Humanidad tóxica

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Tanta gente tóxica por todos lados…

Gente tóxica en la familia.
Gente tóxica en los amigos.
Gente tóxica en la política.
Gente tóxica en la religión.
Gente tóxica en las redes sociales.

Tanta gente tóxica en los círculos de astrología, de tarot, de I Ching, de buddhismo, de ovnis… ¿Cómo es que la gente en estos grupos es tan tóxica? ¿No se supone que en estos grupos está la gente espiritual, la gente evolucionada, la gente madura? Esto no me deja de sorprender. Cada vez que entro a un grupo nuevo de tarot, de astrología, de I Ching, de buddhismo, de ovnis y cosas de Nueva Era, me encuentro con la gente más antipática, la más cáustica, la más ácida… Me provoca salir corriendo. Es el tipo de gente que yo llamo personas-erizo. Están llenas de púas por todos lados. Por donde sea que te acerques a ellas, sea lo que sea que compartas o digas, te pican:

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La persona-erizo: tiene púas venenosas por todos lados… Imposible acercarse a ella sin recibir un buen pinchazo.

El mundo está lleno de gente tóxica. Es como vivir rodeado de zombies. No es extraño que toda la Tierra esté contaminada por causa de esta humanidad tóxica. (No es extraño tampoco que los “visitantes” o extraterrestres [los buenos, los mejores de todos los que nos visitan] no quieran todavía entrar en contacto masivo con la humanidad. Apenas se asoma esta idea, ya están los terrícolas esperando con picos y antorchas y armas y todo tipo de locuras destructivas en la cabeza…) Y lo único que uno puede hacer es observarse a sí mismo, todo el tiempo, sin parar, para no parecerse a la gente tóxica, para no contagiarse, para no imitar. Esta es la verdadera epidemia zombi, el verdadero virus zombi. ¡Cuidado, altamente contagioso! Todo el tiempo, observándome a mi mismo, revisándome, corrigiendome, siempre buscando la pureza, siempre limpiándome y desvinculándome para no imitar.

Es lo único que uno puede hacer. Yo también fui así, ¿lo sabías? Yo también fui una persona-erizo. Han sido siete años de auto-evaluación, de auto-purificación. La tarea nunca termina. Y aquí estoy: apenas he probado la delicia de un poco de pureza mental, de un poco de sanidad mental, por un período largo de tiempo, y ya quiero enseñarle el método a otras personas. Ya quiero que otras personas también sigan este camino. Todo lo que escribo en este blog no es para “arrojarme luz” sobre mí mismo, para presentarme como alguien superior, mejor, avanzado, evolucionado. Todo lo que escribo es para compartir con otros aquello que me ha hecho bien, aquello que me ha dado un sentido de la pureza a la que debemos aspirar.

No hay un yo superior aquí. No hay un sabio aquí. No hay un maestro aquí. No hay nadie superior, ni inferior, ni igual aquí. Sólo hay esta información que puedes utilizar y que te puede beneficiar.

La importancia de no imitar a otras personas

En un nivel convencional, es importante distinguirse de aquello que está mal. A veces en los círculos de buddhismo o de Nueva Era o de espiritualidad de varios tipos uno encuentra esta idea bobalicona, irrealista, de que “todos somos uno” y que la persona que hace distinciones en su mente es un retrógrado, una persona menos evolucionada, menos espiritual. Según esta visión, uno debe aceptar a las personas dañinas y dejar que hagan con uno todo lo que les venga en gana. Pero la realidad es que las personas que hablan de ese “todos somos uno” seguramente no abren las puertas de su casa a todo el mundo… Seguramente ellas también se apartan y se desvinculan de las personas dañinas, aunque digan que no lo hacen.

Todos lo hacemos. La discriminación en si no es el problema. El problema es por qué lo hacemos y los criterios que utilizamos para hacerlo. Quizás no debamos llamarlo discriminación. Quizás debamos llamarlo preferencia. Yo prefiero juntarme con persona buenas, positivas, constructivas, responsables, maduras, sabias. Yo prefiero no ser una persona dañina, destructiva, saboteadora, negativa, tóxica. Tengo derecho a preferir. Tengo derecho a tener este gusto.

Uno tiene que entender que, en cierto nivel es verdad que toda la mente es una, que todo el campo del ser es uno, pero a un nivel convencional el individuo sigue existiendo y sería una tontería actuar como si esto no fuese cierto también. Uno observa lo que los demás hacen y dicen. Esto es real, esto es verdad. Uno se da cuenta de los errores y deseos de dañar en otras personas. Esto es real, esto existe. Ser buddhista o ser espiritual no significa convertirse en un bobo ingenuo, ingenuamente idealista, que lo acepta todo y lo abraza todo porque “todos somos uno y lo mismo”. No. En un nivel convencional, uno debe observarse y separarse. Uno debe poner límites, barreras. Esto es una función normal de la mente sana.

Uno debe mejorarse, desvincularse de aquello que es un mal ejemplo. El Buddha lo dijo así: “No hay compañerismo con el necio”. Y entonces uno puede reflexionar de la siguiente manera (mis palabras):

Otros serán ácidos, sarcásticos, cínicos…
Nosotros no seremos así.

Otros serán antipáticos, no-amables, no-amistosos…
Nosotros no seremos así.

Otros serán cáusticos, agudos, difíciles de tratar…
Nosotros no seremos así.

Otros serán engreídos, con complejos de superioridad…
Nosotros no seremos así.

Otros vivirán burlándose, ridiculizando…
Nosotros no seremos así.

Uno debe ser compasivo, sí, pero uno debe ser sabio también.

Otra definición de persona tóxica

En este artículo recogí algunas definiciones de lo que llamamos personas tóxicas. Con el tiempo que ha pasado, y habiendo sido yo mismo una persona tóxica de algún tipo (sobre todo entre el año 2007 y 2010, cuando tuve mucha gente tóxica a mi alrededor para imitar), he ido desarrollando otra definición de la persona tóxica. Esta es una definición más íntima, más personal.

  • Para mi las personas tóxicas son engreídas. Siempre hay un complejo de superioridad en ellas de algún tipo. Eso se nota en las cosas que dicen: ellos hacen todo mejor que los demás, ellas saben más que los demás, las opiniones de ellas son las que vale la pena oír, todo lo que ellas dicen es importante y lo que dicen los demás no lo es, etc. Para mantener esta fantasía de que son superiores y perfectas, nunca aceptan sus errores o equivocaciones. Siempre son los demás los que se equivocan, nunca ellas. Cuando uno vive con personas así, viendo esta fantasía en la que viven, uno pensaría que son personas que merecen todos los premios y condecoraciones que existen en el mundo. Pero cuando uno rompe esta burbuja de fantasía, uno se da cuenta de la triste realidad de estas personas.
  • Las personas tóxicas también son del tipo persona-erizo. Están tan llenas de rabia, de decepción, resentimiento, odio, etc, que les resulta imposible ser amables. Simplemente no les nace. Las únicas veces en que la persona-erizo es capaz de ser amable es cuando necesita algo muy valioso de alguien y sabe que debe tratar bien a esa persona para conseguirlo. El resto del tiempo la persona tóxica buscará la manera de herir a los que la rodean, sobre todo por medio de las palabras. Esta necesidad de herir lleva a la persona tóxica a toda una serie de vicios accesorios: mentir, manipular a otras personas, sembrar cizaña para dividir a las personas, envenenar la mente de unos para ponerlos en contra de otros, despreciar y menospreciar a otros en toda forma posible, etc.
  • Las personas tóxicas son crueles. Es la consecuencia de tener los dos rasgos anteriores al mismo tiempo. Puedes estar al lado de ella durante horas, semanas, meses, y no te dirige la palabra, pero cuando lo hace, es para soltar su veneno. La crueldad de la persona tóxica viene en la forma del sarcasmo, de la burla directa o indirecta, del comportamiento pasivo-agresivo. Hay personas tóxicas que sólo se comunican por medio del sarcasmo: hay días en que todo lo que dicen, absolutamente todo, es un comentario sarcástico. Ella sufre en su interior y por un deseo de venganza (consciente o inconsciente) ella necesita hacer sufrir a los demás. La otra forma en que la persona tóxica es cruel es por medio de la indiferencia. Puedes estar muriéndote de la sed: la persona tóxica pasará en frente de ti con una botella de agua y no te ofrecerá ni una gota. No existes. Eres invisible para ella. Estas son formas de crueldad.
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Entre a una red social y lea la mayoría de los comentarios. Verá muy buenos ejemplos de cómo ser una persona tóxica. Y pregúntese si usted también hace eso.

¿Y como salir de esta forma de ser o estado mental?

El primer paso para salir de esto es hacerse consciente de ello. La mayoría de las personas tóxicas no saben que están siendo tóxicas. Ese complejo de superioridad que menciono arriba en el primer punto es un fantasía en la cual la persona tóxica piensa siempre lo mejor de sí misma: ella está a la moda, ella es inteligente, ella habla mejor que otros, se viste mejor, etc. El primer paso es acabar con esta fantasía y darse cuenta que uno no está siendo una buena persona.

Uno debe observarse y preguntarse constantemente:

¿Estoy siendo engreído? ¿Estoy siendo orgulloso? ¿Estoy tratando de dar la impresión de que soy superior, de que soy mejor, de que soy muy evolucionado, etc? ¿Estoy buscando la manera de impresionar a los demás? ¿Estoy siempre en el centro del escenario, buscando la atención de otros? ¿Estoy todo el tiempo hablando bien de mí mismo, auto-alabándome? ¿Estoy todo el tiempo publicitándome a mí mismo? ¿Qué hay detrás de esta necesidad? ¿Será que en realidad tengo el autoestima tan baja que necesito hacer esto? ¿Será que en realidad siento que valgo muy poco y por eso busco la manera de destacar, de competir, de comparar siempre?

Y si las respuestas son afirmativas, entonces uno debe sentir vergüenza de sí mismo, uno debe avergonzarse de este comportamiento. Porque si no hay vergüenza, entonces no habrá deseos de cambiar. Si las respuestas son afirmativas, entonces uno debe reflexionar así:

No puede ser que yo actúe de esta manera. No puede ser que yo sea tan engreído. No puedo permitir este complejo de superioridad, esta arrogancia, esta pedantería, esta cantidad de ego. Tengo que hacer algo, tengo que corregirlo, tengo que cambiarlo. Esto me hace una persona dañina, defectuosa, vulgar, simple, común. Si realmente quiero ser especial, si realmente quiero ser una persona mejor, entonces tengo que eliminar estas cualidades de mi mente, tengo que darle un giro a mi persona. Esto es vergonzoso y no puedo seguir así.

Y aunque uno tarde un año, dos años, tres años, cuatro años, con estas reflexiones, sin observar ningún cambio o sin saber cómo cambiar, aún así uno debe continuar con esta auto-observación y esta reflexión, porque tarde o temprano la mente cambia. La mente siempre está cambiando. Las personas siempre están cambiando. La personalidad no es una cosa fija, estable, igual para toda la vida. Es imposible que lo sea.

Y las preguntas que uno se hace como esas que mencioné arriba (que se refieren al primer punto en la lista de arriba), similares preguntas uno debe hacerse con respecto al segundo punto (si acaso soy una persona-erizo, si estoy todo el tiempo de mal humor, si estoy lleno de odio, de desprecio, de malestar, etc), y con respecto al tercer punto (la manera en que sufro y por eso quiero ser cruel con los demás). Y de todo esto uno debe sentir vergüenza, uno debe avergonzarse de todo esto. Y recordar que la mente, la persona, la personalidad todo el tiempo está cambiando si la dejamos que cambie.

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