Viajes astrales y planos de existencia

En mi experiencia personal, los viajes astrales no son más peligrosos que cualquier otra cosa que podamos experimentar con el cuerpo. Todo el tiempo estamos en contacto con cosas negativas, en la calle, viendo la televisión, hablando por teléfono, incluso en contacto con personas que parecen ser “de luz”, muy amables y sonrientes, pero por dentro no sabemos lo que llevan. Incluso tú mismo, sin darte cuenta, eres muchas veces una mala influencia y un mal contacto para otras personas. ¿Por qué será que el ser humano siempre piensan bien de si mismo y siempre piensa mal del “otro”? El ser humano siempre se ve a sí mismo como “el bueno”, y “el malo” siempre está allí afuera, siempre es “otro” que hay que evitar o discriminar o eliminar o cambiar.

Tu propia mente es tu mejor amigo o tu peor enemigo. Ningún demonio o entidad puede apoderarse de tu cuerpo a menos que tú quieres eso y lo pidas. Y hay que tener cuidado con los deseos inconscientes, porque esos son muy poderosos. Hay mucha gente en las iglesias que son poseídas por espíritus porque tienen ese deseo inconsciente de ser poseídas. Uno tiene que revisarse y conocer todos estos deseos inconscientes y eliminarlos.

La mayor parte del tiempo no es el mal fuera de ti lo que necesitas eliminar y evitar sino el mal dentro de tu propia mente.

Para protegernos del mal en los viajes astrales debemos hacer lo mismo que hacemos en el estado de vigilia: elimina el mal en ti mismo y no atraerás cosas malas en el llamado “plano astral” (que yo prefiero llamar plano mental). Si estás lleno de envidia, entrarás en contacto con seres envidiosos en el “plano astral”. Si tienes pensamientos de odio y de desprecio, entrarás en contacto con seres odiosos llenos de desprecio. Et cetera. Si no tienes nada negativo en ti mismo, puedes ver en el plano astral seres malísimos y no pueden hacerte nada porque no encuentran nada parecido a ellos en tu mente. Esta es la mejor protección, estando despierto o dormido.

Aprende a identificar las tres raíces del mal en ti mismo:

  • lobha: codicia, avaricia, deseo, lujuria, obsesión.
  • dosa: odio, desprecio, aversión, rabia, ira.
  • moha: fantasía, ignorancia, ilusión, auto-engaño.

Aprende a identificar todo pensamiento, palabra y acción que surjan por causa de estas tres raíces del mal en ti mismo, y luego aprende a eliminar esos pensamientos, palabras y acciones en ti mismo. Extermina, elimina, extingue las tres raíces del mal en ti mismo y ningún ser malvado podrá agarrarte o atraparte de ninguna manera.

Plano mental

El término plano astral lo hizo popular la Teosofía en el siglo XIX. Como ustedes ya deben saber, la Teosofía fue el movimiento que inició las modas y corrientes llamadas Nueva Era. Como ya lo he expresado antes, la Teosofía no es confiable y ha sido una fuente continua de confusión durante las últimas décadas, durante todo el siglo XX incluso. Las huellas y doctrinas confusas y desviadas de los teosofistas continúan inundando y contaminando en el presente el pensamiento y la búsqueda de la verdad de muchas personas. La Teosofía tergiversó la enseñanza del Buddha y complicó innecesariamente el camino espiritual de millones de personas.

Lo que las sectas de Nueva Era llaman “plano astral”, influidos por la Teosofía, los buddhistas lo han llamado durante milenios plano mental. La cuestión es la siguiente: nuestro plano de existencia o dimensión tiene dos frecuencias o dos “canales”, por decirlo de alguna manera. Estos dos canales o componentes se llaman náma y rúpa: náma es el aspecto mental, intangible, invisible (físicamente) de nuestro plano de existencia; rúpa es el aspecto físico, tangible, visible (el cuerpo). Lo que las personas creen que es otra dimensión (el “plano astral”), un espacio que ven y experimentan cuando entran en sueño profundo, en realidad es el aspecto náma de nuestra realidad, de nuestro plano de existencia. En esta frecuencia podemos ver las mentes de las otras personas, sus pensamientos y sus recuerdos. Todos estos contenidos mentales se ven como algo sólido, como algo tangible en el plano mental. Y como la mente y los contenidos mentales cambian de forma y son más flexibles, más dúctiles, más plásticos que la realidad física (rúpa), entonces creemos que estamos viendo seres demoníacos o seres angélicos o todo tipo de entidades.

Con frecuencia visitamos otros lugares de la Tierra cuando estamos viajando en el plano mental. Estos lugares se parecen un poco a los lugares físicos pero son diferentes. Esta diferencia la crea los pensamientos y contenidos mentales de las personas que viven en esos lugares. Dicho de otra manera: nuestras ciudades tienen un aspecto y una forma en la frecuencia rúpa, pero tienen otra en la frecuencia náma. La parte rúpa sólo la podemos ver con los ojos físicos. La parte náma sólo la podemos ver con los ojos de la mente. De hecho, en el buddhismo la mente se llama náma y el cuerpo se llama rúpa. Estos términos los secuestró la Teosofía y los explotó y tergiversó, pero en realidad estos términos los enseñó el Buddha hace más de 2600 años, tal como ha quedado registrado en el Canon Páli.

La expresión “plano astral” no me gusta porque no está claro lo que significa “astral” o porqué debería llamarse de esa manera. Tampoco estoy de acuerdo con la explicación que la Teosofía da de este término, porque implica que este aspecto de la realidad es otra dimensión y no una frecuencia o canal de esta misma dimensión en la que vivimos.

Otras dimensiones o planos de existencia

También existen otras dimensiones o planos de existencia. Algunas personas pueden ver o introducirse momentáneamente en esas dimensiones o planos de existencia, pero esto la hace la mente (náma), no lo hace el supuesto “cuerpo astral” que inventaron los teósofos y las sectas de Nueva Era. Debido a que la mente es intangible y muy sutil, puede “colarse”, por un período corto de tiempo, hacia los planos inferiores o superiores. Sin embargo, en realidad son muy pocas las personas que tienen la capacidad de hacer esto, y la mayoría de los que lo hacen lo hacen inconscientemente. Ahora, no es correcto llamar “plano astral” a estas otras dimensiones o planos de existencia. Aquí yo prefiero seguir la terminología del Buddha que se utiliza en la explicación de los 31 planos de existencia.

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Ilustración de Moebius para la Divina Comedia de Dante.

La razón de no llamar “plano astral” a estas otras dimensiones o planos de existencia es que la definición teosófica de “plano astral” sugiere que es algo accesorio o complementario a la dimensión donde nosotros vivimos (así como el “cuerpo astral” es complementario de los otros cuerpos que supuestamente tenemos), y estas otras dimensiones o planos de existencia en realidad no son accesorias o complementarias de la nuestra sino que son dimensiones propias en si mismas, con sus propios seres y mundos. Algunas de ellas se superponen a nuestra realidad física pero no comparten los aspectos náma y rúpa de ella. Por ejemplo: las planos o dimensiones inferiores al nuestro también tienen la forma de un planeta cuyo centro de gravedad y rotación coincide con el nuestro pero cuyo diámetro es menor al nuestro. Las superficies de esos planos inferiores están por debajo de la superficie de nuestro planeta. Por eso los planos que desde tiempo ancestral se han llamado “purgatorio” o “infierno” parecen ser subterráneos. No es que realmente sean subterráneos sino que la superficie del planeta en esos planos está por debajo de la superficie del planeta en nuestro plano, y eso causa la impresión de que son “mundos” que están debajo del nuestro. Esto se llama el “modelo de la cebolla”.

El modelo de la cebolla

El modelo de la cebolla explica una parte de la estructura de la Tierra en varios planos o dimensiones. Este modelo nos ayuda a visualizar la Tierra como una superposición de varias “Tierras” (en la realidad son la misma pero en distinta frecuencia o materia) que tienen diámetros crecientes pero que comparten el mismo centro de gravedad y rotación. Así el plano de existencia más inferior (el que los buddhistas llaman “infierno”) es la Tierra que tiene el menor diámetro. Luego, superpuesta a ésta, se encuentra la Tierra que tiene un diámetro mayor. Esta Tierra es el plano donde nosotros vivimos.

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En varias culturas de la Tierra se habla sobre un lugar subterráneo de sufrimiento, caracterizado generalmente por falta de agua y comida y un calor abrazador. En la tradición buddhista, el infierno además tiene la connotación de ser un lugar de hacinamiento. Sin embargo, ningún plano es una residencia eterna para los seres que viven en él: los seres mueren y renacen en cualquier plano de existencia.

En el modelo buddhista, sin embargo, hay una consideración: las superficies de los planos 2, 3 y 4 coinciden con la superficie de nuestro plano (el llamado “mundo humano”). El plano 2 es el de los animales (es visible y tangible para nosotros), pero los planos 3 y 4 son invisibles porque son sólo náma (planos mentales). El plano 3 es el de los llamados “espíritus iracundos” (asuras), y el plano 4 el de los llamados “fantasmas hambrientos” (petas). Debido a que la superficie de estos planos coincide con la superficie del nuestro, ocurre que a veces podemos ver a los llamados demonios y fantasmas, más especialmente en el plano mental que los teosofistas erróneamente llamaron “plano astral”. Pero para poder ver el plano 1 (sin morir en este plano donde estamos) hace falta que nuestra mente realice un difícil viaje que, en nuestra percepción de la realidad parece ser un viaje hacia abajo, hacia debajo de la Tierra, porque la superficie del planeta en ese plano está por debajo de la superficie en el nuestro.

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Representación artística de un peta, un fantasma hambriento según la tradición buddhista. Los petas eran devas o seres humanos que se dejaron llevar por la lujuria, la glotonería y la codicia, y por causa de esas acciones renacieron en planos inferiores de existencia. Cuando se consuma el efecto de ese kamma oscuro, el ser renacerá en planos superiores de existencia. Los fantasmas y los demonios no son seres creados con esa forma para toda la eternidad: son seres que renacen con esa forma por causa de sus acciones pasadas. Ninguna forma del ser (animal, fantasma, demonio, humano, deva) es fija y para siempre.

 

Luego, el siguiente plano, el número 6, llamado “de los Cuatro Grandes Reyes”, también está superpuesto a nuestra realidad pero el planeta tiene allí un diámetro mayor que en nuestro plano. La consecuencia de esto es que la superficie de la Tierra en el plano número 6 está sobre nuestras cabezas, donde están nuestras nubes. Por eso el Buddha dijo que las casas y los palacios de los devas estaban en el aire, sobre las nubes. No quiere decir que los devas del plano 6 vivan literalmente flotando en nuestra atmósfera sino que, si pudiéramos ver ese plano de existencia, veríamos su superficie arriba, donde nosotros tenemos nuestra atmósfera. Hay que recordar que el Buddha estaba tratando de enseñar algo muy sutil, muy avanzado, muy complicado para su tiempo, y se entiende que no haya podido explicarlo como nosotros ahora podemos hacerlo; el lenguaje, y el horizonte epistemológico de la época, no lo permitían.

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Representación artística del plano número 7, el Reino de los Treinta-y-Tres. Aquí los devas viven en palacios y ciudades que, desde nuestra perspectiva, parecen estar flotando en las nubes.

Los siguientes planos siguen la lógica del modelo de la cebolla: la Tierra en el plano 7 tiene un diámetro mayor a la Tierra en el plano 6. Así como los devas del plano 6 parece que viven en el aire sobre nosotros, los devas del plano 7 (el Reino de los Treinta-y-Tres) parece que viven en el aire sobre los devas del plano 6. Por eso en los discursos del Buddha se dice que estos devas (los del plano 7) descendían sobre los devas del plano 6 (así como los devas del plano 6 descienden sobre nosotros para poder contactarnos, y así como nosotros tenemos que descender para poder ver a los seres que sufren en el plano 1).

La “cebolla” continúa hacia arriba pero no ha quedado claro hasta cuál plano lo hace. Aquí uno sólo puede especular. Lo que mi intuición y mi meditación me dice es que la “cebolla” que es la Tierra continúa hasta el plano 11, el plano de los devas que controlan la creación de otros seres. Éste es el plano donde vive Mára el malvado. Para mi, esta es la última superficie de la Tierra, la que tiene mayor diámetro. Allí termina realmente el cuerpo de la Tierra. Los planos siguientes abarcarían espacios más grande del sistema solar. Por ejemplo: todo el llamado rupa-loka, el “mundo de materia fina”, son planos de existencia que abarcan todo el sistema solar e incluso más allá, pero no llegan a ser tan grandes como la galaxia física que nosotros vemos. Yo veo estos planos o dimensiones de existencia como capas o superficies del nuestro Sol. Así como los planos del kama-loka (el “mundo sensorial”) son capas de esta “cebolla” que es la Tierra, yo creo que los planos del rupa-loka son capas de la “cebolla” que es el Sol (de la cual la capa más baja y de menor diámetro es el Sol físico que nosotros vemos). En otras palabras, la superficie del plano 12, la llamada “cohorte de Brahma”, podría ser la superficie del Sol físico que nosotros vemos. Los siguientes planos, hasta el 27, podrían ser capaz cada vez más grande de la “cebolla” que es el Sol. Los siguientes planos de existencia, del 28 al 31, coincidirían entonces con espacios más grande que nuestro sistema solar. Quizás el último plano de existencia, el número 31, es el plano más extenso de esta galaxia. Si esto es correcto (y esto es lo que tiendo a creer ahora), entonces cada galaxia es en sí misma un nido que contiene sus propios 31 planos de existencia, todos unos dentro de otros como muñecas rusas, siguiendo el modelo de la cebolla, donde las “cebollas” más pequeñas son los planetas y las “cebollas” de tamaño mediano son los soles, y todo esto dentro de una “cebolla” mayor que son el arupa-loka (el llamado “mundo inmaterial”).

Para estudiar y comprender mejor este modelo buddhista de 31 planos de existencia, te invito a leer el siguiente artículo:

> Los Treinta-y-Un planos de existencia.

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