La necesidad de corregir y construir

Ya comienza a ser un poco frecuente, en grupos de ovnis y contacto extraterrestre en redes sociales, en blogs de conspiración y otros medios, el cliché de que la humanidad es malvada, de que el ser humano es parásito en la Tierra, de que hemos traído el infierno al mundo, etc.

fuck life and planet earth_youtube.
“Que se pudra la vida y el planeta Tierra” Un comentario “pesimista” (para no llamarlo de otra manera) en un vídeo de ovnis en YouTube.

Sí, hay definitivamente un lado malvado, maquiavélico, destructivo, infernal en el ser humano y en la civilización global que apenas comienza en la Tierra… ¿Pero nos quedaremos en eso nada más? ¿No corregiremos, no construiremos, no cambiaremos nada?

Es muy cómodo sentarse en una poltrona de cinismo, de nihilismo, de abulia y derrotismo para sólo decir lo obvio, para sólo decir UNA PARTE de la verdad (porque es cierto que ni el mal ni el bien son absolutos y las humanidades en los planetas habitados nunca llegan a ser absolutamente buenas o absolutamente malas: siempre tenemos el bien y el mal mezclados en nosotros). Hay que corregir y construir, porque la balanza efectivamente se inclinará hacia donde nosotros queramos que se incline. Quizá nunca lleguemos a ser absolutamente buenos mientras vivamos en el mundo, pero podemos llegar a un 80 o 90 %, y eso sería muy bueno. Podríamos llegar incluso a un 95 o 99 % de bondad, de civilización superior, como otras humanidades lo han hecho. Mientras estamos en el mundo, la bondad y el bien quizás nunca será totales, 100%, pero sí podemos alcanzar casi un 100%.

Hay muchas maneras de corregir y construir la situación. La manera que yo he asumido, que yo he escogido y que difundo, es la manera de la conducta virtuosa y de la compasión y sabiduría que se pueden desarrollar al estudiar y poner en práctica la Enseñanza del Buddha. NO ES una agenda secreta para usar el tema de los ovnis y del contacto extraterrestre para difundir y defender una religión. Es una parte integral de la solución, de esa necesidad urgente de hacer que la humanidad cambie de rumbo.

¿Cómo se corrige la tendencia al mal en la mente del ser humano en el contexto de la conducta virtuosa (síla) enseñada por el Buddha? Para las personas laicas, que son la mayoría en la humanidad, eso se hace asumiendo un compromiso con los cinco preceptos. Al cumplir y defender los cinco preceptos en todo momento, todos los días, uno corrige el mal, uno establece el bien, uno se protege a sí mismo y protege a otros seres vivos. Te invito a levantarte del hueco del pesimismo, del nihilismo y del cinismo. Te invito a practicar los cinco preceptos. Son simples, son directos, funcionan, atacan la raíz del problema. Son adecuados, oportunos, hábiles, correctos, beneficiosos, favorables, fructíferos…

  1. Asumo el precepto de no tomar la vida de otros seres vivos.
  2. Asumo el precepto de no tomar lo que no me han dado.
  3. Asumo el precepto de no mentir, no hablar para dividir, de no hablar bruscamente, con ira, de evitar el chisme y la cizaña.
  4. Asumo el precepto de evitar el comportamiento sexual impropio.
  5. Asumo el precepto de evitar las bebidas alcohólicas y toda substancia que cause negligencia en mi mente.

¿Cómo funciona esto? ¿Por qué los preceptos construyen y corrigen? Porque mientras otros en la humanidad serán asesinos, exterminadores de seres humanos y animales, destructores de flora y fauna, nosotros no lo seremos. Con su comportamiento ellos aumentarán el mal en el mundo pero nosotros, cumpliendo este precepto, no lo haremos. Así construimos una civilización mundial superior y positiva. Primer precepto.

Mientras otros en la humanidad robarán y defraudarán, engañando para apropiarse de las cosas, de los recursos, de las riquezas que no les pertenecen, nosotros no lo haremos. Con su comportamiento ellos aumentarán el mal en el mundo pero nosotros, cumpliendo este precepto, no lo haremos. Así construimos una civilización mundial superior y positiva. Segundo precepto.

Mientras otros en la humanidad hablarán falsamente, con falsedad, con mentiras, diciendo cosas aquí para dividir a otras personas allá, y decir cosas allá para dividir a las personas aquí, hablando bruscamente, con ira, con rabia, difundiendo chismes y metiendo cizaña, nosotros no lo haremos. Con su comportamiento ellos aumentarán el mal en el mundo pero nosotros, cumpliendo este precepto, no lo haremos. Así construimos una civilización mundial superior y positiva. Tercer precepto.

Mientras otros en la humanidad tendrán relaciones sexuales con personas casadas o comprometidas con otros, nosotros no lo haremos. Nosotros no faltaremos el respeto de las personas que se han casado o comprometido, ni tendremos relaciones sexuales con menores, ni con personas discapacitadas, ni forzaremos a nadie a tener relaciones sexuales contra su voluntad, ni tendremos relaciones sexuales haciéndole daño a la otra persona en cualquier manera. Con su comportamiento, los que hagan estas cosas aumentarán el mal en el mundo pero nosotros, cumpliendo este precepto, no lo haremos. Así construimos una civilización mundial superior y positiva. Cuarto precepto.

Otros se embriagarán y llevados por un estado de negligencia cometerán todo tipo de actos dañinos contra otras personas pero nosotros no lo haremos. Nosotros evitaremos toda bebida alcohólica y toda substancia que destruya nuestro estado mental de vigilancia, de alerta, de consciencia presente, de responsabilidad. Porque conservando este estado mental de vigilancia, de alerta, de consciencia presente y de responsabilidad es la manera en que podemos dejar de multiplicar el mal en nosotros y en el mundo. Quinto precepto.

Los preceptos segundo, tercero y quinto son muy claros y fáciles de entender, pero el primero y el cuarto pueden generar ciertas preguntas. Aclararé las dudas que se han generado con respecto a estos dos preceptos.

Primer precepto: ¿Se puede vivir sin aniquilar absolutamente a ningún ser vivo?

Lamentablemente no. Es prácticamente imposible no causar la muerte a pequeños organismos como protozoarios y bacterias que viven en nuestra comida o en el agua. El primer precepto originalmente dice “seres sintientes”, y eso en el lenguaje de Buddha significa lo siguiente: seres humanos, mamíferos, reptiles, anfibios, peces, aves, insectos. Estos son los tipos de seres vivos que según el Buddha poseen: (a) la capacidad de sentir dolor y (b) algún grado de consciencia (si bien no es auto-consciencia [consciencia de sí mismo] en el resto de los mamíferos, en los reptiles, anfibios, insectos, aves, y peces, sí es un tipo de consciencia). Técnicamente esos son los seres vivos cuya vida debemos respetar (la razón “de doctrina” es que, estos seres vivos mencionados son la forma en que una corriente de vida puede renacer en nuestro mundo; las plantas o vegetales no son corrientes de vida renacidas.) Si hablamos de los hongos, que biológicamente no son ni animales ni plantas, podemos asumir por lógica que los podemos incluir en el grupo de las plantas. Los protozoarios y otros organismos unicelulares son técnicamente animales, pero son tan numerosos y están tan presentes en todo nuestro ambiente (incluso dentro de nuestro cuerpo), que nos resulta imposible vivir sin causarle la muerte a estos seres vivos. Lo importante aquí es que no le causamos la muerte a estos pequeños seres microscópicos con intención malvada sino con la intención de proteger nuestra propia vida, por ejemplo en caso de infecciones, amibiasis, etc.

Entonces, creemos que una interpretación racional, natural, del primer precepto es que se refiere a respetar la vida de seres humanos, mamíferos, reptiles, anfibios, peces, aves e insectos. El Buddha también dice que sus discípulos respetan las plantas y los granos. A lo que se refiere es que no debemos causar incendios forestales o la extinción de especies vegetales, tampoco quemar o destruir grandes cantidades de grano (algo que en la antigüedad se hacía durante tiempos de guerra para matar de hambre a los pueblos y ciudades asediadas). Aunque el primer precepto no incluya a los vegetales (y algas y hongos), porque necesariamente tenemos que alimentarnos de algún ser vivo, creemos que es racional, natural y en consonancia con la Enseñanza del Buddha respetar también la vida vegetal en su conjunto evitando daños masivos a las cosechas, las selvas y los bosques y a los depósitos de granos.

Cuarto precepto: ¿Qué es exactamente la conducta sexual impropia, según el Buddha?

Una interpretación errónea del cuarto precepto sería creer que se trata de la homosexualidad o bisexualidad. No se trata de eso. El Buddha enseñó muy claramente sobre lo que significa “conducta sexual impropia” desde el punto de vista de la sabiduría y compasión búddhicas: básicamente se refiere a la infidelidad. La lista completa de conductas a la que se refiere el cuarto precepto es la siguiente (incluye lo que está en el Canon Páli más lo que nos enseñan en la tradición oral del Theraváda):

  • Tener relación sexual con la pareja de otra persona.
  • Tener relación sexual con menores de edad (16 o 18 años, dependiendo del país donde uno vive).
  • Tener relación sexual que implique el riesgo de una enfermedad infecciosa.
  • Tener relación sexual con alguien comprometido o casado con otra persona.
  • Tener relación sexual con una persona encarcelada, forzada, o sometida por la ley.
  • Tener relación sexual con los propios hijos de uno o aquellos que están bajo la protección de otras personas.
  • Tener relación sexual con el propio padre, madre, hermano, hermana, tío o tía.
  • Tener relación sexual con aquellos que nos han sido dados para que los cuidemos en calidad de padres o responsables.
  • Tener relación sexual en lugares como escuelas, jardines de infancia, orfanatos, iglesias, templos, monasterios, organizaciones juveniles, instituciones mentales.
  • Tener relación sexual con animales, con excremento o con cadáveres.

Según mi conocimiento casi todos los puntos de esta lista se encuentran literalmente en el Canon Páli como Buddhavacana (“palabra de Buddha”). El resto forma parte de la tradición oral del Theraváda. O quizás todos estos puntos están en el Canon pero yo no los he encontrado para poder citarlos. El punto es que consideramos que esta lista está en concordancia con la compasión y la sabiduría de los Buddhas y por lo tanto es lo que incluimos en el cuarto precepto como definición de “conducta sexual impropia”.

Un juicio injusto contra la religión

Otra cosa que se está haciendo común en los círculos de ufología y contacto extraterrestre es el prejuicio destructivo contra las religiones. Se ha difundido la tendencia, creada en los círculos de escepticismo fanático a priori y del racionalismo radical cuasi-fascista, de que las religiones son “el veneno de la humanidad” o “la droga de las masas” o “sistemas de dogmas creados para dominar a las masas”, etc. Eso puede ser cierto para ciertas religiones y ciertas sectas, pero no se debe generalizar.

La religión es un fenómeno complejo. No es algo que se pueda tratar y analizar en términos simplistas, con generalizaciones y simplificaciones. Los escépticos fanáticos y los racionalistas radicales ateos que han dado origen a esta tendencia anti-religión explotan el mismo tipo de generalizaciones y simplificaciones que los fanáticos religiosos utilizan tanto para atacar a las religiones ajenas a la suya como para atacar a la ciencia y el avance del conocimiento científico. En ese sentido, el escepticismo fanático y el racionalismo ateo radical se encuentran en el mismo nivel mental que aquellos fanáticos religiosos que ellos mismos pretenden criticar y corregir. Es un estado mental de intolerancia y tergiversación intencional con el fin de menospreciar las ideas y culturas de otras personas.

“El escepticismo fanático y el
racionalismo ateo radical se
encuentran en un estado mental
de intolerancia y tergiversación
de los hechos con la intención de
menospreciar las ideas y culturas
de otras personas. ¿No es eso lo
mismo que hacen los fanáticos
religiosos de ciertas religiones?”

No se puede corregir un error o una impostura con el mismo tipo de error o impostura. No se puede corregir el mal añadiendo el mismo tipo de mal. Las religiones pueden ser muy diferentes y no se pueden meter en el mismo saco. El Buddhismo es una religión que rechaza la idea de un dios creador supremo: ¿cómo podría entonces decirse que el Buddhismo es lo mismo que el cristianismo, el judaísmo o el Islam? En el Buddhismo se acepta la existencia de seres espirituales superiores, algunos de los cuales son tan grandes y poderosos que se les llama “dioses”, pero se acepta que ninguno de estos seres es eterno ni perfecto ni creador del mundo y del ser humano. ¿Cómo podría eso ser igual a las doctrinas creacionistas y a las religiones que piden una sumisión a un dios creador? En el Buddhismo se habla de cielos y de infiernos, es cierto, pero se les define como planos de existencia temporales en los cuales uno renace por causa de las propias acciones del individuo. ¿Cómo puede eso ser igual a la doctrina del cielo como premio eterno y del infierno como castigo eterno de un dios que te coloca allí por haberle desobedecido o por haber rechazado sus mandamientos? No es igual.

Estos cinco preceptos que hemos tratado aquí no son mandamientos de un dios. Ni siquiera son requisitos para satisfacer al Buddha. Son un modelo de conducta para que la persona no siembre causas (kamma) para su propio sufrimiento en el futuro. Uno mismo construye su futuro. Uno mismo cosechará las consecuencias de lo que uno haga. Los preceptos son buenos simplemente porque nos conviene no sembrar kamma oscuro o malo. Pero los preceptos también están diseñados para que no le hagamos daño a los otros seres en el universo, todo esto para poner en práctica el principio búddhico de no-violencia o inofensividad (ahimsa), que es algo esencial que enseñan todos los Buddhas en todos los mundos del universo.

Buda protegiendo el mundo.
Los Buddhas y Arahants son protectores de los mundos donde temporalmente viven. Más específicamente: son protectores de los seres vivos de esos mundos.

Hay una relación fundamental, indestructible, entre la capacidad de hacer el bien y el principio de ahimsa: los seres que hacen el mal son ofensivos, destructivos (himsa significa literalmente herida, daño, golpe); los seres que hacen el bien son inofensivos, constructivos, no-violentos (ahimsa significa literalmente no-daño, no-herida, no-golpe). Puedes ver los preceptos desde el punto de vista “egoísta” o “individualista” de que “esto me conviene” para crear las condiciones luminosas de un futuro feliz para tu propia corriente de vida. Y también puedes verlos desde el punto de vista del servicio espiritual que podemos realizar para los otros seres en el universo, como una manera práctica, real, efectiva, funcional, orgánica, de actuar con compasión y sabiduría en el universo.

A los que atacan todas las religiones en paquete como si todas fueran iguales y lo mismo, y a los que afirman, con gran error, que el Buddhismo también fue creado para manipular y dominar a las masas, valdría la pena preguntarles: ¿es entonces un camino elevado imitar a los malvados, a los malos, a los violentos, a los destructivos, a los ofensivos? ¿Creen realmente que es así como va a evolucionar positivamente la humanidad? No lo creemos. La humanidad puede evolucionar positivamente sólo si toma un camino positivo, constructivo, sólo si dejamos de imitar a los malos, sólo si dejamos de defender, justificar y reproducir la violencia, el maquiavelismo, las conductas dañinas, los comportamientos que hieren y golpean (himsa) a otros.

Ni siquiera necesitamos atacar y vengarnos de aquellos que tienen el poder económico y político y que lo utilizan para el mal. Ellos mismos caerán por las consecuencias de sus propias acciones, sin que nosotros tengamos que mover un dedo. El que está en el poder político o económico ahora y lo utiliza para someter a otros, para apoderarse de los recursos y las riquezas, ese renacerá luego en la pobreza, sometido a la avaricia y maldad de otros que serán así como él fue. Los plutócratas, los acumuladores de riqueza y poder, están sembrando ellos mismos un futuro donde otros plutócratas y acumuladores de riqueza y de poder serán sus “amos”, sus victimarios. Nosotros de hecho adquiriremos poder espiritual al practicar los preceptos. La conducta inofensiva, compasiva, practicada a largo plazo, produce luz y poder en aquellos que la practican. ¡Ojalá pudiéramos aprender y practicar estos preceptos en esta vida y en las siguientes! ¡Ojalá pudiéramos crear una cultura mundial basada en estos preceptos, en el principio de ahimsa!

Que aquellos que dudan lo mediten y lo pongan en práctica… Eventualmente verán que este camino es más razonable, más civilizado, un camino en sintonía con la luz y no con la oscuridad. Asumiendo este camino es como nos vincularemos con aquellos (que vienen de “afuera” y de “arriba”) que son mejores que nosotros, más civilizados y compasivos y sabios que nosotros. Lo que es similar, se atrae, se vincula, se ayuda mutuamente. Así ha sido siempre.

tigre y hombre.
Los inofensivos, los mansos, los compasivos, serán tratados con inofensividad, con mansedumbre y con compasión. Los violentos, los dañinos, los ofensivos serán tratados con violencia y con agresión. Recibirás lo que en el pasado diste.

Buddhismo: cuidado con los engañados y los reformadores a priori

Amigos, ciertas personas dicen que son iluminados, que son “paccekabuddhas” (buddhas solitarios) etc, para obtener seguidores, para engrandecerse en su propio ego. Tienen blogs y publican toda clase de locuras y tergiversaciones de la Enseñanza del Buddha. Tengan cuidado. Los peores enemigos del Buddhismo están aquí en los círculos buddhistas, desviando a la gente, contaminando las enseñanzas, atacando a aquellos que defienden la tradición y presentan el Dhamma tal cual como lo hemos aprendido. Los peores enemigos del Buddhismo no son los cristianos o los judíos o los musulmanes o los seguidores de la Nueva Era. Los peores enemigos del Buddhismo son aquellos que no aprenden bien el Dhamma y en su arrogancia pretenden reformarlo cuando ni siquiera han leído el Canon Páli en su totalidad. ¡Quieren reformar aquello que ni siquiera han estudiado en profundidad! Es una lástima.

He conocido una persona tan arrogante que ha llegado a afirmar que, del Canon Páli sólo vale la pena leer ocho o nueve discursos, y que hay que quemar el resto. ¿Qué clase de persona es capaz de decir algo tan intolerante, algo tan retrógrado, algo tan estilo Inquisición Católica? En el cristianismo hay un dicho muy bueno: “por sus frutos los conoceréis”. Eso se puede aplicar también para los buddhistas (o pseudo-buddhistas) y los que tienen pretensiones reformadoras pseudo-iluminadas. Pero aquí cuadra más decir: “por sus palabras los conoceréis”. Cuando una persona dice cosas como esas que mencioné arriba, uno sabe que se trata de una persona profundamente confundida, profundamente dañada mentalmente. No lo digo para atacar o ridiculizar a esa persona: lo escribo para alertar a aquellos que están cayendo en esas redes.

Fíjense en lo siguiente: esa persona no ha leído todo el Canon Páli por la simple razón de que todo el Canon no ha sido publicado en español. De hecho, sólo una pequeña parte ha sido publicada en español. ¿Cómo puede saber entonces que el resto del Canon Páli debería ser quemado, despreciado, desechado? Es cosa de tontos, de necios, despreciar aquello que no se ha leído, que no se ha estudiado, aquello que no se conoce. Así uno sabe que la persona está profundamente contaminada, llena de impurezas, atrapada en su propia ignorancia.

Otro “ejemplo”. Una persona en Google Plus escribió en un grupo de budismo que la orden de monjes y monjas no sirve para nada porque nadie ha alcanzado la iluminación en 2500 años, después de la desaparición del Buddha. Como “argumento” para sustentar sus afirmaciones esa persona dice que durante muchos años ha estado estudiando todas las filosofías orientales y que sólo él y su padre conocen el verdadero Dhamma, el Dhamma que sí funciona, básicamente una enseñanza que nadie más (excepto ellos dos) conocen. Ahora, la persona incauta puede caer en estas carnadas de ego y morder el anzuelo. Pero deténgase usted un momento y piense esto: ¿cómo puede saber esa persona que nadie ha logrado el despertar en este planeta desde hace 2500? ¿Está implicando esta persona que él es un iluminado, un despierto (puesto que sólo los iluminados pueden saber a ciencia cierta quién se iluminó y quién no)? El tipo no lo dice. No se atreve a proferir una mentira tan gruesa. O quizás lo hizo en otro lugar y yo no me enteré.

De vez en cuando se va a encontrar usted con estos “sacos de ego” que creen tener la enseñanza verdadera (que casualmente sólo ellos lograron “descubrir”, al igual que el Buddha, en poco más de 2500 años de historia de este mundo), que se creen ellos mismos iluminados y sólo ellos y el Buddha. ¡Vaya pretensión! Y cuando uno lee las cosas que escriben, sus comentarios, todo es desprecio, sorna, odio, arrogancia, complejo de superioridad. Todo lo que ese tipo de personas publican contiene el mismo meta-mensaje: yo soy especial, yo soy diferente, yo estoy iluminado, yo soy siempre MEJOR que los que me leen y contestan, yo tengo la verdad absoluta en mis manos, yo he venido a reformar la historia universal, he venido a iluminar a millones con mi brillante luz y conocimiento, etc. Ego, ego y puro ego. La forma más básica de ignorancia.

El Buddha enseñó que aquellos que entran en la corriente, los sotápanna, es decir el nivel más bajo, más pequeño y humilde de logro en el Noble Sendero, son personas que han trascendido el engaño del ego, el engaño de la creencia en un yo fijo, un yo permanente y especial. Fíjense que estas personas auto-engañadas, ignorantes, que creen ser iluminados, ni siquiera son sotápanna, ni siquiera son personas que han entrado en la corriente, ni siquiera son personas que han pisado el primer peldaño, el peldaño más bajo y fácil de la iluminación buddhista. Es como si una persona que apenas sabe sumar y restar, y nada más, dijese que sabe tanto como Einstein, incluso más que Einstein. Es una cosa ridícula, lamentable. Un sotápanna ya no alberga creencias sobre su propio ego. Un sotápanna no se cree especial, superior, mejor que los demás. Esos son pensamientos que sólo son posible en la persona intoxicada con el engaño del ego. Un sotápanna sabe lo pequeño y humilde de su condición y no pisotea a otros que se atreven a contradecirle. Pero estos pseudo-iluminados que he conocido… Si ustedes pudieran leer las cosas lamentables, groseras, vulgares, llenas de ego que me han escrito…

Yo no seré como esas personas. Yo no soy un iluminado, ni un paccekabuddha. No me interesa engrandecerme ni cosechar seguidores. De hecho, este es mi deseo: que yo JAMÁS llegue a ser una persona tan confundida, tan intoxicad con el ego como estos pseudo-iluminados y reformadores trasnochados. Que yo ya NUNCA MÁS caiga en la ignorancia de la creencia del ego, de la persona que se enamora de sí misma, que acaricia su propio ego como si fuera la cosa más hermosa del mundo. Que yo jamás caiga en ese estado mental. Así como he escrutado, vigilado, escaneado, sopesado, y desmontado el engaño y la impostura de esas personas, así lo hago conmigo mismo. Así es como se practica el Dhamma. Así como uno vigila y somete las obras y palabras y pensamientos de los demás a un examen riguroso, así uno debe hacerlo con uno mismo, todos los días, en cada momento… Esto es appamada (vigilancia)… Uno debe pensar:

¿Estoy siendo pretencioso? ¿Estoy albergando pensamientos de superioridad, un complejo de superioridad? ¿Me creo especial, me creo mejor que los demás? ¿Creo estar lleno de luz cuando en realidad estoy lleno de tinieblas? ¿Me creo capaz de guiar a otros cuando en realidad no he sido capaz ni siquiera de guiarme a mí mismo? ¿Tengo derecho a ser maestro de otros cuando ni siquiera he llegado a ser mi propio maestro? ¿He cuestionado adecuadamente las conclusiones e ideas que he formado en mi adolescencia, en mi adultez, o simplemente he seguido ciega y tercamente las ideas que me dan placer, que me dan vanagloria? ¿He destruido realmente la ignorancia en mi propia mente?

Amigos, sólo soy una persona laica que ayuda un poco en la difusión de esta hermosa Religión y Filosofía. No soy un iluminado. A veces aquí y allá escribo cosas como estas: que soy una persona deficiente, soy deficiente como hijo, como hermano, como tío… Apenas hay unas cuantas cosas que sé hacer bien. Para el resto soy mediocre, incluso deficiente. Confieso cosas como estas para matar la posibilidad de creerme mejor que los demás, para que los demás sepan que no me creo maestro de nadie. Que todo lo que publico aquí son opiniones, pareceres, las opiniones y pareceres de una persona defectuosa, tan defectuosa y deficiente como cualquier otra de la base de la humanidad. No cosecho seguidores ni pretendo crear alguna nueva “escuela” o tendencia de nada.

Si acaso soy algo en el Sendero de los Nobles, eso sería sotápanna, uno que entra en la corriente. Si acaso. Pero eso sólo lo puedo saber yo y aquellos que están realmente iluminados. Lo que uno es o no es, en términos de iluminación, eso es asunto de cada quien. No son cosas que uno deba publicitar. Los que publicitan su propia iluminación (o supuesta iluminación), probablemente están atrapados en su propio ego, en su propia confusión. Los seres realmente iluminados no son arrogantes, pretenciosos, presumidos, con complejos de superioridad. Todas estas cualidades negativas, inhábiles, son síntomas precisamente de que la persona NO está iluminada. Estén alertas y les deseo que puedan crecer en sabiduría y conocimiento para que puedan comprender el verdadero Dhamma, para que puedan ser inmunes a las manipulaciones y tergiversaciones de aquellos que están confundidos, atrapados en su propia fantasía, en su propia ignorancia. Ni siquiera crean o aprendan ciegamente las cosas que publico aquí. Busquen otras fuentes también, otras traducciones, otros autores, etc. Comparen, contrasten, profundicen, lleguen al fondo de las cosas. Cada quien se libera a sí mismo. Cada quien se purifica a sí mismo. Cada quien crece en sabiduría por sí mismo.

El ego, los egos… son sólo fantasmas, espectros, cosa pasajera y sin substancia. Pero si los escuchas (incluido el tuyo), te desviarán y te engañarán. Esta advertencia es la principal utilidad de todo esto que escribo en esta nota.

El error de criticar a priori la tradición

Un error común en los reformadores pseudo-ilumiandos o pseudo-semi-iluminados es criticar la tradición de una manera intelectualmente fascista. Son como esos escépticos fanáticos que hay ahora en los círculos de ateísmo y racionalismo que hablan de quemar iglesias y quemar la Biblia y el Corán, etc. El error de criticar la tradición de manera fascista es que no se dan cuenta que uno debe PRIMERO tener la tradición completa, intacta, SEGUNDO estudiarla bien a profundidad para LUEGO poder criticarla y si acaso reformarla. Uno tiene que tener primero todos los datos, los registros, los discursos, los comentarios y subcomentarios de la tradición, los tratados filosóficos, los libros interpretativos de los monjes y monjas y de las personas laicas… uno debe tener PRIMERO todo este material y conocerlo bien para luego tener derecho a criticarlo y reformarlo.

El que no conoce TODA la tradición y no la conoce EN PROFUNDIDAD comete un error al criticar a priori la tradición. Es como si alguien le diera a usted la tarea de reformar o “corregir” el cristianismo. Pero usted no conoce el cristianismo y en su ignorancia cree que el cristianismo es como la Wicca. Su crítica y su reforma serán entonces injustas, inadecuadas, desfasadas de la realidad, fuera de foco, sólo por el hecho de que su tarea comenzó con ignorancia y confusión. Esto es criticar y reformar a priori una tradición: los chances de que su crítica y su reforma por casualidad sean justas, adecuadas, en concordancia con la realidad son como de 1 contra 1 billón. Igual, para criticar y reformar la tradición buddhista, o la Theravada en específico, hay que conocerla bien primero. Las únicas críticas y reformas justas, adecuadas y en concordancia con la realidad son aquellas que se producen a posteriori, y eso suponiendo que posea usted la sabiduría y la honestidad intelectual para manejar bien los datos, la información, los registros.

Entonces, vemos que estos reformadores trasnochados que aparecen de vez en cuando cometen dos errores: por un lado critican a priori la tradición (como cuando dicen que hay que quemar el 99% del Canon Páli, 99% que no han leído), y por otro lado carecen de la sabiduría y de la honestidad intelectual para realizar una crítica y una reforma que sea justa, adecuada, en concordancia con la realidad. De hecho un error tiene relación con el otro porque generalmente es la persona necia, tonta, ignorante, intelectualmente deshonesta, la que lleva a cabo críticas y reformas a priori. Y eso se ve en sus comentarios despectivos, burlones, llenos de sorna, de desprecio a todo aquello que ellos no “aprueban”, sus burlas, insultos y groserías a todo el que se atreva a llevarles la contraria. Así todas las piezas encajan y uno va descubriendo las imposturas una a una. Uno va descubriendo el tipo de pensamiento que hay en la mente de otros.

Entonces sí, por supuesto que podemos criticar y reformar las tradiciones. El mismo Buddha nos enseñó que no debemos seguir tradiciones ciegamente. Pero incluso si alguien llega a producir una crítica justa y una reforma adecuada de la tradición, aun así las instituciones que protegen y transmiten la tradición (la Sangha, los centros de Dhamma, las universidades, los libros, etc) deben quedar intactas. La transmisión de la tradición debe continuar porque el resto de las personas en la humanidad TIENEN DERECHO al acceso a la información primaria que el reformador utilizó para producir su reforma. El resto de las personas tienen derecho a estudiar ellas mismas la tradición que ha sido criticada o reformada. Uno tiene derecho a estudiar la tradición y contrastar las críticas, las reformas, para decidir por uno mismo cuáles críticas son justas y cuáles no lo son. ¿O es que acaso debemos seguir ciegamente las críticas y reformas que una o dos personas produzcan por su propia cuenta? ¿No sería eso lo mismo que seguir ciegamente una tradición?

Los reformadores trasnochados, pseudo-iluminados que yo he conocido, en el mundo hispanohablante y en el angloparlante, cometen todos la misma desfachatez: actúan como si las críticas que ellos producen deban ser aceptadas ciegamente, sin contra-argumentos, sin contestaciones. Atacan y ridiculizan a aquellos que siguen la tradición, que difunden la tradición, demostrando que son personas tiránicas, déspotas, anti-democráticas. Bueno, así es el ego. El ego habla y pretende que todo el mundo calle cuando él habla. El ego no conoce el diálogo, el intercambio de opiniones. Frente al ego uno debe escuchar, callar y obedecer. Así es el ego. Por eso a estos reformadores trasnochados pseudo-iluminados se le vuelan los tapones de rabia y se le inyectan los ojos de ira cada vez que alguien los corrige o les responde. Ellos quieren siempre ser la única y la última palabra.

Como dijimos arriba: “por sus palabras los conoceréis”.

Entonces, lo que hacemos no tiene nada de malo: proteger y transmitir la tradición tal cual como la hemos recibido de hecho es un procedimiento hábil, necesario, importante. Es lo que se ha hecho en el Theravada desde hace siglos y es correcto. ¿Qué ocurrió con las otras ramas del Buddhismo? Cada generación que recibía la información, los textos, los cambiada, los reformaba. El Mahayana y el Vajrayana hicieron esto. Luego, las generaciones sucesivas siguieron criticando y reformando la tradición reformada que habían recibido. Lo que tenemos ahora en el Mahayana y Vajrayana es en muchos puntos una reforma de una reforma de una reforma. La consecuencia de esto es que las generaciones actuales que siguen estas tradiciones no tienen la información original que dio origen a sus tradiciones (o muy pocos la tienen). Entonces siguen ciegamente su tradición porque no tienen otra opción. No tienen cómo contrastar y comparar la tradición reformada con la tradición original. Y eso hubiera ocurrido también en el Theravada si los monjes y monjas no hubieran conservado y transmitido la tradición tal cual como la habían recibido desde el Primer Concilio.

En el Theravada los textos se han conservado prácticamente sin ningún cambio desde el siglo VI de la Era Común (si hablamos de textos escritos), o desde el Primer Concilio (si hablamos de los textos orales). Así, los que han estado a favor de alguna forma de heterodoxia han fallado en ver la utilidad vital, la importancia vital, la necesidad de que la tradición se conservara tal cual como había quedado registrada. Incluso el hecho de utilizar el idioma páli durante siglos para conservar la tradición ha sido un acierto infinitamente importante para poder tener la INFORMACIÓN PRIMARIA para que todos y cada uno podamos estudiarla y contrastarla y criticarla si eso queremos. Los reformadores a priori que se burlan de la Sangha, que desprecian a los monjes y monjas y el Canon Páli, en su ingratitud y falta de integridad no alcanzan a comprender que gracias a la Sangha, a los monjes y al Canon Páli ellos mismos tiene algo que criticar y reformar. Si la Sangha theravadín no hubiera conservado el Canon Páli intacto durante siglos, esos reformadores no tendrían la información primaria, base, que están criticando y pretendiendo reformar.

Nosotros no seremos así. Nosotros no seguiremos ciegamente una tradición o un maestro, pero tampoco seremos ingratos con la Sangha, con los miles de monjes y monjas que cumplieron su deber al conservar y transmitir la tradición tal cual como los Ancianos la registraron en los primeros Concilios. (Y mucho menos seguiremos ciegamente a los reformadores de turno con sus críticas a priori y sus mentes llenas de odio, de desprecio, sedientos de crear escuelas, de cosechar seguidores, de ser el centro de atención… porque eso es todo lo que quiere el ego.) Nosotros tendremos integridad y gratitud hacia aquellos (los monjes y monjas) que nos han dado algo que estudiar, algo que aprender, algo que analizar y contrastar, y criticar y reformar A POSTERIORI si es lo que queremos hacer. Nosotros no hablaremos de quemar ningún sutta, ningún libro, ninguna iglesia. Nosotros iremos hacia la modestia, la humildad y la mansedumbre, que son realmente las cualidades que conducen a y permiten la verdadera iluminación, el verdadero despertar. Esto es lo que haremos.

NUESTRA GRATITUD Y RESPETO INFINITOS HACIA LA SANGHA: SIN ESTOS VENERABLES HOMBRES Y MUJERES, PRACTICANTES DEL DHAMMA, PORTADORES VIVOS DEL DHAMMA… SIN ELLOS NO TENDRÍAMOS NADA PARA ESTUDIAR Y APRENDER Y CRITICAR Y CUESTIONAR.

SIN EL TRABAJO Y DEDICACIÓN Y FE DE ESTOS VENERABLES HOMBRES Y MUJERES, LOS REFORMADORES Y CRITICADORES A PRIORI (Y A POSTERIORI) NO TENDRÍAN HOY NADA QUE REFORMAR Y CRITICAR. GRACIAS A LA SANGHA TENEMOS LA INFORMACIÓN PRIMARIA, LOS REGISTROS BASE MÁS ANTIGUOS Y CONFIABLES, LA “MATERIA PRIMA” DEL DHAMMA.

SIN ESTOS Y ESTAS VENERABLES EL DHAMMA MÁS CONFIABLE, EL DHAMMA MÁS FIDEDIGNO SE HUBIERA PERDIDO PARA SIEMPRE. NUESTRO GRATITUD Y RESPETO INFINITO HACIA ELLOS TAMBIÉN PORQUE TUVIERON LA HONESTIDAD Y LA CORRECCIÓN DE NO ALTERAR LO QUE HABÍAN RECIBIDO, DE NO REFORMAR Y DEFORMAR EL DHAMMA SEGÚN SUS GUSTOS PERSONALES SINO DE TRANSMITIRLO EN SU PUREZA ORIGINAL.

SIN LA HONESTIDAD Y LA CORRECCIÓN DE LOS MILES DE BHIKKHUS Y BHIKKUNÍS QUE HAN CONSERVADO Y TRANSMITIDO EL DHAMMA DURANTE MÁS DE 2500 AÑOS SIN ALTERARLO, NO TENDRÍAMOS HOY UNA HERMOSA TRADICIÓN CUYA PRINCIPAL CARACTERÍSTICA ES LA PUREZA PRÍSTINA DE SU CANON. GRACIAS A ELLOS HOY TENEMOS NOSOTROS LA POSIBILIDAD DE DECIDIR POR NOSOTROS MISMOS QUÉ ES LA VERDAD Y QUÉ NO ES. 

Bhikkhuni Sangha.

monks

¡SADHU! ¡SADHU! ¡SADHU!

Joya Triple1.

Escepticismo y la mente no-iluminada

Creo en la posibilidad de la mente iluminada, en la posibilidad de la iluminación, del Despertar (bodhi), tal como está definido en los discursos del Canon Páli. Según esta tradición (Theraváda: Doctrina de los Ancianos), hay cuatro niveles de iluminación gradual: tres niveles de iluminación parcial y un último nivel de Despertar total y definitivo. Los cuatro tipos de personas en estos cuatro niveles son llamados nobles (ariya) en general, pero tienen sus nombres específicos en páli:

  1. Primer nivel de iluminación: el nivel del sotápanna, el que entra en la corriente (de la liberación). Es la persona que obtiene un primer chispazo de iluminación al escuchar y entender el Dhamma, la Doctrina del Buddha. Se dice que el sotápanna renacerá siete veces más para poder alcanzar la iluminación total y definitiva. En resumen, el sotápanna ha trascendido tres impedimentos: el impedimento de la creencia en un yo fijo (sakkáya-ditthi), el impedimento de la duda escéptica a priori (vicikicchá), y el impedimento del apego ciego a prácticas y rituales (sílabbata-parámáso).
  2. Segundo nivel de iluminación: el nivel del sakadagami, el que regresa una vez más (a la existencia mundana en el plano humano). Es la persona que, habiendo trascendido los tres impedimentos ya mencionados, también logra debilitar el cuarto y el quinto impedimento: apego a los deseos sensuales (kámmachando) y mala voluntad o desprecio (vyápádo, byápádo). Se dice que este ariya deberá renacer una vez más para lograr el Despertar final y definitivo.
  3. Tercer nivel de iluminación: el nivel del anágámí, el que no regresa (a la existencia del plano humano). Es la persona que ha trascendido completamente, sin remanente alguno, los cinco impedimentos antes mencionados. Este ser renacerá en planos superiores de existencia (como un deva, un ser luz), y allí logrará el Despertar final y definitivo.
  4. El cuarto y último nivel de iluminación: el nivel Arahant, el Perfecto. Es el mismo nivel del Buddha, por lo que en el Canon la palabra arahant muchas veces es sinónimo de Buddha, aunque no a la inversa. Este es el nivel de la iluminación final, total, definitiva. La persona en este nivel no volverá a renacer nunca más, ni como humano, ni como deva, ni como ningún otro ser del samsára. El Arahant ha destruido completamente los diez impedimentos, ha purificado completamente su mente, ha consumido completamente su kamma oscuro, su kamma oscuro-y-luminoso y su kamma luminoso. Es un ser que comprende completamente el Dhamma, al mismo nivel que un Buddha, y que vive el Noble Sendero Óctuple igual que un Buddha.

He aquí la lista completa de los diez impedimentos que se usan de manera general para definir esos cuatro niveles de iluminación (los Arahants y los Buddhas los trascienden todos):

  1. La creencia en una personalidad permanente o yo metafísico (sakkáya-ditthi).
  2. Duda irracional, escepticismo extremo (vicikicchá).
  3. Apego a ritos, rituales y ceremonias (sílabbata-parámáso).
  4. Apego a los deseos sensuales (kámacchando).
  5. Mala voluntad, odio, desprecio, rabia (vyápádo o byápádo).
  6. Deseo vehemente por la existencia en las dimensiones con forma [incluyendo los reinos celestiales inferiores] (rúparágo).
  7. Deseo vehemente por la existencia en las dimensiones sin forma [reinos celestiales superiores] (arúparágo).
  8. Engaño, complejos mentales, mentalidad malsana (mána).
  9. Intranquilidad (uddhacca).
  10. Ignorancia (avijjá).

He visto últimamente que hay varias personas que dicen ser iluminados. Algunos dicen que son sotápanna, pero hablan de sí mismos con orgullo, con arrogancia intelectual, con complejo de superioridad. Tales personas no son realmente sotápanna, porque el orgullo, la arrogancia intelectual, el complejo de superioridad sólo son posibles en personas contaminadas con el primer impedimento: la creencia en un ego permanente o yo metafísico. El pensamiento “soy un sotápanna, soy superior, soy mejor”, es el pensamiento engañado, fantasioso, iluso, de una persona atrapada en la creencia del yo, del ego, la creencia que insiste en la comparación y en establecer diferencias del tipo superior/inferior. Otros están peor aún: dicen que son Buddhas o Paccekabuddhas (Buddhas solitarios), pero son personas vulgares, ordinarias, groseras, arrogantes, pretenciosas. Personas que no saben lo que realmente son o que deliberadamente engañan a sus lectores y amigos por quién sabe qué razones. Tales personas están atrapadas en el octavo y en el décimo impedimentos, por lo menos. Conozco una de estas personas que en todo lo que escribe y dice hay odio, desprecio, menosprecio. Eso es el quinto impedimento (odio, mala voluntad, rabia). Está tan llena de rabia y mala voluntad esa persona que ni siquiera puede fingir el estilo refinado, educado, civilizado, amable, pacífico, de los verdaderos Buddhas y Arahants. Su odio, su rabia, su desprecio le impide si quiera fingir la amabilidad, la cordialidad de los seres verdaderamente iluminados.

Amigos, aprendan todo esto, porque esta información contiene claves valiosísimas para que ustedes juzguen por ustedes mismos y no se dejen engañar por personas confundidas que están buscando seguidores desesperadamente. Cuando le dije a una de estas personas confundidas (o deliberadamente engañadoras) que, si hubiera un Paccekabuddha (un Buddha solitario) en nuestro tiempo, tal ser no utilizaría la Internet ni tendría un blog para enseñar el Dhamma, me respondió que los seres iluminados utilizarían la Internet para comunicarse entre sí. Esta persona es tan ignorante del Dhamma, de la Enseñanza, que ni siquiera sabe que los (pacceka)Buddhas se comunican entre sí mentalmente, de mente a mente, por telepatía: ¡Los Buddhas y Paccekabuddhas no necesitan Internet ni teléfonos celulares para comunicarse entre sí! Y son esos pequeños fragmentos de locura, de ignorancia, los que delatan a esas personas confundidas, a esas personas no-iluminadas que por alguna razón están diciendo que son Buddhas y Paccekabuddhas. Tenemos que estudiar la mente iluminada y la mente no-iluminada, no sólo para no engañarnos a nosotros mismos sino también para que otros no nos engañen con sus locuras, con sus fantasías.

Amigos, yo no escribo esto como un iluminado. Si acaso soy un ariya, un parcialmente iluminado… si acaso, soy un sotápanna, uno que ha entrado en la corriente. Pero si realmente lo soy no voy a utilizar eso como un “adorno”, como un “argumento” para enseñarle algo a alguien o para convencer a alguien de algo. Alguien que realmente ha entrado en la corriente no necesita ufanarse de ello, menos aún aquellos que están en el segundo, tercer y cuarto nivel de la iluminación. Basta decir que todo lo que escribo aquí lo conozco porque estudié los suttas, estudié el Dhamma, lo puse en práctica, medité y entendí por mí mismo, con mi propio discernimiento. Puedo escribir sobre la mente no-iluminada y sus trampas no porque sea yo un iluminado sino porque estudié mi propia mente no-iluminada y descubrí sus trampas, sus excusas, sus métodos de disuasión y manipulación y presión. No habré descubierto todos sus métodos todavía, pero por lo menos me encuentro un poco más cerca del Despertar y por eso puedo escribir con la autoridad de uno que ha visto esto con sus propios ojos, que lo ha vivido en su propia mente. Yo he destruido en mi mismo tantas fantasías, tantas locuras, tantos auto-engaños, que eso me permite explicarlo a otros, en nuestro lenguaje moderno, a aquellos que no tienen acceso a los suttas o que no pueden digerir el estilo antiguo de los suttas. De aquí en adelante en este texto sólo me queda apelar a tu razón y a tu capacidad de ser objetivo. No voy a mentirte. No voy a engañarte como otros que dicen ser iluminados, Buddhas o Paccekabuddhas. No lo soy. Pero eso no importa. Tú mismo sabrás por ti mismo, en algún momento.

El escepticismo y la mente no-iluminada

El escepticismo y la duda razonable en sí no son algo malo. Todo lo contrario. Parte de nuestra inteligencia consiste en dudar y en razonar. Pero… La mente no-iluminada es astuta, es perezosa por naturaleza, desconfiada y no-confiable, experta en filtrar el Dhamma, rechazar el Dhamma, para no tener que cambiar nada, para no tener que comprometerse, para no tener que hacer ningún esfuerzo. Verás que en muchas personas la mente no-iluminada utiliza el escepticismo como instrumento, como palanca, para no tener que poner un pie en el Sendero, para no tener que hacer ningún sacrificio, ninguna purificación. Por eso es que el Buddha señaló la duda escéptica como uno de los impedimentos que obstaculizan el avance en el sendero del Dhamma, en el camino al Nibbána y nuestra liberación del samsára. El Maestro no se refería a la forma sana, prudente, de escepticismo: se refería al escepticismo a priori, al escepticismo “ciego y cerrado”, que es el instrumento que las contaminaciones mentales utilizan para establecerse cómodamente en el nicho de la mente para toda la vida.

Así la persona escéptica a priori no tiene que creer ni siquiera que el Buddha existió en primer lugar. No tiene que creer que el Buddha enseñó algo útil y verdadero. No tiene que creer que, si el Buddha existió y enseñó algo útil y verdadero, esa enseñanza está disponible para nosotros ahora. Y así, el escéptico a priori, ciego y cerrado en su duda automática (tan ciega y tan carente de inteligencia como la fe ciega del creyente), va descartando una a una todas las posibilidades de llegar a la verdad. El Camino Medio Buddhista también consiste en apartarse de estos dos extremos: ni duda escéptica a priori, ni creencia ciega en la tradición y las escrituras.

Así dice la mente no-iluminada:

“Eso el Buddha nunca lo dijo… El Buddha nunca enseñó eso… La tradición está corrompida… La verdad no está en los suttas. Todo el Canon Pali es una falsificación, una creación de los monjes, una tradición retrógrada, ignorante, supersticiosa…”

Tanto en grupos de Buddhismo en Facebook como en Google Plus he leído comentarios de escépticos automáticos que dicen que en 2500 años NADIE ha logrado la iluminación, el despertar (bodhi) porque la enseñanza verdadera del Buddha se perdió para siempre y NADIE más ha logrado poner en práctica su método original de liberación. ¿Y cómo saben ellos que nadie se ha iluminado en 2500 años? Sólo una persona iluminada puede sondear 2500 años de historia universal en este mundo para poder saber si alguien más se ha iluminado o no. Las personas que hacen comentarios como esos están diciendo entre líneas que ellos sí son iluminados, que ellos sí saben la verdad, pero nadie más lo sabe, nadie más se ha iluminado. Es la megalomanía, la arrogancia absoluta y absurda de la persona no-iluminada que en su ignorancia, en su auto-engaño, cree ella ser un iluminado sin realmente serlo. Esto es la tercera raíz del mal (moha: auto-engaño) en todo su “esplendor”.

Así es cómo la mente no-iluminada se sale con la suya, así es experta en evadirse de la realidad, y en el proceso también engaña a otros con sus fantasías y delirios de grandeza.

La mente no-iluminada también dice así:

“El renacimiento no es literal, es metafórico… El kamma no es como lo dicen los suttas… No existe ni el cielo ni el infierno… El cielo y el infierno son estados mentales, estados de consciencia. Siempre hemos renacido como humanos, siempre renaceremos como humanos… Nunca cambiamos de forma (animales, petas, asuras, devas)…”

Estas son las excusas, las generalizaciones, las tergiversaciones, las falacias, las suposiciones, las simplificaciones de la mente no-iluminada para no tener que asumir los preceptos (pañcasíla), para no tener que purificarse, para no tener que asumir la conducta virtuosa (síla), para no tener que ser generosa (dána) y desprenderse de lo material. Porque si una persona cree que siempre renacerá como humano, en el plano de los humanos, entonces puede dejar el estudio y la meditación para después… “Será en la próxima vida, en la próxima existencia… tengo tiempo de sobra”. En su auto-engaño la persona cree que por toda la eternidad renacerá como ser humano y que por tanto no tiene sentido esforzarse mucho.

Pero todo es anicca, cambiante, mutable, impermanente. Nuestra forma humana no es una forma permanente de ser. No seremos siempre humanos. No hay nada fijo, estable, en el universo. POR ESO cambiamos de forma cuando renacemos. POR ESO podemos tener otras formas en otros planos de existencia. No se puede sostener la creencia de que siempre renaceremos como humanos sin contradecir lo que el Buddha enseñó sobre anicca: que todo cambia, que todo muta, que todo se transforma en otra cosa. Y así las personas que sostienen esa creencia errónea de que su forma humana es fija para toda la eternidad no se dan cuenta que eso no es coherente con TODO lo demás que enseñó el Buddha. Así la mente no-iluminada escoge lo que le gusta, lo que le causa placer, y desecha lo que le incomoda, lo que le causa desagrado. “Anicca me desagrada. Lo desecharé. Los planos de existencia me desagradan. Lo desecharé. Eso de que puedo renacer como fantasma, como demonio, como animal, como deva, no me gusta. Lo desecharé…”

La mente no-iluminada es traicionera. O se aferra tercamente a una opinión durante toda la vida, o cambia de opinión a conveniencia de un momento a otro. Una persona cita los suttas de la manera más fanática, y a la semana siguiente está diciendo que los suttas son una falsificación, una tradición supersticiosa e ignorante. Otra persona, profundamente confundida y llena de ignorancia dice que sólo nueve suttas valen la pena y que hay que quemar todos los demás, y esa persona ni siquiera ha leído los otros suttas (porque no han sido traducidos al español), ¿cómo esa persona sabe que lo demás no vale nada si no lo conoce? Así es la mente no-iluminada: no sólo está confundida, es altanera, arrogante, pretenciosa, pedante.

Así vive atrapada la persona no-iluminada en su propia mente. Y por eso el Buddha nunca le dijo a una persona laica “sé tu propio refugio”. Eso se lo dijo el Buddha a sus bhikkus y bhikkunís, monjes y monjas que ya habían renunciado al mundo, que ya se habían purificado en cierta medida. Una persona confundida, perdida, llena de impurezas, dominada por su propia mente no-iluminada, no puede ser su propio refugio. Sólo los que se han purificado por medio de la renuncia (nekkhamma), por medio de la conducta virtuosa (síla) y de la meditación (samadhi) pueden ser su propio refugio. ¡Y cuánto desprecio siente la mente no-iluminada por los bhikkhus y por la Sangha! ¡Cuánta sorna, cuánto menosprecio, cuánta indiferencia! ¿Ves como todo tiene sentido? Lee esos blogs de esas personas

Un consejo de una persona que estuvo atrapada en el lado oscuro de su mente durante muchos años y que gracias a la Doctrina del Buddha logró salir de ese laberinto (por lo menos parcialmente): sigue confiando y creyendo ciegamente en tu propia mente no-iluminada y nunca avanzarás en el Noble Sendero, ni en esta vida ni en ninguna. Si la duda escéptica, ciega y cerrada, a priori, es tu contaminación mental, tienes que admitirlo y darte cuenta. Si la raíz de la fantasía y del auto-engaño es la mayor impureza de tu mente, tienes que admitirlo y darte cuenta. Estas cosas son como la drogadicción y el alcoholismo: mientras haya negación de tu parte, cualquier posibilidad de sanación, de mejora, de emancipación, será imposible de llevar a cabo.

Tienes que ser firme u decirle a tu mente: “No seguirás engañándome. No seguirás mintiéndome. No quiero más excusas. No quiero más manipulaciones, más mentiras, más engaños, fantasías, ilusiones… Tienes que decirme la verdad. Tienes que ver la verdad. Estás contaminada. Estás llena de impurezas. Tienes que purificarte. Tienes que limpiarte.” Y entonces toma refugio en la Triple Joya, para que tu sendero comience bien, comience con buen pie. Y luego asume los Cinco Preceptos para que la purificación mental, moral y espiritual comience. Así es como se hace. Esta es la manera correcta. Así es como los monje y las monjas han logrado la emancipación definitiva a lo largo de estos 2500 años. Así es como la Enseñanza se ha puesto en práctica y ha rendido fruto. Así es como muchos se han liberado ya.

Y cuando tomes refugio en la Triple Joya y cuando asumas los preceptos, tienes que pensar lo siguiente, establecerte en lo siguiente: “Por medio de esta práctica me purifico a mi mismo, por medio de esta Doctrina, de esta Disciplina, de esta Enseñanza, esta mente se purifica. Por medio de estos preceptos y este refugio, se destruyen estas impurezas, estas fantasías, estos engaños, esta ignorancia…” Y te aferras a esto con toda tu fuerza, porque esto es lo mejor, lo más grande, lo más valioso, lo más elevado que, como persona laica, puedas hacer en esta preciosa vida humana.

> Tomar refugio en la Triple Joya.

> Los Cinco Preceptos.

> La enseñanza gradual del Buddha en seis etapas.

Codicia.

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> Buddhismo Theravada para principiantes.

Libros sobre Buddhismo y meditación para leer en línea o descargar en PDF:

El brillo de la vida.     El conocer sucede ahora.     Las cuatro nobles verdades.

La clave de la liberación.    Manteniendo presente la respiración.

El hombre que se llamaba a sí mismo Tathágata.      No Ajahn Chah.

Estrategia Noble.       En las palabras del Buddha.       Dhammapada.

Con cada respiración.         Cómo meditar.       La fortaleza interior.

Bases de la moral buddhista.       Buddhismo en pocas palabras.

Buena pregunta, buena respuesta.

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