Ánanda: primo, amigo, asistente personal del Buddha y narrador del Dhamma

Después del Buddha, el Despierto, la figura más importante del Buddhismo quizás sea el Venerable Ánanda, no tanto por su relativamente bajo liderazgo dentro de la Sangha Buddhista en los tiempos del Buddha sino por su prodigiosa memoria y su capacidad de retener mentalmente los discursos del Buddha.

El Venerable Ánanda fue primo carnal del Buddha y su asistente personal durante los últimos veinticinco años de ministerio del Despierto. Llamado durante el Primer Concilio buddhista para recitar lo que sabía de las enseñanzas del Buddha, el Venerable Ánanda demostró poseer una memoria prodigiosa, al más impresionante estilo de un autista savant: una tercera parte del Tipitaka (las Tres Canastas, las escrituras buddhistas), el Sutta Pitaka (Canasta de los Discursos), fue memorizado y recitado en su totalidad por el Venerable Ánanda durante el Primer Concilio buddhista. Así, cada vez que leemos un sutta (discurso) del Sutta Pitaka, en realidad estamos leyendo una narración que proviene de la boca del Venerable Ánanda. Por eso la mayoría de estos discursos comienzan con la frase “Así he oído”. Es el Venerable Ánanda quien dijo, durante ese Primer Concilio, “así he oído lo que enseñó el Buddha”, ya sea porque lo escuchó el mismo en presencia del Despierto o porque le fue narrado por un tercer monje en alguna de las ocasiones en que Ánanda no estuvo presente durante la pronunciación del discurso.

El Venerable Weragoda Sarada Maha Thero ha escrito una nota sobre el Venerable Ánanda en su libro Treasury of Truth, una versión ilustrada y comentada del Dhammapada. La nota aparece en los comentarios al verso 54 y sirve muy bien como una introducción a la biografía del Venerable Ánanda. Leerás ahora dicha nota con algunos comentarios introducidos por mi para aquellos que necesitan un poco más de información de contexto.

Una nota sobre Ánanda

Los dos versos (54 y 55) [del Dhammapada] fueron dichos por el Buddha en respuesta a una pregunta hecha por el Venerable Ánanda. En la historia del buddhismo, el Venerable Ánanda ocupa un lugar crucial. La mayoría de los discursos pronunciados por el Buddha fueron registrados por el Venerable Ánanda. Fue él quien recitó estos discursos ante la asamblea de monjes que se reunieron durante el Primer Concilio para confirmar la palabra del Buddha [1]. La frase recurrente evam me Sutam (Así he oído…) que inicia la mayoría de los discursos en las escrituras buddhistas es indicativo del hecho de que el discurso estaba siendo recitado por el Venerable Ánanda precisamente como él lo había escuchado cuando el Buddha lo pronunció por primera vez.

El Venerable Ánanda fue el asistente personal del Buddha. El cuerpo de enseñanzas que actualmente es llamado Buddhismo es en gran parte las enseñanzas reunidas por el Venerable Ánanda como el compañero constante del Buddha. El Venerable Ánanda es a veces referido como el “Tesorero de la Palabra del Buddha”. Cómo el Venerable Ánanda vino a asumir esta posición exaltada ha sido también registrado extensamente en la literatura buddhista. El Buddha no tuvo un asistente regular durante los primeros veinte años de su ministerio [2]. Hubo varios monjes que solían atender al Buddha y acompañarle en los recorridos por limosnas llevando su túnica externa y su cuenco [3]. Los monjes que sirvieron al Buddha de esta manera fueron Nágasamála, Nágita, Upavána, Sunakkhatta, Cunda, Ságata, Rádha y Meghiya.

Un día, cuando el Buddha hacía un largo viaje acompañado por el Venerable Nágasamála y llegaron a un cruce de caminos, el monje sugirió tomar un camino mientras que el Buddha sugirió tomar el otro. El monje no aceptó el camino escogido por el Buddha y estuvo dispuesto a poner la túnica externa y el cuenco del Buddha en el suelo antes que aceptar la decisión del Buddha. El Buddha entonces pidió su túnica y su cuenco antes de que fueron puestos en el suelo y tomó el otro camino. Al monje que fue por el camino de su preferencia le robaron sus túnicas y su cuenco y fue golpeado en la cabeza por asaltantes de caminos. Volvió al Buddha con la cabeza sangrante para ser amonestado por su desobediencia y ser consolado por el Buddha.

Otro día, cuando el Buddha iba en camino a la aldea Jantu en compañía del Venerable Meghiya, éste escogió ir a un bosque de mangos y practicar meditación, y entregó al Buddha su túnica exterior y su cuenco. El Buddha le aconsejó tres veces no tomar ese camino pero el monje lo hizo de todas maneras. El monje regresó a donde estaba el Buddha y le confesó cómo había fallado en su meditación. Cuando el Buddha llegó a Sávatti, y estaba en el Monasterio Jetavana, expresó a la asamblea de los monjes [4] su insatisfacción con la conducta de estos monjes que le atendían y sugirió tener un asistente personal en razón de que ya estaba avanzado en años. El Buddha tenía más de cincuenta y cinco años de edad en ese momento.

El Venerable Sáriputa se puso de pie inmediatamente, saludó al Buddha, y se ofreció voluntariamente a ser su asistente personal regular. El Buddha rechazó su oferta en razón de que el más avanzado discípulo sería necesitado en otras partes. Otros discípulos avanzados [5] también ofrecieron sus servicios. Sin embargo, ellos tampoco fueron aceptados por el Buddha. Entonces los monjes indujeron al Venerable Ánanda, quien había permanecido en silencio, a ofrecerse como asistente personal del Buddha. Sin embargo, esperó a ser nominado por el mismo Buddha. El Buddha dijo: “No es necesario que Ánanda sea inducido por otros. Él me servirá según su propia voluntad”.

El Venerable Ánanda entonces estuvo de acuerdo con servir al Buddha regularmente pero sujeto a ocho condiciones: (1) Las túnicas finas regaladas al Buddha no serían recibidas por Ánanda para su propio uso; (2) No serían dadas a él las deliciosas comidas ofrecidas al Buddha; (3) Él no ocuparía la recámara perfumada del Buddha [6]; (4) No se le pediría ir con el Buddha a aceptar limosnas por invitación; (5) El Buddha iría a invitaciones aceptadas por Ánanda; (6) Visitantes de lugares lejanos que viniesen a ver al Buddha deberían pasar con Ánanda; (7) Se le permitiría consultar al Buddha en cualquier momento que él tuviese una duda a ser aclarada; y que (8) le serían recitados a él los discursos que el Buddha pronunciara en su ausencia.

Después que el Buddha aceptó estas ocho condiciones, el Venerable Ánanda se convirtió en el asistente regular del Buddha. A partir de ese momento Ánanda comenzó a atender al Buddha y servirle agua fría y caliente y tres tipos de herramientas para la limpieza de los dientes. Solía dar masajes al cuerpo del Buddha y estar despierto toda la noche sosteniendo una antorcha de madera para poder así ser llamado por el Buddha en cualquier momento. Solía caminar nueve veces alrededor de la recámara perfumada del Buddha cada noche. También se ocupó de la limpieza y barrido de la recámara perfumada él mismo. Siguió y sirvió al Buddha como su sombra hasta el día de su fallecimiento.

Sin embargo, el Venerable Ánanda no alcanzó el estado de arahat durante la vida del Buddha. Se convirtió en arahant unas pocas semanas después del fallecimiento del Buddha y fue una figura clave en el Primer Concilio de los quinientos arahants [7] que recitaron las enseñanzas del Buddha cumpliendo la invitación del Venerable Maha Kassapa en Rájagaha. Así, muchos Suttas comienzan con evam me Sutam.

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Comentarios

[1] Mientras el Buddha estaba vivo, todas sus enseñanzas se transmitían por tradición oral. Varios meses después de su fallecimiento, los monjes más ancianos (thera, en páli) de la Sangha (Comunidad) buddhista decidieron reunirse en asamblea para recitar todo lo que habían aprendido del Buddha y fijar la tradición oral de sus enseñanzas. Se dice que en este Primer Concilio participaron quinientos monjes ancianos, entre los cuales se encontraba el Venerable Ánanda. Estas enseñanzas continuaron existiendo en forma oral hasta el siglo I antes de la Era Común, momento en que fueron registradas en idioma páli de manera escrita por primera vez.

[2] Se llama “ministerio” o Sasana a la labor de enseñanza emprendida por el Buddha durante los últimos 45 años de su vida, tiempo que inicia con el logro del Despertar a los 35 años y termina con su fallecimiento o Parinibbána a la edad de 80 años.

[3] El Buddha, al igual que sus monjes y monjas, vivían en voto de pobreza en el cual se permitían poseer sólo un cuenco (para recoger la comida que otros les regalaban) y una túnica que consiste en dos o tres piezas de tela.

[4] Esta “asamblea” no se refiere a la asamblea de los Concilios Buddhistas sino al grupo de monjes reunidos en una hora determinada del día, todos los días, para conversar sobre el Dhamma y resolver los problemas de la Sangha (Comunidad de monjes y monjas).

[5] Estos discípulos avanzados que se menciona eran monjes que también habían logrado el Despertar, al igual que el Buddha. En sabiduría e iluminación, eran iguales al Buddha y por eso se les llamaba arahants (santos iluminados, perfectos). El Venerable Ánanda no era un arahant en este momento de historia.

[6] El Buddha tenía asignado para sí una recámara perfumada con incienso para su uso personal. En esta recámara podía dormir y meditar.

[7] Dentro de la Comunidad de Monjes y Monjas se clasifica el logro espiritual de los mismos en cuatro niveles de logro del Despertar. Una persona puede estar sólo en uno de estos niveles a la vez:

  1. Sotápanna, el que entra en la corriente. Es el nivel más bajo del Despertar. Se dice que esta persona deberá renacer sólo siete veces más en el mundo de los humanos para poder lograr el Despertar total y definitivo (la liberación definitiva del samsára).
  2. Sakadágámí, uno que vuelve una vez más. Se dice que esta persona deberá renacer una vez más en el mundo humano para poder lograr el Despertar total y definitivo.
  3. Anágámí, el que no vuelve o el que no retorna. Esta persona está en su última vida humana pero deberá renacer otra vez, en los reinos de los devas, para lograr el Despertar total y definitivo allí.
  4. Arahant, el digno, el perfecto. Esta persona ya logró el Despertar total y definitivo, y en ese sentido es igual a un Buddha, en términos de renacimiento o liberación del samsára. Al igual que un Buddha, esta persona no volverá a renacer ya más, ni como humano ni como deva ni en ninguna otra forma.

A estos cuatro tipos de personas se les llama ariya (nobles) y juntos forman la Ariya-sangha, la Sangha de los Nobles o Comunidad de los Despiertos, la porción más avanzada de la Sangha buddhista.

El Buddha y Ananda cuidan a un monje enfermo.
El Despierto y el Venerable Ánanda (a la izquierda) cuidan a un monje enfermo.
Primer Concilio Buddhista.
Representación del Primer Concilio Buddhista: el Venerable Ánanda, ya anciano, recita los discursos del Buddha memorizados durante los últimos 25 años de su vida. Así se fijó oralmente el Sutta Pitaka, Canasta de los Discursos, una de las tres partes del Tipitaka.
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