No ser así…

A veces necesitamos que nos digan las cosas como si fuésemos niños o adolescentes. Como cuando alguien nos dice: “eso no se hace”. Muchas veces tendremos que ser nosotros mismos los que nos digamos eso. Decírselo a nuestra propia mente, que muchas veces es como el “niño interior” o el “adolescente interior”, y no me refiero aquí a algo bueno con esa expresión.

Decirnos: “No debo ser así. Esto no se hace.”

No ser así, como esas personas que siempre tienen la razón, personas que siempre quieren tener la razón, que siempre necesitan tener la razón. Cuán terrible es ser así, qué terrible para los demás es ser alguien que siempre tiene la razón, alguien que siempre quiere tener la razón.

No ser así, como esas personas que nunca tienen la culpa de nada, personas que nunca se equivocan. Personas que viven en la fantasía perpetua de su propia imaginaria perfección y superioridad. Cuán terrible para los demás es ser una persona que nunca tiene la culpa de nada, que nunca se equivoca. Qué terrible esa fantasía sobre la propia perfección de uno mismo.

No ser así, como esas personas implacables que no perdonan ningún error… Y cuán terrible… 

No ser así, como esas personas manipuladoras que mienten para obtener lo que quieren… Y cuán terrible… 

No ser así, como esas personas que acumulan, que acaparan, que esconden, que nunca regalan nada… Y cuán terrible…

No ser así, como esas personas que siempre hablan bien de sí mismas y siempre hablan mal de otros, como si uno fuese perfecto y los otros no… Y cuán terrible…

Y uno podría seguir alargando la lista. A muchos no les gusta este “yo no debo” y este “yo debo”. Muchos lo evitan. Incluso creen que son más libres, más originales, más espontáneos, más naturales… Y es el propio “niño interior”, infantil, inmaduro, malcriado, el que los dirige, el que los controla. O el propio “adolescente interior”, caprichoso, irracional, iracundo, confundido, el que los dirige y controla. ¿Y qué tan original crees que eres, si haces lo mismo que la mayoría de las personas? Seguir tus propios impulsos y pulsiones, creyendo que son corazonadas y tu intuición infalible, cuando en realidad son tus propias pataletas internas, las pataletas y malcriadez de tu propia mente no-iluminada, tu propia mente no-despierta.

Estoy hablando de cosas que te conducen a la posibilidad de pertenecer a una humanidad avanzada, evolucionada, madura, en esta vida y en las siguientes. ¿Sabes que la humanidad de esta Tierra apenas es adolescente todavía? Los que pertenecerán a esa nueva humanidad que se está formando son aquellos que ya no son niños ni adolescentes en su interior. Ahora viene el “adulto interior”. Y para ser adulto, maduro, uno necesita cumplir muchos deberes, muchos “debo hacer esto” y “no debo hacer aquello”. No te dejes influenciar negativamente por Nietzsche y los otros que atacan estos “yo debo” y “yo no debo”, esos que se creen muy libres y muy espontáneos cuando en realidad son esclavos de su caos interno.

Sí, soy un aguafiestas. Pero así es cómo explicamos y justificamos estos deberes, esta necesidad de “yo debo” y “yo no debo”, de “eso se hace” y “eso no se hace”. Además, no me estoy dirigiendo a mayorías. Me dirijo, como siempre, a unos pocos que son más o menos como yo.

Entonces: sé tu propio adulto interior. Sé tu propio padre-madre interior, tu propio representante legal interior. Deja que los demás hagan lo que les viene en gana, como caballos desbocados. Pero no seas tú así como ellos. Estoy hablando de disciplina aquí. Estoy hablando de responsabilidad. Estoy hablando de otro tipo de madurez. Estoy hablando del presente y del futuro y de cómo se forma la nueva humanidad, la humanidad mejor, el mejor mundo posible, por medio de lo apolíneo, no por medio de lo dionisíaco. Verás que el mundo en el futuro, si la humanidad evoluciona positivamente, estará aún más controlado y más regulado que ahora. Habrá más leyes, más marcos legales, más jurisprudencia, más burocracia. Estas cosas no son malas en sí. Son malas dependiendo de los contenidos que se manejen y de cómo se ponen en práctica. Pero las leyes y la legalidad en sí no es algo retrógrado, algo del pasado como algunos quieren creer.

A medida que las humanidades evolucionan y se hacen “adultas”, se auto-regulan con más cuidado, con más detalle. Y esto se hace por medio del imperio de la ley, que es una manera apolínea de comportarse.

Ramón Morales Castel_Orgánicos2_completa.
Orgánicos 2. Lo dionisíaco rodeando a lo apolíneo.

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