Esos mágicos momentos (aviones y ovnis)

He vivido durante varios años en frente de un aeropuerto: el borde sur del Aeropuerto Internacional José Tadeo Monagas de la ciudad de Maturín (oriente de Venezuela). Primero, desde mi año 2 de vida hasta los ocho años, y luego otra vez desde el año 2001 al 2006, y luego otra vez desde el año 2010 hasta el presente. Sé cómo se ve un avión, cómo luce, cómo se mueve, cómo se oye. Sé cómo son los aviones grandes y pequeños, los aviones militares de mi país y los helicópteros. Sé cómo despegan y cómo aterrizan. Los he visto y escuchado cientos, quizás miles de veces. Sé cómo se ven las luces de los aviones en la noche y cómo el sonido de las turbinas cae sobre uno como una lluvia de sonido que cae uno o dos minutos después de que el avión pasó por sobre la cabeza de uno.

Cuando era pequeño, en ese primer período de 1983 a 1988, varias veces soñé que volaba. Eran viajes astrales, como los llaman ahora, pero para mí era simplemente irse a dormir y luego recordaba estar volando sobre la casa y sobre el aeropuerto. En ese período de tiempo, cuando tenía seis o siete años de edad, ya me gustaba dibujar mucho. En una ocasión quise dibujar un plano del aeropuerto pero como era muy grande, necesitaba una hoja de papel muy grande para hacerlo. Y como no tenía una hoja de papel tan grande, se me ocurrió sacar la gaveta de un mueble en mi cuarto y dibujar el plano en la lámina de madera, por el lado de abajo de la gaveta. En ese dibujo hice un plano del aeropuerto con su edificio principal, la torre de control, las pistas y los terrenos vacíos alrededor. También recuerdo haber dibujado los árboles, pero todo desde arriba, como una vista cenital o un plano de planta de techo como se llama en arquitectura. En esa misma época una amiga de mis padres que era arquitecto nos visitó y vio el dibujo que yo había hecho. Ella dijo que era inusual que un niño de mi edad hiciera un dibujo de planta de techo, puesto que es algo que se enseña en arquitectura y no es muy común que los niños dibujen ese tipo de cosas.

Yo por supuesto no sabía nada de nada en ese momento. Yo simplemente dibujé algo que había visto desde arriba. Sí recuerdo haberle dicho a mi madre algo así como: “mamá, cuando estoy dormido puedo volar”, o algo similar. No estoy contando lo del dibujo para insinuar que soy una persona especial en el sentido de ser superior o ser mejor. Cuando uno comprende que el ego no existe realmente, que es un fantasma, una ilusión, un proceso mental erróneo, ningún tipo de pensamiento de “soy mejor” o “soy superior” ocurre, simplemente porque no tienes sentido. Por supuesto que soy especial pero eso no significa “mejor” o “superior”: sólo significa “más diferente que el promedio”. La historia del dibujo del aeropuerto y de los viajes astrales la comparto para ilustrar la familiaridad que siempre tuve con el tráfico aéreo de los aviones y con el aeropuerto del lugar donde vivo. Y esto lo digo para establecer porqué puedo distinguir muy bien un aparato volador terrícola de un ovni o una nave extraterrestre.

Esos mágicos momentos en que uno ve estas naves…

Claro, para los que han tenido experiencias de rapto por parte de extraterrestres, como miles de ciudadanos estadounidenses las tuvieron durante las últimas décadas del siglo pasado (con el grupo de extraterrestre llamados “los grises”), el avistamiento de una nave extraterrestre puede ser una experiencia terrorífica. ¡Afortunados somos el resto de los terrícolas que no tuvimos que tener esa forma negativa de esta experiencia!

Para mí, la experiencia de contacto extraterrestre, comenzando por el nivel más básico que es el avistamiento de sus naves, es una experiencia positiva. Y esos momentos de avistamiento siempre han sido mágicos porque me han conectado como persona con algo que es mucho más grande que yo, con un grupo de seres que tienen un nivel mucho mayor que yo de responsabilidad, de conocimiento, y de poder. Me refiero a un nivel mayor de responsabilidad, conocimiento y poder que toda nuestra humanidad actual. El avistamiento del ovni sirve mucho para confirmar que existe ese “algo” que muchos dicen que existe pero que muy pocos han visto. Se entiende por qué las personas que no han visto una nave extraterrestre necesitan verla para tener una confirmación. Y por eso ellos se muestran a veces en oleadas, para brindarle esa experiencia a miles de personas en decenas de ciudades en las que se han mostrado.

Todos los años desde hace décadas ocurren estas oleadas y es increíble, realmente ridículo, que todavía muchas personas dicen que no ha ocurrido nada de esto, que no hay ninguna evidencia de la visita extraterrestre. Necesitar tener la experiencia personal como confirmación visual es una cosa pero el negacionismo duro, puro y terco es otra cosa. Lo primero se justifica y es natural, lo segundo es mera necedad.

El primer avistamiento del que tengo memoria es bastante reciente. Ocurrió en el 2010, hace apenas siete años. Eran más o menos las diez y once de la noche y se me ocurrió salir al patio trasero de la casa, en este mismo lugar en el borde sur del aeropuerto que ya mencioné. El cielo estaba totalmente despejado, la atmósfera estaba muy clara. Aquí no hay mucha contaminación luminosa, así que, cuando la atmósfera está despejada, se pueden ver las estrellas, no tanto como se pueden ver en el campo, pero si mucha más que en la mayoría de las ciudades grandes del mundo. Recuerdo haber levantado la mirada, doblando el cuello al máximo para ver el punto justo sobre mi cabeza. En ese momento se encendió una luz, un puntito de luz blanca pero muy sólida en medio de las estrellas brillantes, un puntito de luz que se movió lentamente de norte a sur, en línea recta, justamente en el lugar en el que yo había decidido mirar hacía apenas unos segundos atrás. El punto de luz recorrió varios grados, yo diría que unos diez grados de arco en un lapso de tiempo que duró menos de treinta segundos, y luego desapareció.

Estas luces blancas y sólidas no son aviones de ningún tipo. Cuando uno ve un avión por debajo, es decir, cuando el avión está justo sobre la cabeza de uno, no se ve como una luz perfectamente circular y sólida. Además, los aviones generalmente tienen dos luces, una luz fija y una que se prende y se apaga regularmente. No hay razón para que un avión haya apagado sus luces desde su horizonte de origen y las haya prendido durante treinta segundos solamente para apagarlas luego hasta su horizonte de destino. Ningún avión militar o aeronave terrícola hace eso. Esta avistamiento no estuvo acompañado por sonidos de ningún tipo y los aviones que pasan a cierta altura por sobre esta ciudad (hay tráfico constante de norte a sur y viceversa) siempre vienen con su estela cónica de sonido de turbinas. Los satélites en órbita o geoestacionarios despiden destellos de luz en ciertas horas de la noche, cuando la luz del sol choca con las superficies del satélite, pero estos destellos son más bien afilados y de menor intensidad que lo que yo vi. Además, los satélites terrícolas se mueven con menor velocidad que lo que yo vi.

Ellos saben…

Esto es algo que entendí algún tiempo después de ese primer avistamiento. No sé si todos los extraterrestres que nos visitan son telépatas, pero definitivamente muchos lo son. Es la siguiente etapa de evolución del tipo humanoide. Y esta nave que yo vi se hizo visible expresamente en el momento en que lo hizo para que yo pudiera verla. Ellos saben telepáticamente cuando uno está observando y entonces pueden “prender las luces” sólo para uno tenga la experiencia de confirmación visual. Este mismo fenómeno de hacerse visibles justo en el momento en que yo veo hacia el cielo se repitió dos veces más después de ese primer avistamiento. En el 2014, el segundo avistamiento que tuve de este tipo (me refiero a los avistamientos en que las naves “prenden su luz” para que yo las vea) fue realmente espectacular. La nave también iba de norte a sur pero no sobre mi cenit sino en una línea un poco más hacia mi derecha, hacia el nordeste (en ese momento yo estaba de pie mirando hacia el norte). La intensidad de luz fue creciendo lentamente y llegó a ser tan brillante que me dio taquicardia. Es el “ovni” (aunque ya no cabe llamarlo así) más brillante que he visto hasta ahora. Y ellos lo hicieron porque yo lo pedí mentalmente en ese momento. Yo quería que repitieran esa maniobra del 2010, estaba pensando en eso en ese momento, y ellos lo hicieron. El brillo de esta luz duró también unos treinta o cuarenta segundos y luego la nave volvió a su invisibilidad habitual. La nave volaba más bajo que la que vi en 2010 pero sobre el nordeste de la ciudad, no exactamente sobre el área del aeropuerto donde yo vivo.

En mi caso ellos no pueden acercarse mucho porque no quieren intervenir con el tráfico aéreo de esta zona, o al menos eso es lo que pienso. Todas las veces que he visto estas naves, los aparatos parecen estar muy arriba en la atmósfera, más alto que la altura habitual de los aviones más grandes, pero no tan alto como las órbitas de nuestros satélites. En varias ocasiones he visto los ovnis varias veces en un lapso de media hora o una hora, moviéndose casi siempre de norte a sur y de sur a norte, como si estuvieran cubriendo una ruta. No sé si sea el mismo aparato que está yendo y regresando o si son varios aparatos. En total han sido hasta ahora unas diez ocasiones, desde el 2010, en que he visto estas luces sobre la ciudad donde vivo. Esto no me ha ocurrido en los otros lugares donde he vivido (Isla de Margarita y Caracas).

Nave espacial. Lápiz mecánico sobre papel.
Boceto de una nave nodriza. Esto sólo es un dibujo de mi adolescencia, producto de mi imaginación. La nave tiene forma de “huevo”. Los espacios vacíos abajo a la derecha e izquierda son “hangares” para guardar naves más pequeñas. El espacio cerrado central en la parte inferior de la nave tiene atmósfera. Los cilindros superiores son depósitos y el volumen esférico en la parte superior es un habitáculo con atmósfera para seres vivos. El resto de la nave no está dibujado. Esta sería una nave de varios kilómetros de diámetro. Las estructuras superpuestas sobre el cuerpo principal (abajo a la izquierda hay una y arriba hay dos) serían piezas móviles de propulsión para toda la nave (por eso les dibujé ejes de rotación). En esta nave podrían vivir entre cinco y diez mil personas.
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