Dhammapada Ilustrado: Capítulo 5: Balavagga: Los necios

Si apenas está comenzando a aprender Buddhismo, tenga en cuenta que el Dhammapada no es lo más recomendable para leer como primera lectura. Hay que manejar el contexto de los versos (si se refiere a laicos o a renunciantes), el vocabulario, los distintos niveles de significado, etc. Si está comenzando en el estudio del Dhamma (Enseñanza del Buddha), lea primero esta nota sobre la enseñanza gradual (anupubbi-katha) del Buddha en seis etapas (abrirá en otra ventana):

Enseñanza Gradual del Buddha en seis etapas.

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Dhammapada Ilustrado:

Capítulo 5: Balavagga (Los necios)

Ilustraciones: P. Vickramanayaka.
Versión en español: Ramón Morales Castel, en base a las versiones inglesas del Ven. Thanissaro Bhikkhu, el Ven. Weragoda Sarada Maha Thero y de Buddharakkhita.

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Namo Tassa Bhagavato Arahato Sammásambuddhassa.

Homenaje al Bienaventurado, Noble y Digno, Total y Completamente Auto-Iluminado.

Dhammapada (versos del Dhamma): Palabras del Buddha.

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El Ven. Buddharakkhita traduce “samsára” como “existencia mundana” (worldly existence) y “Dhamma verdadero” como “Verdad Sublime” (Sublime Truth). En cuanto al tema principal de este capítulo, en páli bála, necios, la palabra puede traducirse también como ignorantes y tontos. En inglés casi siempre se utiliza el término fool (tonto, necio).

Nota del Ven. Bhikkhu Nandisena:

Donde dice “largo es el samsára”, el Ven. Nandisena traduce: “largo es el ciclo” y añade la siguiente nota: “La continuación ininterrumpida de los agregados de una existencia a otra”.

Comentario sobre la ilustración:

Nuevamente vemos varios planetas como representación de los muchos “mundos” en los cuales la corriente de vida renace una y otra vez, ya sea que se trate literalmente del mismo planeta en tiempos distintos, de varios planetas o como metáfora general de la vida en el samsára en el universo. En el centro la corriente de vida es el vagabundo que, anciano y cansado lleva sobre sí el peso de las existencias repetidas sin saber a dónde le dirigen. Arriba a la izquierda, para la corriente de vida que no tiene sueño, el paso del tiempo es largo y produce hastío. La persona está “despierta” o “no tiene sueño” y por eso le parece larga la noche. A la derecha, la corriente de vida indaga cuál es el camino y hacia dónde conduce. El que no conoce el camino que conduce fuera de todo esto, está perdido en samsára como este vagabundo. Es el mismo vagabundo que vemos en la ilustración del verso 1. Vea el verso 29, donde se habla también de los dormidos y de los despiertos. En los versos 44 y 45 el ilustrador usa también el recurso de los planetas como representación del mundo o del universo en general.

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Comentario sobre la ilustración:

La figura luminosa representa a la persona que tiene cierto logro en síla (conducta virtuosa) o cierto nivel de conocimiento. Esta persona se aleja de aquellos que no son ni iguales a él ni mejores que él. En el fondo vemos la representación tradicional de las personas que carecen de síla (virtud, moral): hombres jugando a los gallos y apostando dinero, hombre emborrachándose, un hombre bailando con una mujer (que probablemente no sea su esposa o es la esposa de otro hombre) y otro hombre en actividad erótica o sexual con una mujer (que probablemente no es su esposa o es la esposa de otro hombre). Así el ilustrador trata de resumir algunas de las conductas inhábiles que vemos mencionadas, por ejemplo, en los cinco preceptos.

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Comentario sobre la ilustración:

La ilustración representa muy bien la idea del verso. Arriba a la izquierda en el fondo vemos al protagonista del verso con su esposa e hijos. Es un hombre rico y exitoso en términos mundanos. La idea del verso funciona igual si en vez de decir “así el necio se preocupa” decimos “así el necio se vanagloria” o “así el necio se enorgullece”. La idea es que, ya sea preocupación u orgullo, tormento o vanagloria, en realidad no poseemos nada porque ni siquiera nos pertenecemos a nosotros mismos. Si la muerte nos puede tomar en cualquier momento (esta es la imagen principal de la ilustración: la mano de Mára, el Rey de la Muerte, llevándose a la corriente de vida) y ni siquiera nuestro cuerpo es realmente “nuestro”, entonces tampoco los hijos, la esposa y las riquezas materiales.

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Comentario sobre la ilustración:

Arriba en segundo plano vemos un necio o tonto que tiene cierto conocimiento de su ignorancia. Este hombre, por estar consciente de su propia ignorancia, recurre a un hombre sabio (un bhikkhu) para discutir sus ideas y adquirir conocimiento. Abajo, en primer plano, vemos al necio que se cree sabio. Está sentado a la mesa con un libro entre las manos predicando cosas que ni siquiera comprende realmente. Sus amigos y vecinos se apartan de él tapándose los oídos. Esto es una imagen popular que encontramos en casi todas las culturas. El ignorante que está consciente de su ignorancia, calla y escucha a aquellos que saben. El ignorante que se cree sabio habla y habla sin parar y lo que dice es todo incorrecto o desviado.

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El Ven. Bhikkhu Nandisena escribe una nota sobre la palabra Dhamma en este verso en su traducción: “Se refiere a tres cosas: (1) Textos (pariyatti), (2) práctica (patipatti) y (3) realización (pativedha).”

Comentario sobre la ilustración:

En la ilustración anterior el necio es una persona laica. En esta ilustración el necio es un bhikkhu, un monje. Esto es importante porque resalta el hecho de que cualquier persona puede ser un necio o vivir con ignorancia. El hecho de que una persona haya tomado los hábitos de monje no implica que se vuelve sabio automáticamente y sin ningún esfuerzo de su parte. En la imagen el joven bhikkhu sufre fastidio o molestia al tener que estudiar las escrituras. Vive con un monje mayor (el sabio en el verso) pero no sabe nada sobre el Dhamma. Esto es como la cuchara que, aunque entra en contacto miles de veces con la sopa, no tiene idea de su sabor. Así nosotros mismos podríamos haber estado en contacto miles de veces con una persona aparentemente común que en realidad era un sabio y no teníamos idea de ello. Sin embargo, la idea del verso no es que la necedad o la ignorancia sean una cualidad fija en la vida de una persona, un estado que nunca cambiará o que nunca puede ser cambiado. La idea del verso es que, si una persona tiende a la necedad y no hace ningún esfuerzo por cambiar su condición, seguirá siendo un necio toda su vida, aunque viva con un sabio, aunque entre en contacto miles de veces con uno o muchos sabios. El ejemplo contrario lo tenemos en el siguiente verso.

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El Ven. Thanissaro Bhikkhu utiliza la expresión “persona perceptiva” (perceptive person) donde he puesto “persona inteligente”. El Ven. Buddharakkhita utiliza la expresión “persona que discierne” (discerning person). Ven. Nandisena pone “sabio” en esa línea. El verso original en páli tiene el substantivo viññu, que el Ven. Weragoda Sarada traduce como “sabio” (wise), mientras que para el segundo sabio del verso tiene el substantivo pandita, lo cual Ven. Weragoda Sarada traduce como “el hombre de sabiduría madura” (the man of mature wisdom). Si traducimos el verso según la versión literal del Ven. Weragoda Sarada, tendríamos:

El sabio, aunque se asocie incluso por un momento
con el hombre de sabiduría madura,
instantáneamente la Doctrina aprende,
así como la lengua el sabor de la sopa.

Lo que entendemos de esto es que, la persona que no es necia o ignorante (bálo, en páli) ya posee cierto grado de sabiduría en sí como para ser llamado “sabio” (viññu), aunque hay otros que poseen un grado de sabiduría mucho mayor (pandita) que ella. Así como hay diversos grados de necedad o ignorancia, hay diversos grados de sabiduría o conocimiento. En sus comentarios el Ven. Weragoda Sarada explica que viññu es literalmente “aquel que posee viññana (cognición)”. Su comentario sigue así:

“Aquí viññana implica inteligencia. La cognición es uno de los cinco agregados, uno de los cuatro nutrimentos, el tercer vínculo en la originación dependiente, el quinto en una división séxtuple de los elementos. Vista como uno de los cinco grupos [agregados], está inseparablemente vinculada con los otros tres grupos mentales (sensación, percepción y formaciones) y cubre la cognición general del objeto, mientras que los otros tres contribuyen a funciones más específicas. Su carácter ético y kámmico, y su grado mayor o menos de intensidad y claridad están principalmente determinados por las formaciones mentales asociadas con ella. Precisamente como los otros grupos de existencia, la consciencia es un flujo y no constituye una substancia mental residente, ni tampoco es una entidad que transmigra o un alma. Las tres características, impermanencia, sufrimiento y no-ego, son frecuentemente aplicadas a ella en los textos.”

Comentario sobre la ilustración:

Aquí el ilustrador vuelve a mostrar una persona laica como protagonista del verso. Arriba en segundo plano el hombre laico inteligente o sabio se dirige a un monje (modelo de sabiduría madura) para recibir y estudiar el Dhamma, la Doctrina. Abajo en primer plano, el mismo hombre estudia el Dhamma y rápidamente lo aprende así como la lengua el sabor de la comida. La palabra páli súparasa no siempre se traduce como “sopa”. En los comentarios del Ven. Weragoda Sarada Maha Thero aparece a veces como “sopa”, otra vez como “comida” y otra vez como “deliciosos platos”.

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El Ven. Thanissaro Bhikkhu pone “haciendo el mal” (doing evil) donde yo pongo “sembrando mal kamma”. Ven. Buddharakkhita pone “haciendo malas acciones” (doing evil deeds). Ven. Nandisena traduce “la mala acción”. El original en páli dice: karontá pápakam kammam, literalmente: “haciendo mal kamma, haciendo mala acción”. Al principio del verso el original páli pone bálá dummedhá, que significa literalmente “necio ignorante”. Las dos palabras significan más o menos lo mismo por lo cual la expresión bála dummedhá es reiterativa: es el necio muy necio, el ignorante muy ignorante. Por razones estéticas me pareció mejor la expresión “los necios, con su débil sabiduría”, aunque esto no contiene el matiz reiterativo de la expresión original.

Comentario sobre la ilustración:

Aquí el ilustrador vuelve a los temas más universales de las acciones que constituyen mal kamma, aunque la lista es mucho más larga: el hombre se dedica y se aferra a los placeres sensuales (representados por la mujer), la bebida, los juegos de azar (el dado), el matar seres vivos (el ciervo atado, el arco y las flechas), las riquezas materiales (el cofre). Detrás de todo esto el mismo hombre estalla en una nube de fuego al cosechar el resultado de su propio kamma. La muerte se lo lleva así de este mundo. Esto es el “fruto amargo”.

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Comentario sobre la ilustración:

La ilustración es suficientemente clara. Vemos nuevamente las imágenes que icónicamente se asocian con la idea de mal kamma en los países del Theraváda. Abajo a la izquierda, un carnicero mata una vaca. Arriba a la izquierda, un hombre se dedica a la bebida, descuidando a su mujer e hijo. Arriba, un ladrón. Arriba a la derecha, un hombre con dos mujeres (que probablemente son las esposas de otros hombres). Abajo a la derecha, un hombre lleva palabras falsas a otro para engañarlo o para ponerlo en contra de otras personas. Esta es otra manera de resumir los cinco preceptos, aunque de manera incompleta por razones de espacio. En el centro el hacedor de estas acciones llora y se lamenta habiendo cosechado el resultado de las mismas.

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Comentario sobre la ilustración:

Este verso es la corrección del anterior, el ejemplo positivo. Aquí vemos un catálogo de las acciones que son buenas, aunque tampoco se representan todas las buenas acciones posibles que se mencionan en los textos. Es un cuadro bastante lleno. El protagonista de la ilustración está en el centro. Abajo en primer plano vemos que el hacedor de buen kamma es generoso, da donativos a la gente pobre, a los necesitados. A la izquierda vemos al hacedor de buen kamma bañando a una persona pobre o enferma (la idea es ayudar a aquellos que necesitan ayuda). Arriba a la izquierda el hacedor de buen kamma presenta homenaje al Maestro, el Buddha. A la derecha, regala comida a un bhikkhu. Arriba a la derecha, presenta sus respetos a un Maestro de Dhamma, un bhikkhu que predica el Dhamma. Y arriba en el centro vemos a Sakka, Rey de los devas, sentado en su trono sobre las nubes. La inclusión de esta figura se debe a que, incluso el Rey de los devas es tal debido a las buenas acciones que realizó en sus existencias anteriores cuando era un humano. La abundancia de buenas acciones (buen kamma), pueden causar el renacimiento de una corriente de vida en los cielos de los devas, incluso como Rey de los devas.

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En este verso la palabra pápam aparece sola (en el verso 66 aparece como adjetivo de la palabra kamma, formando el sintagma pápakam kammam: mala acción, acción malvada). Hablamos entonces aquí de “lo malo” o “el mal”, por lo cual la traducción literal debería ser:

En tanto el mal no ha madurado,
el necio cree que es dulce como la miel.
Pero cuando el mal madura,
el necio cosecha sufrimiento.

He decidido sin embargo poner “mal kamma” para establecer la idea de que “el mal” o “lo malo” es un tipo de acción y no algo platónico o metafísico. Este parece haber sido también el criterio del Ven. Weragoda Sarada Maha Thero al traducir de la misma manera con la expresión “evil kamma” (kamma malvado). El Ven. Weragoda Sarada Maha Thero escribe sobre la palabra pápam:

pápam: acción insana (no-integra). A veces este tipo de acción se caracteriza como akusala. Akusala implica carencia de integridad. Son las voliciones kámmicas y la consciencia y concomitantes mentales asociadas a ella, que están acompañadas ya sea por la codicia o el odio o el mero engaño; y todos estos fenómenos son causas de resultados kámmicos desfavorables y contienen la semilla de destinos o renacimientos infelices.

Hay que recordar también que, aunque dukkha se traduce como sufrimiento, abarca todo un rango de estados negativos que podemos traducir como angustia, estrés, dolor, aflicción, insatisfacción.

Comentario sobre la ilustración:

La ilustración es bastante elocuente y repite varios temas gráficos que ya hemos visto en ilustraciones anteriores. Aquí el hacedor del mal es un glotón que vemos mientras la acción está teniendo lugar y después de que ha tenido lugar (en el centro de la imagen). En segundo plano vemos imágenes tradicionales del mal comportamiento típicas en la cultura buddhista: un hombre matando una res, un ladrón robando en la noche, un hombre seduciendo a una mujer (que no es su esposa o es la esposa de otro hombre), un hombre metiendo cizaña en el oído de otra persona y un bebedor. Estos cinco ejemplos representan las malas acciones proscritas en los cinco preceptos.

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He puesto “lo No-condicionado” allí donde el Ven. Thanissaro Bhikkhu y el Ven. Nandisena ponen “Dhamma”. El Ven. Buddharakkhita pone “Verdad” (Truth) en esa línea. El verso original en páli pone el compuesto sankhatadhammánam que el Ven. Weragoda Sarada traduce como “del logro de lo no-condicionado”. Ven. Nandisena pone una nota en su traducción sobre este Dhamma que dice: “Aquí Dhamma se refiere a la realización de las Cuatro Nobles Verdades.”

Comentario sobre la ilustración:

Tanto el verso como la ilustración se refieren al extremismo de los ascetas hindúes que proliferaban en los tiempos del Buddha. En aquella época, las personas que buscaban un sendero espiritual abandonaban la vida hogareña para vivir como mendigos en parques, bosques, selvas o al margen de pueblos y ciudades. Muchos de ellos creían que podían alcanzar una introspección de la verdad por medio de prácticas dolorosas que resultaban humillantes para el cuerpo. Algunas de esas prácticas ascéticas extremas consistían en comer muy poca comida al día. Incluso el Buddha practicó estos mismos ejercicios extremos varios años antes de lograr el Despertar, pero luego se dio cuenta que no lograría nada con estas formas extremas de ascetismo. Lo que el Buddha enseñó es que estas prácticas no conducen a la comprensión de la verdad y por tanto son completamente innecesarias. En la ilustración vemos un asceta que lleva la práctica a un extremo casi mortal: se alimenta sólo una vez al mes con la punta de una hoja de hierba. Esto es como tratar de escalar una montaña con las uñas. Esta persona nunca llegará a la cima de la comprensión verdadera de la realidad última (el sankhatadhamma, lo no-condicionado). Al fondo, arriba, los nobles bhikkhus, sin practicar tales austeridades extremas, vuelan directo hacia la comprensión de lo No-condicionado.

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Comentario sobre la ilustración:

Vemos al necio (bálo) quemándose con el fuego del resultado de sus propias acciones malas (pápam kámmam). Abajo, en las cenizas que arden, algunas de las imágenes tradicionalmente asociadas con el mal kamma: dos amantes en la infidelidad, una botella de bebida alcohólica, una espada (símbolo del asesinato), y cartas de juegos de azar…

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“Lo aprendido”: literalmente ñattam en páli. El verso hace una diferencia entre conocimiento y sabiduría. Conocimiento se refiere aquí a una habilidad que puede ser usada en beneficio o en detrimento del hacedor, mientras que la sabiduría es otra cosa. Sabiduría es un meta-conocimiento, es la habilidad de saber usar correctamente el resto de la habilidades o conocimientos aprendidos. Sobre esto el Ven. Weragoda Sarada Maha Thero escribe la siguiente nota:

ñattam: conocimiento. Este verso enfatiza que incluso el conocimiento de la persona necia traer su propia destrucción. El conocimiento necesita otros refinamientos como una capacidad para usarlo de manera que ningún daño sea hecho a uno mismo o a otros. Aunque la persona necia pueda adquirir alguna habilidad, carece de la sabiduría para usarla apropiadamente.

Comentario sobre la ilustración:

Una imagen bastante gráfica. Unas manos bestiales (símbolo ya sea de Mára, el Oscuro, o de la persona que tiende tercamente al mal) retiran de una cabeza una flor de loto (símbolo de la meditación y del logro espiritual) y una rueda de ocho radios (símbolo del Dhamma, la Doctrina del Buddha). En su lugar colocan todo tipo de armas e instrumentos de crápula. Abajo un hombre estudia las escrituras buddhistas mientras otro, con los ojos vendados, aprende a utilizar la espada. A la derecha, lo cual parece ser una escena futura de estos dos mismos seres, el que estudió las escrituras se convirtió en monje (bhikkhu), mientras que el otro es muerto por las armas (como consecuencia de haber matado a otros de la misma manera). Se representan así dos caminos: el camino de la paz y del bien, en la figura del practicante del Dhamma, y el camino del asesinato y del mal, en la figura del espadachín.

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El Ven. Thanissaro Bhikkhu traduce los versos 72, 73 y 74 dentro del mismo espacio, asumiendo que los tres se refieren a la misma persona o que posiblemente fueron dichos en referencia a una misma persona. El Ven. Bhikkhu Nandisena hace igual con los versos 73 y 74. El Ven. Weragoda Sarada Maha Thero también traduce como un par estos dos versos. Puede ser que los tres mencionados versos hayan tenido como protagonista al mismo sujeto, pero también es cierto que el verso 72 es muy general (pudiendo referirse a un monje o a una persona laica, lo cual nunca sabremos con certeza), mientras que los versos 73 y 74 se refieren indudablemente a un bhikkhu o a los bhikkhus en general. Esto se infiere del contenido de los versos.

En los tiempos de Buddha ya había monjes codiciosos que se unían a la Orden (Sangha) con la intención de obtener reconocimiento público y poder mundano de algún tipo. En estos versos el Buddha corta de raíz cualquier pretensión que un monje o una monja puedan tener a este respecto: tal comportamiento es indigno de un monje buddhista y demuestra que la persona aún posee una terrible impureza mental, lo cual es normal encontrar en una persona laica pero inaceptable en un monje o monja. En la actualidad algunos monjes en los países del Theraváda pueden sin duda alguna sentirse aludidos por estos versos. También dentro del Theraváda, los monjes de la tradición del bosque van en dirección opuesta: renuncian a la vida en los grandes monasterios y en las ciudades precisamente para eliminar todo resto de codicia o sed de poder mundano que pueda quedar en ellos.

Comentario sobre la ilustración:

Aquí vemos un bhikkhu codicioso que trata de acaparar con las manos los distintos honores y reconocimientos mundanos que refiere el verso. En primer lugar, dentro de su cuenco para la comida vemos un monasterio, una lámpara, libros y otros objetos. Lo que esto significa es que, incluso con pocas posesiones, el monje puede tratar de aferrarse a los pocos objetos que cree son suyos. Abajo a la izquierda, se aferra a los honores rendidos a él por sus hermanos en la Sangha. Arriba a la izquierda, se aferra a los homenajes y regalos de la comunidad laica. Arriba a la derecha, recibe el reconocimiento de los monjes ancianos y Maestros del Dhamma (considerada la parte más madura y noble de la Sangha buddhista). Y abajo a la derecha se aferra a los honores presentados por las mejores familias de la región. Todo esto está rodeado por la sombra gris de la codicia, la avaricia y la ilusión del poder mundano.

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Continuación del verso anterior, asumiendo el criterio que hemos explicado en la nota del verso 73. Aquí el sujeto del verso vuelve a ser literalmente bálo, un necio. Los substantivos “deseo” y “orgullo” al final del verso provienen del páli icchá, que el Ven. Weragoda Sarada traduce como “deseo vehemente”, y máno, orgullo. El Ven. Nandisena traduce estos como “deseo” y “vanidad” respectivamente. Algunas traducciones ponen “laicos y monjes” al principio del verso. Otras ponen “laicos y renunciantes”. El original en páli no pone el término bhikkhu sino pabbajitá. La diferencia no es muy relevante en el sentido de que los monjes buddhistas son renunciantes (aunque no todos los renunciantes en el tiempo de Buddha fueron monjes de su Orden).

Nota del Ven. Weragoda Sarada Maha Thero:

Estos dos versos [73 y 74] tratan sobre varias formas del egoísmo experimentado en la vida monástica. Estas formas de egoísmo afectan grandemente a aquellos monjes y ascetas que no están muy avanzados en el progreso espiritual. En tanto no han comenzado a valorar los verdaderos valores de la vida monástica, están enamorados de los regalos brillantes, las ofrendas, el liderazgo prestigioso, etc. Estas búsquedas egotistas son actividades mezquinas de aquellos que están todavía en la base del sendero espiritual. Estos ignorantes tienden a acumular estos bienes de la vida laica que han dejado atrás. Estar rodeados de seguidores y buscar la manera de recibir regalos especiales son importantes para ellos. Se sienten heridos si perciben que son puestos a un lado. Comienzan a buscar los requisitos (regalos) de familias que no son la suya, para ampliar el círculo de sus admiradores. Estas actitudes arruinan sus logros espirituales.

Comentario sobre la ilustración:

Otra vez el bhikkhu engreído que busca la aprobación y reconocimiento tanto de los laicos como de sus hermanos monjes. El abanico en Tailandia y Birmania es el símbolo de los monjes que enseñan el Dhamma, predicándolo o dando discursos. Generalmente estos son los monjes que con el tiempo llegan a recibir muchos honores y reconocimiento por parte de la Sangha buddhista. Este monje en la ilustración está intoxicado con su propio “sueño” de ser una autoridad definitiva y de apoderarse del monasterio.

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Este verso parece ser una conclusión del tema tratado en los dos versos anteriores. Aquí el Buddha explica claramente que el camino noble que conduce al Nibbána es uno, y el camino de las ganancias mundanas es otro. Esto es una aclaratoria general para todo practicante del Dhamma pero especialmente para el bhikkhu (monjes) y bhikkhuní (monjas) de la Sangha buddhista, literalmente Buddhassa sávako, seguidor del Buddha. El original páli pone la palabra viveke, que he traducido con “entregarse a la soledad”. La palabra significa literalmente “desprendimiento” y “reclusión” y así ha sido traducida por Ven. Thanissaro y Ven. Buddharakkhita en sus versiones inglesas. El Ven. Nandisena lo traduce como “aislamiento”.

Comentario sobre la ilustración:

Dos caminos, dos estilos de vida. A la izquierda la vida laica, pero sobre todo la vida de la persona laica que no cumple los preceptos y no se restringe de ninguna manera. Vemos allí todo lo que hemos visto en otras ilustraciones sobre los placeres y excesos de la vida laica: bebidas alcohólicas, placer sexual, bailes y música, juegos de azar… El bhikkhu, persona que ha renunciado a todo esto (y por ello se le llama renunciante), lo aparta con su mano. A la derecha el noble bhikkhu se dedica a la meditación y al logro del Nibbána (simbolizados por la flor y el halo de luz). En su aura su propia figura se cubre los ojos, los oídos y la boca como metáfora de las restricciones que el monje buddhista se impone para superar la adicción de los sentidos.

Dhammapada Ilustrado. Índice.

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Fermentaciones mentales (ásava)

El Buddha utilizó la imagen de la fermentación de las bebidas para explicar cómo funciona la mente no-iluminada. Cuando uno vierte jugo de frutas en un recipiente y deja que se descomponga, y si uno agrega después miel o azúcar, el jugo se fermenta: la combinación de jugo, bacterias y azúcar hacen que el azúcar se convierta en alcohol. Así es cómo se producen la cerveza y todas las bebidas alcohólicas.

Al hablar de fermentaciones el Buddha quiso transmitir la idea de que la mente no-iluminada es como ese recipiente que está lleno de jugo en descomposición y que al cabo de un tiempo produce algo que no estaba allí (el alcohol). Las fermentaciones mentales implican que nuestra mente produce algo que no existe en la realidad: suposiciones, creencias, fantasías, elucubraciones. Nuestra mente constantemente está haciendo esto. La imagen de la fermentación es muy efectiva porque nos hace ver la actividad cotidiana de la mente no-iluminada como un jugo putrefacto (mientras que la mente iluminada es tan pura como agua filtrada), y además como un jugo putrefacto que produce cerveza, es decir, algo que embriaga, algo que emborracha, algo que nos hace perder el contacto con la realidad.

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Nuestras mentes básicamente son como recipientes llenos de jugo putrefacto. La fermentación se produce porque estamos llenos de deseos, obsesionados con cosas que queremos poseer, y por fantasías interminables que ocupan nuestra mente día y noche. Este estado de embriaguez se elimina paulatinamente con la meditación. Al lograr el Despertar, todas las fermentaciones se han detenido por completo.

LAS TRES FERMENTACIONES MENTALES

El Bendito Buddha enseñó que existen tres fermentaciones mentales (en páli se dice ásava). Las tres fermentaciones o tipos de fermentaciones son:

  1. La fermentación mental asociada a la sensualidad.
  2. La fermentación mental asociada al devenir.
  3. La fermentación mental asociada a la ignorancia.

El Noble Sendero Óctuple es un entrenamiento mental y espiritual dedicado a reconocer y experimentar conscientemente estas tres fermentaciones en uno mismo para poder comprenderlas completamente y así poder eliminarlas eventualmente. La práctica del Dhamma como un sendero que conduce al Despertar consiste en purificarse completamente de estas fermentaciones al punto de abandonarlas completamente.

La fermentación asociada a la sensualidad

Esta fermentación es aquella que tiene que ver con nuestra adicción a los datos de los sentidos, nuestro enamoramiento, nuestra intoxicación con el mundo de los sentidos. Con esta fermentación nuestra mente asume la falsa suposición de que percibir datos sensoriales siempre es algo placentero, que el mundo sensorial siempre es fuente de placer. En realidad, los datos sensoriales son fuente de tres tipos de experiencias: placer, dolor y experiencias neutras (ni-placer-ni-dolor).

Esta fermentación también tiene que ver con nuestra adicción con las sensaciones placenteras. Básicamente todo lo que la persona no-iluminada hace en la vida es obtener placeres sensuales: comer la comida que nos agrada, oler los olores que nos gusta, ver las vistas y escenarios que nos parecen hermosos, oír los sonidos y canciones que nos agradan, tener las sensaciones táctiles que nos dan placer y distraernos en los pensamientos (el sexto sentido: los recuerdos, las fantasías, las ideas) que nos hacen sentir bien. Cuando decimos “placeres sensuales” podemos pensar que se trata solamente del sexo y del erotismo (una forma intensa de los placeres sensuales), pero en realidad esta fermentación tiene que ver también con cosas tan simples como nuestra necesidad de vivir en espacios determinados, comer determinada comida, ver determinadas cosas, etc.

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Desde el punto de vista de los seres Despiertos (iluminados), la mente no-iluminada está intoxicada, emborrachada con los datos sensoriales, con las fantasías de convertirse en esto o aquello y con la ignorancia sobre la realidad de la mente y de la materia.

La mente que ha detenido esta fermentación es la mente que percibe la realidad tal cual como es. Sabe que los datos sensoriales son de tres tipos (agradables, desagradables y neutros), y sabe que no tiene sentido intoxicarse con ninguno de ellos. La persona que ha abandonado esta fermentación ya no está adicta, intoxicada, enamorada de los datos sensoriales, por lo tanto no reacciona a ellos ni con deseo ni con aversión. Puede ver cosas desagradables sin rechazarlas. Puede oler olores desagradables sin sentir náusea, etc. Puede experimentar cualquier dato sensorial sin aferrarse o sentir aversión, incluidas las ideas, los signos y los recuerdos, que son los contenidos del sexto sentido (la mente).

La fermentación asociada con el devenir (bhava)

El devenir o transformación del ser (bhava) es lo que en la actualidad llamamos comúnmente renacimiento: el devenir es el proceso mundano por medio del cual el ser muere y se convierte en otra cosa. La fermentación asociada con el devenir es aquella por medio de la cual la persona fantasea con convertirse en tal tipo de ser o renacer en tal plano de existencia. Por ejemplo, las personas que desean volverse ricas, hermosas, famosas, son personas intoxicadas, embriagadas con la fermentación del devenir.

La mente que ha detenido completamente esta fermentación mental es la mente que ya no guarda deseos o fantasías de que el ser se convierta en tal o cual otro ser, o que la persona renazca en tal o cual plano, o que la persona se convierta en tal o cual cosa. Al abandonar esta fermentación, el ser pierde toda intoxicación, toda embriaguez, todo deseo o fantasía de existir en el samsára convirtiéndose en esto o en aquello.

La fermentación asociada con el devenir generalmente se refiere a lo que queremos o deseamos ser en una siguiente existencia. Pero desear obsesivamente ser algo determinado en esta vida también es una manifestación de esta fermentación. Por ejemplo: querer ser más delgado o más fuerte, más atractivo, o querer ser hombre cuando uno nació mujer, o querer ser mujer cuando uno nació hombre, o querer ser millonario, etc. Estos son deseos que podemos realizar en esta misma vida, pero si son deseos obsesivos, vehementes, entonces son tanha (lo que causa renacimiento) y son también una fermentación mental terrible. Al estar “embriagados” con estos deseos, somos capaces de olvidar las cosas más importantes de la vida o cometer errores terribles sólo por conseguir que nuestro sueño se haga realidad.

Con respecto al deseo de tener un renacimiento favorable, en el Buddhismo hay toda una tradición respecto a esto. El Buddha realmente no prohibió a nadie ni se burló de nadie que quisiera tener un renacimiento favorable. Por ejemplo, hubo muchos en los tiempos de Buddha, y hasta el presente, que desearon renacer como humanos en buenas familias, en condiciones favorables, o renacer como deva (seres de luz). Aunque el Noble Sendero Óctuple que el Buddha enseñó conduce al fin definitivo de toda forma de devenir (renacimiento o bhava), el Buddha sabía y respetaba el hecho de que muchos seres necesitan renacer en condiciones favorables para poder aprender el Dhamma. Por eso el Buddha no criticó ni condenó a las personas laicas por querer renacer en condiciones favorables o renacer como devas. En este caso, si lo que la persona quiere es tener una existencia futura favorable para poder profundizar en el Dhamma o avanzar en el Dhamma como no pudo hacerlo en esta vida, no se trata de una fermentación, se trata de un deseo válido, legítimo, un deseo correcto. Las fermentaciones tienen que ver con intenciones incorrectas, con puntos de vista exagerados u obsesivos.

Además, esto de querer alcanzar el Nibbána no es un competencia, no es una carrera. Si uno apunta hacia Nibbána, uno no debería sentirse superior a aquellos que apuntan primero a un renacimiento favorable. El Buddha no se sintió superior a nadie ni condenó a nadie: esto es compasión y sabiduría.

Uno debe reconocer cualquier componente insano que existe en el pensamiento de uno. Así uno podrá reconocer si lo que está deseando es un deseo inofensivo o si es una fermentación. Si una persona quiere renacer como un deva para vivir eternamente, eso es la fermentación de la ignorancia mezclada con la fermentación del devenir. Si una persona quiere renacer en una familia rica para vivir en el lujo y en los placeres sensuales, o como un deva por la misma razón, eso es la fermentación de la sensualidad mezclada con la fermentación del devenir. Las fermentaciones rara vez se manifiestan en estado “puro” sin mezclarse unas con otras. Generalmente están dos o incluso las tres presentes en el mismo pensamiento-deseo.

La fermentación asociada a la ignorancia

Esta fermentación tiene que ver con todas las conclusiones erróneas a las que nuestra mente llega al interpretar equivocadamente los datos sensoriales o los contenidos de la propia mente. Generalmente esta fermentación ocurre simultáneamente con las dos anteriores, porque casi siempre la mente no-iluminada necesita de cierto grado de ignorancia (no-conocimiento, fantasía, ilusión) para poder intoxicarse con aquello que en realidad no es completamente satisfactorio (el samsára, los datos sensoriales, etc).

Esta fermentación también es muy común porque la mente no-iluminada todo el tiempo está sacando conclusiones basadas en una observación incompleta de la realidad o en la generalización o en la simplificación o en estereotipos, etc. Todos estos procesos que alejan la mente de la observación exacta de la realidad es lo que el Buddha llamó “ignorancia”.

Por ejemplo: vemos el horizonte de la Tierra y vemos que parece ser una línea recta. Entonces asumimos que la Tierra debe ser plana porque, si el horizonte lo es, entonces la Tierra debe serlo. Pero en realidad el horizonte no es una línea recta: tiene un ángulo que apenas podemos percibir. Otras fermentaciones asociadas con la ignorancia son meras fantasías, por ejemplo las fantasías de que la Tierra está hueca, o de que la luna es un satélite artificial, o la existencia de seres como dragones o unicornios.

De las tres fermentaciones, ésta última es la más difícil de abandonar, puesto que para hacerlo, el ser debe lograr el Despertar total y definitivo. El Despertar (bodhi) queda así definido como el proceso en el cual la mente se deshace completa y definitivamente de todo tipo de fantasías, ilusiones, presuposiciones, prejuicios, generalizaciones, simplificaciones y estereotipos sobre la realidad. La mente iluminada ve las cosas tal como son: su observación de la realidad es absolutamente exacta, sin el intermedio de la interpretación, sin la miopía causada por las teorías, los conceptos, los símbolos, la traducción, etc.

Las fermentaciones hacen que la mente “fermente” las tres características universales (anicca, dukkha, anatta) en sus opuestos falaces:

  • La mente fermentada (no-iluminada) cree que las cosas (o algo) es permanente, inmutable, eterno, cuando en realidad todo es impermanente, mutable, perecedero (anicca).
  • La mente fermentada (no-iluminada) cree que las cosas (o algo) es completamente satisfactorio, perfecto, confiable, fuente de felicidad, cuando en realidad todas las cosas son insatisfactorias, imperfectas, no-confiables, fuente de ansiedad (dukkha).
  • La mente fermentada (no-iluminada) cree que existe un yo metafísico, una chispa divina o “yo espiritual” que es portador de una identidad eterna y perfecta, cuando en realidad ningún ser en el universo posee semejante chispa divina o yo metafísico, puesto que nada en el universo es eterno y perfecto (anattá).

Por eso, cuando tenemos un primer vistazo de las tres características universales, en ese momento, aunque sea por un segundo, hemos logrado detener las tres fermentaciones mentales. Y por eso el Bendito Buddha enseñó a los monjes a meditar de muchas diversas maneras en las tres características universales, para que los monjes y monjas pudieran ir abandonando las fermentaciones mentales. Si uno se sienta a meditar y logra concentrar la mente en las tres características universales, viendo así la realidad tal cual es, digamos por veinte minutos, durante ese tiempo es seguro que hemos detenido las fermentaciones mentales. Puede ser que al salir de la meditación volvamos otra vez a “fermentar” la realidad, por costumbre o hábito, pero si seguimos meditando con frecuencia, la costumbre o hábito de la fermentación se irá debilitando hasta que nuestra mente se encuentra constantemente libre de fermentaciones, incluso cuando no estamos meditando. Esta es la idea del Dhamma, de la práctica del Dhamma y de la meditación, entre otras cosas.

fact versus fermentations.
El hecho versus la fermentación…

 

Conexión entre las fermentaciones mentales (ásava) con las contaminaciones mentales (kilesa)

Parece haber una conexión intrínseca entre las tres fermentaciones y las tres contaminaciones o impurezas mentales (kilesa).

  • La contaminación o impureza del deseo (lobha, raga).
  • La contaminación o impureza de la aversión (dosa).
  • La contaminación o impureza de la ignorancia o fantasía (moha).

La fermentación de la sensualidad ocurre casi siempre porque nos llenamos de deseo o codicia (lobha) con respecto a los placeres sensuales. Queremos tener más y más placeres sensuales a través de los sentidos. La fermentación del devenir ocurre casi siempre porque odiamos (dosa) nuestra situación presente, detestamos lo que somos en el presente y por eso nos llenamos de deseo de ser otra cosa, de tener otra vida, otro tipo de existencia. La fermentación de la ignorancia ocurre porque nos llenamos de fantasías, ilusiones, esperanzas falsas (moha) sobre cosas que no pueden ocurrir. Todo eso (ilusión, fantasía, falsa esperanza) son ramificaciones de la impureza llamada moha o ignorancia. En los tres casos, las tres contaminaciones mentales pueden ser la causa raíz de las tres fermentaciones.

En la tradición Theraváda a estas tres impurezas o contaminaciones también se les llama las tres raíces del mal, porque es a partir de ellas que el ser humano (y los otros tipos de seres en samsára, incluidos los devas) son capaces de llevar a cabo alguna forma de daño o maldad.

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