Escepticismo y la mente no-iluminada

Creo en la posibilidad de la mente iluminada, en la posibilidad de la iluminación, del Despertar (bodhi), tal como está definido en los discursos del Canon Páli. Según esta tradición (Theraváda: Doctrina de los Ancianos), hay cuatro niveles de iluminación gradual: tres niveles de iluminación parcial y un último nivel de Despertar total y definitivo. Los cuatro tipos de personas en estos cuatro niveles son llamados nobles (ariya) en general, pero tienen sus nombres específicos en páli:

  1. Primer nivel de iluminación: el nivel del sotápanna, el que entra en la corriente (de la liberación). Es la persona que obtiene un primer chispazo de iluminación al escuchar y entender el Dhamma, la Doctrina del Buddha. Se dice que el sotápanna renacerá siete veces más para poder alcanzar la iluminación total y definitiva. En resumen, el sotápanna ha trascendido tres impedimentos: el impedimento de la creencia en un yo fijo (sakkáya-ditthi), el impedimento de la duda escéptica a priori (vicikicchá), y el impedimento del apego ciego a prácticas y rituales (sílabbata-parámáso).
  2. Segundo nivel de iluminación: el nivel del sakadagami, el que regresa una vez más (a la existencia mundana en el plano humano). Es la persona que, habiendo trascendido los tres impedimentos ya mencionados, también logra debilitar el cuarto y el quinto impedimento: apego a los deseos sensuales (kámmachando) y mala voluntad o desprecio (vyápádo, byápádo). Se dice que este ariya deberá renacer una vez más para lograr el Despertar final y definitivo.
  3. Tercer nivel de iluminación: el nivel del anágámí, el que no regresa (a la existencia del plano humano). Es la persona que ha trascendido completamente, sin remanente alguno, los cinco impedimentos antes mencionados. Este ser renacerá en planos superiores de existencia (como un deva, un ser luz), y allí logrará el Despertar final y definitivo.
  4. El cuarto y último nivel de iluminación: el nivel Arahant, el Perfecto. Es el mismo nivel del Buddha, por lo que en el Canon la palabra arahant muchas veces es sinónimo de Buddha, aunque no a la inversa. Este es el nivel de la iluminación final, total, definitiva. La persona en este nivel no volverá a renacer nunca más, ni como humano, ni como deva, ni como ningún otro ser del samsára. El Arahant ha destruido completamente los diez impedimentos, ha purificado completamente su mente, ha consumido completamente su kamma oscuro, su kamma oscuro-y-luminoso y su kamma luminoso. Es un ser que comprende completamente el Dhamma, al mismo nivel que un Buddha, y que vive el Noble Sendero Óctuple igual que un Buddha.

He aquí la lista completa de los diez impedimentos que se usan de manera general para definir esos cuatro niveles de iluminación (los Arahants y los Buddhas los trascienden todos):

  1. La creencia en una personalidad permanente o yo metafísico (sakkáya-ditthi).
  2. Duda irracional, escepticismo extremo (vicikicchá).
  3. Apego a ritos, rituales y ceremonias (sílabbata-parámáso).
  4. Apego a los deseos sensuales (kámacchando).
  5. Mala voluntad, odio, desprecio, rabia (vyápádo o byápádo).
  6. Deseo vehemente por la existencia en las dimensiones con forma [incluyendo los reinos celestiales inferiores] (rúparágo).
  7. Deseo vehemente por la existencia en las dimensiones sin forma [reinos celestiales superiores] (arúparágo).
  8. Engaño, complejos mentales, mentalidad malsana (mána).
  9. Intranquilidad (uddhacca).
  10. Ignorancia (avijjá).

He visto últimamente que hay varias personas que dicen ser iluminados. Algunos dicen que son sotápanna, pero hablan de sí mismos con orgullo, con arrogancia intelectual, con complejo de superioridad. Tales personas no son realmente sotápanna, porque el orgullo, la arrogancia intelectual, el complejo de superioridad sólo son posibles en personas contaminadas con el primer impedimento: la creencia en un ego permanente o yo metafísico. El pensamiento “soy un sotápanna, soy superior, soy mejor”, es el pensamiento engañado, fantasioso, iluso, de una persona atrapada en la creencia del yo, del ego, la creencia que insiste en la comparación y en establecer diferencias del tipo superior/inferior. Otros están peor aún: dicen que son Buddhas o Paccekabuddhas (Buddhas solitarios), pero son personas vulgares, ordinarias, groseras, arrogantes, pretenciosas. Personas que no saben lo que realmente son o que deliberadamente engañan a sus lectores y amigos por quién sabe qué razones. Tales personas están atrapadas en el octavo y en el décimo impedimentos, por lo menos. Conozco una de estas personas que en todo lo que escribe y dice hay odio, desprecio, menosprecio. Eso es el quinto impedimento (odio, mala voluntad, rabia). Está tan llena de rabia y mala voluntad esa persona que ni siquiera puede fingir el estilo refinado, educado, civilizado, amable, pacífico, de los verdaderos Buddhas y Arahants. Su odio, su rabia, su desprecio le impide si quiera fingir la amabilidad, la cordialidad de los seres verdaderamente iluminados.

Amigos, aprendan todo esto, porque esta información contiene claves valiosísimas para que ustedes juzguen por ustedes mismos y no se dejen engañar por personas confundidas que están buscando seguidores desesperadamente. Cuando le dije a una de estas personas confundidas (o deliberadamente engañadoras) que, si hubiera un Paccekabuddha (un Buddha solitario) en nuestro tiempo, tal ser no utilizaría la Internet ni tendría un blog para enseñar el Dhamma, me respondió que los seres iluminados utilizarían la Internet para comunicarse entre sí. Esta persona es tan ignorante del Dhamma, de la Enseñanza, que ni siquiera sabe que los (pacceka)Buddhas se comunican entre sí mentalmente, de mente a mente, por telepatía: ¡Los Buddhas y Paccekabuddhas no necesitan Internet ni teléfonos celulares para comunicarse entre sí! Y son esos pequeños fragmentos de locura, de ignorancia, los que delatan a esas personas confundidas, a esas personas no-iluminadas que por alguna razón están diciendo que son Buddhas y Paccekabuddhas. Tenemos que estudiar la mente iluminada y la mente no-iluminada, no sólo para no engañarnos a nosotros mismos sino también para que otros no nos engañen con sus locuras, con sus fantasías.

Amigos, yo no escribo esto como un iluminado. Si acaso soy un ariya, un parcialmente iluminado… si acaso, soy un sotápanna, uno que ha entrado en la corriente. Pero si realmente lo soy no voy a utilizar eso como un “adorno”, como un “argumento” para enseñarle algo a alguien o para convencer a alguien de algo. Alguien que realmente ha entrado en la corriente no necesita ufanarse de ello, menos aún aquellos que están en el segundo, tercer y cuarto nivel de la iluminación. Basta decir que todo lo que escribo aquí lo conozco porque estudié los suttas, estudié el Dhamma, lo puse en práctica, medité y entendí por mí mismo, con mi propio discernimiento. Puedo escribir sobre la mente no-iluminada y sus trampas no porque sea yo un iluminado sino porque estudié mi propia mente no-iluminada y descubrí sus trampas, sus excusas, sus métodos de disuasión y manipulación y presión. No habré descubierto todos sus métodos todavía, pero por lo menos me encuentro un poco más cerca del Despertar y por eso puedo escribir con la autoridad de uno que ha visto esto con sus propios ojos, que lo ha vivido en su propia mente. Yo he destruido en mi mismo tantas fantasías, tantas locuras, tantos auto-engaños, que eso me permite explicarlo a otros, en nuestro lenguaje moderno, a aquellos que no tienen acceso a los suttas o que no pueden digerir el estilo antiguo de los suttas. De aquí en adelante en este texto sólo me queda apelar a tu razón y a tu capacidad de ser objetivo. No voy a mentirte. No voy a engañarte como otros que dicen ser iluminados, Buddhas o Paccekabuddhas. No lo soy. Pero eso no importa. Tú mismo sabrás por ti mismo, en algún momento.

El escepticismo y la mente no-iluminada

El escepticismo y la duda razonable en sí no son algo malo. Todo lo contrario. Parte de nuestra inteligencia consiste en dudar y en razonar. Pero… La mente no-iluminada es astuta, es perezosa por naturaleza, desconfiada y no-confiable, experta en filtrar el Dhamma, rechazar el Dhamma, para no tener que cambiar nada, para no tener que comprometerse, para no tener que hacer ningún esfuerzo. Verás que en muchas personas la mente no-iluminada utiliza el escepticismo como instrumento, como palanca, para no tener que poner un pie en el Sendero, para no tener que hacer ningún sacrificio, ninguna purificación. Por eso es que el Buddha señaló la duda escéptica como uno de los impedimentos que obstaculizan el avance en el sendero del Dhamma, en el camino al Nibbána y nuestra liberación del samsára. El Maestro no se refería a la forma sana, prudente, de escepticismo: se refería al escepticismo a priori, al escepticismo “ciego y cerrado”, que es el instrumento que las contaminaciones mentales utilizan para establecerse cómodamente en el nicho de la mente para toda la vida.

Así la persona escéptica a priori no tiene que creer ni siquiera que el Buddha existió en primer lugar. No tiene que creer que el Buddha enseñó algo útil y verdadero. No tiene que creer que, si el Buddha existió y enseñó algo útil y verdadero, esa enseñanza está disponible para nosotros ahora. Y así, el escéptico a priori, ciego y cerrado en su duda automática (tan ciega y tan carente de inteligencia como la fe ciega del creyente), va descartando una a una todas las posibilidades de llegar a la verdad. El Camino Medio Buddhista también consiste en apartarse de estos dos extremos: ni duda escéptica a priori, ni creencia ciega en la tradición y las escrituras.

Así dice la mente no-iluminada:

“Eso el Buddha nunca lo dijo… El Buddha nunca enseñó eso… La tradición está corrompida… La verdad no está en los suttas. Todo el Canon Pali es una falsificación, una creación de los monjes, una tradición retrógrada, ignorante, supersticiosa…”

Tanto en grupos de Buddhismo en Facebook como en Google Plus he leído comentarios de escépticos automáticos que dicen que en 2500 años NADIE ha logrado la iluminación, el despertar (bodhi) porque la enseñanza verdadera del Buddha se perdió para siempre y NADIE más ha logrado poner en práctica su método original de liberación. ¿Y cómo saben ellos que nadie se ha iluminado en 2500 años? Sólo una persona iluminada puede sondear 2500 años de historia universal en este mundo para poder saber si alguien más se ha iluminado o no. Las personas que hacen comentarios como esos están diciendo entre líneas que ellos sí son iluminados, que ellos sí saben la verdad, pero nadie más lo sabe, nadie más se ha iluminado. Es la megalomanía, la arrogancia absoluta y absurda de la persona no-iluminada que en su ignorancia, en su auto-engaño, cree ella ser un iluminado sin realmente serlo. Esto es la tercera raíz del mal (moha: auto-engaño) en todo su “esplendor”.

Así es cómo la mente no-iluminada se sale con la suya, así es experta en evadirse de la realidad, y en el proceso también engaña a otros con sus fantasías y delirios de grandeza.

La mente no-iluminada también dice así:

“El renacimiento no es literal, es metafórico… El kamma no es como lo dicen los suttas… No existe ni el cielo ni el infierno… El cielo y el infierno son estados mentales, estados de consciencia. Siempre hemos renacido como humanos, siempre renaceremos como humanos… Nunca cambiamos de forma (animales, petas, asuras, devas)…”

Estas son las excusas, las generalizaciones, las tergiversaciones, las falacias, las suposiciones, las simplificaciones de la mente no-iluminada para no tener que asumir los preceptos (pañcasíla), para no tener que purificarse, para no tener que asumir la conducta virtuosa (síla), para no tener que ser generosa (dána) y desprenderse de lo material. Porque si una persona cree que siempre renacerá como humano, en el plano de los humanos, entonces puede dejar el estudio y la meditación para después… “Será en la próxima vida, en la próxima existencia… tengo tiempo de sobra”. En su auto-engaño la persona cree que por toda la eternidad renacerá como ser humano y que por tanto no tiene sentido esforzarse mucho.

Pero todo es anicca, cambiante, mutable, impermanente. Nuestra forma humana no es una forma permanente de ser. No seremos siempre humanos. No hay nada fijo, estable, en el universo. POR ESO cambiamos de forma cuando renacemos. POR ESO podemos tener otras formas en otros planos de existencia. No se puede sostener la creencia de que siempre renaceremos como humanos sin contradecir lo que el Buddha enseñó sobre anicca: que todo cambia, que todo muta, que todo se transforma en otra cosa. Y así las personas que sostienen esa creencia errónea de que su forma humana es fija para toda la eternidad no se dan cuenta que eso no es coherente con TODO lo demás que enseñó el Buddha. Así la mente no-iluminada escoge lo que le gusta, lo que le causa placer, y desecha lo que le incomoda, lo que le causa desagrado. “Anicca me desagrada. Lo desecharé. Los planos de existencia me desagradan. Lo desecharé. Eso de que puedo renacer como fantasma, como demonio, como animal, como deva, no me gusta. Lo desecharé…”

La mente no-iluminada es traicionera. O se aferra tercamente a una opinión durante toda la vida, o cambia de opinión a conveniencia de un momento a otro. Una persona cita los suttas de la manera más fanática, y a la semana siguiente está diciendo que los suttas son una falsificación, una tradición supersticiosa e ignorante. Otra persona, profundamente confundida y llena de ignorancia dice que sólo nueve suttas valen la pena y que hay que quemar todos los demás, y esa persona ni siquiera ha leído los otros suttas (porque no han sido traducidos al español), ¿cómo esa persona sabe que lo demás no vale nada si no lo conoce? Así es la mente no-iluminada: no sólo está confundida, es altanera, arrogante, pretenciosa, pedante.

Así vive atrapada la persona no-iluminada en su propia mente. Y por eso el Buddha nunca le dijo a una persona laica “sé tu propio refugio”. Eso se lo dijo el Buddha a sus bhikkus y bhikkunís, monjes y monjas que ya habían renunciado al mundo, que ya se habían purificado en cierta medida. Una persona confundida, perdida, llena de impurezas, dominada por su propia mente no-iluminada, no puede ser su propio refugio. Sólo los que se han purificado por medio de la renuncia (nekkhamma), por medio de la conducta virtuosa (síla) y de la meditación (samadhi) pueden ser su propio refugio. ¡Y cuánto desprecio siente la mente no-iluminada por los bhikkhus y por la Sangha! ¡Cuánta sorna, cuánto menosprecio, cuánta indiferencia! ¿Ves como todo tiene sentido? Lee esos blogs de esas personas

Un consejo de una persona que estuvo atrapada en el lado oscuro de su mente durante muchos años y que gracias a la Doctrina del Buddha logró salir de ese laberinto (por lo menos parcialmente): sigue confiando y creyendo ciegamente en tu propia mente no-iluminada y nunca avanzarás en el Noble Sendero, ni en esta vida ni en ninguna. Si la duda escéptica, ciega y cerrada, a priori, es tu contaminación mental, tienes que admitirlo y darte cuenta. Si la raíz de la fantasía y del auto-engaño es la mayor impureza de tu mente, tienes que admitirlo y darte cuenta. Estas cosas son como la drogadicción y el alcoholismo: mientras haya negación de tu parte, cualquier posibilidad de sanación, de mejora, de emancipación, será imposible de llevar a cabo.

Tienes que ser firme u decirle a tu mente: “No seguirás engañándome. No seguirás mintiéndome. No quiero más excusas. No quiero más manipulaciones, más mentiras, más engaños, fantasías, ilusiones… Tienes que decirme la verdad. Tienes que ver la verdad. Estás contaminada. Estás llena de impurezas. Tienes que purificarte. Tienes que limpiarte.” Y entonces toma refugio en la Triple Joya, para que tu sendero comience bien, comience con buen pie. Y luego asume los Cinco Preceptos para que la purificación mental, moral y espiritual comience. Así es como se hace. Esta es la manera correcta. Así es como los monje y las monjas han logrado la emancipación definitiva a lo largo de estos 2500 años. Así es como la Enseñanza se ha puesto en práctica y ha rendido fruto. Así es como muchos se han liberado ya.

Y cuando tomes refugio en la Triple Joya y cuando asumas los preceptos, tienes que pensar lo siguiente, establecerte en lo siguiente: “Por medio de esta práctica me purifico a mi mismo, por medio de esta Doctrina, de esta Disciplina, de esta Enseñanza, esta mente se purifica. Por medio de estos preceptos y este refugio, se destruyen estas impurezas, estas fantasías, estos engaños, esta ignorancia…” Y te aferras a esto con toda tu fuerza, porque esto es lo mejor, lo más grande, lo más valioso, lo más elevado que, como persona laica, puedas hacer en esta preciosa vida humana.

> Tomar refugio en la Triple Joya.

> Los Cinco Preceptos.

> La enseñanza gradual del Buddha en seis etapas.

Codicia.

__________________________________

Buddhismo Theravada para principiantes en una sola página (abrirá en otra ventana):

> Buddhismo Theravada para principiantes.

Libros sobre Buddhismo y meditación para leer en línea o descargar en PDF:

El brillo de la vida.     El conocer sucede ahora.     Las cuatro nobles verdades.

La clave de la liberación.    Manteniendo presente la respiración.

El hombre que se llamaba a sí mismo Tathágata.      No Ajahn Chah.

Estrategia Noble.       En las palabras del Buddha.       Dhammapada.

Con cada respiración.         Cómo meditar.       La fortaleza interior.

Bases de la moral buddhista.       Buddhismo en pocas palabras.

Buena pregunta, buena respuesta.

Para leer en línea (catálogo de librosbudistas.com):

Anuncios