Pensamientos buddhistas contra la depresión

Algunas aclaratorias importantes antes de continuar:

  1. No soy especialista clínico ni terapeuta, lo que comparto aquí lo comparto como “superviviente” del asunto, como un testigo en primera persona. Lo he vivido, lo he experimentado, y por eso lo comparto.
  2. No soy una persona neurotípica (“normal”, en lenguaje ordinario), por lo tanto, lo que me funcionó a mi o cómo lo puse en práctica puede no resultarle útil al 99% de las personas que lean esto.
  3. Mi punto de vista se enfoca específicamente en la depresión endógena, que es la de mi caso, pero si hay algo aquí que funcione contra la depresión endógena probablemente funcione para los tipos más leves o circunstanciales de depresión.
  4. Mi “pensamientos buddhistas” están enmarcados en el Buddhismo Theraváda específicamente, que es un muchos aspectos prácticos e ideológicos muy diferente al resto de las formas de budismo que hay en el mundo. Si usted pertenece a otras escuelas o ramas del budismo, probablemente no sienta gusto o simpatía por alguno de estos pensamientos buddhistas.
  5. El Buddhismo Theraváda es muy rico en estos recursos terapéuticos o sanadores. Tanto así que otro buddhista theravadín podría describir muchos otros pensamientos sanadores que yo no menciono aquí. Es decir, todo lo que escribo aquí es sólo una pequeña parte de lo que el Buddhismo ofrece como recursos mentales contra la depresión, y no es lo único que puede funcionar.

Pensamientos buddhistas contra la depresión

Esto es dukkha

El primer pensamiento que me ayudó mucho fue la enseñanza del Buddha de que el sufrimiento es inherente a la vida humana. Entiéndase sufrimiento (dukkha, en idioma páli) como todo el espectro de pensamientos-sentimientos que podríamos etiquetar como malestar: la angustia, el estrés, la ansiedad, el malestar físico o mental, infelicidad, tristeza, decepción, la insatisfacción, el dolor, el sufrimiento. Todo esto es lo que significa dukkha. La depresión, sea leve circunstancial o aguda es una forma de sufrimiento, por lo tanto es dukkha.

Algunas personas deben tener una porción mayor de dukkha en sus vidas, dependiendo de lo que hayan hecho en vidas pasadas. Así, algunas personas pueden ser muy felices (es decir, sus momentos de felicidad son más numerosos o más duraderos que sus momentos de infelicidad) a lo largo de sus vidas, mientras que otras van a ser muy infelices por causa de cosas que hicieron en vidas pasadas. Estamos hablando aquí de los efectos del kamma (karma, en sánscrito) pasado. Dependiendo de acciones intencionales malas en vidas pasadas, uno tendrá más menos cantidad de dukkha en la vida presente como consecuencia de esas acciones. No es como la mayoría de los occidentales lo piensa: como una especie de castigo. El efecto del kamma no es un castigo por las cosas malas que uno hace, es simplemente la consecuencia automática, impersonal, individual, de las cosas que uno hizo en el pasado.

Esto es el efecto de un kamma (acción) pasado…

Entonces, el kamma de uno mismo hace que uno tenga que sufrir este tipo de dukkha como depresión en esta vida. Hay un cierto fatalismo en todo esto. Esta predeterminación, el kamma oscuro o luminoso que sembramos en el pasado, no es algo que podamos hacer desaparecer. Toda causa tiene que tener su efecto, así que, si hicimos algo en una vida anterior que causó esta enfermedad, eso es algo que ya no podemos cambiar. El kamma oscuro de una persona que sufre de depresión endógena es mayor que el de una persona que sufre una depresión circunstancial o eventual. La depresión endógena no se puede cambiar, a menos que alteres tu química cerebral, pero para aquellos que no quieren drogarse con medicamentos psicotrópicos y perder su personalidad “natural”, y que sufren de depresión endógena, deben comprender que siempre tendrán esto en sus vidas, en esta vida. Lo que sí podemos cambiar es lo que hacemos ahora, el kamma que estamos sembrando ahora, para que en nuestra siguiente existencia tengamos menos dukkha como consecuencia.

Desde mi punto de vista la depresión endógena es una enfermedad de la energía. Una carencia de energía. Entonces, si esto es el efecto de una acción inhábil de una vida anterior, podemos inferir que en una existencia anterior abusamos de la energía que teníamos. Quizás apabullamos a otros seres vivos con nuestra energía o quizás la utilizamos para atormentar a otros seres vivos. El Buddha dijo que aquellos que atormentan a otros seres vivos, en su siguiente existencia sufrirán enfermedad y discapacidad de algún tipo. Entonces, resulta imposible no observar cómo estoy utilizando mi energía en esta vida. El kamma como causa y efecto funciona así: si abusas de algo, en el futuro sufrirás carencia de ese “algo”. Si hoy sufro carencia de energía es porque abusé de ese elemento en vidas anteriores. Este pensamiento es terrible y a la mayoría de las personas no les gusta porque casi siempre queremos encontrar un culpable externo, un agente externo que es el culpable de lo que nos está pasando. A la mayoría de las personas no les gusta pensar que lo que están sufriendo es la consecuencia de lo que hicieron en el pasado. A veces sí estamos en contacto con personas desequilibradas que nos lanzan al bajón de la depresión, pero en última instancia nosotros caemos en el bajón por una falla que tenemos en nosotros, por algo que no funciona bien en nosotros, y de eso los otros no tienen la culpa.

Parece extraño pero esta sensación de predeterminación, de fatalismo, sobre la depresión endógena, una vez lo analicé y lo acepté, me hizo sentir un profundo alivio y una paz interna que perdura a pesar de cómo me pueda sentir en un momento determinado. Es como si yo hubiera dicho: “Está bien. Acepto que hice algo malo en una vida anterior. Acepto que abusé de la energía que tenía para vivir y que por causa de ese abuso ahora he renacido como una persona con este problema de energía. Acepto que ahora sufro de esto y que no podré eliminarlo completamente.” Y una vez que me dije esto a mi mismo, una lucha dentro de mi se acabó. Se acabó esa presión interna que generaba el deseo de no volver a estar triste nunca más, de no volver a deprimirme una vez más. Acepté este defecto de funcionamiento y así se acabó una parte de la presión. De hecho, al parecer muchas personas se deprimen precisamente porque están tan enfocadas en ser felices, incluso obsesionadas con ser felices, y como no es posible ser feliz todo el tiempo, entonces se deprimen.

Aceptar la ley del kamma en mi caso me ayudó a dejar de buscar culpables fuera de mi. Hoy no pierdo tiempo pensando que me voy a deprimir porque alguien hizo esto o aquello, o porque alguien dijo esto o aquello. Los detonantes, los provocadores, los maliciosos que lo hacen a propósito, siempre estarán aquí en el mundo, listos para hacer su maldad. Eso no lo puedo evitar. Pero al aceptar que básicamente este dukkha lo puse en movimiento yo mismo, en un pasado lejano, me ayudó a dejar de juzgar y condenar a los demás. Y aunque no lo creas, perdonar a los “detonadores” y tolerarlos te da una fuerza extra para soportar este sufrimiento, este dukkha.

Todo es impermanente…

El pensamiento de que todo es impermanente (aniccá) también me ayudó mucho. Por un lado está la idea de que la depresión endógena es una fatalidad, un fatum, una predeterminación que no puedo eliminar o cambiar, y por otro lado está la idea, muy sana y muy realista, de que esta condición también es transitoria. Incluso si he de sufrir de depresión durante toda esta existencia, eso no significa que en la siguiente existencia también lo vaya a tener. Además, la depresión es algo latente que se manifiesta en los bajones, como ya uno sabe. Es imposible vivir perpetuamente en “el bajón” de la depresión. Es algo que va y viene. Incluso en esto la depresión es algo inconstante, cambiante, impermanente, aniccá.

Mientras uno está deprimido, mientras uno está en “el bajón”, estos pensamientos quizás no ayuden mucho. Estos pensamientos y análisis son para hacerlos cuando uno no está en el bajón. Si tratas de hacerlo cuando estás en el bajón, probablemente no logres nada porque cuando uno está deprimido el nivel de inteligencia se reduce y uno pierde momentáneamente la capacidad de analizar y de comprender las cosas en un nivel profundo. Entonces, uno debe analizar todo esto y reflexionar cuando uno no esté deprimido, cuando uno no está “en el bajón”. Luego, lo que hayas logrado mentalmente durante estas reflexiones o análisis formarán una especie de “capa” que te protegerá en los momentos en que estés en el bajón de la depresión. Así es cómo me ha funcionado a mi.

Entonces, cuando uno esta fuera del bajón, uno piensa y sabe que: “No importa que esta situación dure toda esta vida. Igual renaceré y todo será diferente en la siguiente vida. Lo que tengo que hacer ahora es tener un comportamiento determinado que no vaya a ser causa de que en la siguiente vida vaya a sufrir otra vez de depresión. Tengo que usar sabiamente la poca energía que tengo a mi disposición ahora. Tengo que evitar todo aquello que me puso en esta situación para comenzar: no atormentar a otros seres vivos, no utilizar mi energía para torturar y atormentar a otros, utilizar mi energía sólo de manera constructiva, positiva”. Y aquí debo mencionar un asunto práctico que siempre menciono y que es importantísimo: el cumplimiento de los cinco preceptos (léelos en la imagen de cabecera del blog y abajo a la izquierda). ¿Será coincidencia que mis “bajones” se redujeron en cantidad y en intensidad a partir del 2010 cuando comencé a practicar los cinco preceptos? Yo creo que no. Yo creo que la práctica asidua, comprometida, de los cinco preceptos, restauró un poco mi salud. Y esto es algo que varios bhikkhus (monjes) han dicho en sus charlas, pero yo lo puse aprueba, lo experimenté por mí mismo, y comprobé por mi mismo que hay una relación directa entre la práctica de los preceptos y el estado de salud mental en el presente. No estoy promocionando los cinco preceptos como alguien que repite lo que leyó en otra parte. Estoy promocionando los cinco preceptos como alguien que ha comprobado su eficacia.

Muchas existencias por vivir…

Ese pensamiento de que todo esto es transitorio en el contexto del renacimiento, de que morimos y renacemos una y otra vez, le quita una gran parte de gravedad a la depresión endógena. Cuando pensamos en la depresión endógena nos sentimos como si estuviésemos condenados. Es como tener una maldición. No podemos hacer nada. Pensar en que esta no es la única existencia que hemos vivido y que no es la única que viviremos, hace que pongamos las cosas en una perspectiva mucho mayor. Yo dejé de sentirme como una “víctima condenada” cuando comencé a cultivar este pensamiento sobre la transitoriedad (aniccá) y el renacimiento (bhava). A las personas que no sufren de depresión les parecerá extraño que el hecho mismo de saber que uno sufre de depresión endógena genera combustible para la propia depresión. Es como si te dijeran que estás condenado, que estás maldito. Este pensamiento de que “estoy condenado” es como una profecía auto-cumplida, es una auto-condenación en sí mismo. El pensamiento mismo de condenación hace que estés condenado. Pero la condenación, la maldición, nace del pensamiento de condenación, del pensamiento de maldición: en realidad no hay aquí ninguna condena, ninguna maldición.

Observar los propios pensamientos…

Y ahora que hablamos de pensamientos de condenación y de maldición, otro hábito buddhista que me ayudó mucho fue comenzar a examinar y analizar mis propios pensamientos. Por ejemplo, ese pensamiento de que uno está “condenado”, es un pensamiento negativo, un pensamiento insano. No me conviene tener ese pensamiento. Si analizas tus propios pensamientos y los clasificas en sanos e insanos, en convenientes e inconvenientes, uno puede reducir ese combustible que pone en movimiento la depresión o los sentimientos de tristeza. Claro que clasificar los pensamientos y tratar de eliminar los insanos no sirve de nada cuando estás en el bajón, pero por lo menos te sirve para darte cuenta de lo que tu cerebro te está haciendo cuando estás deprimido. Cuando uno está en el bajón de la depresión es como si tu cerebro se convirtiera temporalmente en tu enemigo, diciéndote las cosas más feas, las cosas más horribles. A mi ninguna persona me ha dicho cosas tan feas, tan insultantes, tan degradantes, tan destructivas como las que me ha dicho mi propio cerebro cuando estoy en el bajón. Es importante saber esto, saber que esto ocurre. Porque en el momento en que estés en el bajón, aunque quizás no podrás detener tu cerebro y los pensamientos insanos que produce en ese momento, podrás tener un rincón en tu mente, una voz de cordura como yo la llamo, que te dice que todo lo malo que estás pensando en ese momento es sólo y nada más que el producto de un cerebro fuera de control. Incluso ponerlo en palabras, cuando estoy en el bajón, me ayuda un montón: “Estos pensamientos son insanos. Estos pensamientos son inconvenientes. Esto es mi cerebro que está fuera de control. Nada más. Eso es todo: es mi cerebro que está temporalmente fuera de control”. Y aferrándome a este pensamiento es como he logrado muchas veces sobrevivir a cada bajón en el que he caído. Es como una discusión interna. Por un lado tienes esta voz mala, loca, que te dice todas estas cosas feas, y por otro lado tú generas esta otra voz, la voz de la cordura, que es la que te ayuda a resistir el bajón hasta que logras salir de allí.

Esto también pasará…

Fíjate que ver el bajón de la depresión como algo que simplemente ocurre en un momento determinado y que puedes sobrevivir, es otro pensamiento que ayuda mucho. Esto tiene que ver también con la enseñanza buddhista de aniccá. Si sufro de depresión endógena, será inevitable que varias veces al año caiga en “el bajón” de la depresión. Es bueno verlo como lo que es: una enfermedad. Es algo que va a ocurrir y que simplemente debes soportar y esperar a que pase. Los peores momentos de depresión que he tenido los tuve en una época en que mi única obsesión era no deprimirme nunca más en la vida. En ese momento de mi vida yo no era capaz de aceptar que la depresión fuera parte de mi mente y que no podía hacer nada para eliminarla: lo único que yo pensaba era que tenía que eliminar esto de mi vida, que tenía que curarlo, que tenía que removerlo completamente. Luego, como escribí más arriba, lo acepté como parte de esta vida. Después de aceptarlo, entonces tienes el pensamiento de que simplemente hay que soportarlo cuando viene. Haz lo que tengas que hacer cuando caes en el bajón: enciérrate, compra tres o cuatro paquetes de galletas, desconéctate del mundo, compra helados y películas, escucha cierto tipo de música, etc. Te encierras y esperas a que pase. Algunas personas dicen que uno tiene que salir y tratar de divertirse. Y entonces los amigos lo sacan a uno a la calle, lo llevan a fiestas, le presentan gente nueva, etc. Eso no funciona. Cuando uno está en el bajón, es imposible que uno pueda divertirse y disfrutar de fiestas y conocer gente nueva.

A mi nunca me funcionó ese método. De hecho, ese método me parece desastroso, porque uno termina dando una mala impresión a las personas y arruinando los lugares y las fiestas a las que uno va. Uno está en una vibración completamente intolerable, indigerible para las otras personas. Cuando uno se enferma de gravedad, ¿qué es lo que uno hace? Una va a un hospital y lo meten a uno en una cama. Y uno se queda allí en recuperación durante varios días, semanas o meses. Eso es lo que uno tiene que hacer cuando uno está en el bajón de la depresión: uno debe apartarse, encerrarse y esperar a que la tormenta pase. Te encierras pero no para aumentarlo sino para resistirlo y esperar a que pase. Cuando viví en Caracas entre el 2006 y el 2009, cuando caía en el bajón, instintivamente me quedaba encerrado en el apartamento por el tiempo que fuera necesario. Perdí clases en la universidad y salí mal en mis notas pero algo que me decía en mi interior que debía quedarme en casa. Y entonces me di cuenta que, cuando estaba en el bajón mi pensamiento recurrente era meterme en el metro y lanzarme sobre las vías. Muchas personas hacían eso y yo lo sabía. Así que esa parte mala, loca, de mi mente, me decía eso cuando estaba en el bajón: sal a la calle, ve al metro y lánzate. Y por otro lado tenía esta voz sana, cuerda, lúcida, que me decía: no salgas, no salgas, quédate en el apartamento. Y así fue como sobreviví a estos bajones durante tres años.

Todo es imperfecto… No es tan malo que yo también lo sea.

La noción de dukkha también tiene que ver con la idea de que todo es imperfecto. El Buddha descubrió que todo lo que es condicionado es transitorio, perecedero, impermanente (aniccá) y que por causa de ello todo es también insatisfactorio, imperfecto, causa de malestar (dukkha). Decimos “el sufrimiento (dukkha) es inherente a la vida”, pero eso también podría decirse así: “la imperfección es inherente a la vida”. Verás, la palabra dukkha tiene un matiz especial que casi nunca se traduce. Es el matiz de algo que es decepcionante, de algo que no es confiable. Este carácter decepcionante, de no-confiable, es inherente a la vida en el mundo y a todo lo que existe en el mundo. Hay dos maneras en que esto te puede ayudar: una es que, si aplicas este pensamiento a tu propia persona, verás que no tiene nada de malo ser una persona “defectuosa”. Los que sufrimos de depresión endógena lo vemos así. Nos vemos como personas defectuosas. Y los otros también nos ven así, creyendo, en su ilusión, que ellos no lo son. Pues, la verdad es que todos somos defectuosos en mayor o menor grado. No tiene sentido evadir este pensamiento: soy defectuoso, soy imperfecto, incluso estoy dañado. O dicho de una manera más buddhista: este cuerpo-mente está defectuoso, este cuerpo-mente es imperfecto, este cuerpo-mente está dañado. Lo dices no como algo trágico sino como una descripción impersonal de la realidad. Así son las cosas y ya. No es nada personal de “la vida contra mi” ni nada de eso.

Esto es dukkha aplicado a tu propio cuerpo y mente. Todos los cuerpos y mentes son decepcionantes, son cosas no-confiables. Por muy perfecta que te parezca una persona, créeme, no lo es. No existe tal cosa. No existe la persona perfecta, completamente satisfactoria, completamente confiable. Todos tenemos, en más o en menos, la característica dukkha. Entonces, la realidad y la aceptación de la realidad de que este cuerpo-mente que tengo ahora es imperfecto, decepcionante, no-confiable, es una realidad dura de aceptar, pero al aceptarlo te sentirás mejor contigo mismo. Y así como yo mismo soy decepcionante, imperfecto, no-confiable, insatisfactorio, así también son las otras personas: todos esos errores que los demás cometen y que yo creo que son la causa de mis depresiones… todo eso no tiene sentido. No tiene sentido que yo me deprima porque tal persona es insensible o porque tal persona es grosera y mala o porque tal persona me utilizó y se burló de mi, etc. Cualquier persona a tu alrededor será mala porque todos somos imperfectos, decepcionantes, no-confiables. Cualquier persona a tu alrededor será insensible, grosera, interesada, superficial, etc. La característica dukkha es universal. Nadie se salva de ella.

Y los demás también…

Entonces, así como yo mismo soy muy sensible o muy frágil emocionalmente por causa de dukkha en mi persona, así los demás también son insensibles o duros o viciosos o lo que sea, también por causa de dukkha en ellos. Todos lo tenemos. Nadie puede decir que es perfecto. Cuando comprendí esto, comencé a deprimirme menos por lo que otros hacían y decían, y también comencé a deprimirme menos por ser como soy. Esto es un tema muy poderoso para reflexionar y meditar y contemplar. Tienes que hacerlo cuando estás fuera del bajón, como escribí más arriba, para que la reflexión y la comprensión de estas verdades profundas creen esa capa protectora que estará allí cuando venga el bajón, y esta capa protectora te ayudará a soportar el bajón mientras está pasando.

No existe un yo fijo, estable, definitivo…

Creo que el pensamiento más poderoso que me ha ayudado con la depresión es lo que en buddhismo llamamos anattá. Es la afirmación del Buddha de que no poseemos en realidad un yo fijo, estable, inmutable, ya sea en este cuerpo-mente, ya sea como una entidad metafísica aparte del cuerpo-mente. Anattá significa literalmente no-yo o no-ego. No significa no-ser como algunos lo han traducido. No es la negación del ser o de la existencia. El ser existe, nosotros existimos, pero no poseemos un ego-identidad fijo, estable, inmutable. En realidad el Buddha llegó a esta idea pasando primero por aniccá y dukkha: siendo que todos los fenómenos (incluyendo las personas) son impermantes, perecederas, mortales, y siendo que todos los fenómenos (incluyendo las personas) son insatisfactorias, decepcionantes, no-confiables, ¿cómo podría entonces existir algo inmutable, inmortal, perfecto, satisfactorio, completamente confiable. Ergo, no existe un yo fijo, estable, inmortal, perfecto, satisfactorio, confiable. Todo lo que somos, este cuerpo-mente, es un conjunto de fenómenos físicos y mentales que cambian constantemente, que son imperfectos.

No hay aquí ningún yo que sea una identidad fija, permanente. Es fácil entenderlo cuando lo analizas de la siguiente manera: ¿eres exactamente el mismo ser que eras cuando tenías dos años de edad? No. ¿Y serás exactamente el mismo ser cuando tengas ochenta o noventa años? Tampoco. En los tres tiempos, pasado, presente y futuro, eres la misma persona, pero eso de “misma persona” es sólo una expresión, es algo relativo. En realidad nunca somos “la misma persona” por mucho tiempo. Y con el tema del renacimiento se entiende aún mejor: el ser que fuimos en una vida anterior es muy diferente al ser que somos ahora, y en la siguiente vida seremos muy diferente a lo que somos ahora. Nunca ningún ser permanece igual por mucho tiempo, ya sea en el contexto de una vida humana o en el contexto de varias vidas o existencias.

Quizás no muchas personas se deprimen por causa del pensamiento de un yo fijo y estable, pero en mi caso sí fue así. Esto le pasa a las personas que tienen una vena muy idealista o muy “platónica”. Queremos creer que tenemos una identidad estable, permanente, que nuestro “yo” es una entidad fija, definitiva, inmutable. Queremos guardar este yo, queremos protegerlo, promocionarlo, pulirlo, etc. Y cuando la realidad nos golpea de frente mostrándonos que no somos nada de eso, nos deprimimos. ¿Por qué no puedo ser una entidad fija? ¿Por qué mis pensamientos, mi cuerpo, mis gustos, mis hábitos, están cambiando todo el tiempo? Si no puedo demostrarle a los demás que soy una persona estable, confiable, ¿qué será de mi? A mi me atormentaron durante años todos estos pensamientos. Fueron una fuente constante de tristeza, de angustia, de estrés, de ansiedad. Y cuando cometía un error o tomaba una mala decisión o fallaba en algo, entonces la realidad colapsaba sobre mi como un edificio que te cae encima de la cabeza. Y entonces me deprimía. De hecho, creo que me deprimía aún más el hecho de no poder demostrar ante los demás que yo era una persona estable, confiable, con una identidad fija y perfecta. Habiendo aceptado que no soy nada de eso no me genera ningún problema conmigo mismo, es decir, no me molesta personalmente ser esta cosa cambiante, mutable, perecedera. Uno pierde un idealismo malsano sobre el yo, sobre el ego, sobre la propia identidad. Incluso llegas a pensar que no importa si esta persona muere. Cuando acaricias tu propio yo como si fuera algo fijo, estable, la idea de que este yo muera es un tormento. Es algo que atormenta mucho a las personas que se deprimen. De hecho, ese miedo a la muerte es lo que impide que muchos se suiciden, pero al mismo tiempo viven sumidos en el tormento, en el miedo, de que eventualmente eso va a ocurrir.

La comprensión de la verdad de anattá es tan profunda y tan sanadora que disipa de raíz el miedo a la muerte. Y cuando ese miedo desaparece, el suicidio se ve como algo ridículo, como algo estúpido. Igual moriré más adelante, cuando esté viejo y enfermo de vejez. ¿Para qué adelantarlo? Este fue el pensamiento que disipó completamente el tormento de la posibilidad del suicidio, y esto fue algo que logré hace poco tiempo, en estos últimos siete años. En este momento, mis bajones no son ni el 50% de lo que era en 2009. Son solamente un momento de tristeza, una leve melancolía. Esto es un logro tremendo en un caso de depresión endógena y sin medicamentos. La comprensión de anattá coronó este logro pero todo lo demás que he descrito ayudó también (la comprensión de aniccá, de dukkha, del kamma y el renacimiento). Todo se va sumando y se va tejiendo y va adquiriendo sentido en su conjunto.

La meditación metta…

Desde el punto de vista práctica, además de la práctica de los cinco preceptos, la meditación metta es una de las prácticas más efectivas contra la depresión. No lo describo como un pensamiento buddhista en el sentido de que no es solamente un pensamiento: es algo que se hace. La meditación metta es una práctica, es la práctica de irradiar una energía específica, un pensamiento/sentimiento específico. Para comprender de qué se trata de meditación metta y cómo hacerla, escribí el siguiente artículo (abrirá en otra ventana):

> Meditación Metta.> Meditación Metta.

Yo pienso que la meditación metta funciona muy bien contra la depresión básicamente por dos razones:

  • Es una práctica que te ayuda a distanciarte un poco de los pensamientos que rodean al yo, al ego. Todo el tiempo estamos pensando en nosotros mismos, revolviendo nuestras ideas y recuerdos y opiniones sobre nosotros mismos, y estoy se comporta como un ambiente interno negativo para la persona que sufre de depresión. Al practicar la emanación de energía metta hacia los otros seres vivos nos olvidamos por unos momentos de esta cosa defectuosa que es nuestro cuerpo-mente. Esto ayuda tanto como dedicarse a hacer trabajo voluntario a favor de otras personas, dedicarse al bienestar de otras seres vivos. Aparte del kamma luminoso que estamos sembrando para nosotros mismos, el simple hecho de olvidarnos de nuestro propio yo nos ayuda a quitarle poder a la depresión.
  • Y a nivel de la energía y del kamma, la práctica de la meditación metta funciona también como la práctica de los cinco preceptos: al hacerlo estamos causando un kamma luminoso que nos ayuda a soportar los efectos del kamma oscuro que estamos cosechando en esta vida. Es como cuando arrojas un poco de hielo en agua muy caliente: la temperatura baja un poco y el agua se vuelve soportable. Pero si no generas kamma luminoso de ninguna manera en esta vida, entonces el agua siempre está caliente o hirviendo. La meditación metta y los cinco preceptos arrojan un poco de hielo al agua caliente de la depresión y hace que sea soportable. No elimina los efectos del kamma oscuro pero sí hace que sea soportable.

Para finalizar, si todo lo que he escrito te parece muy abstracto o muy difícil de digerir, comienza entonces por la parte práctica del asunto: aprende los cinco preceptos y cúmplelos todos los días sin falta y trata de hacer también la meditación metta. Debes hacerlo por muchos veces o algunos años para que comiences a ver los efectos, así que no hay tiempo que perder. Una vez que los cinco preceptos y la meditación metta te den una base de luz para soportar los bajones de la depresión, entonces podrás dedicarte a estudiar la parte “cerebral” de las enseñanzas del Buddha, la parte de la doctrina y todo eso.

amigabilidad.
Metta: amor universal, buena voluntad, amigabilidad, cordialidad generosa…
Anuncios