Dicotomía ética del bien y del mal en la filosofía de Buddha

A finales del siglo XIX el filósofo alemán Friedrich Nietzsche comenzó una revolución filosófica al afirmar que no existían hechos morales, que el ser humano no poseía eticidad (rasgos morales) alguna y que por tanto toda la dimensión moral de la experiencia humana era ficticia. La conclusión de Nietzsche se basada en sus lecturas de Charles Darwin y en las interpretaciones tempranas que aparecieron sobre el darwinismo. Si todo lo que el ser humano hace (básicamente un animal más en la naturaleza, según Nietzsche) está motivado únicamente por impulsos y pulsiones inconscientes regidas por la voluntad de poder y la necesidad de sobrevivir, entonces las costumbres y nuestra definición del bien y del mal serían constructos artificiales creados consciente o inconscientemente para dominar y para sobrevivir. Todo lo que el ser humano había definido en términos de la ética, pensó Nietzsche, comenzando por la filosofía y terminando con la religión institucionalizada, sería entonces una fachada para canalizar los impulsos vitales, biológicos y naturales que se mueven dentro de nosotros.

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Friedrich Nietzsche

La moral y la eticidad del ser humano no tienen substancia: tal fue la conclusión del filósofo alemán. Básicamente somos animales que justifican sus actos y sus formas de vida con etiquetas como “lo bueno” y “lo malo”, que en realidad no son más que eso: etiquetas. Esta interpretación nietzscheana del darwinismo temprano dio origen al darwinismo social (todo él negativo, aunque se afirma lo contrario), que desde entonces ha erosionado ferozmente nuestra creencia en la existencia de hechos morales y en la eticidad del ser humano. Pero, ¿acaso no existen los hechos morales? ¿Acaso la eticidad del ser humano no es más que un mecanismo superficial para justificar pulsiones vitales? Todo depende de cómo se defina a la criatura humana.

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Charles Darwin

 

Nieztsche optó por aceptar la visión del darwinismo temprano (que también ha evolucionado, como las especies) de que el ser humano no es más que un animal social, y que por tanto la ética es básicamente un rasgo ficticio puesto que no está presente en el resto de los animales. A esto se puede responder de varias maneras. Se puede decir por ejemplo que (a) hay varios tipos de animales y que el ser humano pertenece al grupo de los animales cuyos actos y pensamientos poseen eticidad. Otra manera de darle la vuelta al problema es afirmar que (b) pueden existir distintos tipos de eticidad y que el ser humano no ha sido capaz de descubrir la eticidad propia del resto de los animales.

mother1.Recientemente se ha descubierto que algunos primates poseen formas rudimentarias de cultura, conductas enseñadas y aprendidas y que sólo se pueden transmitir directamente de padres a hijos por medio de alguna forma de “educación”. También se ha descubierto que ciertas especies de delfines y elefantes poseen formas rudimentarias de dicha “educación”. Donde hay cultura y educación, incluso sin lenguaje y sin instituciones, podemos afirmar que hay eticidad (definiciones del “bien” y del “mal”), aunque tal eticidad y sus objetos morales no puedan ser articulados por los animales en cuestión. Lo que esto significa, en términos darwinistas y nietzscheanos, es que el ser humano no es el único animal que lleva a cabo procesos de educación y de cultura. Y lo que esto último significa es que la eticidad podría ser inherentemente natural en las formas “superiores” de vida animal (mamíferos básicamente). En otras palabras: el Homo sapiens no es dueño exclusivo ni “inventor” de la eticidad. Ergo, la eticidad es en principio natural, proviene de la naturaleza, no es necesariamente una “artificialidad enmascarante” creada por el ser humano. Esto derriba toda la tesis nietzscheana y las conclusiones a priori de los socialdarwinistas del pasado y de la actualidad.

Uno puede ir incluso más allá: uno puede afirmar que el ser humano en sí es un hecho moral, un hecho moral desde el punto de vista de la relación que existe entre materia y vida en el universo. Si un ser humano creciera abandonado en la selva o en un bosque, completamente aislado de otros seres humanos, inventaría su propia forma de eticidad. Y esto probaría que la moral es co-substancial con la esencia misma del ser humano. El problema es que no todos los seres humanos nacidos y crecidos en la naturaleza serán capaces de inventar su propia eticidad (de la misma manera que no todos los humanos que viven en sociedad son capaces de componer una sonata o pintar un paisaje impresionista) y los socialdarwinistas utilizarían esto como una “evidencia” de que los hechos morales y la criatura ética no existen.

La visión del Buddha sobre la eticidad del ser humano y su capacidad para definir el bien y el mal parece incluir varios enfoques. Por un lado el Buddha habla de lo bueno y lo malo en términos de acciones “hábiles” e “inhábiles”. En los discursos del Buddha el mal es el concepto, la abstracción y la etiqueta que usamos para reunir todos los pensamientos, palabras y acciones que no nos conviene realizar, que son inhábiles (akusala* en idioma páli). El bien es el concepto, la abstracción y la etiqueta que usamos para reunir todos los pensamientos, palabras y acciones que nos conviene realizar, que son hábiles (kusala). Esto es un enfoque “utilitarista” del ser humano como ser vivo capaz de realizar acciones. En este punto diríamos que el ser humano es igual a los animales, puesto que los animales también posee pensamientos, acciones, e incluso a veces alguna forma de palabra (aunque muy menos desarrollada que la nuestra). Sin embargo, el análisis del Buddha no es netamente utilitarista. Su criterio para definir qué acciones, palabras y pensamientos son convenientes o inconvenientes toma en cuenta los contenidos y procesos mentales, especialmente la función de la volición (cetana, intención, intencionalidad). La intención con la que realizamos una acción, decimos una palabra, o tenemos un pensamientos, es lo que realmente define si tal acción, palabra o pensamiento es bueno o malo. Así como Nietzsche vio solamente impulsos corporales y pulsiones biológicas detrás de las acciones humanas, el Buddha vio intención (cetana).

Aparte de la intención con la cual realizamos una acción, y que puede servir de criterio para definir una conducta determinada, el Buddha recurrió a tres funciones de la mente humana para poder definir todo el universo de acciones y conductas que abarcan lo hábil y lo inhábil. Esas tres funciones las describiremos con tres palabras clave: atracción, repulsión y negligencia. En los suttas del Canon Páli se les llama a veces el signo de la atracción, el signo de la repulsión y el signo de la vigilancia/negligencia. Comenzaremos con estas tres palabras clave y las utilizaremos para describir todo el edificio filosófico del Buddha con respecto al tema de la moral, del bien y el mal, con el siguiente gráfico:

Dicotomía ética según Buddha.

Lo más interesante de la descripción ética del Buddha es que, basándonos en estos tres mencionados signos o funciones de la mente, tenemos una descripción orgánica, natural de las raíces de la eticidad humana. Aquí el bien y el mal no están definidos desde criterios externos: no es un ser sobrenatural o un profeta que viene a la Tierra a decirle al ser humano lo que debe hacer y lo que no debe hacer. Buddha queda categóricamente excluido de toda posibilidad de ser tomado como profeta o como un ser sobrenatural. Su enseñanza ética es, por tanto, la enseñanza de un ser humano que describió las funciones profundas de la mente humana y que encontró en dichas funciones las raíces de lo que podemos llamar “el bien” y “el mal”. Al utilizar Buddha estas funciones de la mente como criterios para definir el bien y el mal ha dado a lugar a una descripción orgánica, funcionalista, de la moralidad humana. Al ser esta descripción orgánica, funcionalista, psicológica en esencia, puede ser explorada y comprobada por cualquiera.

El bien y el mal tampoco están definidos aquí desde criterios ficticios, hablando en términos nietzscheanos. Lo que esto quiere decir es que, estos tres signos de los que habla Buddha son fácilmente reconocibles en toda mente humana (incluso en la mente del resto de los animales): no provienen, por ejemplo, de un ser divino (ya sea un dios supremo, un alma inmortal o chispa divina, o algún ser demoníaco o ctónico); no provienen tampoco de una dimensión metafísica o de alguna otra entidad transmundana. Los tres signos o funciones, como dijimos, son orgánicos, naturales e inherentes a la fisiología de la mente de seres biológicos. Expliquemos ahora los tres mencionados signos.

El signo o función de la atracción consiste en el hecho de que la mente experimenta atracción, placer, agrado, ante ciertos datos sensoriales y ante ciertos contenidos mentales. El signo de la repulsión es opuesto al anterior: consiste en la capacidad de la mente de experimentar repulsión, rechazo, ante ciertos datos sensoriales y ciertos contenidos mentales. El signo de la negligencia podría llamarse también “signo de la indiferencia” o “signo de ni-atracción-ni-repulsión”. Consiste en la capacidad de la mente humana de no experimentar ni atracción/agrado ni repulsión/desagrado ante ciertos datos sensoriales y contenidos mentales. No todos los datos sensoriales y contenidos mentales son agradables o desagradables: aquellos datos y objetos que son neutros en ese sentido, pertenecen al dominio del “signo de la negligencia”. El Buddha lo llamó negligencia (literalmente falta de vigilancia o no-vigilancia, appamada) porque la mente utiliza esta función para ignorar y descuidar aquello que no parece de interés para la intención que hay detrás de nuestras acciones y pensamientos. Lo que esto significa es que, cuando un dato sensorial o contenido mental no nos proporciona ni placer ni displacer, generalmente lo descartamos o lo ignoramos.

Ahora, como la filosofía de Buddha básicamente es una dieta moral, mental y espiritual, al Buddha le interesó más hablar de los procesos mentales negativos, inhábiles, inconvenientes, inoportunos, que se derivan de estos tres signos o funciones, con el propósito de que las personas pudieran identificar esos procesos y trascenderlos (porque la vida en el mundo se puede definir como una evolución que las corrientes de vida realizan desde lo inhábil hacia lo hábil). Los tres procesos mentales negativos, inhábiles que se derivan de los tres signos el Buddha los llamó impurezas o contaminaciones (en páli: kilesa). Estas tres impurezas o contaminaciones es lo que en esencia se define como “el mal” o “lo malo” en la filosofía buddhista:

  • El signo de la atracción produce la impureza lobha. Esto se traduce como codicia, avaricia, deseo, pasión, sed, lujuria. Entendiendo que lobha se refiere a todos los tipos de procesos mentales basados en la capacidad de la mente de sentir atracción y placer por ciertos datos y contenidos, vemos bien de qué se trata esta impureza. (Hay que entender también que las impurezas aquí mencionadas no son una cosa en sí, un bloque con límites definidos: es más bien una serie o tipo de funciones, un universo de conductas y contenidos, todos basados en el signo de la atracción).
  • El signo de la repulsión produce la impureza dosa. Esto se traduce como odio, aversión, desprecio, animadversión, repulsión. Cuando la mente está funcionando en modo dosa, está entonces experimentando desagrado y repulsión hacia ciertos datos sensoriales y ciertos contenidos mentales. La mayoría de las veces esto se experimenta anímicamente con sensaciones de rabia o de ira, por eso el Buddha incluye la rabia y la ira en el imperio de esta impureza o contaminación mental.
  • En el signo o función de la negligencia, como ya dijimos, la mente no experimenta ni atracción ni repulsión, ni agrado ni desagrado hacia los datos sensoriales o contenidos mentales, y por lo tanto se inclina hacia el proceso de ignorar, de obviar, de desestimar, de desconocer (no prestar atención). Esto explica por qué el Buddha llamó a esta impureza moha, es decir ignorancia (literalmente no-conocimiento). Cuando la mente humana opera en el lado negativo, inhábil, descuidado, de este signo o función mental, se produce lo que llamamos ignorancia, confusión, fantasía, engaño, ilusión, en suma: no-conocimiento, interpretación incorrecta de la realidad.

Como se ve en el gráfico superior, estas tres impurezas forman la columna derecha del mal. En estos tres tipos de procesos mentales (lobha, dosa, moha) tenemos el imperio completo de todo lo malo que el ser humano es capaz de hacer. Aquí están todos los pensamientos, palabras y acciones que podemos calificar de malos o que constituyen lo que llamamos “el mal”. No es que el signo de la atracción sea malo en si, o que la atracción (lobha) sea mala en sí (porque dijimos ya, y el Buddha coincide en esto, que el bien y el mal no son “cosas en sí”, no poseen “coseidad”, hablando en términos nietzscheanos): lo que es malo es cuando utilizamos la atracción de manera inhábil, de manera que no nos conviene o que de manera que nos genere más daño que beneficio. Igual con los otros dos signos e impurezas.

También podríamos decir que las impurezas se definen como la forma extrema, obsesiva, de los tres signos. Por ejemplo: la codicia, la avaricia materialista no es más que una forma extrema, obsesiva, de lobha. Dicho así, lobha es el extremo negativo, inhábil, inconveniente, obsesivo, de la función mental de la atracción. Las adicciones también están representadas allí. Una persona siente placer, agrado, hacia el sabor de una substancia determinada. Cuando la mente se vuelve extrema en su función de atracción hacia esos datos sensoriales, la persona se vuelve entonces adicta a esa substancia en particular, la substancia que le produce placer cuando es consumida. En el signo de la repulsión y en la impureza dosa tenemos por ejemplo el asesinato y la guerra: una persona o grupo de personas sienten un desprecio, una repulsión extrema hacia otra persona o grupo de personas y, entregándose inhábilmente a la función mental de la repulsión la persona o grupo de personas cometen el asesinato de aquello que odian.

El signo de la negligencia es un poco más difícil de comprender. Quizás se pueda entender de la siguiente manera. Cuando la mente siente atracción y agrado hacia algo, tiene la posibilidad de descubrir si ese algo le beneficia o no. La persona prueba la substancia o cosa que le produce placer y al cabo de un tiempo puede verificar si las consecuencias de experimentar, de “consumir” esos datos o contenidos le trae buenas o malas consecuencias. Igual ocurre con la repulsión y el desagrado. Lo más común es el error de la mente de creer que lo que nos produce agrado o placer es bueno para nosotros, mientras que lo que nos produce desagrado o displacer es malo para nosotros. Todos sabemos que esto no es cierto porque lo hemos explorado, lo hemos experimentado. Pero cuando un dato sensorial o un contenido mental no produce placer o agrado, ni displacer o desagrado, la mente no sabe qué hacer con ello. A la mente le cuesta juzgar si los datos sensoriales, las experiencias y los contenidos mentales neutros (en términos de placer y displacer) son beneficiosos o perjudiciales. Por eso el signo de la negligencia, en su extremo inhábil producen lo que llamamos también fantasía, engaño, confusión, ignorancia. Aquello que no despierta ni atracción ni repulsión en la mente, queda relegado a un rincón que no despierta interés alguno en la mente, y por lo tanto la mente no lo analiza, no lo experimenta, no lo desarrolla.

Otro aspecto del signo de la negligencia se refiere a la capacidad humana de crear contenidos mentales que en sí mismos producen placer o displacer. Los temores y las fantasías horrorosas de cosas que no existen son contenidos mentales que producen repulsión y desagrado, mientras que las ilusiones y fantasías esperanzadoras, bonitas, de cosas que tampoco existen son contenidos mentales que producen atracción y agrado. La impureza moha se refiere en este sentido a la capacidad de la mente de experimentar contenidos mentales (ya sean atractivos o repulsivos) que no tienen correspondencia real con la realidad externa sensorial. Por eso incluimos las ilusiones, las fantasías y el (auto)engaño en el dominio de la tercera impureza. Por ejemplo, algunas personas inventan seres que no existen, como estos seres llamados “maestros ascendidos” de la Nueva Era. Estos son contenidos mentales que no corresponden con nada real: son imágenes, datos mentales que sólo existen en la mente de las personas que creen en la existencia de esos seres ficticios. Esto es engaño, auto-engaño, fantasía, ilusión. En el lenguaje de Buddha y en una palabra: ignorancia (no-conocimiento). Otro ejemplo: una persona tiene físicamente un peso normal para su estatura pero cuando esta persona se ve en el espejo, cree verse obesa. La persona no es capaz de analizar correctamente los datos sensoriales: en su mente, la imagen (contenido mental) que se ha creado de sí misma no corresponde con la realidad física (el dato sensorial real dice que no es obesa, que su peso está bien). Esto es un ejemplo de moha, auto-engaño, fantasía.

Que usemos el término negligencia para estos casos se debe quizás a que, en estos procesos mentales el Buddha ve a la mente siendo incapaz de “vigilar” y de interpretar correctamente la información sensorial y los contenidos mentales. También porque, al volvernos vigilantes, atentos a la realidad sensorial y a la observación desapasionada de los contenidos mentales desarrollamos nuestra habilidad para ver las cosas tal como son (en términos utilitarios esto es: ver la verdad, descubrir la verdad, interpretar hábilmente los datos sensoriales y los contenidos mentales).

Habiendo definido los tres dominios principales de la mente humana en los cuales se dan los procesos mentales inhábiles (y por tanto “malos”), el Buddha pudo definir los tres dominios opuestos, y por lo tanto el dominio de lo que llamamos virtud, pureza o “el bien”. Las purezas o cualidades hábiles que son opuestas a las impurezas quedaron definidas en el idioma páli con sus antónimos directos (formados con el prefijo a-): alobha, adosa, amoha (ver columna izquierda en el gráfico superior). En el Canon Páli aparecen otros términos análogos y sinónimos, pero eso no destruye la simetría de estos tres mencionados antónimos.

Ya cubrimos más de la mitad del gráfico superior. Explicamos los tres signos o funciones básicas de la mente y las impurezas o procesos mentales inhábiles que son un extremo de esos signos. Ahora no será difícil definir sus contrarios. Alobha reúne y describe todos los procesos mentales mediante los cuales rechazamos o trascendemos el signo de la atracción. Es el extremo hábil del signo de la atracción. Al rechazar o trascender el placer, el agrado que nos produce un dato sensorial o un contenido mental, somos capaces de destruir todo apego o adicción que podamos tener hacia esos objetos. En términos más mundanos y utilitarios eso lo definimos como desprendimiento de lo material, de las posesiones, generosidad (en el sentido de compartir, regalar, donar, dar), renuncia de los placeres sensuales. Cuando trascendemos la impureza lobha, nos volvemos generosos, desprendidos de lo material, indiferentes a las cosas que producen adicción e intoxicación. Este es el primer tema que el Buddha enseñó a las personas laicas. Y la renuncia a las cosas que nos producen placer es la primera regla de entrenamiento de la persona laica que quiere convertirse en un discípulo ordenado del Buddha, esto es, un monje o una monja. El monje o monja toma un voto de renuncia y desprendimiento de lo material para crear las condiciones necesarias por medio de las cuales la mente se encamina hacia alobha, hacia el bien, la virtud, la pureza en términos del signo de la atracción. Por eso la vida monástica instituida por el Buddha (estilo de vida que el mismo Buddha vivió durante sus últimos 45 años de vida) incluye renuncias o desprendimientos tan radicales como ser célibe, no poseer bienes inmuebles ni dinero, renunciar al gusto por las comidas preferidas, a los perfumes, joyas y espectáculos de música y entretenimiento, etc. Todo esto se hace con el propósito de entrenar la mente en el lado bueno, hábil, oportuno, conveniente, de la barra del signo de la atracción.

En la segunda barra, el signo de la repulsión, adosa es todo lo contrario de dosa: adosa es aprecio, amigabilidad, amor universal, buena voluntad (buenos deseos) y la ausencia de rabia e ira. La persona que ha trascendido el signo de la repulsión y su forma inhábil ya no puede sentir odio, desprecio, repulsión, ni siquiera hacia las cosas que efectivamente son desagradables o displacenteras. En el entrenamiento de Buddha esto se logra con ejercicios de amigabilidad o generosidad amorosa (en páli, metta) y con el ejercicio constante de la compasión (karuna) hacia todos los seres vivos. También la ecuanimidad y la inofensividad son actitudes que nos centran en la paz, en la ausencia de rabio y de ira.

El signo de la negligencia es clave en la Doctrina de Buddha: trascender dicho signo y su forma inhábil moha presupone (siempre y cuando se hayan trascendido también los dos signos anteriores) la adquisición del conocimiento sobrenatural y de la sabiduría total y definitiva en el logro mental y espiritual definido como “el despertar” (bodhi, de donde proviene el substantivo Buddha, que significa “el Despierto”). Cuando la mente es capaz de ver las cosas tal como son, ver la realidad tal como es, la mente ya no puede engañarse a sí misma. Cuando esto ocurre las interpretaciones internas sobre la realidad se extinguen porque la mente es capaz de comprender la realidad sin el mecanismo intermediario de los conceptos y las etiquetas mentales. Por esto es que el Buddha en muchos discursos afirma que su Doctrina trasciende los puntos de vista, las opiniones, las abstracciones y la dialéctica filosófico-metafísica. En realidad el Dhamma o enseñanza de Buddha hace uso de todo este mecanismo discursivo intermediario pero lo hace en la medida en que dicho mecanismo sirve para explicar el método por medio del cual se trasciende todo esto. El Dhamma es así esta “balsa” que uno desecha una vez que uno alcanza la meta (“la otra orilla” o “la orilla lejana”, es decir, Nibbána). Ocurre también que la persona que se acerca al logro de la iluminación o despertar puede efectivamente albergar interpretaciones sobre la realidad, pero tales interpretaciones serán hábiles, correctas, adecuadas, serán interpretaciones que otros sabios podrán corroborar y valorar.

Todo esto apunta a los procesos mentales y cualidades definidas por amoha: la sabiduría, el conocimiento (correcto), la comprensión hábil de la realidad, la interpretación hábil de los fenómenos reales, la honestidad (la incapacidad de engañarse o engañar a otros) y la claridad de la mente (ausencia de confusiones, fantasías, ilusiones). En la práctica, los procesos de amoha se inmiscuyen en el análisis de los otros dos signos, el de la atracción y el de la repulsión. Por medio del conocimiento y la claridad mental y de la descripción hábil de la realidad, podemos comprender cómo funciona la mente y cuáles procesos mentales nos convienen y cuáles no nos convienen. Todo esto que hemos hecho aquí es amoha en acción: hemos arrojado luz sobre los tres signos que son las funciones principales de la mente y que en sí no son ni buenos ni malos, simplemente son funciones que posee la mente; hemos descrito tales signos y las formas inhábiles que asumen, formas que hemos definido como “el mal” porque son procesos que no nos conviene llevar a cabo; y hemos descrito también los opuestos de esas funciones que son la meta a la cual aspiramos. Aspiramos al bien, aspiramos a la pureza, aspiramos a la virtud. Esto es conocimiento y sabiduría en acción (amoha).

Las kilesa (impurezas o contaminaciones) en el Cánon Páli:

  • Como una fuente de daño y sufrimiento en el mundo: Samyutta Nikáya 3.23
  • Como putrefacción: Anguttara Nikáya 3.126
  • Como manchas/enemigos/asesinos/etc: Itivuttaka 88
  • Abandono de las kilesa como una garantía de no-retorno (a la existencia mundana): Itivuttaka 1-8
  • Kilesa forma la raíz de la acción inhábil: Itivuttka 50
  • Kilesa quema como un fuego: Itivuttaka 93
  • Kilesa son como manchas sucias sobre una tela originalmente limpia: Majjhima Nikáya 7
  • Entender lo hábil (kusala) y sus opuestos como una base para el Entendimiento Correcto: Majjhima Nikáya 9

¿Para qué definir el bien y el mal?

Al Buddha en realidad no le interesó definir el bien y el mal con el propósito de discriminar a los seres y poder decir “estos son buenos” y “estos son malos”. Definir lo bueno y lo malo es solamente un medio para etiquetar lo que es hábil (kusala) o inhábil (akusala). Esto es importante meramente porque lo hábil produce consecuencias superiores, adecuadas, luminosas, mientras que lo inhábil produce consecuencias inferiores, inadecuadas, oscuras. Al individuo le conviene saber esto para poder establecer de antemano las consecuencias positivas de su propio futuro: el individuo hábil siembra semillas (kamma) de consecuencias futuras felices para sí mismo y para otros seres; el individuo inhábil siembra semillas de consecuencias futuras infelices para sí mismo y para otros seres. Hay que recordar aquí el Buddha vio la vida del ser humano como una obra que el ser humano mismo construye: no hay un dios o un ser sobrenatural que venga a imponernos un futuro determinado sino que somos nosotros mismos los que construimos nuestro futuro por medio de las cosas que hacemos, pensamos y decimos. Por esto el punto de vista de la ética búddhica tiene un componente utilitario fundamental que contrasta radicalmente con el componente mítico-religioso de las otras religiones mundiales.

Las impurezas (kilesa) definidas como raíz de lo inhábil (akusala) y sus opuestos como raíz de lo hábil (kusala) son el origen de los preceptos morales enseñados por el Buddha. Los preceptos buddhistas no son para la satisfacción de la voluntad de un dios creador ni para el beneplácito del mismo Buddha (quien ya no existe como persona mundana). Son estrictamente para la configuración positiva, feliz, del futuro del individuo. Un discurso donde vemos la conexión directa entre las impurezas (kilesa) y los preceptos morales es el discurso en MN 9, el Sammaditthi Sutta (Discurso sobre el Entendimiento Correcto).

Sammaditthi Sutta

3. “Cuando, amigos, un noble discípulo entiende lo inhábil [no-integro], la raíz de lo inhábil, lo hábil [íntegro], y la raíz de lo hábil, en esa medida él es una persona de entendimiento correcto, cuya visión (entendimiento) es recto, que tiene confianza perfecta en el Dhamma (enseñanza), y que ha llegado a este Dhamma verdadero.

4. “¿Y qué, amigos, es lo inhábil, cuál es la raíz de lo inhábil, qué es lo hábil, cuál es la raíz de lo hábil? Matar seres vivos es inhábil; tomar lo que no nos han dado es inhábil; conducta errónea con respecto a los placeres sensuales es inhábil; hablar con falsedad es inhábil; hablar maliciosamente es inhábil; hablar ásperamente es inhábil; el chisme es inhábil; la envidia es inhábil; la mala voluntad es inhábil; el entendimiento incorrecto es inhábil. Esto es lo que llamamos inhábil.

5. “¿Y cuál es la raíz de lo inhábil? La codicia [lobha] es una raíz de lo inhábil; odio [dosa] es una raíz de lo inhábil; engaño [moha] es una raíz de lo inhábil. Esto es lo que llamamos la raíz de lo inhábil.

6. “¿Y qué es lo hábil? Abstenerse de matar seres vivos es hábil; abstenerse de tomar lo que no nos han dado es hábil; abstenerse de la conducta errónea con respecto a los placeres sensuales es hábil; abstenerse de hablar con falsedad es hábil; abstenerse del habla maliciosa es hábil; abstenerse del habla áspera es hábil; abstenerse del chisme es hábil; la no-envidia es hábil; la buena voluntad es hábil; el entendimiento correcto es hábil. Esto es lo que llamamos hábil.

7. “¿Y cuál es la raíz de lo hábil? La no-codicia [alobha] es una raíz de lo hábil; el no-odio [adosa] es una raíz de lo hábil; el no-engaño [amoha] es una raíz de lo hábil. Esto es lo que llamamos la raíz de lo hábil.

8. “Cuando un noble discípulo ha entendido así lo inhábil [no-integro], la raíz de lo inhábil, lo hábil [íntegro], y la raíz de lo hábil, él abandona completamente la tendencia subyacente a la lujuria, destruye la tendencia subyacente a la aversión, extirpa para tendencia subyacente a la visión y engaño del “yo soy”, y abandonando la ignorancia y haciendo surgir el verdadero conocimiento él aquí y ahora pone fin al sufrimiento. De esta manera también un noble discípulo es uno que tiene visión correcta, cuya visión es recta, que tiene confianza perfecta en el Dhamma y que ha llegado a este Dhamma verdadero.”

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*Kusala y akusala se definen literalmente de la siguiente manera:

  • kusala: kámmicamente íntegro, completo, beneficioso, saludable, moralmente bueno, hábil, y sin culpa.
  • akusala: kámmicamente no-íntegro, incompleto, dañino, insano, moralmente malo, inhábil y culposo.

La necesidad de corregir y construir

Ya comienza a ser un poco frecuente, en grupos de ovnis y contacto extraterrestre en redes sociales, en blogs de conspiración y otros medios, el cliché de que la humanidad es malvada, de que el ser humano es parásito en la Tierra, de que hemos traído el infierno al mundo, etc.

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“Que se pudra la vida y el planeta Tierra” Un comentario “pesimista” (para no llamarlo de otra manera) en un vídeo de ovnis en YouTube.

Sí, hay definitivamente un lado malvado, maquiavélico, destructivo, infernal en el ser humano y en la civilización global que apenas comienza en la Tierra… ¿Pero nos quedaremos en eso nada más? ¿No corregiremos, no construiremos, no cambiaremos nada?

Es muy cómodo sentarse en una poltrona de cinismo, de nihilismo, de abulia y derrotismo para sólo decir lo obvio, para sólo decir UNA PARTE de la verdad (porque es cierto que ni el mal ni el bien son absolutos y las humanidades en los planetas habitados nunca llegan a ser absolutamente buenas o absolutamente malas: siempre tenemos el bien y el mal mezclados en nosotros). Hay que corregir y construir, porque la balanza efectivamente se inclinará hacia donde nosotros queramos que se incline. Quizá nunca lleguemos a ser absolutamente buenos mientras vivamos en el mundo, pero podemos llegar a un 80 o 90 %, y eso sería muy bueno. Podríamos llegar incluso a un 95 o 99 % de bondad, de civilización superior, como otras humanidades lo han hecho. Mientras estamos en el mundo, la bondad y el bien quizás nunca será totales, 100%, pero sí podemos alcanzar casi un 100%.

Hay muchas maneras de corregir y construir la situación. La manera que yo he asumido, que yo he escogido y que difundo, es la manera de la conducta virtuosa y de la compasión y sabiduría que se pueden desarrollar al estudiar y poner en práctica la Enseñanza del Buddha. NO ES una agenda secreta para usar el tema de los ovnis y del contacto extraterrestre para difundir y defender una religión. Es una parte integral de la solución, de esa necesidad urgente de hacer que la humanidad cambie de rumbo.

¿Cómo se corrige la tendencia al mal en la mente del ser humano en el contexto de la conducta virtuosa (síla) enseñada por el Buddha? Para las personas laicas, que son la mayoría en la humanidad, eso se hace asumiendo un compromiso con los cinco preceptos. Al cumplir y defender los cinco preceptos en todo momento, todos los días, uno corrige el mal, uno establece el bien, uno se protege a sí mismo y protege a otros seres vivos. Te invito a levantarte del hueco del pesimismo, del nihilismo y del cinismo. Te invito a practicar los cinco preceptos. Son simples, son directos, funcionan, atacan la raíz del problema. Son adecuados, oportunos, hábiles, correctos, beneficiosos, favorables, fructíferos…

  1. Asumo el precepto de no tomar la vida de otros seres vivos.
  2. Asumo el precepto de no tomar lo que no me han dado.
  3. Asumo el precepto de no mentir, no hablar para dividir, de no hablar bruscamente, con ira, de evitar el chisme y la cizaña.
  4. Asumo el precepto de evitar el comportamiento sexual impropio.
  5. Asumo el precepto de evitar las bebidas alcohólicas y toda substancia que cause negligencia en mi mente.

¿Cómo funciona esto? ¿Por qué los preceptos construyen y corrigen? Porque mientras otros en la humanidad serán asesinos, exterminadores de seres humanos y animales, destructores de flora y fauna, nosotros no lo seremos. Con su comportamiento ellos aumentarán el mal en el mundo pero nosotros, cumpliendo este precepto, no lo haremos. Así construimos una civilización mundial superior y positiva. Primer precepto.

Mientras otros en la humanidad robarán y defraudarán, engañando para apropiarse de las cosas, de los recursos, de las riquezas que no les pertenecen, nosotros no lo haremos. Con su comportamiento ellos aumentarán el mal en el mundo pero nosotros, cumpliendo este precepto, no lo haremos. Así construimos una civilización mundial superior y positiva. Segundo precepto.

Mientras otros en la humanidad hablarán falsamente, con falsedad, con mentiras, diciendo cosas aquí para dividir a otras personas allá, y decir cosas allá para dividir a las personas aquí, hablando bruscamente, con ira, con rabia, difundiendo chismes y metiendo cizaña, nosotros no lo haremos. Con su comportamiento ellos aumentarán el mal en el mundo pero nosotros, cumpliendo este precepto, no lo haremos. Así construimos una civilización mundial superior y positiva. Tercer precepto.

Mientras otros en la humanidad tendrán relaciones sexuales con personas casadas o comprometidas con otros, nosotros no lo haremos. Nosotros no faltaremos el respeto de las personas que se han casado o comprometido, ni tendremos relaciones sexuales con menores, ni con personas discapacitadas, ni forzaremos a nadie a tener relaciones sexuales contra su voluntad, ni tendremos relaciones sexuales haciéndole daño a la otra persona en cualquier manera. Con su comportamiento, los que hagan estas cosas aumentarán el mal en el mundo pero nosotros, cumpliendo este precepto, no lo haremos. Así construimos una civilización mundial superior y positiva. Cuarto precepto.

Otros se embriagarán y llevados por un estado de negligencia cometerán todo tipo de actos dañinos contra otras personas pero nosotros no lo haremos. Nosotros evitaremos toda bebida alcohólica y toda substancia que destruya nuestro estado mental de vigilancia, de alerta, de consciencia presente, de responsabilidad. Porque conservando este estado mental de vigilancia, de alerta, de consciencia presente y de responsabilidad es la manera en que podemos dejar de multiplicar el mal en nosotros y en el mundo. Quinto precepto.

Los preceptos segundo, tercero y quinto son muy claros y fáciles de entender, pero el primero y el cuarto pueden generar ciertas preguntas. Aclararé las dudas que se han generado con respecto a estos dos preceptos.

Primer precepto: ¿Se puede vivir sin aniquilar absolutamente a ningún ser vivo?

Lamentablemente no. Es prácticamente imposible no causar la muerte a pequeños organismos como protozoarios y bacterias que viven en nuestra comida o en el agua. El primer precepto originalmente dice “seres sintientes”, y eso en el lenguaje de Buddha significa lo siguiente: seres humanos, mamíferos, reptiles, anfibios, peces, aves, insectos. Estos son los tipos de seres vivos que según el Buddha poseen: (a) la capacidad de sentir dolor y (b) algún grado de consciencia (si bien no es auto-consciencia [consciencia de sí mismo] en el resto de los mamíferos, en los reptiles, anfibios, insectos, aves, y peces, sí es un tipo de consciencia). Técnicamente esos son los seres vivos cuya vida debemos respetar (la razón “de doctrina” es que, estos seres vivos mencionados son la forma en que una corriente de vida puede renacer en nuestro mundo; las plantas o vegetales no son corrientes de vida renacidas.) Si hablamos de los hongos, que biológicamente no son ni animales ni plantas, podemos asumir por lógica que los podemos incluir en el grupo de las plantas. Los protozoarios y otros organismos unicelulares son técnicamente animales, pero son tan numerosos y están tan presentes en todo nuestro ambiente (incluso dentro de nuestro cuerpo), que nos resulta imposible vivir sin causarle la muerte a estos seres vivos. Lo importante aquí es que no le causamos la muerte a estos pequeños seres microscópicos con intención malvada sino con la intención de proteger nuestra propia vida, por ejemplo en caso de infecciones, amibiasis, etc.

Entonces, creemos que una interpretación racional, natural, del primer precepto es que se refiere a respetar la vida de seres humanos, mamíferos, reptiles, anfibios, peces, aves e insectos. El Buddha también dice que sus discípulos respetan las plantas y los granos. A lo que se refiere es que no debemos causar incendios forestales o la extinción de especies vegetales, tampoco quemar o destruir grandes cantidades de grano (algo que en la antigüedad se hacía durante tiempos de guerra para matar de hambre a los pueblos y ciudades asediadas). Aunque el primer precepto no incluya a los vegetales (y algas y hongos), porque necesariamente tenemos que alimentarnos de algún ser vivo, creemos que es racional, natural y en consonancia con la Enseñanza del Buddha respetar también la vida vegetal en su conjunto evitando daños masivos a las cosechas, las selvas y los bosques y a los depósitos de granos.

Cuarto precepto: ¿Qué es exactamente la conducta sexual impropia, según el Buddha?

Una interpretación errónea del cuarto precepto sería creer que se trata de la homosexualidad o bisexualidad. No se trata de eso. El Buddha enseñó muy claramente sobre lo que significa “conducta sexual impropia” desde el punto de vista de la sabiduría y compasión búddhicas: básicamente se refiere a la infidelidad. La lista completa de conductas a la que se refiere el cuarto precepto es la siguiente (incluye lo que está en el Canon Páli más lo que nos enseñan en la tradición oral del Theraváda):

  • Tener relación sexual con la pareja de otra persona.
  • Tener relación sexual con menores de edad (16 o 18 años, dependiendo del país donde uno vive).
  • Tener relación sexual que implique el riesgo de una enfermedad infecciosa.
  • Tener relación sexual con alguien comprometido o casado con otra persona.
  • Tener relación sexual con una persona encarcelada, forzada, o sometida por la ley.
  • Tener relación sexual con los propios hijos de uno o aquellos que están bajo la protección de otras personas.
  • Tener relación sexual con el propio padre, madre, hermano, hermana, tío o tía.
  • Tener relación sexual con aquellos que nos han sido dados para que los cuidemos en calidad de padres o responsables.
  • Tener relación sexual en lugares como escuelas, jardines de infancia, orfanatos, iglesias, templos, monasterios, organizaciones juveniles, instituciones mentales.
  • Tener relación sexual con animales, con excremento o con cadáveres.

Según mi conocimiento casi todos los puntos de esta lista se encuentran literalmente en el Canon Páli como Buddhavacana (“palabra de Buddha”). El resto forma parte de la tradición oral del Theraváda. O quizás todos estos puntos están en el Canon pero yo no los he encontrado para poder citarlos. El punto es que consideramos que esta lista está en concordancia con la compasión y la sabiduría de los Buddhas y por lo tanto es lo que incluimos en el cuarto precepto como definición de “conducta sexual impropia”.

Un juicio injusto contra la religión

Otra cosa que se está haciendo común en los círculos de ufología y contacto extraterrestre es el prejuicio destructivo contra las religiones. Se ha difundido la tendencia, creada en los círculos de escepticismo fanático a priori y del racionalismo radical cuasi-fascista, de que las religiones son “el veneno de la humanidad” o “la droga de las masas” o “sistemas de dogmas creados para dominar a las masas”, etc. Eso puede ser cierto para ciertas religiones y ciertas sectas, pero no se debe generalizar.

La religión es un fenómeno complejo. No es algo que se pueda tratar y analizar en términos simplistas, con generalizaciones y simplificaciones. Los escépticos fanáticos y los racionalistas radicales ateos que han dado origen a esta tendencia anti-religión explotan el mismo tipo de generalizaciones y simplificaciones que los fanáticos religiosos utilizan tanto para atacar a las religiones ajenas a la suya como para atacar a la ciencia y el avance del conocimiento científico. En ese sentido, el escepticismo fanático y el racionalismo ateo radical se encuentran en el mismo nivel mental que aquellos fanáticos religiosos que ellos mismos pretenden criticar y corregir. Es un estado mental de intolerancia y tergiversación intencional con el fin de menospreciar las ideas y culturas de otras personas.

“El escepticismo fanático y el
racionalismo ateo radical se
encuentran en un estado mental
de intolerancia y tergiversación
de los hechos con la intención de
menospreciar las ideas y culturas
de otras personas. ¿No es eso lo
mismo que hacen los fanáticos
religiosos de ciertas religiones?”

No se puede corregir un error o una impostura con el mismo tipo de error o impostura. No se puede corregir el mal añadiendo el mismo tipo de mal. Las religiones pueden ser muy diferentes y no se pueden meter en el mismo saco. El Buddhismo es una religión que rechaza la idea de un dios creador supremo: ¿cómo podría entonces decirse que el Buddhismo es lo mismo que el cristianismo, el judaísmo o el Islam? En el Buddhismo se acepta la existencia de seres espirituales superiores, algunos de los cuales son tan grandes y poderosos que se les llama “dioses”, pero se acepta que ninguno de estos seres es eterno ni perfecto ni creador del mundo y del ser humano. ¿Cómo podría eso ser igual a las doctrinas creacionistas y a las religiones que piden una sumisión a un dios creador? En el Buddhismo se habla de cielos y de infiernos, es cierto, pero se les define como planos de existencia temporales en los cuales uno renace por causa de las propias acciones del individuo. ¿Cómo puede eso ser igual a la doctrina del cielo como premio eterno y del infierno como castigo eterno de un dios que te coloca allí por haberle desobedecido o por haber rechazado sus mandamientos? No es igual.

Estos cinco preceptos que hemos tratado aquí no son mandamientos de un dios. Ni siquiera son requisitos para satisfacer al Buddha. Son un modelo de conducta para que la persona no siembre causas (kamma) para su propio sufrimiento en el futuro. Uno mismo construye su futuro. Uno mismo cosechará las consecuencias de lo que uno haga. Los preceptos son buenos simplemente porque nos conviene no sembrar kamma oscuro o malo. Pero los preceptos también están diseñados para que no le hagamos daño a los otros seres en el universo, todo esto para poner en práctica el principio búddhico de no-violencia o inofensividad (ahimsa), que es algo esencial que enseñan todos los Buddhas en todos los mundos del universo.

Buda protegiendo el mundo.
Los Buddhas y Arahants son protectores de los mundos donde temporalmente viven. Más específicamente: son protectores de los seres vivos de esos mundos.

Hay una relación fundamental, indestructible, entre la capacidad de hacer el bien y el principio de ahimsa: los seres que hacen el mal son ofensivos, destructivos (himsa significa literalmente herida, daño, golpe); los seres que hacen el bien son inofensivos, constructivos, no-violentos (ahimsa significa literalmente no-daño, no-herida, no-golpe). Puedes ver los preceptos desde el punto de vista “egoísta” o “individualista” de que “esto me conviene” para crear las condiciones luminosas de un futuro feliz para tu propia corriente de vida. Y también puedes verlos desde el punto de vista del servicio espiritual que podemos realizar para los otros seres en el universo, como una manera práctica, real, efectiva, funcional, orgánica, de actuar con compasión y sabiduría en el universo.

A los que atacan todas las religiones en paquete como si todas fueran iguales y lo mismo, y a los que afirman, con gran error, que el Buddhismo también fue creado para manipular y dominar a las masas, valdría la pena preguntarles: ¿es entonces un camino elevado imitar a los malvados, a los malos, a los violentos, a los destructivos, a los ofensivos? ¿Creen realmente que es así como va a evolucionar positivamente la humanidad? No lo creemos. La humanidad puede evolucionar positivamente sólo si toma un camino positivo, constructivo, sólo si dejamos de imitar a los malos, sólo si dejamos de defender, justificar y reproducir la violencia, el maquiavelismo, las conductas dañinas, los comportamientos que hieren y golpean (himsa) a otros.

Ni siquiera necesitamos atacar y vengarnos de aquellos que tienen el poder económico y político y que lo utilizan para el mal. Ellos mismos caerán por las consecuencias de sus propias acciones, sin que nosotros tengamos que mover un dedo. El que está en el poder político o económico ahora y lo utiliza para someter a otros, para apoderarse de los recursos y las riquezas, ese renacerá luego en la pobreza, sometido a la avaricia y maldad de otros que serán así como él fue. Los plutócratas, los acumuladores de riqueza y poder, están sembrando ellos mismos un futuro donde otros plutócratas y acumuladores de riqueza y de poder serán sus “amos”, sus victimarios. Nosotros de hecho adquiriremos poder espiritual al practicar los preceptos. La conducta inofensiva, compasiva, practicada a largo plazo, produce luz y poder en aquellos que la practican. ¡Ojalá pudiéramos aprender y practicar estos preceptos en esta vida y en las siguientes! ¡Ojalá pudiéramos crear una cultura mundial basada en estos preceptos, en el principio de ahimsa!

Que aquellos que dudan lo mediten y lo pongan en práctica… Eventualmente verán que este camino es más razonable, más civilizado, un camino en sintonía con la luz y no con la oscuridad. Asumiendo este camino es como nos vincularemos con aquellos (que vienen de “afuera” y de “arriba”) que son mejores que nosotros, más civilizados y compasivos y sabios que nosotros. Lo que es similar, se atrae, se vincula, se ayuda mutuamente. Así ha sido siempre.

tigre y hombre.
Los inofensivos, los mansos, los compasivos, serán tratados con inofensividad, con mansedumbre y con compasión. Los violentos, los dañinos, los ofensivos serán tratados con violencia y con agresión. Recibirás lo que en el pasado diste.

La evolución positiva de la televisión

Hay algunas opiniones extremas con respecto a la televisión. Que mirar televisión varias horas al día embrutezca es una generalización. No tiene por qué ser así. Es un instrumento más, como la computadora y la internet. La puedes usar para embrutecerte pero también la puedes usar para educarte y crecer en conocimiento. Todo depende de cómo la uses.

Afortunadamente la televisión también ha venido evolucionando positivamente. Yo confieso que dedico varias horas al día a la televisión. ¿Qué veo? Una parte del tiempo lo dedico a las noticias internacionales, porque siempre es bueno estar informado de lo que ocurre en el mundo. Otra parte la dedico a documentales y seres especiales (recomiendo mucho los documentales y especiales de RT, por ejemplo; son excelentes). Algunos canales con contenido educativo solían ser muy buenos. Yo veía por ejemplo Discovery Channel y History Channel pero, lamentablemente, como casi todo lo que hacen los estadounidenses, bajaron la calidad de sus programas para aumentar los ratings de audiencia. Hoy no dedico ni media hora a los “programas-basura” imbuidos de pop culture y violencia de Discovery Channel, o sus películas de ficción como esa de las sirenas (por cierto, muchos vieron esa película en Discovery Channel y creyeron que se trataba de un documental real: NO LO ES, NO EXISTEN LAS SIRENAS). History Channel es otro canal que se ha degradado con programación basura mercantilista, sobre armas y violencia, o la ya súper fastidiosa serie de Alienígenas Ancestrales, etc. Yo creo que si Discovery y History Channel quieren volver a la vanguardia que tenían hace años, deberían renovar su programación porque, una cosa que precisamente detiene la evolución positiva de la televisión es convertirlo todo en “entretenimiento”: los canales educativos no tiene por qué ser canales de entretenimiento vacío y el entretenimiento no tiene por qué girar siempre en torno de las armas de fuego, de la violencia y de la explotación barata de “temas fronterizos” como son el tema de los fantasmas y los ovnis.

Otra parte de mi tiempo frente al televisor lo dedico a los reality shows. Afortunadamente esta es una parte de la televisión que ha evolucionado positivamente. De los programas lamentables de competencia donde los participantes tienen sexo bajo las cámaras “ocultas”, o los reality de crápula (como algunos de MTV), hemos pasado a programas más serios, naturales y positivos como esos programas de gente pequeña que pasan por TLC, el de los Amish que abandonan su comunidad, o programas socialmente educativos como Yo soy Jazz. Este tipo de reality son los que me gustan porque me muestran cómo viven las personas positivas y de manera constructiva, y esto es buena televisión. Me gustan también los programas de viajes y de comida en otras culturas. Son programas con los que uno puede aprender cómo vive la gente en otros países, sus costumbres, sus maneras, etc. El pequeño mundo social de una persona crece al ver que su cultura sólo es una pequeña parte del mundo, que más allá de las frontera nacional hay todo un mundo desconocido de pueblos, naciones, etnias, culturas, formas de ser.

Yo soy Jazz.
Yo soy Jazz, uno de mis programas favoritos, muestra la vida de una niña transgénero atravesando su transición física de “legalmente niño” a mujer.

Cuando uno usa la televisión así, no es una experiencia embrutecedora. Yo pienso que lo te embrutece son los contenidos que refuerzan los estereotipos tontos de nuestras sociedades: las telenovelas, la mayoría de las series cómicas… O la mayoría de las series y películas dedicados al crimen y la violencia. Con las series de detectives y crímenes ha habido también una evolución positiva, afortunadamente. Antes todas estas series se dedicaban al drama y al trauma del hecho en sí del crimen, pero a medida que la sociedad se ha ido adaptando (y cansando) de este enfoque, las series han evolucionado más hacia el mundo psicológico de los protagonistas (los policías, los detectives y también los criminales). Por eso es que series como The CloserMajor Crimes puede que no te llamen la atención para nada en un principio (como a mi), pero cuando las ves te enganchan porque te muestran el lado humano de los que trabajan para “la ley” y también el lado humano de los criminales. Así se “humaniza” a las personas (en realidad siempre han sido humanos, pero no lo veíamos así) que en un viejo enfoque eran simplemente agentes de una dicotomía del bien y del mal, de los “buenos contra los malos”. En las series del viejo enfoque el criminal o el delincuente era simplemente el malo de la historia: en el nuevo enfoque se muestra al criminal como lo que es: otro ser humano que en la mayoría de los casos se vuelve un “criminal circunstancial”, por decirlo de alguna manera. En este sentido Latinoamérica todavía está en pañales porque nuestras series de crímenes y detectives todavía emulan el enfoque viejo que ya está causando hastío en regiones como Norteampérica y Europa: estamos mostrando lo malo de nuestros países a la manera en que EE.UU lo hizo hace décadas en vez de saltar directamente al nuevo enfoque, que es más humano y positivo.

En el caso de los canales de noticia también hay una evolución positiva. Tengo que hablar aquí de la decepcionante experiencia de la CNN: un canal de noticias que en algún período fue muy bueno pero que se ha ido degradando por esa necesidad gringa de convertirlo todo en “entretenimiento” y de ganar seguidores a costa de lo que sea. La audiencia de hoy ya no es como en las décadas pasadas. La audiencia de hoy sabe más y es más exigente. Es decepcionante cuando tu canal de noticias preferido comienza a mostrarte las noticias con una falta de seriedad que daña el proceso mismo de la información. La última vez que vi CNN fue en 2011. Es lamentable. Últimamente he leído las noticias sobre las faltas graves al periodismo en los programas de la CNN, incluso la difusión de noticias falsas. Estamos viendo la muerte lente de un canal de noticias que se está destruyendo a sí mismo con los errores que están cometiendo. Y por otro lado canales como RT están dando el golpe de gracia al mantenerse en la vanguardia por medio del único método que siempre funciona: no cometer errores y jugar con las noticias, con la información. Porque las audiencias ahora no quieren sentir que están jugando con sus mentes, que están manipulando sus opiniones o su capacidad de sacar sus propias conclusiones. Aquí la evolución positiva la dicta el público que también evoluciona cuando se hace más exigente, más crítico.

En fin, es un tema que da para escribir varias notas.

Origen de la imagen:

> Jazz Jennings: “Me emociona que haya niños que me digan que no estarían vivos si no me hubiesen conocido”.