Comprensión del ser en tres niveles

Creo que tendré que escribirlo en todas mis notas, porque algunos se confunden: no hay aquí ningún yo especial, no hay aquí ningún maestro, ningún yo superior, no hay aquí “yo enseño” o “yo mejor” o “yo superior” o “yo sé más” y pensamientos similares… Sólo hay información, enseñanza, pensamientos, consciencia, percepción, símbolos y signos mentales, vibraciones, energía, cúmulos de existencia, flujos de procesos que aparentan ser un “yo”, etc. Nada más. No hay vanagloria, no hay comparación, no hay ego-identidad.

Comprensión del ser en tres niveles

Nivel 1: las apariencias, los detalles, la separación

Soy hombre. Soy mujer. Soy joven. Soy viejo. Soy alto. Soy bajo. Soy gordo. Soy flaco. Soy blanco. Soy negro. Soy amarillo. Soy marrón. Soy albino. Soy niño. Soy anciano. Soy feo. Soy atractivo. Soy americano. Soy europeo. Soy asiático. Soy indígena. Soy rico. Soy pobre. Soy de derecha. Soy de izquierda. Soy anarquista. Soy socialista. Soy neoliberal. Aquí estás atrapado en la individualidad, en el yo, en el ego. Apenas ves lo que está más allá.

Nivel 2: la esencia humana, la unión de la especie

Aquí sólo soy persona. Soy ser humano. Soy ciudadano del mundo. Soy miembro de esta humanidad. Soy Homo sapiens. Aquí tengo forma humana y es lo único que importa. No soy animal, no soy planta, no soy insecto, no soy ave, no soy pez, no soy reptil. Aquí has trascendido la individualidad, el yo, el ego (que siempre vive en la superficie). Aquí vez lo general que une, lo general que es esencial, no los detalles. Aquí ves que estás en la comunidad, en el grupo, en la masa, en la gran familia humana. Ya pasaste el nivel anterior, pero aquí apenas ves lo que está más allá.

Nivel 3: la profundidad del ser

Ayer fui humano, pero en la vida anterior fui animal. En otras he sido fantasma, demonio, un ser de luz. Mira la profundidad del ser: ser humano es también un accidente. Mira como muta el ser, mira como asume diversidad de formas, de expresiones. No fuiste siempre un humano. No serás siempre un humano. Algunos terrícolas ni siquiera fueron terrícolas ayer. Algunos terrícolas hoy serán extraterrestres en un futuro cercano o lejano. El ser no tiene forma fija. No tiene residencia fija. Nunca la tuvo. Nunca la tendrá. En el fondo, todos los seres vivos compartimos la misma esencia de ser, la misma profundidad de ser. Así como en el universo la materia y la energía se recicla y no nada le pertenece a un “alguien” para siempre, así el ser es una cosa que se recicla. Aquí vas más allá incluso de la comunidad, de tu grupo actual. Aquí ves la unidad de todos los grupos. Después de este nivel no hay nada más que aprender sobre el ser.

___________________________________

Cada nivel tiene aspectos buenos y malos. En el primer nivel encontramos el universo de expresión de los ismos e ideologías más terribles de la humanidad, en este mundo y todos los otros mundos como la Tierra: el racismo, el sexismo, la homofobia, el machismo, la esclavitud, el clasismo, el elitismo, la xenofobia, etc. Este es el nivel más básico, el más ordinario, el más común, el más vulgar. Grandes masas de personas viven en este nivel y apenas llegan a vislumbrar los otros dos. La evolución de la humanidad comienza aquí. Este es el piso de la evolución, el nivel más bajo de la evolución mental, emocional, social, cultural, espiritual y moral. Aquí todos somos diferentes y esto es lo único que la persona logra ver: diferencias, distinciones, separaciones. Mira cómo la persona atrapada en este nivel cree que es mejor que los demás por el color de su piel o el color de sus ojos o de su cabello. Mira cómo la persona atrapada en este nivel cree que es mejor, más sabia que los demás, sólo por tener 60 o 70 u 80 años de edad. Mira cómo la persona atrapada en este nivel cree que es mejor o peor por su lugar de origen, la familia donde nació, la ciudad o país donde nació, su biografía, todo eso que creemos que constituye la identidad individual.

Muchos sistemas de conocimiento (científicos y no científicos) tienen que ver con este nivel, sobre todo porque el ser siempre quiere conocerse a sí mismo y esos sistemas son métodos, herramientas epistemológicas para descubrir todo esto. Aquí está la psicología y la psiquiatría. Aquí está el eneagrama y la astrología personal. Aquí está la biología humana y la medicina humana. Aquí están también algunas religiones-filosofías como el Buddhismo, que es una exploración individual, personal (aunque el Buddhismo es la única que apunta hacia el tercer nivel como meta final). La astrología tiene mucho que ver con este primer nivel, especialmente la astrología ante-uraniana, la astrología clásica que ignora los planetas descubiertos después del siglo XVIII. En la astrología moderna, según la propuesta de Dane Rudhyar, vemos el sistema solar también como un diagrama de la evolución de la consciencia, un diagrama que es como un sendero que comienza en el Sol (símbolo del yo, del ego) y sigue hacia afuera, pasando por todas las órbitas de los planetas. Así, los planetas clásicos “personales” tienen que ver con todo el imperio del yo, el primer nivel del ser: Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno. La astrología clásica necesitó también planetas transpersonales o sociales y como el sistema solar “terminaba” en la órbita de Saturno, fueron Júpiter y Saturno los que más tenían que ver con las cosas sociales de gran escala.

La astrología occidental moderna dio un paso hacia adelante, y esto precisamente un hecho de la evolución humana de la consciencia. El descubrimiento de Urano, Neptuno y Plutón abrió el camino de la humanidad para que el ser humano pudiera seguir evolucionando más allá del primer nivel del ser. Se abrieron las compuertas de lo verdaderamente colectivo, de lo verdaderamente inconsciente y subconsciente, de lo verdaderamente planetario y cósmico. Por eso el recorrido de la consciencia en las órbitas de Júpiter y Saturno inician la salida de la consciencia del limitado ámbito del primer nivel, el nivel cerrado y limitado del yo. Y la astrología moderna occidental trabaja con este proceso de salida, de evolución.

En el segundo nivel la persona ha dado un paso adelante gigantesco en la evolución de consciencia. Los detalles que separan y diferencian ya no son tan importantes. Si estás en este nivel de ser o de consciencia, ya no es posible que seas racista o sexista u homofóbico o xenofóbico, a menos que tengas esos puntos de vista como una justificación de grupo. Porque hay un racismo del yo y un racismo del nosotros, un sexismo del yo y un sexismo del nosotros, una xenofobia del yo y una xenofobia del nosotros. En el umbral del segundo nivel el yo comienza a perder fuerza pero el ego todavía puede aferrarse a la esperanza moribunda del “nosotros”, que es la forma de grupo del ego. Por eso en el segundo nivel de la comprensión del ser todavía hay peligro, todavía hay daño, todavía hay inconsciencia, ignorancia, maldad, negligencia, etc.

Pero la persona que trasciende esos peligros, esa inconsciencia, llega al pensamiento: “todos somos iguales”. Aquí todos somos lo mismo: humanos. Las diferencias se desvanecen. No es que no sean importantes, sino que la esencia común es aquí más importante. La esencia común es lo que une, es lo que da tolerancia y comprensión. Así es cómo desaparecen los peligros y los venenos del umbral del segundo nivel, peligros que son como la contaminación del primer nivel que se quiere colar hacia el nivel siguiente. Los grandes ideales filosóficos, religiosos y políticos aparecen aquí. La idea de la humanidad como gran hermandad, como gran familia. Aquí la humanidad comienza a construir grandes proyectos colectivos, globales, planetarios: uniones de países formando bloques regionales, organismos internacionales, derechos humanos, la idea de paz mundial. Este es el nivel actual de evolución de esta humanidad. Aquí la humanidad de esta Tierra se encuentra estancada, estudiando las pruebas, aplicando los exámenes.

Júpiter y Saturno se mueven aquí en ese gran esquema de evolución de consciencia que lleva al hombre desde el Sol hacia el exterior del sistema solar (como un bebé que nace al resto de la galaxia), pero sobre todo se mueven aquí Urano, Neptuno y Plutón, los poderosos planetas “generacionales” de la astrología moderna. No es que estos planetas no sean personales sino que gustan más de lo social y lo colectivo que de lo individual y personal. Los peligros y venenos del segundo nivel pertenecen también a ellos, por eso la humanidad que evoluciona debe pasar por ellos.

Creo que el mayor problema o peligro del segundo nivel es el especismo. Aquí el ser humano puede sentirse superior al resto de los seres vivos, como efectivamente se viene sintiendo. Aquí el ser humano puede sentirse dueño y señor de la Tierra, como efectivamente se viene sintiendo. Y así destruye y contamina el planeta, en un esfuerzo colectivo que no considera la supervivencia de la vida toda a largo plazo. La humanidad está todavía atrapada en la prueba de los peligros y venenos de Urano, Neptuno y Plutón. Aquí el ser humano también puede ser exo-xenofóbico: el desprecio y discriminación de los seres inteligentes de otros mundos, la creencia que los terrícolas son diferentes o mejores que los visitantes del espacio, cuando la mayoría de ellos en realidad también son humanos. Porque ser humano no es una forma exclusiva de la Tierra: es una forma universal, una forma cósmica que aparece en millones y millones de mundos. Pero no lo hemos comprendido todavía. Como grupo, esta humanidad lucha y se debate en el segundo nivel, con grandes masas de personas atrapadas en el primer nivel y unos pocos humanos, una minoría en verdad, estudiando y tomando los exámenes del segundo nivel.

El tercer nivel es el más evolucionado y el más difícil de entender. Sólo aquellos que están en el segundo nivel pueden vislumbrar un poco de qué se trata este tercer nivel. Y aún así sienten cierta sospecha, cierto recelo, cierta duda. Es el orgullo de ser humano, que se siente cómodo con su forma humana y no cree que el ser pueda adquirir otras formas. Para acceder a este nivel, el ser humano debe vencer su orgullo humano, su complejo de superioridad y la creencia de que los seres están separados como cosas fijas individuales. Aquí comprendemos que el ser no son estas formas físicas, externas, mundanas: estas formas sólo son adquisiciones del ser. El ser adquiere estas formas para poder existir en el mundo. Y el ser humano es sólo una de estas formas. Aquí se han trascendidos todos los vicios y cosas malas del primer nivel, pero también se ha trascendido el especismo o el orgullo humano que es el peligro del segundo nivel. Aquí no pierdes el sentido de pertenecer a una comunidad humana, pero comprendes que la comunidad de los seres vivos es más grande, es mayor. La comunidad de los seres vivos en la galaxia, en todo el universo. Aquí tu comunidad espiritual se convierte en la comunidad de todos los seres vivos, incluyendo aquellos que viven en otros mundos y en otros planos de existencia. El nivel dos es planetario en una parte de su parcialidad (la parte humana). Este tercer nivel es planetario en su totalidad (toda la vida en su conjunto) y va más allá: es el nivel que va hacia lo cósmico, hacia lo verdaderamente universal.

Hemos creído que Neptuno y Plutón son las puertas o los maestros de este tercer nivel de comprensión, pero esto no es cierto. En este tercer nivel de comprensión la consciencia ya recorrió todo el sendero de las órbitas del sistema solar. El ser ya salió del sistema solar. El ser es aquí un verdadero ser cósmico, galáctico, universal. Y eso ya no tiene nada que ver con ningún planeta o arquetipo planetario del sistema solar. La persona que ganó y conquistó este tercer nivel ya trascendió tanto lo bueno como lo malo de Urano, Neptuno y Plutón. Porque mientras estás todavía pasando las pruebas y enseñanzas de los planetas y cuerpos del sistema solar es porque todavía estás dentro del sistema solar. La astrología en realidad comienza con el primer nivel y llega a su conclusión en el segundo. Por eso estamos dando forma a una astrología kámmica, una astrología complementada con una Doctrina que nos conduce al tercer nivel. La astrología no puede llevarnos más allá del segundo nivel. Neptuno y Plutón aún pertenecen al dominio de las cosas colectivas de la humanidad (segundo nivel). De todas las cosas que hemos estudiado en esta Tierra, la Doctrina del Buddha, el Buddha-Dhamma es lo único que conduce hacia el tercer nivel de la comprensión del ser. Más allá de las fronteras del sistema solar, la astrología terrícola ya no tiene sentido. La astrología terrícola tiene sentido sólo para la Tierra y trabaja sólo con los objetos dentro del sistema solar y la luz de las estrellas que ya está dentro del sistema solar (aunque en realidad es luz del pasado, no del presente).

El malentendido sobre Neptuno y Plutón como arquetipos que transcienden lo humano y la vida social en la Tierra se debe a que efectivamente son los últimos en la lista. Pero las doctrinas de Nueva Era se han equivocado al tomar esta “última puerta” que son estos dos planetas como una comprensión de la realidad que ya salió del agarre gravitacional del Sol. Lo que llamamos Nueva Era es incluso los intentos, los acercamientos de Urano, Neptuno y Plutón sobre la última parte de ese sendero de evolución que sugirió Rudhyar, pero no son el nuevo sendero que se ubica más allá. El nuevo sendero que se ubica más allá de las fronteras del sistema solar será lo que realmente llamaremos Nueva Era, aunque eso no significa que Acuario no dará forma, en la Tierra, a lo que suceda a partir del año 2200 aproximadamente. Porque obviamente en la Era de Acuario habrá todavía mucha gente atrapada en el primer y en el segundo nivel de esta comprensión del ser.

La misión de las eras es llevar al ser humano de un nivel a otro. Las eras se repiten cíclicamente, y con cada ciclo un mayor número de persona se gradúan del primer nivel. Y ahora en este ciclo tenemos un número suficientemente grande de personas en el segundo nivel. Pero falta aún mucho por estudiar y trabajar. ¿Ves cómo muchos de los conflictos en la Tierra se deben a los peligros y venenos del primer y segundo nivel, y a los choques de poder entre aquellos que viven atrapados en el primer nivel y aquellos que pugnan en el segundo? Mira cómo los pocos que están en el tercer nivel son realmente la minoría selecta. Mira cómo esos pocos constituyen un puente de contacto y de comunicación entre la humanidad de la Tierra y las humanidades del espacio que nos rodea. Mira cómo la astrología sirve para comprender y trascender el primer nivel. Mira cómo la astrología sirve para comprender y trascender el segundo nivel. Luego de eso, ya no hay más astrología.

Pero ese no es el final del camino… :-)

Anuncios

Astrología kármica: karma y kamma, dharma y dhamma, reencarnación y renacimiento…

La astrología es algo inmenso y rico que se personaliza en la mente y quehacer del astrólogo. El astrólogo (por lo menos el buen astrólogo, el constructivo, el positivo) la hace suya y diseña su propia forma de explicarla y de ponerla en práctica. Esto es así –y debe ser así– porque la astrología es una ciencia humanista, y las humanidades son cualitativas y personalizables, mucho más que las llamadas “ciencias naturales”. También debe ser así porque es la fórmula ideal para la mayor velocidad de evolución de un sistema de conocimiento: mientras menos “personalizable” es una ciencia (digamos por ejemplo, la biología, o ese metalenguaje de la ciencia que es la matemática), más invariable se mantiene a través de las décadas.
Hay una correlación hermosa entre el enjambre de satélites y planetoides que la astrología (trans)moderna occidental está incorporando al corpus teórico y a la práctica astrológica actual y el avance genial que experimentó la física después de las teorías de Einstein y del quantum. Así como la física comenzó a descubrir, a partir de la primera mitad del siglo 20 y del vistazo inicial y terrible de la bomba atómica, todo ese enjambre de partículas subatómicas, de variados colores y “sabores” y tamaños, así la astrología también ha comenzado a “descubrir” todos estos asteroides y planetoides que ahora se incorporan a la carta astral.
La astrología kármica es un ejemplo de la evolución de la astrología y también un ejemplo de la evolución cultural total del mundo Tierra, puesto que Occidente se alimentó y se sigue alimentado de Oriente, no sólo en el sentido de que la astrología moderna desciende en muchos puntos de las astrologías asiáticas y de las del Medio Oriente. La astrología kármica es una forma de retroalimentación, a nivel filosófico, que ha experimentado la astrología moderna, desde finales del siglo XIX cuando los teósofos (principalmente Alan Leo, pero también figuras más recientes como Dane Rudhyar) modernizaron la astrología antigua europea durante la primera mitad del siglo XX.
La mencionada retroalimentación ocurrió a nivel filosófico porque la teoría del karma no incorpora novedades o reformas en el aspecto técnico-práctico de la astrología occidental sino en su “estructura profunda”, en su “ideología de fondo”: para todos los astrólogos modernos y transmodernos la manera de levantar la carta natal u horóscopo es la misma, y las técnicas de cálculo de los aspectos y orbes, progresiones y tránsitos, es la misma, indistintamente de que el astrólogo incorpore o acepte la noción de karma y lo que esa noción implica. Lo que sí cambia es el grueso y el alcance de las interpretaciones que el astrólogo kármico hace de los distintos elementos del cosmograma individual. Los Nodos Lunares tienen entonces para él una significación adicional o más específica, y la ubicación de los planetas en las casas y cómo están constituidas determinadas casas también.
La astrología del karma, o la astrología kármica, asume una forma especial en mí, porque soy buddhista y la teoría del karma del buddhismo es diferente a la que ha prevalecido en Occidente desde su popularización a manos de los teósofos europeos y americanos. La astrología kármica se personaliza en mi y se convierte en astrología kámmica, si me permiten la expresión. La diferencia no es sólo de nombre: kámmica o kámmico viene del substantivo pali kamma, que es el término representativo de la teoría del kamma (karma se dice en sánscrito) tal como se mantiene en el Buddhismo desde hace 2550 años. En Occidente, la teoría buddhista del kamma es muy poco conocida y hay una confusión general entre la teoría del karma del hinduismo/brahmanismo y la teoría del kamma del Buddhismo Original. Como la primera ha penetrado en Occidente ampliamente a través de los intercambios culturales de las anteriores colonias británicas de ultramar y también, lamentablemente, gracias a la sistemática introducción errónea que la Teosofía hizo de los conceptos buddhistas para Occidente, el grueso de los occidentales no tiene conocimiento de diferencia alguna entre las dos teorías y, de hecho en la mayoría de los casos ignoran que la teoría buddhista del kammasea realmente diferente a lo que hemos aprendido en Occidente. A continuación explicaré las diferencias entre ambas tradiciones.
Representación satírica del karma. No la intención del artista, pero ilustra perfectamente la idea esencial de la teoría del karma.

 

El karma, dharma, reencarnación, Brahma y atman

Karma. Tradicionalmente se ha usado el idioma sánscrito para registrar y estudiar las escrituras sagradas de la India, tanto las deístas como el hinduismo como las no deístas como el buddhismo. En el hinduismo y en el brahmanismo se habla de karma (sánscrito) y de reencarnación. La palabra karma significa acción y puede ser negativo o positivo, dependiendo de si es moralmente mala o buena la acción. La acción mala pone en movimiento una “energía”, por decirlo de alguna manera, que sale del individuo y producirá efectos sobre él en el futuro. Acciones moralmente buenas producirán efectos positivos. Acciones moralmente malas producirán efectos negativos. Las acciones en tanto causas son de carácter moral, pero los efectos en el futuro serán de carácter físico y psicológico, por ejemplo nacer en la pobreza o en la riqueza, ser feo o atractivo en una siguiente vida, nacer en una mala o buena familia, en una clase social inferior o superior, etc. En general en Occidente se entiende bien esta definición hasta este punto. Esta es la definición que pertenece al hinduísmo deísta, al brahmanismo y al vedismo hindú, que son tradiciones distintas al Buddhismo.
Dharma. El dharma no es lo contrario del karma, como han enseñado erróneamente muchas secta de Nueva Era. Dharma no es el karma positivo. Dharma es una especie de ley misteriosa y oculta que sugiere el camino o misión de una persona determinada en una vida determinada. Algunos serán cantantes famosos y multimillonarios porque así lo define su dharma para esa existencia en particular. Otros serán individuos paupérrimos, totalmente anónimos y alienados, porque así lo define –supuestamente– su dharma. Eso es lo que los hinduístas creen. Una persona confundida, que no se ha explorado a sí misma, que no se conoce a sí misma, constantemente traicionará su propio dharma, siendo y haciendo lo que no debería ser y hacer. He aquí la clave de la importancia del dharma como ley de vida individual y diferente para cada persona. Es algo íntimo y único que cada uno de nosotros debe descubrir y honrar con nuestras acciones, pensamientos y palabras. Esta es la definición que pertenece al hinduísmo deísta, al brahmanismo y al vedismo hindú, que son tradiciones distintas al Buddhismo.
Representación artística del atman o chispa divina. Se representa como una figura humana en miniatura en el corazón del ser humano.

 

Reencarnación, Brahma y atman. La reencarnación o metempsicosis es el fenómeno según el cual una esencia espiritual determinada (un espíritu) abandona un cuerpo determinado y se aloja en un cuerpo nuevo en un momento sucesivo. Al período en que esa esencia espiritual o espíritu vive en un cuerpo determinado se le llama vida, existencia o encarnación, y puede ser humana o animal. A esa esencia espiritual se le denomina en sánscrito atman, lo cual significa literalmente ser o yo. Sin embargo, el término ha sido traducido con expresiones más pintorescas como chispa divina, mónada espiritual o, el introducido por la Teosofía: átomo permanente. Esto se debe a que en la religión de los brahmanes y de los vedas el atman es imaginado como una chispa de fuego sagrado que proviene de Brahma (el Dios Creador Supremo). Se supone que todo lo que rodea al atman (es decir el cuerpo y la mente) en una encarnación es mutable, mortal e imperfecto, mientras que el atman mismo es inmutable, inmortal y perfecto como su fuente de origen (Brahma). El atman es el portador de la identidad espiritual, real, de la persona: el cuerpo puede variar de una encarnación a otra, pero un atman determinado es siempre el mismo ser o espíritu. La teoría del karma y de la reencarnación son consubstanciales con la creencia en la existencia de la chispa divina (atman) y del Creador Supremo (Brahma). Todo esto viene en el mismo paquete filosófico/religioso del hinduísmo deísta, del brahmanismo y del vedismo hindú.
Una de las muchas representaciones artísticas del dios Brahma.

 

Una astrología kármica, por consiguiente, es aquella en la que el astrólogo explícita o tácitamente asume o sostiene que existe una chispa divina en el ser humano, que esa chispa divina es inmortal, inmutable, perfecta y portadora de la identidad espiritual del sujeto, y que es capaz de migrar de un cuerpo a otro de manera sucesiva (nunca de manera sincrónica), generando lo que llamamos reencarnaciones. Además, sería bastante extraño que el astrólogo kármico no incluyese en su estructura ideológica astrológica también la existencia de un Dios Creador Supremo del cual provienen las chispas divinas individuales. Todo esto parece muy específico y limitativo, pero si estudiamos las ideas de los astrólogos teósofos (y de aquellos influidos por la teosofía), nos daremos cuenta que muchos de ellos son por definición astrólogos kármicos, incluidos Alan Leo y Dane Rudhyar, por mencionar sólo dos, aunque ellos mismos titulen su forma personalizada de astrología como astrología humanista y no como astrología kármica.
De manera lateral, o colateral, la astrología kármica tiene resonancias ideológicas de fondo con las tres principales religiones deístas de Occidente (el cristianismo, el islamismo y el judaísmo), por lo menos en los aspectos de la creencia en un dios supremo creador y en la existencia de las chispas divinas individuales. Entendemos así por qué la astrología humanista y kármica (a partir de Alan Leo), han comenzado, incluso hasta el día de hoy, a reconciliarse de alguna manera con el cristianismo, el islamismo y el judaísmo, por lo menos en el contexto de sus creyentes más progresivos o menos dogmáticos.

El kammadhamma, renacimiento y anatta

Nos referiremos ahora al idioma pali. Este idioma o dialecto es lo más cercano que tenemos al idioma que utilizó el Buddha Gotama para recorrer el norte de la India y propagar su Doctrina. Incluso es posible que el Buddha haya hablado este idioma, como segunda lengua, con muy pequeñas variaciones a lo que nos ha llegado del mismo desde épocas y lugares tan remotos. El pali y el sánscrito se parecen bastante, si bien el primero es más antiguo que el segundo, el cual ha mutado más en los últimos tiempos.
Kamma. La teoría buddhista del kamma se parece bastante a la del hinduismo/brahmanismo. Las acciones se definen dependiendo de la intención del individuo al momento de realizar la acción: acciones hechas con buena intención traerán consecuencias positivas, acciones hechas con mala intención traerán consecuencias negativas. Hay también un kamma neutro, que es el que se produce cuando la persona actúa sin ninguna intención teñida de avaricia, odio o (auto)engaño. Este tipo de kamma no produce “frutos” en el futuro, ni buenos ni malos. Las consecuencias del kamma se definen también a grandes rasgos como en el hinduismo/brahmanismo, pero el Buddha introdujo muchos otros detalles a la teoría del karma de acuerdo con su propia propuesta filosófica.
Dhamma. En el buddhismo este término tiene muchas definiciones. Significa, entre otras cosas, ley, doctrina, verdad, realidad, objeto mental. Cuando los buddhistas lo escriben con mayúscula, Dhamma, se refieren a la Doctrina de Buddha, es decir la Religión de Buddha (en este sentido específico se puede traducir dhamma como religión). Esta palabra se encuentra abundantemente en el Canon Pali, debido a su dilatada polisemia. Pero en general se puede decir que en el Buddhismo no existe la creencia en esa ley misteriosa u oculta (dharma) que sugiere el destino y la misión del individuo: se reconoce al sujeto como un agente más o menos libre, que puede definir su destino en cada momento, que no está atado a alguna ley oculta o misteriosa que le obligue a sufrir tal o cual futuro, porque eso ya lo hace el kamma, la energía de las acciones pasadas que condiciona nuestro presente y futuro.
El Dhamma o Dharma suele ser representado como una rueda con ocho radios. Este símbolo es el símbolo oficial de la India (y del Buddhismo en general), aunque actualmente el Buddhismo es una religión minoritaria en ese país que vio nacer al Buddha Gotama.

 

Anatta. La diferencia más impresionante entre el brahmanismo y el buddhismo es que en éste último no existe la creencia en una chispa divina. Esto el Buddha lo definió como anatta (en sánscrito: an-atman), que significano-ser, no-yo, no-ego. La teoría buddhista del anatta es complicada y difícil de entender. Para poder entenderla debemos mencionar las tres características universales de todos los fenómenos definidas por el Buddha. Buddha insistió en que todos los fenómenos (autoconscientes y no-autoconsciente, vivos o inertes) en el universo poseen tres características:
.
  1. Impermanencia o mutabilidad. Todos los fenómenos (seres y cosas) cambian, mutan, se transforman. No existe ningún fenómeno en el universo, ni siquiera un dios o espíritu, que sea inmutable y eterno. Todo es perecedero.
  2. Insatisfactoriedad o imperfección. Todos los fenómenos (debido a que son mutables y perecederos) son por tanto insatisfactorios e imperfectos. No hay seres ni cosas perfectas, por lo tanto todos los seres y cosas en el universo son fuente potencial de malestar y sufrimiento para los seres que son capaces de sentir.
  3. Ausencia de un ego-identidad o chispa divina. Ningún ser o cosa en el universo posee un yo permanente, inmutable y perfecto. Por consiguiente, los seres humanos no poseen ninguna chispa divina, espíritu, esencia espiritual eterna, átomo permanente o mónada espiritual divina.
.
La tercera característica no implica que el ser humano no existe o que no tiene esencia o substancia:implica que su esencia o substancia es impermanente, imperfecta y no portadora de una identidad espiritual divina. Buddha se refirió al dios Brahma asegurando que ese ser espiritual de gran poder no es en realidad el creador del mundo. Según Buddha el universo aparece y desaparece sucesivamente, creciendo y luego decreciendo, de manera impersonal, mecánica, automática, sin principio ni fin. El ser espiritual que llamamos Brahma, según Buddha, engañado por la magnificencia de su propio poder y luz, cree ser el dios creador del universo, sólo por el hecho de haber sido el primer ser autoconsciente que apareció en este universo en el principio de esta era cósmica. Lo que Buddha desprende de esta revelación es que los seres humanos no pueden poseer ninguna chispa divina proveniente de Brahma puesto que Brahma en realidad no es ni Suprema ni Creador, ni eterno ni perfecto. Cuando esta era cósmica llegue a su fin, todos los seres desaparecerán en la gran destrucción final, incluidos todos los seres espirituales poderosos que se definen como brahmas y como maras.
Representación del principio del anatta. El Buddha solía decir que el ser humano “está vacío de substancia”, queriendo decir que no poseemos realmente una substancia eterna, perfecta e inmutable en nuestro interior. En Occidente esto se ha interpretado erróneamente como una forma de nihilismo o negacionismo de la existencia humana. Pero si no tenemos substancia fija esencial, ¿que somos? Somos el cúmulo de fenómenos y substancias condicionadas que rodean ese vacío.

 

Renacimiento. ¿Y qué tiene todo esto que ver con el kamma y la reencarnación? Al no existir ninguna chispa divina en el hombre, en el buddhismo ya no hablamos entonces de reencarnación sino derenacimiento. Aquí el ser renace, no reencarna. La reencarnación implica la re-encarnación de una chispa divina o sustancia espiritual: si no hay ninguna chispa divina, hay simplemente re-nacimiento del ser, re-aparición del ser en el mundo o en algún otro plano de existencia. El kamma positivo y negativo es la energía que predetermina la reaparición de un ser determinado en forma humana o animal, incluso en forma de fantasma (peta), de demonio (asura) o de un ser resplandeciente (deva).
La teoría del anatta es una de las cosas más desconocidas en Occidente y una de las teorías más rápidamente rechazadas debido al preacondicionamiento cultural que los Occidentales tienen con respecto a los conceptos de Dios y de un alma inmortal. El Buddhismo es diametralmente opuesto, en este sentido, a las otras tres principales religiones mundiales (cristianismo, islamismo, y judaísmo): no sólo en el tema de la ausencia de un ego-identidad sino también en la interpretación radical, chocante para la mente occidental, que el Buddha expuso sobre el verdadero status ontológico del dios Brahma (y por extensión, de cualquier dios que se crea a sí mismo como supremo y creador). Esto es chocante para la mente deísta, pero simpatiza, o debería simpatizar, de manera evidente con el racionalismo científico moderno y parcialmente con el ateísmo secular.
Pero, volviendo al tema del anatta, si no hay una esencia espiritual de algún tipo, ¿cómo es posible que los seres renazcan? ¿Por qué no simplemente desaparecen al morir? La Doctrina de Buddha nos dice que se debe a que la gran cantidad de kamma generado en vida es lo que produce que el ser reaparezca en el mundo. Gran parte de ese kamma está constituido por el deseo de poseer forma física, el deseo de existir en el mundo, el deseo de vivir eternamente, de no morir, el apego a la juventud y a los placeres de la vida, etc. Este cúmulo de deseos de existencia mundana es lo que causa que el ser reaparezca una y otra vez en el mundo. Pero en última instancia, no se trata de “algo” que transmigra de un cuerpo a otro, o de “algo” que provenga de un mundo espiritual o de un dios supremo. En otras palabras, el kamma crea o predispone el renacimiento de un ser determinado, una y otra vez, durante siglos, milenios. A este ciclo de renacimientos interminables en el mundo se le llama samsara.

Una astrología kámmica

Delineadas ya las diferencias entre karma y kamma, reencarnación y renacimiento, atman y anatta, podemos definir entonces qué implicación tiene todo esto para un tipo particular de astrología. En la práctica las diferencias serían virtualmente ninguna, así como no hay diferencia evidente entre la astrología tradicional y la kármica. Los elementos de la teoría astrológica significan lo mismo: las casas, los signos, los planetas, los aspectos. Las técnicas astrológicas tampoco sufren ninguna reelaboración: las progresiones son progresiones, las revoluciones, los tránsitos, los ingresos, todo queda igual. Sin embargo, a nivel filosófico, a nivel de la “estructura profunda” de la astrología, las implicaciones son gigantescas.
Una astrología kámmica se aleja completamente del espectro de las escuelas astrológicas que se enmarcan en las creencias deístas de algún tipo. No existe la creencia en un dios supremo en la astrología kámmica, ni en una chispa divina o espíritu perfecto, y en ese sentido podría etiquetarse de “astrología atea”. Ningún YO SOY o mónada espiritual o átomo permanente. El cosmograma es entonces simplemente un mapa de la trama intrincada del kamma positivo y negativo que un individuo “heredó” de sus vidas pasadas. Seguimos viendo en él lo que el astrólogo kármico ve, excepto el trasfondo ideológico de la transmigración de un espíritu o chispa divina y del origen divino de ese ego-identidad.
Una astrología kámmica debería entonces emparentarse con una visión empírica de la astrología. No hay muchos astrólogos ateos y escépticos. Una astrología kámmica podría resonar con el carácter no-deísta y no-átmico de muchos científicos, racionalistas, y hombres de ciencia que no simpatizan con una astrología imbuida de deísmo, de metafísica platónica/aristotélica y de Teosofía. El problema es que la astrología kámmica también debería heredar por lo menos parte del andamiaje ético-ascético-moral del Buddhismo, y en el estado actual, intelectualmente subdesarrollado, panfletario y recalcitrantemente reaccionario del ateísmo/escepticismo en Occidente, será difícil una integración semejante.
Para un astrólogo kámmico sería absurdo, por ejemplo, como también lo sería en el Buddhismo, estudiar la carta natal para adquirir poder mundano o explotar los planetas astrológicos para inyectarle combustible a nuestras bajas pasiones y tendencias viciosas. Una vez conocí a un joven que quería estudiar astrología para hacerse rico y para tener un poder psicológico mayor sobre las personas para poder manipularlas y moverlas como piezas en un tablero de ajedrez. Por supuesto que semejante intención de principio es también aberrante en el contexto de una astrología deísta, kármica o no kármica. Pero más aberrante aún sería en una astrología kámmica que lo que busca es darle herramientas a la persona para transcender la mundaneidad, la constitución mundana del ser. Muchas veces los astrólogos olvidan que los planetas son entidades físicas y que la constitución astral de la persona es aún una constitución mundana, porque los planetas y los signos son rasgos del universo físico, material y no principios espirituales superlativos o últimos. Y en ese olvidar, en la astrología deísta algunos astrólogos tienden a “diosificar”, a endiosar, a deizar, a los planetas y a los signos, cosa que sería imposible en una astrología kámmica, porque en ésta la carta astral no es más que una radiografía energética de la constitución invisible del ser, y no un mapa que muestre algún dharma o misión particular de vida.

La carta natal como un mapa del dharma del individuo

En la astrología kármica y en la llamada astrología espiritualista (muy influida por la Teosofía), se interpreta la carta natal de la persona como si fuese una especie de mapa o diagrama del dharma del individuo, dharma como lo define el hinduismo/brahmanismo. Es lo que, con sus propias palabras, Dane Rudhyar nos dice, en Las casas astrológicas, cuando escribe que nuestra configuración astral muestra lo que deberíamos ser y hacer. Si una persona tiene el Sol en Virgo, entonces la función psicológica representada por el Sol debería asumir las maneras y temas de Virgo. Si esa persona, por algún método (hipnosis, psicoterapia, uso de drogas, meditación, visualización, etc) tratase de cambiar las funciones de su Sol, como queriendo que su Sol pertenezca a otro signo, entonces la persona estaría traicionando su dharma, estaría yendo en contra de su verdadera forma de ser. Eso es lo que nos dice Dane Rudhyar y la astrología kármica o espiritualista cuando nos presenta la carta natal como un mapa del dharma del individuo. Y hasta cierto punto eso tiene sentido. Tratar de forzar una función psicológica de la persona es como tratar de usar una herramienta en determinada tarea para la cual dicha herramienta no está fabricada. En ese sentido la persona estaría dejando de ser genuina o fiel a su configuración astrológica.
Sin embargo, desde el punto del vista de una astrología kámmica, el asunto sería parecido pero ligeramente diferente, en el sentido de que la carta natal es un mapa del kamma negativo y positivo que hemos heredado de vidas pasadas y no tanto una ley misteriosa que debamos obedecer o seguir ciegamente “porque está escrita en el cielo”. Una persona con el Sol en Virgo nació con esa configuración astral por causa de las cosas que pensó, dijo e hizo en vidas pasadas. No es algo bueno o malo per se: simplemente es. Igualmente, dependiendo de lo que haga, piense y diga (su conducta total) en esta vida, en la siguiente podrá nacer con el Sol en un signo que mejor represente su mezcla particular de kamma positivo y negativo, porque todo el kamma está mezclado en la carta natal, y no es fácil juzgar qué es bueno y qué es malo. ¿Es malo nacer con el Sol y la Luna en oposición? Ciertamente es difícil, pero lo que se puede hacer con esa configuración en términos de aprendizaje y evolución frecuentemente es mayor que un aspecto más fácil entre el Sol y la Luna. Se dice que las personas que nacen con una carta llena de trígonos y sextiles, sin oposiciones ni cuadraturas ni ubicaciones complejas, tienen una vida plácida, fácil de llevar. ¿Por ello diremos que esa configuración es mejor que otra más compleja? Los sujetos con cartas astrales complejas han producido un grande impacto sobre la humanidad con sus hechos y obras, sus inventos, sus escritos. Eso no está “escrito en piedra” en la carta natal, pero la configuración es un punto de inicia para grandes logros o para muy pocos, de manera que juzgar la configuración astral es algo infinitamente subjetivo y relativo.

¡Sé la paz!

La paz no cansa, no lastima, no molesta.

La paz quita peso, sana, cura, cuida, alivia.

La paz no pelea, no discute, no forcejea.

La paz hace, acepta, comprende, tolera, espera.

La paz no se burla, no es sarcástica ni cáustica.

La paz es una cosa madura y para nada pueril, pero es inocente y suave como los niños.

La paz se retira y calla, se dobla y concede, como los sabios ancianos.

La paz no es ácida ni agridulce. Es totalmente dulce.

La paz no es ruidosa, furiosa, tendenciosa, caprichosa, vanidosa, envidiosa.

La paz es silenciosa, dadivosa, armoniosa, amistosa, generosa, respetuosa, portentosa.

La paz no discrimina, no sataniza, no rivaliza, no ridiculiza, no victimiza, no protagoniza.

La paz minimiza lo que debe ser minimizado y maximiza lo que debe ser maximizado.

La paz es un estado mental supremo, sensación luminosa pero no estruendosa ni afectada.

La paz no es neurótica ni psicótica ni depresiva ni paranóica.

La paz es sanidad mental total, aunque sea por un segundo.

La paz no es una droga, no es un narcótico, no intoxica. Todo lo contrario. La paz limpia y da lucidez.

La paz no hace drama ni melodrama ni tragedia ni comedia. Y es todo lo contrario del terror y del horror.

La paz es un estado meta: es algo que está más allá de muchas cosas normales, básicas, ordinarias, usuales.

La paz no excita, no agita, no condena, no vapulea, no sabotea, no reprende, no reprocha, no protesta, no ataca, no se venga.

En la paz no hay venganza ni resentimiento.

La paz es excelente.

Primero la experimentas por unos segundos sin saber qué es.

Luego sabes qué es y haces lo posible para experimentarla más seguido.

Luego la tienes todos los días, aunque sea por un momento.

Luego te atrapa completamente y ya no puedes serle infiel.

Luego eres pacífico en todo momento sin darte cuenta. La paz casi no habla, pero hace mucho. No ordena, pero tampoco obedece lo que no es digno de obedecer.

Hay un sentido profundo de dignidad, honor, lealtad y magnanimidad en la paz. Pero el que es pacífico de verdad no alardea, no exige, no castiga, no impone, no persigue, no bloquea.

Finalmente eres la paz y estas consciente de ello y ya no puedes ser otra cosa. La paz te ha ganado sin hacer nada, sin imponer nada, sin forzar nada.

Lo mejor de la paz es que es gratis e inagotable. Está en todas partes: en tu cuerpo, en tu mente, en el aire, en el espacio. No sabiendo que está siempre presente y nunca se agota, la ignoramos.

Aceptando la paz, siendo la paz, no perderás nada que valga la pena no perder. Todo lo que sea en ti inadecuado, inhábil, inoportuno, inconveniente, incoherente, se irá extinguiendo lentamente hasta desaparecer por completo.

La paz es el Gran y Excelente Extintor de aquello que debe ser extinto, en ti y en los demás.

¡Sé la paz! ¡Es lo mejor!

17457427_412058245817635_1383737523033017430_n