y observar el cuerpo en sus aspecto agradable, en su capacidad de darnos placer emocional (por ejemplo, autoestima) y de resultar agradable también para otras personas.

Bien, en general en Occidente tenemos esa parte bien desarrollada. No estamos deficientes en ese sentido. Ahora explicaré la otra parte del asunto: el aspecto desagradable del cuerpo. ¿Por qué muchas personas no pueden estudiar medicina? Entre otras cosas, porque deben enfrentar el sentimiento natural de repulsión que causa todo lo que sale de dentro de nuestro cuerpo: la sangre, todos los fluidos, ver las carne cruda, los huesos, los tendones, el cerebro, etc. Hay personas que ni siquiera pueden ver un poco de sangre sin desmayarse. Esto es porque de manera normal y natural todo lo que esté dentro de la piel nos causa desagrado, repulsión. El Buddha descubrió que observar y concentrarse en este aspecto desagradable del cuerpo nos ayuda a destruir la tendencia a la lujuria. La lujuria nace del hecho de afincarnos en el aspecto agradable del cuerpo, sobre todo en la belleza superficial del mismo. Al volver nuestra mirada hacia dentro del cuerpo y observar todas sus partes, se cae, se destruye, se desarticula esta visión superficial, casi obsesiva, que tenemos sobre la belleza del cuerpo. Al caerse, al destruirse, al desarticularse esta visión superficial, esta obsesión (el Buddha lo llama “intoxicación, embriaguez”) con la belleza superficial del cuerpo, cortamos de raíz la lujuria que nace de esa visión.

Entonces, esa es la intención. Ver el aspecto desagradable de las distintas partes del cuerpo humano, no para odiarlo y despreciarlo, sino para obtener un beneficio de esa observación. Esta práctica es lo que le ha permitido a los monjes buddhistas (hay, por supuesto, casos fallidos, lo cual no quiere decir que la técnica no “funcione”) durante más de 2500 años poder vivir en celibato sin caer en problemas mentales como el onanismo, la pedofilia, y la adicción sexual. Si los hombres religiosos de otras religiones aprendieran y practicaran esta meditación de manera constante durante toda su vida de celibato, podrían eliminar de raíz la posibilidad de que la libido o energía sexual se desvíe, se deforme, se malogre, en formas que se consideran malsanas. Así de valiosa e importante es esta meditación para un mundo donde hay cada vez más pornografía, más pornografía infantil y todo tipo de estimulación sensorial (en televisión, internet, cine, en la calle, etc). Las personas laicas o seculares son, por supuesto, las más propensas a desarrollar trastornos sexo-mentales por el clima de excesiva liberalidad o morbosidad sexual que hay en nuestros países.

Estamos entonces “rescatando” esta tradición de los monjes theravadines no sólo para el beneficio de unos pocos sino también para que todo el que pueda beneficiarse de ella la ponga en práctica y pueda purificar, aunque sea un poco, su mente. ¿Ven cómo la religión y la tradición no es tan mala? Tiene cosas buenas que podemos tomar y promover, para nuestro beneficio y el de muchas personas.

¿Cómo se hace esta meditación?

En un artículo anterior expliqué un poco cómo se hace esta meditación. Añadiré aquí más detalles. Recuerde que en el estudio y práctica de estas cosas uno debe seguir siempre la secuencia de:

  1. pariyatti (estudio del tema, teoría). La sabiduría teórica.
  2. patipatti (práctica, ejercicio). La sabiduría práctica.
  3. pativedha (realización, logro, resultado). La sabiduría total o final.

Uno estudia primero el tema, la teoría; luego uno pone en práctica los ejercicios; y después uno llega a la realización, al logro, al resultado de la práctica. La meditación es patipatti, es un ejercicio, pero en realidad la capacidad de investigación que desarrollamos en la meditación lo abarca todo al final.

Esta meditación se puede hacer sentado o de pie. No hay realmente restricciones sobre la postura o el tiempo. Por ejemplo, uno se sienta y luego uno respira por unos minutos para que el cuerpo se calme y la respiración se vuelva rítmica. Esto dura los primeros cinco minutos, más o menos, cuando uno se sienta a meditar. Después que la respiración se ha vuelto regular y el cuerpo se quedó quieto, uno entonces comienza a hacer el ejercicio mental en sí de la meditación. Uno debe haber aprendido previamente el texto de la meditación. Recuerde que esta es una meditación “discursiva”, osea una meditación en la que entrenamos nuestra mente para que se concentre en una secuencia determinada de pensamientos. Estos pensamientos tienen forma de palabras. Es como darle una tarea a la mente: repasar en orden esta serie de pensamientos/palabras y concentrarse en cada uno de ellos durante un tiempo determinado.

Entonces, pariyatti primero, estudiar el texto de la meditación. Esto se hace antes de la meditación, fuera de la meditación, es una preparación previa a la meditación. El texto de esta meditación es el siguiente:

[En este cuerpo hay:] pelo de la cabeza, pelo del cuerpo, uñas, dientes, piel, músculos, tendones, huesos, médula ósea, bazo, corazón, hígado, membranas, riñones, pulmones, intestino largo, intestino corto, esófago, heces, bilis, flema, linfa, sangre, sudor, grasa, lágrimas, aceite, saliva, moco, aceite de las articulaciones, orina, cerebro.

Uno puede comenzar la meditación con ese primer pensamiento entre corchetes, pero con el tiempo ese pensamientos se vuelve implícito y uno ya no necesita pensarlo. Uno debe estudiar estas 32 partes del cuerpo, buscar imágenes, fotos, para ver cómo lucen y poder traerlas a la memoria durante la meditación. En los tiempos del Buddha, los bhikkhus iban a los cementerios a observar los cadáveres y así era cómo estudiaban anatomía, por decirlo de alguna manera. Observando los cadáveres, sobre todo los más “frescos”, los monjes aprendían cómo lucen los distintos órganos y fluidos del cuerpo. Ya conocemos bien algunos de esos fluidos, como la sangre, la orina, el sudor, las lágrimas, la flema, la saliva, el moco y las heces. Pero la mayoría de las personas no tienen idea de cómo se ve un bazo, o la médula ósea, o la linfa, etc.

Entonces, hay que tener una imagen mental de cada uno de los órganos y fluidos para visualizarlos, uno a uno, durante los pocos segundos que nuestra mente repase mentalmente el nombre del órgano o del fluido en cuestión durante la meditación. Cuando uno ya comenzó la meditación y uno piensa “pelo de la cabeza”, la mente debe visualizar ese objeto, debe concentrarse en él. Luego, al pasar al segundo objeto, la mente piensa “pelo del cuerpo”, visualizando el pelo de nuestro cuerpo. Uno puede visualizar cada uno de los objetos en el cuerpo de uno mismo (como si uno se estuviese viendo desde dentro de uno mismo) o también uno puede visualizarlos en frente de uno (como si hubiese una forma humana transparente, como de cristal, en frente de uno, en la cual se hace visible el órgano o fluido que estamos observando y luego eso desaparece y se hace visible el siguiente).

Como verán, hay que usar la imaginación y todos los recursos de la mente. Hay que traer a la memoria la imagen que uno tiene del objeto y fijar la mente en él durante cierto tiempo. ¿Cómo determinar el tiempo que fijamos nuestra atención en un objeto? Eso lo hacemos con la respiración.

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Seis sistemas del cuerpo humano. De izquierda a derecha: músculos, digestión, respiración, circulación de la sangre, nervios y esqueleto.

La ciencia de la respiración

Como ya estabilizamos el cuerpo y la respiración se volvió estable, rítmica, regular, durante esos primeros minutos iniciales de la meditación, la respiración debe estar ocurriendo según la siguiente secuencia de cuatro “eventos” corporales:

  1. inhalación,
  2. retención del aire,
  3. exhalación,
  4. momento sin aire.

La secuencia se repite sin cesar, naturalmente. Ahora, la mayoría de las personas que no meditan no conocen el momento en que los pulmones están llenos de aire y el diafragma (músculo ubicado debajo de los pulmones, encargado de llenar y vaciar los pulmones) se detiene por unos segundos. Tampoco conocen el momento, después de la exhalación, en que los pulmones están vacíos de aire y el diafragma también se detiene, antes de volver a inhalar aire nuevamente. Pero las personas que meditan, saben que la respiración durante la meditación son estos cuatro momentos y no solamente inhalación y exhalación. Ahora, hablemos de cuánto tiempo dura cada uno de estos eventos. Esto depende de cada persona y del estado físico de cada persona. También depende de otros factores que no es necesario explicar aquí. Basta decir que en algunas personas la inhalación y la exhalación pueden durar tiempos distintos (por ejemplo, tres o cuatro segundos) o pueden durar el mismo tiempo, y también los momentos 2 y 4 pueden durar menos o más que los momentos 1 y 3. No hay una forma correcta o incorrecta respecto a esto sino que el cuerpo busca la manera más sabia de hacerlo en una sesión determinada de meditación. Con el tiempo te darás cuenta que esto varía y que es el cuerpo el que decide estos detalles.

En mi experiencia personal, en mi práctica de meditación, casi siempre los cuatro momentos duran el mismo tiempo, que generalmente es cuatro segundos. Pero, dependiendo de la pureza del aire, hay sesiones de meditación en que retención del aire puede durar muy poco (un segundo), mientras que el momento sin aire puede durar incluso más que la inhalación o la exhalación. Como dije, el cuerpo decide estos ritmos por sí mismo y uno debe adaptarse y utilizarlos para meditar. Supongamos que en un caso ideal los cuatro momentos de la respiración duren el mismo tiempo. La descripción de la respiración quedaría entonces así:

  1. inhalación [diafragma se mueve, cuatro segundos]
  2. retención del aire [diafragma quieto, cuatro segundos]
  3. exhalación [diafragma se mueve, cuatro segundos]
  4. momento sin aire [diafragma quieto, cuatro segundos]

Habiendo logrado este ritmo en la meditación, uno entonces debe repasar un objeto mental determinado en la inhalación y otro objeto mental determinado en la exhalación. Los objetos mentales repasados serán los del texto de la meditación. Si describimos la meditación por medio de la respiración, entonces quedaría así:

  1. inhalación, pensando: “pelo de la cabeza
  2. retención del aire
  3. exhalación, pensando: “pelo del cuerpo
  4. momento sin aire
  5. inhalación, pensando: “uñas
  6. retención del aire
  7. exhalación, pensando: “dientes
  8. momento sin aire
  9. inhalación, pensando: “piel
  10. retención del aire
  11. exhalación, pensando: “músculos“…
  12. etc

Esto significa que la mente se detiene en el pensamiento “pelo de la cabeza” durante cuatro segundos, luego vienen cuatro segundos en los que no ocurre ningún pensamiento en la mente. Luego durante la exhalación ocurre el pensamiento “pelo del cuerpo” durante cuatro segundos, luego durante el momento sin aire no ocurre ningún pensamiento, y así sucesivamente. Siguiendo esta secuencia de eventos corporales y mentales, uno debe completar todo el texto de la meditación. Ahora, ¿por qué no fijamos también un pensamiento/palabra durante los momentos en que el diafragma se queda quieto? Porque los pensamientos ocurrirían entonces muy rápido y la mente no tendría tiempo de investigar o analizar cada uno de estos objetos mentales que estamos analizando. Debemos darle unos segundos a la mente para que se detenga en cada uno de los objetos mentales antes de pasar al siguiente, y esos momentos en los que el diafragma se queda quieto sirven para ese propósito. (Más adelante, cuando uno está más avanzado en esta meditación, uno puede incluso repasar cada objeto mental durante la inhalación solamente, lo que le deja a la mente muchos más segundos, por ejemplo doce, para concentrarse y quedarse fija en una imagen mental.)

Los momentos de retención del aire y los momentos sin aire son muy valiosos. Uno no debe hacer la meditación con el pensamiento de tener que vaciar la mente durante esos preciosos cuatro segundo. Si uno se fija esa intención, probablemente aparezca algún pensamiento en esos momentos en que la actividad discursiva de la mente debe detenerse. La idea es que nuestra mente “se detenga” en esos momentos de quietud del diafragma, pero esto se logra por sí solo, sin que tengamos que presionar o empujar nada. En realidad la mente nunca se detiene, lo que se detiene es el pensamiento discursivo. El pensamiento discursivo es como una voz que suena dentro de la mente. Esa “voz” va a sonar durante la inhalación y durante la exhalación, pero en los momentos intermedios no sonará: la mente se quedará “sin sonido”, sin voz mental. Esa experiencia de la mente “sin voz” nos interesa, porque es este tipo de estado mental el que debemos desarrollar para pasar al siguiente nivel de la meditación…

Un comentario sobre los jhanas: el primer jhana se logra con meditaciones discursivas, con “pensamiento dirigido”, como lo llama el Buddha. Luego, en el segundo jhana los pensamientos discursivos se han detenido por completo, han quedado atrás: la meditación del segundo jhana y las siguientes, son sin “pensamientos verbales”, como esos momentos de retención del aire y sin aire en esta meditación que estamos explicando. Primero uno entrena la mente para que piense en objetos mentales durante un tiempo determinado y según una secuencia fija, como en esta meditación. Así se logra el primer jhana. Luego, de manera espontánea, los momentos sin pensamientos verbales comienzan a ocurrir más frecuentemente hasta que logramos meditar completamente sin palabras, sin pensamientos en forma de palabras. Y así se logra el segundo jhana. Por eso el Buddha dice que para el segundo jhana y los siguientes ya no hay “pensamiento dirigido”, es decir pensamiento verbal o discursivo.

No obstante, estamos explicando aquí cómo se hace la meditación y no debemos preocuparnos todavía por los jhanas. Nuestro objetivo en este caso es que la mente investigue los objetos citados en la meditación y así poder comenzar a destruir o erosionar cualquier tendencia a la lujuria que queramos eliminar. Entonces, esos dos elementos  fundamentales que el Buddha llama “pensamiento dirigido” y “evaluación” ocurren de manera programada, ordenada, durante la meditación. El pensamiento dirigido ocurre cuando nuestra mente piensa en la palabra y el objeto mental que la palabra representa (por ejemplo, “pelo de la cabeza”). La evaluación ocurre también en ese momento y además en los momentos en que se detiene el pensamiento discursivo (esos momentos de quietud del diafragma). La función de la mente que llamamos “evaluación” es la que nos va a permitir aprender algo sobre los objetos mentales que estamos repasando y observando. Por ejemplo: comenzaremos a ver con el ojo de la mente cómo el “pelo de la cabeza” es algo que está presente en millones de seres al mismo tiempo, no sólo en nosotros, veremos que es algo que parece sólido (posee cualidad sólida, es decir, no es líquido ni es gas ni es calor). Comenzaremos a darnos cuenta que algunas partes del cuerpo son más frágiles que otras, o podremos ver el flujo lento de la linfa, que se mueve más lentamente que la sangre, etc.

Con el tiempo (y recuerde que la meditación es algo que rinde frutos a muy largo plazo, después de muchos meses de práctica diaria o semanal), comenzaremos a ver el cuerpo como algo que no genera ni desagrado ni agrado. Comprenderemos que la lujuria y la repulsión son dos extremos de la misma cosa. Al trascender esos dos extremos (y eso es lo que se logra con la meditación), el cuerpo ya no será más algo que automáticamente genere atracción o enamoramiento ni tampoco nauseas o desgrado. Será simplemente “un cuerpo”, un conjunto de órganos o fluidos, una agrupación de cuatro elementos (tierra, agua, aire, calor) ocupando un espacio.

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Un monje buddhista meditando en el tema de la muerte y la impermanencia del cuerpo humano. Durante esta meditación el monje debe visualizar las distintas fases de descomposición del cuerpo humano, habiendo aprendido los detalles de estas fases observando cadáveres en descomposición en un cementerio o algún otro lugar.

Un truco… :-)

Habrá notado que esta meditación no es fácil. La lista es larga y la tarea previa no es fácil. Hay que tener en cuenta que es un entrenamiento mental para monjes y monjas. Es como hablar de un entrenamiento especial. Solo algunas personas pueden dibujar planos de edificios porque se prepararon y estudiaron para eso. Y practicaron. Esta meditación la enseñó el Buddha a sus discípulos avanzados (los monjes y monjas), no a las personas laicas. Pero como en nuestros tiempos modernos los laicos están tomando partes avanzadas del Dhamma para ponerlas en práctica sin abandonar la vida laica, se entiende que este tipo de entrenamiento especializado se enseñe ahora y las personas laicas lo pongan en práctica. Además, como dijimos, la necesidad de enseñar esta herramienta de entrenamiento es acuciante ahora, dado el estado mental y moral de nuestras sociedades.

Un truco para facilitar esta meditación es acortar la lista. Incluso muchos monjes y monjas lo hacen para poder meditar en momentos en que no se dispone de dos o tres horas para hacer esta meditación una o varias veces. Uno puede entonces aprender sólo los primeros cinco objetos de la lista: “pelo de la cabeza, pelo del cuerpo, uñas, dientes, piel”. Luego de varios meses meditando así, uno puede incorporar el siguiente objeto en la lista. Serán seis. Luego serán siete. Y así, en un lapso de uno o dos años, podrá aprenderse la meditación completa. No hay prisa. Tenemos toda la vida para practicarla. Lo importante es comenzar, aunque sea con los cinco primeros órganos de la lista. Pero recuerde que el Buddha diseñó esta meditación para hacerla completa y hay una sabiduría en ese diseño. Los primeros cinco objetos de la lista son “superficiales” y quizás no evocan ningún desagrado en el que medita. No habrá entonces ningún progreso en términos de erradicar la lujuria. Una modificación muy efectiva es escoger las partes más desagradables de la lista y meditar con eso: heces, bilis, flema, linfa, sangre, sudor, grasa, lágrimas, aceite, saliva, moco, aceite de las articulaciones, orina…

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Yendo más allá

Los que han practicado la meditación ya por un tiempo pueden ir más allá y hacerla en idioma páli. La utilidad de esto es que el idioma páli es muy compacto y con una sola palabra podemos pensar “pelo de la cabeza”. En vez de pensar “pelo de la cabeza”, pensamos: kesá. Eso significa “pelo de la cabeza” en páli. Los primeros cinco órganos de la lista son, en páli:

  • kesá (pelo de la cabeza),
  • lomá (pelo del cuerpo),
  • nakhá (uñas),
  • dantá (dientes),
  • taco (piel).

Todo se pronuncia como en español, excepto la c, que se pronuncia como ch. Meditar en páli es especialmente motivador para aquellos que necesitan sentirse conectados en cierto nivel verbal o cultural con el Buddha y con el Dhamma tal cual como se ha enseñado desde hace más de 2500 años. Si acaso el Buddha no habló el idioma páli, por lo menos habló un idioma muy parecido (lo más seguro es que el páli sea un dialecto del idioma que habló el Buddha), y eso nos da un sentimiento de maravilla y de cercanía con el Maestro.

Reflexión y contemplación también son bhavana

Lo que llamamos meditación en general en realidad es una práctica que el Buddha bhavana: cultivo mental o desarrollo mental. La meditación es un ejercicio específico del cultivo mental. Hay otros ejercicios. La reflexión y la contemplación son otros ejercicios de desarrollo mental (bhavana). Cuando estamos leyendo un sutta (un discurso del Canon Páli), estamos concentrados tratando de entender las palabras, las nociones, la narración, etc, en ese momento estamos reflexionando. Esto es una forma de meditación, de cultivo mental. Cuando estamos quietos por un momento y repetimos mentalmente algo que nos gusta, eso es una contemplación. Es otra forma de cultivo mental. Si sentimos que meditar es muy difícil (me refiero al ejercicio específico de observar la respiración y ordenar la mente como lo hemos explicado más arriba), podemos apelar por la reflexión y la contemplación para el desarrollo de nuestra mente. Si sentimos que no podemos meditar porque es muy difícil, la reflexión y la contemplación serán para nosotros una forma más fácil de meditación. Es más fácil porque las podemos hacer en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier forma que nos resulte cómoda.

Por ejemplo, supongamos que no puede sentarme a hacer esta meditación de las 32 partes del cuerpo. Lo que sí puedo hacer es tomar un libro e anatomía y observar cómo son los órganos, tratar de imaginar cómo están los órganos dentro del cuerpo. Puedo ver películas o documentales que muestren los órganos y fluidos del cuerpo para saber cómo lucen, cómo son. Así, sin tener que sentarme a meditar, estoy cumpliendo con la parte del estudio que mi mente necesita. Luego, en mi tiempo libre, puedo dedicarme a recordar e imaginar cómo está un órgano determinado dentro de mi cuerpo y dentro del cuerpo de otras personas y sentir la repulsión que genera la imagen de los órganos en estado “crudo”. Esto es reflexión.

Otro ejemplo. Cuando veo una persona atractiva y siento que la lujuria comienza a formarse, a agitarse, puedo entonces cerrar los ojos un momento e imaginar una cubeta llena de sangre, una cubeta llena de saliva, una cubeta llena de heces, etc. Y pensar: “Estos fluidos asquerosos también los produce ese cuerpo atractivo que acabo de ver. Ese cuerpo atractivo que acabo de ver también está lleno de todo tipo de substancias sucias, impuras…” Inmediatamente la lujuria cederá, se apagará como un fuego sobre el cual arrojamos agua. Esto es contemplación. Utilizamos la imaginación para evocar la repulsión, el desagrado que producen los fluidos sucios del cuerpo para desmontar la lujuria que estaba comenzando a surgir al ver a una persona atractiva.

Otra forma de contemplación y reflexión es simplemente pensar: “Este cuerpo no es tan limpio y hermoso como parece. Este cuerpo produce todo tipo de suciedad e impureza todos los días. Este cuerpo está lleno de órganos húmedos, igual que los animales, etc.” Y mientras pensamos esto nos imaginamos los órganos y fluidos del cuerpo. Así comienza a “desinflarse” la lujuria o el libido que está fuera de control. Esto también es una forma de cultivo mental, de bhavana, aunque estrictamente no lo llamamos meditación.

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