Lo apolíneo versus lo dionisíaco

Actualicé la página sobre lo apolíneo. Quedó de la siguiente manera. Verán que no son desvaríos o locuras de un autista. Todo esto tiene lógica y sentido. El único problema para entenderlo es que hay que leer mucho y manejar mucha información al mismo tiempo. Espero que esto sirva de algo a las generaciones futuras. Espero que lo estudien y lo defiendan [apolíneo], y que no se pierda en la marea de cosas destructivas, nocivas, dañinas, que están brotando por todas partes [dionisíaco]…

Apolo versus Dionisos

Lo apolíneo versus lo dionisíaco es mi teoría general sobre la evolución positiva de la humanidad. La idea la he tomado de Friedrich Nietzsche, elaborando una nueva interpretación y visión sobre ella. Por ahora he publicado sólo estos dos ensayos y unas notas sobre Nietzsche-Zaratustra, que también tocan el tema de la voluntad de poder y la compasión en el ser humano.

Básicamente afirmo lo siguiente:

  • Que el darwinismo social negativo iniciado por Nietzsche (apoyado hoy por muchos ateos, escépticos, racionalistas y “defensores” de la ciencia) es destructivo y nocivo para la evolución positiva de la humanidad…
  • Que ese darwinismo social negativo es una forma de lo dionisíaco…
  • Lo opuesto a lo dionisíaco es lo apolíneo, que se presenta como el camino seguro de evolución positiva de la humanidad…
  • Que la voluntad de poder no es la única pulsión, ni mucho menos la principal, en el ser humano, el cual es un hecho moral en sí mismo (al contrario de lo que afirman los nietzscheanos y los socialdarwinistas)…
  • Que siendo la moral y la eticidad inherentes a la condición humana, entonces el colaboracionismo, el asociacionismo y la compasión son en verdad la pulsión e imperativo principal del ser humano sobre la Tierra y en cualquier sistema de mundos.

> Lo apolíneo como línea evolutiva positiva de la humanidad.

> Lo apolíneo y lo dionisíaco en el arte hoy.

> Notas sobre Nietzsche-Zaratustra.

¡LO APOLÍNEO ES LA PUERTA HACIA EL FUTURO LUMINOSO
Y LIMPIO DE LA HUMANIDAD EN ESTA TIERRA!

LO DIONISÍACO NO ES MALA, SIEMPRE Y CUANDO SEA SÓLO ARTE Y ENTRETENIMIENTO
CUANDO LO DIONISÍACO SE VUELVE ESTILO DE VIDA Y POLÍTICA SOCIAL, OCURREN LAS PEORES DESGRACIAS PARA MILLONES DE PERSONAS

LO APOLÍNEO ES BÚSQUEDA DE LUZ Y CONOCIMIENTO
DESEO DE ORDEN Y SIMETRÍA
EQUILIBRIO, ECUANIMIDAD, BELLEZA…

LO APOLÍNEO TAMBIÉN ES COMPASIÓN HACIA TODAS LAS CRIATURAS

LO APOLÍNEO ES EL PRINCIPIO SUBYACENTE EN TODO EL UNIVERSO
ES ORDEN Y LUZ, REGULARIDAD, SEGURIDAD, CREACIÓN…

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Lo apolíneo y lo dionisíaco en el arte hoy

“La dupla Apolo-Dioniso es para Nietzsche un modelo de equilibrio que permite al hombre salir de la mentira religiosa, de la fatuidad de la moral consoladora y del utilitarismo obcecado de los modernos. La visión heraclítea de la vida presentaba una temporalidad angustiante, un tiempo devorador de sí mismo en el que todo se desvanece en un devenir sin puntos fijos; la imagen del gran fuego que todo lo purifica porque todo lo devora, del morir y renacer de todas las cosas, presentaba una existencia sin justificación y sin sentido final. El hombre nada podía preguntar a este acontecer porque lo único que había de escuchar era el ruido del ojo de un remolino. Pero el arte consuela a su manera, porque es la única perspectiva que afirma que, a pesar del carácter cambiante de los fenómenos, la vida es placer en su poder indestructible. El arte salva al hombre que ha visto los impulsos destructores. La idea de Schopenhauer de un estadio de contemplación final, el Nirvana, mata la vida. El reposo en el que se fija la rueda del deseo, la negación budista de la vida, el nada querer para nada sufrir, hacen que sea la vida misma la que se detiene. No hay otro consuelo que el vivir a pesar de todo, pero no con la resignación de un destino menor, sino con la afirmación múltiple de un espíritu dionisíaco que goza de sus transmutaciones y de las alegrías de sus metamorfosis.”

Tomás Abrahám (1996). El último oficio de Nietzsche.

Editorial Sudamericana, S. A. Buenos Aires, 2005.

Me permito la licencia de tomar la dicotomía de lo apolíneo y lo dionisíaco propuesta por Nietzsche para desarrollarla como un criterio arquetípico de dos tendencias básicas contrapuestas. Entiendo que la intención de Nietzsche no era elaborar un sistema de la conducta humana (1), y sin embargo la dupla Apolo-Dioniso tiene un gran potencial en el campo del lenguaje simbólico y de la caracterología para señalar formas de ser o de “dejarse llevar”. Dos aspectos básicos contrapuestos y arquetípicos de la psique humana. Así, mi uso de la dupla como criterio de diagnóstico, no excluyente y no exclusivo, de la conducta total humana me interesa particularmente en el campo del arte para el reconocimiento de etiquetas o rótulos básicos o subyacentes de la obra de arte y de todo lo que el ser humano hace en tanto ser creativo-artístico.

Hombre de Vitruvio.
Lo apolíneo: búsqueda del conocimiento, voluntad de orden y simetría, reino de la luz y de la belleza clásica.

En lo apolíneo veo el gusto por la grandilocuencia y la espectacularidad de los diseños monumentales. Nuestras ciudades con sus grandes edificios que parecen torres y el diseño del urbanismo a sus pies, simulando venas de actividad febril reguladas por carriles y protocolos de conducta y una “danza” masiva de personas que aprenden a moverse y a transitar de acuerdo a reglas definidas. Esto es apolíneo. Es como las órbitas de los planetas que siguen su curso en sus inmensas avenidas espaciales bajo la batuta del Astro Rey (Apolo).

Hay una similitud extraordinaria entre el diseño de planta de nuestras ciudades y los circuitos integrados, como si ambos fueran versiones micro y macro de la misma obra de arte: es que ambos son obras de arte apolíneas. Además, lo apolíneo impulsa el lado científico del ser humano, la búsqueda del conocimiento. Y eso más el hecho de que lo apolíneo es el reino de lo cívico ordenado en protocolos suficientemente elegantes y eficientes, hace que nuestras ciudades modernas sean apolíneas por partida doble.

lo dionisíaco
Lo dionisíaco es el gusto por el exceso, el desdén contra la mesura, la voluntad de oscuridad, prefiere la noche y lo asimétrico y la belleza no convencional, incluso la fealdad.

Lo dionisíaco actúa como la voluntad de la disolución o como la libertad en su exceso, cosa que frecuentemente deviene en desorden y en disrupción. Su gusto por el exceso y la ebriedad en la ruptura de los límites funciona como un quehacer anti apolíneo. Dominado por lo apolíneo, el reino de la luz y de la civilidad, lo dionisíaco queda relegado en nuestras ciudades a pequeños espacios cerrados donde se experimenta el lado más “libre” de la experiencia humana. Libre entre comillas porque muchas veces lo dionisíaco no es más que una acción reactiva (es decir, negativa) que busca contradecir lo apolíneo. Los clubes nocturnos con su música estridente y sus drogas, los prostíbulos, los callejones oscuros donde lo feo es lo bello y donde lo bello es ultrajado, violado.

Lo dionisíaco en la ciudad está viciado debido al resentimiento que causa estar limitado por lo apolíneo. Lo dionisíaco en nuestras ciudades, hablando del diseño de planta o plano, son los sectores que crecen sin planificación, sectores que son construidos en base a los más básicos instintos de supervivencia y reproducción: las ciudades de cartón o latón, los barrios paupérrimos, las favelas. Esto es lo dionisíaco en su aspecto de desorden libérrimo y supeditación a las vísceras (2).

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Lo apolíneo es elegante y sobrio.

Lo apolíneo desea formas de expresión elegantes, formas que hablen de sublimación, de perfección acabada, pero de perfección en la mesura. Lo recto debe ser exactamente recto. Lo curvo debe ser hermosamente curvo. Lo plano no debe tener irregularidades. Los espacios son monumentales o pequeños pero delicados. Lo apolíneo-monumental es elegante y propiciador de sosiego, como los grandes espacios urbanos imperiales o sacros. Lo apolíneo-petit es afiligranado y escultórico, como el art nouveau. Lo apolíneo es aristocrático en la línea del sol y del dominio del sol. Por eso la escultura y la arquitectura nacen de lo apolíneo en la propuesta de Nietzsche. Lo apolíneo quiere regir en el espacio por medio de la materia, y por eso nuestras ciudades y toda nuestra naciente cultura planetaria tienden a ser apolíneas. A lo dionisíaco no le importa el espacio en sí, sino regarse a través del espacio sin límites, utilizando la materia como alimento y como trampolín. Por eso la música en la propuesta de Nietzsche tiene su relación íntima con lo dionisíaco.

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Lo dionisíaco prefiere lo oscuro, lo orgánico interno, la experiencia del exceso y de la ebriedad.

En mi visión de lo dionisíaco, como siempre quiere oponerse a lo apolíneo –porque siente que el imperio de la luz es invasivo, intrusivo–, ello prefiere formas asimétricas, la belleza de la imperfección y de la irregularidad. Las líneas rectas no son tan rectas y las líneas curvas se tuercen y rizan sobre sí mismas como intestinos.

Lo dionisíaco prefiere lo oscuro, lo etílico, lo orgánico interno (como las vísceras), lo ctónico. En el arte gráfico la estética desaliñada y oscura de Dave McKean, por ejemplo, es dionisíaca. El arte de H. R. Giger es dionisíaco porque muestra lo extraterrestre (esto es, lo extra-apolíneo, ajeno a nuestro Sol) y porque simula las formas de las vísceras, mientras que Apolo prefiere la belleza de la superficie, la piel, el cabello, la vestimenta como pieza de arte.

Deconstructivismo: lo dionisíaco disfrazado de apolíneo.

Casi todo lo que llamamos arte clásico es apolíneo. Las pinturas de Leonardo da Vinci y de Michelangelo, las esculturas y arquitecturas neoclásicas, la monumental y la brutalista, son apolíneas. No es posible la experiencia dionisíaca en un espacio regido por la proporción áurea y bañado de luz en todos sus rincones: tales espacios impulsan a la lucidez, a la reflexión, al conocimiento.

Lo dionisíaco prefiere ser laberíntico y su más reciente burla hacia la arquitectura moderna es el estilo deconstructivista. Por medio del deconstructivismo lo dionisíaco se mofa de la grandilocuencia y de elegancia de lo apolíneo en su propio terreno, la arquitectura.

Pero hay veces es que lo apolíneo y lo dionisíaco se hacen concesiones mutuas y aparecen en obras mixtas, mestizas, sobre las que es difícil decidir cuál elemento rige, si es que alguno de los dos rige.

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Catedral gótica: lo apolíneo revestido de lo dionisíaco.

La arquitectura gótica, ¿es apolínea o dionisíaca? En principio la arquitectura gótica nace por ingenio constructivo: el edificio gótico es una invención genial, más alto, más luminoso, con ventanas más grandes, con naves y bóvedas más largas y anchas. Es lo apolíneo en la estructura ósea de la catedral, del castillo gótico. Pero luego la psique humana cubrió esa estructura ósea con un revestimiento dionisíaco de esculturas enigmáticas, de laberintos y gárgolas y bestias fantásticas medievales. Las torres góticas con sus agujas y filigranas son un ensayo arquitectónico y escultórico en lo apolíneo pero vestido de un manto dionisíaco de gnosis oculta, de esoterismo encubierto. Siglos de lluvia y de intemperie completaron la apariencia oscura del edificio gótico: las manchas negras, verduzcas y pardas sobre los bloques y esculturas dieron al edificio gótico la apariencia de decadencia y de fantasmagoría que son como el chiste de Dionisos contra la búsqueda de luz y de altura de los maestros artesanos de la cofradía gótica.

Un ejemplo inverso al del edificio gótico, es decir, un ejemplo de arquitectura dionisíaca revestida de gustos apolíneos es el edificio modernista. Lo dionisíaco vuelve a la tierra para reivindicarla. Tal reivindicación la logra por medio de la imitación de las formas de la naturaleza. Enrejados que simulan ramas de viña, balcones que parecen algas gigantes petrificadas, marcos de puerta que son como hojas de árboles, muebles y lámparas y escaleras que son como caracoles y flores y miembros animales o vegetales o fúngicos. El edificio modernista desafía los ángulos rectos y las cuadrículas y el círculo, elemento geométrico apolíneo por excelencia. El edificio modernista es sinuoso, asimétrico, parabólico, curvo, semeja lo orgánico pero no lo orgánico en reposo (que puede ser simétrico y recto) sino lo orgánico en movimiento, que es como miembros que se tuercen y se conectan entre sí. Así lo dionisíaco quiso volver al sentido de la tierra en la arquitectura modernista. Pero luego la psique humana revistió este volver-a-la-tierra con la elegancia y la finura del arte apolíneo. El edificio modernista no simula completamente lo orgánico, lo simula hasta cierto punto y luego se reviste de delicadas capas doradas y verdes, de filigranas de perlas y piedras preciosas, de espacios llenos de luz diseñados para el goce artístico medido, controlado, con mesura, el goce artístico apolíneo.

Arquitectura élfica. Dibujo para la película El Señor de los Anillos.

Lo apolíneo está tan presente en nuestra psique y hace tanta presión desde dentro de nosotros, que hemos comenzado a fantasear, a coquetear, con la idea de llevar lo dionisíaco del modernismo a una forma más apolínea. Viene a mi memoria un ejemplo ficticio pero no por eso menos válido, un ejemplo sacado del cine. En El Señor de los Anillos la arquitectura élfica parece una mezcla de gótico y modernismo español: es lo dionisíaco que, presente en la arquitectura gótica como revestimiento y en el modernismo como estructura ósea, arrodillado ante lo apolíneo ha dado origen a una forma ultra sublimada de lo dionisíaco en la arquitectura. Es lo apolíneo que ha raptado, que se ha apropiado, que ha plagiado el invento dionisíaco gótico y el modernista y lo ha convertido en esas esculturas excelsas (el edificio élfico, que es como un organismo en simbiosis con los árboles) que mueven al ascetismo, a una cierta espiritualidad naturalista, conservacionista. Si tengo razón, la arquitectura contemporánea irá evolucionando cada vez más a ensayos de este tipo, hasta el punto en que los veamos como parte integral, funcional, de nuestras ciudades y sociedades.

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El modernismo adquiere formas extraterrestres en la cultura y arquitectura talonesa de la serie de ficción científica Tierra: Conflicto Final.

Lo apolíneo es tan importante para nuestra evolución positiva que parece que no somos capaces de imaginar una arquitectura extraterrestre que no sea apolínea en alguna medida y que al mismo tiempo pertenezca a una cultura superior desarrollada. En la cultura popular de la ficción científica televisiva, en Star Trek por ejemplo, la arquitectura de las razas extraterrestres dañinas, destructivas, guerreristas, es completamente dionisíaca. Es como el modernismo sin su revestimiento apolíneo, o lo gótico sin su esqueleto apolíneo. Es lo opuesto del edificio élfico. Edificios que parecen órganos internos o crisálidas de insectos malditos. Por dentro son como cuevas, como vasos conductores de un cuerpo extraterrestre para el cual somos un elemento indeseable. Lo dionisíaco absoluto nos resulta repulsivo, primitivo, retrógrado. Y para que la arquitectura dionisíaca extraterrestre nos resulte soportable, digerible, debe haber hecho concesiones a lo apolíneo. Un ejemplo es la arquitectura talonesa en la serie Tierra: Conflicto Final. Aquí los edificios parecen una forma evolucionada de modernismo pero lo dionisíaco va más allá con las formas sinuosas, que no sabemos si son vegetales o animales, produciendo una impresión de desasosiego y alguna forma de enajenación. Estos ejemplos son señales que indican tendencias inconscientes: mientras nuestra arte plástica-gráfica evoluciona hacia formas más extremas de los apolíneo, coqueteamos con la idea de que nuestra arquitectura evolucione hacia formas dionisíacas casadas con lo apolíneo, en el que caso de que nos neguemos a desarrollar lo apolíneo absoluto en la arquitectura. Coqueteamos, como cultura en evolución, con la idea del edificio élfico o del edificio talonés: no es fortuito que la arquitectura de estas culturas extrahumanas ficticias posea tales características.

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Coruscant, capital de un imperio galáctico. Tanto el diseño de planta como el diseño de los edificios reflejan el gusto apolíneo por la simetría, la elegancia y el dominio del espacio.

La otra tendencia que imaginamos como evolución arquitectónica futura para nuestra propia cultura es por ejemplo la arquitectura republicana, y la imperial, que encontramos en películas como Star Wars. La arquitectura de Coruscant es lo apolíneo absoluto en la forma de una ciudad que se extiende sobre toda la superficie del planeta (3). Y recordamos lo que escribí más arriba, que lo apolíneo busca regir el espacio, dominar el espacio, extenderse hasta donde alcance la vista. La ciudad de Coruscant es la ciudad apolínea arquetípica. Lo cual me lleva a la cuestión del carácter marcial de lo apolíneo. Según tengo entendido, para Nietzsche lo apolíneo es marcial en esencia, mientras que lo dionisíaco no. Esto no significa que lo dionisíaco sea pacifista. Nietzsche dejó muy claro, según su esquema del mundo, que el pacifismo es una forma de negación de la vida: los fuertes tienen derecho a imponer su voluntad extrema de dominio y para tal fin se arrogan la prerrogativa de la guerra. No obstante, yo no veo hay una relación intrínseca comprensible entre lo apolíneo-dionisíaco y la dualidad débil-fuerte. El fuerte puede ser apolíneo o dionisíaco. Pero Nietzsche da la impresión de opinar, al menos durante su etapa “madura” (entre 1883 y 1888), que el hombre fuerte debe ser dionisíaco: nadie tiene derecho a imponerle límites y deberes, lo único que le vale como ley natural es la propia ley interna de su voluntad de poder, que en la búsqueda de la ebriedad de exceso de sí misma parece ser dionisíaca por naturaleza. Es claro que tanto lo apolíneo como lo dionisíaco pueden asumir formas marciales, pero si tratamos de descubrir una conexión natural, funcional, entre lo marcial y lo apolíneo o lo dionisíaco, me inclino a pensar que lo dionisíaco tiende a ser más marcial que lo apolíneo.

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La Estrella de la Muerte, satélite artificial creado para destruir mundos. Lo apolíneo-marcial en su máxima expresión.

La lógica de mi análisis es que en su gozo de la experiencia del exceso y de la ebriedad de la sobreabundancia (por ejemplo, de la sobreafirmación de sí mismo), el hombre dionisíaco tiende a ser violento y destructivo. En una perspectiva macro, en lo social, nuestra tendencia dionisíaca se realiza por medio del maquiavelismo y de la guerra. Lo dionisíaco quiere destruir aquello que se le enfrenta imponiendo sanciones, limitaciones, condiciones. Porque lo dionisíaco es ctónico y visceral mientras que lo apolíneo prefiere lo discursivo-argumental de la razón y del diálogo. Mas lo apolíneo puede ser marcial en tanto es el principio del reino de la ley, del orden y del gobierno. Lo apolíneo gusta regir procesos, controlar funciones, ordenar voluntades en filas rectas con protocolos de acción detalladamente predeterminados y bien pensados hacia futuro. En ese sentido las milicias imperiales, por ejemplo las milicias romanas o las chinas modernas son aspectos de lo marcial-apolíneo. Volviendo al ejemplo de la arquitectura en Star Wars, lo apolíneo de la República Galáctica se vuelve marcial en lo apolíneo del Imperio Galáctico: La Estrella de la Muerte es lo apolíneo-marcial absoluto que en forma de arquitectura es un arma ciudad-luna artificial. Es aséptica y regulada hasta el más mínimo detalle, con sus miles de uniformados impecables y su tecnología de punta, pero es lo apolíneo-marcial en manos del mal, dirigido al servicio de la muerte y de la destrucción, lo dionisíaco-marcial (4).

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Cradle of Filth. Lo dionisíaco en la música se expresa por fuerza en las subculturas del rock metal. No obstante, como desafío y venganza contra lo apolíneo (la cultura “main stream” actual), lo dionisíaco asume formas viciadas, disruptivas, extremas. Imposible controlar aquello que busca la experiencia del exceso.

En la música lo dionisíaco ha florecido notablemente después del nacimiento del rock. Es curioso que así como lo gótico en el arte es como un revestimiento del edificio gótico, la literatura gótica con sus acentos en lo oscuro, lo misterioso-mórbido, la experiencia de la liberación de lo prohibido, lo inmoral, lo malévolo-satánico-demoníaco, ha servido como fuente de contenidos para la música dionisíaca de nuestro tiempo. Virtualmente todos los contenidos de la literatura gótica decimonónica y post decimonónica están presentes en las subculturas del metal rock, del death metal, del rock gótico, del gótico vampírico, del metal satánico y del metal luciferino, y de las miles de permutaciones que se derivan. Esta música está diseñada para originar y expresar en el hombre la embriaguez dionisíaca, vinculada esotéricamente a lo oscuro e inmoral, y la experiencia del exceso. Los referentes a los vampiros, a Lucifer, a Satanás, a los dioses paganos oscuros (lo ctónico) y a la brujería son sólo herramientas para facilitar lo dionisíaco y especialmente lo dionisíaco viciado. Esto último es lo dionisíaco resentido por la hegemonía de lo apolíneo en nuestras sociedades, que se cuela en esos mundillos de los subgéneros de “música oscura”: la sangre como símbolo del derramamiento del alma, las drogas, el salvajismo heredado de los cultos tribales, la experiencia de la ruptura de los límites y de lo moralmente establecido es fundamental en esos estilos de música postmoderna, contramoderna, ultra dionisíaca.

Por su lado lo apolíneo ha dominado casi toda la música clásica, continuando los cánones de belleza sonora de los grandes compositores clásicos. Para Nietzsche lo dionisíaco estaba presente por ejemplo en el último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven (lo que nosotros llamamos el “Himno de la Alegría”, que en realidad es un pequeño fragmento de dicho movimiento), y en las piezas wagnerianas de Las Valkirias. Esta música no tiene nada que ver con el metal, el death metal o metal gótico. ¿Cuál es la conexión entonces? Lo dionisíaco en la música para Nietzsche es el uso extremo de grandes series de acordes, de largas figuras expresivas que se repiten una y otra vez, como una danza, que no se limitan ni en el volumen ni en la rapidez, todo lo cual junto golpea el aparato auditivo del oyente y sugiere un torbellino ajeno a la gravedad de la tierra y al orden medido de lo apolíneo. Así, el mencionado movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven produce la sensación de ser arrebatado, levantado del suelo. La abundancia vocal que se superpone y se entreteje desorienta al oyente: es como estar en medio de una corriente furiosa y rápida de agua que culmina con una cascada invertida, un chorro que se eleva hacia la nada, hacia el todo. Esto es la embriaguez dionisíaca. En el caso de la música de Wagner, los distintos grupos de instrumentos producen fajos de sonido policromático que representan la grandeza de fuerzas inmensas que luchan y se oponen entre sí. El ejemplo típico es Música de Fuego Mágico. La experiencia del exceso en Wagner es lo dionisíaco-marcial, por eso la música wagneriana preferida de Nietzsche era la que dio sonido a las grandes épicas nórdicas, historias trágicas de enfrentamiento y de voluntad de poder.

Estos aspectos dionisíacos de la música clásica todavía están vigentes hoy, por ejemplo en la música que toma como plantilla –o que parece tomarla—a, por mencionar un tipo paradigmático, El Rito de la Primavera de Igor Stravinsky. La música rock y metal parecen estar muy distanciadas de Beethoven, o de Wagner o de Stravinsky porque lo dionisíaco en esos géneros ha pasado por procesos degenerativos. En primer lugar los instrumentos musicales ya no son los mismos. La percusión en la música clásica posee una riqueza increíble que ya no está presente en la simplona batería de la banda de rock. En ésta el sonido “artificial” es esencial, la guitarra eléctrica o el teclado eléctrico. El contexto del uso contemporáneo del sonido electrónico en la música rock y metal parte de los componentes de rebeldía, de desobediencia, de contra cultura, que la cultura rock y pop poseen desde el siglo XX, aunque paradójicamente tales aspectos ya no tienen sentido en una cultura que ha devenido en socialmente aceptada, banalizada, comercializada. Pero el rock y el metal insisten en los sonidos disruptivos como formas de romper con el pasado y con la estética de lo elegante-hermoso en la música, y esto constituye una conducta dionisíaca. Además el uso extremo de las posibilidades de los instrumentos, del volumen, de la repetición de las figuras, de los acordes, todo junto, produce un sonido cargado y estridente, lo más cargado y estridente posible, porque lo dionisíaco busca siempre el extremo, el exceso. Estas características se dirigen a producir una experiencia semejante, si bien saturada de referentes culturales marginales (la cultura gótica, vampírica, satánica, pagana, etc), a la experiencia de exceso y embriaguez que Wagner y Beethoven produjeron en un oído del siglo XIX, el oído de Nietzsche. Si Nietzsche pudiera escuchar a Metallica o a Cradle of Filth o a Megadeath, probablemente pensaría que es la música más horrible y espantosa que el ser humano es capaz de producir, pero luego comprendería –quizás– los complicados y enrevesados procesos sociales y culturales que, en apenas un siglo, han producido una degeneración tal de la evolución de lo dionisíaco, no sólo en la música, sino en todo el arte en general.

Y así como en arquitectura el gótico y el modernismo son formas mixtas, conciliadas, de lo apolíneo y lo dionisíaco, en música también ocurre un proceso paralelo. Hay muchos casos y ejemplos, porque en la música hay muchos estilos, géneros y horizontes culturales. Conozco y aprecio particularmente el género metalsinfónico, como un ejemplo de esa forma mestiza. Por ejemplo, la música de la banda europea Therion. Aquí tenemos los aspectos de lo dionisíaco en el metal anteriormente enumerados pero ordenados según un diseño apolíneo. No me refiero solamente al hecho instrumental en sí del uso de los sonidos sinfónicos y de las voces sinfónico-corales que, armados con la banda de rock y los sonidos electrónicos son un aspecto del mestizaje Apolo-Dioniso. Encontramos en Therion la misma búsqueda de la experiencia del exceso y de la ebriedad dionisíaca que vemos en el metal “puro” y en el death metal pero están supeditados a las líneas medidas, controladas, de la música apolínea. Es un experimento interesante sobremanera. Es música transmoderna que concilia genialmente lo dionisíaco viciado del siglo XX y lo encausa hacia una forma evolucionada que no necesariamente es esclava de lo apolíneo. Al contrario de lo que la persona dionisíaca típica siente al escuchar Therion (“es un estilo decadente, feminizado, carente de virilidad, de fuerza; si quisiera escuchar una ópera me iría al teatro…”), lo apolíneo ve en ello un paso evolutivo importante en la historia de la música. Pero como todo depende de la constitución particular de cada quien, de la inclinación dionisíaca o apolínea de cada quien, todo es juzgado de acuerdo a esas inclinaciones y constituciones. La persona dionisíaca sentirá aversión de manera natural por las obras de arte apolíneas mientras que preferirá las dionisíacas y sentirá sospecha de las formas mixtas. La persona apolínea juzgará retrógrado, dañino o simplemente feo, a la obra de arte dionisíaca, y sentirá gozo con las formas mixtas siempre y cuando el resultado sea “agradable” (es decir, bello, elegante, sobrio).

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Therion: lo apolíneo y lo dionisíaco se unen en armonía en un estilo mixto de música sinfónico-coral con el rock y el metal. El subgénero metal sinfónico, tal como ha encontrado expresión en Therion, es un experimento transmoderno muy interesante.

También domina lo apolíneo, sin duda alguna, los grandes mercados del arte, de la publicidad y de la industria del entretenimiento hoy. Así como lo dionisíaco viciado se canaliza en la drogadicción, el alcoholismo y la prostitución acreditada, lo apolíneo viciado se canaliza en toda nuestra cultura de la superficialidad y de la belleza física con nuestros concursos de belleza, nuestra obsesión por la juventud, el físicoculturismo y la industria del modelaje (íntimamente casada con la industria del entretenimiento y la publicidad y el mercadeo). Lo apolíneo prefiere la belleza de la superficie, dijimos más arriba. La piel, el cabello, la belleza de la forma humana sana y desarrollada. Nuestra cultura tiene que evolucionar positivamente en la línea de lo apolíneo y esto significa que, en algún momento, la cultura superficial de la belleza física deberá ser trascendida. No se trata de dejar de ser atractivos o de renunciar al ejercicio y al estado saludable. Se trata de dejar de fingir, por medio del maquillaje y de las cirugías plásticas, que somos atractivos y que estamos sanos. El hombre del futuro será atractivo como consecuencia de estar sano. No necesitará mecanismos de fingimiento de belleza superficial.

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NOTAS

1. No me siento convencido de esto. Que el discurso de Nietzsche esté supeditado a lo anecdótico, a lo ocasional y a lo aforístico, no implica que oculte una “voluntad de sistema”, incluso sabiendo que el mismo Nietzsche consideraba tal voluntad como falta de honestidad. Sus juicios y su búsqueda de criterios de diagnósticos de la condición humana en su totalidad son indicios de una necesidad de explicar el mundo, de descubrir patrones y procesos ocultos detrás de los fenómenos o en los fenómenos. A mi parecer esto constituye una voluntad de sistema, una voluntad de dilucidar al mundo como sistema. De lo contrario, suponiendo una inexistencia de tal carácter sistémico del mundo, no tendría sentido elaborar juicios y criterios de valor universales (esto es, aplicables a todos los seres humanos o a grandes grupos de personas) para explicar la realidad humana, lo cual es precisamente todo lo que Nietzsche hizo.

2. Esto no es juicio de valor referente a los pobres o a las ciudades de latón. Dichas estructuras son realizaciones macro de lo dionisíaco y, como escribí más arriba, esto es una explicación no exclusiva y no excluyente de los fenómenos. No niega ni modifica ni desarrolla las explicaciones sociológicas, antropológicas, historiológicas, del origen de la pobreza en las ciudades o del origen de los barrios paupérrimos. Es una explicación “metafísica” (no estrictamente; y por eso prefiero el adjetivo “esotérica”) de los fenómenos sociales, en masa o individuales. Yendo más allá de esto me queda expresar que la pobreza (sobre todo la exclusión a la educación y a los estratos más aceptados de la sociedad) condiciona a una masa de personas a vivir en un estado básico de desarrollo cívico y social. En dicho estado básico lo que queda es vivir para las vísceras y por las vísceras en una forma de vida llena de carencias y de violencia. Pero esto no es exclusivo de los pobres. El sibarita de elite, altamente educado, culturizado, rico o con acceso a la riqueza de la sociedad, también vive para las vísceras y por las vísceras, sólo que lo hace en una estructura de vida privilegiada y permisiva. Ambos estilos de vida son formas viciadas de lo dionisíaco, si bien es difícil distinguir en qué punto el vicio es ajeno a lo dionisíaco.

3. Menciono este ejemplo del cine, pero uno igualmente relevante es la ciudad de Trántor, capital del imperio galáctico en la serie novelística de La Fundación de Isaac Asimov, una ciudad inmensa que, al igual que Coruscant, se extiende y cubre toda la superficie de un planeta con metal y hormigón armado y cristal. Ignoro quién imaginó primero una ciudad semejante, pero para mí particularmente fue Asimov el primero que imaginó y describió esta ciudad que pongo como ejemplo de lo apolíneo absoluto.

4. Ya no hablando de arquitectura sino del aspecto cosmogónico de “la fuerza” y del “lado oscuro de la fuerza”, veo un paralelismo interesante con la dupla Apolo-Dioniso. En mi opinión, la espiritualidad Jedi es apolínea: es controlada y busca el control consciente y mesurado de la fuerza universal. Es ascética y auto limitada. El uso del poder de la fuerza universal es tan embriagante que es prudente, conveniente, oportuno, sabio, ponerle límites. Esto es una actitud apolínea. Pasarse al lado oscuro de la fuerza es renunciar a esa mesura, a ese control. Es rendirse a la experiencia del exceso y de la ebriedad que produce el uso sin límites de la fuerza universal. Los señores Sith son caballeros dionisíacos. Usar el odio, la rabia, el ansia de poder y de destrucción, como armas de batalla es un punto de vista dionisíaco. Lo curioso de la historia en Star Wars es que ambas formas de los dionisíaco y lo apolíneo son marciales: tanto los señores Sith como los Jedi son guerreros, son soldados al servicio de una ideología. Hubiera sido interesante ver lo apolíneo aquí desprovisto de su aspecto marcial. Veo una contradicción en lo apolíneo-marcial evolucionado: a mi parecer lo apolíneo evolucionado se aleja cada vez más de lo marcial, mientras que lo dionisíaco evolucionado se acerca cada vez más a lo marcial. Por eso en mi esquema mental lo dionisíaco en nuestras sociedades actuales incluyen a los movimientos de guerrilla, los narcos de la droga, las guerras entre señores de la droga, y todo el espectro de la criminalidad urbana (pandillas, mafias, ladrones, mafiosos empresariales o políticos, etc).


Lo apolíneo como línea evolutiva positiva de la humanidad

Darwinismo temprano versus darwinismo actual

Una opinión que antes nos parecía brillante, nos puede llegar a parecer retrógrada después de unos cinco o diez años. Recuerdo todavía aquellas conversaciones, entre el año 2001 y el 2009, en pequeños grupos de jóvenes que se caracterizaban por una crítica amarga a la sociedad y a la religión. En aquel entonces yo sólo absorbía lo que escuchaba, y también estaba de acuerdo con algunas cosas pero más que todo buscaba la manera de aferrarme a un punto de vista que simulara (o emulara) fuerza de carácter y dominio del espíritu. Era un joven reaccionario que buscaba un nicho ideológico hecho a medida y el nicho de Nietzsche siempre tiene la capacidad de simular (o emular) esa fuerza de carácter y dominio del espíritu que un tipo de persona busca en los libros.

Tarot_Rey de Espadas.Había en esos círculos no sólo personas reaccionarias que se buscaban a sí mismas, había también ese tipo de persona que trata a la sociedad con desprecio como si ella, la persona, estuviese formada de otra sustancia, de una sustancia superior. Hablamos de lo estúpida que son las masas, de cómo se dejan llevar por ideas que corrompen el espíritu, ideas diseñadas para ser asimiladas por débiles de alma, o ideas que terminan debilitando el alma en aquellos que las aceptan –obviando el hecho de que nosotros mismos también nos dejábamos llevar, en nuestra pedantería y esnobismo, por lo que alguien en el siglo XIX escribió en sus libros, en una sociedad y tiempo muy diferentes a los nuestros. Parecería que Nietzsche no es un darwinista social, y sin embargo es posible argumentar que su llamado por algunos existencialismo humanista y su sentido de aristocracia espiritual son formas sublimadas de darwinismo social, un darwinismo temprano ilustrado por los conocimientos de vanguardia de un joven que perteneció a los círculos de conversaciones reaccionarias de su tiempo. Por eso no es extraño que Nietzsche tenga alguna resonancia o continuidad en los círculos reaccionarios de tiempos sucesivos. Dicho esto, es nietzscheana una forma de darwinismo social que otorga una justificación para tomar lo que se quiere del mundo, destruyendo a “los débiles” en el camino, porque la compasión es femenina y decadente –dice Nietzsche–, y la crueldad y el instinto de supervivencia justifican la dureza y el desprecio, los cuales nos hacen fuertes y evolucionados –según Nietzsche.

Es fácil rastrear la actitud de Nietzsche en los clichés del darwinismo temprano. Se creía en el siglo XIX, apenas nacido el darwinismo, que la crueldad y la competencia despiadada eran la norma, el imperativo conductual en el reino animal. Hoy sabemos que la competencia despiadada se da entre especies distintas (y muy poco entre individuos de la misma especie) y que el ser humano no inventó el colaboracionismo y el asociacionismo: éstos son procesos cotidianos normales y masivos entre individuos de la misma especie. En otras palabras, lo que el darwinismo evolucionado, restaurado y corregido del presente nos muestra es que, el colaboracionismo y el asociacionismo son tan frecuentes y tan importantes dentro de las especies que de hecho parecen ser el imperativo conductual en el reino animal y no la competencia despiadada y la crueldad. Esto da una bofetada clara y sonante a los defensores del capitalismo y del neoliberalismo que instrumentalizan el darwinismo temprano (y el nietzscheanismo, si me permiten la expresión) para justificar las injusticias y desigualdades sociales y el principio de competencia mercantilista en las sociedades humanas. Los animales de hecho colaboran más entre sí de lo que compiten. El instinto creador en la naturaleza es más colaboracionista (incluso entre especie distintas, reconocen ahora los biólogos y zoólogos) que el instinto destructivo y competitivo.

El macho alfa versus el macho omega

Hoy releo algunos fragmentos de los libros de Nietzsche y me parece que estoy en desacuerdo casi con todo. Leo su biografía, su correspondencia, y no veo a un súper hombre, no veo a un macho alfa. Nietzsche era enfermizo físicamente, y él lo sabía. Varias generaciones de ascendentes por línea paterna educados bajo y para el luteranismo produjeron –según él mismo afirmó– una desmejora genética transmitida a él desde su padre, pastor de provincia. Su constitución débil incluía afecciones del sistema nervioso y del sistema digestivo. Me parece ver también un resentimiento subrepticio en su ambición por pertenecer a alguna clase de aristocracia (para lo cual imaginó una pertenencia a una “aristocracia espiritual”). Esa necesidad de reconocimiento de su supremacía intelectual seguro tiene su origen en su crianza al margen de la pobreza y en la dependencia económica ya sea de la manutención del Estado o de algún familiar. Veo un hombre frágil, desesperado por ser popular (la depresión que la baja venta y receptividad de sus libros le causaba son una pista reveladora), incapaz de tolerar la libertad de pensamiento en sus amigos y conocidos cercanos, cuando albergasen opiniones desaconsejadas por él. Uno debe saber qué tipo de persona uno es en un momento dado, pero también uno debe saber qué tipo de persona es esa de la cual tomamos prestadas tantas ideas. Su vida, su manera de vivir y de relacionarse con otros. Conociendo la vida privada de las persona se comprende mejor –y hasta quizás se descubre por primera vez– por qué pensó lo que pensó.

Otro aspecto polémico del darwinismo temprano es el concepto del macho alfa. Sabemos que es más que un concepto. Se puede identificar al macho alfa en las manadas. Su comportamiento es positivamente reconocible en un manojo de conductas y de señales. Pero eso es una cosa y que el macho alfa en nuestra especie deba ser igual al macho alfa de otras especies es otro asunto. Lo que funciona para algunas especies no funciona para otras. Cada especie tiene su sustrato de comportamientos arquetípicos que aseguran la supervivencia y la evolución, y resultaría desastroso intentar copiar de otras especies esos comportamientos y trasladarlos a nuestra realidad –a menos que estemos hablando de procesos universales comunes a toda la vida biológica. Y hay que considerar además el hecho evidentísimo de que no somos una especie normal. Algo tenemos que nos separa del reino animal y algo nos sugiere que debe ser así. Pero lamentablemente algunas malas lecturas del darwinismo temprano (o el darwinismo temprano en sí) han introducido aberraciones de interpretación y de comportamiento guiados por lo que creemos debe ser el macho alfa.

Nietzsche no utiliza –que yo sepa—la expresión macho omega. Es el término que yo empleo para referirme a lo que él llamó el rebaño, el hombre masa, y más específicamente el tipo de hombre masa que se aleja más de lo que supuestamente debería ser el macho alfa. Pero todo esto una fantasmagoría, una lectura errada basada en insuficiencia de datos y en primeras opiniones. Lo que para Nietzsche sería el macho alfa de nuestra especie podría ser de hecho un tipo de sujeto nocivo que obstaculiza las tendencias más positivas que la naturaleza se empeña en canalizar en el reino animal y que nosotros deberíamos emular, no por pertenecer al reino animal sino por estar en sintonía con la intención evolutiva de la materia. Y lo que hoy calificamos de macho omega podría ser de hecho un tipo de sujeto que, por estar exento de prejuicios filosóficos o de excentricidades individualistas, canaliza y realiza la intención evolutiva no sólo de nuestra especie sino de la materia toda. Esta única observación invertiría radicalmente el punto de vista nietzscheano y el darwinismo social de nuestro tiempo. Pero no tocaré en detalle ese tema aquí. Lo menciono solo para incluirlo en la elaboración de un esquema que considere lo apolíneo y lo dionisíaco como líneas de conducta evolutiva que pueden ser positivas o negativas, dependiendo de las consideraciones.

Lo apolíneo versus lo dionisíaco

Nietzsche utiliza la dicotomía de lo apolíneo y lo dionisíaco como criterios para elaborar su teoría sobre el arte griego y cómo evolucionó hacia lo dialéctico-discursivo. En principio, lo apolíneo se identifica arquetípicamente con el arte de la escultura, mientras lo dionisíaco se identifica con la música. Pero en el desenvolvimiento del quehacer artístico humano lo apolíneo y lo dionisíaco devienen –es mi opinión– en formas de estilo, en protocolos de procedimiento, en fisiologías artísticas que dejan su impronta en las obras de arte. Así el arte apolíneo (que puede ser igual música, pintura o arquitectura) se caracteriza por la claridad, la sobriedad, la mesura, la elegancia de formas, debido a que Apolo representa la luz, busca la luz y el conocimiento. El arte dionisíaco se caracteriza por el exceso, la ebriedad que produce la experiencia artística de la búsqueda de la belleza, una belleza que se encuentra incluso en la fealdad o que rompe los moldes de la belleza clásica. Lo dionisíaco en la música es la exaltación de la experiencia auditiva y la expresión de un éxtasis despojante, por ejemplo en el último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven o en la épica wagneriana de Las Valquirias.

En un ejercicio de clasificar en líneas muy generales dos aspectos contrapuestos de la psique humana, utilizo la dicotomía de lo apolíneo y lo dionisíaco para tipificar cualquier aspecto del comportamiento humano, no sólo del arte. Así llegamos a la ciencia, que es apolínea porque se aleja al máximo de la experiencia del exceso y de la ebriedad del éxtasis despojante, y porque busca la luz, el conocimiento. Pero una religión o culto determinado también puede ser apolíneo. A mi parecer, el budismo es la única religión mundial perfectamente apolínea, con sus acentos en el ascetismo, la lucidez autosostenida, la sobriedad y la mesura en el comportamiento. Lo dionisíaco está presente en los aspectos oscuros de nuestras sociedades, porque el gusto dionisíaco por el exceso y la ebriedad han devenido en las actividades viciadas, negativas de nuestras culturas: la cultura de la guerra, el capitalismo salvaje, la drogadicción, la esclavitud, los cultos ctónicos como la brujería y la santería, etc. Y también, por supuesto, lo apolíneo tiene aspectos sórdidos, pero por su naturaleza lo sórdido apolíneo es menos impresionante y menos alienante que lo sórdido dionisíaco.

Lo apolíneo y lo dionisíaco, así utilizados como criterios para evaluar toda la experiencia humana, me permiten suponer que no están al mismo nivel en una visión horizontal de la evolución humana. Uno de ellos apunta hacia abajo y el otro hacia arriba. Por lo manera en cómo lo dionisíaco ha degenerado en nuestras sociedades he llegado a creer que lo dionisíaco nos retrotrae a formas anteriores de nuestra evolución. Lo dionisíaco potencia nuestras adicciones destructivas y nuestra molicie espiritual en lo referente al proceso de originar al súper hombre. Porque lo que yo observo en la línea evolutiva de las especies, y en el paisaje total del instinto evolutivo de la materia toda es que la vida biológica avanza hacia lo apolíneo, dejando atrás lo dionisíaco. Tomás Abraham (El último oficio de Nietzsche) expone de manera muy clara, resumiendo a Nietzsche, un fragmento que me permitirá explicar mi punto de vista:

El hombre no es un animal de conocimiento, reposa sobre un fondo de voracidad, insaciabilidad, disgusto y crueldad, como atado a las espaldas de un tigre. El tigre, animal dionisíaco. ¡Dejadlo atado!, grita el arte. ¡Despertadlo!, grita el filósofo en su pasión por la verdad. Éstas son las dos puertas de la vida para Nietzsche. Soñar o morir. La voracidad del hombre de conocimiento por despertar a todo el mundo, esclarecerlo, iluminarlo, deshojarlo, esa ambición por ver o saberlo todo, hará de todo nada. El arte es la pericia humana, reconoce nuestros límites, no le pregunta nada a la calavera, la pinta y le pone un sombrero.

El hombre es un animal dionisíaco, y cualquiera que aparente otra cosa está mintiendo o fingiendo ser lo que no es, o siendo lo que no debería ser. Ésta es la idea de Nietzsche, en pocas palabras. Si aceptamos que el ser humano tiene derecho a las alternativas de lo apolíneo y de lo dionisíaco, entonces ¿por qué sólo lo dionisíaco es lo verdadero o lo que debería ser? En Nietzsche veo no sólo el gusto por lo dionisíaco sino una preferencia ciega hacia ese aspecto de la psique humana. Esa fue su verdadera enfermedad. Por eso es que desde su punto de vista todo lo que asume formas o maneras apolíneas (según nuestro enfoque de toda la experiencia humana) le resulta algo enfermo, débil, eliminable, destruíble. Lo dionisíaco quiere exceso, ebriedad, libertinaje (que es el exceso de libertad). Lo dionisíaco toma un poco de libertad y la prostituye, la lleva hasta el límite. Lo apolíneo también quiere libertad, pero la libertad apolínea es controlada, medida, porque la fisiología apolínea gusta seguir un plano, una ruta, mientras que la dionisíaca se mueve sinuosamente, como un meandro que en su curso no pretende ser dirigido o rectificado.

Para Nietzsche el arte debe servir a las funciones dionisíacas, a la expresión de lo dionisíaco, no a la búsqueda apolínea del conocimiento, de la iluminación. El arte apolíneo es inferior para Nietzsche quien, enfermo de lo dionisíaco, se niega a aceptar que lo apolíneo también es humano y verdadero. ¿Prejuicio del filósofo, su intransigencia? “Mi preferencia es la verdadera. Mi punto de vista es el más elevado, el más fuerte, el mejor”. Así como se puede trazar la influencia del darwinismo temprano en la preferencia de Nietzsche por lo dionisíaco (que además está respaldada por su propia fisiología y biografía personal), utilizo el darwinismo evolucionado, corregido, de nuestro tiempo, para argumentar que lo dionisíaco no tiene derecho a prevalecer sobre lo apolíneo. La respuesta más objetiva parecería ser que ambos tienen el mismo derecho, pero lo que la intención evolutiva de la naturaleza me dice es que la respuesta más objetiva es precisamente la contraria de la de Nietzsche. Lo dionisíaco es una tendencia atávica de la humanidad. Es lo que nos vincula y retrotrae al reino animal, al cual –por evolución– ya no pertenecemos. En ese sentido defender lo dionisíaco en detrimento de lo apolíneo es una postura retrógrada.

Por lo anterior es que podemos ver cómo todo el darwinismo temprano se cuela en las opiniones de Nietzsche para su reforma política y cultural de Alemania, y luego en sus comentarios sociales sobre la sociedad europea. Citemos de nuevo a Tomás Abraham:

Para que haya arte es necesario el ocio, es decir un sobretrabajo, un excedente que permite a ciertas personas reproducir en obras los cánones de belleza. Es decir que para haya artistas son necesarios los esclavos, y para que haya esclavos es necesario el Estado. Ésta es la crueldad de las sociedades. Para que haya esclavos es necesaria la guerra, porque los esclavos son prisioneros de guerra que tienen cautivos su cuerpo y sus bienes, pertenencias, mujer e hijos. Son un botín. Arte, Estado, guerra, esclavos, éste es el origen de las civilizaciones. Cuando esta verdad cruel intenta ser modificada con un proyecto de paz e igualdad, al modo de los socialistas alemanes y todos los hijos de la Ilustración, se termina con el Estado, y con la Nación. Los griegos, dice Nietzsche, perecieron por la esclavitud, nosotros lo haremos por el ideal de la falta de esclavitud.

Nietzsche no tuvo la pre-visión de que sucesivas revoluciones industriales darían a la humanidad mayores horas de ocio, con las cuales las personas podrían dedicarse más al arte y al conocimiento. En la sociedad del siglo XIX parecía imposible que las masas se dedicaran al arte, puesto que era una actividad reservada a los que tenían dinero y posición social. Es decir, en el esquema mental de Nietzsche, basado y limitado por la Europa del siglo XIX, el desarrollo del arte requería grandes masas de esclavos (que libraran con su trabajo a las elites prometidas para el ocio), y los estados modernos eran los nuevos “imperios” (el nuevo tirano) que esclavizaban a las masas. El pensamiento de Nietzsche es cruel porque es el pensamiento de una persona que nació y vivió en un tiempo cruel, más cruel que el nuestro. Por eso para Nietzsche el socialismo alemán es un atentado contra el progreso y la evolución. Nietzsche estuvo seguro de que la guerra y la esclavitud que ella y los estados producían, eran algo necesario para el arte, es decir, para la vida. Estaba equivocado. Los proyectos de paz entre naciones y los intentos por igualar los derechos de las personas (Derechos Humanos) no fueron, de hecho, obstáculos para el progreso y la evolución de la humanidad, sino todo lo contrario. La historia ha demostrado que los proyectos de paz y los movimientos sociales que tienen su origen en los hijos de la Ilustración, no hicieron desaparecer a las naciones y a los Estados. Los estados modernos de hecho han incorporado gran parte de los proyectos de paz y de igualdad de derechos, y esto junto con los estilos de vida derivadas de las revoluciones industriales y tecnológicas, han consolidado a los estados y a las naciones como entes más estables de lo que Nietzsche pensó que serían.

La crueldad no tiene por qué ser siempre parte de la existencia humana. Que la crueldad sea la historia de las civilizaciones no quiere decir que siempre deba serlo. Y si creemos eso entonces nos contradecimos, porque también aceptamos el hecho de que el ser humano evoluciona, las sociedades humanas evolucionan. La evolución humana significa precisamente un alejamiento de la crueldad. Y para que ese alejamiento se haga efectivo también debe haber un alejamiento de lo dionisíaco, que en sus formas sociales gusta de la violencia y de la crueldad. La vida humana imbuida de crueldad, afectada de crueldad, es nuestra adolescencia evolutiva. Si acaso estamos en el umbral de la madurez de la humanidad, entonces la crueldad debe quedar en el pasado. Los proyectos de paz mundial y de igualdad entre las personas no son debilidades femeninas impuestas por los decadentes: son la búsqueda y realización de lo apolíneo, esa rueda de luz solar que busca siempre nuevas formas de justicia y de belleza y de equilibrio. El mundo está enfermo de guerra precisamente porque nos hemos aferrado al lado dionisíaco de la mente humana. Mientras más tratamos de perpetuar los modelos salvajistas, animalizantes, nietzscheano-darwinistas (que no es el darwinismo evolucionado de nuestro tiempo), más retrógrados nos volvemos, más guerra y crueldad e injusticia impondremos sobre generaciones futuras.

El sentido de la vida humana dirigido por lo apolíneo: el conocimiento

Lo apolíneo gusta del conocimiento, de la luz. La Ilustración francesa, el socialismo, y la política de paz entre naciones son aspectos políticos y sociales de lo apolíneo, realizaciones macro a nivel planetario de lo apolíneo (mientras que lo dionisíaco asume tendencias disolventes como el anarquismo y el anti progresismo). Lo apolíneo es discursivo y cordial, mas no ruidoso y pedante y grosero como lo dionisíaco. Nuestra civilización basada en el conocimiento y en la búsqueda del conocimiento no es una civilización enferma y débil como pensó Nietzsche que sería. Falló en ver que el destino de la especie humana es el conocimiento y no la embriaguez y el exceso dionisíaco, que fueron más bien pulsiones de su alma debilitada y alienada por la sociedad.

La materia del universo se agrupó y evolucionó en formas cada vez más complejas para dar origen a la vida. Eso es lo que averiguamos científicamente. Y la vida evolucionó para parirnos a nosotros con nuestros cerebros ávidos de conocimiento. Como un científico dijo alguna vez: somos la materia que quiso conocerse a sí misma. Somos el mecanismo por medio del cual el universo se hace consciencia para conocerse a sí mismo. Conocimiento. Ese es el sentido, el propósito, el destino, el fin de la vida humana. Esto también es una forma de darwinismo, pero una forma tan evolucionada que hoy contradice gran parte de las opiniones de Nietzsche.

Si tenemos razón y el conocimiento lo es todo para nosotros, entonces lo apolíneo tiene derecho y supremacía sobre nosotros y nuestros mundos. Y entonces Nietzsche estaba equivocado, doblemente equivocado. Para Nietzsche el arte está del lado de la vida y el conocimiento está del lado de la muerte. Para mi tanto el arte como el conocimiento están del lado de la vida, porque ambas cosas son expresiones caracterizantes de lo que somos y de lo que hacemos. Arte y conocimiento están incorporados en la condición humana, tanto que se puede decir que son la condición humana. Sustrayendo a ambos de la persona, se deshumaniza al sujeto. Un ser humano que carece de arte y de conocimiento está del lado de la muerte, o del animal –lo cual es equivalente, porque volver al estadio anterior es la muerte para el hombre. El Übermensch es posible, porque es el estadio siguiente de la evolución humana (así como el anterior es el animal), pero no si creemos que lo dionisíaco es más necesario y verdadero que lo apolíneo, o que nuestro dilema es la dicotomía arte/vida versus conocimiento/muerte. Una persona puede centrarse en el arte (y el arte apolíneo es tan válido como el dionisíaco) o puede centrarse en el conocimiento. Pero yo creo que, de hecho, el Übermensch es y sólo podrá ser súper apolíneo con un centro doble, tanto el arte como el conocimiento. Utilizo lo dionisíaco y lo apolíneo para rastrear las líneas de la evolución humana, mas en mi esquema –aceptando que el hombre es una cuerda tendida entre el animal y el súper hombre–, lo dionisíaco máximo es lo animal mientras que lo apolíneo máximo es nuestra siguiente fase evolutiva, lo más alejado del animal. Estas ideas se pueden graficar con una serie de fórmulas muy sencillas que indiquen estadios de menor evolución a mayor evolución (siendo el Übermensch, el súper hombre o sobre hombre, el estadio 5):

  1. Sujeto ajeno al arte y al conocimiento = sujeto deshumanizado, animalizado (lo dionisíaco al máximo).
  2. Sujeto centrado en el arte = condición normal humana (puede ser tanto dionisíaco como apolíneo).
  3. Sujeto centrado en el conocimiento = condición normal superior humana (más centrado en lo apolíneo que en lo dionisíaco).
  4. Sujeto centrado tanto en el arte como en el conocimiento = prerrequisito del súper hombre, condición humana normal pero en la frontera de lo extraordinario (casi doblemente apolíneo).
  5. Sujeto centrado tanto en el arte como en el conocimiento pero fiel al desarrollo de lo apolíneo = el súper hombre, condición sobre humana (doblemente apolíneo, lo apolíneo al máximo).

Hago una observación sobre el número 1. El sujeto ajeno al arte y al conocimiento es por ejemplo el esclavo. No tiene derecho a la búsqueda de la belleza ni a la expresión artística del gozo libre de la vida. Tampoco tiene derecho a la ciencia, a la escuela, al estudio, ni a la religión basada en el autocultivo. No se pertenece a sí mismo. Es propiedad de otro ser, es la mascota de otro ser. Utilizado como mano de obra o como objeto, es algo que come y defeca y se utiliza para mover otros objetos. Entre él y el animal de carga la diferencia es sólo de forma. Por eso el número 1 de este esquema es lo que deshumaniza, lo que animaliza. No obstante, el arte y el conocimiento, en formas mínimas o viciadas, también pueden ser utilizadas para deshumanizar y animalizar al ser humano. Un arte basado en el disfrute grosero, objetizante, de las funciones corporales (sexo, comida, ejercicio, etc) es igualmente un arte que pone al ciudadano en el nivel 1 de este esquema. Esto coincide con las críticas que se hacen, por ejemplo, al reggaeton y a la subcultura del físicoculturismo. El reggaeton es animalizante porque insiste en la primacía del sexo, del consumo de alcohol, y del machismo, expresiones todas dionisíacas. El físicoculturismo es defendido como un deporte y como un arte: el individuo se “esculpe” a sí mismo. Pero en el proceso se vuelve esclavo de su cuerpo, de la alimentación y de la actividad física, y en ese sentido es una actividad animalizante. De manera que para animalizar al ser humano no sólo se le puede sustrae del arte, también se le puede acostumbrar a un tipo de arte dionisíaco que lo degrade al nivel de un cuasi animal. Igual observación es válida para el uso del conocimiento, el cual puede ser lavado, encapsulado, desvitaminizado, con el propósito de producir “esclavos mentales” que son como animales en forma humana. Esto es lo que hacen por ejemplo las sectas destructivas con sus clichés doctrinarios que, repetidos millones de veces al adepto, lo convierten en una especie de zombie (un animal-humanoide sin criterio propio ni verdadero pensamiento libre).

La verdadera transvaloración de la valores –una transvaloración verdaderamente adaptada a nuestra realidad psicológica y espiritual–, es darnos cuenta de que el tipo de ser humano cruel, animalizado, el darwinista social, no es el macho alfa de la humanidad, no es el súper hombre. Es un tipo de ser humano que, en el esquema propuesto aquí, pertenece al número 1 o al número 2 de nuestra lista. El darwinista que habla de la supervivencia del más fuerte y de la supremacía del macho alfa es, generalmente, una persona que está reproduciendo el patrón de sociedad que sufrió cuando era niño o que sufrió durante toda su vida. No es el punto de vista que trae evolución de la humanidad sino un punto de vista que reproduce (e incluso tergiversa) el estadio evolutivo actual de la humanidad. El supuesto macho alfa que pertenece al número 1 de nuestra lista es el sujeto que ha sido abusado, esclavizado, utilizado, y como mecanismo de venganza subconsciente, o simplemente como reproducción de sus propios factores externos, busca a su vez la dominación y esclavización de los demás. Es en realidad el macho omega en su aspecto negativo. Un agente nocivo de involución y de retroceso. El supuesto macho alfa que pertenece al número 2 es simplemente un sujeto que, llevado ya sea por lo dionisíaco o por lo apolíneo, busca la posesión material o ideológica de otros seres humanos o de su entorno. Una de las funciones más primitivas de la vida biológica es el consumo de materia. En el ser humano dicha función asume la forma sublimada, pero frecuentemente malsana, de consumo de personas y de sociedades. El supuesto macho alfa que se deja llevar por este instinto malsano en realidad es un sujeto común y corriente que, en el esquema evolutivo, está actuando de acuerdo a un imperativo biológico tan bajo como los imperativos biológicos que impulsan a los sujetos del número 1. Por eso en este esquema la evolución actual de la humanidad se da a partir del número 3, que es el sujeto más centrado en lo apolíneo que en lo dionisíaco. Un sujeto más centrado en el conocimiento tiene la visión superior que le permite liberarse de todos los imperativos atávicos que heredamos del reino animal, o liberarse de los comportamientos retrógrados actuales: tanto el consumo de materia (que en el aspecto social y dionisíaco se manifiesta como capitalismo y consumismo), el consumo de personas y sociedades (que en el aspecto social se manifiesta como imperialismo, dictaduras y hegemonías económicas y políticas), como la idea ilusionante de que el integracionismo de los proyectos de masas humanas no son más importantes que las libertades del individuo (lo cual en lo social asume la forma del neoliberalismo).

La transvaloración ajustada, rectificada, es la transvaloración orientada hacia la restitución de la supremacía de lo apolíneo sobre lo dionisíaco. Lo dionisíaco se mueve hacia abajo y hacia atrás; lo apolíneo se mueve hacia arriba y hacia delante. La humanidad del futuro –es nuestra creencia y esperanza–, evolucionada, sana, fuerte, madura, será más apolínea de lo que hoy somos. Será una humanidad que reconoce que el conocimiento es la meta de nuestro ser, el sentido de nuestra vida, y el fin de nuestra existencia. Las sociedades apolíneas del futuro serán pacíficas, justas, bellas, autocontroladas, automedidas, mesuradas, balanceadas, luminosas, de líneas y proceder elegantes y sobrios. Serán anti dionisíacas. Las masas estarán más integradas y los individuos comprenderán cuán supeditado a lo social/colectivo está y debe estar la esfera de lo individual.

El súper hombre: ser humano súper apolíneo

La evolución humana inicia en el sujeto centrado en el conocimiento, número 3 de nuestro esquema. El arte en tanto búsqueda de la belleza no puede asegura la evolución positiva de la humanidad porque una visión estética de la vida siempre será superficial mientras que el conocimiento rompe los muros de los dilemas placer/displacer, gusto/desgusto, preferencia/aversión. Sólo se puede estar más allá del bien y del mal por medio del conocimiento. La búsqueda de la belleza está irremediablemente ligada al aparato sensitivo que no encuentra maneras de zafarse de la necesidad de placer, gusto y preferencia. Esto es otra manera de poner en palabras por qué lo apolíneo (la búsqueda del conocimiento) asegura la evolución positiva de la humanidad. Y por qué en nuestro esquema, los estados apolíneos se van incrementando hasta que llegamos al número 5, el sujeto súper apolíneo, el súper hombre, doblemente apolíneo.

En mi esquema mental el número 3 es la etiqueta del científico, el pensador, el intelectual liberado de todo esnobismo y de toda la toxicidad elitista de los mundillos intelectuales de la actualidad. Es la etiqueta también de determinado hombre religioso, por ejemplo el monje budista, quien busca el conocimiento y el control de sí mismo. El número 4 es la etiqueta de lo que hemos llamado el “hombre del renacimiento”, es decir el inventor-científico-artista. Por ejemplo, Leonardo da Vinci. Es un tipo de sujeto que se caracteriza por una actividad preclara y febril en ambos hemisferios cerebrales. Como científico estudia el mundo y busca el conocimiento, como artista busca la belleza, pero es una búsqueda mesurada, sobria, dirigida por el principio apolíneo. Este hombre es casi doblemente apolíneo porque, en tanto científico o pensador o intelectual, canaliza la función apolínea de la búsqueda del conocimiento, y en tanto artista utiliza lo apolíneo para dar expresión creativa y libre a su existencia en el mundo. Por eso lo ubico en la frontera de la condición normal del ser humano, es casi el Übermensch. Pero como sería una tarea digna de un vidente vislumbrar lo que el Übermensch es en un caso en particular, este “casi súper hombre” se muestra idéntico al súper hombre.

El sujeto perteneciente al número 4 es superior al anterior porque, mientras que el científico-pensador-intelectual contribuye, en el mundo del pensamiento, a la evolución de la humanidad, el artista-científico lo hace por partida doble: sus investigaciones científicas contribuyen al impulso hacia delante del mundo del pensamiento mientras que sus creaciones artísticas elevan el nivel de la dimensión estética y cotidiana del ser humano. Sus obras de arte pugnan en la vanguardia de la búsqueda de las nuevas formas e interpretaciones de la belleza, ya sea guiado por lo dionisíaco o lo apolíneo. Su “dejarse llevar” por los instintos de lo dionisíaco puede dar origen a contribuciones valiosas en el arte pero también dichas obras pueden significar un mirar atrás en la línea evolutiva positiva de la humanidad, porque a lo dionisíaco no le interesa la evolución positiva mientras ésta dependa de planos, esquemas, límites, protocolos controlados.

El súper hombre o sobre hombre (Übermensch) es una forma sublimada, acabada, transcendida, del sujeto anterior. Es el científico-artística que, en su quehacer artístico está siempre guiado por lo apolíneo: el camino es el desarrollo controlado, lúcido, sobrio, de la búsqueda y no el objetivo ordinario, común, y a veces hasta retrógrado, de la experiencia del exceso y de la ebriedad en la ruptura de límites y esquemas (lo dionisíaco). El Übermensch en este esquema que he presentado contribuye al mundo del conocimiento para el establecimiento de esos proyectos de paz y de integración humanitaria que a Nietzsche le parecieron una debilidad femenina indigna del súper hombre, en su imagen desfigurada por la máscara del macho alfa del darwinismo temprano. El súper hombre también contribuye al mundo del arte pero siempre en la búsqueda de la belleza apolínea (la marca de la sociedad futura hiper evolucionada) y en la integración de esos descubrimientos a los usos y formas masivas de la civilización planetaria. No veo cómo el súper hombre apolíneo podría dejar de ser un agente integrador a nivel planetario. Porque lo dionisíaco integra de forma disolvente (el yo se disuelve en el éxtasis dionisíaco y en su búsqueda) mientras que lo apolíneo integra de forma constituyente, es decir, integra según un plano, un patrón geométrico y simétrico lógico y racional.