Teosofía criticada: ¿un gobierno mundial en las sombras?

Continuamos aquí nuestras reflexiones pacíficas, razonadas y razonables sobre las afirmaciones extraordinarias que contiene la Teosofía. Por favor, leer primero el artículo anterior para llevar la secuencia del tema; allí exponemos por qué escribimos estos artículos y con qué propósito (abrirá en otra ventana):

> Teosofía criticada: Una Nueva Religión Mundial que denigra las religiones tradicionales.

En este artículo tocaremos un punto clave de la Teosofía: esta doctrina religiosa afirma que existe desde hace miles de años una “hermandad” de seres cuasi-divinos (los “mahatmas” o adeptos, como ellos los llaman), que poseen poderes sobrenaturales, y que presuntamente gobiernan a la humanidad en las sombras. Esta llamada Fraternidad Blanca supuestamente representa toda la sabiduría divina para la Tierra pero sus miembros permanecen ocultos sin mostrarse abierta o públicamente y sin dar pruebas de su existencia. La existencia de estos seres es crucial para la Teosofía, puesto que toda la doctrina esotérica de los teósofos proviene, presuntamente, de estos “mahatmas” o de esta Fraternidad Blanca. Si este gobierno en las sombras no existe, entonces toda la doctrina teosófica es mera invención humana (por ejemplo, la invención de Madame Blavatsky).

Todo movimiento filosófico, espiritual, religioso o cultural que afirme la existencia de entidades invisibles e intangibles necesariamente será criticado y rechazado con mayor rigor. Porque las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias para convencer a las personas racionales. La Teosofía está llena de tales afirmaciones extraordinarias sin ninguna prueba de que tales entidades, cuya existencia afirma, existan. En esto curiosamente la Teosofía es igual a la mayoría de las religiones mundiales tradicionales, las cuales también afirman la existencia de seres que no podemos percibir (ángeles, demonios, espíritus, fantasmas, seres de luz, dios, etc).

De hecho, son muchas y de muy diversa índole las entidades invisibles e intangibles cuya existencia la Teosofía afirma. Basta leer un libro como La Doctrina Secreta o Isis sin velo y anotar en una hoja de papel todas las entidades que son invisibles para nosotros y cuya existencia afirman los teósofos sin presentar ninguna prueba o evidencia de tal existencia. Pero la afirmación de que existe una hermandad secreta de seres súpersabios que gobiernan el avance de la humanidad en las sombras es una de esas afirmaciones extraordinarias que quizá llamen más la atención y el interés de los curiosos. Este punto doctrinal de la Teosofía pasó a ser fundamental en el culto actual a la Gran Hermandad Blanca que ciertas sectas de Nueva Era difunden. ¿Y cuál es el problema con esta afirmación extraordinaria? Yo particularmente pienso que es peligrosa porque su nebulosidad u opacidad le permite a sus seguidores presentar supuestas “pruebas” de la existencia e intervención de esa Hermandad secreta cuando esas pruebas la mayoría de las veces tienen otra explicación más racional. Se le quita mérito constantemente a muchas personas que trabajaron por el progreso y avance moral e intelectual de la humanidad para ponérselo a supuestos seres invisibles que trabajan desde las sombras.

Blavatsky y sus mahatmas.
Una representación pictórica de los tres principales “mahatmas” de Madame Blavatsky: Koot Hoomi o KH (a la izquierda), El Morya o M (centro) y Saint Germain (derecha). También se les llama “adeptos” y “maestros”.

¿Quiénes son los miembros de esa hermandad secreta? ¿Cuándo y cómo y por qué se formó? ¿Dónde se reúnen sus miembros? La información que tenemos para responder estas preguntas ha sido publicada básicamente por Madame Blavatsky y otros teósofos en sus libros. También en el polémico volumen de Cartas de los Mahatmas que la Teosofía ha pretendido presentar como una “prueba indirecta” de la existencia de esos súper humanos que en dichos documentos se llaman mahatmas (palabra que significa “grandes almas”, “seres magnánimos”).

Los “mahatmas” por supuesto no han dado pruebas tangibles, objetivas, de su existencia. Un fardo de cartas escritas en circunstancias oscuras, cuyo origen u autoría no se ha podido verificar, no constituyen evidencia de que los “mahatmas” existen. Uno esperaría lógicamente que un supuesto gobierno oculto que tiene miles de años en la Tierra se comunique oficialmente con los gobiernos de las naciones o con algunas organizaciones pacifistas internacionales como la ONU, pero tal comunicación nunca ha ocurrido. ¿Por qué la Fraternidad Blanca insiste en ignorar o en despreciar la existencia de los gobiernos del mundo, de los representantes legítimos de los pueblos, e incluso de organismos internacionales cuyo trabajo es relativamente loable como en el caso de la ONU? Si les interesa el bienestar y la evolución de la humanidad, ¿por qué actúan con tanto misterio, acultándose siempre? Lo mínimo que uno puede imaginar es que la dicha fraternidad no existe, que es un invento de aquellos que dicen ser sus “mensajeros”, como Madame Blavatsky.

Para empeorar la cuestión, un número de sectas de Nueva Era nacidas y crecidas sobre el suelo de la Teosofía han explotado la imagen de los “mahatmas” para darle credibilidad a sus propios dogmas, como es el caso de la Actividad YO SOY, el Puente a la Libertad, la Iglesia Universal y Triunfante y todos los cultos a la Gran Hermandad Blanca y los Maestros Ascendidos. Estas sectas dicen que la Gran Hermandad Blanca es la misma Fraternidad Blanca de la que hablan los teósofos, y que los llamados Maestros Ascendidos son los mismos “mahatmas” de la Teosofía. Sin embargo, los teósofos no se ponen de acuerdo en aceptar esto: algunos incluso han comenzado recientemente a confesar que la tal Gran Hermandad Blanca no es la Fraternidad Blanca de la que escribió Madame Blavatsky, y que los Maestros Ascendidos no son los “mahatmas” de la Teosofía. La confusión y la incoherencia de opiniones parece estar motivada por el hecho de que hay diferencias doctrinales específicas entre lo que enseñó la Teosofía y lo que enseñan esos grupos más recientes de Nueva Era. O bien los “mahatmas” decidieron cambiar su “doctrina secreta”, o bien los “mensajeros” de las sectas de Nueva Era post-Teosofía están mintiendo. Lo que es seguro es esto: alguien está mintiendo, puesto que ambas doctrinas (la de la Teosofía y la de los Maestros Ascendidos) no coincide en varios puntos; ambas doctrinas no pueden ser verdad al mismo tiempo. Y la peor posibilidad es que de hecho todos hayan mentido, tanto Madame Blavatsky como los supuestos “mensajeros” posteriores de la Gran Hermandad Blanca.

Cuando uno reúne y compara todo los que los “mahatmas” han “dictado” o comunicado por medio de cartas a las diversas personas que se han presentado como sus mensajeros, lo que tenemos es una ensalada incoherente y contradictoria de afirmaciones extraordinarias sin fin y sin evidencias que las sustenten. Muchas veces la explicación más simple es la que contiene la verdad: Si algo huele a mentira, si se ve como una mentira y sabe a mentira… ¿qué será? Yo personalmente opino que ni los “mahatmas” ni los llamados “maestros ascendidos” existen. Lo que ocurrió fue lo siguiente: Madame Blavatsky inventó a los “mahatmas” para darle credibilidad a la doctrina que ella misma había creado (puesto que, dada su pésima reputación, tal doctrina no hubiera prosperado si ella misma se hubiese presentado como su creadora); y luego, en la década de 1930, Guy y Edna Ballard vieron que podían utilizar parte de la Teosofía para inventar el culto a los Maestros Ascendidos y la Gran Hermandad Blanca. Después de eso, lo que los grupos subsiguientes hicieron fue imitar a los Ballards en la expansión de la mentira inicial. Así la mentira inicial (de Madame Blavatsky) fue creciendo y cambiando hasta las doctrinas que tenemos hoy de los Maestros Ascendidos.

una religion verdadera.Los seguidores de la Teosofía y de los cultos a los Maestros Ascendidos no deben molestarse o sentirse incómodos por estas opiniones. No estamos diciendo nada extraordinario. Estamos diciendo simplemente lo que el sentido común y la razón nos dicen. Además, si ellos mismos (tanto los teósofos como los creyentes de los Maestros Ascendidos) han restado crédito a las religiones tradicionales y a toda otra doctrina espiritualista que no concuerde con la de ellos, entonces no deben molestarse si sus creencias y dogmas son sometidos al mismo tratamiento. Se acabaron los tiempos en que los feligreses o seguidores de una religión, de un credo o de una doctrina filosófica determinada se comportaban como si su religión o su credo fuera intocable, incuestionable, inmune a toda crítica y a toda investigación. Aún algunos creyentes de religiones tradicionales actúan de esa manera intolerante, pretenciosa y excluyente, pero tarde o temprano comprenderán que ese comportamiento es destructivo, dañino y que no tiene cabida o justificación en el futuro de la Tierra. De ahora en adelante todos tenemos que comprender y aceptar que se critique, que se someta a duda y a investigación nuestras creencias, nuestras religiones, credos o filosofías. Sólo así podrán vivir los seres humanos en verdadera paz y fraternidad, aceptando la diversidad de pensamiento, y la libertad de expresión educada y respetuosa. En esto la Teosofía también debe evolucionar.

Como una reflexión adicional yo pienso que los teósofos (y todos los seguidores de cultos de Nueva Era que hemos mencionado) deben preguntarse: ¿por qué necesitamos siempre una entidad superior que nos guíe, nos enseñe y nos diga lo que tenemos que hacer? ¿No hay aquí un complejo mental de ser niños, de ser inmaduros siempre? ¿No podemos acaso encontrar sabiduría, como humanidad mortal, en nosotros mismos, ser nuestros propios guías, nuestros propios maestros? ¿Hasta cuando creeremos que necesitamos un ser superior o un grupo de seres superiores que nos traten como niños que no saben lo que hacen? Es cierto que la humanidad en su conjunto parece todavía estar en su adolescencia mental y espiritual (algunos incluso creen que estamos en la niñez todavía), pero parte del proceso de maduración y de crecimiento consiste precisamente en formar nuestros propios criterios sobre las cosas, sobre la realidad y sobre la verdad, sin inventar cuentos y explicaciones fantasiosas. Yo pienso que todos estos cultos a un supuesto grupo de seres superiores invisibles que son maestros o guías es parte de ese infantilismo que debemos superar.

Ojo: no estoy diciendo que no pueda haber seres más sabios que nosotros en el universo. Yo creo que sí los hay. Hay seres muy sabios y compasivos que nos visitan desde otros mundos y ellos tienen mucho que enseñarnos, y de alguna manera actúan como hermanos mayores, guías o maestros para nosotros. Pero estos seres, estos “visitantes” son seres tangibles, físicos y mortales como nosotros. No son seres sobrenaturales o indestructibles o infalibles, y eso tenemos que comprenderlo. También es posible que existan entidades superiores a nosotros que viven en otros planos de existencia. Esto es un creencia que está en el budismo y yo la acepto como tal; la creencia en los llamados devas o seres de luz. Sin embargo, en ninguna parte en los discursos del Buddha se nos dice que tales seres deban gobernarnos como en una especie de organización secreta o de corporación oculta al estilo de la Fraternidad Blanca de la Teosofía. Puede ser que los devas existan, y puede ser que son capaces de enseñarnos muchas cosas, pero ellos están en sus planos de existencia y nosotros estamos aquí. Nosotros los humanos, que vivimos en el plano de los humanos, debemos juntarnos y gobernarnos nosotros mismos, según nuestros propios valores y criterios, y esto es una idea sana, madura, conveniente, que debemos tener en mente cuando tocamos el tema de los extraterrestres y el tema de seres de luz en otros planos de existencia.

También pienso que sería más sano si nos damos cuenta que puede haber en nosotros cierta adicción o cierta debilidad por los misterios, por todo esto que es oculto, invisible, esotérico, mágico, etc. Tenemos que darnos cuenta que esto es mero glamour, y que ser adicto a este glamour o tener cierta debilidad por este glamour puede hacernos mucho daño, puede conducirnos a creer en cosas que no existen. Hay que darse cuenta que todas estas doctrinas y filosofías, a partir del siglo XIX, tienen mucho de este glamour, que en gran parte es su gancho, su carnada para atraparnos o convencernos. Tenemos que darnos cuenta que estas cosas son influjos de los momentos históricos, influjos del ambiente físico que nos rodea, de los planetas y de los sectores del espacio. Son energías que inundan las actividades humanos en períodos de tiempo que duran décadas o incluso siglos, y las masas quedan atrapadas en estos influjos o tendencias generacionales. Tenemos que ira más allá, tenemos que penetrar el velo de estas influencias para poder desarmarlas, quitarles poder sobre nosotros. Sólo así podremos ver la verdad verdadera, la realidad real que estamos buscando, que queremos encontrar.

Pero este camino es harto difícil, porque también tenemos que deshacernos de nuestros gustos personales. Casi siempre queremos que la verdad sea esto o aquello, que la verdad se vea de tal manera o se sienta de tal manera. ¿Y qué le importa a la verdad nuestros gustos personales? A la verdad verdadera, a la realidad real no le interesa lo que nos causa gusto o desgusto, lo que nos causa placer o desplacer. Muchas veces quedamos atrapados en falsas creencias, en puntos de vista fantasiosos porque queremos que la verdad sea como nos gustaría que fuese. Pero lo cierto es que la verdad es lo que es, independientemente de nuestros gustos y pareceres. La verdad muchas veces es gris e insípida, incluso decepcionante o deprimente. Tenemos que comprender que todo el tiempo estamos fabricando verdades falsas que son emocionantes, hermosas, excitantes, llenas de cierto gusto, de cierto sabor, para complacer nuestras necesidades psicológicas del momento. Cuando comprendamos esto, el verdadero velo de maya comenzará a disolverse frente a nosotros.

También me he dado cuenta que muchos teósofos o seguidores de la Teosofía aceptan ciegamente la crítica que la Teosofía hace contra el budismo tradicional y no estudian por ellos mismos lo que el buddhismo enseña. Realmente piensan que la Teosofía contiene la verdadera enseñanza del Buddha porque lo han leído en los libros de Teosofía, pero no se han dedicado ellos mismos a estudiar, a investigar, a contrastar la verdadera enseñanza tradicional del Buddha para ver cuáles son realmente las diferencias o las similitudes. Incluso se sorprenden cuando les decimos que la Teosofía contradice directamente la Enseñanza del Buddha respecto a puntos esenciales de filosofía como las tres características universales (tilakkhana) o la enseñanza del kamma (karma) o sobre el Nibbána. Yo puedo hablar libremente de ambas cosas porque las he estudiado ambas, tanto la Teosofía como el Dhamma verdadero del Buddha. Fíjense que Madame Blavatsky, para inventar su doctrina, se basó mucho en el budismo esotérico tibetano pero ignoró casi por completo el buddhismo Theravada, que es el que contiene la Enseñanza verdadera del Buddha. El budismo tibetano no es una creencia pura: es budismo mezclado con religiones animistas locales. Además, la parte de budismo que hay en el Vajrayana es un forma tardía de budismo: contiene muchas cosas que se inventaron muchos siglos después de la muerte del Buddha y por eso no coinciden con la Enseñanza Original del Buddha.

Si eres teósofo, o si crees en la Teosofía, yo te invito a estudiar el Theraváda, el Buddhismo Original, no para que creas ciegamente en ello sino para que tengas un conocimiento de aquello que la misma Madame Blavatsky ignoró o descartó en su creación de la Teosofía. Quizás no te guste lo que aprendas de los discursos del Buddha en el Canon Páli, pero quizá eso sea la verdad y no aquello que más te gusta o te agrada. Puedes comenzar por ejemplo con la enseñanza de los 31 planos de existencia (abrirán en otra ventana):

> Buddhismo Theraváda: Los 31 planos de existencia.

Y sobre la definición buddhista de lo que es el Despertar:

> El verdadero despertar.

O las tres características universales (tilakkhana):

> Entendiendo las tilakkhana: las tres características o rasgos universales de todos los fenómenos condicionados.

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