El verdadero Despertar

entrar en la corriente

Soy un discípulo del Despierto (Buddha)…
Soy un practicante de la Norma (Dhamma)…
Nací como humano para Entrar en la Corriente (sotápatti)…

Muchos grupos de Nueva Era en las redes sociales… Muchos grupos de cristianos buscando la manera de difundir sus doctrinas, disfrazándolas con el título “despertar de la consciencia”, “despertar a la luz”, etc… Mucha gente secuestrando nociones buddhistas, distorsionándolas y presentándolas como algo novedoso pero no han leído las escrituras buddhistas, no han estudiado los discursos del Buddha. Uno debería conocer bien una Enseñanza para poder luego renovarla o reformarla, si es que acaso ese es el propósito de la persona. Pero he aquí toda esta gente que intenta renovar y reformar (e incluso explotar y distorsionar una tradición, una enseñanza) cuando ni siquiera tienen conocimiento de aquello que intentan renovar o reformar (o explotar y distorsionar).

Estudia primero la Enseñanza Original del Buddha… Si quieres renovarla o reformarla, eso ya es asunto tuyo. O si quieres opinar sobre ella o criticarla o comentarla, tienes todos los derechos de hacerlo. Yo cumpliré con mi parte de explicar la Enseñanza tal cual como ésta ha llegado a mí.

El Despertar tiene sentido sólo en relación con samsára

Para entender el Despertar (bodhi), el verdadero Despertar del cual habló el Despierto (Buddha), hay que hablar también del renacimiento y del samsára. En la Doctrina del Buddha creemos que el ser nace y muere y vuelve a nacer en otra parte del universo y con otra forma. Es como si el ser aparece y desaparece y luego vuelve a aparecer y desaparecer. Es una luz intermitente que se enciende y se apaga, durante miles y miles de años. Cuando el ser surge de nuevo, decimos que ha renacido, que ha vuelto a nacer. Esto no tiene nada que ver con el “renacimiento” espiritual de los cristianos. Eso es otra cosa. Este renacimiento es lo que en el hinduismo llaman reencarnación. Pero nosotros preferimos llamarlo renacimiento para diferenciarlo de la doctrina hinduista de la reencarnación, que es otra cosa. Cuando en buddhismo hablamos de renacimiento estamos hablando de bhava, el devenir del ser, la transformación del ser de una vida a otra, de una forma a otra, de una existencia a otra, incluso de un momento a otro.

Este estado de nacer y renacer es lo que constituye la dimensión del samsára. Samsára es intermitencia, es impermanencia, es transformación constante, es dualidad vida-muerte. El renacimiento de los seres hace que samsára sea una condición precaria, como una especie de condena, como una maldición. Los seres se ven obligados a renacer y este proceso continuo del renacimiento es muy difícil de detener. Fíjate que a veces uno explica esto a una persona común y la persona dice: “¿Morir y volver a nacer? ¿Qué tiene eso de malo? De hecho, me parece buenísimo. Volver a tener un cuerpo, volver a disfrutar de todos los placeres de la vida, una y otra vez, miles, cientos de miles de veces… ¡Es maravilloso! ¿Quién querría detener esto?” Esto es lo que piensa una persona que está intoxicada con la vida.

La mayoría de los seres en samsára están intoxicados (emborrachados) con la existencia. Esta es la expresión, literalmente, que el Buddha utiliza para referirse a los seres encadenados al samsára. Están intoxicados, adictos, emborrachados con la existencia. Esta experiencia placentera y terrible y emocionante de vivir en el mundo es como una droga. Los seres se han vuelto adictos a esta droga, a este licor. No pueden dejarlo. No pueden abandonarlo. La persona que piensa como ésa que citamos arriba es el tipo de ser que está típicamente adicto a la existencia. Es una adicción a la juventud, a la belleza física, al sexo, a la comida, a la vida en su totalidad. Bajo la perspectiva de esta adicción, de esta intoxicación, abandonar el samsára parece una locura. Samsára es como tener un drogadicto que recibe perpetuamente grandes cantidades de su droga, y su deseo vehemente de seguir recibiendo esta droga lo mantiene renaciendo en samsára. Básicamente el Bendito Buddha descubrió que la mayoría de los seres sufren esta adicción. Están enfermos y no lo saben. Están en negación. Este es el sueño, el estado de sueño en el que se encuentran. Los borrachos y los adictos están dormidos en su sueño terrible, en su insaciable sed de placeres, vida tras vida, mundo tras mundo, sin parar nunca. Para ellos el que quiera despertar es un loco, un insensato. Pero el que quiere despertar de este sueño está realmente sano. La salud consiste aquí en querer curarse de esta adicción, de esta intoxicación con la vida.

renunciar a la esclavitud

El Despertar es lo que ocurre cuando el ser finalmente comienza a curarse de la intoxicación con la vida en samsára. El Despertar tiene sentido sólo cuando entendemos que samsára no es lo único que existe, que más allá del samsára hay una esfera de existencia que es infinita, no-dual, que no es vida-muerte, que no es devenir y transformación (bhava), una esfera de existencia suprema más allá del tiempo y del espacio. El Despertar te arranca del samsára y te lleva a esa esfera de Lo Supremo que llamamos Nibbána. El proceso de Despertar es definitivo e irreversible: los seres que despiertan, los seres que abandonan el samsára no pueden volver al samsára. El viaje hacia Nibbána es una cosa definitiva, no se puede deshacer. Descubrirás que muchas personas le tienen un miedo terrible al Nibbána, una vez han comprendido en términos muy generales de qué se trata. En Nibbána no hay nada que podamos describir en términos comunes, no hay objetos: no hay sexo, ni comida, ni placeres sensuales de ningún tipo. En Nibbána el ser deja de transformarse: se detienen los nacimientos y muertes, los renacimientos. En Nibbána no hay diversidad, sólo hay homogeneidad y unidad infinita. En Nibbána no hay “yo” y “tú”… todo esto desaparece. La perspectiva de abandonar la diversidad y el movimiento del samsára causa terror en algunas personas, y esto tiene relación con la intoxicación de la que hablamos. Es el mismo terror que el adicto presiente cuando piensa en abandonar su droga y su adicción. Él piensa: “¿qué será de mi? ¿qué seré, cuál será mi identidad cuando deje de consumir esta droga? Esto es lo que soy, esto es lo que me define. Si lo abandono, es como dejar de existir…”

Lo que el adicto no comprende es que esta supuesta “identidad” no es realmente lo que él es. No hay aquí un yo permanente, estable, definitivo, fijo. Como dice el Despierto: Esto no es “tuyo”, no es un “yo”, no es lo que eres. Todo esto: el yo, el ego, la identidad, son ilusiones pasajeras inherentes al samsára mismo. No existe cosa alguna como un ego-identidad fijo y definitivo en samsára. En ninguna parte. Habiendo comprendido esto se disipa el miedo irracional hacia el Despertar y hacia el Nibbána. Uno no tiene un ego-identidad en Nibbána, es cierto, pero también es cierto que este supuesto ego-identidad que el ser tiene en samsára es una mera ilusión, una cosa pasajera y vacía, como una pompa de jabón. Parte de la intoxicación, de la adicción de los seres comunes en samsára es la creencia en este ego-identidad. Y el temor también se basa en la creencia errónea de que el Nibbána es no-existencia, aniquilación del ser, muerte espiritual absoluta. El Nibbána es una esfera de existencia y el Buddha nunca dijo que fuera la extinción del ser. Nibbána es la extinción del malestar samsárico y del deseo vehemente, no es la extinción del ser.

samsara nibbana ariya
El ariya, sujeto Noble, es el sujeto que está destinado al Nibbána de manera irreversible.

La relación entre el Despertar y el Nibbána

El Despertar es el proceso gradual por medio del cual el ser se desprende del samsára. Nibbána es la esfera o dimensión a dónde el ser se va cuando se desprende del samsára, pero como este desprendimiento es gradual, la penetración en Nibbána es gradual también. El Buddha enseñó que hay cuatro etapas del proceso de Despertar. Las etapas o fases son penetraciones graduales, progresivas, del ser hacia el Nibbána. En las primeras tres etapas el ser ya ha logrado cierta emancipación pero aún no está totalmente despierto. En la última etapa el ser ya logró el Despertar total y definitivo. Sin embargo, las tres primeras etapas son irreversibles: cualquiera que se encuentre en alguna de esas tres etapas está destinado a lograr el Despertar total y definitivo, ya no puede regresar a un estado anterior de intoxicación. El cuarto nivel, el Despertar total ya logrado, es también irreversible como dijimos más arriba.

despertar

Estas cuatro etapas son las que definen a los Sujetos Nobles (ariya) como los llamó el Buddha. Cualquier ser que se encuentra en alguna de estas cuatro etapas es un Noble, un ariya, es decir alguien que ya logró el Despertar total y definitivo o que ya está en el camino para lograrlo. En el buddhismo los cuatro niveles de Nobleza espiritual tienen su propio nombre y son:

  1. Primer nivel: el Sotápanna. Es la persona que entra en la corriente. Esta persona deberá renacer máximo siete veces más antes de lograr el Despertar total.
  2. Segundo nivel: el Sakádagami. Es la persona que regresa una vez más al mundo. Esta persona deberá renacer una vez más como humano antes de lograr el Despertar total.
  3. Tercer nivel: el Anagami. El que no regresa al mundo. Renacerá una última vez en un plano superior de existencia y allí logrará el Despertar total.
  4. Cuarto nivel: el Arahant. El Arahant, igual que los Buddhas, es la persona que ya ha logrado el Despertar total y con el rompimiento de su cuerpo desaparecerá definitivamente de samsára.

Esta manera de clasificar a los seres que están logrando el Despertar y que lo han logrado está basada en el renacimiento, para poder entenderlo mejor. Por ejemplo, un sotápanna, uno que entró en la corriente, es el que ha logrado el grado más simple o mínimo de Despertar. Aún no ha logrado el Despertar total pero como ya inició el proceso, tendrá que renacer como máximo siete veces más antes de llegar al cuarto nivel. Esto puede cambiar. Si un sotápanna se esfuerza mucho en esta vida puede convertirse en un sakádagami, o en un anagami o incluso en un Arahant en esta misma vida. Que uno logre un nivel menor de Despertar no quiere decir que uno se queda necesariamente estancado en ese nivel. El nombre del nivel es sólo una especie de garantía.

En el segundo nivel, el sakádagami, la persona ha logrado un nivel de Despertar mayor que el sotápanna, y por ello sólo le queda un renacimiento más para poder lograr el Despertar total. El anagami es superior en logro a los dos anteriores, pero esta persona aún tendrá que renacer una vez más. La diferencia es que esta persona no necesitará renacer como humano sino como deva, un ser de luz en un plano superior. Habiendo renacido como un deva, logrará el Despertar total en esa existencia futura. De los cuatro niveles, el Arahant/Buddha es el único que logró el Despertar total, en su máximo grado, y por tanto logró detener el renacimiento en esta misma vida. Estas personas, al morir en esta vida, ya no renacerán nunca más. Al morir desaparecen completamente del samsára. Se van al Nibbána.

La experiencia del Nibbána en el sotápanna, el sakádagami y el anagami es como la de una persona que penetra mentalmente un nivel profundo de existencia que es imperceptible y aparentemente inexistente para la mayoría de los seres en samsára. Estos tres ariyas conocen el Nibbána de primera mano, como una experiencia espiritual profunda, pero no se han ido a esa esfera todavía. El Arahant también conoce el Nibbána de primera mano, como los otros tres ariyas, pero el grado de profundidad de la experiencia espiritual del Arahant (y el del Buddha) es el máximo, tanto así que al morir los Arahants y los Buddhas se “funden” definitivamente con el Nibbána. Aparte de esta clasificación en cuatro sujetos Nobles, el Buddha habló también de ocho sujetos Nobles o cuatro pares de sujetos Nobles. Son los mismos que hemos mencionado con la diferencia que en cada nivel hablamos ahora de un “sendero” y un “fruto”. Está el sotápanna que “está en el sendero” y está el sotápanna que ya logró “el fruto” del sendero. Es como la diferencia que hay entre una persona que estudia todavía para graduarse y la persona que ya se graduó. La etapa llamada “sendero” es la del ariya que no se ha graduado de su nivel. La etapa llamada “fruto” es la del ariya que ya se graduó de ese nivel y puede pasar al siguiente. Estas etapas de “sendero” y “fruto” se encuentran en los cuatro niveles mencionados arriba, formando así los ocho tipos de sujetos Nobles.

Ocho sujetos nobles_ariya.

Samsára y Nibbána no son lo mismo

Un malentendido terrible que se ha generado al no comprender bien la Enseñanza original del Buddha es la afirmación de que el samsára y el Nibbána son lo mismo, o que no hay ninguna diferencia entre una dimensión y la otra. Esto es tan absurdo como decir que un jugo nutritivo es igual a un veneno. ¿Quién sería tan loco para tomarse un vaso de veneno en vez de un vaso de jugo de fruta? ¿Quién se comería un plato de excremento en vez de un plato de comida porque “todo es igual”? ¿Quién inscribiría a su propio hijo en una mala escuela pudiéndolo inscribir en una buena escuela? ¿Quién viviría voluntariamente en esclavitud pudiendo vivir como una persona libre? Existe el bien y existe el mal. Son fenómenos reales. No son iguales. Existe lo que nos hace daño y lo que no nos hace daño. Existe lo beneficioso y lo dañino. Existe lo ventajoso y lo desventajoso. El Bendito Buddha constantemente habló de estas cosas y nunca dio a entender que estos pares de realidades eran la misma cosa o el mismo fenómeno.

Samsára y Nibbána es otro de esos pares de cosas. Por supuesto que es debatible que uno sea malo y el otro sea bueno. Eso queda ya a la consciencia o gusto personal de cada quien. Lo que sí es cierto es que la diferencia entre una dimensión y la otra es abismal, por lo que, de todos los fenómenos reales que existen, el único par que con menos justicia decimos que “son lo mismo” es precisamente el par samsára-nibbána. He aquí las diferencias más resaltantes:

  • En samsára uno renace, uno nace y muere, secuencialmente.
  • En Nibbána uno no renace, uno no nace y muere secuencialmente.
  • En samsára hay diversidad de objetos y fenómenos.
  • En Nibbána no hay diversidad de objetos y fenómenos.
  • Samsára es heterogéneo en composición y estructura.
  • Nibbána es homogéneo, carece de estructura interna.
  • El tiempo y el espacio existen en samsára.
  • En Nibbána no existe el tiempo y el espacio.
  • En samsára los fenómenos y dhammas (elementos reales) son finitos e impermanentes.
  • En Nibbána sólo hay un fenómeno, un dhamma que es infinito y permanente.
  • En samsára hay dukkha: sufrimiento, malestar, angustia, estrés.
  • En Nibbána no hay dukkha de ningún tipo.
  • En samsára es posible el deseo vehemente (tanha).
  • En Nibbána el deseo vehemente es imposible de surgir.

Si samsára y Nibbána fuesen lo mismo, es como decir que la esclavitud del malestar (dukkha) es igual a la libertad de la liberación. El Buddha jamás afirmó cosa semejante, ni dijo nada que metafórica o implícitamente expresara una idea semejante a esa. Todas las diferencias que hemos establecido entre samsára y Nibbána, el Buddha las menciona tácita o explícitamente en sus discursos y jamás da a entender que el samsára y el Nibbána son igual o que son lo mismo. Es cierto que hay aquí una complicación lógica, porque si el samsára y el Nibbána no son iguales o no son lo mismo, ¿entonces cómo puede existir el Nibbána? ¿Cómo lo infinito, lo homogéneo, lo intemporal e inespacial, puede existir en relación con su contrario? Aquellos que se enfrentaron ante este dilema lógico, en el seno del Mahayana hace siglos, creyeron resolverlo diciendo que el samsára y el Nibbána eran la misma realidad. Olvidaron que estos dilemas lógicos son errores de funcionamiento de la mente no-iluminada. Estos dilemas lógicos no existen en la mente iluminada y se resuelven completamente cuando uno logra el Despertar. Al decir que samsára y Nibbána son lo mismo, aquellos que creían resolver un dilema lógico estaban actuando en base a su propia condición de seres no-iluminados, y como tales no podían entender que el dilema no tiene por qué ser resuelto, que en vez de tratar de resolver lo que es producto de la mente no-iluminada, la verdadera tarea es trascender esta mente no-iluminada para finalmente entender cómo se resuelve ese supuesto dilema.

bodhi

Si samsára y Nibbána son lo mismo, entonces todo el Dhamma del Buddha carece de sentido, toda la Enseñanza sobre el Despertar carece de sentido. ¿Para qué abandonar el samsára si es igual al Nibbána? Las diferencias abismales entre una realidad y la otra pueden ocasionar terror y perplejidad a la persona común, pero ¿y si eso es lo que necesitas sentir para iniciar tu Sendero hacia el Despertar? Entendiendo las diferencias terribles que existen entre una forma de existencia y la otra, comprenderás por qué el logro del Despertar es algo tan extraordinario y por qué el Nibbána es realmente un nivel Supremo que no puede ser superado por nada en el universo. La mente no-iluminada necesita sentir este terror, este pánico, este vértigo que surge cuando uno vislumbra las diferencias entre samsára y Nibbána. Al decir y creer que son los mismo le quitas la oportunidad a tu mente de sacudirse, de comprender que el Noble Sendero es un asunto muy serio, un asunto que no es para juegos. Porque el Despertar es irreversible y aquellos que logran desprenderse del samsára no vuelven nunca más este nivel de existencia.

El Despertar no es una comprensión intelectual

Lo que afirmamos anteriormente sobre el dilema lógico que supone la existencia mutua del samsára y del Nibbána adquiere una nueva perspectiva cuando entendemos que el Buddha-Dhamma, la Enseñanza del Buddha, no está sujeto a la lógica y al razonamiento. Al estudiar la Doctrina comenzamos con lógica y razonamiento, pero gradualmente vamos trascendiendo ese nivel de la mente no-despierta porque la mente Despierta está más allá de eso. El Despertar y el Nibbána son cosas que están más allá de la lógica y el razonamiento. El Bendito Buddha lo dijo sin ningún tipo de confusión:

Este Dhamma es profundo, difícil de ver, difícil de realizar, pacífico, excelente, más allá de la lógica y el razonamiento, sutil, para ser experimentado por los sabios; este Dhamma no es fácilmente expuesto por una persona codiciosa… Este Dhamma no es fácilmente expuesto por una persona odiosa… Este Dhamma no es fácilmente expuesto por una persona ignorante.

Entendiendo esto entendemos también por qué los dilemas lógicos sobre el Despertar y el Nibbána no necesitan ser resueltos para que el Dhamma tenga sentido. Además, comprendemos que el Despertar es un logro que está más allá de la comprensión intelectual. Como la palabra lo dice, es un logro, una realización, es algo que se logra en la práctica, en la realidad total. Podemos leer la Doctrina del Buddha y entenderla perfectamente, pero eso no significa que hubo un logro de Despertar en nosotros. Algunas personas estudian la teoría de los ariya y los cuatro niveles del Despertar y llegan a creer que por entender la teoría ya son un ariya. Una persona que conocí en las redes sociales creía que era un sotápanna. Se lo recalcaba a otras personas para distinguirse de ellas y cuando un principiante en estas cuestiones le hacía una pregunta este supuesto sotápanna respondía pedantemente diciendo que esa persona no era capaz de comprender cualquier cosa que le dijera un sotápanna, como queriendo decir: “soy tan elevado, tan evolucionado, que no entenderás nada de lo que te explique”. Esto es un “ejemplo” de una persona que entendió intelectualmente la teoría pero que no tiene ninguna realización real sobre ella. Cree ser un sotápanna pero eso es una mera ilusión.

Comprender intelectualmente la teoría no te convierte en un sujeto Noble. El Despertar no es algo meramente intelectual. Es una vivencia profunda y transformadora. Puedes incluso comprender intelectualmente el nivel de los Arahants y de los Buddhas, e incluso el Nibbána mismo, y eso no te convierte en un Despierto. Un verdadero sotápanna, por ejemplo, no es capaz de tener pensamientos del tipo: “yo soy elevado, yo soy noble, yo soy más evolucionado”. Estos son pensamientos basados en la comparación y en la creencia de que uno puede poseer un yo fijo, definitivo, estable. Al tener estos pensamientos (y eso se refleja en las acciones de la persona), la persona está demostrando que no ha entendido siquiera la realidad de anattá, la realidad de que no existe ningún ego-identidad permanente.

Por eso el Buddha afirmó que hay tres complejos mentales o mentalidades que los Ariyas han trascendido completamente:

  • El complejo mental de superioridad.
  • El complejo mental de inferioridad.
  • El complejo mental de igualdad.

En el complejo mental de superioridad la persona alberga pensamientos del tipo: “soy superior, soy más puro, soy más elevado, más evolucionado, soy mejor que los demás”. En el complejo de inferioridad la persona alberga pensamientos del tipo: “soy inferior, soy impuro, soy innoble, soy retrógrado, involucionado, bajo, soy peor que los demás”. En el complejo de igualdad la persona vive en la ilusión de que todos somos exactamente iguales, lo cual tampoco es cierto. Todos estos complejos se basan en la comparación pero el problema no es la comparación en sí sino la creencia de que existe un ego-identidad que pueda poseer tales y cuales características, sean superiores, inferiores o iguales. Todos los sujetos Nobles han realizado la verdad de anattá, y por tanto no son capaces de tener pensamientos como estos que hemos señalado. Por eso un verdadero sotápanna (y ningún ariya, de hecho) sería incapaz de utilizar su condición para restregárselo en la cara a otras personas, lo cual es una estrategia evidente del ego y de la mente no-iluminada de establecer una condición de superioridad, lo cual sólo es posible en una persona atrapada en el complejo de superioridad.

Virtualmente todas estas personas que encontramos en las redes sociales y los blogs que dicen ser iluminados, ariyas de cualquier tipo, vemos que están atrapadas en el complejo de superioridad. Utilizan su propia condición para distinguirse del resto de los humanos y establecer una supuesta superioridad espiritual que no es más que una ilusión en sus propias mentes auto-engañadas. Por esto hay que entender que los frutos de los senderos, los títulos de graduación de los cuatro niveles del Despertar, son algo que transforma profundamente a la persona y eso se refleja en su comportamiento. Una persona puede estar en contacto durante décadas con verdadero Ariya y no darse cuenta de ello, porque los Nobles no andan restregando su estado mental en la cara a otras personas para establecer que son superiores. Si acaso tienes un Ariya cerca de ti, lo más probable es que esa persona sea callada, humilde, mansa, que nunca se vanaglorie de sí misma, que nunca se esté comparando con los demás. Porque ese comportamiento reflejaría que ha realizado vivencialmente la verdad de anattá, lo cual es algo común a todos los cuatro niveles del Despertar.

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Muy pocos en verdad son los que se anotan para el Nibbána. La gran mayoría de los seres en el samsára sólo están interesados en el samsára. Por esto la corriente de vida que se anota para el Nibbána es llamada Noble. No es común, básica, ordinaria, mundana, normal, vulgar. Es algo excepcional.

Aunque los sujetos Nobles sean realmente una cosa muy rara en el mundo, aunque el logro del Despertar, en cualquier de sus cuatro etapas sea una cosa extraordinaria que incluso muy pocos seres celestiales logran o desean lograr, aún así los Ariyas no son sujetos vanos, vanagloriados de su condición. La persona que ha logrado el Despertar puede tener pensamientos como “hay pureza aquí, hay nobleza, hay compasión, hay virtud aquí, en esta mente”, y estos pensamientos realmente concuerdan con la realidad de su persona, pero no hay allí ningún pensamiento basado en el yo, en el ego-identidad. Por eso es que los Despiertos no pueden ser ofendidos, no pueden ser insultados. La ofensa, el insulto es lanzado hacia ellos pero no llega a ningún lado. Es como si fueran completamente transparentes. Y el mal no puede asirlos, el mal y los seres malos no tienen cómo agarrarlos. El samsára es pegajoso sobremanera, pero los Despiertos no tienen nada que se pueda pegar al samsára. No hay nada en ellos que el samsára y los seres en el samsára puedan agarrar o enganchar. Por eso el Buddha dice de ellos que “están no-establecidos”, que “no tienen agarre” en el mundo.

El Despertar no es una “ascensión” (y otras distorsiones de la Nueva Era)

La Religión del Buddha ha servido de modelo para la invención de muchas otras doctrinas y cultos que no tienen nada que ver con lo que enseñó el Buddha. Especialmente a partir del siglo XIX hemos visto la aparición de movimientos religiosos que secuestraron nociones teóricas del buddhismo y las adaptaron a su propia conveniencia. Cuando un buddhista verdadero lee sobre estas doctrinas “nuevas” lo que ve es una distorsión horrible de la verdadera Enseñanza del Buddha. Así ocurre con las doctrinas confusas de la Teosofía y de muchas otras sectas de Nueva Era que han surgido en las últimas décadas. Esta es la explicación de por qué la Teosofía, por mencionar una, sufrió un rechazo terrible en los países buddhistas (en India y Sri Lanka principalmente), después de una muy publicitada introducción. Con el paso de los años, los buddhistas de estos países comenzaron a entender que la Teosofía tomó su religión y la convirtió en algo distorsionado, algo mezclado con otras cosas que el Buddha nunca enseñó. Y lo peor de todo es que los teósofos aseguraban que ellos tenían la verdadera enseñanza del Buddha y no los propios buddhistas nativos. Así la Teosofía comenzó a fracasar rotundamente en la India y en Sri Lanka y Madame Blavatsky tuvo que volver a Europa.

La distorsión de la Doctrina del Buddha ha continuado ahora en Occidente al mezclarse con nociones propias del cristianismo y de los cultos mixtos cristianos de Nueva Era. Una de estas distorsiones es afirmar por ejemplo que Jesucristo fue una encarnación de Buddha, lo cual es imposible incluso en la teoría. Después de lograr el Despertar total y definitivo, osea el nivel de Arahant o Buddha, esa corriente de vida en particular no vuelve a renacer nunca más ni en este mundo ni en ningún otro. La desaparición total de la corriente de vida en el Nibbána es definitiva e irreversible como ya hemos dicho. Es imposible entonces que el Buddha Gotama, o cualquier otro Buddha que ya haya muerto pueda renacer o reencarnar como una nueva persona en el mundo. Esto es una contradicción a todo lo que el mismo Buddha Gotama enseñó sobre el Despertar y el Nibbána. Una distorsión parecida de la Doctrina buddhista es la de ciertas sectas de Nueva Era que afirman que el Buddha Gotama posee cierto cargo o función espiritual en el “gobierno” de este mundo, en una supuesta organización clandestina llamada Gran Hermandad Blanca. Esto también es imposible porque todos los Arahants y los Buddhas, después de morir, como ya dijimos varias veces, dejan de existir completamente en samsára. Esto incluye todos los 31 planos de existencia que hay en el universo, incluso los reinos celestiales más elevados y sublimes. Por ello es también una distorsión de la Enseñanza sobre el Despertar la creencia de que un Buddha pueda seguir existiendo en el universo, incluso como un espíritu o un ser de luz. Los que afirman estas cosas demuestran que no poseen una comprensión sólida, firme, sobre lo que es el Despertar y el Nibbána.

Otra distorsión común en la Nueva Era es la creencia de que el Despertar es una especie de “ascensión espiritual”, entendido esto último como el proceso de transformación que supuestamente experimentó Jesucristo al final de su existencia terrenal cuando “ascendió a los cielos”. En las sectas de Nueva Era se ha asumido la creencia en esta “ascensión” como una supuesta transformación espiritual que experimentan los seres humanos al final del ciclo de renacimientos. Después de esta supuesta “ascensión” la persona se vuelve perfecta, indestructible e inmortal, pero sigue existiendo en el universo en la forma de una especie de espíritu divino o ser de luz. Esto NO ES el Despertar del cual habló el Buddha. Hay que entender que todo lo concierne a la definición de ascensión contradice de una u otra manera todo lo que el Buddha enseñó sobre el Despertar, de manera que la ascensión no sólo es algo que podría vagamente parecerse al Despertar del que habla el Buddha sino que contradice directamente lo que el Buddha enseñó en su Doctrina. Como ya dijimos: con el Despertar total la corriente de vida dejará definitivamente de existir en samsára, ya sea como humano o como deva (ser de luz) o como “dios” o cualquier otra forma de ser. Además el ser que logra el Despertar no se vuelve indestructible e inmortal (como ocurre en la definición de ascensión): esta persona mortal que uno es al momento del Despertar eventualmente morirá sin remedio al igual que todos los otros seres en samsára. No hay manera de escapar a esta muerte que es inherente a la vida samsárica. El Buddha Gotama murió y ya no existe como una persona en el mundo, en cualquier mundo.

Que el Nibbána sea definido como el Elemento Inmortal (amata), o lo Inmortal (o mejor aún: lo No-mortal) no quiere decir que el ser se vuelve inmortal al lograr el Nibbána, como una especie de espíritu divino indestructible. Esto es una interpretación errónea sobre lo que el Nibbána es. Es más correcto decir que la existencia es eterna y no-mortal en Nibbána, pero sin ningún ego-identidad allí que pueda distinguirse de los otros seres que ya lograron penetrar la dimensión No-mortal. Y esto no cuadra con las doctrinas de Nueva Era, las cuales todavía acuñan la fantasía de que existe un YO SOY indestructible y eterno, una especie de ego espiritual que porta la identidad de las almas individuales, fantasía que el Buddha desechó tajantemente como precisamente eso: una mera ilusión. No hay manera de darle la vuelta a la enseñanza buddhista de anattá, la cual es bastante precisa y categórica: no existe ningún yo o ego-identidad que pueda ser eterno, perfecto, divino y permanente. Esto lo enseñó el Buddha, y cualquier otra afirmación contraria a ésta, llamándose “buddhista”, es una tergiversación de esa enseñanza. Todas las sectas y doctrinas de Nueva Era, comenzando por la Teosofía, niegan o silencian esta enseñanza buddhista del anattá.

La visión del Despertar entendido erróneamente como una ascensión espiritual de Nueva Era es incompatible con el Buddha-Dhamma en tanto es parte de una visión general deísta donde un supuesto Dios Supremo Creador ha diseñado todo esto. Esta supuesta Deidad Suprema es la fuente y operador absoluto del proceso de ascensión, tal como se entiende tanto en la Biblia como en las sectas cristianas de Nueva Era. Este es otro punto que contradice directamente lo que enseñó el Buddha: que no existe ninguna Deidad Suprema Creadora, que no hay ningún plan divino que trace o regule la marcha del ser humano en el universo, y que el Despertar no ocurre por obra y gracia de ningún espíritu divino ni por realización de algún plan divino previamente establecido sino que es uno mismo quien lo hace posible al eliminar completamente ciertos elementos mentales.

Es debido a lo anterior que no hay ningún juicio final o castigo o remordimiento para los seres que no quieren lograr el Despertar. Si usted no quiere lograr el Despertar, eso es su problema, es su derecho. No hay ningún juicio o castigo para aquellos que no logran el Despertar. No hay nada en el universo que diga que tenemos que realizar el Despertar, como si fuera una especie de meta última de un plan divino. Nosotros vemos el Despertar como una meta suprema simplemente porque es posible realizarlo y porque queremos realizarlo pero no porque sea un mandamiento o el fin último de un plan divino. Los seres en samsára siempre han existido y seguirán existiendo. El objetivo del samsára no es que todos los seres logren el Despertar. De hecho, en cada ciclo cósmico, muy pocos serán los seres que se vayan al Nibbána en comparación con los que no lo hagan. Siempre ha sido así y siempre será así. Es así porque básicamente el samsára no tiene un objetivo último o trascendental. Pero no tiene sentido hablar de seres como si fueran cosas contables porque en realidad eso tampoco es así como parece ser. Cuando al Buddha le preguntaron cuántos seres lograrían el Despertar en este universo, el Buddha guardó silencio. La persona que pregunta así está pensando que los seres son cosas fijas, estables, definitivas, y tal cosa no existe (anattá). Todas las sectas y doctrinas de Nueva Era desandaron el camino que el Buddha ya caminó y vuelven a la fantasía, ya superada en el buddhismo, de que hay seres fijos, definidos, estables, definitivos, que pueden ser contados y “anotados en un libro”.

Todas estas ideas (Dios Supremo, plan divino, ascensión, etc) son meras fantasías, ilusiones, cosas que no existen. El Despertar total y definitivo de hecho implica el logro espiritual de comprender todo esto y de dejar atrás estas fantasías. Una manera de saber si una persona aún está “dormida” es ver si la persona todavía cree en estas fantasías.

Es curioso cómo reaccionan los seguidores de Nueva Era y los cristianos influidos por ella cuando uno les expone estas explicaciones. A mi particularmente me han llamado retrógrado, me han dicho que tengo la mente cerrada, que estoy “desequilibrado”, que estoy “atrapado en mi ego”, que estoy esclavizado por una tradición, que estoy atrapado en dogmas viejos y sin sentido, etc. Todas estas reacciones venenosas las he encontrado en las personas que albergan las fantasías que he descrito más arriba. La mayor ironía de todo esto es que esas mismas personas que creen estar libres de dogma y tener la mente muy abierta, en realidad están ellas mismas atrapadas en sus propios dogmas y tienen sus mentes cerradas en una manera aún más aguda y peligrosa que nosotros, suponiendo que nosotros tengamos algún grado de cierre mental. Por ejemplo, ¿ha encontrado usted alguna vez un adepto de la Nueva Era que sea ateo, que sea librepensador? Yo no he encontrado a ninguno. Todos ellos, virtualmente, asumen que la existencia de Dios y del alma divina es una verdad absoluta. Eso es un dogma. Todos ellos asumen que Jesucristo fue un maestro espiritual mundial de la mayor talla. No he conocido ninguno de estos seguidores de Nueva Era que sea capaz de albergar la opinión de que Jesucristo sólo fue un hombre mortal como cualquier otro. Estas creencias fijas, irrefutables, de estas personas, son dogmas también. Son artículos de fe. Estas personas no están libres de dogma y no tienen la mente abierta como creen.

Esto también es una forma de estar dormido, cuando uno no sabe lo que uno es cómo uno se está comportando. La persona dormida es fanática pero piensa que no lo es: siempre es fanático “el otro”. La persona dormida es prejuiciosa e intolerante, pero piensa que no lo es: siempre es “el otro”. Y así como muchas otras cualidades negativas. Mucho antes de que toquemos el tema de los Ariyas, el Despertar comienza por darse cuenta de lo que uno es en el momento presente, del comportamiento de uno mismo en vez de “reflejar” o “proyectar” los defectos propios en otras personas.

Un tanto igual ocurre con los seguidores de la Teosofía. Dicen que la Teosofía no es una religión, que ellos no defienden ningún dogma, que la Teosofía es científica, etc. Pero ¿cómo se llama el libro principal de la Teosofía? Se llama La Doctrina Secreta, un libro repleto de cientos y cientos de dogmas que, como una verdad revelada por Madame Blavatsky, los teósofos aceptan y defienden celosa y tercamente. ¿Hay algún teósofo que cuestione las “revelaciones espirituales” publicadas por Madame Blavatsky? ¿Hay algún teósofo que se haya dedicado a comprobar científicamente las afirmaciones contenidas en La Doctrina Secreta? Yo no he conocido a ningún teósofo librepensador o ateo o agnóstico.

Y volvemos entonces a lo que enseñó el Buddha: que no tiene sentido tratar de convencer a las personas sobre esto o aquello. Que el Despertar y el Nibbána son cosas que deben descubrirse por uno mismo. Una cosa es el ámbito de la discusión intelectual, teórica, de estas afirmaciones, y otra cosa es la práctica y la disciplina que permiten comprobar la verdad de estas afirmaciones por uno mismo. Yo escribo sobre esto no como un teórico que se quedó estancado en la letra y en la teoría. Escribo sobre estas cosas como alguien que ha puesto en práctica el Dhamma del Buddha y ha comprobado por sí mismo las afirmaciones hechas por el Buddha, o al menos parte de ellas. Por esto desmonto y descarto con tanta seguridad las distorsiones que la Nueva Era ha hecho a partir de las nociones buddhistas. No se trata de odio ni desprecio, ni de creer que soy especial o que estoy iluminado. Se trata de que, si no aclaramos nosotros los malentendidos y las distorsiones de la Enseñanza del Buddha, ¿quién lo hará entonces?

Nibbána no es Dios

Esto continúa un poco lo que ya tratamos más arriba, pero es un malentendido en sí mismo de manera más o menos aparte de todo lo demás. Esta afirmación errónea (Nibbána es dios) de hecho la encontré en un grupo de Nueva Era. Ya aclaramos que no existe un Dios Supremo Creador en el universo, que eso no tiene lugar en la Enseñanza original y verdadera del Buddha y por tanto no tiene cabida en nuestro entendimiento del Despertar y del Nibbána. ¿Por qué entonces es tan fácil confundir el Nibbána con Dios? La razón es que, siendo el Nibbána lo Supremo y el Elemento No-mortal, la mente no-iluminada influida por religiones deístas (judaísmo, cristianismo, islam, hinduismo) puede caer fácilmente en el error de creer que dios es el Nibbána. Parecería redundante tener que aclarar este malentendido, habiendo dicho ya que no existe ningún Dios Supremo Creador, ni ningún YO SOY espiritual, indestructible y eterno. Sin embargo, exploremos esta falacia para dejar sentadas ciertas diferencias entre una cosa y la otra.

Para comenzar Nibbána no es un ser. Dios es un ser, independientemente de que se defina como un ser divino antropomórfico como el dios de la Biblia o como una deidad cósmica más o menos vaga y sin forma al estilo de las creencias de Nueva Era, Teosofía y similares. En todos estos casos el llamado dios, deidad, divinidad, etc, es un ser. ¿Y qué es un ser? Es una entidad que existe por sí mismo, que posee identidad propia y voluntad propia. Adicionalmente, una dios o deidad o divinidad es un ser indestructible y eterno. Estas son entonces las cualidades o rasgos que debe poseer una entidad determinada para poder ser definido como dios, deidad, divinidad, etc:

  • La entidad existe por sí mismo. Es una “cosa en si” como se dijo en filosofía. Su existencia no depende de otros fenómenos o entidades sino que se sostiene por sí misma.
  • La entidad posee identidad propia. Es decir, no puede ser confundida con otras entidades. Posee “personalidad espiritual”, como lo dice el Libro de Urantia y otras sectas de Nueva Era.
  • Posee voluntad propia. Esto puede verse como un rasgo accesorio del anterior. Al poseer identidad propia, la entidad posee volición, voluntad, intención propia. Lleva a cabo tareas porque quiere hacerlas, por ejemplo: crear el universo y controlar el destino del ser humano.
  • La entidad es indestructible y eterna. Si fuera destructible, no podría ser llamada “suprema”. Y si fuera perecedera, lo cual es una forma de destructibilidad, tampoco podría ser llamada “suprema”. Por eso los seres destructibles y perecederos no son llamados “dioses supremos”.

Ahora, ¿posee el Nibbána alguna de estas características o rasgos? Sí. Comencemos por los rasgos que sí posee. El Nibbána de hecho posee la primera característica: es una “cosa en si”, es un fenómeno que existe por sí mismo. Esto lo establece claramente el Buddha al decir que Nibbána es No-condicionado. Esta terminología significa que el Nibbána no depende de otros fenómenos para existir. Ergo, existe por sí mismo. Lo que esto quiere decir es que, independientemente de lo que los seres en samsára hagan, el Nibbána existe y seguirá existiendo. Independientemente de que se le conozco o se acceda a él, Nibbána seguirá existiendo. Independientemente de lo que ocurra en samsára, Nibbána existe y seguirá existiendo. Esto es lo que significa existir sin condiciones, existir de manera no-condicionada. El Buddha de hecho dice que el único fenómeno (dhamma) que existe de manera no-condicionada es el Nibbána. Por tanto el samsára (mundo, universo), siendo condicionado, existe en dependencia del Nibbána. En este punto el Nibbána se parece mucho a un dios supremo, porque en las doctrinas deístas la relación entre el universo y el dios supremo es también de este mismo tipo de dependencia entre un conjunto de fenómenos condicionados (mundo, universo, samsára) y una entidad fija no-condicionada.

El otro rasgo que el Nibbána posee de la lista superior es el último: Nibbána es indestructible y eterno. Que sea indestructible es algo que se desprende de la característica anterior: al ser no-condicionado, no-ilimitado, no-supeditado, un fenómeno (dhamma) no puede ser destruido, porque la aniquilación o destrucción es una forma de condicionalidad. Esto lo entendemos mejor cuando (y tiene relación con) la afirmación de que el Nibbána es eterno. Pero decirlo de esa manera puede originar una confusión. Al decir que una entidad es eterna puede pensarse que dicha entidad existe dentro del espacio-tiempo y que por su condición de no-condicionalidad no puede ser destruida y que por tanto su duración es indefinida. Este no es exactamente el caso del Nibbána, en el sentido en que el Elemento No-mortal es eterno porque está más allá del espacio-tiempo. En otras palabras: el tiempo no tiene sentido en Nibbána, no existe en Nibbána. Tampoco el espacio. Por eso fue tan difícil para el Buddha explicar el sentido de inmortalidad o no-mortalidad del Nibbána, porque es lo más complicado explicar la existencia de una entidad que está más allá del espacio-tiempo. El Nibbána es eterno no exactamente porque no pueda ser destruido o porque carezca de impermanencia (anicca). En realidad el Nibbána es eterno porque es ajeno al tiempo y al espacio. Claro que en la práctica y en lenguaje convencional esto es lo mismo que decir que el Nibbána carece de anicca, lo cual fue lo que el Buddha dijo.

Si fuera sólo por estos dos rasgos o características admitiríamos que Nibbána es dios. No obstante, al carecer de las otras dos características que definen a dios, establecemos que Nibbána no es una deidad o divinidad suprema. El Elemento No-mortal no posee identidad propia, tampoco hay identidad individual en Nibbána. No hay un Nibbána que pueda distinguirse de otro Nibbána. Sólo existe uno y no hay diferencias entre sus partes porque no posee partes. Al no poseer identidad o “personalidad espiritual”, el Nibbána no puede poseer pensamientos, sensaciones, intenciones ni ningún tipo de actividad que es el sustento de un yo, de una identidad propia definida. La carencia de este yo, que el Buddha definió como anattá (no-yo, no-ego) es lo que hace que el Nibbána no sea un ser. Es un fenómeno, un dhamma, existe, pero no es un ser. No siendo un ser tampoco podría ser un dios o deidad o divinidad, porque la deidad o divinidad es por definición un ser. Por esto tampoco posee la otra característica o rasgo que hemos mencionado: una voluntad o una intencionalidad. Esto lo explicamos así: Nibbána no quiere nada, Nibbána no desea nada. Nibbána no tiene ninguna intención respecto a nada. Por esto afirmamos más arriba que el Despertar no responde a ningún mandamiento o plan o destino predeterminado. El Nibbána no tiene ningún deseo de que los seres logren el Despertar, tampoco lo contrario. Nibbána no posee ningún deseo o intención.

Vemos entonces que, de las cuatro características o rasgos esenciales que definen a un dios supremo, Nibbána posee dos pero carece de los otros dos. Y carece precisamente de aquellas dos características que son más cruciales o más fundamentales en la definición de un ser de algún tipo, porque otros fenómenos (dhammas) pueden existir por sí mismos y pueden ser eternos e indestructible sin que eso implique que posean identidad propia y voluntad. Los cuatro grandes elementos, por ejemplo, son fenómenos que existen por sí mismos. El espacio y la consciencia son otros dos fenómenos que existen por sí mismos. Pero estos dhammas no poseen identidad ni voluntad propia.

estudiando el Dhamma
El Despierto, el Bendito Buddha, estableció una universidad llamada Sangha (Comunidad) de monjes y monjas renunciantes que estudian el Dhamma, la Norma, la Doctrina. En esta Doctrina yace la clave para lograr el Despertar verdadero. Muchos son los que desprecian esta universidad, esta Enseñanza y aquellos que la estudian y la ponen en práctica. Estos que desprecian lo que no conocen, se alejan así aún más del verdadero Dhamma y del logro del Despertar. No creas ciegamente lo que estudiamos en el Canon, pero tampoco lo desprecies sin antes estudiarlo y conocerlo bien. Antes de despreciar y criticar algo, uno debe conocerlo a fondo primero. Mira cómo todas esas doctrinas y sectas de Nueva Era desprecian esta Enseñanza sin ni siquiera conocerla. Dicen que esta Enseñanza no conduce a nada, pero ni la conocen ni la han puesto en práctica…

Referencias en el Canon Páli:

  • Nibbána como lo último: Dhp 184
  • Como la tranquilidad última: Dhp 202
  • La vigilancia conduce al Nibbána: Dhp 21, Dhp 32
  • La marca de un verdadero brahman: Dhp 414
  • ¿Qué hay mas allá del Nibbána?: AN 4.174
  • Nibbána es la meta; no hay nada más después de ello: MN 144
  • Nibbána está mas allá del alcance de Mára: SN 4.19
  • Nibbána no es una “fuente” o “terreno” del cual los fenómenos (dhamma) surgen: MN 1
  • Nibbána no es en sí mismo un fenómeno, es la terminación final de los fenómenos: AN 10.58
  • El placer del Nibbána excede todos los demás: AN 9.34
  • Hay dos formas de Nibbána (con combustible remanente, y sin combustible remanente: Iti 44
  • Cuatro cualidades a desarrollar y que conducen al Nibbána: AN 4.37

Libros, artículos y ensayos:

  • Dhamma and Non-duality” (Ven. Bhikkhu Bodhi)
  • Nibbana” (Ven. Thanissaro Bhikkhu)
  • Nibbana As Living Experience/The Buddha and The Arahant: Two Studies from the Pali Canon (De Silva)
  • A Verb for Nirvana” (Ven. Thanissaro Bhikkhu)
  • Samsara Divided by Zero” (Ven. Thanissaro Bhikkhu)
  • The Mind Like Fire Unbound: An Image in the Early Buddhist Discourses(Ven. Thanissaro Bhikkhu)
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