La llama violeta transmutadora desde el punto de vista astrológico

En el artículo anterior escribí sobre lo nociva que es la creencia en la llama violeta transmutadora, una “substancia espiritual” que supuestamente transmuta el karma negativo en positivo. La idea principal en la teoría budista del kamma es la idea de la responsabilidad por las acciones propias, de manera que la creencia en un fuego invisible que hace desaparecer el kamma negativo es una forma de evadirse de la realidad, de escapar del hecho de tener que enfrentar la energía que ya se puso en movimiento en el pasado.

Escribí también que las verdades espirituales generalmente son grises y aburridas. La mente no iluminada, irresponsable y negligente por naturaleza, siempre quiere creer en verdades fantásticas, coloridas, llenas de todo tipo de ensueños y fantasías. Pero la realidad es todo lo contrario y la verdad no existe en el universo para complacer las caprichosas necesidades estéticas o emocionales del ser humano.

En astrología, esta idea de la verdad espiritual como algo aburrido y gris se corresponde con el severo, pesado y plúmbico principio de Saturno, el planeta de la madurez y la responsabilidad. El principio de Saturno no anda por la vida mariposeando de flor en flor evadiendo las responsabilidades. Los movimientos de Nueva Era como ese culto de la llama violeta y de los “maestros ascendidos” es un ejemplo de ese “mariposear de flor en flor”, en la perfumada y fantástica fantasmagoría creada por Madame Blavatsky, los Ballards, y los siguientes.

Las creencias de la Nueva Era como ésta de la llama violeta transmutadora es como esa fiesta de carnaval, muy colorida y salida de control, que está hecha para drogarte visual y mentalmente, pero no para enseñarte a ser más responsable de tus acciones. En astrología estas creencias locas de la “Nueva Era” nacen de Urano y de Neptuno. Urano pretende erosionar las tradiciones pasadas con sus ideas excéntricas y alocadas. Por eso es que los movimientos Nueva Era, comenzando por la Teosofía, han criticado las religiones tradicionales e incluso han tenido la pretensión de reformarlas, o incluso la pretensión aún mayor de mejorarlas y fundirlas en una nueva religión universal. Urano (y Acuario, su dominio) son revolucionarios en este sentido. El problema es que, estando como estamos aún en la Era de Piscis, este Urano está actuando en confabulación con la energía de Neptuno.

El paradójico Neptuno. El Regente de Piscis se encarga de la religión y de la búsqueda de la verdad, pero lamentablemente en esa búsqueda cae en el fanatismo y en el engaño. Por eso es que los tránsitos de Neptuno se manifiestan en la vida cotidiana como mentiras, fraudes, engaños de todo tipo. Neptuno también incita a las alucinaciones y a la necesidad de ver visiones (todo lo cual lleva a la drogadicción y el abuso de substancias en personas con un Neptuno fuerte mal aspectado en sus cartas natales). Estos ingredientes nocivos de Neptuno son los que se han combinado con la energía de Urano para parir la llamada Nueva Era, que no es para nada en realidad una nueva era, un nuevo tiempo, sino los estertores moribundos del último capítulo de la Era de Piscis que durará hasta el año 2100 o 2200.

De la energía dañada de Neptuno (digo dañada porque cada planeta tiene una energía sana y una energía insana) también ha tomado la Nueva Era el sectarismo y el fanatismo religioso. Dese cuenta de cómo las sectas de Nueva Era, cada una en su pequeño nicho capillero, pretende ser la “última verdad revela”, la “verdad absoluta finalmente aclarada”, la “última revelación para la humanidad”, la “profecía final y definitiva”, etc. Cada uno de estos grupos se ve a sí mismo como portadores de la verdad absoluta, definitiva, incuestionable y última de todos los tiempos de la humanidad y de todo el universo. Es el viejo autoengaño religiosamente fanático de Neptuno y de Piscis, igual que en las religiones de antaño, sólo que ahora, por estar combinado con la energía de Urano (que renueva y cambia la fachada de las cosas), ha dado origen a todo esta plétora de grupos y grupúsculos de todo tipo, sobre todo siempre algo excéntricos (Urano) y alucinados (Neptuno).

La verdadera Nueva Era

Sí creo en una verdadera Nueva Era, una verdadera Era de Acuario, pero lo que tenemos ahora no es eso todavía. Neptuno y Piscis son los inventores de la creencia en la inmortalidad del alma, del espíritu y de los dioses inmortales (en esto el Budismo es la excepción, felizmente), por eso es que la mayoría de las religiones en este planeta son instrumentos filosóficos y mentales para escapar de la realidad de la muerte. Mientras los últimos destellos de Piscis se agitan, negándose a morir, como casi toda la energía de Neptuno y Piscis acostumbran, el impaciente Urano asoma ya la cabeza queriendo precipitar las cosas. Es harto conocida la impaciencia de Urano y Acuario. ¿Cuántas veces no ha visto usted un Acuario impaciente, llegando antes de tiempo, planificando, maquinando las cosas antes de que ocurran, muriéndose de la impaciencia por tener que esperar si quiera cinco minutos? Algo de eso tiene la verdadera Era de Acuario que, aún sin que sea su tiempo, quiere apoderarse ya del terreno del mundo para iniciar sus revoluciones y experimentos. Esta es la explicación de por qué la energía de Urano se han mezclado con las de Neptuno, en esta última etapa de la Era de Piscis, etapa de transición, de cambios de poder.

También escribí en Mentiras de la Nueva Era: Maestros Ascendidos, nuevos dioses, nuevas falacias, lo siguiente:

Comentario sobre la astrología (enero de 2016)

No es fácil para mi explicar mi posición con respecto a la astrología. Me considero librepensador pero primero que todo humanista, y como humanista que ha estudiado astrología a profundidad no puedo más que expresar un profundo respeto hacia un sistema de conocimiento tan maravilloso. Por supuesto que no me refiero a la pseudoastrología de los horóscopos de revista sino a la astrología profesional. Como librepensadores humanistas reconocemos la existencia y el valor de los sistemas no científicos de conocimiento, mientras que los escépticos fanáticos y los “libreprensadores” de plantilla (que son como una copia de un modelo inicial, lo cual contradice la esencia del librepensar) sólo sienten desprecio y sorna por esos sistemas.

En ese sentido me parece que la interpretación que la astrología hace de las eras astronómicas es interesante. Sin embargo, también sabemos que no es un tema acabado en la astrología: cada astrólogo lo interpreta o lo enfoca de una manera diferente. Personalmente me gusta la interpretación de Boris Cristoff, el único autor que conozco que ha elaborado una explicación exhaustiva y verdaderamente convincente sobre las coincidencias entre los hechos históricos de las eras y los signos astrológicos que las rotulan:

> Ciencia y Astrología coinciden en la Era de Acuario

> La Unidad Universal avala las coincidencias de la Tabla Periódica de la Historia

Por cierto, este astrólogo asegura que la Era de Acuario comenzará en el año 2100.

tabla periódica de la historia.

Sobre el verdadero carácter de la Nueva Era

En astrología el planeta Urano, que rige el signo de Acuario, se caracteriza por romper los esquemas tradicionales, los paradigmas gastados, los patrones de conducta que ya no funcionan. Urano introduce una energía eléctrica y nerviosa que se mueve con rapidez, revolucionando los esquemas mentales y de conducta del ser humano. Esto explica por qué aquellos que han promovido la idea de la Era de Acuario han puesto tanto acento en la crítica a las religiones establecidas y a los modelos políticos y económicos tradicionales: es la idea, la opinión que se tiene, desde la astrología, sobre las funciones de Urano y el “propósito” de la Era de Acuario.

El problema es el siguiente: debido a que todavía estamos en la Era de Piscis, signo regido por Neptuno, todas esas introducciones, interpretaciones, elaboraciones e impulsos que han aparecido y se autocalifican de “nueva era” y de representantes de la Era de Acuario, en realidad son la manifestación de las últimas energías moribundas de la Era de Piscis, la era que está llegando a su fin. Esto tiene tanto sentido y explica muy bien por qué los movimientos de la Nueva Era (que en realidad no tienen todavía la verdadera energía de Acuario sino la de Piscis) han tomado la forma de sectas y movimientos religiosos. Dicen que son movimientos espirituales y no religiosos, pero toman siempre la forma de sectas religiosas con todo lo que eso implica.

Otras características de estos tiempos y de la Nueva Era (la falsa, porque la verdadera todavía no ha comenzado) las explicamos por la energía contradictoria de Neptuno, una energía que siempre se va a los extremos y que termina pecando de aquello que pretende trascender. Esto explica por qué los grupos de Nueva Era en el presente parecen ser no más que un remedo, una parodia, de todas las malas costumbres de los grupos religiosos tradicionales: el sectarismo destructivo, la simplificación de la espiritualidad humana, la creación chapucera de cultos y de pseudo filosofías, el materialismo disfrazado de superioridad intelectual y espiritual, etc. Son todas las características negativas de la energía de Neptuno y de la Era de Piscis que parece querernos dar una última probada de sí misma antes de acabarse.

Neptuno también posee la energía del engaño y del autoengaño. Esto explica por qué tantos grupos y secta de Nueva Era se basan en el engaño o en el auto engaño: creen ciegamente en seres cósmicos que no existen, en hermandades imaginarias con las cuales nadie tiene contacto real, en dimensiones sobre las cuales nadie habló o atestiguó en el pasado, etc. Todo esto es la energía engañosa de Neptuno, que también promueve el uso de alucinógenos y drogas, y si no se le controla, produce la adicción a todo tipo de fantasías y psicodelia. ¿Y qué es todo este culto de los maestros ascendidos, más que una fantástica psicodelia alucinante?

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