La novela como género literario integral: 1984 de George Orwell

Otro ensayo de enero de 2005. Puede serle útil a alguien.

George Orwell_1984_poster.

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LA NOVELA:GÉNERO LITERARIO INTEGRAL

 1984 de George Orwell

 

La novela es una forma de género literario mayor; una forma de narrativa épica en prosa. Su extensión suele ser considerable. El interés de la novela puede ser variado: describir las costumbres, esperanzas y temores de un pueblo o una comunidad; narrar hechos ficticios cuya importancia estriba en lo que pueda concluirse al ser comparados con los hechos históricos reales; o perfilar el temperamento o carácter de personajes, desglosando sus emociones y pensamientos, en un ejercicio de visión introspectiva. Una novela puede llegar a abarcar todos estos ámbitos de interés, y más. Resulta muy efectivo y útil, para desentrañar el carácter integral de una obra literaria, aquel viejo método de la filología alemana del siglo XIX: analizar la obra literaria como un binomio armónico deforma y contenido. Y el carácter integral de la novela no sólo se reduce a la «policromía» en el contenido; en cuanto a la forma, la novela permite la integración y participación de distintos géneros literarios, tipos de texto y niveles de discurso. Consideramos un ejemplo aleccionador: 1984 (Nineteen Eighty-Four, 1949), del escritor británico George Orwell.

En primer lugar: el contenido. Las novelas de Orwell se caracterizan por ser el producto de la reflexión del autor acerca del orden social y de la preocupación que nace al ver las fuerzas políticas siempre en pugna, repartiendo su cuota de guerra, hambre, injusticia, holocausto y paranoia, no sólo a Europa, sino al mundo entero. Ya en Homage to Catalonia (1938, escrita durante la guerra civil española), Orwell descarga su primera dosis de desesperanza y pesimismo en la labor de una izquierda socialista. Animal Farm (1944) es una crítica aguda del estalinismo y A Fairy Story (1945) es una sátira sobre el régimen soviético. Como punto culminante, obvio y natural, en la tarea de retratador y criticador de la realidad social de su tiempo, y alcanzando cierto paroxismo(1) del pesimismo, escribió 1984: la narración de un hipotético estado futuro, sumido en guerras autodestructivas y regímenes totalitarios implacables que harían delirar de éxtasis –si tal cosa fuese posible, llover sobre mojado, quiero decir– a Hitler o a Mussolini. Esta novela es un hito en la literatura de ficción de posguerra, una antiutopía inspiradora de agitadores, «obra maestra de especulación política» según Bernard Crick, el biógrafo de Orwell.

Es preciso coincidir con la mayoría de los críticos al afirman que la grandeza literaria de 1984 radica más en elcontenido que en la forma. Porque la obra, como he afirmado al principio, no sólo es una ficción producto de una evaluación crítica de la realidad política y social del autor; al mismo tiempo está inteligentemente imbuida de psicologismo(2) e introspección –un poco a la manera de la narrativa modernista–, de manera que conocemos y entrevemos las pasiones, los temores, la angustia y la decepción, así como la fortaleza y la voluntad de vivir de Winston, el protagonista.

Vemos estas dos fuerzas de la realidad humana: la fuerza externa, secular, inmensa y amenazante del curso de la sociedad, la fuerza y locura del falso superhombre que domina tiránico y esquivo, literalmente y metafóricamente invisible; y las fuerzas internas, suaves y tiernas del alma humana que intuye una libertad y una plenitud de vida mayores y posibles, en un mundo donde la otra fuerza –el totalitarismo, la barbarie, la hegemonía de la crápula destructiva de la guerra– desangran las almas de los ciudadanos que, en aquel mundo patético y alucinante, han sido sustraídos a toda soberanía y humanismo necesarios. Orwell no sólo ha hecho una «obra maestra de especulación política», ha considerado no menos que bien el mundo anímico de la persona, el desenvolvimiento de la psique, de la naturaleza cordial de un alma espuria, psicológicamente vejada. El hecho de que la dulzura y tensa parsimonia de Winston Smith lo hayan conducido a la extinción (más que su desviacionismo ideológico), es parte de la atmósfera de hipnótico suspenso y enfermiza paranoia –muy real y factible para aquellos que vivieron desde adentro la Segundo Guerra Mundial– que Orwell necesitaba crear para que la novela adquiriera el carácter de cuerda advertencia, de «alerta roja», al mundo civilizado.

Las características y configuración política del mundo orwelliano de 1984 no responde a capricho del autor: se devela, en la distribución de las tres potencias mundiales (Oceanía, Eurasia y Asia Oriental) y sus capitales, en la distribución de la población y los estratos sociales, en las ideas heréticas de Emmanuel Goldstein (el «enemigo público» de Oceanía) contenidos en «el libro», y en los postulados del Ingsoc (Socialismo Inglés), en el rostro gigante y bigotudo de «El Gran Hermano»(3); un esbozo lúcido de un mundo verosímilmente posible, visiones ficticias formadas con fragmentos reales de la realidad pasada y presente que no es ajena a ninguno de nosotros. Y es esa posible verosimilitud de la inaudita y antiutópica Oceanía lo que convierte a la novela en advertencia urgente.

Además de esto, Orwell deja en claro sus sospechas acerca de la degradación del lenguaje oral(4) y el peligro inminente que implica la manipulación malintencionada de los registros históricos y de las obras literarias del pasado, en un estado (o bajo una administración) que viola el derecho a la libertad de expresión, y en el que se desvirtúa la lengua materna, manipulándola para ejercer un control psicológico sobre la población. O la inexistencia de un corpus legislativo escrito. Las consecuencias de una lengua artificial, pobre en significados y matices, son el embrutecimiento, la ruptura del pensamiento lógico, y un estado de sopor intelectual en el que es sumamente fácil manipular a las masas.

«Si una persona es ortodoxa por naturaleza (en neolengua se le llama piensabien) sabrá en cualquier circunstancia, sin detenerse a pensarlo, cuál es la creencia acertada o la emoción deseable. Pero en todo caso, un entrenamiento mental complicado, que comienza en la infancia y se concentra en torno a las palabras neolingüísticasparacrimen, negroblanco y doblepensar, le convierte en un ser incapaz de pensar demasiado sobre cualquier tema.» (5)

El Capítulo IX de la Parte Segunda del libro contiene, en su mayoría, citas textuales de la obra herética –Teoría y práctica del colectivismo oligárquico– de Emmanuel Goldstein, llamada simplemente «el libro». Este es un capítulo clave en la novela, porque no sólo se explica y describe el mundo antes y durante «El Hermano Mayor», sino que también oímos a través de esas líneas la voz profética de Orwell, un asomo de sus teorías tanto políticas como lingüísticas. Y muchos puntos son aclarados, así respecto al curso interno de la obra como al curso externo de la Historia, de la cual la novela no es más que un reflejo deformado. La comprensión de la evanescencia del momento presente, y por lo tanto de la importancia suprema del registro histórico se extiende en dichas líneas:

«La mutabilidad del pasado es el eje del Ingsoc. Los acontecimientos pretéritos no tienen existencia objetiva, sostiene el Partido, sino que sobreviven sólo en los documentos y en las memorias de los hombres. El pasado es únicamente lo que digan los testimonios escritos y la memoria humana. Pero como quiera que el Partido controla por completo todos los documentos y también la mente de todos sus miembros, resulta que el pasado será lo que el Partido quiera que sea. […] Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega…, todo esto es indispensable. Incluso para usar la palabradoblepensar es preciso emplear el doblepensar. Porque para usar la palabra [doblepensar] se admite que se están haciendo trampas con la realidad.» (6)

Los métodos correctivos y de tortura practicados por la «Policía del Pensamiento» de Oceanía, son un retrato de los crímenes cometidos en la URSS, mucho antes de que Orwell escribiera 1984. Las semejanzas con la realidad no son coincidencia. Analizar las implicaciones y los meandros de la historia de Orwell es trabajo muy extenso. La conclusión será, generalmente, la misma: que las valoraciones extrínsecas del contenido de la obra escrita pueden ser razón suficiente para que ésta sea considerada gran literatura, aun cuando la forma de la obra sea simple, e incluso escueta(7). Pero, ni es mi propósito demostrar que 1984 es una gran obra literaria, ni ésta es escueta o simple en su forma. De hecho, su estructura bien pensada y la disposición inteligente, la utilización prudente y oportuna de las distintos tipos de texto dentro de la novela, es lo que la hace una obra literaria integral.

La novela está constituida por tres partes: ocho capítulos la primera, diez capítulos la segunda, y seis capítulos la tercera. En la Parte Primera se introduce al protagonista y personajes secundarios, es principalmente descriptiva y contiene los motivos y acciones primarios de la historia. Los diálogos son pocos, puesto que la mayor parte del texto se consume en descripción y narración. Los incisos textuales del diario de Winston permiten al lector acercarse al personaje, y en efecto, adquieren una importancia crucial para el desenvolvimiento de la trama. La falta de diálogos y los pasajes solitarios y mal escritos del diario de Winston, transmite a estos capítulos el matiz acre de una Londres deshumanizada y mecánica, la triste soledad y la intuida angustia del protagonista.

En la Parte Segunda comienzan a desenlazarse los nudos, se desarrollan los motivos y nuevas acciones mantienen a los protagonistas en tensión.  La historia se torna excitante, alentadora. El suspenso aumenta y se mantiene en parálisis, al mismo tiempo que Winston y Julia viven un efímero solaz. Aumentan un poco el número de diálogos, pero aún así predominan los textos descriptivos y narrativos. Tal predominancia responde a las características propias del mundo imaginado –el estado de represión en el que viven– y a la idiosincrasia de los personajes –producto, naturalmente, de un ambiente insano e ideológicamente agresivo–, y no deben interpretarse como una deficiencia en la habilidad del autor para imprimir realismo o acercamiento psicológico a los personajes. Paradójicamente, es la sobriedad en el uso de los diálogos y monólogos lo que imprime credibilidad y realismo a la historia(9).

Orwell introduce aquí y allá fragmentos de tonadas, e imágenes sensoriales que dibujan explosiones de color, sonido y olor en el mundo monótono y sintético de los protagonistas. Las citas textuales del libro de Goldstein (Capítulo IX) son como un bloque que suspende el desenvolvimiento de la historia, la cual, desde el primer capítulo de esta Parte Segunda, había adquirido un giro de tensa alegría. Entonces, sin aviso, en el Capítulo X se esfuma la felicidad del solaz clandestino de los protagonistas. Comienza con las simples tonadas que canta la mujer proletaria en el patio. Se supone que han sido compuestas para los proletarios por máquinas y que, por ello, carecen de cualquier relevancia artística o estética. Son puro romanticismo simplón. Sin embargo, ¿acaso no guardan una relación secreta, no revelada, con los estados de ánimo de Winston, y lo que esos estados de ánimo anuncian para la Parte Tercera de la novela?…

«Era sólo una ilusión sin esperanzaQue pasó como un día de abril;Pero aquella mirada, aquella palabraY los ensueños que despertaronMe robaron el corazón. […] Dicen que el tiempo lo cura todo,Dicen que siempre se olvida,Pero las sonrisas y las lágrimasA lo largo de los añosMe retuercen el corazón.» (8)

La disposición de la narración de los eventos confiere a este capítulo todo el suspenso que hasta ese punto sólo era latente. La caída de los objetos, el cuadro que ocultaba la «telepantalla», el marco de la ventana y finalmente el pisapapeles de cristal, son un efecto dramático magnífico, a modo de metáfora que presagia la destrucción de los enamorados. Winston y Julia han sido apresados: es el comienzo del fin. Esto justifica, a mi parecer, la paralización (durante toda la Parte Segunda) del suspenso que es luego súbitamente liberado en el Capítulo X. Así como el Capítulo IX es crucial para entender el mundo asfixiante de los protagonistas, el siguiente capítulo es el clímax práctico de todos los crímenes y temores anunciados durante la Parte Primera.

La Parte Tercera es menos extensa que las anteriores. Nuevamente los diálogos aumentan un poco en número: un requerimiento para el desenvolvimiento natural de la historia, así como el menor número de capítulos. Se entiende que fue la intención del autor no profundizar en las imágenes repugnantes y las descripciones de la tortura del protagonista. No era necesario. Las descripciones son sencillas. Las metáforas pertenecen al mundo interior del protagonista. Es en estos capítulos donde se presenta con mayor claridad el psicologismo, la visión introspectiva del personaje. La voz de O´Brian predomina en estos capítulos. Orwell distribuyó la participación de los tres personajes principales a lo largo de las tres partes del libro, para lograr con ello cierta simetría: la Parte Primera es principalmente de Winston, la Parte Segunda de Winston y Julia, y la última, de Winston y O´Brian. Los diálogos contienen fardos de angustia, están ahítos de imploraciones, ruegos y acusaciones. Es necesario para construir el ambiente patético, desesperanzador de un mundo que debe ser evitado y rechazado.

Descripción, narración, diálogo, citas textuales, incisos, versos; la novela se caracteriza por reunir en una sola obra, distintas formas. La novela es equivalente, en música, a la sinfonía; y en arquitectura, a la ciudad. La esencia de la novela radica en esta agrupación armoniosa de formas y utilidades, de funciones y los efectos que estas funciones producen. La forma está supeditada al contenido en el sentido de que, para una mejor presentación de la historia, y de acuerdo al efecto que el autor quiera generar en el lector, habrá predominio o no de los diálogos, o de la narración descriptiva, o de la ausencia de citas y versos. Y recíprocamente, el contenido de la obra literaria, sin forma, sería ininteligible para todos, excepto para el autor. De hecho, no existe obra literaria mientras sólo exista contenido sin forma, es decir: ideas, ilación, pensamientos, imágenes, recuerdos, etc. Cuando éstos son dotados de forma literaria, es cuando adquieren cuerpo, discurso, sonido, discurrencia y letra. Y esto es la novela por excelencia.

Eric Blair (George Orwell) nos habla de un mundo terrible, un mundo en el que el alma parece no poseer valor alguno –o por lo menos no se le otorga–, en el que todo lo que juzgamos bello y superior es primero suprimido, falsificado, violado y destruido. La historia de Winston y Julia no es la historia de los ganadores, no es la historia de héroes; es más bien la historia de seres indefensos y tiernos que son segados de la tierra sin miramientos ni consideraciones. Algunos sentimientos deben ser traídos a la palestra; la desesperanza y el peligro del nihilismo deberían ser siempre señalados. Ese mundo existe ahora para algunos. Y la obra literaria es a veces una bomba que estalla y resuena, cada vez que es leída, miles de veces sin reducir su potencia. Son las historias como 1984, historias grises de tonos abemolados, las más peligrosas desde el punto de vista de la habilidad artística del escritor. Una disposición inadecuada de los hechos, un abuso de las descripciones o de las figuras retóricas, pueden reducir el brillo de la obra.

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  1. Paroxismo que no es tal, considerando la lucidez con la que Orwell maneja la desesperanza, convirtiéndola en voz de advertencia para una Europa que, apenas liberada de las garras del Nazismo, yacía destruida y vejada, no poco libre de la amenaza de una Tercera Oleada de Destrucción.
  1. Utilizo el término psicologismocon el significado de: preferencia o tendencia, en las obras narrativas, a la descripción de los estados de conciencia de los personajes.
  2. «Hermano Mayor» de acuerdo con otras traducciones. «Asia Oriental» es traducida en otras ediciones como «Estasia», y «parlanueva» en lugar de «neolengua».
  3. Léase su ensayo «La política y el idioma inglés». Todos los idiomas naturales son susceptibles de esta degradación, que ocurre de manera espontánea en países con sistemas educativos deficientes.
  1. Orwell, George (1949). 1984Parte SegundaCapítulo IX, página 222, de la primera edición dominicana de la Editora Alfa y Omega. Esta traducción es, en general, mediocre.
  2.  Ibíd., pp. 224, 226.
  3.  Criterio del cual difiero particularmente.
  4. Ibíd.., p. 230.
  5. Compárese el uso de diálogos y monólogos en esta novela con «El tunel», de Sábato, por ejemplo.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

LIBROS

Diccionario Enciclopédica Salvat. Volumen 20. Salvat Editores, S. A. Barcelona, España. 1985.

Enciclopedia Autodidáctica Océano. Volumen 2. Ediciones OCÉANO-ÉXITO, S. A. Barcelona, España. 1984.

Gondi, Ovidio (s.f.) 1984 El año de George Orwell. En: Revista de Geografía Universal.  Año 8, Volumen 14, No. 1. 3A Editores, S. A. México D. F., México.

Orwell, George (1949). 1984. Editora Alfa y Omega, C. A. Santo Domingo, República Dominicana. 1984.

DOCUMENTOS ELECTRÓNICOS

Enciclopedia Microsoft Encarta 2001. 1993-2000 Microsoft Corporation. Entradas: comentario de texto, literatura.

Santiago, Juan Manuel. 1984, de George Orwell. En: Bibliópolis, crítica en la red. http://www.bibliopolis.org/articulo/1984.htm