Despertar versus mente neurotípica

¿Sabes lo que es una persona neurotípica? Es lo que llaman una persona normal. La mente neurotípica es la fisiología cerebral que predomina en el mundo. Podríamos decir que el 99% (quizás un poco menos) de la población mundial es neurotípica. Los psicólogos y psiquiatras dicen que la mente neurotípica es el modelo sano o default de comportamiento mental: toda otra forma extraña de comportamiento mental es no-neurotípico. Esto no quiere decir que la mente neurotípica sea siempre sana o el comportamiento modelo. Eso lo pueden pensar los psicólogos y psiquiatras porque ellos mismos son neurotípicos, y las personas neurotípicas siempre se ven a sí mismas como el ejemplo a seguir, aunque en muchos casos no lo sean. Es lo que ocurre con la mayoría de los heterosexuales: ellos creen que su orientación sexual es la “correcta” o la “sana” y cualquier otra orientación es una “desviación”, una “enfermedad”. Pero seamos intelectualmente honestos: todas las mentes no-neurotípicas no son necesariamente mentes enfermas o dañadas o defectuosas. Una parte de ellas lo son, efectivamente, pero también una parte de las mentes neurotípicas están dañadas o enfermas. Lo que quiero decir es que, debemos romper ese paradigma que dice que la mente neurotípica es el modelo de sanidad o de funcionalidad. La enfermedad mental y la disfuncionalidad existen igualmente tanto en personas neurotípicas como en personas no-neurotípicas.

Digamos simplemente que la mente neurotípica y la no-neurotípica son dos formas distintas y generales de ser o de fisiología mental. La única razón por la cual las personas neurotípicas parecen ser las que están sanas o funcionales es porque ellas son la mayoría en el mundo y porque todo el mundo social en este planeta está diseñado por ellas y para ellas. Volvamos a la analogía de la orientación sexual: la única razón por la cual los heterosexuales parecen ser los sanos, los normales, los funcionales, es porque son la mayoría y porque el mundo social está diseñado por ellos y para ellos. Si los homosexuales (por decir otro grupo) fueran la mayoría y todo el mundo social estuviese diseñado por ellos y para ellos, entonces los heterosexuales parecerían ser los enfermos, los raros, los desviados, los disfuncionales, etc. ¿Lo entiendes? Es una cuestión de contexto, de diseño social, y de mayoría versus minoría. Igual, si un tipo de autista (por decir una forma de ser no-neurotípica) fuera la mayoría en este mundo, y si las sociedades estuviesen diseñados por ellos y para ellos, entonces las personas neurotípicas serían los raros, los extraños, los diferentes, etc. Otro tipo de personas no-neurotípicas son las personas que tienen Síndrome de Down. ¿Están enfermas? No, simplemente son diferentes. ¿Son mejores, son peores? Eso no es cuestión de ciencia sino de opinión personal. Yo personalmente opino que las personas con Síndrome de Down (al igual que la mayoría de los autistas) son mejores que las personas neurotípicas, pero esto es sólo una opinión.

A las personas neurotípicas no les gusta cuando uno les dice que uno es especial. Creen que “especial” significa “mejor” o “superior”. Y entonces uno les dice: “No significa que soy mejor o superior, significa simplemente que soy diferente.” Pero las personas neurotípicas no entienden este matiz, esta idea, esta tercera opción. Sus mentes las obligan a pensar en términos de blanco o negro, inferior o superior, mejor o peor. Están atrapadas en sus propias mentes. No pueden salir. No saben cómo salir. Ni les interesa tampoco salir. De verdad que ser neurotípico es algo muy atractivo: todo es más fácil, más lineal, más simple, más superficial. Si algo no te gusta, lo ignoras. Si algo te molesta, lo destruyes. Si algo te gusta, te apropias de ello. Si generas basura, la arrojas al suelo en cualquier lugar donde estás.

No estoy seguro si eso sea algo bueno. No me termina de convencer. :-/

Para mi, todo el entrenamiento del Buddha-Dhamma, especialmente el Noble Sendero Óctuple, es un entrenamiento para que la persona neurotípica deje de ser neurotípica. La mente no-iluminada es la mente neurotípica. Cuando la persona logra el tan mentado Despertar es porque dejó de ser neurotípica. Cambió la estructura de su mente. Dejó de pensar como el 99% del resto de las personas. Dejó de ser simple, común, básica, ordinaria, indistinta. Dejó de ser mayoría. Es fácil reconocer a esos farsantes que dicen que son Buddhas y Paccekabuddhas e Iluminados sin realmente serlo: uno observa sus comportamientos, sus respuestas, sus reacciones y uno ve que son comportamientos y respuestas y reacciones neurotípicos, comunes, básicos, ordinarios, indistintos… Y así uno sabe que esa persona no es un Buddha, no es un Iluminado, no ha logrado el Despertar. Cuando lo comprendes, todo esto se ve claramente, sin duda alguna.

No se puede fingir la Iluminación. No se puede actuar el Despertar. Quien trata de hacerlo tiene costuras, y tarde o temprano se le romperán las costuras, revelando la impostura. Para mi el ejemplo más emblemático es el de ese gran falso gurú llamado Osho (Bhagwan Shri Rashneej). Lee su biografía y verás el desfile de tonterías neurotípicas que este hombre cometió durante toda su vida. Él dijo que había logrado la Iluminación cuando apenas tenía 17 años (si mi fuente es correcta), que en ese momento se convirtió en un Buddha viviente, y sin embargo todos los años que siguieron a ese acontecimiento están marcados por todo tipo de locuras, estupideces, errores, excesos, ingenuidades, desafueros, etc, todos típicos de la mente no-iluminada. A mí sinceramente me sorprende que haya tanta gente en el mundo que todavía cree que este hombre fue realmente un Buddha viviente.

La mente iluminada es especial, es no-neurotípica. Por eso el Buddha, el Despierto, fue una persona especial, una persona no-neurotípica. ¿Qué dice la mente neurotípica, no-iluminada? Dice: “No te restrinjas, consume drogas y ten sexo toda la noche. No importa. Al día siguiente, durante la mañana, con unos minutos de meditación se purificas y no pasó nada”. Eso era lo que Osho les decía a sus discípulos. Y entonces se drogaban, tenían orgías toda la noche, llevaban armas de fuego, intoxicaban a las personas con bacterias en la comida para quedarse con el pueblo… Todo esto es muy neurotípico. Es “humano, demasiado humano”, como diría Nietzsche. En los Proverbios del Infierno de William Blake Lucifer dice:

El sendero del exceso conduce al palacio de la sabiduría.

En resumen esa es la filosofía de Osho. Creía que por medio del desenfreno y del exceso en todo tipo de vicios y suciedades, la persona podría alcanzar la iluminación. ¡Semejante tontería! ¡Semejante locura! Ninguna Buddha, ningún iluminado enseñaría algo como eso. Fíjate que William Blake pone ese aforismo en boca de Lucifer, en boca del Rebelde, del Caído, del Orgulloso. Lo que Blake quiere decir es que el aforismo verdadero es precisamente todo lo opuesto de lo que dice su Lucifer (porque Lucifer es el símbolo de la mentira, del engaño, del “invertido”):

El sendero del exceso conduce al palacio de la necedad, de la locura.

O dicho de otra manera:

El sendero del auto-control conduce al palacio de la sabiduría.

Y ésto es precisamente lo que enseñó Buddha, el Verdadero, el Amigo, el Correcto, el Despierto, el Sublime, el Noble, el Bienaventurado. Y las personas vienen y dicen: “Ay, pero eso es aburrido. Eso no puede ser verdad. La religión es una práctica vacía. La verdad no puede estar en escrituras sagradas de ningún tipo. Nosotros no somos retrógrados como esa gente que se adhiere a una religión. Nosotros somos espirituales. La espiritualidad no tiene nada que ver con la religión.” O dicen: “El Buddha enseñó eso hace más de 2600 años. Las cosas han cambiado. Ahora las personas necesitan un nuevo método, una nueva enseñanza.” Y así fue como nació la Nueva Era con su interminable comparsa de desvarías, fantasías, ficciones metafísicas, inventos y locuras de todo tipo. Todo esto es “humano, demasiado humano”. Todo es neurotípico.

Pero ser un iluminado, un Despierto (Buddha o Arahant) no significa que la persona es mejor o es superior a los demás: eso también es un pensamiento neurotípico. Se dice que los Despiertos han trascendidos tres complejos mentales:

  • seyyamána: complejo de superioridad.
  • hínamána: complejo de inferioridad.
  • sadisamána: complejo de igualdad.

Con el primer complejo mental uno piensa y cree: “Yo soy superior a los demás”. Con el segundo complejo mental uno piensa y cree: “Yo soy inferior a los demás”. Con el tercer complejo mental uno piensa y cree: “Yo soy igual a los demás”. Todos estos pensamientos son típicos de la mente “normal”, de la mente no-iluminada, de la mente neurotípica. Las personas que han logrado el Despertar, la iluminación total y definitiva, ya no son capaces de albergar estos tres tipos de pensamiento o creencia porque han trascendido la parte “yo soy” del enunciado. Y sin un “yo soy” en la oración, todo lo demás carece de sentido. Así es cómo los Buddhas y los Arahants en realidad pueden ser superiores, nobles, santos, perfectos, especiales, únicos, etc, sin tener un complejo de superioridad. No hay en ellos un verdadero pensamiento-creencia de “yo soy” esto o aquello. Y sin ese pensamiento-creencia (“yo soy”) no es posible creerse superior o mejor que los demás. ¿Lo captas? ¿Lo puedes entender? Si lo puedes entender, aunque sea intelectualmente, entonces en verdad eres una persona muy inteligente, aunque no seas un iluminado todavía.

Y mira cómo los falsos iluminados y pseudo-Buddhas (farsantes neurotípicos, no-iluminados) están todo el tiempo enfrascados en el “yo” y en el “yo soy”: “yo soy un iluminado, yo soy un Buddha, yo soy un Paccekabuddha, yo soy esto y aquello…” Todo esto revela la verdad que está oculta detrás de las palabras.

Back to Nature by Robert Storm Petersen 1882 1949.
El raro, el extraño, el diferente, apartándose de la multitud neurotípica. ¿Será que la evolución de la humanidad consiste en dejar de ser neurotípico? ¿Será que las personas no-neurotípicas (como los Despiertos y Santos y Sabios) son las que impulsan la evolución positiva de la humanidad? “De vuelta a la naturaleza”, de Robert Storm Petersen (1882-1949).

 

 

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