Humanidad tóxica

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Tanta gente tóxica por todos lados…

Gente tóxica en la familia.
Gente tóxica en los amigos.
Gente tóxica en la política.
Gente tóxica en la religión.
Gente tóxica en las redes sociales.

Tanta gente tóxica en los círculos de astrología, de tarot, de I Ching, de buddhismo, de ovnis… ¿Cómo es que la gente en estos grupos es tan tóxica? ¿No se supone que en estos grupos está la gente espiritual, la gente evolucionada, la gente madura? Esto no me deja de sorprender. Cada vez que entro a un grupo nuevo de tarot, de astrología, de I Ching, de buddhismo, de ovnis y cosas de Nueva Era, me encuentro con la gente más antipática, la más cáustica, la más ácida… Me provoca salir corriendo. Es el tipo de gente que yo llamo personas-erizo. Están llenas de púas por todos lados. Por donde sea que te acerques a ellas, sea lo que sea que compartas o digas, te pican:

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La persona-erizo: tiene púas venenosas por todos lados… Imposible acercarse a ella sin recibir un buen pinchazo.

El mundo está lleno de gente tóxica. Es como vivir rodeado de zombies. No es extraño que toda la Tierra esté contaminada por causa de esta humanidad tóxica. (No es extraño tampoco que los “visitantes” o extraterrestres [los buenos, los mejores de todos los que nos visitan] no quieran todavía entrar en contacto masivo con la humanidad. Apenas se asoma esta idea, ya están los terrícolas esperando con picos y antorchas y armas y todo tipo de locuras destructivas en la cabeza…) Y lo único que uno puede hacer es observarse a sí mismo, todo el tiempo, sin parar, para no parecerse a la gente tóxica, para no contagiarse, para no imitar. Esta es la verdadera epidemia zombi, el verdadero virus zombi. ¡Cuidado, altamente contagioso! Todo el tiempo, observándome a mi mismo, revisándome, corrigiendome, siempre buscando la pureza, siempre limpiándome y desvinculándome para no imitar.

Es lo único que uno puede hacer. Yo también fui así, ¿lo sabías? Yo también fui una persona-erizo. Han sido siete años de auto-evaluación, de auto-purificación. La tarea nunca termina. Y aquí estoy: apenas he probado la delicia de un poco de pureza mental, de un poco de sanidad mental, por un período largo de tiempo, y ya quiero enseñarle el método a otras personas. Ya quiero que otras personas también sigan este camino. Todo lo que escribo en este blog no es para “arrojarme luz” sobre mí mismo, para presentarme como alguien superior, mejor, avanzado, evolucionado. Todo lo que escribo es para compartir con otros aquello que me ha hecho bien, aquello que me ha dado un sentido de la pureza a la que debemos aspirar.

No hay un yo superior aquí. No hay un sabio aquí. No hay un maestro aquí. No hay nadie superior, ni inferior, ni igual aquí. Sólo hay esta información que puedes utilizar y que te puede beneficiar.

La importancia de no imitar a otras personas

En un nivel convencional, es importante distinguirse de aquello que está mal. A veces en los círculos de buddhismo o de Nueva Era o de espiritualidad de varios tipos uno encuentra esta idea bobalicona, irrealista, de que “todos somos uno” y que la persona que hace distinciones en su mente es un retrógrado, una persona menos evolucionada, menos espiritual. Según esta visión, uno debe aceptar a las personas dañinas y dejar que hagan con uno todo lo que les venga en gana. Pero la realidad es que las personas que hablan de ese “todos somos uno” seguramente no abren las puertas de su casa a todo el mundo… Seguramente ellas también se apartan y se desvinculan de las personas dañinas, aunque digan que no lo hacen.

Todos lo hacemos. La discriminación en si no es el problema. El problema es por qué lo hacemos y los criterios que utilizamos para hacerlo. Quizás no debamos llamarlo discriminación. Quizás debamos llamarlo preferencia. Yo prefiero juntarme con persona buenas, positivas, constructivas, responsables, maduras, sabias. Yo prefiero no ser una persona dañina, destructiva, saboteadora, negativa, tóxica. Tengo derecho a preferir. Tengo derecho a tener este gusto.

Uno tiene que entender que, en cierto nivel es verdad que toda la mente es una, que todo el campo del ser es uno, pero a un nivel convencional el individuo sigue existiendo y sería una tontería actuar como si esto no fuese cierto también. Uno observa lo que los demás hacen y dicen. Esto es real, esto es verdad. Uno se da cuenta de los errores y deseos de dañar en otras personas. Esto es real, esto existe. Ser buddhista o ser espiritual no significa convertirse en un bobo ingenuo, ingenuamente idealista, que lo acepta todo y lo abraza todo porque “todos somos uno y lo mismo”. No. En un nivel convencional, uno debe observarse y separarse. Uno debe poner límites, barreras. Esto es una función normal de la mente sana.

Uno debe mejorarse, desvincularse de aquello que es un mal ejemplo. El Buddha lo dijo así: “No hay compañerismo con el necio”. Y entonces uno puede reflexionar de la siguiente manera (mis palabras):

Otros serán ácidos, sarcásticos, cínicos…
Nosotros no seremos así.

Otros serán antipáticos, no-amables, no-amistosos…
Nosotros no seremos así.

Otros serán cáusticos, agudos, difíciles de tratar…
Nosotros no seremos así.

Otros serán engreídos, con complejos de superioridad…
Nosotros no seremos así.

Otros vivirán burlándose, ridiculizando…
Nosotros no seremos así.

Uno debe ser compasivo, sí, pero uno debe ser sabio también.

Otra definición de persona tóxica

En este artículo recogí algunas definiciones de lo que llamamos personas tóxicas. Con el tiempo que ha pasado, y habiendo sido yo mismo una persona tóxica de algún tipo (sobre todo entre el año 2007 y 2010, cuando tuve mucha gente tóxica a mi alrededor para imitar), he ido desarrollando otra definición de la persona tóxica. Esta es una definición más íntima, más personal.

  • Para mi las personas tóxicas son engreídas. Siempre hay un complejo de superioridad en ellas de algún tipo. Eso se nota en las cosas que dicen: ellos hacen todo mejor que los demás, ellas saben más que los demás, las opiniones de ellas son las que vale la pena oír, todo lo que ellas dicen es importante y lo que dicen los demás no lo es, etc. Para mantener esta fantasía de que son superiores y perfectas, nunca aceptan sus errores o equivocaciones. Siempre son los demás los que se equivocan, nunca ellas. Cuando uno vive con personas así, viendo esta fantasía en la que viven, uno pensaría que son personas que merecen todos los premios y condecoraciones que existen en el mundo. Pero cuando uno rompe esta burbuja de fantasía, uno se da cuenta de la triste realidad de estas personas.
  • Las personas tóxicas también son del tipo persona-erizo. Están tan llenas de rabia, de decepción, resentimiento, odio, etc, que les resulta imposible ser amables. Simplemente no les nace. Las únicas veces en que la persona-erizo es capaz de ser amable es cuando necesita algo muy valioso de alguien y sabe que debe tratar bien a esa persona para conseguirlo. El resto del tiempo la persona tóxica buscará la manera de herir a los que la rodean, sobre todo por medio de las palabras. Esta necesidad de herir lleva a la persona tóxica a toda una serie de vicios accesorios: mentir, manipular a otras personas, sembrar cizaña para dividir a las personas, envenenar la mente de unos para ponerlos en contra de otros, despreciar y menospreciar a otros en toda forma posible, etc.
  • Las personas tóxicas son crueles. Es la consecuencia de tener los dos rasgos anteriores al mismo tiempo. Puedes estar al lado de ella durante horas, semanas, meses, y no te dirige la palabra, pero cuando lo hace, es para soltar su veneno. La crueldad de la persona tóxica viene en la forma del sarcasmo, de la burla directa o indirecta, del comportamiento pasivo-agresivo. Hay personas tóxicas que sólo se comunican por medio del sarcasmo: hay días en que todo lo que dicen, absolutamente todo, es un comentario sarcástico. Ella sufre en su interior y por un deseo de venganza (consciente o inconsciente) ella necesita hacer sufrir a los demás. La otra forma en que la persona tóxica es cruel es por medio de la indiferencia. Puedes estar muriéndote de la sed: la persona tóxica pasará en frente de ti con una botella de agua y no te ofrecerá ni una gota. No existes. Eres invisible para ella. Estas son formas de crueldad.
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Entre a una red social y lea la mayoría de los comentarios. Verá muy buenos ejemplos de cómo ser una persona tóxica. Y pregúntese si usted también hace eso.

¿Y como salir de esta forma de ser o estado mental?

El primer paso para salir de esto es hacerse consciente de ello. La mayoría de las personas tóxicas no saben que están siendo tóxicas. Ese complejo de superioridad que menciono arriba en el primer punto es un fantasía en la cual la persona tóxica piensa siempre lo mejor de sí misma: ella está a la moda, ella es inteligente, ella habla mejor que otros, se viste mejor, etc. El primer paso es acabar con esta fantasía y darse cuenta que uno no está siendo una buena persona.

Uno debe observarse y preguntarse constantemente:

¿Estoy siendo engreído? ¿Estoy siendo orgulloso? ¿Estoy tratando de dar la impresión de que soy superior, de que soy mejor, de que soy muy evolucionado, etc? ¿Estoy buscando la manera de impresionar a los demás? ¿Estoy siempre en el centro del escenario, buscando la atención de otros? ¿Estoy todo el tiempo hablando bien de mí mismo, auto-alabándome? ¿Estoy todo el tiempo publicitándome a mí mismo? ¿Qué hay detrás de esta necesidad? ¿Será que en realidad tengo el autoestima tan baja que necesito hacer esto? ¿Será que en realidad siento que valgo muy poco y por eso busco la manera de destacar, de competir, de comparar siempre?

Y si las respuestas son afirmativas, entonces uno debe sentir vergüenza de sí mismo, uno debe avergonzarse de este comportamiento. Porque si no hay vergüenza, entonces no habrá deseos de cambiar. Si las respuestas son afirmativas, entonces uno debe reflexionar así:

No puede ser que yo actúe de esta manera. No puede ser que yo sea tan engreído. No puedo permitir este complejo de superioridad, esta arrogancia, esta pedantería, esta cantidad de ego. Tengo que hacer algo, tengo que corregirlo, tengo que cambiarlo. Esto me hace una persona dañina, defectuosa, vulgar, simple, común. Si realmente quiero ser especial, si realmente quiero ser una persona mejor, entonces tengo que eliminar estas cualidades de mi mente, tengo que darle un giro a mi persona. Esto es vergonzoso y no puedo seguir así.

Y aunque uno tarde un año, dos años, tres años, cuatro años, con estas reflexiones, sin observar ningún cambio o sin saber cómo cambiar, aún así uno debe continuar con esta auto-observación y esta reflexión, porque tarde o temprano la mente cambia. La mente siempre está cambiando. Las personas siempre están cambiando. La personalidad no es una cosa fija, estable, igual para toda la vida. Es imposible que lo sea.

Y las preguntas que uno se hace como esas que mencioné arriba (que se refieren al primer punto en la lista de arriba), similares preguntas uno debe hacerse con respecto al segundo punto (si acaso soy una persona-erizo, si estoy todo el tiempo de mal humor, si estoy lleno de odio, de desprecio, de malestar, etc), y con respecto al tercer punto (la manera en que sufro y por eso quiero ser cruel con los demás). Y de todo esto uno debe sentir vergüenza, uno debe avergonzarse de todo esto. Y recordar que la mente, la persona, la personalidad todo el tiempo está cambiando si la dejamos que cambie.

Respiración (en gráficos)

Hice algunos gráficos para representar lo que he venido explicado sobre la respiración en la meditación. Para entender bien de qué se trata esto, lea por favor los artículos anteriores:

> Algunos comentarios sobre la meditación de las 32 partes del cuerpo.

> Respiración en la meditación (y algunos mitos sobre la meditación buddhista).

Los gráficos tienen una línea de tiempo que muestra la dirección en que ocurren los cuatro momentos o eventos de la respiración. A pie de cada imagen explico el gráfico en detalle. Casi todos se refieren a la respiración estable, regular, que se consigue después de varios minutos de relajación y quietud.

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En este ejemplo la inhalación y exhalación de la persona duran el mismo tiempo. Los momentos de retención del aire y sin aire duran menos tiempo que la inhalación y la exhalación.
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En este ejemplo la exhalación dura mucho más que la inhalación. Los otros tres momentos duran más o menos el mismo tiempo. Los momentos de retención del aire y sin aire también pueden ser prácticamente inexistentes.
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Esta persona hace una inhalación larga y luego los otros tres eventos son cortos.
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Esta persona hace una inhalación larga, seguida de una retención larga del aire, luego una exhalación larga seguida de un momento sin aire largo. Este tipo de respiración no es muy común. Yo la he experimentado sólo cuando estoy muy relajado y la calidad del aire es muy buena (por ejemplo al aire libre).
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Este caso se podría decir que es opuesto al anterior. La persona está agitada o la calidad del aire es muy baja. En consecuencia la persona debe inhalar y exhalar rápido. Los momentos de retención y sin aire son muy cortos o inexistentes.
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Así se vería la respiración irregular. Este tipo de respiración es normal sólo en los bebés y en las personas que están gravemente enfermas. Ninguno de los cuatro momentos o eventos tienen la misma duración en cada ciclo. Cada vez que la persona inhala, puede ser una inhalación corta o larga. Igual la exhalación. La persona incluso se queda totalmente quieta, sin respirar, durante un momento largo después de la exhalación como se ve al final de la línea.
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Esta persona está segmentando su inhalación para hacerla en dos partes. Igual hace con la exhalación. Algunas personas hacen este tipo de respiración en el contexto de otras prácticas parecidas al yoga. Aunque esta respiración técnicamente es regular, no es natural y no debe hacerse durante la meditación. La respiración en la meditación debe ser natural, de acuerdo a lo que el cuerpo sienta que debe hacer en el momento. Para respirar de la manera en que se muestra en este gráfico la mente debe intervenir y controlar la respiración (puesto que segmentar la inhalación o la exhalación no es un movimiento natural de los pulmones).
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Finalmente en este gráfico quise mostrar cómo se ve cuando una persona hace una gran inhalación y exhalación durante la meditación. A veces el cuerpo necesita tomar estas bocanadas grandes de aire, como un suspiro largo. Uno debe dejar que el cuerpo lo haga, y luego uno continúa con la meditación. Generalmente no hay un momento intermedio entre la gran inhalación y la exhalación siguiente.

Respiración en la meditación (y algunos mitos sobre la meditación buddhista)

Atención: no soy Maestro de Dhamma ni maestro de meditación. Todo lo que escribo en este blog sobre meditación son sólo comentarios y opiniones sobre mi experiencia personal con la meditación. No es una enseñanza acreditada. Puede contener equivocaciones o estar mal explicada. Si usted busca un maestro espiritual o un Maestro de Dhamma o de meditación, le sugiero buscar un bhikkhu (monje) o una bhikkhuní (monja), que en mi opinión son los únicos verdaderos maestros de Dhamma y de meditación.

Escribiré aquí otros comentarios sobre la respiración en la meditación, porque es fácil entender mal el tema o confundirse durante la práctica. A mí personalmente me tomó muchos años darme cuenta de los errores que cometía durante la meditación (¡y antes de la meditación!), sobre todo por la gran cantidad de información contradictoria y de distintas “tradiciones” (algunas ni siquiera son realmente una tradición sino un invento de Nueva Era) que abundan en el Hemisferio Occidental sobre este tema.

En el artículo sobre la meditación de las 32 partes del cuerpo mencioné que la respiración tiene cuatro momentos o eventos que se repiten en un orden determinado. Voy a explicar un poco más eso, pero antes quiero mencionar algunos mitos de la meditación que confunden a muchas personas:

1. Puedes meditar sentado, de pie, caminando, y recostado…

Muchas personas en este lado del mundo piensan que la meditación se hace solamente sentado en posición de loto. En realidad el Buddha meditó y enseñó meditación en una diversidad de posiciones. ¡Incluso en movimiento! Los monjes y monjas en el Theravada meditan sentados en posición de loto, pero también te puedes sentar en una silla y meditar así. Puedes ponerte de pie, quedarte quieto en un solo lugar y meditar así (algunos lo hacen cerca de una pared para poner la mano en la pared en caso de que pierdan el equilibrio en algún momento de la meditación, o agarrados de una baranda). Puedes caminar en línea recta en un sendero, ida y vuelta, con los ojos abiertos, y meditar así. Puedes recostarte sobre un costado y esto también es una posición válida de meditación. Incluso puedes meditar con los ojos abiertos, fijando la atención en un punto en la pared o en la llama de una vela.

La cuestión es simplemente buscar la posición que te funcione mejor. Con el tiempo descubrirás que todas funcionan en un momento determinado o en un ambiente determinado. De manera que algunas veces meditarás sentado en una silla, otras veces sentado en el suelo sobre un cojín, otra veces podrás meditar de pie y otras veces caminando. Es bueno probarlas todas para poder utilizarlas todas a lo largo de esta vida humana. Algunas veces necesitarás salir al aire libre y meditar caminando. Otras veces (por ejemplo los que tienen problemas de espalda o de circulación) podrás meditar recostado o sentado en una silla.

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Personas meditando en una diversidad de posiciones. En el primer plano hay personas meditando en la llamada “posición de loto” o “medio loto”. El hombre en primer plano, en el centro, tiene las piernas dobladas hacia la izquierda. Esta posición es para quienes no pueden sentarse en posición de loto. La mujer a la izquierda, en segundo plano, está sentada en posición de medio loto, que es más cómoda y más fácil que la posición de loto. En el fondo hay tres personas haciendo meditación caminada y a la derecha hay una mujer meditando de pie (sin caminar).

2. El objetivo no es “vaciar” la mente o ponerla “en blanco”…

Algunas personas en Occidente piensan que la meditación consiste en “vaciar” la mente o poner la mente “en blanco”. Esto es una descripción simplista que no ayuda a describir con justicia qué es la meditación. Y cuando uno les explica que existen meditaciones discursivas (meditaciones que se hacen repitiendo un texto u oración), piensan que eso es un engaño o que es una meditación “menor”, algo mediocre que no conduce a ningún logro.

La cuestión es la siguiente: tu mente es como un tren que va casi a la velocidad del sonido. Así de rápido se suceden los pensamientos en tu mente, uno tras otro, sin control. Hay un estado meditativo muy avanzado que se podría describir como un “vacío” o como tener la mente en blanco (aunque eso tampoco es una descripción muy correcta del asunto), pero ese estado meditativo es como hacer que el tren reduzca su velocidad casi a cero. No puedes hacer que un tren que viene a 500 km por hora desacelere casi hasta cero en poco tiempo. Debe ser un proceso gradual. Y para hacer que el tren desacelere gradualmente, primero es más fácil ir reduciendo la velocidad poco a poco. Las meditaciones discursivas sirven para eso: no intentamos detener el tren en seco sino que utilizamos la mente de manera ordenada, siguiendo una secuencia de pensamientos. Antes los pensamientos se sucedían de manera descontrolada, desordenada. En la meditación discursiva los pensamientos se suceden de manera ordenada, según un plan establecido de antemano. Con este nivel de meditación es como si la persona lograse reducir poco a poco la velocidad del tren. Después, cuando la persona haya dominado este nivel, podrá pasar al siguiente nivel, que es detener el tren casi hasta cero km por hora. Digo “casi” porque en realidad el tren de la mente nunca se detiene, nunca se vacía por completo.

Siempre hay movimiento en la mente, siempre hay un “algo”, en la mente. Lo único que podemos hacer es reducir ese movimiento al máximo, o concentrar la atención en un solo “algo”. La única mente que está totalmente vacía y sin movimiento, es la mente de un muerto, la mente que ya no existe, la mente que ya se desintegró por completo. Otra manera de explicarlo es con el símil de “gatear, caminar y volar”, tres niveles de destreza con la mente. Antes de poder “volar” (reducir la velocidad de la mente al máximo), uno debe primero aprender a “caminar” (esto es concentrar los pensamientos y producirlos en un orden determinado durante la meditación). Las personas que no meditan no pueden ni “volar” ni “caminar”, sólo pueden ir gateando. Las meditaciones discursivas sirven para entrenar la mente y “caminar”. No puedes pasar directamente de “gatear” a “volar”. Y básicamente eso es lo que intentan hacer las personas que nunca se han sentado a meditar o que son principiantes en la meditación y quieren “vaciar” la mente o ponerla “en blanco”, sin ni siquiera haberla entrenado para que se concentre en un pensamiento o para que produzca una serie de pensamientos determinados de forma ordenada.

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Poner la mente “en blanco” significa que uno ha detenido completamente el pensamiento discursivo, el pensamiento basado en palabras o signos lingüísticos. Pero este no es el único tipo de pensamiento que poseemos. También hay un tipo de pensamiento no-verbal, que no está basado en palabras o signos. La actividad de la mente nunca se detiene. Podemos reducirla a un mínimo pero no detenerla completamente. 

3. ¿Meditación samathá versus vipassaná?

No es una competencia. Algunos creen que el Buddha sólo enseñó meditación vipassaná y que la meditación samathá es un tipo menor, inhábil, innecesario de meditación. No es así. El Buddha enseñó ambos tipos de meditación y cada uno tiene su utilidad en el entrenamiento de la mente. Es cierto que el Buddha estudió primero meditación samathá y la dominó completamente, incluso más que su propio maestro de meditación, para después descubrir una meditación más avanzada, la meditación vipassaná, pero el Buddha nunca dejó de enseñar la meditación samathá como un entrenamiento inicial y necesario, incluso como algo que complemente la meditación vipassaná. Algunos quieren hacer vipassaná solamente y eso es un error. Otros quieren dominar la vipassaná primero sin practicar nunca la samathá. Esto también puede ser un error.

  • samathá: meditación de tranquilidad, de absorción.
  • vipassaná: meditación de investigación, de introspección.

La meditación samathá sirve para estabilizar la mente y darle tranquilidad a la persona. Si la mente de la persona no es estable y no está tranquila, no podrá hacer vipassaná. La meditación samathá sirve para entrenar el poder de concentración. Se concentra el pensamiento en una idea o serie de ideas. La meditación vipassaná es para observar los pensamientos y contenidos mentales sin tratar de concentrarlos. ¿Pero cómo observar adecuadamente los propios pensamientos si no te has entrenado primero en concentrar la atención? La meditación samathá sirve para obtener gozo de la experiencia meditativa, un gozo que no nace de la carne, que no es carnal, mundano, vulgar. La meditación vipassaná sirve para investigar y descubrir. Ambas cosas son necesarias. Si la meditación no es una experiencia gozosa, positiva, placentera (en una manera no-mundana), las verdades que la persona descubra por medio de vipassaná pueden resultar ser incómodas o perturbadoras, lo cual hará que la persona no quiera seguir meditando.

En fin, que ambas meditaciones son necesarias para el entrenamiento mental y que, en mi opinión personal, uno primero debe entrenarse en samathá para luego entrenarse en vipassaná, que es el orden en que el Buddha las estudió y desarrolló. Hay que recordar también, que la samathá es usada por los Buddhas y Arahants para irradiar una energía de buena voluntad que protege a los seres que los rodean. Es decir, incluso cuando logras el despertar o iluminación, sigues haciendo meditación samathá, por ejemplo para irradiar mettá, karuná, mudita y upekkha, que son los cuatro Estados Mentales Sublimes.

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¿Por qué será que los Buddhas siempre irradian luz? ¿Será sólo porque descubren una verdad, se liberan del mundo y se van definitivamente al Nibbána o será también porque irradian amor, compasión, aprecio, paz, buena voluntad?

4. El miedo cristiano a la meditación…

Algunos creyentes cristianos con los que he estado en contacto y que han mostrado interés en la meditación me han expresado los mismos miedos que tiene sobre la meditación. Estos miedos quizás provienen del hecho en sí de estar frente a una tradición que les resulta extraña o quizás son cosas que han leído en sus revistas o que han escuchado de sus pastores o sacerdotes. El hecho es que estos temores son totalmente infundados.

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Los peores demonios son nuestros propios pensamientos fuera de control. Hay tres enemigos, tres opositores, tres antagonistas que habitan en nuestra propia mente, dice el Buddha. Son: codicia, odio e ignorancia, las tres raíces del mal. Uno medita para purificarse de estos “demonios internos”.

Algunos tienen miedo por ejemplo de que durante la meditación se les “meta” algún espíritu diabólico. Creen que la meditación va a debilitar sus mentes y que en esa debilidad podrán entrar espíritus malignos. Todo lo contrario: la meditación fortalece la mente. Es más probable que un espíritu maligno (independientemente de lo que eso significa para un cristiano y para un buddhista) penetre en la mente de una persona que nunca medita que en la mente de una persona que medita. Además, la persona que medita regularmente aprende a distinguir sus propios pensamientos de los pensamientos que otras personas (o seres invisibles) están generando, mientras que una persona que no tiene entrenamiento mental no sabe distinguir unos pensamientos de otros.

Otros tienen miedo de que durante la meditación su mente se desprenda de su cuerpo y se pierda en otras dimensiones o en el espacio. La meditación se hace precisamente centrando la atención en el cuerpo para que la mente se entrene en la realidad, en el espacio donde uno existe. Esa meditación “Nueva Era” que consiste en hacer viajes astrales y tratar de ver a distancia otros mundos, otros tiempos… eso no es meditación buddhista. La meditación no es para eso. Una meditación buddhista bien enseñada y bien practicada no tiene por propósito producir experiencias extra-corporales o estados alterados de conciencia o viajes astrales, etc. Ni tampoco contacto con espíritus o con seres de otros mundos. Todo esto es fantasía, ilusión, intención incorrecta.

El consejo más evidente y más buddhista para las personas que tienen miedo de meditar es muy simple: no lo haga. Si tiene miedo de meditar, no medite. Si uno comienza con miedo, probablemente lo haga mal. Es como “levantarse con el pie izquierdo”, como dice la gente. La meditación es una actividad que se debe hacer con un sentimiento de seguridad, de confianza, de apertura, de hacer algo positivo y constructivo. Si la persona tiene miedo de ser poseída o de que su mente se desprenda de su cuerpo, etc, no podrá hacer una meditación correcta porque está comenzando con un ingrediente malo: el miedo. Es mejor que la persona siga leyendo y aprendiendo sobre la meditación buddhista para que disipe las opiniones incorrectas y fantasías que tiene sobre la misma, que lea los relatos de los monjes y monjas para que adquiera una visión correcta de la tradición y de por qué y para qué los buddhistas meditan. A veces lo que realmente da miedo es no saber por qué o para qué uno medita. Lo desconocido da miedo a la mayoría de las personas.

5. Objetivos ocultos o esotéricos

La meditación buddhista no se hace para alcanzar poderes psíquicos u ocultos. La meditación buddhista no se hace para sacar información oculta de la vida de otras personas o de otros planos de existencia. Meditar con estos objetivos en mente es incorrecto y puede conducir a mucha más confusión. La meditación no es para llenar la mente de información. La meditación es para concentrar la mente en una información puntual (samathá) o para observar toda la información que ocurre de manera natural (vipassaná) y aprender algo de ello. La meditación no es para hacer viajes astrales o comunicarse con espíritus. La persona que medite con estos propósitos en mente no está haciendo verdadera meditación buddhista.

La meditación tampoco debe hacerse para saber lo que uno fue o hizo en vidas pasadas. Algunas personas meditan para saber estas cosas. La meditación vipassaná, que se utiliza para explorar e investigar, no se utiliza para conocer las vidas pasadas. Si acaso ocurre durante la meditación que la persona “descubre” alguna porción de sus vidas pasadas, eso debe ocurrir de manera natural. No es el propósito de la meditación. Sí es cierto que por medio de una práctica seria y continua de la meditación uno puede adquirir ciertos poderes o habilidades pero ocurre que si uno medita con ese propósito en mente, es más probable que se active la capacidad creativa de la mente de producir fantasías e imágenes que no son reales, que son un auto-engaño. Al final de esto la persona puede terminar muy confundida, muy auto-engañada sobre sus propias facultades o capacidades. La mejor manera de obtener poderes psíquicos es no buscar eso en absoluto. Porque primero uno debe volverse muy objetivo, muy perspicaz, descubrir todas estas maneras sutiles en que la mente no-iluminada manipula la información, las imágenes, los recuerdos… La meditación es principalmente para eso: para desarmar y desmontar la manipulación constante a la cual estamos sometidos por todas las malas costumbres o malos hábitos de nuestra propia mente, de la mente no-iluminada.

Igual ocurre con el tema de buscar conocimiento sobre vidas pasadas. Si aún no nos hemos vuelto objetivos, perspicaces, si aún no hemos desarmado y desmontado la costumbre manipuladora, engañadora, de nuestro propia mente no-iluminada, ¿cómo podremos saber que las imágenes que surgen durante la meditación son realmente una información sobre vidas pasadas? No lo podremos saber, y entonces al final de la meditación terminares más engañados, más manipulados por nuestra propia mente, de lo que estábamos al principio. Hay que abandonar todo esto, toda necesidad de adquirir poderes y conocimientos que no nos sirven de nada. Si comenzamos a meditar con estas intenciones incorrectas, es como comenzar a meditar con un mal ingrediente: todo lo demás estará mal, estará desviado.

Buddha y Nueva Era.
Imágenes raras del esoterismo y de la Nueva Era. Buddhas que desprenden rayos de la mente, como en una tormenta. Tormentas de la mente. Poder espiritual… Adquirir poderes… Codicia, avaricia, ser poderoso… Rodeado de sombras. Todo esto es contaminación mental, impurezas mentales, intenciones incorrectas. El Buddha y la meditación buddhista es todo lo contrario de esto. Es apagar tormentas, es extinguir relámpagos, renunciar a la codicia, al poder. Si estás rodeado de oscuridad y de rayos de poder, no estás entonces realmente en el camino de los Buddhas.

6. Meditar no es solamente meditar

Suena paradójico pero es así. La palabra páli bhavaná, que es la que se traduce siempre como “meditación”, significa en realidad cultivo de la mente, desarrollo mental. Lo que nosotros llamamos meditación, la práctica específica de estabilizar la respiración y hacer un ejercicio mental de samathá o de vipassaná, es sólo una parte de este bhavaná, de este cultivo mental. Las otras partes o ejercicios de bhavaná las podemos llamar la reflexión y la contemplación. Cuando leemos un sutta (discurso del Canon Páli) y lo estudiamos con atención, estamos haciendo el ejercicio de la reflexión. Es un estado meditativo en el que nuestra mente se concentra en un tema y lo explora, lo investiga. La reflexión es muy útil para aprender nociones nuevas y comprender nociones viejas, aunque esto sólo se hace al nivel del pensamiento verbal de las palabras.

La contemplación se acerca un poco más a la imagen que tenemos sobre la meditación. En la contemplación también nos quedamos quietos por un tiempo y fijamos la mente en un tema determinado, por ejemplo las virtudes de los Buddhas. En la contemplación el tren de pensamientos puede ocurrir libremente, según la inspiración del momento, o la persona puede también repetir mentalmente un texto para grabarlo en la memoria o para penetrarlo mentalmente con atención. La contemplación es como orar mentalmente. La reflexión pone en movimiento la parte intelectual, lógica, de la mente. La contemplación pone en movimiento la parte devocional, la parte anímica, de la mente. Fíjate que, a nivel de la meditación, samathá es como la contemplación y vipassaná es como la reflexión. La diferencia es que samathá y vipassaná son ejercicios más controlados, más metódicos, mientras que la contemplación y la reflexión son totalmente libres, según los gustos y la inspiración de la persona en el momento de hacerlos. Es como si hubiera dos niveles de bhavaná:

Nivel 1 (el más fácil):

  • Reflexionar y contemplar. Se pueden hacer en cualquier momento, en cualquier posición, con cualquier tema. Generalmente se hacen con palabras (pensamiento verbal).

Nivel 2 (el menos fácil):

  • Samathá y vipassaná. Se hacen en un momento determinado (la sesión de meditación), en una posición determinada, con un tema determinado (sobre todo la samathá). Generalmente se comienza con las palabras o pensamientos verbales, pero eventualmente se las trasciende y se penetra en el pensamiento no-verbal.

Las personas que no meditan pueden hacer reflexión y contemplación, incluso todos los días, y esto es bueno, esto también es cultivo mental (bhavaná). Las personas que meditan hacen samathá o vipassaná, aunque también pueden hacer reflexión y contemplación. La persona que se ocupa en ambos niveles (hace reflexión y contemplación, tanto como samathá y vipassaná) es la que está cumpliendo el entrenamiento completo del Buddha. Está haciendo todas las formas de bhavaná.

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Bhavaná: cultivar la mente, así como se cultiva la tierra. Un proceso metódico que requiere constancia, dedicación, paciencia… Para los monjes y las monjas meditar es un trabajo, como el trabajo de los jornaleros en el campo. Es algo que requiere tiempo y esfuerzo y que rinde frutos a largo plazo, como la tierra. Recuerda también que el cultivo se hace con la reflexión y la contemplación. Hay que leer los suttas, estudiar los discursos, leer los libros de los monjes, escuchar los discursos del Dhamma, dedicarse a la contemplación de las virtudes, etc. No es solamente sentarse y respirar.

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Ahora sí, el tema de la respiración. Mencioné los cuatro momentos o eventos de la respiración. Usted se sienta, se relaja, se queda quieto. Comienza a inhalar y exhalar, con los ojos cerrados para poder concentrarse mejor en lo interno. Al observar su propia respiración, se dará cuenta que ocurre en dos momentos o eventos sucesivos: hay una inhalación y después hay una exhalación. Este ciclo se repite una y otra vez, sin parar. Ahora, después de varios minutos haciendo esto, el cuerpo se relaja mucho y eso hace que la respiración se vuelva más lenta y más suave. Descubrirá entonces que entre la inhalación y la exhalación hay un pequeño momento o evento que normalmente pasamos desapercibidos. En estos momentos intermedios el diafragma deja de moverse. No es que uno conscientemente o intencionalmente deba hacer que la respiración sea de esta manera. No. La respiración es de esta manera por sí misma. El cuerpo lo hace, lo determina. No es algo que controlamos.

Entonces, los cuatro momentos o eventos los podemos describir así:

  1. inhalación: el diafragma se mueve, entra el aire en los pulmones.
  2. retención del aire: diafragma quieto, ni entra ni sale aire.
  3. exhalación: el diafragma se mueve, sale aire de los pulmones.
  4. momento sin aire: diafragma quieto, ni entra ni sale aire.

Ahora, cuánto dure cada momento, eso dependerá de cada persona y de cada sesión de meditación. Usted notará que a veces la inhalación dura igual que la exhalación y en otra sesión de meditación notará que la exhalación dura más que la inhalación. O quizás ambas duren lo mismo. No es que una manera sea correcta y otra incorrecta. Todas son correctas en una sesión determinada, siempre y cuando sea el cuerpo que lo determine de manera natural. Es decir, uno no se sienta a meditar tratando de controlar la respiración para que la inhalación dura más que la exhalación o para que dure menos o para que sea igual. Estas cosas ocurrirán de manera natural y uno sólo debe observarlo, darse cuenta de cómo es. Eso es todo.

Puse el ejemplo de que uno persona se sienta a meditar y descubre que los cuatro momentos o eventos de la respiración duran lo mismo, por ejemplo cuatro segundos. En alguna persona puede ser así, y en otras no. Incluso con una misma persona esto puede ser así un día y otro día será diferente. Esto depende de muchos factores: de la calidad del aire donde uno está meditando, de la condición física de uno, de si uno tomó café o mucho azúcar (lo cual acelera los latidos del corazón), etc. Son muchos factores físicos que influyen en estos detalles. Pero los cuatro momentos, como dije, pueden durar lo mismo o pueden ser diferentes. Lo que no es normal es lo siguiente:

  • Que en una sesión de meditación los cuatro momentos de la respiración ocurran en tiempos distintos, por ejemplo que en un momento la inhalación dure tres segundos y la siguiente inhalación dure cinco y la siguiente dure uno, etc. Esto es respiración irregular y le ocurre sólo a dos tipos de personas: a los bebés y a la persona crecida (niños, adolescentes, adultos) que está muy alterada o enferma. Si usted no es un bebé y si no está muy alterado o enfermo, su respiración debe ser regular durante la meditación. Si ya nos relajamos y la respiración se hizo regular, entonces los eventos de la respiración deben durar más o menos lo mismo a lo largo de la meditación. De vez en cuando uno necesita suspirar o hacer una inhalación profunda, pero esto es normal.
  • Tampoco es normal (y prácticamente es imposible) que la respiración no siga la secuencia que he explicado arriba, por ejemplo que después de inhalar la persona vuelva a inhalar, o que la persona exhale dos veces seguidas.
  • Tampoco es normal que los eventos de la respiración duren muy poco tiempo, por ejemplo un segundo. Esto es respiración rápida y agitada. Si uno está relajado, sin moverse, no es normal que la respiración sea tan rápida (como cuando uno está corriendo o en estado de pánico).

En algunas personas, sobre todo en la meditación samathá, es normal que algunas veces los momentos de quietud del diafragma lleguen a durar mucho tiempo. La persona inhala, exhala, y luego, el siguiente evento, dura el doble o el triple de lo que duró la inhalación o la exhalación. Esto sólo ocurre cuando la persona está en estado profundo de meditación y se siente como si la respiración se detuviese de repente. Es totalmente normal en las personas que han alcanzado cierto nivel de desarrollo en la meditación. La persona exhala y luego nota que se queda completamente inmóvil durante diez o quince segundos. Es importante decir aquí que estos fenómenos de la respiración ocurren de manera natural y no deben forzarse: uno no debe forzarse a que los momentos de quietud del diafragma duren más de lo necesario. De hecho lo normal es que los momentos de quietud del diafragma duren menos que la inhalación y la exhalación. Pero si usted observa que en una sesión de meditación le ocurre lo contrario de manera natural, sólo obsérvelo, sin tratar de controlarlo. También hay que decir que esto no es el objetivo de la meditación. Si ocurre, hay que dejar que ocurra, pero uno no se sienta a meditar para reducir la respiración o para detenerla.

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