Determinismo versus libre albedrío en un gráfico

determinismo versus libre albedrío

Durante meses he estado pensando la manera de mostrar en un gráfico el alcance del libre albedrío y cómo relacionarlo con la astrología. Todo comenzó con la idea de que en la astrología hay dos corrientes básicas con respecto al libre albedrío. Por un lado, la astrología antigua tiende a basarse en un determinismo/fatalismo (lo que también se puede llamar determinismo duro o fuerte) con respecto al poder del yo mientras que la astrología moderna tiende a considerar que el determinismo con respecto al yo es relativo. Al final pude representar este asunto en un gráfico pero he añadido otras relaciones, por lo que será mejor explicarlo todo en detalle para que se entienda bien la idea.

La base del gráfico es la línea negra con dos extremos. Hacia la izquierda se ubica el determinismo absoluto y el fatalismo. En este punto el ser humano cree en el poder absoluto del destino: todo está predeterminado, nada se puede cambiar, la libertad del individuo es imaginaria, la voluntad libre es ficticia. En el extremo derecho se ubica el libre albedrío absoluto. En este extremo el ser humano cree tener poder total para construir su destino: nada está predeterminado o el individuo es todopoderoso para cambiar el destino, la libertad del yo es totalmente real y absoluta, el individuo lo puede todo. En medio de estos dos extremos se ubica el determinismo relativo o fatalismo relativo. Aquí la voluntad es relativamente libre, el destino es en parte predeterminado y en parte abierto a nuevas posibilidades creadas por el yo, la libertad del yo es real pero no lo puede todo, está limitada.

Por sobre esta base pongo una sombra roja que representa el alcance del yo. El yo existiría en su forma más poderosa en el extremo derecho del libre albedrío absoluto y va perdiendo poder a medida que nos movemos hacia el centro del gráfico. Un poco más allá del centro, cuando pasamos el determinismo relativo, el yo deja de existir o de tener poder. El libre albedrío no existe o es imaginario más allá de ese punto hacia la izquierda.

Ahora bien, la astrología forma dos líneas en la parte superior. La forma más antigua de la astrología es fatalista y determinista porque considera que los astros determinan todo en la vida del ser humano. Esta astrología se extiende desde el extremo izquierdo hasta el punto en que inicia el alcance del yo. Esta opinión astrológica con respecto al carácter imaginario del libre albedrío tiene en la actualidad muy pocos seguidores, pero es posible encontrar algunos ejemplos. En su libro Astrología Precesional, el astrólogo Boris Cristoff llega a afirmar que el libre albedrío no existe y que todo en la vida humana, individual y colectiva, está determinado por los astros. Más allá de esa línea morada de la astrología antigua está la línea azul de la astrología moderna, en la cual los astrólogos consideran que el determinismo es relativo: hay partes de la vida humana que están predeterminadas por la carta astral y hay partes que están en blanco para ser llenadas por las elecciones de la voluntad relativamente libre del sujeto. Sin embargo, la astrología no puede llegar hasta el extremo del libre albedrío absoluto porque esto constituiría una contradicción teórica: siempre se debe dar por hecho alguna forma de determinismo en la astrología porque si el ser humano es absolutamente libre, entonces el poder de los astros sería absolutamente inexistente o irrelevante, y eso anularía todo el sentido general de la astrología.

La línea naranja, abajo, representa la magia, el esoterismo y el ocultismo. Es el ejemplo contrario al de la astrología: parte desde el extremo derecho y se extiende hacia la izquierda pero sin llegar al determinismo/fatalismo absolutos. En el esoterismo y la magia el yo siempre juega cierto papel. El mago u ocultista hace elecciones conscientes para modificar la materia o la energía y producir consecuencias deseadas. Esto sólo es posible si se cree en el poder del yo para realizar tales prodigios. Piénsese en el lema del Thelema (“Haz tu voluntad”) o en los escritos de Austin Osman Spare donde la voluntad se supedita al deseo del individuo. Pero la magia-esoterismo-ocultismo puede ir más allá del alcance del yo: el ser humano puede aceptar que carece realmente de libre albedrío y aún así llevar a cabo actos creadores o transformadores bajo la creencia de que son fuerzas ocultas o externas las que actúan a través de él. Es el caso de las religiones más antiguas y primitivas, donde el shamán es el mago de la triubo. Es decir, las operaciones mágicas son posibles incluso cuando somos los títeres ciegos de fuerzas de la naturaleza o del universo. Dichas fuerzas no necesitan que nuestro yo sea libre, sólo necesitan que creamos que poseemos libre albedrío cuando en realidad estamos actuando impulsados por una fuerza impersonal.

La siguiente línea, amarilla, dice religión. Quise poner aparte el budismo para distinguirlo del resto de las religiones porque el budismo posee una filosofía muy detallada sobre la creencia del yo y del libre albedrío. La religión cubre el mismo recorrido que la astrología: desde el extremo del determinismo/fatalismo hasta llegar casi al extremo del libre albedrío absoluto. Al igual que en la astrología, en la religión no podría existir la creencia en el libre albedrío absoluto porque eso quitaría todo poder y prerrogativa a cualquier fuerza superior al ser humano, ya sea de la naturaleza o relativa a un dios (a menos que hablemos de una religión donde los seres humanos sean los dioses). Las religiones más antiguas se ubican también hacia la izquierda: no importa lo que el ser humano decida o trate de cambiar, los dioses son los que tienen todo el poder para trazar el destino. Es el mismo fatalismo de la astrología antigua.

El budismo se extiende en la parte central del gráfico: el ser humano es relativamente libre. Parte de lo que somos está predeterminado por existencias anteriores (y el karma) pero también tenemos el poder de cambiar nuestro futuro por medio de las decisiones que tomamos en el presente. En el budismo el yo carece de sustancia propia, pero eso no quiere decir que no exista como una entidad artificial o pasajera con cierto poder real instrumental. No obstante, el budismo no llega hasta el extremo del determinismo duro porque si lo hiciera habría una contradicción lógica. Si tenemos el poder de cambiar nuestro futuro es porque poseemos cierta libertad, nuestro yo es real de alguna manera, lo que no niega que sea impermanente y dependiente.

Utilizo la expresión “ciencia materialista” para distinguir nuestra ciencia moderna institucionalizada de otras disciplinas que a veces reclaman el título de ciencia para sí, como la astrología empírica o algunas formas de ocultismo. Nuestra ciencia materialista moderna se ubica en el centro del gráfico en igual medida hacia la izquierda y la derecha, sin tocar los extremos. Aquí no es posible negar la existencia o el poder del yo puesto que el sujeto que estudia el universo necesita de ello para que pueda existir el conocimiento científico. La ciencia existe en la mente de un sujeto que investiga, y el yo es el instrumento psicológico de ese sujeto para poder relacionarse socialmente con otros sujetos. Pensamos inmediatamente en la fenomenología. Que el ser humano escoja estudiar científicamente los fenómenos implica que puede tomar decisiones y cambiar el futuro, y por lo tanto hay que negar el determinismo/fatalismo absolutos. Además, la manera como el ser humano utiliza la ciencia para cambiar su realidad social y material es más que evidente. Estos cambios son posibles porque el ser humano decide alterar su futuro. Del otro lado de la línea también hay que negar que el libre albedrío sea absoluto, puesto que científicamente estamos conscientes de nuestras limitaciones físicas, biológicas y sociales. Puedo querer volar, pero sin un aparato tecnológico soy incapaz de hacerlo. Puedo querer curarme de una enfermedad, pero sin un medicamento científicamente concebido (en la mayoría de los casos) soy incapaz de hacerlo. Puedo querer vivir para siempre pero estoy consciente de que mi constitución biológica me lo impide y es algo que no puedo cambiar.

Al escepticismo lo ubico en el mismo espacio que la astrología y la religión, lo cual puede parecer falaz, pero recuérdese que el gráfico se refiere específicamente al asunto del libre albedrío y de la creencia en el poder del yo. Al igual que en la ciencia materialista, el escepticismo no puede negar de manera absoluta el poder o la libertad del yo puesto que debe existir un sujeto pensante capaz de tomar decisiones y alterar su futuro para que puedan existir dudas de cualquier categoría. Uno no duda simplemente de algo, uno escoge dudar de algo. Y esa escogencia es la actividad de un libre albedrío relativo. Sin embargo, al contrario de la ciencia materialista, en el escepticismo sí podemos afirmar la nulidad del libre albedrío (extremo izquierdo de la línea), aunque esto parezca una contradicción. Es lo llamamos escepticismo pesimista o fatalista. En este escepticismo el yo no es real, es una ilusión, un fantasma. Es el sueño de sí mismo. En esa visión del mundo no importan las decisiones que tomemos, nuestro futuro ya está determinado por acciones pasadas que no podemos cambiar.