Estudio de una carta natal: caso Nietzsche. Parte 2.

Información de contexto sobre este artículo. Escribí estos dos artículos en el año 2008, cuando comencé a estudiar astrología en profundidad. Este artículo lo publiqué originalmente el jueves 4 de septiembre de 2008 en El Ultimátum Hiperbóreo. El texto fue escrito desde la perspectiva de una persona escéptica que recién descubre en el estudio de una carta natal una serie de “coincidencias” o coherencias entre la biografía de un sujeto y los textos astrológicos que describen las distintas partes de la carta natal, coincidencias o coherencias que dan razón a la astrología moderna occidental como instrumento de descripción psicológica y que certifican la herramienta de la carta natal o cosmograma como un diagrama que representa gráficamente la configuración psicológica de tendencias del individuo. Todos los análisis y afirmaciones están estrictamente basados en la biografía confirmada del sujeto estudiado (el filósofo alemán Friedrich Nietzsche) y en citas textuales de astrólogos reconocidos mundialmente. Al final del artículo añado un comentario actualizado al día de hoy sobre el punto controvertido referente a la hora de nacimiento (y por tanto el signo ascendente) de Nietzsche.
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El experimento teórico en esta segunda parte, además, serviría para demostrar la asertividad de la astrología basada en el zodíaco tropical, en contraposición a aquella basada en el zodíaco sideral. Los números entre paréntesis de cada apartado incluyen información biográfica del sujeto estudiado.
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Estudio de una carta natal: caso Nietzsche.

Parte 2

En esta parte del estudio de la carta natal citaré los autores que consideré para realizar el parangón de las nociones astrológicas que se refieren a las posiciones planetarias. Para comprender mejor lo que se está tratando de hacer, lea primero la Parte 1. El propósito de esta segunda parte es múltiple. Por un lado se analizarán los textos citados para verificar en qué medida resultan ser efectivos en la descripción del carácter y potencialidades del sujeto que hemos escogido para estudiar (Friedrich Nietzsche). Por otro lado, será útil anotar cómo difieren los autores entre sí, y un posible estudio alternativo sería buscar individuos que concuerden con estas posiciones para sacar evidencias estadísticas que avalen la asertividad de los textos citados.
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Es necesario hacer algunas aclaratorias sobre los textos. En primer lugar, titulo cada sección con el nombre del astro en cuestión en mayúsculas y su posición en la carta natal de Friedrich Nietzsche. Luego cito textualmente a Dane Rudhyar, en Las casas astrológicas. La experiencia individual en un marco de referencia. (Editorial Kier, tercera edición). Estos textos de Dane Rudhyar toman en consideración SÓLO la casa o sector en la que se ubica el planeta, y no el signo zodiacal que le sirve de fondo. Pero aún así, sus textos se consideran de cierta autoridad para comprender dichas configuraciones astrológicas.
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El segundo texto citado se basa en la fórmula de Geoffrey Cornelius y Maggie Hyde, en Astrología para principiantes, (Documentos Ilustrados, Era Naciente) y considera tanto la casa en la que se encuentra el planeta, como el signo que le sirve de telón de fondo al planeta. Es un texto muy corto y conciso, por lo que es menos fácil de analizar y comprobar.
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En tercer lugar, cito a Derek y Julia Parker, en El nuevo gran libro de la astrología (Alfadil Ediciones, Editorial Debate, cuarta edición). En este caso, al contrario del texto de Dane Rudhyar, se tomó en consideración el signo zodiacal sobre el que se ubica el planeta, y no la casa o sector. De esta manera este texto equilibra la información que pueda faltar en Las casas astrológicas. Presento en cursiva (excepto en la fórmula corta de Geoffrey Cornelius y Maggie Hyde) las partes de los textos que me parecen realmente fáciles de comprobar con la biografía de Nietzsche, y al final de cada sección agrego notas numeradas que contienen aspectos y detalles que considero adecuado explorar con más extensión.
SOL EN LA UNDÉCIMA CASA

Friedrich Nietzsche_carta natal2_Sol.Dane Rudhyar: “El Sol puede hallarse en la undécima casa del mapa natal de hombres cuyo deseo de reforma o revolución social o cultural arden al rojo vivo, hombres que podrán dar una vitalidad nueva a los grupos sociales o culturales a los cuales pertenecen. La energía de estos hombres se orientará más hacia el futuro que hacia el esperado cumplimiento de las pautas tradicionales (1). Pueden ser cruzados de una causa, como lo fueron George Washington, Sun Yat-sen o el escritor Upton Sinclair. Pero también pueden ser excelentes administradores de la riqueza social y deberían atesorar amigos y desarrollar gustos cultivados.” 

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Según la fórmula de Geoffrey Cornelius y Maggie Hyde: El yo, el poder, la vitalidad, expresados de manera equilibrante, armonizadora, en lo referente a ideales, amigos, sociedades y valores sociales.
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(1) “El pasado mañana me pertenece”. Con esta frase Friedrich Nietzsche aceptaba que sus ideas eran demasiado revolucionarias para la época y que sólo serían adecuadamente comprendidas en un futuro lejano a él. Su crítica a las “pautas tradicionales” es evidente.
LUNA EN LA PRIMERA CASA

Friedrich Nietzsche_carta natal2_Luna.Dane Rudhyar: “Esta facultad lunar de adaptación y evaluación instintiva de las oportunidades y del peligro opera, en la primera casa, dentro de una estructura individualista más o menos bien definida. El individuo necesita esta facultad, que también puede manifestarse como confianza en la figura de la Madre, a fin de concretar su carácter único y su destino. Las experiencias de autodescubrimiento, bajo ciertos aspectos de la luna, pueden ser fugaces e irracionales. (2)

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Según la fórmula de Geoffrey Cornelius y Maggie Hyde: Hábito, capacidad, fluctuación, recursos, instintos, expresados de manera exploradora, visionaria, en lo referente a la apariencia física, el yo y la identidad. 
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Derek y Julia Parker (Luna en Sagitario): “A menudo es inquieto, pero optimista, alegre y ameno conversador. Es frecuente el deseo de independencia y libertad; inclinación a ser algo irreflexivo. Necesidad de ejercicio físico, que le inclina al deporte. Muy intuitivo, lo que le da un cierto aire profético. El descuido y la falta de estabilidad son las características negativas que han de vencerse. Los cambios de residencia están a la orden del día. Resultan muy típicos de los nacidos con esta influencia la rapidez de movimientos y una cierta sensación de urgencia.”
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(2) Frierdrich Nietzsche comenta en varias partes de su correspondencia cómo obtuvo sus ideas más “brillantes” en golpes súbitos de lucidez metal o quietud.
MERCURIO EN LA DÉCIMA CASA

Friedrich Nietzsche_carta natal2_Mercurio.Dane Rudhyar: “Es probable que, en la décima casa, Mercurio dé base intelectual a la vocación de la persona. Debería definir claramente nuestra participación consciente en la comunidad o en la sociedad en su conjunto. La mente tiende a sentirse atraída hacia los problemas sociales o profesionales que necesitan ser resueltos y que el individuo cree que podrá resolver.”

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Según la fórmula de Geoffrey Cornelius y Maggie Hyde: Comunicación, mente e inteligencia expresados de manera equilibrante, armonizadora, en lo referente a las aspiraciones, vocación, profesión, vida pública e imagen social. 
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Derek y Julia Parker (Mercurio sobre Libra): Buen razonamiento y capacidad para ver al mismo tiempo los pros y contras de un asunto; pero lentitud para tomar decisiones con tendencia a posponerlas y esperar a ver qué pasa. Pueden carecer de aplicación mental. A veces, una asociación de tipo intelectual suplirá el estímulo necesario para equilibrar este defecto. En los mejores casos, son personas equilibradas y compasivas. Pero bajo aflicción son débiles y faltos de tacto.”
VENUS EN LA NOVENA CASA

Friedrich Nietzsche_carta natal2_Venus.Dane Rudhyar: “…el sentido del valor individual que una persona ambiciosa, o un hombre que procura evadirse en los reinos exóticos o pseudos místicos de la consciencia, puede perder fácilmente. Pero, Venus puede añadir, en esa casa, atractivo y emoción a toda aventura o todo largo viaje. A un artista creativo le podrá dar una imaginación inspirada por perspectivas religiosas, metafísicas o cósmicas. (3)

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Según la fórmula de Geoffrey Cornelius y Maggie Hyde: Amor, relación, atracción, expresados de manera analista, discriminadora en lo referente a religión, filosofía de vida, publicaciones y contacto con el extranjero. 
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Derek y Julia Parker (Venus sobre Virgo): Los elementos críticos y analíticos del signo se dirigen hacia la pareja. Esto puede afectar seriamente las relaciones o impedirlas. Los defectos más pequeños de la pareja se ven como a través de un  cristal de aumento… a veces la causa radica en una excesiva preocupación por la castidad o la virginidad.  A menudo tienen un excelente sentido comercial.”
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(3) Hay mucha discusión sobre el carácter místico y el “ocultismo” en la última obra del filósofo. Así habló Zarathustra y Ditarambos dionisíacos son los libros más estudiados a este respecto.
MARTE EN LA DÉCIMA CASA

Friedrich Nietzsche_carta natal2_Marte.Dane Rudhyar: “Las experiencias de la décima casa pueden recibir la energía de Marte, o sea, la fuerza que al individuo lo impulsa hacia las realizaciones públicas y la fama. Tal vez haya que vencer antagonismos, pero una buena pelea es recibida de buen grado. El triunfo se logrará, principalmente, mediante la iniciativa, valentía y fe. La energía de la persona  tenderá a movilizarse hacia finalidades de carácter público. Los ejemplos son, otra vez, el Presidente Franklin D. Roosevelt y el compositor Richard Wagner. (4)

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Según la fórmula de Geoffrey Cornelius y Maggie Hyde: Energía, voluntad, fuerza, expresados de manera analista, discriminadora, en lo referente a aspiraciones, vocación, profesión, vida pública e imagen social. 
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Derek y Julia Parker (Marte sobre Virgo): Excelentes trabajadores, pero rinden más si se les dirige con firmeza. Con frecuencia son ambiciosos, pero a veces les es difícil aceptar responsabilidades. La tendencia a la preocupación les acarrea problemas de estómago o de piel.  Aceptan pesados trabajos, prestando atención a los menores detalles hasta el punto de perder a veces la perspectiva general. Tienden a meter las narices en los asuntos ajenos, sufriendo tensiones emocionales debido a la frustración que su propio comportamiento les produce.”
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(4) Esas coincidencias como la del Marte de Nietzsche y el de Wagner en la misma casa es la causa, según interpretaciones astrológicas en curso, de un sentimiento de identificación entre ambos individuos.
JÚPITER EN LA CUARTA CASA

Friedrich Nietzsche_carta natal2_Júpiter.Dane Rudhyar: “…la necesidad de ampliar la base social de la personalidad y socializar la vida hogareña. Las experiencias relacionadas con el desarrollo de la personalidad y la identificación de la consciencia con algún género de tradición (5) o país adquirirá su más elevada significación si se las encara con optimismo y confianza en la cooperación de todas las personas involucradas. Esto puede significar, negativamente, orgullo por la propia prosapia o propiedades de la familia, y la adquisitividad desmesurada que es propia de un ego algo inflado; o, si es que no se trata de orgullo y ampulosidad, entonces existe el anhelo de congregar gente en torno de uno como una corte de admiradores.” 

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Según la fórmula de Geoffrey Cornelius y Maggie Hyde: Expansión, protección, oportunidades expresados de manera altruista, devota, en lo referente a raíces, orígenes, hogar, progenitor. 
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Derek y Julia Parker (Júpiter sobre Piscis): Excelente posición para el sacerdocio y para quienes se interesan por la religión; también es frecuente en los horóscopos de los médicos, enfermeras y veterinarios. Dominan la compasión, la benevolencia y el buen humor; su personalidad es jovial y amigable, aunque a veces deba controlar su indecisión e inquietud. Gran imaginación y afectividad; es impresionable. Bajo aflicción, informal y carente de autodominio. En general, esta posición se identifica con el sufrimiento en un sentido amplio. Son personas siempre dispuestas a entregarse en cuerpo y alma a una labor que sirva para aliviar el dolor de los oprimidos o los enfermos (6). La tendencia a la abnegación puede llevarlos a realizar los mayores sacrificios en favor de los demás.”
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(5) Esta identificación ocurrió normalmente durante su niñez y juventud. No obstante, al llegar a la madurez, Nietzsche rompe no sólo con la tradición sino también con su nacionalidad y su identificación como alemán.
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(6) Según sus propias palabras, su crítica a la moral cristiana, a la rígida moralina de la época y a la fe fanática, ya sea en la ciencia, el estado o el Reich, fueron procedimientos quirúrgicos que él, identificándose como una especie de “médico de la mente”, aplicó sobre sus contemporáneos para liberarlos de un sufrimiento innecesario.
SATURNO EN LA SEGUNDA CASA

Friedrich Nietzsche_carta natal2_Saturno.Dane Rudhyar: “…esto no implica una ausencia de bienes materiales, sino una cristalización del concepto y del sentimiento de propiedad. Prevalece la inercia de los hábitos sociales del pasado porque el individuo se siente inseguro (7). Su tarea consiste en concentrar su sentido de la propiedad donde él pueda sentirse seguro, lo cual tal vez signifique concentrarlo dentro de él mismo. El individuo no deberá buscar la expansión en campos nuevos y más vastos aún, sino que debería intentar concentrar los valores y las energías tradicionales en torno del propio centro de él (8). El viejo avaro es la caricatura de esa meta.” 

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Según la fórmula de Geoffrey Cornelius y Maggie Hyde: Límites, contención, expresados de manera escrupulosa, comunitaria, indiferente, en lo referente a bienes, situación económica y autovaloración.
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Derek y Julia Parker (Saturno sobre Acuario): “Resulta primordial tener objetivos en la vida, los cuales una vez determinados se mantienen con tenacidad. Mente original, con facilidad para los estudios, que debe controlar las frustraciones. El afán de independencia puede llevar a la soledad. Humanitarios e idealistas. Bajo aflicción, obstinados, indiferentes al éxito y taimados.”
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(7) En el caso de Nietzsche, esta idea noción se manifestó precisamente a la inversa: desapareció la “inercia de los hábitos sociales del pasado” porque el individuo se sentía muy seguro de sí mismo. No obstante esta inversión, la validez de la afirmación de Dane Rudhyar sigue siendo interesante.
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(8) Como en la afirmación anterior, esta se puede comprobar en la biografía de Nietzsche de la siguiente manera: después de haber intentado concentrar los valores y las energías tradicionales en torno de su propio centro (intento que debió de haber resultado insatisfactorio, tanto interior como exteriormente), el individuo buscó la expansión en campos nuevos y más vastos aún (léase su libro Aurora).
URANO EN LA CUARTA CASA

Friedrich Nietzsche_carta natal2_Urano.Dane Rudhyar: “…apunta a la posibilidad de ser una persona constructiva pero sin raíces (9), y de ser un instrumento de fuerzas que causen una revolución fundamental y total  (10). Sería fútil aferrarse a pautas hogareñas estáticas o anhelar la estabilidad del ego. Aquí, mucho depende de lo que Saturno y la Luna indiquen en el mapa natal, pues Urano es el gran enemigo de la seguridad saturnina y de la adaptación normal a un ambiente estable.” 

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Según la fórmula de Geoffrey Cornelius y Maggie Hyde: Revolución, disociación, desorden, expresados de manera emprendedora, enérgica, en lo referente a raíces, orígenes, hogar y progenitor. 
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Derek y Julia Parker (Urano sobre Aries): Una fuente adicional de energía nerviosa que puede ser canalizada prácticamente hacia la consecución de objetivos principales del sujeto, aunque la impaciencia y la impulsividad aumentarán si están indicadas en otras áreas y puede resultar atractivo afrontar riesgos. A veces surge un espíritu pionero y con capacidad de mando y el individuo tendrá la facultad de mover a otros a la acción. Refuerza la confianza en sí mismos a aquellos que la tengan débil en otros puntos de la carta. Las personas que tienen a Urano en esta posición no son de las que se sientan a esperar que la vida les dé algo, a no ser que el conjunto de la carta natal indique una apatía extraordinaria.”
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(9) Si se afirma que Nietzsche reniega de sus raíces (en la forma de la tradición, la moral, la religión de su padre y la nacionalidad de su familia), esta frase se hace cierta porque su interpretación, su crítica transvalorizadora de esas raíces era fundamentalmente constructiva. Él rechazó de alguna manera el suelo sobre el que nace con la intención de reconstruirlo y mejorarlo. Lo quiera o no reconocer, de alguna manera u otra es un “mejorador de la humanidad”.
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(10) Friedrich Nietzsche opinaba que estas fuerzas se acumulaban y estallaban enfocadas en hombres excepcionales. Napoleón, Leonardo da Vinci, Johann Wolfgang von Goethe, y, por su puesto más o menos secretamente, él mismo.
NEPTUNO EN LA TERCERA CASA

Friedrich Nietzsche_carta natal2_Neptuno.Dane Rudhyar: “Con Neptuno en la tercera casa, un hombre debería permitir que su mente concreta y sus adaptaciones a su ambiente sean iluminados o transfigurados por las fuerzas colectivas o místicas. Puede llegar a ser vocero de revelaciones que podrían poner en tela de juicio la calidad misma de su ambiente (11). Para Carl Jung esto significó una apertura continua hacia el inconsciente colectivo a lo largo de toda su vida.”

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Según la fórmula de Geoffrey Cornelius y Maggie Hyde: Idealismo, fantasía, vaguedad, confusión, ansias, expresados de manera escrupulosa, comunitaria, indiferente, en lo referente  a comunicación, mente concreta, hermanos y viajes cortos.
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Derek y Julia Parker (no hay información disponible para Neptuno sobre Acuario en la cuarta edición del Nuevo gran libro de la astrología porque, para la fecha de esa publicación, no había persona viva que tuviera a Neptuno en Aries, Tauro, Acuario o Piscis. Los astrólogos han ido recopilando recientemente información sobre estas posiciones).
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(11) A mi parecer, estas dos oraciones resumen de manera magistral todo el obrar de Friedrich Nietzsche, y las consecuencias, planificadas o no, de ese obrar.
PLUTÓN EN LA QUINTA CASA

Friedrich Nietzsche_carta natal2_Plutón.Dane Rudhyar: “…la persona podría tener que cumplir un destino creativo, si no permite que ninguna meta inferior distraiga su atención y lo introduzca en sendas emocionales. Sus creaciones serían entonces su contribución más significativa.” (12)

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Según la fórmula de Geoffrey Cornelius y Maggie Hyde: Destrucción, transformación, eliminación, regeneración, expresados de manera enérgica, emprendedora, en lo referente a creatividad, hijos, riesgos y amoríos. 
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Derek y Julia Parker (no hay información disponible para Plutón sobre Aries en la cuarta edición del Nuevo gran libro de la astrología porque, para la fecha de esa publicación, no había persona viva que tuviera a Plutón en Aries, Piscis, Acuario, Capricornio y Sagitario. Los astrólogos han ido recopilando recientemente información sobre estas posiciones).
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(12) Nuevamente, el texto de Rudhyar da genialmente en el clavo. Lo más sorprendente de esto es que el propio Nietzsche reconocía (y opino que no estaba exagerando, a pesar de su falta de modestia, en Ecce homo por ejemplo), que su producción escrita era el “regalo más valioso” que había hecho a la humanidad, especialmente su Así habló Zaratustra.
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Bibliografía consultada

Dane Rudhyar en Las casas astrológicas. La experiencia individual en un marco de referencia. Editorial Kier. Tercera edición.
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Derek y Julia Parker. Nuevo gran libro de la astrología. Alfadil Ediciones, Editorial Debate. Cuarta edición.

Estudio de una carta natal: caso Nietzsche. Parte 1.

Información de contexto sobre este artículo. Escribí estos dos artículos en el año 2008, cuando comencé a estudiar astrología en profundidad. Este artículo lo publiqué originalmente el jueves 4 de septiembre de 2008 en El Ultimátum Hiperbóreo. El texto fue escrito desde la perspectiva de una persona escéptica que recién descubre en el estudio de una carta natal una serie de “coincidencias” o coherencias entre la biografía de un sujeto y los textos astrológicos que describen las distintas partes de la carta natal, coincidencias o coherencias que dan razón a la astrología moderna occidental como instrumento de descripción psicológica y que certifican la herramienta de la carta natal o cosmograma como un diagrama que representa gráficamente la configuración psicológica de tendencias del individuo. Todos los análisis y afirmaciones están estrictamente basados en la biografía confirmada del sujeto estudiado (el filósofo alemán Friedrich Nietzsche) y en citas textuales de astrólogos reconocidos mundialmente. Al final del artículo añado un comentario actualizado al día de hoy sobre el punto controvertido referente a la hora de nacimiento (y por tanto el signo ascendente) de Nietzsche.
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Estudio de una carta natal: caso Nietzsche.

Parte 1

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Friedrich Wilhelm Nietzsche nació el 15 de octubre de 1844, en un pueblo llamado Röcken, en la provincia prusiana de Sajonia. Con este primer dato pasamos a la primera consideración del estudio, su signo solar: Libra. Haremos un primer acercamiento general sobre los signos solar y ascendente del sujeto estudiado, trabajando sobre varias nociones actuales que los astrólogos de la rama de la astrología humanista y de la astrología psicológica guardan para esos dos puntos.

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De manera muy resumida, que el signo ascendente contiene las potencialidades e inclinaciones de “el principio del yo”(1), es decir, el punto de contacto del individuo con el medio que le rodea, el vecindario, el mundo. En ese sentido se equipara con el concepto de persona de Carl Gustav Jung, esto es la “máscara” del sujeto, su fisiología periférica, mientras que el signo solar indica el tono, el color, el tipo de energía de la “fuente de poder” del individuo, partiendo de la idea de que el Sol representa el “principio de la voluntad”, de la vitalidad, energía y creatividad.
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Una de las primeras anotaciones que haría un astrólogo sobre el signo solar se referiría al planeta regente del mismo. En este caso (Libra), se trata del planeta Venus. Tradicionalmente, las personas que nacen bajo la energía de los dos signos que rige Venus (Libra y Tauro), tendrán una disposición natural al arte, a la expresión artística, y a la valoración acentuada de las problemáticas que implica la vida amorosa y sentimental. En el caso de Nietzsche podemos decir que estos puntos se dan con suficiente claridad. Pero vayamos más allá. En Friedrich Nietzsche ocurre lo que los astrólogos llaman “recepción mutua”. Esto significa que Venus no está ubicado en ninguno de sus signos regentes, sino en uno cuyo planeta regente se ubica, a su vez, en Libra o en Tauro. El planeta Venus de Nietzsche se ubica en Virgo (regido por Mercurio), y Mercurio se ubica en Libra (regido por Venus).
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En lenguaje simbólico –el astrológico–, toda la vena artística de Venus se expresa en Friedrich Nietzsche de manera minuciosa, detallista, perfeccionista, porque Venus estaba alojado en el intelectual y astuto signo de Virgo. Y toda la habilidad discursiva (Mercurio es Hermes Alado, el mensajero de los dioses), la inteligencia, el manejo prodigioso de la palabra y de la gramática, asumen un tono orgánico, original, vivo, rico, nutritivo, poético, venusino, porque Mercurio estaba en Libra. Además de todo esto, astrológicamente se explica porqué las funciones intelectuales del filósofo siempre giraban en torno a disertaciones concernientes a los equilibrios, a sopesar los opuestos para obtener una perspectiva más verosímil, y al problema del “valor estético”. Mercurio –el intelecto, el discurso, el mensajero– volaba sobre el signo de la balanza. Venus, que indica las funciones anímicas de los sentimientos y de la relación de pareja, ubicado en Virgo, explica porqué el filósofo alemán logró racionalizar de manera tal su mundo emocional, con el resultado apabullante de que a las personas más cercanas les parecía un reto involucrarse sentimentalmente con él. Y no sólo se manifiesta de esa manera, sino también con una rigurosa pulcritud en el contacto íntimo y en el trato del propio cuerpo.
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El Sol –centro de vitalidad, energía y creatividad–, y Venus sobre el signo de Libra indican en general las funciones más internas de Friedrich Nietzsche. Por medio de su abundante correspondencia se confirma el carácter de indeciso, que es algo muy librano. Derek y Julia Parker escriben sobre Libra:

“Una de las razones por las que a menudo es indeciso [el librano] es porque ve demasiado claramente todos los lados del problema y le resulta difícil tomar partido. Tiene un fuerte sentido de la justicia y pondrá todo de su parte para que la justicia se aplique.”(2)

Friedrich Nietzsche podía rehacer hasta cuatro veces una lista de regalos que enviaba a su madre, comprometiendo el horario de envíos, porque no podía decidirse sobre un libro o unas botas nuevas; defendía sin dudar a sus amigos del colegio, y luego a los de la universidad, contra cualquier injusticia, por pequeña que fuera (el puntillismo de Virgo acentúa la percepción); y son bien conocidos los abundantes reproches por no formar parte por mucho tiempo (en virtud de su actitud crítica y su rápida evolución intelectual) de algún partido, grupo o asociación. Su tiempo en las asociaciones filológicas fueron más bien cortos, y su cátedra en la universidad de Basilea no duró mucho. Sus críticas a los judíos no le hicieron antisemita (malentendido que aclaró definitivamente en Ecce homo), y su diagnóstico despiadado y exhaustivo de la idiosincrasia alemana no lo llevó a ser declaradamente antigermano, si bien algún tiempo vivió sin nacionalidad. Todas estos “movimientos”  que parecen ir hacia una dirección y luego hacia la contraria –ese “tanteo”–, es una manifestación de la indecisión librana. Y como si fuera poco, su idea de la “veracidad intelectual” es claramente ese “sentido de justicia” que se refiere a Libra, aplicado a las funciones intelectuales y al raciocinio (Mercurio y Virgo) de una mente potente y vivaz.
Alegre y optimista por naturaleza, no puede soportar la soledad y su falta de resistencia natural ante ella puede desinflar su espíritu positivo. Esta antipatía le proporciona un fuerte deseo de asociarse, no sólo en los negocios y en la vida privada, sino también en su vida intelectual.
Estas líneas se ajustan muy bien a Friedrich Nietzsche, y las que siguen más aún:
La inclinación intelectual que sienten por una persona (o quizá un escritor o artista) [Wagner, Schopenhauer] estará, a menudo, equilibrada por la antipatía, igual y opuesta, que sienten por otra; ilustrando así el tema tan adecuadamente expresado en el símbolo del propio signo: la balanza o báscula. 
Ahora bien, todo eso se refiere al signo solar, que aceptamos como indicador de las funciones más internas del individuo. El signo ascendente lo veremos como el “principio del yo”, la máscara, la persona. Los astrólogos aseguran que los aspectos más generales y básicos del sujeto se definen como una mezcla más o menos equilibrada de las energías del signo solar y del signo ascendente. En cuanto al signo ascendente de Friedrich Nietzsche hay una pequeña discrepancia [leer comentario al final del texto]: debido a que nació alrededor de las 10 de la mañana, unos minutos menos ubican el punto del ascendente (la cúspide de la 1ra Casa) sobre el signo de Escorpio, y unos minutos más lo ubican sobre el signo de Sagitario, que efectivamente estaba ascendiendo por el horizonte del este en ese momento.
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He decidido resolver la cuestión asumiendo a Escorpio como su signo ascendente, y hacer el reparo de considerar también la influencia de Sagitario (como si el signo ascendente fuera una combinación de ambos), basado en la noción astrológica antigua de que aunque el signo saliente haya sido Escorpio, el signo que asciende (el siguiente, o sea Sagitario) marcará también al “principio del yo”. Esta es una pequeña dificultad astrológica que me parece que se resuelve analizando las características de ambos signos. En el caso de Friedrich Nietzsche se manifiesta la dicha mixtura en el signo ascendente, confirmando no sólo segmentos del texto astrológico de los dos signos por separados, sino también la noción de que tal mixtura en el signo ascendente se da efectivamente en esas condiciones.

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Dane Rudhyar es más psicológico en sus descripciones de los doce paradigmas del zodíaco. Su texto sobre Sagitario en el ascendente es muy revelador, a pesar de ser muy corto y conciso: “…el individuo puede ser afecto a la vida al aire libre y a los viajes [Nietzsche descubrió en los viajes una cura natural para su debilidad física] (¡o así lo dice la tradición!) pero mucho más significativamente es una persona que llegará a darse cuenta de qué es y quién es a través de su participación en una gran causa, en una creencia social o religiosa [durante sus primeros años fue protestante, e incluso llegó a iniciar estudios de teología en la universidad], o en una búsqueda de la verdad [esto último fue el fuego de su vida]. Esta verdad, que se busca después, puede capitalizarse tanto que el individuo procure promoverla o promocionarla con un celo a menuda fanático  [“El Anticristo. Maldición contra el Cristianismo”], o, al menos, con gran dedicación… Ese individuo debería buscar, al menos teóricamente, socios que cooperen con él de manera práctica [su participación en las asociaciones juveniles y filológicas], tal vez siguiendo diversas líneas de esfuerzo para que sus generalizaciones y su expansionismo puedan alimentarse con variados datos apropiados y relaciones de múltiples niveles [sus relaciones sociales incluían individuos de todas las clases sociales en una época en la que eso era más bien extraño].” (3)
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En cuanto a Escorpio en el ascendente, Rudhyar escribe:
La persona… procurará a menudo desempeñar su papel en la sociedad obteniendo su poder de quienes estén muy cerca de ella. Son numerosos los dirigentes políticos que nacieron con Escorpio como su signo ascendente: Disraeli, Gandhi, Lenin, Stalin y Mussolini. A estas personas les gusta usar el poder de la sociedad y la identificación con lo que su gente necesita para lograr alguna clase de integración orgánica en el nivel nacional; pero, cuando se relacionan con quienes se les asocian, les sacan fuerzas vitales y exigen resultados concretos que se ajusten a líneas fijas de actividad. 
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¿Acaso explica esto lo importante que fue para Nietzsche adherir personalidades del mundo político y artístico a sus ideas? ¿Explicará por qué él y Lou Andreas-Salomé decidieron seguir caminos separados? ¿Las reacciones de sus lectores a sus críticas al Reich produjeron en él un profundo resentimiento que supo ocultar y sobrellevar bien, o fueron sus críticas más bien un ensañamiento (Escorpio se caracteriza por ello) contra el decadente estamento político alemán del siglo XIX? De todas maneras se trata del tema de Escorpio: su planeta regente (Plutón) está en Aries y en oposición al Sol. En lenguaje astrológico esto es: su capacidad para producir transformaciones y cambios radicales en la sociedad (y Plutón estaba en movimiento retrógrado además) se vio acentuada sobremanera (“La fuerza se demuestra por exceso”, escribió Nietzsche), al punto  de ser contraproducente. Sus ideas eran demasiado poderosas, revolucionarias, intensas, para la taimada y recalcitrante sociedad europea del siglo XIX.
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Con estas anotaciones podríamos ya demostrar que hay un porcentaje importante de equivalencia entre los textos astrológicos y el sujeto escogido. Una parte importante del estudio sería luego realizar el mismo parangón utilizando la carta natal de otros sujetos que posean las mismas configuraciones astrológicas. ¿Cómo actúa Escorpio como signo ascendente en personas aparentemente tan diferentes como Disraeli, Gandhi, Lenin, Stalin, Mussolini y Nietzsche? De los resultados obtenidos se obtendría entonces un “hecho estadístico” que llamaría la atención para ser considerado con suficiente seriedad.
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Dije que no profundizaría mucho en los detalles del signo solar y ascendente. No obstante, no quiero terminar esta parte sin comentar un hecho tan interesante como los anteriores. Me refiero a la posición del planeta regente del signo ascendente. En el caso de Nietzsche sería el planeta Plutón, para aquellos que toman a Escorpio como su signo ascendente, o Júpiter para aquellos que opinan que el signo ascendente de Friedrich Nietzsche es Sagitario. Ya mencioné que Plutón estaba haciendo oposición con el Sol en la carta natal de Nietzsche, y que esto era una configuración significativa en él. Citaré el texto de Derek y Julia Parker sobre los aspectos negativos (entre los cuales se incluye la oposición) Sol-Plutón.
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“Se da una tensión adicional  que puede ser paliada con la simpatía de las personas que rodean al sujeto. Importantes áreas de la personalidad suelen estar bloqueadas por estos contactos negativos. La expresión positiva del individuo no es nada fácil.” (4)

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A parte de esto, diré que para un estudio más científico de las nociones y doctrinas astrológicas, sería importante manejar aspectos técnicos de astronomía y la estructura del sistema solar. Quizás así descubramos “coincidencias significativas” que incluso la astrología podría desconocer ahora. Por ejemplo, Plutón en movimiento retrógrado en la carta de Nietzsche, y en oposición al Sol, implica que la Tierra formaba en el momento de su nacimiento una línea recta en la cual a un extremo estaba el Sol y al otro (el más lejano) se ubicaba Plutón. Para los planetas internos, un movimiento retrógrado significa mayor cercanía con la Tierra (y por tanto una mayor intensidad de su “influencia astrológica”), pero para un planeta de órbita tan excéntrica como Plutón, en el caso de Friedrich Nietzsche por ejemplo, estaba más lejos de la Tierra, porque estaba cercano a su propia afelio.
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De manera que creo que sería conveniente estudiar las distancias físicas planetarias para confirmar nociones como las siguientes: que Plutón produce, cuando pasa a los primeros grados de un signo, condiciones y predisposición para grandes y terribles guerras; o que algunos planetas exteriores como los gigantes Júpiter y Saturno establecen, con los aspectos que forman entre ellos y la Tierra, períodos de terremotos y actividad volcánica en nuestro planeta (y seguramente en otros).

NOTAS

1. Dane Rudhyar en Las casas astrológicas. La experiencia individual en un marco de referencia. Editorial Kier. Tercera edición.
2. Derek y Julia Parker. Nuevo gran libro de la astrología. Alfadil Ediciones, Editorial Debate. Cuarta edición.
3. Dane Rudhyar. Las casas astrológicas. La experiencia individual en un marco de referencia. Editorial Kier. Tercera edición.
4. Derek y Julia Parker. Nuevo gran libro de la astrología. Alfadil Ediciones, Editorial Debate. Cuarta edición.
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Comentario sobre el signo ascendente de Friedrich Nietzsche

Luego de estos ocho años que han pasado, en los que mi conocimiento astrológico ha avanzado, he llegado a una conclusión, definitiva por lo menos por ahora, sobre el problema del signo ascendente de Nietzsche. He decidido aceptar que la hora de nacimiento de Nietzsche debió haber sido tal que la cúspide de la casa 1 en su carta natal debió haber caído en los últimos grados de Escorpio. La energía de un signo determinado es muy fuerte en los primeros grados del signo y muy débil en los últimos tres grados, espacio en el cual el ascendente escorpiano de Nietzsche se tiñe con la energía ya invasiva de Sagitario en ese punto. Lo que ocurre es, como escribí en el artículo, que el ascendente se encuentra “en estrés” (igual que le ocurre a los planetas que se encuentran en los últimos tres grados de una casa determinada): esto significa que el ascendente se comporta como si quisiera pertenecer a ambos signos o como si no supiera a cuál signo pertenecer completamente. He observado este mismo fenómeno en tres personas que conozco de primera mano. Lo que eso produce en la práctica es que la persona se comporta como si algunas veces fuese Escorpio y otras veces Sagitario. Pero la ambigüedad es tensa y conflictiva para la psique, porque los signos sucesivos pertenecen a elementos antagónicos (Escorpio es agua, Sagitario es fuego), lo que otorga al ascendente un carácter agitado, de crisis y transformaciones o adaptaciones fallidas. Esto es más drástico cuando el ascendente “en estrés” se produce de tierra a fuego.
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El tono sagitariano del ascendente de Nietzsche se hace evidente en todo lo que hizo, pero en la manera como lo hizo se refleja la energía escorpiana. Su verbo incisivo, su necesidad casi compulsiva de “destruir” o erosionar las estructuras tradicionales de la sociedad (la religión mayoritaria, la política continental, la visión rígida de la Academia), de transformar a la fuerza todo lo que le rodeaba… todo esto es reflejo del ascendente escorpiano. Que los protocolos psicológicos de conducta no logren resolverse felizmente, o adecuadamente, se debe también a que la energía del signo en los últimos grados de su segmento, se encuentra en “estado de fallecimiento”, como la luz del sol en el atardecer.

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Escorpio a Sagitario: agua y fuego, momento poderoso pero peligroso de la consciencia, momento crítico de transformaciones delicadas y liberadoras.

 

Dicotomía ética del bien y del mal en la filosofía de Buddha

A finales del siglo XIX el filósofo alemán Friedrich Nietzsche comenzó una revolución filosófica al afirmar que no existían hechos morales, que el ser humano no poseía eticidad (rasgos morales) alguna y que por tanto toda la dimensión moral de la experiencia humana era ficticia. La conclusión de Nietzsche se basada en sus lecturas de Charles Darwin y en las interpretaciones tempranas que aparecieron sobre el darwinismo. Si todo lo que el ser humano hace (básicamente un animal más en la naturaleza, según Nietzsche) está motivado únicamente por impulsos y pulsiones inconscientes regidas por la voluntad de poder y la necesidad de sobrevivir, entonces las costumbres y nuestra definición del bien y del mal serían constructos artificiales creados consciente o inconscientemente para dominar y para sobrevivir. Todo lo que el ser humano había definido en términos de la ética, pensó Nietzsche, comenzando por la filosofía y terminando con la religión institucionalizada, sería entonces una fachada para canalizar los impulsos vitales, biológicos y naturales que se mueven dentro de nosotros.

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Friedrich Nietzsche

La moral y la eticidad del ser humano no tienen substancia: tal fue la conclusión del filósofo alemán. Básicamente somos animales que justifican sus actos y sus formas de vida con etiquetas como “lo bueno” y “lo malo”, que en realidad no son más que eso: etiquetas. Esta interpretación nietzscheana del darwinismo temprano dio origen al darwinismo social (todo él negativo, aunque se afirma lo contrario), que desde entonces ha erosionado ferozmente nuestra creencia en la existencia de hechos morales y en la eticidad del ser humano. Pero, ¿acaso no existen los hechos morales? ¿Acaso la eticidad del ser humano no es más que un mecanismo superficial para justificar pulsiones vitales? Todo depende de cómo se defina a la criatura humana.

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Charles Darwin

 

Nieztsche optó por aceptar la visión del darwinismo temprano (que también ha evolucionado, como las especies) de que el ser humano no es más que un animal social, y que por tanto la ética es básicamente un rasgo ficticio puesto que no está presente en el resto de los animales. A esto se puede responder de varias maneras. Se puede decir por ejemplo que (a) hay varios tipos de animales y que el ser humano pertenece al grupo de los animales cuyos actos y pensamientos poseen eticidad. Otra manera de darle la vuelta al problema es afirmar que (b) pueden existir distintos tipos de eticidad y que el ser humano no ha sido capaz de descubrir la eticidad propia del resto de los animales.

mother1.Recientemente se ha descubierto que algunos primates poseen formas rudimentarias de cultura, conductas enseñadas y aprendidas y que sólo se pueden transmitir directamente de padres a hijos por medio de alguna forma de “educación”. También se ha descubierto que ciertas especies de delfines y elefantes poseen formas rudimentarias de dicha “educación”. Donde hay cultura y educación, incluso sin lenguaje y sin instituciones, podemos afirmar que hay eticidad (definiciones del “bien” y del “mal”), aunque tal eticidad y sus objetos morales no puedan ser articulados por los animales en cuestión. Lo que esto significa, en términos darwinistas y nietzscheanos, es que el ser humano no es el único animal que lleva a cabo procesos de educación y de cultura. Y lo que esto último significa es que la eticidad podría ser inherentemente natural en las formas “superiores” de vida animal (mamíferos básicamente). En otras palabras: el Homo sapiens no es dueño exclusivo ni “inventor” de la eticidad. Ergo, la eticidad es en principio natural, proviene de la naturaleza, no es necesariamente una “artificialidad enmascarante” creada por el ser humano. Esto derriba toda la tesis nietzscheana y las conclusiones a priori de los socialdarwinistas del pasado y de la actualidad.

Uno puede ir incluso más allá: uno puede afirmar que el ser humano en sí es un hecho moral, un hecho moral desde el punto de vista de la relación que existe entre materia y vida en el universo. Si un ser humano creciera abandonado en la selva o en un bosque, completamente aislado de otros seres humanos, inventaría su propia forma de eticidad. Y esto probaría que la moral es co-substancial con la esencia misma del ser humano. El problema es que no todos los seres humanos nacidos y crecidos en la naturaleza serán capaces de inventar su propia eticidad (de la misma manera que no todos los humanos que viven en sociedad son capaces de componer una sonata o pintar un paisaje impresionista) y los socialdarwinistas utilizarían esto como una “evidencia” de que los hechos morales y la criatura ética no existen.

La visión del Buddha sobre la eticidad del ser humano y su capacidad para definir el bien y el mal parece incluir varios enfoques. Por un lado el Buddha habla de lo bueno y lo malo en términos de acciones “hábiles” e “inhábiles”. En los discursos del Buddha el mal es el concepto, la abstracción y la etiqueta que usamos para reunir todos los pensamientos, palabras y acciones que no nos conviene realizar, que son inhábiles (akusala* en idioma páli). El bien es el concepto, la abstracción y la etiqueta que usamos para reunir todos los pensamientos, palabras y acciones que nos conviene realizar, que son hábiles (kusala). Esto es un enfoque “utilitarista” del ser humano como ser vivo capaz de realizar acciones. En este punto diríamos que el ser humano es igual a los animales, puesto que los animales también posee pensamientos, acciones, e incluso a veces alguna forma de palabra (aunque muy menos desarrollada que la nuestra). Sin embargo, el análisis del Buddha no es netamente utilitarista. Su criterio para definir qué acciones, palabras y pensamientos son convenientes o inconvenientes toma en cuenta los contenidos y procesos mentales, especialmente la función de la volición (cetana, intención, intencionalidad). La intención con la que realizamos una acción, decimos una palabra, o tenemos un pensamientos, es lo que realmente define si tal acción, palabra o pensamiento es bueno o malo. Así como Nietzsche vio solamente impulsos corporales y pulsiones biológicas detrás de las acciones humanas, el Buddha vio intención (cetana).

Aparte de la intención con la cual realizamos una acción, y que puede servir de criterio para definir una conducta determinada, el Buddha recurrió a tres funciones de la mente humana para poder definir todo el universo de acciones y conductas que abarcan lo hábil y lo inhábil. Esas tres funciones las describiremos con tres palabras clave: atracción, repulsión y negligencia. En los suttas del Canon Páli se les llama a veces el signo de la atracción, el signo de la repulsión y el signo de la vigilancia/negligencia. Comenzaremos con estas tres palabras clave y las utilizaremos para describir todo el edificio filosófico del Buddha con respecto al tema de la moral, del bien y el mal, con el siguiente gráfico:

Dicotomía ética según Buddha.

Lo más interesante de la descripción ética del Buddha es que, basándonos en estos tres mencionados signos o funciones de la mente, tenemos una descripción orgánica, natural de las raíces de la eticidad humana. Aquí el bien y el mal no están definidos desde criterios externos: no es un ser sobrenatural o un profeta que viene a la Tierra a decirle al ser humano lo que debe hacer y lo que no debe hacer. Buddha queda categóricamente excluido de toda posibilidad de ser tomado como profeta o como un ser sobrenatural. Su enseñanza ética es, por tanto, la enseñanza de un ser humano que describió las funciones profundas de la mente humana y que encontró en dichas funciones las raíces de lo que podemos llamar “el bien” y “el mal”. Al utilizar Buddha estas funciones de la mente como criterios para definir el bien y el mal ha dado a lugar a una descripción orgánica, funcionalista, de la moralidad humana. Al ser esta descripción orgánica, funcionalista, psicológica en esencia, puede ser explorada y comprobada por cualquiera.

El bien y el mal tampoco están definidos aquí desde criterios ficticios, hablando en términos nietzscheanos. Lo que esto quiere decir es que, estos tres signos de los que habla Buddha son fácilmente reconocibles en toda mente humana (incluso en la mente del resto de los animales): no provienen, por ejemplo, de un ser divino (ya sea un dios supremo, un alma inmortal o chispa divina, o algún ser demoníaco o ctónico); no provienen tampoco de una dimensión metafísica o de alguna otra entidad transmundana. Los tres signos o funciones, como dijimos, son orgánicos, naturales e inherentes a la fisiología de la mente de seres biológicos. Expliquemos ahora los tres mencionados signos.

El signo o función de la atracción consiste en el hecho de que la mente experimenta atracción, placer, agrado, ante ciertos datos sensoriales y ante ciertos contenidos mentales. El signo de la repulsión es opuesto al anterior: consiste en la capacidad de la mente de experimentar repulsión, rechazo, ante ciertos datos sensoriales y ciertos contenidos mentales. El signo de la negligencia podría llamarse también “signo de la indiferencia” o “signo de ni-atracción-ni-repulsión”. Consiste en la capacidad de la mente humana de no experimentar ni atracción/agrado ni repulsión/desagrado ante ciertos datos sensoriales y contenidos mentales. No todos los datos sensoriales y contenidos mentales son agradables o desagradables: aquellos datos y objetos que son neutros en ese sentido, pertenecen al dominio del “signo de la negligencia”. El Buddha lo llamó negligencia (literalmente falta de vigilancia o no-vigilancia, appamada) porque la mente utiliza esta función para ignorar y descuidar aquello que no parece de interés para la intención que hay detrás de nuestras acciones y pensamientos. Lo que esto significa es que, cuando un dato sensorial o contenido mental no nos proporciona ni placer ni displacer, generalmente lo descartamos o lo ignoramos.

Ahora, como la filosofía de Buddha básicamente es una dieta moral, mental y espiritual, al Buddha le interesó más hablar de los procesos mentales negativos, inhábiles, inconvenientes, inoportunos, que se derivan de estos tres signos o funciones, con el propósito de que las personas pudieran identificar esos procesos y trascenderlos (porque la vida en el mundo se puede definir como una evolución que las corrientes de vida realizan desde lo inhábil hacia lo hábil). Los tres procesos mentales negativos, inhábiles que se derivan de los tres signos el Buddha los llamó impurezas o contaminaciones (en páli: kilesa). Estas tres impurezas o contaminaciones es lo que en esencia se define como “el mal” o “lo malo” en la filosofía buddhista:

  • El signo de la atracción produce la impureza lobha. Esto se traduce como codicia, avaricia, deseo, pasión, sed, lujuria. Entendiendo que lobha se refiere a todos los tipos de procesos mentales basados en la capacidad de la mente de sentir atracción y placer por ciertos datos y contenidos, vemos bien de qué se trata esta impureza. (Hay que entender también que las impurezas aquí mencionadas no son una cosa en sí, un bloque con límites definidos: es más bien una serie o tipo de funciones, un universo de conductas y contenidos, todos basados en el signo de la atracción).
  • El signo de la repulsión produce la impureza dosa. Esto se traduce como odio, aversión, desprecio, animadversión, repulsión. Cuando la mente está funcionando en modo dosa, está entonces experimentando desagrado y repulsión hacia ciertos datos sensoriales y ciertos contenidos mentales. La mayoría de las veces esto se experimenta anímicamente con sensaciones de rabia o de ira, por eso el Buddha incluye la rabia y la ira en el imperio de esta impureza o contaminación mental.
  • En el signo o función de la negligencia, como ya dijimos, la mente no experimenta ni atracción ni repulsión, ni agrado ni desagrado hacia los datos sensoriales o contenidos mentales, y por lo tanto se inclina hacia el proceso de ignorar, de obviar, de desestimar, de desconocer (no prestar atención). Esto explica por qué el Buddha llamó a esta impureza moha, es decir ignorancia (literalmente no-conocimiento). Cuando la mente humana opera en el lado negativo, inhábil, descuidado, de este signo o función mental, se produce lo que llamamos ignorancia, confusión, fantasía, engaño, ilusión, en suma: no-conocimiento, interpretación incorrecta de la realidad.

Como se ve en el gráfico superior, estas tres impurezas forman la columna derecha del mal. En estos tres tipos de procesos mentales (lobha, dosa, moha) tenemos el imperio completo de todo lo malo que el ser humano es capaz de hacer. Aquí están todos los pensamientos, palabras y acciones que podemos calificar de malos o que constituyen lo que llamamos “el mal”. No es que el signo de la atracción sea malo en si, o que la atracción (lobha) sea mala en sí (porque dijimos ya, y el Buddha coincide en esto, que el bien y el mal no son “cosas en sí”, no poseen “coseidad”, hablando en términos nietzscheanos): lo que es malo es cuando utilizamos la atracción de manera inhábil, de manera que no nos conviene o que de manera que nos genere más daño que beneficio. Igual con los otros dos signos e impurezas.

También podríamos decir que las impurezas se definen como la forma extrema, obsesiva, de los tres signos. Por ejemplo: la codicia, la avaricia materialista no es más que una forma extrema, obsesiva, de lobha. Dicho así, lobha es el extremo negativo, inhábil, inconveniente, obsesivo, de la función mental de la atracción. Las adicciones también están representadas allí. Una persona siente placer, agrado, hacia el sabor de una substancia determinada. Cuando la mente se vuelve extrema en su función de atracción hacia esos datos sensoriales, la persona se vuelve entonces adicta a esa substancia en particular, la substancia que le produce placer cuando es consumida. En el signo de la repulsión y en la impureza dosa tenemos por ejemplo el asesinato y la guerra: una persona o grupo de personas sienten un desprecio, una repulsión extrema hacia otra persona o grupo de personas y, entregándose inhábilmente a la función mental de la repulsión la persona o grupo de personas cometen el asesinato de aquello que odian.

El signo de la negligencia es un poco más difícil de comprender. Quizás se pueda entender de la siguiente manera. Cuando la mente siente atracción y agrado hacia algo, tiene la posibilidad de descubrir si ese algo le beneficia o no. La persona prueba la substancia o cosa que le produce placer y al cabo de un tiempo puede verificar si las consecuencias de experimentar, de “consumir” esos datos o contenidos le trae buenas o malas consecuencias. Igual ocurre con la repulsión y el desagrado. Lo más común es el error de la mente de creer que lo que nos produce agrado o placer es bueno para nosotros, mientras que lo que nos produce desagrado o displacer es malo para nosotros. Todos sabemos que esto no es cierto porque lo hemos explorado, lo hemos experimentado. Pero cuando un dato sensorial o un contenido mental no produce placer o agrado, ni displacer o desagrado, la mente no sabe qué hacer con ello. A la mente le cuesta juzgar si los datos sensoriales, las experiencias y los contenidos mentales neutros (en términos de placer y displacer) son beneficiosos o perjudiciales. Por eso el signo de la negligencia, en su extremo inhábil producen lo que llamamos también fantasía, engaño, confusión, ignorancia. Aquello que no despierta ni atracción ni repulsión en la mente, queda relegado a un rincón que no despierta interés alguno en la mente, y por lo tanto la mente no lo analiza, no lo experimenta, no lo desarrolla.

Otro aspecto del signo de la negligencia se refiere a la capacidad humana de crear contenidos mentales que en sí mismos producen placer o displacer. Los temores y las fantasías horrorosas de cosas que no existen son contenidos mentales que producen repulsión y desagrado, mientras que las ilusiones y fantasías esperanzadoras, bonitas, de cosas que tampoco existen son contenidos mentales que producen atracción y agrado. La impureza moha se refiere en este sentido a la capacidad de la mente de experimentar contenidos mentales (ya sean atractivos o repulsivos) que no tienen correspondencia real con la realidad externa sensorial. Por eso incluimos las ilusiones, las fantasías y el (auto)engaño en el dominio de la tercera impureza. Por ejemplo, algunas personas inventan seres que no existen, como estos seres llamados “maestros ascendidos” de la Nueva Era. Estos son contenidos mentales que no corresponden con nada real: son imágenes, datos mentales que sólo existen en la mente de las personas que creen en la existencia de esos seres ficticios. Esto es engaño, auto-engaño, fantasía, ilusión. En el lenguaje de Buddha y en una palabra: ignorancia (no-conocimiento). Otro ejemplo: una persona tiene físicamente un peso normal para su estatura pero cuando esta persona se ve en el espejo, cree verse obesa. La persona no es capaz de analizar correctamente los datos sensoriales: en su mente, la imagen (contenido mental) que se ha creado de sí misma no corresponde con la realidad física (el dato sensorial real dice que no es obesa, que su peso está bien). Esto es un ejemplo de moha, auto-engaño, fantasía.

Que usemos el término negligencia para estos casos se debe quizás a que, en estos procesos mentales el Buddha ve a la mente siendo incapaz de “vigilar” y de interpretar correctamente la información sensorial y los contenidos mentales. También porque, al volvernos vigilantes, atentos a la realidad sensorial y a la observación desapasionada de los contenidos mentales desarrollamos nuestra habilidad para ver las cosas tal como son (en términos utilitarios esto es: ver la verdad, descubrir la verdad, interpretar hábilmente los datos sensoriales y los contenidos mentales).

Habiendo definido los tres dominios principales de la mente humana en los cuales se dan los procesos mentales inhábiles (y por tanto “malos”), el Buddha pudo definir los tres dominios opuestos, y por lo tanto el dominio de lo que llamamos virtud, pureza o “el bien”. Las purezas o cualidades hábiles que son opuestas a las impurezas quedaron definidas en el idioma páli con sus antónimos directos (formados con el prefijo a-): alobha, adosa, amoha (ver columna izquierda en el gráfico superior). En el Canon Páli aparecen otros términos análogos y sinónimos, pero eso no destruye la simetría de estos tres mencionados antónimos.

Ya cubrimos más de la mitad del gráfico superior. Explicamos los tres signos o funciones básicas de la mente y las impurezas o procesos mentales inhábiles que son un extremo de esos signos. Ahora no será difícil definir sus contrarios. Alobha reúne y describe todos los procesos mentales mediante los cuales rechazamos o trascendemos el signo de la atracción. Es el extremo hábil del signo de la atracción. Al rechazar o trascender el placer, el agrado que nos produce un dato sensorial o un contenido mental, somos capaces de destruir todo apego o adicción que podamos tener hacia esos objetos. En términos más mundanos y utilitarios eso lo definimos como desprendimiento de lo material, de las posesiones, generosidad (en el sentido de compartir, regalar, donar, dar), renuncia de los placeres sensuales. Cuando trascendemos la impureza lobha, nos volvemos generosos, desprendidos de lo material, indiferentes a las cosas que producen adicción e intoxicación. Este es el primer tema que el Buddha enseñó a las personas laicas. Y la renuncia a las cosas que nos producen placer es la primera regla de entrenamiento de la persona laica que quiere convertirse en un discípulo ordenado del Buddha, esto es, un monje o una monja. El monje o monja toma un voto de renuncia y desprendimiento de lo material para crear las condiciones necesarias por medio de las cuales la mente se encamina hacia alobha, hacia el bien, la virtud, la pureza en términos del signo de la atracción. Por eso la vida monástica instituida por el Buddha (estilo de vida que el mismo Buddha vivió durante sus últimos 45 años de vida) incluye renuncias o desprendimientos tan radicales como ser célibe, no poseer bienes inmuebles ni dinero, renunciar al gusto por las comidas preferidas, a los perfumes, joyas y espectáculos de música y entretenimiento, etc. Todo esto se hace con el propósito de entrenar la mente en el lado bueno, hábil, oportuno, conveniente, de la barra del signo de la atracción.

En la segunda barra, el signo de la repulsión, adosa es todo lo contrario de dosa: adosa es aprecio, amigabilidad, amor universal, buena voluntad (buenos deseos) y la ausencia de rabia e ira. La persona que ha trascendido el signo de la repulsión y su forma inhábil ya no puede sentir odio, desprecio, repulsión, ni siquiera hacia las cosas que efectivamente son desagradables o displacenteras. En el entrenamiento de Buddha esto se logra con ejercicios de amigabilidad o generosidad amorosa (en páli, metta) y con el ejercicio constante de la compasión (karuna) hacia todos los seres vivos. También la ecuanimidad y la inofensividad son actitudes que nos centran en la paz, en la ausencia de rabio y de ira.

El signo de la negligencia es clave en la Doctrina de Buddha: trascender dicho signo y su forma inhábil moha presupone (siempre y cuando se hayan trascendido también los dos signos anteriores) la adquisición del conocimiento sobrenatural y de la sabiduría total y definitiva en el logro mental y espiritual definido como “el despertar” (bodhi, de donde proviene el substantivo Buddha, que significa “el Despierto”). Cuando la mente es capaz de ver las cosas tal como son, ver la realidad tal como es, la mente ya no puede engañarse a sí misma. Cuando esto ocurre las interpretaciones internas sobre la realidad se extinguen porque la mente es capaz de comprender la realidad sin el mecanismo intermediario de los conceptos y las etiquetas mentales. Por esto es que el Buddha en muchos discursos afirma que su Doctrina trasciende los puntos de vista, las opiniones, las abstracciones y la dialéctica filosófico-metafísica. En realidad el Dhamma o enseñanza de Buddha hace uso de todo este mecanismo discursivo intermediario pero lo hace en la medida en que dicho mecanismo sirve para explicar el método por medio del cual se trasciende todo esto. El Dhamma es así esta “balsa” que uno desecha una vez que uno alcanza la meta (“la otra orilla” o “la orilla lejana”, es decir, Nibbána). Ocurre también que la persona que se acerca al logro de la iluminación o despertar puede efectivamente albergar interpretaciones sobre la realidad, pero tales interpretaciones serán hábiles, correctas, adecuadas, serán interpretaciones que otros sabios podrán corroborar y valorar.

Todo esto apunta a los procesos mentales y cualidades definidas por amoha: la sabiduría, el conocimiento (correcto), la comprensión hábil de la realidad, la interpretación hábil de los fenómenos reales, la honestidad (la incapacidad de engañarse o engañar a otros) y la claridad de la mente (ausencia de confusiones, fantasías, ilusiones). En la práctica, los procesos de amoha se inmiscuyen en el análisis de los otros dos signos, el de la atracción y el de la repulsión. Por medio del conocimiento y la claridad mental y de la descripción hábil de la realidad, podemos comprender cómo funciona la mente y cuáles procesos mentales nos convienen y cuáles no nos convienen. Todo esto que hemos hecho aquí es amoha en acción: hemos arrojado luz sobre los tres signos que son las funciones principales de la mente y que en sí no son ni buenos ni malos, simplemente son funciones que posee la mente; hemos descrito tales signos y las formas inhábiles que asumen, formas que hemos definido como “el mal” porque son procesos que no nos conviene llevar a cabo; y hemos descrito también los opuestos de esas funciones que son la meta a la cual aspiramos. Aspiramos al bien, aspiramos a la pureza, aspiramos a la virtud. Esto es conocimiento y sabiduría en acción (amoha).

Las kilesa (impurezas o contaminaciones) en el Cánon Páli:

  • Como una fuente de daño y sufrimiento en el mundo: Samyutta Nikáya 3.23
  • Como putrefacción: Anguttara Nikáya 3.126
  • Como manchas/enemigos/asesinos/etc: Itivuttaka 88
  • Abandono de las kilesa como una garantía de no-retorno (a la existencia mundana): Itivuttaka 1-8
  • Kilesa forma la raíz de la acción inhábil: Itivuttka 50
  • Kilesa quema como un fuego: Itivuttaka 93
  • Kilesa son como manchas sucias sobre una tela originalmente limpia: Majjhima Nikáya 7
  • Entender lo hábil (kusala) y sus opuestos como una base para el Entendimiento Correcto: Majjhima Nikáya 9

¿Para qué definir el bien y el mal?

Al Buddha en realidad no le interesó definir el bien y el mal con el propósito de discriminar a los seres y poder decir “estos son buenos” y “estos son malos”. Definir lo bueno y lo malo es solamente un medio para etiquetar lo que es hábil (kusala) o inhábil (akusala). Esto es importante meramente porque lo hábil produce consecuencias superiores, adecuadas, luminosas, mientras que lo inhábil produce consecuencias inferiores, inadecuadas, oscuras. Al individuo le conviene saber esto para poder establecer de antemano las consecuencias positivas de su propio futuro: el individuo hábil siembra semillas (kamma) de consecuencias futuras felices para sí mismo y para otros seres; el individuo inhábil siembra semillas de consecuencias futuras infelices para sí mismo y para otros seres. Hay que recordar aquí el Buddha vio la vida del ser humano como una obra que el ser humano mismo construye: no hay un dios o un ser sobrenatural que venga a imponernos un futuro determinado sino que somos nosotros mismos los que construimos nuestro futuro por medio de las cosas que hacemos, pensamos y decimos. Por esto el punto de vista de la ética búddhica tiene un componente utilitario fundamental que contrasta radicalmente con el componente mítico-religioso de las otras religiones mundiales.

Las impurezas (kilesa) definidas como raíz de lo inhábil (akusala) y sus opuestos como raíz de lo hábil (kusala) son el origen de los preceptos morales enseñados por el Buddha. Los preceptos buddhistas no son para la satisfacción de la voluntad de un dios creador ni para el beneplácito del mismo Buddha (quien ya no existe como persona mundana). Son estrictamente para la configuración positiva, feliz, del futuro del individuo. Un discurso donde vemos la conexión directa entre las impurezas (kilesa) y los preceptos morales es el discurso en MN 9, el Sammaditthi Sutta (Discurso sobre el Entendimiento Correcto).

Sammaditthi Sutta

3. “Cuando, amigos, un noble discípulo entiende lo inhábil [no-integro], la raíz de lo inhábil, lo hábil [íntegro], y la raíz de lo hábil, en esa medida él es una persona de entendimiento correcto, cuya visión (entendimiento) es recto, que tiene confianza perfecta en el Dhamma (enseñanza), y que ha llegado a este Dhamma verdadero.

4. “¿Y qué, amigos, es lo inhábil, cuál es la raíz de lo inhábil, qué es lo hábil, cuál es la raíz de lo hábil? Matar seres vivos es inhábil; tomar lo que no nos han dado es inhábil; conducta errónea con respecto a los placeres sensuales es inhábil; hablar con falsedad es inhábil; hablar maliciosamente es inhábil; hablar ásperamente es inhábil; el chisme es inhábil; la envidia es inhábil; la mala voluntad es inhábil; el entendimiento incorrecto es inhábil. Esto es lo que llamamos inhábil.

5. “¿Y cuál es la raíz de lo inhábil? La codicia [lobha] es una raíz de lo inhábil; odio [dosa] es una raíz de lo inhábil; engaño [moha] es una raíz de lo inhábil. Esto es lo que llamamos la raíz de lo inhábil.

6. “¿Y qué es lo hábil? Abstenerse de matar seres vivos es hábil; abstenerse de tomar lo que no nos han dado es hábil; abstenerse de la conducta errónea con respecto a los placeres sensuales es hábil; abstenerse de hablar con falsedad es hábil; abstenerse del habla maliciosa es hábil; abstenerse del habla áspera es hábil; abstenerse del chisme es hábil; la no-envidia es hábil; la buena voluntad es hábil; el entendimiento correcto es hábil. Esto es lo que llamamos hábil.

7. “¿Y cuál es la raíz de lo hábil? La no-codicia [alobha] es una raíz de lo hábil; el no-odio [adosa] es una raíz de lo hábil; el no-engaño [amoha] es una raíz de lo hábil. Esto es lo que llamamos la raíz de lo hábil.

8. “Cuando un noble discípulo ha entendido así lo inhábil [no-integro], la raíz de lo inhábil, lo hábil [íntegro], y la raíz de lo hábil, él abandona completamente la tendencia subyacente a la lujuria, destruye la tendencia subyacente a la aversión, extirpa para tendencia subyacente a la visión y engaño del “yo soy”, y abandonando la ignorancia y haciendo surgir el verdadero conocimiento él aquí y ahora pone fin al sufrimiento. De esta manera también un noble discípulo es uno que tiene visión correcta, cuya visión es recta, que tiene confianza perfecta en el Dhamma y que ha llegado a este Dhamma verdadero.”

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*Kusala y akusala se definen literalmente de la siguiente manera:

  • kusala: kámmicamente íntegro, completo, beneficioso, saludable, moralmente bueno, hábil, y sin culpa.
  • akusala: kámmicamente no-íntegro, incompleto, dañino, insano, moralmente malo, inhábil y culposo.