Es una bendición tener un lugar donde vivir

Amigos, es una bendición tener un lugar donde vivir, incluso si no es un lugar lujoso, aún así es una bendición. Incluso si no es tuyo, si no es tu propiedad, aún así es una bendición. Millones de seres humanos en este mundo carecen de esta bendición. Vagando de un lugar a otro, sujetos al sol, a la lluvia, al frío de la noche, a los peligros de la oscuridad, hay millones de seres humanos que carecen de la bendición de tener un lugar donde vivir.

BBC_Cientos de migrantes caminan desde el campo Idomeni_14 de marzo de 2016.

Migrantes arribando a Grecia.

Que este sea tu primer pensamiento al despertar por la mañana:

¡Es una bendición tener un lugar donde vivir! ¡He sido bendecido en esta vida al tener un lugar donde vivir!

Y que tu segundo pensamiento sea éste:

¡Que puedan todos los seres humanos sobre la Tierra tener también esta bendición! ¡Que puedan todos los seres humanos sobre la Tierra tener un lugar donde vivir!

Y que tu último pensamiento al final del día, cuando ya vas a dormir, sea éste:

¡Qué bendición es tener un lugar seco y cálido donde poder dormir! ¡Que todos los seres humanos sobre la Tierra, todos sin excepción, puedan tener un lugar seco y cálido donde poder dormir, aunque no sea de su propiedad!

Amigos, una gran calamidad es vagar de un lugar a otro sin tener donde vivir, sin tener donde dormir cómodamente. Si tienes un lugar donde vivir y donde dormir, aunque no sea tuyo, siéntete bendecido, porque en verdad es una bendición tener un lugar donde vivir y dormir cómodamente.

Incluso una simple cama en una simple habitación, incluso eso es suficiente. No hace falta ningún lujo. No hace falta un gran espacio. Incluso una habitación humilde, seca y cálida es suficiente para ser feliz y es una bendición. Muchos tienen la buena suerte de poder vivir en una humilde choza, ¡pero aún hay miles que ni siquiera esto tienen!

choza humilde Etipia.

Llénate del deseo, de la buena voluntad, del deseo amoroso, generoso, amigable, universal, compasivo, de que todo ser humano en este planeta tenga un lugar donde vivir, un lugar seco y cálido donde dormir por la noche. Que puedan todos los seres humanos estar protegidos del sol, de la lluvia, del frío de la noche y de los peligros de la oscuridad. Olvídate de ti mismo todos los días y piensa constantemente en los demás. Los políticos y los plutócratas no son los únicos que están llenos de egoísmo, pensando en sí mismos todo el tiempo: las grandes masas de la humanidad también lo hacen. ¡Yo también lo hago y está mal! Por lo tanto: olvídate de ti mismo todos los días y piensa en aquellos que necesitan las cosas más básicas para poder vivir.

Hasta que no solucionemos esto, la evolución de la humanidad estará detenida y el planeta Tierra seguirá siendo un planeta salvaje, un planeta incivilizado, un planeta retrógrado. Porque las humanidades más civilizadas, más evolucionadas, son aquellas que no permiten que sus miembros mueran de hambre y mueran de frío por no tener un lugar donde vivir.

Así como tú lo deseas y lo necesitas, así también lo desean y lo necesitan todas y cada una de las 7000 millones de personas que viven en este mundo.

¡Todos merecen tener un lugar donde vivir, independientemente de raza, sexo, origen étnico, cultura, religión, inclinación política, artística o sexual!

Así como tú lo deseas para ti mismo, deséalo también para todos los demás. Las cosas que deseamos, los pensamientos que repetimos constantemente en nuestra mente, irradian una energía que transforma y protege. Un gran número de personas irradiando este deseo tendrá un efecto transformador sobre el mundo. No tenemos poder político ni grandes riquezas para cambiar las sociedades y los sistemas, pero sí tenemos el poder de nuestra energía, de nuestro pensamiento. Olvídate por varios momentos de tu propio yo y de tu propia comodidad y piensa en los miles y millones de seres humanos que ni siquiera tienen dónde vivir y qué comer. Piensa en ellos, preocúpate por ellos.

¡Que todas las personas sin techo estén por lo menos libres de peligro, libres de hostilidad, libres de adversidad! ¡Que puedan por lo menos estar protegidas contra el mal, contra los enemigos! ¡Que puedan por lo menos tener comida, bebida y medicamentos!

¡Que aquellos que tienen las riquezas y el poder de cambiar la sociedad logren liberarse en sus mentes del desprecio, de la codicia y del engaño! Si ellos se liberan, en sus mentes del desprecio, la codicia y el engaño, podrán entonces pensar y actuar con compasión, con buena voluntad, con equidad.

¡Que pueda yo también liberarme de todo desprecio, toda codicia y todo engaño en mi propia mente y corazón para poder pensar y actuar con compasión, con buena voluntad y con equidad en mi propia comunidad, en mi propia ciudad y país, todos los días!

Persona sin casa en Mexico.

La novela como género literario integral: 1984 de George Orwell

Otro ensayo de enero de 2005. Puede serle útil a alguien.

George Orwell_1984_poster.

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LA NOVELA:GÉNERO LITERARIO INTEGRAL

 1984 de George Orwell

 

La novela es una forma de género literario mayor; una forma de narrativa épica en prosa. Su extensión suele ser considerable. El interés de la novela puede ser variado: describir las costumbres, esperanzas y temores de un pueblo o una comunidad; narrar hechos ficticios cuya importancia estriba en lo que pueda concluirse al ser comparados con los hechos históricos reales; o perfilar el temperamento o carácter de personajes, desglosando sus emociones y pensamientos, en un ejercicio de visión introspectiva. Una novela puede llegar a abarcar todos estos ámbitos de interés, y más. Resulta muy efectivo y útil, para desentrañar el carácter integral de una obra literaria, aquel viejo método de la filología alemana del siglo XIX: analizar la obra literaria como un binomio armónico deforma y contenido. Y el carácter integral de la novela no sólo se reduce a la «policromía» en el contenido; en cuanto a la forma, la novela permite la integración y participación de distintos géneros literarios, tipos de texto y niveles de discurso. Consideramos un ejemplo aleccionador: 1984 (Nineteen Eighty-Four, 1949), del escritor británico George Orwell.

En primer lugar: el contenido. Las novelas de Orwell se caracterizan por ser el producto de la reflexión del autor acerca del orden social y de la preocupación que nace al ver las fuerzas políticas siempre en pugna, repartiendo su cuota de guerra, hambre, injusticia, holocausto y paranoia, no sólo a Europa, sino al mundo entero. Ya en Homage to Catalonia (1938, escrita durante la guerra civil española), Orwell descarga su primera dosis de desesperanza y pesimismo en la labor de una izquierda socialista. Animal Farm (1944) es una crítica aguda del estalinismo y A Fairy Story (1945) es una sátira sobre el régimen soviético. Como punto culminante, obvio y natural, en la tarea de retratador y criticador de la realidad social de su tiempo, y alcanzando cierto paroxismo(1) del pesimismo, escribió 1984: la narración de un hipotético estado futuro, sumido en guerras autodestructivas y regímenes totalitarios implacables que harían delirar de éxtasis –si tal cosa fuese posible, llover sobre mojado, quiero decir– a Hitler o a Mussolini. Esta novela es un hito en la literatura de ficción de posguerra, una antiutopía inspiradora de agitadores, «obra maestra de especulación política» según Bernard Crick, el biógrafo de Orwell.

Es preciso coincidir con la mayoría de los críticos al afirman que la grandeza literaria de 1984 radica más en elcontenido que en la forma. Porque la obra, como he afirmado al principio, no sólo es una ficción producto de una evaluación crítica de la realidad política y social del autor; al mismo tiempo está inteligentemente imbuida de psicologismo(2) e introspección –un poco a la manera de la narrativa modernista–, de manera que conocemos y entrevemos las pasiones, los temores, la angustia y la decepción, así como la fortaleza y la voluntad de vivir de Winston, el protagonista.

Vemos estas dos fuerzas de la realidad humana: la fuerza externa, secular, inmensa y amenazante del curso de la sociedad, la fuerza y locura del falso superhombre que domina tiránico y esquivo, literalmente y metafóricamente invisible; y las fuerzas internas, suaves y tiernas del alma humana que intuye una libertad y una plenitud de vida mayores y posibles, en un mundo donde la otra fuerza –el totalitarismo, la barbarie, la hegemonía de la crápula destructiva de la guerra– desangran las almas de los ciudadanos que, en aquel mundo patético y alucinante, han sido sustraídos a toda soberanía y humanismo necesarios. Orwell no sólo ha hecho una «obra maestra de especulación política», ha considerado no menos que bien el mundo anímico de la persona, el desenvolvimiento de la psique, de la naturaleza cordial de un alma espuria, psicológicamente vejada. El hecho de que la dulzura y tensa parsimonia de Winston Smith lo hayan conducido a la extinción (más que su desviacionismo ideológico), es parte de la atmósfera de hipnótico suspenso y enfermiza paranoia –muy real y factible para aquellos que vivieron desde adentro la Segundo Guerra Mundial– que Orwell necesitaba crear para que la novela adquiriera el carácter de cuerda advertencia, de «alerta roja», al mundo civilizado.

Las características y configuración política del mundo orwelliano de 1984 no responde a capricho del autor: se devela, en la distribución de las tres potencias mundiales (Oceanía, Eurasia y Asia Oriental) y sus capitales, en la distribución de la población y los estratos sociales, en las ideas heréticas de Emmanuel Goldstein (el «enemigo público» de Oceanía) contenidos en «el libro», y en los postulados del Ingsoc (Socialismo Inglés), en el rostro gigante y bigotudo de «El Gran Hermano»(3); un esbozo lúcido de un mundo verosímilmente posible, visiones ficticias formadas con fragmentos reales de la realidad pasada y presente que no es ajena a ninguno de nosotros. Y es esa posible verosimilitud de la inaudita y antiutópica Oceanía lo que convierte a la novela en advertencia urgente.

Además de esto, Orwell deja en claro sus sospechas acerca de la degradación del lenguaje oral(4) y el peligro inminente que implica la manipulación malintencionada de los registros históricos y de las obras literarias del pasado, en un estado (o bajo una administración) que viola el derecho a la libertad de expresión, y en el que se desvirtúa la lengua materna, manipulándola para ejercer un control psicológico sobre la población. O la inexistencia de un corpus legislativo escrito. Las consecuencias de una lengua artificial, pobre en significados y matices, son el embrutecimiento, la ruptura del pensamiento lógico, y un estado de sopor intelectual en el que es sumamente fácil manipular a las masas.

«Si una persona es ortodoxa por naturaleza (en neolengua se le llama piensabien) sabrá en cualquier circunstancia, sin detenerse a pensarlo, cuál es la creencia acertada o la emoción deseable. Pero en todo caso, un entrenamiento mental complicado, que comienza en la infancia y se concentra en torno a las palabras neolingüísticasparacrimen, negroblanco y doblepensar, le convierte en un ser incapaz de pensar demasiado sobre cualquier tema.» (5)

El Capítulo IX de la Parte Segunda del libro contiene, en su mayoría, citas textuales de la obra herética –Teoría y práctica del colectivismo oligárquico– de Emmanuel Goldstein, llamada simplemente «el libro». Este es un capítulo clave en la novela, porque no sólo se explica y describe el mundo antes y durante «El Hermano Mayor», sino que también oímos a través de esas líneas la voz profética de Orwell, un asomo de sus teorías tanto políticas como lingüísticas. Y muchos puntos son aclarados, así respecto al curso interno de la obra como al curso externo de la Historia, de la cual la novela no es más que un reflejo deformado. La comprensión de la evanescencia del momento presente, y por lo tanto de la importancia suprema del registro histórico se extiende en dichas líneas:

«La mutabilidad del pasado es el eje del Ingsoc. Los acontecimientos pretéritos no tienen existencia objetiva, sostiene el Partido, sino que sobreviven sólo en los documentos y en las memorias de los hombres. El pasado es únicamente lo que digan los testimonios escritos y la memoria humana. Pero como quiera que el Partido controla por completo todos los documentos y también la mente de todos sus miembros, resulta que el pasado será lo que el Partido quiera que sea. […] Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega…, todo esto es indispensable. Incluso para usar la palabradoblepensar es preciso emplear el doblepensar. Porque para usar la palabra [doblepensar] se admite que se están haciendo trampas con la realidad.» (6)

Los métodos correctivos y de tortura practicados por la «Policía del Pensamiento» de Oceanía, son un retrato de los crímenes cometidos en la URSS, mucho antes de que Orwell escribiera 1984. Las semejanzas con la realidad no son coincidencia. Analizar las implicaciones y los meandros de la historia de Orwell es trabajo muy extenso. La conclusión será, generalmente, la misma: que las valoraciones extrínsecas del contenido de la obra escrita pueden ser razón suficiente para que ésta sea considerada gran literatura, aun cuando la forma de la obra sea simple, e incluso escueta(7). Pero, ni es mi propósito demostrar que 1984 es una gran obra literaria, ni ésta es escueta o simple en su forma. De hecho, su estructura bien pensada y la disposición inteligente, la utilización prudente y oportuna de las distintos tipos de texto dentro de la novela, es lo que la hace una obra literaria integral.

La novela está constituida por tres partes: ocho capítulos la primera, diez capítulos la segunda, y seis capítulos la tercera. En la Parte Primera se introduce al protagonista y personajes secundarios, es principalmente descriptiva y contiene los motivos y acciones primarios de la historia. Los diálogos son pocos, puesto que la mayor parte del texto se consume en descripción y narración. Los incisos textuales del diario de Winston permiten al lector acercarse al personaje, y en efecto, adquieren una importancia crucial para el desenvolvimiento de la trama. La falta de diálogos y los pasajes solitarios y mal escritos del diario de Winston, transmite a estos capítulos el matiz acre de una Londres deshumanizada y mecánica, la triste soledad y la intuida angustia del protagonista.

En la Parte Segunda comienzan a desenlazarse los nudos, se desarrollan los motivos y nuevas acciones mantienen a los protagonistas en tensión.  La historia se torna excitante, alentadora. El suspenso aumenta y se mantiene en parálisis, al mismo tiempo que Winston y Julia viven un efímero solaz. Aumentan un poco el número de diálogos, pero aún así predominan los textos descriptivos y narrativos. Tal predominancia responde a las características propias del mundo imaginado –el estado de represión en el que viven– y a la idiosincrasia de los personajes –producto, naturalmente, de un ambiente insano e ideológicamente agresivo–, y no deben interpretarse como una deficiencia en la habilidad del autor para imprimir realismo o acercamiento psicológico a los personajes. Paradójicamente, es la sobriedad en el uso de los diálogos y monólogos lo que imprime credibilidad y realismo a la historia(9).

Orwell introduce aquí y allá fragmentos de tonadas, e imágenes sensoriales que dibujan explosiones de color, sonido y olor en el mundo monótono y sintético de los protagonistas. Las citas textuales del libro de Goldstein (Capítulo IX) son como un bloque que suspende el desenvolvimiento de la historia, la cual, desde el primer capítulo de esta Parte Segunda, había adquirido un giro de tensa alegría. Entonces, sin aviso, en el Capítulo X se esfuma la felicidad del solaz clandestino de los protagonistas. Comienza con las simples tonadas que canta la mujer proletaria en el patio. Se supone que han sido compuestas para los proletarios por máquinas y que, por ello, carecen de cualquier relevancia artística o estética. Son puro romanticismo simplón. Sin embargo, ¿acaso no guardan una relación secreta, no revelada, con los estados de ánimo de Winston, y lo que esos estados de ánimo anuncian para la Parte Tercera de la novela?…

«Era sólo una ilusión sin esperanzaQue pasó como un día de abril;Pero aquella mirada, aquella palabraY los ensueños que despertaronMe robaron el corazón. […] Dicen que el tiempo lo cura todo,Dicen que siempre se olvida,Pero las sonrisas y las lágrimasA lo largo de los añosMe retuercen el corazón.» (8)

La disposición de la narración de los eventos confiere a este capítulo todo el suspenso que hasta ese punto sólo era latente. La caída de los objetos, el cuadro que ocultaba la «telepantalla», el marco de la ventana y finalmente el pisapapeles de cristal, son un efecto dramático magnífico, a modo de metáfora que presagia la destrucción de los enamorados. Winston y Julia han sido apresados: es el comienzo del fin. Esto justifica, a mi parecer, la paralización (durante toda la Parte Segunda) del suspenso que es luego súbitamente liberado en el Capítulo X. Así como el Capítulo IX es crucial para entender el mundo asfixiante de los protagonistas, el siguiente capítulo es el clímax práctico de todos los crímenes y temores anunciados durante la Parte Primera.

La Parte Tercera es menos extensa que las anteriores. Nuevamente los diálogos aumentan un poco en número: un requerimiento para el desenvolvimiento natural de la historia, así como el menor número de capítulos. Se entiende que fue la intención del autor no profundizar en las imágenes repugnantes y las descripciones de la tortura del protagonista. No era necesario. Las descripciones son sencillas. Las metáforas pertenecen al mundo interior del protagonista. Es en estos capítulos donde se presenta con mayor claridad el psicologismo, la visión introspectiva del personaje. La voz de O´Brian predomina en estos capítulos. Orwell distribuyó la participación de los tres personajes principales a lo largo de las tres partes del libro, para lograr con ello cierta simetría: la Parte Primera es principalmente de Winston, la Parte Segunda de Winston y Julia, y la última, de Winston y O´Brian. Los diálogos contienen fardos de angustia, están ahítos de imploraciones, ruegos y acusaciones. Es necesario para construir el ambiente patético, desesperanzador de un mundo que debe ser evitado y rechazado.

Descripción, narración, diálogo, citas textuales, incisos, versos; la novela se caracteriza por reunir en una sola obra, distintas formas. La novela es equivalente, en música, a la sinfonía; y en arquitectura, a la ciudad. La esencia de la novela radica en esta agrupación armoniosa de formas y utilidades, de funciones y los efectos que estas funciones producen. La forma está supeditada al contenido en el sentido de que, para una mejor presentación de la historia, y de acuerdo al efecto que el autor quiera generar en el lector, habrá predominio o no de los diálogos, o de la narración descriptiva, o de la ausencia de citas y versos. Y recíprocamente, el contenido de la obra literaria, sin forma, sería ininteligible para todos, excepto para el autor. De hecho, no existe obra literaria mientras sólo exista contenido sin forma, es decir: ideas, ilación, pensamientos, imágenes, recuerdos, etc. Cuando éstos son dotados de forma literaria, es cuando adquieren cuerpo, discurso, sonido, discurrencia y letra. Y esto es la novela por excelencia.

Eric Blair (George Orwell) nos habla de un mundo terrible, un mundo en el que el alma parece no poseer valor alguno –o por lo menos no se le otorga–, en el que todo lo que juzgamos bello y superior es primero suprimido, falsificado, violado y destruido. La historia de Winston y Julia no es la historia de los ganadores, no es la historia de héroes; es más bien la historia de seres indefensos y tiernos que son segados de la tierra sin miramientos ni consideraciones. Algunos sentimientos deben ser traídos a la palestra; la desesperanza y el peligro del nihilismo deberían ser siempre señalados. Ese mundo existe ahora para algunos. Y la obra literaria es a veces una bomba que estalla y resuena, cada vez que es leída, miles de veces sin reducir su potencia. Son las historias como 1984, historias grises de tonos abemolados, las más peligrosas desde el punto de vista de la habilidad artística del escritor. Una disposición inadecuada de los hechos, un abuso de las descripciones o de las figuras retóricas, pueden reducir el brillo de la obra.

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  1. Paroxismo que no es tal, considerando la lucidez con la que Orwell maneja la desesperanza, convirtiéndola en voz de advertencia para una Europa que, apenas liberada de las garras del Nazismo, yacía destruida y vejada, no poco libre de la amenaza de una Tercera Oleada de Destrucción.
  1. Utilizo el término psicologismocon el significado de: preferencia o tendencia, en las obras narrativas, a la descripción de los estados de conciencia de los personajes.
  2. «Hermano Mayor» de acuerdo con otras traducciones. «Asia Oriental» es traducida en otras ediciones como «Estasia», y «parlanueva» en lugar de «neolengua».
  3. Léase su ensayo «La política y el idioma inglés». Todos los idiomas naturales son susceptibles de esta degradación, que ocurre de manera espontánea en países con sistemas educativos deficientes.
  1. Orwell, George (1949). 1984Parte SegundaCapítulo IX, página 222, de la primera edición dominicana de la Editora Alfa y Omega. Esta traducción es, en general, mediocre.
  2.  Ibíd., pp. 224, 226.
  3.  Criterio del cual difiero particularmente.
  4. Ibíd.., p. 230.
  5. Compárese el uso de diálogos y monólogos en esta novela con «El tunel», de Sábato, por ejemplo.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

LIBROS

Diccionario Enciclopédica Salvat. Volumen 20. Salvat Editores, S. A. Barcelona, España. 1985.

Enciclopedia Autodidáctica Océano. Volumen 2. Ediciones OCÉANO-ÉXITO, S. A. Barcelona, España. 1984.

Gondi, Ovidio (s.f.) 1984 El año de George Orwell. En: Revista de Geografía Universal.  Año 8, Volumen 14, No. 1. 3A Editores, S. A. México D. F., México.

Orwell, George (1949). 1984. Editora Alfa y Omega, C. A. Santo Domingo, República Dominicana. 1984.

DOCUMENTOS ELECTRÓNICOS

Enciclopedia Microsoft Encarta 2001. 1993-2000 Microsoft Corporation. Entradas: comentario de texto, literatura.

Santiago, Juan Manuel. 1984, de George Orwell. En: Bibliópolis, crítica en la red. http://www.bibliopolis.org/articulo/1984.htm

Enfoque humanista del aprendizaje

Este ensayo lo escribí en enero de 2005. ¡Diez años ya! Cuando lo escribí estaba en mi época de leer mucho a Nietzsche. Eso se ve en el ensayo. Hay varias ideas que ahora me parecen ingenuas.

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ENFOQUE HUMANISTA DEL APRENDIZAJE

Con el término humanismo nos referimos, en general, a un conjunto de tendencias que están relacionadas íntimamente con la Historia Universal de las civilizaciones; las tendencias a desarrollar las esenciales cualidades del ser humano no son exclusivas de la antigua cultura griega. Es natural que la idea de la formación humana –y del ser humano como núcleo de la civilización–, broten en el seno de cualquier sociedad psicológicamente sana y culturalmente activa. Para disertar sobre el enfoque humanista del aprendizaje considero oportuno destilar algunas ideas sobre el contexto del humanismo, y otras como la relación entre humanismo y psicología, la justificación de una psicología humanista, y cuál es el perfil de la enseñanza-aprendizaje humanista.

El humanismo, como inclinación característica y natural en el ser humano en todo el orbe, guarda una relación fuerte y primaria con las actividades más típicamente humanas: la política, el arte –especialmente la literatura–, y la educación. Cuando analizamos una definición de humanismo, podemos deducir la relación entre humanismo, educación –o pedagogía–, y aprendizaje; sin embargo, hay un fuerte matiz filosófico y sociológico en tales definiciones.

El Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, en su ensayo intitulado El humanismo democrático y la educación, bien define al humanismo como “el movimiento promovido en el Renacimiento, dirigido a elevar la dignidad del espíritu humano, valorizándolo, mediante el aporte cultural suministrado por la Edad Media, la escolástica, la cultura moderna y la cultura antigua”. Y más adelante señala el imperativo y el método clásico del humanismo, que durante los últimos siglos ha sido criticado y reevaluado: “Se pensaba que para desarrollar a plenitud el espíritu del hombre, para llenarlo de claridad, era suficiente el aprendizaje de lenguas clásicas, para que se produjera la excelencia del hombre culto.” Se comprende claramente cual era la aproximación que se hacía en el humanismo a la cuestión del aprendizaje: éste es un mecanismo crucial para la educación humanista; se forzaba al discípulo en el rígido estudio de las formas de las culturas antiguas (principalmente la griega y la latina) y se esperaba que esta disciplina produjera un enriquecimiento en el contenido cognoscitivo del hombre del renacimiento. Sin embargo, el aprendizaje era sólo la herramienta de la disciplina y del cultivo intelectual; es decir, para los humanistas era más importante cuidar los contenidos y las materias de estudio, el perfil y capacitación del educador, incluso reformar en cierta medida la metodología del aprendizaje, más que dilucidar o elaborar teorías sobre el proceso mismo del aprendizaje.

Se deben comprender las elaboraciones teóricas y prácticas que los humanistas han hecho sobre el proceso educativo en una sociedad civilizada y pluricultural. Para ello cito nuevamente, en el ensayo antes mencionado, al Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa:

Desarrollar las virtualidades del hombre, colocándolo en su medio y en su tiempo, al servicio de los grandes ideales colectivos y concentrado en su tarea para acrecentar y defender valores que, si fueran destruidos pondrían en peligro su propia seguridad, constituye, en nuestro concepto, el fin supremo de la educación.

De esta declaración puede desprenderse lo siguiente: que el fin supremo de la educación está imbuido de intencionalidad humanista, y que puede notarse la relación que el humanismo guarda para con la sociología y la ética, en nuestra presente sociedad venezolana, y de hasta qué punto humanismo, democracia y educación se refuerzan mutuamente.

Los esfuerzos de los pensadores humanistas por reformar el sistema educativo de la sociedad y, sobretodo, la intención de implantar el imperativo “desarrollar las virtudes del hombre” se intensificó durante el siglo XIX y principios del XX. Selecciono como un ejemplo –no tanto polémico como significativo– al filólogo y filósofo alemán Friedrich Nietzsche. El corpus filosófico de este pensador es multifacético y difícil de calificar. Sin embargo podemos encontrar en su libro El crepúsculo de los ídolos, retazos de un bien formado y maduro existencialismo humanista. En un mismo capítulo (Lo que les falta a los alemanes) de dicha obra encontramos varios ejemplos del acercamiento humanista –fuerte y lúcida crítica–, al problema de la reforma educativa. Respecto a la medianía de la formación educativa, mecanizada por la dilatación del conocimiento científico, acápite 3, escribe:

Llevo diecisiete años sin cansarme de sacar a la luz la desespiritualizadora influencia de nuestro actual tejemaneje científico. El duro ilotismo al que el enorme volumen de las ciencias condena actualmente a cada individuo particular es una razón fundamental de que naturalezas más plenas, más ricas, más profundas, ya no encuentren educación y educadores adecuados para ellas. De nada adolece más nuestra cultura que de la sobra de holgazanes petulantes y humanidades fragmentarias; nuestras universidades son, contra su voluntad, auténticos invernaderos de esta especie de atrofia de los instintos del espíritu.

Respecto al perfil de los educadores y de los educandos, acápite 5:

Todo el sistema educativo superior en Alemania ha perdido lo principal: el fin tanto como el medio para el fin. Que la educación, la formación es un fin en sí mismo –«y no el Reich»– que para ese fin se necesita el educador, y no el profesor de instituto de Bachillerato y el erudito de la Universidad: esto se ha olvidado… Hacen falta educadores que estén educados ellos mismos, espíritus superiores, nobles, probados en cualquier instante, probados por la palabra y el silencio, culturas maduras, que se hayan puesto dulces, y no los patanes eruditos que el instituto de Bachillerato y la Universidad presentan hoy a la juventud como «amas de cría superiores». […] Lo que las «escuelas superiores» de Alemania consiguen realmente es un amaestramiento brutal destinado a hacer, con la menor pérdida de tiempo posible, a un sinnúmero de hombres jóvenes útiles, utilizables para el servicio al Estado.

Nótese el típico matiz sociológico y filosófico que caracteriza a la disertación humanista, en una época en la que apenas comenzaban a tomar cuerpo la biología y la neurología, ciencias que revolucionarían a la psicología, y por repercusión, a la sociología y la pedagogía. Si bien estas críticas están enmarcadas en el contexto del sistema educativo alemán del siglo XIX, tocan cuestiones universales y preocupaciones válidas que incumben a todo humanista y que, dicho sea de paso, aún están siendo digeridas –y deben ser digeridas– actualmente en nuestro lugar y tiempo. ¿Cómo podrían formarse nuevas generaciones, individuos no solo capaces sino también más que competentes para enfrentar y solucionar los dilemas y el pathos de una sociedad mecanizada y deshumanizada, si los educadores no son ejemplos de una madurez y lucidez intelectual y emocional, de espiritualización de las pasiones? ¿Será suficiente con reformar el diseño curricular y revalorar, recapacitar, humanizar aún más al docente? ¿Prestar atención a la infraestructura, o más bien a la superestructura? ¿Y qué relación tiene todo esto con los procesos de enseñanza-aprendizaje? ¿Cómo llegaron a pasar ciertas trazas del humanismo al ámbito de la psicología, para la elaboración de una propuesta humanista del aprendizaje?

En el libro antes mencionado, encontramos una de las primeras incursiones de la disertación humanista en el terreno de la psicología, y por ello constituye una de las más valiosas colaboraciones a la elaboración de un enfoque humanista del aprendizaje. En el enfoque humanista se debía, naturalmente, sopesar primero lo extrínseco del sistema educativo para poder considerar luego la esencia del problema: el aprendizaje. Se puede resumir el imperativo de este existencialismo humanista del siglo XIX en un corto enunciado: Se debe enseñar al discente a aprender. Podemos ver en la obra de este filósofo el punto de inflexión en el que la consideración de lo extrínseco pasa a lo intrínseco, en un enfoque existencialista-humanista. La crisis educativa de la Alemania que inaugura el postmodernismo, fue la coyuntura ideal para lograr este punto de inflexión entre filosofía y psicología.

Considero a este filósofo alemán como un ejemplo perfecto de tal avance en la elaboración de un enfoque humanista del aprendizaje. Friedrich Nietzsche, con la intuitiva e incipiente psicología que le caracteriza, señala las tres tareas para las que se necesita educadores (acápite 6):

Hay que aprender a ver, hay que aprender a pensar, hay que aprender a hablar y a escribir: la meta en esas tres tareas es una cultura noble. Aprender a ver: acostumbrar el ojo a la calma, a la paciencia, a dejar que las cosas se le acerquen; aprender a diferir el juicio, a rodear y abarcar el caso particular por todas partes. Esta es la primera enseñanza preliminar para la espiritualidad: no reaccionar a un estímulo inmediatamente, sino dominar los instintos inhibidores, los instintos que cierran. Aprender a ver: tal y como yo lo entiendo, es casi lo que el modo de hablar no filosófico denomina voluntad fuerte: lo esencial de ella es precisamente no «querer», poder suspender la decisión. Toda la falta de espiritualidad, toda la vulgaridad descansa en la incapacidad de prestar resistencia a un estímulo: se tiene que reaccionar, se da seguimiento a todo impulso. En muchos casos ese «tener que» es ya algo enfermizo, decadencia, síntoma de agotamiento; casi todo lo que la rudeza no filosófica designa con el nombre de «vicio» es meramente esa incapacidad fisiológica de no reaccionar. Una aplicación práctica del haber aprendido a ver: como discente en general se habrá hecho una lento, desconfiado, reacio. A lo ajeno, a lo nuevo de todo tipo solo se le dejará que se acerque con una calma hostil, se retirará la mano cuando se aproxime.

Veamos las ideas que se desprenden de esto. Hay tres requerimientos: aprender a ver –habilidad receptora–, aprender a pensar –habilidad cognoscitiva–, y aprender a hablar y a escribir –habilidad emisora–. El fin para estas habilidades es el clásico imperativo humanista: una cultura noble. La habilidad receptora es paradójicamente pasiva por naturaleza y Nietzsche la sustrae por ello a toda voluntad débil del sujeto: es decir, a la reacción impulsiva, a el dar seguimiento a todo impulso. La llamada voluntad fuerte es una fase de la mente del individuo, y la habilidad emisora está supeditada a ella aún mucho más que la aparentemente pasiva habilidad receptora. La capacidad fisiológica de no reaccionar es aquí lo que se debe dominar en el adiestramiento de la habilidad receptora, justificado ello por el hecho de que la habilidad cognoscitiva del sujeto (el acto de pensamiento y reflexión, pasivo también en apariencia) debe preceder y prevalecer en la elaboración de una respuesta; debe darse una acción como respuesta a un estímulo, no una simple reacción impulsiva (lo cual, un vez convertido en hábito, es la esencia de la llamada mente reactiva). Claro que estas indicaciones se refieren al acto de enseñanza y aprendizaje de la educación institucionalizada, sin embargo, la recomendación de cautela y pasividad –la lentitud, la desconfianza a lo ajeno, a lo nuevo– en la habilidad receptora –el ver–, debería aplicarse constantemente al proceso de aprendizaje en todo momento y en todas las circunstancias. Aumenta por ello no sólo la probabilidad de dar la respuesta más idónea o integral, sino también que se amplifica el campo y los canales de percepción del individuo. Nietzsche pasa por alto detalles sobre el cómo aprender a hablar y a escribir, pues nuestra cultura había logrado ya grandes avances en estas formas particularmente humanas de la habilidad emisora; el meollo del asunto estaba en desentrañar los mecanismos psicológicos del aprendizaje. En ese punto de la disertación se ha llegado a comprender la importancia de las circunstancias –tanto externas como internas– del acto de aprendizaje. Y es precisamente la consideración de la fisiología de la psique del discente lo que tendió el puente entre filosofía humanista y psicología humanista. De aquí en adelante, las relaciones se multiplicaron y el enfoque humanista fue ganando en conocimiento científico. Mejor dicho, la psicología fue ganando en intencionalidad humanista: las formas –requerimientos y preceptos– y los contenidos –imperativos y motivaciones– humanistas pasaron al ámbito de la psicología. Una vez madurada la psicología como ciencia seria y respetable, fueron los teóricos de las escuelas de psicología los que brindaron enfoques imbuidos de tal o cual forma de humanismo.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

LIBROS

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Ediciones OCÉANO-ÉXITO, S. A. Barcelona, España. 1984.

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En: El crepúsculo de los ídolos.
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DOCUMENTOS ELECTRÓNICOS

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Entradas: Existencialismo, Historia de la educación, Humanismo, Psicología y Psicología de la educación.

Modulo 2: Fundamentos y enfoques de la educación y del aprendizaje.
En: Universidad Nacional de Asunción. Teorías del Aprendizaje. Aprendizaje ecléctico según Gagné. Grupo Gagné Paraguay, 2001. 6 de Diciembre de 2004.
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Psicología del Aprendizaje (2). Aula Virtual. Test Resueltos.
En: Psicología Online. 9 de Diciembre de 2004.
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