La veneración buddhista de las seis direcciones del espacio y la carta astral

En el Sigalovada Sutta el Buddha Gotama explica una manera muy curiosa de venerar las seis direcciones del espacio (el este, el oeste, el norte, el sur, el cenit, el nadir) al joven Sigala. No es que los buddhistas veneremos las seis direcciones del espacio, pero si queremos hacerlo, debemos hacerlo como lo enseñó el Buddha al joven Sigala. No con sacrificio de animales o postrándonos frente al fuego o con rituales, sino con nuestra conducta correcta. Leyendo esta enseñanza de las seis direcciones del espacio se hace evidente que ya en los tiempos del Buddha había una manera de atribuir ciertos roles sociales o relaciones humanas a determinadas direcciones del espacio, lo cual quedó plasmado en las atribuciones de la misma índole que ponemos en la carta natal. Debe ser así porque en la antigua India la astrología era en gran parte una tradición oral, y muchas veces una tradición no-normada, no-estandarizada o regulada.

Es interesante contrastar los roles sociales que el Buddha indica para cada una de las direcciones del espacio con la información que ahora manejamos en la astrología moderna. Por supuesto que hay diferencias y unas pocas coincidencias, porque lo que el Buddha enseña en el Sigalovada Sutta no es astrología, sin embargo resulta curioso examinar cómo esta idea de los roles sociales en las seis direcciones del espacio pudo haber evolucionado desde una presunta tradición que existió hace más de 2500 años hasta lo que tenemos hoy. Veamos primero de qué se trata la parte del Sigavolada Sutta a la que nos referimos aquí. T. Y. Lee, el autor del libro Una vida de bendiciones, lo resume de la siguiente manera:

La Guía del Buda hacia la Paz y la Felicidad se basa en el Sutta Sigalovada, uno de sus más grandes y más valiosos conjuntos de enseñanzas. Éste trata de moralidad básica, de cómo adquirir y conservar riquezas, de amistades, de las responsabilidades recíprocas en las relaciones sociales y de las cualidades de las personas que triunfan. Estas enseñanzas benefician tanto a las personas individualmente como a la sociedad en su conjunto.

El Sutta recibió el nombre de Sigala, un joven que vivió durante los tiempos del Buda. Sigala era testarudo, materialista y obstinado, siempre hallando excusas para no presentar sus respetos al Buda o ni siquiera ir a los templos. Los padres de este joven eran devotos del Buda pero no podían hacerle seguir sus propias huellas. Su padre, un hombre muy rico, se hallaba preocupado de que Sigala perdiera el rumbo y dilapidara la fortuna que le aguardaba como herencia.

Tras una seria enfermedad, el padre llamó a Sigala a su lecho de muerte, para transmitirle sus últimos deseos. Éste le pidió a Sigala que, cada mañana, adorase las seis direcciones cardinales, norte, sur, este, oeste, nadir y cenit.

Ya que ésta era una práctica común en India en esos tiempos, Sigala aceptó tal petición y la obedeció, realizando tal ritual, de forma fidedigna, cada mañana.

Tal y como el padre había deseado, una mañana El Buda se encontró con Sigala cuando éste se hallaba adorando las seis direcciones. El Buda le preguntó por qué lo estaba haciendo, a lo que Sigala contestó que estaba llevando a cabo los deseos de su moribundo padre.

El Buda entonces procedió a darle una nueva y más significativa explicación a su ritual. La explicación conformó las bases del discurso que ahora conocemos como el Sutta Sigalovada. Al final de este discurso Sigala tomó refugio en El Buda y se convirtió en uno de sus devotos seguidores.

No se trata entonces de que debamos venerar las seis direcciones del espacio sino de que el Buddha utilizó una ocasión específica, y un ritual específico de su tiempo, para enseñarle un montón de cosas a un joven que se llamó Sigala. En el discurso donde todo esto está contenido, el Buddha comienza primero dando su enseñanza sobre varios temas, antes de tocar el tema de las direcciones del espacio. Primero habla sobre la moralidad básica de una persona, luego da consejos sobre cómo crear y gestionar las riquezas (en el contexto de la vida laica), luego explica cómo debemos proteger nuestros activos, evitando el despilfarro y las actividades inútiles. El Buddha da luego una descripción de los verdaderos amigos y los falsos amigos, y después utiliza el ritual de las direcciones del espacio para explicar cómo podemos proteger y cultivar nuestras relaciones cotidianas. Entonces, citando otra vez el resumen de T.Y. Lee (página 31), las mencionadas relaciones sociales y su atribución “buddhista” en el espacio quedan de la siguiente manera:

Cuando comenzamos nuestras vidas, somos niños criados en el hogar. El este representa a los niños y a los padres.

Cuando somos jóvenes empleamos la siguiente etapa de nuestra vida en la escuela. El sur representa a estudiantes y maestros.

Como jóvenes adultos, fundamos una familia. El oeste representa a maridos y esposas.

Cuando somos adultos desarrollamos nuestra vida en sociedad. El norte representa amigos y asociados.

Como proveedores, tenemos nuestro trabajo y negocios. El nadir representa a jefes y empleados.

Conforme maduramos en nuestras vidas, buscamos metas más elevadas. El cenit representa a las personas laicas y a los maestros espirituales.

El Buda describió, de una forma gráfica e imaginativa, los varios tipos de relaciones sociales como ‘Seis Direcciones’ que se han de proteger. Cada dirección representa una diferente relación social donde cada parte tiene responsabilidades recíprocas hacia la otra.

Usando el simbolismo de nuestros cuatro puntos cardinales principales, cada punto significa las diferentes etapas por las que todos pasamos a través de la vida, desde la niñez hasta nuestra edad adulta. En adición el nadir, o dirección de pendiente abajo, representa la simple realidad mundana de ganarse la vida; mientras que el cenit, o dirección de pendiente arriba, representa la superior vida espiritual.

En el budismo las relaciones deben ser recíprocas y no unívocas. Tanto un espíritu de generosidad como una conducta considerada son necesarios. Cuando cada persona ayuda y es considerada hacia los demás, todos y cada uno se benefician de tal conducta positiva. De esta manera, todas las relaciones sociales son protegidas y el bienestar de la comunidad es asegurado.

Ahora, entender esto en términos de la carta natal presenta varios problemas, porque la carta natal representa muchas cosas que pertenecen al mundo tridimensional en un espacio bidimensional. ¿Sabemos realmente reconocer las seis direcciones del espacio en la carta natal? ¿Por qué tenemos mucha seguridad sobre el este y el oeste, pero no cuando se trata del norte y del sur? ¿Realmente el Medium Coeli y el Imum Coeli son el cenit y el nadir respectivamente? ¿Por qué el este queda colocado a la izquierda del horizonte en la carta natal cuando muchas personas arguyen, según cierta intuición, que el este debería estar a la derecha? Veamos la siguiente figura:

Direcciones del espacio_F1.

Para comenzar a responder estas dudas, yo iniciaría con esa última pregunta. Es cierto que de alguna manera la línea horizontal que divide la carta en dos hemisferios es el horizonte de la Tierra, o al menos una referencia gráfica a ello. El ascendente, que geográficamente es el horizonte del este, queda a la izquierda porque por razones históricas la carta astral quedó como una representación parcial del horizonte terrestre visto desde el norte. Es decir, si afirmamos que en el centro de la carta está el nativo, ese nativo está de espaldas a nosotros y viendo hacia el sur. Según tengo entendido, esto quedó así porque la astrología moderna tomó forma en el hemisferio norte, y toda persona de pie en el hemisferio norte que quiera tener un vistazo de los horizontes oriental y occidental, debe dirigir la mirada hacia el sur. La consecuencia de esto es que el observador tendrá el este de la Tierra hacia la izquierda y el oeste hacia la derecha. Lo contrario sería si la persona observa hacia el norte: vería el este hacia la derecha y el oeste hacia la izquierda.

Por eso la dirección espacial este la tenemos a la derecha, y la dirección espacio oeste la tenemos a la izquierda en la carta natal (ver figura 1 arriba). Esto nos lleva entonces a hablar sobre el norte y el sur. En realidad el norte y el sur geográficos no están representados en la carta natal de alguna manera directa. Hay que inferirlos y aún así no hay ningún elemento gráfico que los indique. La inferencia es la siguiente: siendo la carta una representación de lo que observamos de pie sobre la superficie de la Tierra (el horizonte es la línea ascendente-descendente, el cielo está por arriba de esa línea y el suelo está por debajo), y siendo el punto de observación algún lugar del hemisferio norte y el observador mira hacia el sur, entonces la dirección del sur está hacia adelante del observador y la dirección del norte está hacia atrás del observador. Esto es difícil de representar en la carta natal y debe ser por eso que se dejó a un lado completamente. Si tratamos de representarlo con flechas como lo hice en la figura 1, tales flechas pueden colocarse en cualquier sección de la carta, siempre y cuando el norte apunte hacia nosotros (la persona que ve la carta) y el sur apunte hacia delante. Para entender esto habría que ver la carta como un mapa tridimensional, como una perspectiva (ver figura 2):

Direcciones del espacio_F2.

Aquí en esta figura 2 vemos mejor todo el asunto. En el centro de la carta hay un observador de pie sobre la superficie de la Tierra (ése es el lugar donde nació la persona o donde ocurrió un evento estudiado en la carta). Estamos viendo la espalda de ese observador, porque él está viendo hacia adelante en algún lugar del hemisferio norte terrestre. El este del planeta está a su izquierda, como ya explicamos, y el oeste a su derecha. Con flechas azules quise representar las direcciones del norte y del sur. Esta línea azul descansa sobre la superficie de la Tierra: el norte queda detrás del observador y el sur queda al frente de él. Esta información se pierde o se vuelve irrelevante cuando dibujamos esto en dos dimensiones (la carta natal). El cenit está justo por encima de la cabeza del observador y el nadir justo debajo de él en línea recta. Esa línea azul del eje norte-sur no se ve en la carta porque realmente están fuera de la carta. Si tomas una carta natal impresa en una hoja de papel, el norte apunta hacia fuera del papel y el sur hacia detrás del papel:

norte y sur en la carta natal.

Ahora el cenit y el nadir, el MC y el IC. Lo que entiendo de estos puntos es que geográficamente el Medium Coeli no siempre coincide con el cenit y el Imum Coeli con el nadir. Para que eso ocurra la persona debe haber nacido en cierto lugar entre los trópicos del planeta y en determinado día del año. En otras palabras, sólo en determinados lugares de la Tierra, cerca del ecuador, y sólo durante ciertos días del año, el Medium Coeli coincide con el cenit y el Imum Coeli con el nadir. En el resto de los casos el MC no es el cenit y el IM no es el nadir. Sin embargo, desde un punto de vista simbólico, algunos creemos que el MC representa simbólicamente el cenit del momento del nacimiento y el IC el nadir, aunque esos pares de puntos no coincidan en realidad. Por esto en la figura 1 pongo el cenit en el MC y el nadir en el IC, aunque eso no sea geográficamente correcto.

Las relaciones sociales en las seis direcciones del espacio según el Buddha

Direcciones del espacio_F3.

Ahora vemos las atribuciones según el discurso del Buddha (figura 3). Ojo: el norte y el sur no están allí en la casa 2 y en la casa 8 sino que están hacia el frente y hacia atrás de la carta, como ya explicamos más arriba. Lo que el Buddha dice en el Sigalovada Sutta es que en cada una de las direcciones del espacio honramos un par de relaciones sociales. Por ejemplo: en el este (que en la carta es el ascendente), honramos la relación padres-hijos. Si yo soy hijo, el lugar para venerar y cuidar la relación con mis padres está en el este. Si yo soy padre, el lugar para venerar y cuidar la relación con mis hijos está en ese mismo lugar. El oeste es el lugar de la relación esposo-esposa. Si soy esposo, allí está mi esposa; si soy esposa, allí está mi esposo. En el cenit está la relación entre discípulo y maestro espiritual (gurú). En el nadir la relación entre patrón y empleado o entre amo y sirviente. En el sur la relación entre estudiante y maestro. Y en el norte la relación de una persona con sus amigos y asociados. En un cuadro verde indico algunas claves. La clave de la relación en el descendente es “pareja”, no literalmente esposo o esposa en todo caso. Los maestros a los que se refiere el sur son cualquier figura mundana de autoridad que le enseña algo a un estudiante, mientras que los maestros a los que se refiere el cenit son específicamente los maestros espirituales y gurúes, que en sociedades occidentales cristianas incluye por analogía a los monjes, sacerdotes y pastores eclesiásticos. Allí pongo también la palabra “amos” porque en la antigua India un maestro espiritual de una persona era su “amo”, su “señor”, una especie de dueño temporal con poderosas consecuencias sobre el discípulo. La relación de la dirección del norte es especial entre todas las demás porque es la única que contiene una relación de igualdad, donde uno se relaciona con aquellos que son “iguales” a uno mismo (amigos, asociados, compañeros de equipo o de trabajo).

Representado como en la figura 2, el asunto se vería así (figura 4), donde vemos que el norte y el sur no corresponden con ninguna casa o sector de la carta porque son direcciones que quedan “fuera” de la carta:

Direcciones del espacio_F4.

Semejanzas y diferencias

Comencemos por el este, el ascendente. No se trata de defender una “lógica” u otra sino de tratar de describirlas y comprenderlas. La “lógica” que yo veo en el discurso del Buddha de asignar la relación de padres e hijos en el este es la siguiente: por el este “nacen” los planetas. Todos los grandes “errantes” (los planetes) ascienden todos los días por el este, como si nacieran por ese punto. Esto le otorga al este el “sabor” de la paternidad y de allí que el Buddha ubique a los padres y a los hijos en esta dirección del espacio. En la astrología moderna a los padres los ubicamos en la cuarta casa y en la décima, especialmente en el IM y el MC. Algunos autores ponen a toda la familia del nativo en la cuarta casa; otros ponen allí a la madre (porque es la casa de Cáncer) y al padre en la casa 10 (porque Capricornio parece ser el complementario masculino de Cáncer, desde un punto de vista de los arquetipos). Otros autores lo hacen al contrario: la madre en el MC y el padre en el IC. En cuanto a los hijos, como parte de la familia los vemos en la casa 4, pero como elementos individuales (nuestras “creaciones”), los ubicamos en la casa 5, el sector de la creatividad.

Con el oeste y el descendente, las atribuciones del Buddha coinciden con las de la astrología: ubicamos allí a nuestra pareja y nuestra relación de pareja. No parece haber en este caso una intención de entender el oeste como el complemento o el opuesto del este. Porque, ¿qué sería lo contrario de “paternidad” o de “nacimiento”? Si el este es nacimiento y génesis, entonces el oeste debe ser muerte y apocalipsis. Sin embargo, uno puede argüir que sí existe la siguiente relación lógica entre ambos puntos: con nuestros padres venimos al mundo, nacemos, con nuestra pareja nos vamos del mundo, con la muerte. Claro, esto suponiendo que la relación de pareja es para toda la vida, “hasta que la muerte nos separe”. Esto es lo único que encuentro de relación lógica entre el este y el oeste y las relaciones sociales que el Buddha atribuye a cada una de estas direcciones. En el caso de la astrología, en su evolución prefirió sustituir la idea de “paternidad” asociada al este por la idea de “yo” (ASC) en contraposición a un “otro” (DSC, mi pareja, “el otro”, el oeste). Ambas lógicas, la buddhista y la astrológica, tienen sentido cada una a su manera.

Parece haber también en las asociaciones simbólicas de la antigua India que se reflejan en el discurso del Buddha una cierta idea de círculo de evolución o de maduración de la persona que comienza en el este. Cada punto cardinal se asociaba con un lugar de la vida social del ser humano. El este se asociaba con el hogar de nacimiento (donde dominan los padres). Luego la persona crecía y estaba en el sur, en la escuela. Por eso el sur son los estudiantes y maestros. Luego la persona se casaba y vivía con su pareja, en el oeste. Luego comenzaba a trabajar con sus amigos y socios del trabajo, el norte. El nadir y el cenit no pertenecían a este círculo de maduración individual porque son un eje vertical que atraviesa un círculo horizontal, el círculo formado por los cuatro puntos cardinales. Los sirvientes o empleados podían o no formar parte de la vida del individuo, o quizás, si el individuo pertenecía a la casta de los sirvientes, estaba entonces “excluido” del orden social superior (o “incluido no-igualitariamente”, como diríamos hoy). Igual ocurría con los ascetas y renunciantes. Tanto los sirvientes como los ascetas parecían estar fuera del orden temporal de las relaciones sociales, los primeros por una condición de inferioridad y los segundos por una condición de superioridad trascendentalista. Esto coincide con la idea de que el eje vertical cenit-nadir está más allá de lo espacial, de lo mundano, de la horizontalidad de los cuatro puntos cardinales.

Entonces, con el nadir, que es “lo que está debajo” de nosotros, a la sociedad contemporánea del Buddha Gotama le pareció natural ubicar aquí a los sirvientes, los empleados y los esclavos. Es lo que está debajo de nuestros pies. Eso puede sonarnos escandaloso, pero incluso en nuestro mundo moderno, con nuestros Derechos Humanos, la abolición de la esclavitud y el liberalismo político, aún existe la relación de los “superiores” con los “inferiores”, como si tal relación guardase un valor arquetípico que la humanidad no ha podido anular o que no ha querido trascender. En lenguaje moderno políticamente correcto ya no diríamos que en el nadir vemos a nuestros esclavos y sirvientes: diríamos simplemente nuestros empleados y subordinados. Y si nosotros somos el empleado o el subordinado, en el nadir debemos ver a nuestro patrón o jefe. Curioso que la astrología también migrara esta atribución a otro sector de la carta, generalmente la casa 6, la casa de Virgo, porque a Virgo “le gusta servir”, mientras que a nuestro jefe, como elemento central de nuestro trabajo o profesión lo buscamos en la figura autoritaria y experta de Capricornio en la casa 10.

En el cenit tenemos a los ascetas y maestros espirituales de todo tipo. Para el Buddha, que fue un genio espiritual revolucionario, no son los reyes o los guerreros los que están en la cúspide de la existencia humana: son los ascetas y los gurúes. Aquí la “lógica” de la atribución es diáfana. Y si yo soy el asceta o el gurú, entonces allí veo mi relación con mis discípulos. En nuestras sociedades modernas donde predominan las religiones deístas, pondríamos aquí a los sacerdotes, los monjes, los eremitas, y los pastores eclesiásticos. Lo que la astrología ve en esta dirección del espacio ya lo comentamos arriba. Sin embargo aquí ocurre una coincidencia curiosa de imágenes y símbolos. En la casa 10 vemos a la capricorniana cabra de montaña, siempre ascendiendo, siempre buscando la mayor altura: esto es también un símbolo del ascetismo y de un tipo especial de ascetas, los ascetas “de tierra”. En esto el discurso del Buddha coincide curiosa e interesantemente con las imágenes del signo de Capricornio en la casa 10, cuya cúspide es el cenit arquetípico.

En el norte tenemos a nuestros amigos y asociados. Ésta es la única dirección del espacio que alberga una relación social de igualdad. Aquí no hay ni superiores ni inferiores, ni dependientes ni independientes, ni jóvenes versus viejos. Aquí sólo hay “iguales con iguales”, “pares con pares”. Debido a que la astrología no pudo incorporar esta dirección del espacio en la carta natal, la relación social que representa debió ser colocada en alguna de las 12 casas o sectores, generalmente la casa 11. En el sur vemos nuestra relación con nuestros maestros laicos, nuestros instructores circunstanciales y mundanos, que son diferentes a los maestros que vemos en el cenit. En lenguaje moderno estos maestros de la dirección del sur son nuestros maestros de escuela, nuestros profesores del liceo y de la universidad, y cualquier persona que en virtud de su conocimiento y experiencia nos someta a cierto entrenamiento o régimen de estudio. Como dijimos, la diferencia entre el sur y el cenit es que el primero se refiere al aspecto mundano del asunto mientras que el segundo se refiere al aspecto trascendental, espiritual.

¿Cómo venerar estas direcciones y sus relaciones sociales?

Así lo enseña el Bienaventurado (las notas son de T.Y. Lee):

Protegiendo el este – Hijos y padres

Cómo los hijos deberán tratar a sus padres:

  • Manteniendo a nuestros padres cuando sea necesario [1]
  • Ayudándoles en sus negocios, en su trabajo o de otras formas apropiadas
  • Manteniendo la unidad familiar Haciéndose merecedores de su herencia [2]
  • Haciendo obras de caridad en memoria de los padres y parientes fallecidos

Cómo los padres deberán tratar a sus hijos:

  • Refrenándoles de hacer el mal
  • Alentándoles a hacer lo correcto [3]
  • Entrenándoles en una profesión [4]
  • Ayudándoles o aconsejándoles en la elección de un apropiado esposo/a
  • Dejándoles su herencia en el momento adecuado [5]

Cuando hijos y padres se tratan mutuamente así, el este se halla protegido y la familia en paz y seguridad.

Protegiendo el sur – Estudiantes y maestros

Cómo los estudiantes deberán tratar a sus maestros:

  • Mostrándoles el debido respeto
  • Atendiendo a sus necesidades
  • Proveyéndoles servicio personal
  • Siendo deseosos de aprender
  • Prestando atención cuando reciben instrucción

Cómo los maestros deberán a tratar a sus estudiantes:

  • Enseñándoles a desarrollar auto-disciplina
  • Entrenándoles para que aprendan bien sus lecciones
  • Proveyéndoles de una educación bien equilibrada
  • Presentándoles a sus colegas y amigos [6]
  • Ayudándoles a asegurarse su seguridad y su bienestar

Cuando estudiantes y maestros se tratan recíprocamente de tal manera, el sur se halla protegido y los lugares de aprendizaje son pacíficos y seguros.

Protegiendo el oeste – Maridos y esposas

Cómo el marido deberá tratar a su esposa:

  • Tratándola con respeto y cortesía
  • Mostrándola respeto [7]
  • Siéndola fiel
  • Compartiendo la autoridad del hogar con ella
  • Proveyéndola con joyas y regalos [8]

Cómo la esposa deberá tratar a su marido:

  • Organizando apropiadamente el hogar
  • Siendo hospitalaria con los suegros y tratando bien a sus ayudantes domésticos [9]
  • Siéndole fiel
  • Ayudando a preservar la riqueza familiar [10]
  • Siendo habilidosa y diligente en sus tareas

Cuando maridos y esposas se tratan así de forma mutua, el oeste se halla protegido y los hogares son pacíficos y seguros.

Protegiendo el norte – Amigos y asociados

Cómo uno deberá tratar a sus amigos y asociados:

  • Siendo generoso y deseando compartir
  • Hablando palabras amables
  • Siendo servicial
  • Siendo imparcial y libre de prejuicios
  • Siendo sincero y honesto

Cómo amigos y asociados deberán tratarse mutuamente:

  • Cuidando unos de otros cuando sean vulnerables
  • Protegiendo sus propiedades cuando sean vulnerables
  • Siendo refugio en tiempos de temor o de peligro
  • No abandonándoles en tiempos de necesidad
  • Respetando y mostrando consideración por sus familias

Cuando amigos y asociados se tratan así mutuamente, el norte se halla protegido y la sociedad se hace pacífica y segura.

Protegiendo el nadir – Patrones y empleados

Cómo los patrones deberán tratar a sus empleados:

  • Asignando a sus empleados trabajos de acuerdo a sus habilidades
  • Pagándoles adecuadamente por su trabajo
  • Cuidando de sus necesidades médicas
  • Dándoles incentivos especiales [11]
  • Permitiéndoles tener ausencias y vacaciones [12]

Cómo los empleados deberán tratar a sus patrones:

  • Llegando temprano al trabajo
  • Permaneciendo hasta tarde cuando sea necesario
  • Tomando sólo lo que les es dado
  • Realizando bien su trabajo
  • Manteniendo y propagando la buena reputación de sus patrones

Cuando empleados y patrones se tratan así mutuamente, el nadir se halla protegido y los lugares de trabajo son pacíficos y seguros.

Protegiendo el cenit – Maestros espirituales y seguidores laicos

Cómo los seguidores laicos deberán tratar a sus maestros espirituales:

  • Con gestos amables
  • Con palabras amables
  • Con pensamientos amables [13]
  • Teniendo sus casas abiertas para ellos
  • Proveyéndoles en sus necesidades materiales [14]

Cómo los maestros espirituales deberán tratar a sus seguidores laicos:

  • Refrenándoles de hacer el mal
  • Animándoles a hacer lo correcto
  • Mostrándoles compasión
  • Enseñándoles lo que no saben
  • Clarificándoles lo que se ha enseñado
  • Mostrándoles el camino y guiándoles en la práctica espiritual [15]

Cuando los maestros espirituales y los seguidores laicos se tratan así de forma mutua, el cenit se halla protegido y los lugares espirituales se hacen pacíficos y seguros.

Los padres son el este.
Los maestros son el sur.
Los esposos son el oeste.
Los amigos y asociados son el norte.
Los empleados y patrones son el nadir.
Los maestros espirituales son el cenit.
Estas seis direcciones han de ser honradas.
Para que uno sea capaz de llevar una buena vida.

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Notas

[1] Esta es la más básica obligación de los hijos hacia sus padres. Para mostrar gratitud por todas las dificultades y gastos derivados de su crianza, éstos han de proveer para sus padres cuando ello sea necesario y cuidar de ellos en su ancianidad. Según El Buda, la única forma en que podemos realmente reembolsar a nuestros padres es a través de enseñarles el Dhamma y animarles a practicarlo.

[2] Esto quiere decir buena conducta, lealtad, y que los hijos pongan todo lo mejor de su parte por el bien de sus padres, quienes tan duramente han trabajado para proveerles con su herencia, ya sea ésta grande o pequeña.

[3] Los padres son los primeros maestros que sus hijos tienen y deberán guiarles activamente, no sólo para evitar las malas acciones sino también animándoles a obrar bien. No hay mejor forma de que los padres hagan así que a través de ser buenos modelos para sus hijos con el ejemplo.

[4] En el contexto moderno esta tarea significa que los padres deberían proveer a sus hijos con, al menos, una educación básica. Para los budistas, esto también incluye alguna educación en el Dhamma. En la actualidad muchos padres budistas son negligentes o ignoran esta responsabilidad, en general porque ellos mismos no poseen mucho conocimiento en el tema. Sin embargo, los padres budistas no deberían descuidar esta crucial tarea de encauzar a sus hijos, tan pronto como sea posible, en el buen camino.

[5] Esto tiene muy serias y prácticas implicaciones, especialmente hoy en día. Muchas personas no se hallan lo suficientemente preparadas para morir y, o bien no dejan ningún testamento o éstos son ambiguos. Con frecuencia ello resulta en feudos familiares llenos de odio y animosidad por obtener las posesiones del fallecido. Los padres deberían tratar de asignar a sus hijos tanta herencia como puedan cuando aquellos aún viven, para prevenir tales disputas y para asegurar su suave transición y distribución.

[6] Esto equivaldría a que los maestros deberían ayudar a sus estudiantes a través de ponerles en contacto con sus propias conexiones. Haciendo así los estudiantes conocerán a las personas adecuadas cuando avancen en sus estudios o busquen un trabajo. El Buda supo ver, hace más de 2.500 años, la importancia de las conexiones sociales.

[7] En una cultura donde los hombres fueron muy dominantes y donde las mujeres fueron en general tratadas como ciudadanos de segunda clase, o incluso peor, El Buda abogó por un cambio en la mentalidad y las actitudes hacia las mujeres, promoviendo la igualdad en las parejas. Era un buen consejo entonces, como lo es hoy en día, el que los maridos deberían tratar siempre a sus esposas con cortesía y respeto para mantener una relación amorosa y duradera.

[8] En la antigua India, antes de que hubiera banco alguno, las gentes por lo general invertían sus ahorros y sus riquezas en joyería. Tal joyería era usada como complemento a la vestimenta y con frecuencia era la única forma de ahorros que una esposa tenía en caso de que su marido falleciera. Hoy en día esto significaría que los maridos deberían tener la suficiente cobertura de seguros para sus esposas e hijos, en el caso de una inesperada y seria enfermedad, o incluso de fallecimiento. Además de por esta razón práctica, todas las esposas gozan de alguna joyería y de regalos ocasionales de sus maridos.

[9] Los trabajadores domésticos incluyen los asistentes domésticos. ¡Qué significativo consejo hoy en día, cuando vemos que muchas esposas comparecen ante los jueces por maltratar a sus asistentes, resultando en vergüenza y dificultades para sus propias familias!

[10] Las esposas tienen hacia sus maridos el deber de no gastar con exceso, o dilapidar, el dinero arduamente ganado. Deberían gastar sabiamente y ayudar, cuando sea posible, a ahorrar para preservar la riqueza familiar. De nuevo, éste es otro práctico y atemporal ejemplo del Buda, tan relevante en sus días como lo es en nuestra época.

[11] Esto se puede interpretar hoy en día como que los patrones deberían compartir sus beneficios y sus éxitos dando bonos a sus empleados cuando sus negocios marchen bien. Ello estimula la lealtad por parte de los empleados y les incentiva a continuar trabajando duro, para el beneficio a largo plazo de los patrones.

[12] Es realmente increíble que El Buda haya incluido aquí estos puntos hace más de 2.500 años, cuando la esclavitud era frecuente, los trabajadores eran explotados y éstos carecían de algo parecido al salario mínimo o de adecuadas condiciones en el lugar de trabajo. No fue sino hasta el siglo XX que los sindicatos obtuvieron tales beneficios para los trabajadores.

[13] Esto no debería ser interpretado como que las acciones, el habla y los pensamientos positivos han de ser practicados sólo hacia los maestros espirituales. A través de la realización de estas sanas acciones hacia todos los seres, los seguidores laicos de hecho reembolsan a sus maestros por sus esfuerzos, a través de poner en práctica lo aprendido, tanto para su propio beneficio como también para el de otros.

[14] Esto se puede entender como que los seguidores laicos deberían extender su ayuda a todos los maestros espirituales en general, sin prestar demasiada devoción hacia un sólo maestro o un sólo monje en particular. Si el maestro es recto e imparte sus enseñanzas correctamente, entonces todo bien. Sin embargo, si algo le ocurriera al maestro o monje favorito, entonces el seguidor con tanta indebida devoción podría quedar privado de valiosa y necesaria guía espiritual.

[15] En un contexto budista esto significa la práctica del amor bondadoso, la compasión, el gozo comprensivo, la ecuanimidad, la meditación y otras enseñanzas y prácticas espirituales superiores.

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