El Camino Medio buddhista

Generalmente cuando se habla del Camino Medio buddhista, se tiene la idea de que se trata de una doctrina que evita dos extremos, dos formas extremas de comportamiento. Lamentablemente la mayoría de las personas laicas tienen una idea muy vaga, y a veces totalmente errónea, de lo que significa el Camino Medio en detalle o en específico. Se tiene la idea, por ejemplo, de que el Camino Medio evita dos formas fanáticas de ver el mundo pero la persona laica atribuye, a esas dos “formas fanáticas”, aquello que ella personalmente considera doloroso o inoportuno o dañino. Cuando la persona laica hace esto, sin conocimiento concreto de las escrituras buddhistas, a veces atribuye a uno de los extremos algunas de las conductas y puntos de vista que el mismo Buddha enseñó. Esto lleva indefectiblemente a la persona laica a la pregunta: ¿Es el Buddha de las escrituras un sujeto fanático, extremista en su comportamiento? ¿Es el Camino Medio entonces algo diferente de lo que enseñan las escrituras?

Pongamos un ejemplo. A una persona laica determinada le gusta tomar cerveza todos los fines de semana. Pero el quinto precepto para las personas laicas enseñado por Buddha dice que un seguidor laico del Despierto no debe ingerir bebidas alcohólicas. La persona laica entonces dice: “El precepto es un extremo, un comportamiento fanático que el verdadero Buddha no pudo haber enseñado… El Camino Medio significa que uno debe evitar todos los extremos. Un extremo es emborracharse todos los días. Otro extremo es no emborracharse nunca. Por lo tanto, yo puedo emborracharme una o dos veces a la semana y esto es el Camino Medio.”

Esto no es lo que significa el Camino Medio. El Camino Medio se refiere a una serie de extremos específicos. No se refiere a todos los tipos de extremos que puedan presentarse. Por ejemplo, el primer precepto dice que uno se compromete a no matar ni torturar seres sintientes (insectos, peces, aves, anfibios, reptiles y mamíferos). Según la versión errónea de la persona laica de nuestro ejemplo, el Camino Medio sería un compromiso entre el extremo de no matar/torturar seres sintientes nunca y el extremo de hacerlo siempre. Entonces la persona llega a la conclusión (que no es y nunca fue la Enseñaza del Buddha), de que de vez en cuando es bueno matar o torturar seres sintientes. Esto no es cierto. La “ley” del kamma siempre actúa: el efecto de matar un ser sintiente es malo para la persona, sea que se haga una vez a la semana, una vez al mes, o todos los días. La cantidad de veces que se hace una acción multiplica el efecto, pero el efecto por cada vez que se hace esa acción está allí y no deja de ocurrir sólo porque se haga con poca frecuencia. La acción intencional de matar o torturar a un ser humano es mala, independientemente de que se haga una vez a la semana, una vez al mes o una vez al año. El Buddha nunca enseñó un Camino Medio que habla de acciones malas que se vuelven buenas sólo porque se hagan con menos frecuencia.

El significado correcto del Camino Medio buddhista se comienza a entender cuando se estudia y se comprende la sociedad y el contexto histórico en el que surgió la Enseñanza del Buddha, hace más de 2500 años. Muchas veces se dice que el Camino Medio es el Noble Sendero Óctuple. Otras veces se dice que es la explicación del Origen Dependiente.  Estas son maneras de explicar el contenido de la teoría buddhista en sí, pero si no entendemos el contexto histórico-social, la teoría buddhista puede igualmente ser mal comprendida. Aprenderse teóricamente el Noble Sendero Óctuple o la teoría del Origen Dependiente sin estudiar el contexto histórico-social al que se refieren no siempre permite conocer cuáles son los extremos que el Camino Medio logra evitar. He aquí algunas ideas sobre ese contexto.

Materialismo y eternalismo

Uno de los extremos a los que se refiere el Camino Medio es la dicotomía materialismo/eternalismo. En los tiempos del Buddha, igual que en el nuestro, existían estos dos puntos de vista, y muchas personas adherían a uno y al otro.

El punto de vista materialista es aquel en el que se cree que el ser, el yo, es literalmente el cuerpo o que el ser, el yo, habita en el cuerpo de manera co-substancial con él. La forma más clara de representar este punto de vista en palabras es con la afirmación: “yo soy mi cuerpo” o “yo soy este cuerpo”. No obstante, debido a que es imposible (sin parecer un loco) negar el hecho de que este cuerpo es perecedero y completamente intrascendental (no queda nada funcional u operativo de él después de la muerte), el materialista debe aceptar que el ser, el yo, sólo puede existir mientras exista este cuerpo, y que nada queda del ser después de la muerte. En otras palabras: que la muerte física es la aniquilación total y definitiva del ser.

En los tiempos del Buddha, así como en el presente, las personas que seguían este punto de vista trataban de vivir vidas hedonistas, de sibaritas, vidas dedicadas al placer sensual, al sexo, la comida y la bebida. Debido a que el ser sólo existe (creen ellos) estos pocos años en que un cuerpo material puede vivir, hay entonces que aprovechar el tiempo al máximo, y eso generalmente significa entregarse al disfrute vulgar, básico, de los placeres de la carne, de los placeres de los sentidos físicos (porque, además, si el ser es sólo este cuerpo, entonces otros tipos de placer [como los placeres mentales o espirituales] son totalmente irrelevantes). Este pudo hacer sido el punto de vista o de comportamiento que seguía la familia del Buddha Gotama, en vista de los reportes en las escrituras sobre la vida de placeres y sibaritismo que el padre del príncipe Siddhattha preparó para él.

El otro extremo es el punto de vista del eternalismo. En este punto de vista las personas creen en la existencia de algún tipo de entidad divina o metafísica que es portadora de la identidad del ser, de la persona. Esta entidad divina (alma, espíritu, átomo espiritual, mónada, chispa divina, etc) puede morar en el cuerpo o en la mente pero no está hecha de la misma substancia mortal que el cuerpo o la mente, por lo que puede sobrevivir a la muerte y seguir existiendo. El eternalismo sirve de consuelo a las personas que no pueden aceptar el escenario cruel en el cual el ser simplemente deja de existir con la muerte. El eternalismo entonces puede asumir varias subformas: las personas pueden creer que el alma inmortal reaparece en el cielo o en el seno de Dios, o que la chispa divina vuelve al mundo para encarnar en un nuevo cuerpo, una y otra vez. La primera subforma es el eternalismo de religiones como el cristianismo, el judaísmo y el islam, mientras que la segunda es el eternalismo del vedismo hinduísta, la religión de los brahmanes, que era la religión predominante en los tiempos del Buddha Gotama.

A estos dos extremos responde el Camino Medio enseñado por el Buddha: el ser ni es el cuerpo ni tampoco es una entidad metafísica divina e indestructible. Lo que esto significa es que el ser no deja de existir completamente al morir el cuerpo (extremo materialista) pero tampoco se trata de una entidad metafísica creada por dios, divina y eterna (extremo eternalista) que transmigra intacta de una existencia a otra. El ser muere a cada momento pero también a cada momento surge un “ser heredero” que, por su parecido con el anterior, produce el efecto de cierta continuidad en la existencia. Y cuando ocurre la muerte, la transformación del ser es muy radical (desaparece y reaparece en otra parte, con otra forma) pero tampoco se trata de una substancia indestructible que pasó de un cuerpo a otro. Esta última idea, la de un yo metafísico que pasa de un cuerpo a otro es una forma de eternalismo y es lo que llamamos reencarnación, que no es una creencia buddhista sino una creencia védica-brahmánica. La transformación del ser que enseñó el Buddha se llama renacimiento o devenir del ser. De manera que el Camino Medio buddhista se aleja de estos dos extremos de materialismo y eternalismo.

Ascetismo y hedonismo extremos

La otra dicotomía a la que se refiere el Camino Medio es a la dicotomía del ascetismo extremo y del hedonismo extremo. Estos extremos también existían en los tiempos del Buddha así como hoy, aunque aquí en Occidente es más común encontrar el hedonismo extremo que el ascetismo extremo.

El ascetismo extremo se refiere a las prácticas de las personas que creen que castigando, sometiendo y mortificando sobremanera el cuerpo se puede alcanzar cierta iluminación o comprensión profunda de la realidad o la liberación definitiva del ser del ciclo de renacimientos o encarnaciones. En los tiempos del Buddha había personas que comían una sola vez a la semana, o comían un grano de arroz al día. Así sometían el cuerpo, poniéndose al borde de la muerte. El mismo Buddha realizó estas prácticas durante algunos años, antes de lograr el Despertar. Otras personas sometían el cuerpo viviendo en condiciones específicas en todo momento, por ejemplo en el lodo, o en contacto con el agua. Había personas que se bañaban infinidad de veces cada día como una manera de purificar el ser. Otros se paraban sobre una pierna, todo el día, soportando dolores inconmensurables. Estos son los ejemplos de la ascesis que el Camino Medio del Buddha presenta como un extremo que debe ser evitado.

Es normal que el desconocimiento de las personas sobre estos casos extremos de ascesis les impida entender que los preceptos enseñados por el Buddha en realidad no son extremos como ellos creen. Es común que las personas laicas, especialmente aquí en Occidente, piensen que los cinco preceptos, y más aún los ocho preceptos, son prácticas fanáticas inventadas por una tradición posterior, que de ninguna manera pudieron haber sido enseñados por el Buddha. Pero cuando uno estudia las formas de ascetismo que el Buddha presenció, e incluso practicó él mismo, antes de lograr el Despertar, queda claro que el Noble Sendero Óctuple no es extremo como nos parece. Por ejemplo, entre comer tres o cuatro veces al día y comer un grano de arroz al día, un punto medio obvio y natural es comer sólo una vez al día. Una porción de comida normal, pero sólo una al día. Esto es lo que el Buddha estableció en el Noble Sendero Óctuple. Otro ejemplo es éste: entre el extremo de estar todo el tiempo cubierto de lodo, sin cortarse el pelo ni las uñas, y el extremo de bañarse veinte veces al día, el Buddha enseñó un punto medio que consiste en rasurarse el cabello y bañarse un número razonable de veces por semana. En comparación con los ascetas típicos de su época, que siempre estaban sucios y olían muy mal, los monjes buddhistas se veían limpios y presentables, pero no tanto como para usar maquillaje, perfume, guirnaldas y ungüentos para la piel. Por eso en los preceptos de los monjes se establece el voto de renuncia de no usar estos productos. Estos son ejemplos puntuales de cómo el Buddha pensó el Camino Medio como un estilo de vida en cuanto a extremos específicos que deben ser evitados.

El extremo del hedonismo lo entendemos bien, y es un extremo que, como ya dijimos, coexiste generalmente con el punto de vista del materialismo. Es el extremo de la persona que busca la felicidad, especialmente a través de los sentidos y del placer que nace de la carne. El evitar este extremo lo vemos en las partes del estilo de vida monástico que incluye la renuncia a cosas como el sexo, la comida abundante, la bebida, los bailes y cantos, etc. La persona hedonista no podría vivir sin estos componentes en su vida. El Camino Medio buddhista elimina estos componentes para que la persona se concentre en buscar (y encontrar) una felicidad y placer que no son de la carne: la felicidad y placer que nacen de la mente, en la concentración de la mente y en la meditación. Aquí vemos que la Enseñanza del Buddha no descarta completamente el placer o la búsqueda d la felicidad sino que enseña la búsqueda de las formas más elevadas, más espirituales, de placer y de felicidad. Si el buddhismo fuera una eliminación extrema, fanática, de la búsqueda de la felicidad, entonces la meta de la Enseñanza del Buddha no sería el nibbána, que es la Felicidad Suprema, la Gran Alegría.

Los extremos de la atracción y la repulsión

Otro par de extremos a los que se refiere el Camino Medio buddhista es el extremo de la atracción y el extremo de la repulsión. El Buddha se refiere a estos dos extremos con las palabras lobha y dosa, que casi siempre son traducidas como codicia y odio. En realidad lobha y dosa se refieren a dos funciones de la mente que se activan, respectivamente, cuando estamos frente a un objeto agradable, atractivo, y un objeto desagradable, repulsivo. La función de atracción se manifiesta como todo aquello que utilizamos para traducir la palabra lobha: codicia, avaricia, sed, deseo, adicción, acumulación, obsesión. Cuando no hay atracción hacia un objeto determinado, no hay codicia, avaricia, obsesión, deseo de acumularlo, poseerlo, etc. La función de la repulsión se manifiesta como todo aquello que utilizamos para traducir la palabra dosa: odio, desprecio, aversión, animadversión, repulsión, rabia. Cuando hay repulsión hacia un objeto determinado, hay después odio, desprecio, aversión, etc, hacia ese objeto.

El Camino Medio del Buddha es una doctrina y entrenamiento para evitar estos dos extremos. Así, no vivimos dedicados exclusivamente a lo que es agradable, bello, atractivo, deseable, obsesionados con estas cosas, como si la vida sólo pudiera tener estas cosas, pero tampoco vivimos enganchados en el odio y la repulsión que sentimos hacia ciertas cosas o seres, sea justificable o no. No vivimos acumulando obsesivamente (lobha) cosas, seres, experiencias, pero tampoco vivimos evitando destructivamente (dosa) todo lo que es feo, o todo lo que causa dolor o repulsión. Tampoco nos vamos al extremo, igualmente dañino, de tratar de eliminar todo lo que es agradable o placentero en nuestra vida (esto es aplicar dosa, repulsión, a lo que es agradable), o el extremo de perseguir tontamente, para nuestro propio detrimento, aquello que es desagradable o doloroso (esto es aplicar lobha, atracción, a lo que es repulsivo).

Pero esta metodología no significa que uno debe ser mediocre o tibio en un sendero de entrenamiento determinado. Si uno escoge el sendero de entrenamiento de los monjes, el Camino Medio no significa que uno debe ser mediocre como monje, cumpliendo los preceptos a medias, o cumpliéndolos un día sí y otro no. El Camino Medio no es un excusa para debilitar el esfuerzo y la dedicación o para rebajar la perfección espiritual que se puede lograr con un entrenamiento riguroso. El Buddha enseñó Camino Medio, el Buddha no enseñó mediocridad, medianía. Son dos cosas distintas.

Para evitar que las personas cayesen en la mediocridad o medianía, el Buddha enseñó la Dhamma para laicos por un lado, y la Dhamma para monjes y monjas por otro lado. Es la misma Dhamma (enseñanza), pero en distintos grados de intensidad y aplicación. He aquí también cómo el Buddha puso en práctica el Camino Medio en su propia manera de enseñar la Dhamma. Hay personas que necesitan un entrenamiento riguroso, un sendero empinado que requiere esfuerzo y dedicación casi sobrehumanos. Para estas personas el Buddha enseñó el modo de vida de los monjes, la Dhamma para renunciantes. Y están las personas que no necesitan todavía ese entrenamiento riguroso: para ellos el Buddha enseñó los cinco preceptos y una forma light de la Dhamma para laicos. Si el Buddha hubiese sido un fanático, un extremista, hubiera enseñado sólo el modo de vida de los monjes, pidiendo a todos los laicos sin excepción alguna, que tomasen el voto de renuncia. Pero el Buddha no hizo eso y esto es también un ejemplo del Camino Medio.

Todo existe y nada existe

Otra dicotomía peligrosa es la dicotomía “todo existe” y “nada existe”. Curiosamente, yo mismo he conocido buddhistas que adhieren al extremo “nada existe” en la forma específica de la creencia de que “todo está en la mente”, como si fuera de la mente no existiera nada más. Toda persona racional entenderá sin problema alguno que los extremos “todo existe” y “nada existe” son irracionales, por distintas razones.

Analicemos el primer extremo. No es posible que todo exista. Necesariamente hay algunas cosas que son verdad y algunas cosas que son mentira. Si la mente no-despierta fuera capaz de ver la realidad tal como es, si la mente humana careciera completamente de creatividad y de la capacidad de inventar e imaginar cosas, entonces podríamos decir que sólo veríamos y contemplaríamos nada más lo que existe, lo que es verdad. En ese caso podría darse la oportunidad de decir: “todo existe”. Pero debido a que la mente posee esta capacidad de inventar y de imaginar, constantemente estamos viendo y contemplando objetos que en realidad no existen. Constantemente estamos percibiendo erróneamente la realidad, viendo algunas cosas como no son en realidad. Y por ello hay muchas cosas que simplemente no existen, aunque a nosotros nos parezca lo contrario. Entonces, el extremo “todo existe” simplemente no es veraz, no es verosímil. El Buddha, está demás decirlo, jamás enseñó cosa semejante a este “todo existe”. Hay ciertas corrientes deformadas de budismo moderno que parecen implicar que el Buddha enseñó esta falacia cuando afirman que no hay una dualidad verdad-mentira en la cual algunas afirmaciones son verdaderas y otras falsas, como si el Buddha no hubiese hablado nunca de verdades y mentiras. Esto no es cierto y es profundamente contrario a la verdadera Enseñanza del Buddha. Que el Buddha no haya declarado una verdad absoluta no significa que no habló de cosas verdaderas y falsas. Sí lo hizo y con sorprendente extensión y detalle.

El extremo “nada existe” puede ser más difícil de explicar. Una forma típica de este extremo es el nihilismo crónico, abúlico, de la persona que efectivamente duda del carácter ontológico de toda la realidad. Podríamos llamarlo escepticismo ciego o nihilismo patológico. Sin embargo, esta subforma del extremo “nada existe” parece ser la menos frecuente. Más frecuente es la forma psicológica o fenomenológica del “nada existe”. Actualmente hay una teoría de conspiración que habla de una supuesta “matriz” de la realidad. Según esta teoría, todo lo que experimentamos como humanos es una simulación fenomenológica creada por extraterrestres, por dioses-demonio o por una supercomputadora de origen misterioso. No importa el origen o propósito de la simulación: según esa teoría todo lo que experimentamos por medio de los sentidos es un engaño, una representación, una fantasía creada por otras instancias… Por lo tanto, nada de esto existe. Esta es una forma del extremo “nada existe”.

Una forma “buddhista”, erróneamente buddhista, del extremo “nada existe”, es la afirmación de aquellos que creen que toda la realidad es un proceso mental en sí mismo y que fuera de este proceso mental realmente no existe nada. Dicho de otra manera: sólo existen los pensamientos y todo lo que llamamos realidad no es más que un proceso de representación mental que ocurre en nuestras mentes. El Buddha nunca enseñó algo semejante a esto y un análisis racional a esta propuesta puede mostrar que es falaz: si la realidad sólo existiese en la mente de las personas, entonces no podría haber un consenso internacional, intercultural, interpersonal, sobre objetos mundanos que durante milenios hemos podido estudiar, analizar, describir y documentar. Que pudimos recabar toda esta información, contrastarla y confirmarla, es la confirmación de que fuera de nuestra mente existen objetos que poseen cierto grado de realidad y que hay procesos reales, externos a nuestro aparato mental, que podemos observar y describir. El Buddha también habló sobre este tema y los discursos en las escrituras recogen, de hecho, una filosofía muy rica, muy concreta y muy avanzada sobre la estructura ontológica de la realidad. Muchas veces digo que el Buddha fue un psicólogo-filósofo fenomenológico (quizá el primero y el más grande de la toda la historia universal), pero también fue un ontólogo experto, si se me permite la expresión. En resumen, esto es lo que el Buddha dijo que existe:

  • Los cuatro grandes constituyentes (la cualidad terrosa, la cualidad acuosa, la cualidad ventosa y la cualidad fogosa, que en la filosofía del Buddha no son elementos platónicos, son propiedades o cualidades).
  • El espacio infinito (los cuatro grandes constituyentes son una manera de caracterizar el contenido de la realidad, el espacio infinito es el continente de la realidad).
  • El campo universal de la consciencia (así como hay un continente para el aspecto material de la realidad [el espacio infinito], también hay un continente para el aspecto mental).
  • Y Nibbána (lo supremo, el único fenómeno no-condicionado, no-constituido, de la realidad total).

Estos “objetos” o “elementos” existen fuera de nuestra mente, por decirlo de alguna manera, pero también existen “en” nuestra mente en tanto la mente sólo puede existir en un espacio y en relación con la realidad. Dicho de otra manera, una mente determinada no puede existir aparte de estos siete elementos pero estos siete elementos sí pueden existir independientemente de la capacidad de percepción y análisis y comprensión de una mente determinada. Lo que esto significa en términos prácticos es que el extremo “nada existe” es tan falaz y peligroso como el extremo “todo existe”. El Camino Medio es una doctrina, un paradigma, y un punto de vista que evita estos dos extremos.

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