Astrología kármica: karma y kamma, dharma y dhamma, reencarnación y renacimiento…

La astrología es algo inmenso y rico que se personaliza en la mente y quehacer del astrólogo. El astrólogo (por lo menos el buen astrólogo, el constructivo, el positivo) la hace suya y diseña su propia forma de explicarla y de ponerla en práctica. Esto es así –y debe ser así– porque la astrología es una ciencia humanista, y las humanidades son cualitativas y personalizables, mucho más que las llamadas “ciencias naturales”. También debe ser así porque es la fórmula ideal para la mayor velocidad de evolución de un sistema de conocimiento: mientras menos “personalizable” es una ciencia (digamos por ejemplo, la biología, o ese metalenguaje de la ciencia que es la matemática), más invariable se mantiene a través de las décadas.
Hay una correlación hermosa entre el enjambre de satélites y planetoides que la astrología (trans)moderna occidental está incorporando al corpus teórico y a la práctica astrológica actual y el avance genial que experimentó la física después de las teorías de Einstein y del quantum. Así como la física comenzó a descubrir, a partir de la primera mitad del siglo 20 y del vistazo inicial y terrible de la bomba atómica, todo ese enjambre de partículas subatómicas, de variados colores y “sabores” y tamaños, así la astrología también ha comenzado a “descubrir” todos estos asteroides y planetoides que ahora se incorporan a la carta astral.
La astrología kármica es un ejemplo de la evolución de la astrología y también un ejemplo de la evolución cultural total del mundo Tierra, puesto que Occidente se alimentó y se sigue alimentado de Oriente, no sólo en el sentido de que la astrología moderna desciende en muchos puntos de las astrologías asiáticas y de las del Medio Oriente. La astrología kármica es una forma de retroalimentación, a nivel filosófico, que ha experimentado la astrología moderna, desde finales del siglo XIX cuando los teósofos (principalmente Alan Leo, pero también figuras más recientes como Dane Rudhyar) modernizaron la astrología antigua europea durante la primera mitad del siglo XX.
La mencionada retroalimentación ocurrió a nivel filosófico porque la teoría del karma no incorpora novedades o reformas en el aspecto técnico-práctico de la astrología occidental sino en su “estructura profunda”, en su “ideología de fondo”: para todos los astrólogos modernos y transmodernos la manera de levantar la carta natal u horóscopo es la misma, y las técnicas de cálculo de los aspectos y orbes, progresiones y tránsitos, es la misma, indistintamente de que el astrólogo incorpore o acepte la noción de karma y lo que esa noción implica. Lo que sí cambia es el grueso y el alcance de las interpretaciones que el astrólogo kármico hace de los distintos elementos del cosmograma individual. Los Nodos Lunares tienen entonces para él una significación adicional o más específica, y la ubicación de los planetas en las casas y cómo están constituidas determinadas casas también.
La astrología del karma, o la astrología kármica, asume una forma especial en mí, porque soy buddhista y la teoría del karma del buddhismo es diferente a la que ha prevalecido en Occidente desde su popularización a manos de los teósofos europeos y americanos. La astrología kármica se personaliza en mi y se convierte en astrología kámmica, si me permiten la expresión. La diferencia no es sólo de nombre: kámmica o kámmico viene del substantivo pali kamma, que es el término representativo de la teoría del kamma (karma se dice en sánscrito) tal como se mantiene en el Buddhismo desde hace 2550 años. En Occidente, la teoría buddhista del kamma es muy poco conocida y hay una confusión general entre la teoría del karma del hinduismo/brahmanismo y la teoría del kamma del Buddhismo Original. Como la primera ha penetrado en Occidente ampliamente a través de los intercambios culturales de las anteriores colonias británicas de ultramar y también, lamentablemente, gracias a la sistemática introducción errónea que la Teosofía hizo de los conceptos buddhistas para Occidente, el grueso de los occidentales no tiene conocimiento de diferencia alguna entre las dos teorías y, de hecho en la mayoría de los casos ignoran que la teoría buddhista del kammasea realmente diferente a lo que hemos aprendido en Occidente. A continuación explicaré las diferencias entre ambas tradiciones.
Representación satírica del karma. No la intención del artista, pero ilustra perfectamente la idea esencial de la teoría del karma.

 

El karma, dharma, reencarnación, Brahma y atman

Karma. Tradicionalmente se ha usado el idioma sánscrito para registrar y estudiar las escrituras sagradas de la India, tanto las deístas como el hinduismo como las no deístas como el buddhismo. En el hinduismo y en el brahmanismo se habla de karma (sánscrito) y de reencarnación. La palabra karma significa acción y puede ser negativo o positivo, dependiendo de si es moralmente mala o buena la acción. La acción mala pone en movimiento una “energía”, por decirlo de alguna manera, que sale del individuo y producirá efectos sobre él en el futuro. Acciones moralmente buenas producirán efectos positivos. Acciones moralmente malas producirán efectos negativos. Las acciones en tanto causas son de carácter moral, pero los efectos en el futuro serán de carácter físico y psicológico, por ejemplo nacer en la pobreza o en la riqueza, ser feo o atractivo en una siguiente vida, nacer en una mala o buena familia, en una clase social inferior o superior, etc. En general en Occidente se entiende bien esta definición hasta este punto. Esta es la definición que pertenece al hinduísmo deísta, al brahmanismo y al vedismo hindú, que son tradiciones distintas al Buddhismo.
Dharma. El dharma no es lo contrario del karma, como han enseñado erróneamente muchas secta de Nueva Era. Dharma no es el karma positivo. Dharma es una especie de ley misteriosa y oculta que sugiere el camino o misión de una persona determinada en una vida determinada. Algunos serán cantantes famosos y multimillonarios porque así lo define su dharma para esa existencia en particular. Otros serán individuos paupérrimos, totalmente anónimos y alienados, porque así lo define –supuestamente– su dharma. Eso es lo que los hinduístas creen. Una persona confundida, que no se ha explorado a sí misma, que no se conoce a sí misma, constantemente traicionará su propio dharma, siendo y haciendo lo que no debería ser y hacer. He aquí la clave de la importancia del dharma como ley de vida individual y diferente para cada persona. Es algo íntimo y único que cada uno de nosotros debe descubrir y honrar con nuestras acciones, pensamientos y palabras. Esta es la definición que pertenece al hinduísmo deísta, al brahmanismo y al vedismo hindú, que son tradiciones distintas al Buddhismo.
Representación artística del atman o chispa divina. Se representa como una figura humana en miniatura en el corazón del ser humano.

 

Reencarnación, Brahma y atman. La reencarnación o metempsicosis es el fenómeno según el cual una esencia espiritual determinada (un espíritu) abandona un cuerpo determinado y se aloja en un cuerpo nuevo en un momento sucesivo. Al período en que esa esencia espiritual o espíritu vive en un cuerpo determinado se le llama vida, existencia o encarnación, y puede ser humana o animal. A esa esencia espiritual se le denomina en sánscrito atman, lo cual significa literalmente ser o yo. Sin embargo, el término ha sido traducido con expresiones más pintorescas como chispa divina, mónada espiritual o, el introducido por la Teosofía: átomo permanente. Esto se debe a que en la religión de los brahmanes y de los vedas el atman es imaginado como una chispa de fuego sagrado que proviene de Brahma (el Dios Creador Supremo). Se supone que todo lo que rodea al atman (es decir el cuerpo y la mente) en una encarnación es mutable, mortal e imperfecto, mientras que el atman mismo es inmutable, inmortal y perfecto como su fuente de origen (Brahma). El atman es el portador de la identidad espiritual, real, de la persona: el cuerpo puede variar de una encarnación a otra, pero un atman determinado es siempre el mismo ser o espíritu. La teoría del karma y de la reencarnación son consubstanciales con la creencia en la existencia de la chispa divina (atman) y del Creador Supremo (Brahma). Todo esto viene en el mismo paquete filosófico/religioso del hinduísmo deísta, del brahmanismo y del vedismo hindú.
Una de las muchas representaciones artísticas del dios Brahma.

 

Una astrología kármica, por consiguiente, es aquella en la que el astrólogo explícita o tácitamente asume o sostiene que existe una chispa divina en el ser humano, que esa chispa divina es inmortal, inmutable, perfecta y portadora de la identidad espiritual del sujeto, y que es capaz de migrar de un cuerpo a otro de manera sucesiva (nunca de manera sincrónica), generando lo que llamamos reencarnaciones. Además, sería bastante extraño que el astrólogo kármico no incluyese en su estructura ideológica astrológica también la existencia de un Dios Creador Supremo del cual provienen las chispas divinas individuales. Todo esto parece muy específico y limitativo, pero si estudiamos las ideas de los astrólogos teósofos (y de aquellos influidos por la teosofía), nos daremos cuenta que muchos de ellos son por definición astrólogos kármicos, incluidos Alan Leo y Dane Rudhyar, por mencionar sólo dos, aunque ellos mismos titulen su forma personalizada de astrología como astrología humanista y no como astrología kármica.
De manera lateral, o colateral, la astrología kármica tiene resonancias ideológicas de fondo con las tres principales religiones deístas de Occidente (el cristianismo, el islamismo y el judaísmo), por lo menos en los aspectos de la creencia en un dios supremo creador y en la existencia de las chispas divinas individuales. Entendemos así por qué la astrología humanista y kármica (a partir de Alan Leo), han comenzado, incluso hasta el día de hoy, a reconciliarse de alguna manera con el cristianismo, el islamismo y el judaísmo, por lo menos en el contexto de sus creyentes más progresivos o menos dogmáticos.

El kammadhamma, renacimiento y anatta

Nos referiremos ahora al idioma pali. Este idioma o dialecto es lo más cercano que tenemos al idioma que utilizó el Buddha Gotama para recorrer el norte de la India y propagar su Doctrina. Incluso es posible que el Buddha haya hablado este idioma, como segunda lengua, con muy pequeñas variaciones a lo que nos ha llegado del mismo desde épocas y lugares tan remotos. El pali y el sánscrito se parecen bastante, si bien el primero es más antiguo que el segundo, el cual ha mutado más en los últimos tiempos.
Kamma. La teoría buddhista del kamma se parece bastante a la del hinduismo/brahmanismo. Las acciones se definen dependiendo de la intención del individuo al momento de realizar la acción: acciones hechas con buena intención traerán consecuencias positivas, acciones hechas con mala intención traerán consecuencias negativas. Hay también un kamma neutro, que es el que se produce cuando la persona actúa sin ninguna intención teñida de avaricia, odio o (auto)engaño. Este tipo de kamma no produce “frutos” en el futuro, ni buenos ni malos. Las consecuencias del kamma se definen también a grandes rasgos como en el hinduismo/brahmanismo, pero el Buddha introdujo muchos otros detalles a la teoría del karma de acuerdo con su propia propuesta filosófica.
Dhamma. En el buddhismo este término tiene muchas definiciones. Significa, entre otras cosas, ley, doctrina, verdad, realidad, objeto mental. Cuando los buddhistas lo escriben con mayúscula, Dhamma, se refieren a la Doctrina de Buddha, es decir la Religión de Buddha (en este sentido específico se puede traducir dhamma como religión). Esta palabra se encuentra abundantemente en el Canon Pali, debido a su dilatada polisemia. Pero en general se puede decir que en el Buddhismo no existe la creencia en esa ley misteriosa u oculta (dharma) que sugiere el destino y la misión del individuo: se reconoce al sujeto como un agente más o menos libre, que puede definir su destino en cada momento, que no está atado a alguna ley oculta o misteriosa que le obligue a sufrir tal o cual futuro, porque eso ya lo hace el kamma, la energía de las acciones pasadas que condiciona nuestro presente y futuro.
El Dhamma o Dharma suele ser representado como una rueda con ocho radios. Este símbolo es el símbolo oficial de la India (y del Buddhismo en general), aunque actualmente el Buddhismo es una religión minoritaria en ese país que vio nacer al Buddha Gotama.

 

Anatta. La diferencia más impresionante entre el brahmanismo y el buddhismo es que en éste último no existe la creencia en una chispa divina. Esto el Buddha lo definió como anatta (en sánscrito: an-atman), que significano-ser, no-yo, no-ego. La teoría buddhista del anatta es complicada y difícil de entender. Para poder entenderla debemos mencionar las tres características universales de todos los fenómenos definidas por el Buddha. Buddha insistió en que todos los fenómenos (autoconscientes y no-autoconsciente, vivos o inertes) en el universo poseen tres características:
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  1. Impermanencia o mutabilidad. Todos los fenómenos (seres y cosas) cambian, mutan, se transforman. No existe ningún fenómeno en el universo, ni siquiera un dios o espíritu, que sea inmutable y eterno. Todo es perecedero.
  2. Insatisfactoriedad o imperfección. Todos los fenómenos (debido a que son mutables y perecederos) son por tanto insatisfactorios e imperfectos. No hay seres ni cosas perfectas, por lo tanto todos los seres y cosas en el universo son fuente potencial de malestar y sufrimiento para los seres que son capaces de sentir.
  3. Ausencia de un ego-identidad o chispa divina. Ningún ser o cosa en el universo posee un yo permanente, inmutable y perfecto. Por consiguiente, los seres humanos no poseen ninguna chispa divina, espíritu, esencia espiritual eterna, átomo permanente o mónada espiritual divina.
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La tercera característica no implica que el ser humano no existe o que no tiene esencia o substancia:implica que su esencia o substancia es impermanente, imperfecta y no portadora de una identidad espiritual divina. Buddha se refirió al dios Brahma asegurando que ese ser espiritual de gran poder no es en realidad el creador del mundo. Según Buddha el universo aparece y desaparece sucesivamente, creciendo y luego decreciendo, de manera impersonal, mecánica, automática, sin principio ni fin. El ser espiritual que llamamos Brahma, según Buddha, engañado por la magnificencia de su propio poder y luz, cree ser el dios creador del universo, sólo por el hecho de haber sido el primer ser autoconsciente que apareció en este universo en el principio de esta era cósmica. Lo que Buddha desprende de esta revelación es que los seres humanos no pueden poseer ninguna chispa divina proveniente de Brahma puesto que Brahma en realidad no es ni Suprema ni Creador, ni eterno ni perfecto. Cuando esta era cósmica llegue a su fin, todos los seres desaparecerán en la gran destrucción final, incluidos todos los seres espirituales poderosos que se definen como brahmas y como maras.
Representación del principio del anatta. El Buddha solía decir que el ser humano “está vacío de substancia”, queriendo decir que no poseemos realmente una substancia eterna, perfecta e inmutable en nuestro interior. En Occidente esto se ha interpretado erróneamente como una forma de nihilismo o negacionismo de la existencia humana. Pero si no tenemos substancia fija esencial, ¿que somos? Somos el cúmulo de fenómenos y substancias condicionadas que rodean ese vacío.

 

Renacimiento. ¿Y qué tiene todo esto que ver con el kamma y la reencarnación? Al no existir ninguna chispa divina en el hombre, en el buddhismo ya no hablamos entonces de reencarnación sino derenacimiento. Aquí el ser renace, no reencarna. La reencarnación implica la re-encarnación de una chispa divina o sustancia espiritual: si no hay ninguna chispa divina, hay simplemente re-nacimiento del ser, re-aparición del ser en el mundo o en algún otro plano de existencia. El kamma positivo y negativo es la energía que predetermina la reaparición de un ser determinado en forma humana o animal, incluso en forma de fantasma (peta), de demonio (asura) o de un ser resplandeciente (deva).
La teoría del anatta es una de las cosas más desconocidas en Occidente y una de las teorías más rápidamente rechazadas debido al preacondicionamiento cultural que los Occidentales tienen con respecto a los conceptos de Dios y de un alma inmortal. El Buddhismo es diametralmente opuesto, en este sentido, a las otras tres principales religiones mundiales (cristianismo, islamismo, y judaísmo): no sólo en el tema de la ausencia de un ego-identidad sino también en la interpretación radical, chocante para la mente occidental, que el Buddha expuso sobre el verdadero status ontológico del dios Brahma (y por extensión, de cualquier dios que se crea a sí mismo como supremo y creador). Esto es chocante para la mente deísta, pero simpatiza, o debería simpatizar, de manera evidente con el racionalismo científico moderno y parcialmente con el ateísmo secular.
Pero, volviendo al tema del anatta, si no hay una esencia espiritual de algún tipo, ¿cómo es posible que los seres renazcan? ¿Por qué no simplemente desaparecen al morir? La Doctrina de Buddha nos dice que se debe a que la gran cantidad de kamma generado en vida es lo que produce que el ser reaparezca en el mundo. Gran parte de ese kamma está constituido por el deseo de poseer forma física, el deseo de existir en el mundo, el deseo de vivir eternamente, de no morir, el apego a la juventud y a los placeres de la vida, etc. Este cúmulo de deseos de existencia mundana es lo que causa que el ser reaparezca una y otra vez en el mundo. Pero en última instancia, no se trata de “algo” que transmigra de un cuerpo a otro, o de “algo” que provenga de un mundo espiritual o de un dios supremo. En otras palabras, el kamma crea o predispone el renacimiento de un ser determinado, una y otra vez, durante siglos, milenios. A este ciclo de renacimientos interminables en el mundo se le llama samsara.

Una astrología kámmica

Delineadas ya las diferencias entre karma y kamma, reencarnación y renacimiento, atman y anatta, podemos definir entonces qué implicación tiene todo esto para un tipo particular de astrología. En la práctica las diferencias serían virtualmente ninguna, así como no hay diferencia evidente entre la astrología tradicional y la kármica. Los elementos de la teoría astrológica significan lo mismo: las casas, los signos, los planetas, los aspectos. Las técnicas astrológicas tampoco sufren ninguna reelaboración: las progresiones son progresiones, las revoluciones, los tránsitos, los ingresos, todo queda igual. Sin embargo, a nivel filosófico, a nivel de la “estructura profunda” de la astrología, las implicaciones son gigantescas.
Una astrología kámmica se aleja completamente del espectro de las escuelas astrológicas que se enmarcan en las creencias deístas de algún tipo. No existe la creencia en un dios supremo en la astrología kámmica, ni en una chispa divina o espíritu perfecto, y en ese sentido podría etiquetarse de “astrología atea”. Ningún YO SOY o mónada espiritual o átomo permanente. El cosmograma es entonces simplemente un mapa de la trama intrincada del kamma positivo y negativo que un individuo “heredó” de sus vidas pasadas. Seguimos viendo en él lo que el astrólogo kármico ve, excepto el trasfondo ideológico de la transmigración de un espíritu o chispa divina y del origen divino de ese ego-identidad.
Una astrología kámmica debería entonces emparentarse con una visión empírica de la astrología. No hay muchos astrólogos ateos y escépticos. Una astrología kámmica podría resonar con el carácter no-deísta y no-átmico de muchos científicos, racionalistas, y hombres de ciencia que no simpatizan con una astrología imbuida de deísmo, de metafísica platónica/aristotélica y de Teosofía. El problema es que la astrología kámmica también debería heredar por lo menos parte del andamiaje ético-ascético-moral del Buddhismo, y en el estado actual, intelectualmente subdesarrollado, panfletario y recalcitrantemente reaccionario del ateísmo/escepticismo en Occidente, será difícil una integración semejante.
Para un astrólogo kámmico sería absurdo, por ejemplo, como también lo sería en el Buddhismo, estudiar la carta natal para adquirir poder mundano o explotar los planetas astrológicos para inyectarle combustible a nuestras bajas pasiones y tendencias viciosas. Una vez conocí a un joven que quería estudiar astrología para hacerse rico y para tener un poder psicológico mayor sobre las personas para poder manipularlas y moverlas como piezas en un tablero de ajedrez. Por supuesto que semejante intención de principio es también aberrante en el contexto de una astrología deísta, kármica o no kármica. Pero más aberrante aún sería en una astrología kámmica que lo que busca es darle herramientas a la persona para transcender la mundaneidad, la constitución mundana del ser. Muchas veces los astrólogos olvidan que los planetas son entidades físicas y que la constitución astral de la persona es aún una constitución mundana, porque los planetas y los signos son rasgos del universo físico, material y no principios espirituales superlativos o últimos. Y en ese olvidar, en la astrología deísta algunos astrólogos tienden a “diosificar”, a endiosar, a deizar, a los planetas y a los signos, cosa que sería imposible en una astrología kámmica, porque en ésta la carta astral no es más que una radiografía energética de la constitución invisible del ser, y no un mapa que muestre algún dharma o misión particular de vida.

La carta natal como un mapa del dharma del individuo

En la astrología kármica y en la llamada astrología espiritualista (muy influida por la Teosofía), se interpreta la carta natal de la persona como si fuese una especie de mapa o diagrama del dharma del individuo, dharma como lo define el hinduismo/brahmanismo. Es lo que, con sus propias palabras, Dane Rudhyar nos dice, en Las casas astrológicas, cuando escribe que nuestra configuración astral muestra lo que deberíamos ser y hacer. Si una persona tiene el Sol en Virgo, entonces la función psicológica representada por el Sol debería asumir las maneras y temas de Virgo. Si esa persona, por algún método (hipnosis, psicoterapia, uso de drogas, meditación, visualización, etc) tratase de cambiar las funciones de su Sol, como queriendo que su Sol pertenezca a otro signo, entonces la persona estaría traicionando su dharma, estaría yendo en contra de su verdadera forma de ser. Eso es lo que nos dice Dane Rudhyar y la astrología kármica o espiritualista cuando nos presenta la carta natal como un mapa del dharma del individuo. Y hasta cierto punto eso tiene sentido. Tratar de forzar una función psicológica de la persona es como tratar de usar una herramienta en determinada tarea para la cual dicha herramienta no está fabricada. En ese sentido la persona estaría dejando de ser genuina o fiel a su configuración astrológica.
Sin embargo, desde el punto del vista de una astrología kámmica, el asunto sería parecido pero ligeramente diferente, en el sentido de que la carta natal es un mapa del kamma negativo y positivo que hemos heredado de vidas pasadas y no tanto una ley misteriosa que debamos obedecer o seguir ciegamente “porque está escrita en el cielo”. Una persona con el Sol en Virgo nació con esa configuración astral por causa de las cosas que pensó, dijo e hizo en vidas pasadas. No es algo bueno o malo per se: simplemente es. Igualmente, dependiendo de lo que haga, piense y diga (su conducta total) en esta vida, en la siguiente podrá nacer con el Sol en un signo que mejor represente su mezcla particular de kamma positivo y negativo, porque todo el kamma está mezclado en la carta natal, y no es fácil juzgar qué es bueno y qué es malo. ¿Es malo nacer con el Sol y la Luna en oposición? Ciertamente es difícil, pero lo que se puede hacer con esa configuración en términos de aprendizaje y evolución frecuentemente es mayor que un aspecto más fácil entre el Sol y la Luna. Se dice que las personas que nacen con una carta llena de trígonos y sextiles, sin oposiciones ni cuadraturas ni ubicaciones complejas, tienen una vida plácida, fácil de llevar. ¿Por ello diremos que esa configuración es mejor que otra más compleja? Los sujetos con cartas astrales complejas han producido un grande impacto sobre la humanidad con sus hechos y obras, sus inventos, sus escritos. Eso no está “escrito en piedra” en la carta natal, pero la configuración es un punto de inicia para grandes logros o para muy pocos, de manera que juzgar la configuración astral es algo infinitamente subjetivo y relativo.

Buddhismo Theravada: Los Treinta-y-Un planos de existencia

Como aclaratoria inicial debo explicar que este tema NO ES METAFÍSICA. En un grupo de Buddhismo publiqué algo sobre esto y una persona me respondió: “El Buddha despreció la metafísica. El Buddha no habló nunca de estas cosas”. En primer lugar, el Buddha no despreció la metafísica: simplemente consideró que no era un tema de interés para los efectos prácticos de la emancipación del samsára y de la extinción de dukkha (el malestar, la insatisfacción en la existencia). En segundo lugar, en el pensamiento filosófico de  Buddha los treinta-y-un planos de existencia no son metafísica porque estos planos forman parte del mundo, de la existencia mundana, del samsára. POR ESO es que encontramos muchos suttas en los que el Buddha habla extensamente sobre estos planos. POR ESO es que en el Theravada no pensamos que estos suttas sean añadidos posteriores de la tradición o falsificaciones insertadas por los monjes compiladores.

Ninguna cosa ni ningún ser mencionados en estos niveles de existencia están “fuera del mundo” o “más allá del mundo” (eso es lo que significa metafísica literalmente). Nada en estos niveles es transmundano. La única realidad transmundana, el único fenómeno transmundano (y por tanto metafísico en términos occidentales) es el Nibbána. Es lo único que está más allá del mundo, más allá del tiempo y del espacio. Entonces, en términos REALES del lenguaje buddhista, en términos reales del pensamiento filosófico de Buddha, la única manera en que podemos hablar de metafísica es si discutimos sobre el Nibbána: que si es un objeto o no lo es, que si es un plano o no lo es, que si está físicamente en el mundo o no, que si es eterno o no, que si los seres dejan de existir en él o no, que si los seres se vuelven inmortales en el Nibbána o no… Todo esto es hablar de metafísica en términos del Buddha y POR ESO es que el Bienaventurado no respondió preguntas de este tipo ni se enganchó en discusiones para responder esas preguntas respecto al Nibbána.

Entonces: no, esto no es metafísica. Podemos hablar de ello y podemos decir con toda confianza que todo esto fue REALMENTE enseñado por el Buddha.

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No es lógico ni racional decir que los infiernos y los cielos de los que habla el Buddha en los suttas no existen, puesto que están constituidos por una materia que es imperceptible para los humanos. (La mente es invisible e intangible y sin embargo existe, ¿cierto?) Afirmar la no existencia del infierno es una creencia, igual que afirmar que existe. Es decir, por afirmar que algo invisible no existe, no somos automáticamente más inteligentes, más racionales y más informados que aquellos que afirman que ese algo invisible existe. No obstante, el Ven. Samahita opina (y me parece una explicación bastante lógica) que esos veintinueve planos o dimensiones de existencia que no percibimos podrían estar contenidos en ese 95% de materia oscura y energía oscura que no sabemos qué es exactamente. Sólo podemos ver y percibir el 5% de la materia y energía del universo: el resto es invisible e intangible. (Por cierto, cuando los científicos hablan de ese 95% de universo invisible e intangible, no están hablando de metafísica, están hablando de física, igual que el Buddha cuando hablaba de estos planos de existencia.) Hasta ahora no sabíamos que ese 95% de energía y materia existía. Sólo una persona de mente totalmente cerrada podría decir que ese 95% no existe o que en ese 95% no podría haber mundos y seres sintientes. Así se ven las personas que dicen que este tema de los 31 planos de existencia es cuestión de ignorancia y de superstición.

Otra cosa. Aquí en occidente algunos buddhistas tienen la extraña idea de que el renacimiento es algo metafórico, no literal, o que los seres humanos siempre renacen como seres humanos. En esta forma diluida, light, de Buddhismo, las personas rechazan la idea de renacer como fantasmas (petas), demonios (asuras), animales y devas (seres de luz). Dicen que es una tradición retrógrada, supersticiosa, ignorante. No se dan cuenta que todo es anicca (impermanencia, mutabilidad, cambio). Debido a que todo es anicca, ningún ser tiene una forma definida. No hay aquí un dios creador supremo que predeterminó, en el principio de los tiempos, que usted debía renacer como ser humano por toda la eternidad. No hay aquí ninguna identidad estable, fija, que se repita por eones y eones de tiempo. Ningún fantasma renace por siempre como fantasma, ningún demonio renace por siempre como demonio, ningún animal renace por siempre como animal, ningún humano renace por siempre como humana, ningún deva renace por siempre como deva. ANICCA EN TODO Y POR TODOS LADOS! Y es POR ESO que nosotros en el Theravada creemos que el Buddha sí enseñó el renacimiento en distintas formas y planos de existencia. No hay nada, absolutamente nada en el mundo (universo) que tenga un estado fijo, estable. Renacer sólo como seres humanos implica que hay “algo” en ti que es estable, fijo, algo que siempre asume la misma forma en el mundo. Y eso es una fantasía.

Puede ser que las descripciones en el Canon Pali sobre los detalles de la vida en los reinos celestiales o en los infiernos sea un añadido posterior, o una contribución de la imaginación de los monjes compiladores. También puede ser que los relatos sobre cómo tal persona renació en el infierno o reapareció como fantasma o como animal, sean contribuciones posteriores de la tradición. No somos fundamentalistas en la exégesis del Canon Pali. PERO el principio general de que existen distintos planos de existencia, de que todos estos planos de existencia conforman el samsára (es decir, no son transmundanos, metafísicos) y de que debido a anicca el ser muta, se transforma y renace con distintas formas en distintos planos… todo esto definitivamente fue la enseñanza verdadera del Buddha. Lo podemos decir porque esto tiene coherencia lógica, coherencia interna, con los temas del kamma y las otras dos características universales (dukkha y anattá). Dése cuenta que si introducimos la idea de que el ser humano renace siempre como ser humano, surgen preguntas como: ¿Quién determinó que así fuera? ¿Por qué sí hay una identidad estable en el ser humano y no en otras cosas del universo? ¿Por qué el kamma se limita a crear renacimiento en el plano humano y no en otros planos? Si el ser humano tiene una identidad fija como ser humano, ¿cómo podría entonces abandonar el samsára? Así, las personas que se permiten este tipo de fantasías tienen alojada en su cabeza una forma contradictoria de Buddhismo, una forma de Buddhismo que carece de coherencia lógica. Y nuestra forma de Buddhismo (el Theravada), que es juzgada como retrógrada, supersticiosa e ignorante, es realmente la que posee coherencia interna y lógica entre todas sus partes. Generalmente los corpus religiosos que son el producto de la tradición o de añadidos posteriores no poseen esta coherencia interna porque son el producto de muchas personas, de muchas mentes. Que el Canon Pali sea tan extenso (once veces más largo que la Biblia) y que posea tal coherencia interna es un indicio de que su fuente de información fue una sola persona, una sola mente: el Buddha. POR ESO nuestras razones (entre otras) para creer que el Canon Pali contiene las verdaderas Enseñanzas del Buddha, no es una cuestión de fe ciega o convicción ignorante: es la conclusión lógica, racional, a la que han llegado aquellos que lo han estudiado SIN PREJUICIOS y sin parcialidad ideológica.

¿Por qué las personas comunes rechazan la idea de que puedan renacer como fantasmas, demonios, animales o devas? Lo hacen porque necesitan aferrarse a la idea de algo estable. Necesitan creer que su identidad espiritual, final, última, está definida. El orgullo, la arrogancia de ser humano les hace sentir vergüenza y miedo de sólo pensar que puedan renacer como fantasmas, demonios o animales. Pero la persona que ha meditado, la persona que ha comprendido por sí misma los principios de anicca, dukkha y anattá (y yo he meditado y lo he comprendido), ya no se aferra a ninguna fantasía respecto a alguna estabilidad o “dignidad” de una forma de ser en específico. Esta fantasía, este auto-engaño de creer que siempre renacerás como un humano es la versión en aniccá así como la creencia en una chispa divina (alma inmortal, yo metafísico, ego-identidad permanente) es la fantasía correspondiente en anattá, en la negación de anattá.

Y así, cuando avanzas aún más en el Sendero, por medio de la meditación, descubres por ti mismo que ciertas personas iracundas, malvadas, depravadas, fueron asuras (espíritus iracundos o “titanes”) en su vida anterior. Aún queda un remanente del rasgo distintivo que los hizo renacer en ese plano en su existencia anterior. Y algunas personas que nacieron “cansadas”, con una pesadez, con un hastío que no comprenden, como si el hecho de ser humanos fuera una carga insoportable, son seres que fueron devas en su existencia anterior. Aferrados a la ligereza de la materia en los planos superiores, y a la falta de envejecimiento y enfermedad que caracteriza a los devas, sienten ahora que vivir como humanos es un castigo, una tribulación. Y muchos humanos que no sienten el más mínimo interés por el conocimiento y el aprendizaje, que sólo viven para comer, defecar y copular, son seres que vienen del reino animal. Et cetera…

Thus Have I Heard_fotograma_reino celestial.
Representación visual de uno de los reinos celestiales. Fotograma de la película animada “Thus Have I Heard”.

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Los Treinta-y-un planos de existencia están divididos en tres niveles principales.

  1. El mundo sensorial. Contiene once reinos o planos de existencia, de los cuales los cuatro más inferiores constituyen los estados de privación.
  2. El mundo de materia fina. Contiene dieciséis reinos o planos de existencia.
  3. El mundo inmaterial. Contiene cuatro reinos o planos de existencia.

He aquí un esquema de los treinta-y-un planos con sus nombres. Los planos se numeran comenzando desde abajo, desde el más inferior o bajo (traducido del libro “Teacher of the Devas”, de Susan Elbaum Jootla © 1999). Los nombres entre paréntesis están en idioma pali.

Treinta-y-un planos de existencia

  • Cuatro planos del Reino Brahmánico Inmaterial:
    • (31) Plano de Ni Percepción Ni No-Percepción
    • (30) Plano de la Nada
    • (29) Plano de la Consciencia Infinita
    • (28) Plano del Espacio Infinito
  • Dieciséis planos del Reino Brahmánico de Materia Fina:
    • Siete planos en los que se renace por medio del cuarto jhana:
      • Cinco Residencias Puras:
        • (27) Los Devas Más Elevados (Akanittha)
        • (26) Los de Clara Visión (Sudassi)
        • (25) Los Hermosos (Sudassa)
        • (24) Los Serenos (Atappa)
        • (23) Los Resistentes (Aviha)
      • (22) Plano de no-percepción, sólo materia, sin mente
      • (21) Los de Grandes Frutos
    • Tres planos en los que se renace por medio del tercer jhana:
      • (20) Por medio del tercer jhana en su grado más elevado
      • (19) Por medio del tercer jhana en su grado medio
      • (18) Por medio del tercer jhana en su grado más bajo
    • Tres planos en los que se renace por medio del segundo jhana:
      • (17) Por medio del segundo jhana en su grado más elevado (Abhassara)
      • (16) Por medio del segundo jhana en su grado medio
      • (15) Por medio del segundo jhana en su grado más bajo
    • Tres planos en los que se renace por medio del primer jhana:
      • (14) Por medio del primer jhana, plano del Gran Brahma
      • (13) Por medio del primer jhana, plano de los ministros de Brahma
      • (12) Por medio del primer jhana, la cohorte de Brahma
    • Once planos de Reinos Sensoriales :
      • Siete Planos Sensoriales de Felicidad:
        • Seis planos dévicos:
          • (11) Devas que controlan las creaciones de otros seres
          • (10) Devas que se regocijan en su propia creación
          • (9) El Reino Tusita — El Plano del Deleite
          • (8) El reino de Yama
          • (7) Reino de los Treinta-y-tres
          • (6) Catummaharajika — Plano de los Cuatro Reyes
        • (5) Plano de los seres humanos
      • Cuatro Reinos Inferiores de Sufrimiento:
        • (4) Plano de los fantasmas hambrientos (petas)
        • (3) Plano de los espíritus iracundos (asuras)
        • (2) Reino animal
        • (1) Reinos infernales (Niraya)

 

Ahora veamos en detalle los nombres de cada uno de los planos en idioma pali, algunos comentarios, la causa de renacimiento en ellos y las referencias en el Canon Pali que sustentan esta información (traducido del artículo “The Thirty-one Planes of Existence, editado por Access to Insight, ©2005):

 

Los Treinta-y-un planos de existencia

©2005 Access to Insight.

The Thirty-one Planes of Existence“, editado por Access to Insight. Access to Insight (Legacy Edition), 30 de noviembre de 2013, http://www.accesstoinsight.org/ptf/dhamma/sagga/loka.html .

I. El mundo inmaterial (arupa-loka)

Reino Comentarios Causa de renacimiento
(31) Ni-percepción-ni-no-percepción (nevasaññanasaññayatanupaga deva) Los habitantes de estos reinos están constituidos solo por una mente. Careciendo de un cuerpo físico son incapaces de escuchar la enseñanza del Dhamma. El cuarto jhana sin forma
(30) La Nada (akiñcaññayatanupaga deva) El tercer jhana sin forma
(29) Consciencia Infinita (viññanañcayatanupaga deva) El segundo jhana sin forma
(28) Espacio Infinito (akasanañcayatanupaga deva) El primer jhana sin forma

II. El mundo de materia fina (rupa-loka)

     
(27) Devas sin igual (akanittha deva) Estas son las cinco Residencias Puras (suddhavasa), que son accesibles sólo para los-que-no-vuelven (anagami) y los arahants. Seres que se convierten en los-que-no-vuelven en otros planos renacen aquí, donde alcanzan el arahantado.

Entre sus habitants se encuentra Brahma Sahampati, quien rogó al Buddha que enseñase el Dhamma al mundo (SN 6.1).

El cuarto jhana. (Ver por ejemplo: AN 4.123.)
(26) Devas de visión clara (sudassi deva)
(25) Devas hermosos (sudassa deva)
(24) Devas sin problemas (atappa deva)
(23) Devas que no se desvían (aviha deva)
(22) Seres inconscientes (asaññasatta) Sólo tienen un cuerpo; sin mente.
(21) Devas muy fructíferos (vehapphala deva) Los seres en estos planos disfrutan grados diversos de gozo producido por los jhanas.
(20) Devas de Gloria Refulgente (subhakinna deva) Tercer jhana, nivel avanzado. Ver por ejemplo: AN 4.123.)
(19) Devas de Gloria Ilimitada (appamanasubha deva) Tercer jhana (nivel medio)
(18) Devas of Gloria Limitada (parittasubha deva) Tercer jhana (nivel menor)
(17) Devas de Resplandor Fluyente (abhassara deva) Segundo jhana (nivel avanzado). (Ver por ejemplo: AN 4.123.)
(16) Devas de Resplandor Ilimitado (appamanabha deva) Segundo jhana (nivel medio)
(15) Devas de Resplandor Limitado (parittabha deva) Segundo jhana (nivel menor)
(14) Grandes Brahmas (Maha brahma) Uno de los habitantes más famosos de este reino es el Gran Brahma, una deidad cuyo auto-engaño le hace creer que es el todo-poderoso omnividente creador del universo (DN 11). Primer jhana (nivel avanzado)
(13) Ministros de Brahma (brahma-purohita deva) Los seres en estos planos disfrutan diversos grados de gozo producido por los jhanas. Primer jhana (nivel medio)
(12) Cohorte de Brahma (brahma-parisajja deva) Primer jhana (nivel menor). (Ver por ejemplo: AN 4.123.)

III. El mundo sensorial (kama-loka)

DESTINOS FELICES (sugati)    
(11) Devas que tienen poder sobre la creación de otros (paranimmita-vasavatti deva) Estos devas disfrutan de placeres sensuales creados por otros para ellos. Mára, la personificación del engaño y del deseo, vive aquí. Diez cursos de acción ventajosa (MN 41)

Generosidad.

El desarrollo de la virtud y sabiduría (AN 10.177)

(10) Devas que se deleitan en la creación (nimmanarati deva) Estos devas se deleitan en los objetos sensoriales de su propia creación.
(9) Devas Contentos o el Cielo Tusita (tusita deva) Un reino de puro deleite y alegría. Los Bodhisattas viven aquí antes de su último nacimiento humano. Aquí es donde el bodhisatta Metteya, el próximo Buddha, reside actualmente.
(8) Devas de Yama (yama deva) Estos devas viven en el aire, libres de toda dificultad.
(7) Los Treinta-y-tres Dioses (tavatimsa deva) Sakka, un seguidor del Buddha, preside este reino. Muchos devas que habitan este plano viven en mansiones en el aire.
(6) Devas de los Cuatro Grandes Reyes (catumaharajika deva) Hogar de los gandhabbas, los músicos celestiales, y de los yakkhas, espíritus de los árboles de diversa pureza ética. Estos últimos son análogos a los duendes, trolls, y hadas de los cuentos de hadas de Occidente.
(5) Seres humanos (manussa loka) Usted se encuentra aquí (por ahora).

El renacimiento como ser humano es extraordinariamente infrecuente (SN 56.48). Es también extraordinariamente precario debido a que su balance único entre placer y dolor (SN 35.135) facilita el desarrollo de la virtud y sabiduría al grado necesario para liberarlo a uno de todo el ciclo de renacimientos.

El desarrollo de virtud y sabiduría. (AN 10.177)

El logro de entrar-en-la-corriente (sotapatti) garantiza que todos los renacimientos futuros sean en el reino humano o en los reinos superiores.

 

ESTADOS DE PRIVACIÓN (apaya)

     
(4) Plano de los Asuras (asura) Los demonios — “titanes” — que habitan aquí están enganchados en un conflicto sin descanso entre ellos mismos. · Diez acciones desventajosas (MN 41)
(3) Plano de los fantasmas hambrientos (peta loka) Fantasmas y espíritus infelices vagan desesperanzadamente en este reino, buscando en vano la satisfacción de placeres sensuales.

Leer la descripción colorida de Ajaan Lee sobre este reino.

· Diez acciones desventajosas (MN 41)

· Carencia de virtud, sostener puntos de vista errados (AN 10.177)

(2) Plano de los animales (tiracchana yoni) Este reino incluye todas las formas de vida no-humanas que son visibles para nosotros en circunstancias ordinarias: animales, insectos, peces, aves, gusanos, etc. · Diez acciones desventajosas (MN 41)

· Carencia de virtud, sostener puntos de vista errados. Si uno es generoso con monjes y monjas, sin embargo, uno puede renacer como un animal “ornamentado” (por ejemplo: un ave con plumaje brillante, un caballo con rasgos atractivos, etc.; AN 10.177).

· Comportarse como un animal (MN 57)

(1) Infierno (niraya) Estos son reinos de un sufrimiento y angustia inimaginables (descritos con detalle gráfico en MN 129 y MN 130). No debe confundirse con el infierno eterno del que hablan otras religiones, ya que el tiempo de un ser en este plano  — así como en todos los otros — es temporal. · Diez acciones desventajosas (MN 41)

· Carencia de virtud, sostener puntos de vista incorrectos (AN 10.177)

· Asesinar a tus propios padres, asesinar a un arahant, causar heridas a un Buddha o crear un cisma en la Sangha (AN 5.129)

· Ser belicoso y molesto hacia otras personas (Snp II.6)

 

Fuentes:

  • Buddhist Dictionary, por Nyanatiloka Mahathera (Kandy: Buddhist Publication Society, 1980).
  • The Buddhist Religion: A Historical Introduction (cuarta edición), por R.H. Robinson y W.L. Johnson (Belmont, California: Wadsworth, 1997).
  • The Long Discourses of the Buddha (Introducción), traducido por Maurice Walshe (Boston: Wisdom Publications, 1987).
  • A Manual of Abhidhamma, por el Ven. Narada Thera (Kuala Lumpur: Buddhist Missionary Society, 1979).
  • The Middle Length Discourses of the Buddha (Introducción), traducido por Bhikkhu Ñanamoli y Bhikkhu Bodhi (Boston: Wisdom Publications, 1995).
  • Teacher of the Devas (Wheel Publication 414/416), por Susan Elbaum Jootla (Kandy: Buddhist Publication Society, 1997).
  • The Three Worlds (diagrama), compilado por el Ven. Acaro Suvanno (impreso para distribución gratuita por los devotos y Señor y Señora Lim Say Hoe y familia).

Puedes descargar esta información sobre los planos en formato PDF aquí (abrirá en otra ventana):

> Los Treinta y Un planos de existencia.

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Buddhismo Theravada para principiantes en una sola página (abrirá en otra ventana):

> Buddhismo Theravada para principiantes.

Libros sobre Buddhismo y meditación para leer en línea o descargar en PDF:

El brillo de la vida.     El conocer sucede ahora.     Las cuatro nobles verdades.

La clave de la liberación.    Manteniendo presente la respiración.

El hombre que se llamaba a sí mismo Tathágata.      No Ajahn Chah.

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Buena pregunta, buena respuesta.

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Las tres características universales aplicadas a los cinco cúmulos de apego

He escrito antes sobre las tres características universales que es una parte esencial de la propuesta filosófica del Buddha. Como ya has de saber, se trata de tres cualidades que caracterizan a todos los fenómenos en el universo, sean objetos o sean seres, sean seres no autoconscientes o seres autoconscientes. El Buddha afirmaba que todas las cosas condicionadas o compuestas (sankhárá) se caracterizan por:

  1. Aniccá (del pali, impermanencia). Esto es, son impermanentes, mutables, nunca eternas.
  2. Dukkhá (del pali, insatisfactoriedad). Esto es, son imperfectas, insatisfactorias, generadoras de estrés, de angustia.

La tercera característica se refiere a todos los fenómenos (dhammá), lo cual incluye tanto a las cosas condicionadas o compuestas como a las que no lo son (el Nibbána):

  1. Anattá (del pali, no-yo). Esto es, que carecen de un ser divino permanente y perfecto, de un yo-objeto, de un ser que sea una “cosa en sí”.

Es importante señalar siempre que anattá no es la negación de la existencia de un yo o ser convencional sino la negación de la existencia de un yo o ser metafísico (alma inmortal, espíritu divino, chispa divina, mónada eterna, aliento divino, etc). Entonces, yo como individuo, como ser, sí existo pero carezco de un yo metafísico que sea eterno, perfecto y portador de mi identidad “espiritual”. Esto es lo que significa la teoría de anattá. El Nibbána está incluido en esta tercera característica para implicar que en el estado Supremo, más allá del tiempo y del espacio y de los cúmulos de apego, tampoco hay un ser metafísico eterno e indestructible.

Ahora explicaré la teoría buddhista de los cinco cúmulos de apego. El Buddha estudió –como un excelente filósofo fenomenológico que fue– toda la experiencia humana y la clasificó o dividió en cinco compartimentos de experiencia que llamó los cinco cúmulos o cinco agregados. Los cinco cúmulos o agregados no son objetos en sí, no son cosas fijas, sino flujos de procesos. Por eso cada uno de ellos es un “cúmulo”, una “pila” de varios items. Los items del mismo tipo se reúnen en grupos reconocibles. Cada uno de esos grupos es un cúmulo o agregado de existencia. Los cinco cúmulos o agregados de existencia son:

  • El cúmulo de la forma (los cuerpos o entidades físicas).
  • El cúmulo de las sensaciones (o sentimientos).
  • El cúmulo de las percepciones (etiquetas perceptuales).
  • El cúmulo de las construcciones mentales (pensamientos intencionales).
  • El cúmulo de la consciencia (el espacio o “estructura” psíquica).

Estos cinco cúmulos son generales para todos los seres sintientes. Todos nosotros compartimos algo dentro de este universo quíntuple de flujos de procesos. Ellos son nuestro “mundo”, lo que llamamos mundo en filosofía.

En particular cada ser vivo tiene su propia parcela “privada” en cada uno de los cinco cúmulos. Es como decir que los cinco cúmulos forman todo el universo conocido y experimentable, de todos los seres en su conjunto, pero que cada ser particular tiene una pequeña porción de todo este conjunto. Esa pequeña porción, “mi” pequeña porción, son “mis” cinco cúmulos de apego. Mis agregados de apego o existencia son esos mismos cinco mencionados arriba, pero ahora se trata de mi forma, mis sensaciones, etc. A los cinco cúmulos como dimensiones de la existencia mundana los llamamos simplemente así: cinco cúmulos. Pero a los cúmulos individuales los llamamos cinco cúmulos de apego, porque el ser los utiliza para aferrarse a la existencia. Los cinco cúmulos o agregados de apego de una persona:

  • El cúmulo de la forma (su cuerpo).
  • El cúmulo de las sensaciones (sus sentimientos).
  • El cúmulo de las percepciones (sus etiquetas perceptuales).
  • El cúmulo de las construcciones mentales (sus pensamientos intencionales).
  • El cúmulo de la consciencia (su espacio o “estructura” psíquica).

Ahora bien, el Buddha aplicó la reflexión de las tres características universales a los cinco agregados de existencia o apego y de eso extrajo una meditación excelente, que es un hito fundamental de la consciencia buddhista. Nótese que el pensamiento buddhista alcanza en este punto un tono totalmente opuesto a cualquier forma de platonismo, neoplatonismo o metafísica aristotélica, un tono de percepción en que lo más impresionante quizás, para nosotros occidentales, es la noción de que ninguno de los cúmulos es portador de nuestro ser final o es nuestro ser final (ese yo metafísico negado en la descricpión de anattá).

Habiendo negado la existencia de un yo metafísico (que, como tal debía existir fuera del mundo o más allá del cuerpo), el iniciado en la Doctrina de Buddha podía llegar a pensar que su ser o yo definitivo está entonces en alguno de los cinco cúmulos de apego o que algunos de los cinco cúmulos de apego es el ser o yo definitivo de la persona. Con esta meditación la persona llega a comprender que, aunque los cúmulos de apego representen su yo o ser convencional (mundano), en última instancia no son ningún ser esencial o definitivo.

Hay que darse cuenta de que en esta reflexión/meditación las características universales tienen un efecto acumulativo o de secuencia:

  1. primero admitimos que un cúmulo o agregado en cuestión es inestable, temporal, impermanente (esto es aniccá);
  2. luego admitimos que por causa de ello el cúmulo en cuestión es frágil, molesto, frustrante, causa de malestar y que por tanto no tiene sentido pensar que es perfecto o buscar satisfacción en él (eso es dukkhá);
  3. y en tercer lugar, debido a lo anterior, es imposible que el cúmulo en cuestión sea un yo final o definitivo o que pueda portar dentro de sí un ser final y definitivo (eso es anattá).

Uno debe reflexionar así en primera persona, pensando en los cúmulos de apego de uno mismo:

Esta forma [cuerpo] es inestable, temporal, momentánea, transitoria, fugaz y evanescente. Por tanto esta forma es frágil, molesta, frustrante, causa de angustia, causa de malestar y en última instancia decepcionante. Por tanto esta forma no es “mía”, no es ningún “yo”, no es lo que “yo soy”.

Estos sentimientos [sensaciones] son inestables, temporales, momentáneos, transitorios, fugaces y evanescentes. Por tanto estos sentimientos son frágiles, molestos, frustrantes, causa de angustia, causa de malestar y en última instancia decepcionantes. Por lo tanto estos sentimientos no son “míos”, no son ningún “yo”, no son lo que “yo soy”.

Estas percepciones son inestables, temporales, momentáneas, transitorias, fugaces y evanescentes. Por tanto estas percepciones son frágiles, molestas, frustrantes, causa de angustia, causa de malestar y en última instancia decepcionantes. Por tanto estas percepciones no son “mías”, no son un “yo”, no son lo que “yo soy”.

Estas construcciones mentales [pensamientos intencionales] son inestables, temporales, momentáneas, transitorias, fugaces y evanescentes. Por tanto estas construcciones mentales son frágiles, molestas, frustrantes, causa de angustia, causa de malestar y en última instancia decepcionantes. Por tanto estas construcciones mentales no son “mías”, no son un “yo”, no son lo que “yo soy”.

Esta consciencia es inestable, temporal, momentánea, transitoria, fugaz y evanescente. Por tanto esta consciencia es frágil, molesta, frustrante, causa de angustia, causa de malestar y en última instancia decepcionante. Por tanto esta consciencia no es “mía”, no es un “yo”, no es lo que “yo soy”.

El yo convencional y el yo metafísico

Como afirmamos más arriba, el Buddha no niega la existencia de un yo o ser convencional. Por eso, cuando le preguntaban si existía el ser o el yo, él no respondía. ¿Y por qué no responder que sí existe? Porque el que preguntaba interpretaría esa respuesta como la afirmación de la existencia de un yo metafísico o un ser final y definitivo. Recuerde que estamos hablando de hombres que vivieron hace más de 2500 años y que, igual que para nosotros, el lenguaje impedía muchas veces explicar las ideas en vez de ayudar a aclararlas.

Entonces, cuando pienso en mi cuerpo, anattá no quiere decir que, en un contexto inmediato y práctico este cuerpo no existe o que no es mío. Lo es en el sentido de que hay un ser aquí que en cierta medida lo comanda o lo utiliza. Pero lo que anattá y la meditación del Buddha pretenden lograr es hacerme entender que este cuerpo [forma] no es realmente un yo o un ser definitivo, tampoco que este cuerpo no envuelve o cubre un yo o ser metafísico que de alguna manera esté escondido dentro de este cuerpo. Por lo tanto:

  1. debo entender plenamente que este cuerpo es impermanente, mutable (y esto es cierto)…
  2. y que por ello este cuerpo es insatisfactorio, causa de angustia (y esto es cierto)…
  3. y que por ello no me conviene creer que el ser o el yo es este cuerpo, o que este cuerpo es portador de este ser o este yo.

Y así debemos seguir la línea de investigación con los otros cuatro cúmulos de apego. El propósito de este ejercicio mental y espiritual es eliminar la causa del sufrimiento, del malestar, de la angustia, del estrés, que tienen su origen en la creencia de que somos estos cúmulos de apego, o que estos cúmulos de apego son permanentes, satisfactorios y portadores de un yo definitivo. El Buddha descubrió que mientras las personas creen o viven como si los cúmulos (especialmente la forma, el cuerpo) fueran inmutables, eternos, sufren en gran medida al descubrir, con la vejez, que en realidad no lo son. Que mientras las personas viven en base al placer o felicidad (sukham) que obtienen de los cúmulos, sufren en gran medida cuando los mismos cúmulos les dan sufrimiento y angustia (dukkham), por ejemplo cuando enfermamos. Es como una relación tóxica de amor y odio: nos dan placer pero también nos dan sufrimiento. Entonces, para eliminar tanto el sufrimiento que nos dan como la relación tóxica en sí que tenemos con ellos, debemos entender que los cúmulos son insatisfactorios, causa de angustia, de malestar. El tercer descubrimiento del Buddha es quizás el más trágico o difícil de comprender: ¿Que yo no soy mi cuerpo? ¿Que yo no soy mis sentimientos, mis pensamientos, mi consciencia? El problema aquí es que los cúmulos de apego son temporales, nacen y mueren, y después de la muerte, con el renacimiento, adquieren otras formas, otras características, otros detalles. Yo no soy igual a la persona que fui en existencias anteriores, tampoco seré igual en existencias futuras. De hecho no seré la misma persona, seré otra. Entonces, ¿cuál es mi verdadera identidad, mi identidad duradera, definitiva? No la poseo. No tenemos una identidad duradera, definitiva. Ese es el punto de anattá.

Con la muerte llega el sufrimiento más grande para la persona que comete los errores de creer en la permanencia, la satisfactoriedad y el ego-identidad de los cúmulos de apego, porque con la muerte queda demostrado que los cúmulos de apego en realidad son temporales e insatisfactorios, y que además no poseen ni son un yo final o definitivo. Habiendo eliminado todos estos errores, todos estos puntos de vista incorrectos, inoportunos, inconvenientes, inhábiles, la persona elimina la causa del sufrimiento que viene con la enfermedad, la vejez y la muerte. Por esto es que se dice cientos de veces en el Canon Pali que esta Enseñanza consiste en ver la cosas tal como realmente son, comprender la realidad tal como es. Desconocer las tres características universales es una forma de ilusión, de fantasía, de autoengaño.

bodhi
La persona que vive ignorante de las tres características universales o que no las aplica a su comprensión de los cúmulos de apego, son como estas figuras que llevan el sufrimiento sobre sí mismas todo el tiempo. El sufrimiento (dukkha) nace de los cinco agregados de apego pero también nace del hecho de no ver las cosas tal como realmente son (tres características universales).

Meditar constantemente en las tres características universales

Así nos lo enseñó nuestro Maestro:

TRANSITORIEDAD (ANICCÁ)

He aquí, monjes, alguna persona mora contemplando la transitoriedad en todos los fenómenos condicionados, percibiendo la transitoriedad, experimentando la transitoriedad, constante, continua e ininterrumpidamente, centrándose en ella con la mente, sondeándola con sabiduría. Con la destrucción de las impurezas ha descubierto por sí misma, con el conocimiento directo, en esta presente vida, la inmaculada liberación de la mente, la liberación a través de la sabiduría y,habiendo entrado en ella, permanece así. Esta es la primera clase de personas que son dignas de recibir ofrendas, dignas de hospitalidad, dignas de donativos y reverenciales saludos, que se convierten en un insuperable campo de méritos para el mundo.

Aniccanupassi Sutta. Anguttara Nikáya 7.16.

INSATISFACCIÓN (DUKKHÁ)

He aquí, monjes, alguna persona mora contemplando la insatisfacción en todos los fenómenos condicionados, percibiendo la insatisfacción, experimentando la insatisfacción, constante, continua e ininterrumpidamente, centrándose en ella con la mente, sondeándola con sabiduría. Con la destrucción de las impurezas ha descubierto por sí misma, con el conocimiento directo, en esta presente vida, la inmaculada liberación de la mente, la liberación a través de la sabiduría y,habiendo entrado en ella, permanece así. Esta es la primera clase de personas que son dignas de recibir ofrendas, dignas de hospitalidad, dignas de donativos y reverenciales saludos, que se convierten en un insuperable campo de méritos para el mundo.

Dukkhanupassi Sutta. Anguttara Nikáya 7.17.

SIN EGO-IDENTIDAD METAFÍSICA (ANATTÁ)

He aquí, monjes, alguna persona mora contemplando el no-ego en todos los fenómenos condicionados, percibiendo el no-ego, experimentando el no-ego, constante, continua e ininterrumpidamente, centrándose en ello con la mente, sondeándola con sabiduría. Con la destrucción de las impurezas ha descubierto por sí misma, con el conocimiento directo, en esta presente vida, la inmaculada liberación de la mente, la liberación a través de la sabiduría y,habiendo entrado en ella, permanece así. Esta es la primera clase de personas que son dignas de recibir ofrendas, dignas de hospitalidad, dignas de donativos y reverenciales saludos, que se convierten en un insuperable campo de méritos para el mundo.

Anattanupassi Sutta. Anguttara Nikáya 7.18.