Sobre el Buddhismo Hinayana y Mahayana

En la historia de la evolución del Buddhismo se reconocen tres ramas principales del mismo: el Buddhismo Antiguo, el Buddhismo Mahayana (que llamó Hinayana al primero), y el Buddhismo Vajrayana o tantrismo. Al Buddhismo Sntiguo lo conocemos también como Theravada, Doctrina de los Ancianos. Y el famoso Buddhismo Tibetano es parte del Vajrayana. Hinayana significa “pequeño vehículo”, y fue la manera despectiva en que los creadores del Mahayana (“gran vehículo”) llamaron al Buddhismo de los Antiguos, con la intención de dejar en claro que la doctrina que enseñaban los ancianos era imperfecta y errónea. Vajrayana significa “vehículo del rayo”.

También hay muchas escuelas y subgrupos dentro de cada uno de los grupos principales, y en la actualidad la evolución de esta religión continúa con la aparición de nuevas escuelas, incluso en Europa y América. La variedad de escuelas o ramas o tendencias se debe en parte a la doble naturaleza social del Buddhismo: es una filosofía y también una religión. Desde el punto de vista de los elementos filosóficos y doctrinales, es posible resumir la clasificación (aunque no es recomendable) a los dos grupos principales del Hinayana y del Mahayana, puesto que casi todas las formas de Buddhismo que aparecieron después de los primeros siglos de nuestra era contienen semejanzas con las escuelas iniciales del Mahayana. De lo que se dio en llamarse Hinayana queda activo en la actualidad sólo un grupo o escuela, el Buddhismo Theravada, único representante actual de la tradición antigua del Buddhismo original. La otra costumbre que está pasando de moda es dejar de usar el término Hinayana para referirnos al Theravada, aunque los seguidores del Mahayana no se muestran muy dispuestos a abandonar el sobrenombre para el Buddhismo al que ellos adhieren.

La evolución del Buddhismo supone un conflicto o enfrentamiento de doctrinas entre grupos pasados y recientes. Es un tema complicado, como ocurre siempre en cualquier religión del mundo. Para entenderlo y llegar a una opinión justa es necesario entender primero las condiciones históricas de la evolución del Buddhismo. En la actualidad, y a diferencia de los siglos pasados en los cuales las distintas escuelas o ramas del Buddhismo compitieron ferozmente entre sí, se comienza a dar un acercamiento entre las distintas escuelas mediante la fundación de grupos mixtos o de federaciones que reúnen en una sola comunidad varias tradiciones. Los buenos buddhistas de hoy, a diferencia de épocas pasadas, ya no hablan mal de otras escuelas de Buddhismo (confieso que no siempre soy un buen buddhista en este caso), sino que más bien están buscando maneras de integrar las distintas tendencias en un solo grupo que vaya a lo esencial de la Doctrina, sin caer en enfrentamientos o críticas. Especialmente Europa y América tienen espacios donde se da fácilmente esta integración del Buddhismo, quizás por la falta de tradición milenaria al respecto o por el carácter abierto de nuestra mentalidad.

La siguiente cita expone muy resumidamente la historia de la evolución del buddhismo, hasta la aparición de las ramas principales. Se trata de un artículo escrito por André Bareau para Le Grand Atlas des Religions, que Jean Boisselier reproduce en la sección Testimonios y Documentos de su libro La Sabiduría de Buda (Ediciones B, S. A., 1998):

De cómo la comunidad se ramificó con el paso del tiempo

Ya en vida de Buda aparecieron tendencias marginales en el seno de algunas comunidades. Estas tendencias nacidas de la mezquindad o de los apetitos de poder de algunos, de la falta de vínculo entre los grupos dispersos, se incrementarían con la desaparición del Maestro, dando origen a los primeros concilios.

A falta de una autoridad suprema que definiera e impusiese la ortodoxia, la Sangha se dividió pronto en grupos (nikaya), escuelas o sectas que defendían ideas diferentes sobre la interpretación de las enseñanzas de Buda y su adaptación a nuevas circunstancias. De este modo se formaron, uno tras otro, una veintena de grupos en el seno del budismo antiguo, que no obstante se mantuvieron fieles a los principios de la doctrina. Sólo uno ha subsistido hasta hoy, el de los theravada, todavía próspero en Sri Lanka y en el sureste asiático. Entre los otros, los más importantes fueron los de los mahasamghika, los vatsiputriya, los sarvastivada, los sammatiya y los mahisasaka, los dharmagupta, los lokottaravada y los purvasaila. Todos desaparecieron hace ya más de diez siglos.

Hacia comienzos de la era cristiana aparece una nueva forma de budismo que inmediatamente adquiere gran amplitud. Se denomina mahayana o “Gran Vehículo”, que llama peyorativamente hinayana o “Pequeño Vehículo” al budismo de tipo antiguo. Despreciando el ideal del arhat, al que considera egoísta, aconseja por el contrario al adepto a seguir el ejemplo de Buda convirtiéndose, ya en esta vida, en un bodhisattva, que se esfuerza, durante innumerables existencias, en llevar a la perfección (paramita) la práctica de las grandes virtudes, en especial la generosidad (dana) y la de la sabiduría (prajña). Colmado de infinita compasión, el bodhisattva está siempre dispuesto a acudir presto en auxilio de todos los seres, abandonando si ello fuere preciso todos sus bienes y su propia vida, para conducir a aquéllos a la liberación, renunciando a la suya propia, que pondría un límite a su acción salvadora. Debido a su profunda sabiduría, comprende la verdadera naturaleza de las cosas y de los seres, es decir, la vacuidad (sunyata) propia de su naturaleza. A diferencia del arhant, no es en absoluto necesario convertirse en monje para ser un bodhisattva. Sin dejar de venerar a Buda, la multitud de fieles profesa un culto ferviente por los bodhisattvas y apela a ellos en caso de necesidad. Los más célebres de estos salvadores son Avalokitesvara, el todocompasivo, y Maitreya, que será el siguiente Buda.

La búsqueda de “la perfección de la sabiduría” (prajña-paramita) lleva rápidamente a los eruditos del mahayana a profundizar en la doctrina en este nuevo sentido.

Hacia 200 d. C., Nagarjuna otorga bases sólidas a la tesis de la vacuidad universal, combatiendo toda nación de sustancia por medio de una dialéctica extremadamente sutil; así quedó establecida la época de las madhyamaka. Dos siglos después, Abanga fundó la de los yogacara o vijñanavada, instaurando un sistema complejo que tenía como base un idealismo absoluto, no siendo todo más que pensamiento, de lo que era posible llegar a convencerse mediante la práctica asidua de ejercicios especiales de yoga.

En el sgilo VII aparece otra forma de budismo, conocido como vajrayana (“Vehículo de Diamante o del Rayo”) o, con mayor frecuencia, como tantrismo debido a que sus libros sagrados se denominan tantra. Combinaba la práctica del yoga con un ritual sumamente complicado, mezclado con magia y veneración hacia una multitud de divinidades, de budas y de bodhisattvas. Su doctrina, esotérica, se apoyaba en la de Asanga, de la que extraía las consecuencias más atrevidas, enseñadas por diversas sectas que prosperaron hasta la desaparición del budismo en la India.

Ésta se produjo hacia el siglo XIII, cuando los ejércitos musulmanes invadieron Bengala, último baluarte del budismo. De hecho, éste vegetó todavía algo más después de una larga decadencia debida a distintas causas, mal conocidas todavía, entre las que cabe citar sobre todo la gran progresión del hinduismo, que fue extendiendo poco a poco su influencia sobre toda la civilización india, incluido el budismo tardío, y privando a las comunidades monásticas del sostenimiento necesario de sus fieles laicos.

André Bareau, en Le Grand Atlas des Religions.

El Buddhismo en números

Es difícil decir con total seguridad cuántos buddhistas hay en el mundo y cuál es la distribución exacta entre los tres grupos principales. Para comenzar, con el crecimiento de la población mundial y la penetración del Buddhismo en Occidente, las cifras más optimistas hablan ahora de 1,6 billones de buddhistas en el mundo. Eso es, en otras palabras, 1600 millones. Como lógicamente asumen algunos, lo mejor es ubicar una cifra intermedia entre ese fantástico 1,6 billones y la cifra oficial del 2010 que habla de 500 millones. La razón es que el Buddhismo en varios países se mezcla con otras religiones y creencias (incluso con el ateísmo duro), mientras que al cambiar los criterios que se utilizan para considerar quién es realmente ser buddhista, los número cambian drásticamente.

Pero hablemos de los números que podemos conocer específicamente del Mahayana, el Vajrayana y del Theravada. Del Theravada podemos hablar de unos 135 millones de seguidores, específicamente en los países tradicionales del Theravada (Tailandia, Myanmar, Sri Lanka, Cambodia, Laos), lo cual deja por fuera a los theravadines de Europa, de América, y de cualquier otro país en el cual son minoría. El Mahayana por su parte tiene cifras ligeramente superiores al Theravada: unos 185 millones de adherentes, y es dominante en China, Japón, Corea, Taiwan, Singapur y Vietnam. Mientras que el tantrismo tiene unos 20 millones de seguidores, siendo realmente el “pequeño vehículo” del Buddhismo, dominante en países como Tibet, Bhután y Mongolia. Esto rompe los prejuicios o esquemas mentales que algunas personas tienen sobre las tres ramas principales del Buddhismo.

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Estas cifras se basan en el estimado del año 2010 sobre un total de 500 millones de buddhistas en todo el mundo. En el presente se estima que la cifra total de buddhistas en el mundo se ubica entre los 500 millones y los 1600 millones.

En todas partes leemos “Hinayana, Hinayana, Pequeño Vehículo, Pequeño Vehículo”… sin embargo, el así llamado “Pequeño Vehículo”, el Theravada, no es tan pequeño después de todo. Al menos no según el número de seguidores:

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Claro que eso de “pequeño” o “gran” vehículo no se refiere al número de adherentes. Se refiere a que los creadores del Mahayana (reformadores del Buddhismo Original), estaban convencidos de que su versión del Dhamma sería como una gran barca que llevaría a miles y miles de seres al Nibbána, mientras que el Hinayana (de hecho, la Doctrina de sus propios maestros) era como una pequeña balsa, ineficiente y lenta.

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En verdad muy pocos son los seres que se anotan en el Sendero al Nibbána. La gran mayoría de los seres se anotan en el samsára, para volver a renacer una y otra vez. Incluso dentro del Mahayana mismo, muy pocos son los que se anotan en el Sendero al Nibbána; la mayoría de ellos toman el voto del Bodhisattva: abandonar el camino al Nibbána para renacer en el mundo una y otra vez, para enseñar el Dhamma a los “dormidos”.

¿Realmente el Mahayana es una Gran Vehículo que conduce al Nibbána? Hay muchas contradicciones en el Mahayana. Una de ellas es el voto del Bodhisattva. Este voto significa que las personas deciden hacer lo posible para retrasar el logro del Nibbána con el propósito de renacer una y otra vez en el mundo para enseñarle el Dhamma a los seres dormidos. Pero si los mahayanistas no están tomando el camino hacia el Nibbána, ¿entonces de qué sirve que se publicite el Mahayana como un Gran Vehículo hacia el Nibbána? En realidad, a fin de cuentas, el voto del Bodhisattva no conduce al Nibbána: conduce de vuelta al samsára, y voluntariamente además.

Dos excelentes ensayos sobre cómo se dio la ruptura ideológica entre el Hinayana y el Mahayana son los siguientes (abrirán en otra ventana):

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Como usted se habrá dado cuenta, si ha leído entre líneas, mi postura es a favor del Theravada o Hinayana. Defender o explicar las razones de esta preferencia requeriría mucho espacio aquí. Para resumir, no sólo se trata de que el Mahayana, en mi opinión contiene muchas contradicciones lógicas. Se trata de que, habiendo estudiado cómo nació el Mahayana, uno llega a sentir ese sentimiento de vergüenza por la arrogancia, la pedantería y el orgullo intelectual de los creadores del Mahayana. La manera despectiva cómo trataron a sus propios maestros, es algo que me origina repulsa. Y cuando pienso en el Mahayana, no puedo evitar pensar en la forma como nació.

Otra cosa que me parece absurda es lo siguiente: en el Mahayana se dice que los monjes y monjas en el Theravada son egoístas, demasiado centrados en sí mismos. El Mahayana ciertamente tiene un rasgo “evangelizante”: sus seguidores desean propagar la doctrina de una manera más activa. En el Theravada la cosa es más discreta: el Dhamma no es para las masas. El Buddha enseñó el Dhamma sólo para unos pocos que tienen “poco polvo en los ojos”. El resto de los seres humanos, que tienen mucho polvo en los ojos, no querrán estudiar el Dhamma. Y si entran en contacto con el Dhamma, lo encuentran ridículo, irreal, fantasioso, retrógrado… Esto ocurre por causa del “polvo en los ojos”, las propias contaminaciones mentales de la persona. En ese sentido, en el Theravada no le damos un enfoque evangélico a la propagación del Dhamma. Al que quiera aprenderlo, se lo enseñamos, y ya. Pero, lo que quería apuntar en esta párrafo es que, la esencia del voto del Bodhisattva mahayanista es este deseo evangelizante de “liberar a todos los seres”, y para los mahayanistas una persona que no posea esta deseo (es decir, los adherentes al Theravada, tanto laicos como monásticos), es básicamente una mala persona, una persona deficiente.

Te digo lo siguiente: Nadie tiene derecho a juzgarte si tú decides tomar el camino al Nibbána o si decides volver al mundo una y otra vez. Aquí no hay dios supremo alguno que te condene o te critique por tomar una opción o la otra. Lo que cada corriente de vida decide para su futuro, eso es asunto de esa corriente de vida y de nadie más. La mente no-iluminada es la única que se deleita en esos juicios y menosprecios: que si fulano de tal no quiere ser un Bodhisattva, que si fulano de tal es egoísta porque se fue a vivir en el bosque y no le importa enseñar el Dhamma, que si fulano de tal está encerrado en sí mismo y carece de compasión porque quiere lograr el Nibbána lo antes posible… Todo esto es ruido de la mente no-iluminada. Los Buddhas y los Arahants, los santos y sabios iluminados, no juzgan a nadie de esa manera. A ellos no les interesa si tú quieres ser un Bodhisatta o si te quieres ir al Nibbána de una vez. ESTO ES ASUNTO DE UNO MISMO Y DE NADIE MÁS. NADIE ES MEJOR O PEOR POR QUERER LOGRAR EL NIBBÁNA LO ANTES POSIBLE. ¿Lo entiendes? ¿Lo puedes entender? En ese sentido, es completamente innecesaria lo lógica mahayanista de que los que toman el voto del Bodhisattva son mejores o tienen más compasión. ESTAS COMPARACIONES NO EXISTEN EN LA MENTE ILUMINADA. NINGÚN SER ILUMINADO HACE ESTAS COMPARACIONES O JUICIOS.

Entonces, fíjate que los que crearon el Mahayana estaban en ese estado mental de juicio, de menosprecio. Eran personas no-iluminadas que creyeron que tenían suficiente sabiduría para reformar la Enseñanza Original. ¿Y qué derecho tienen personas no-iluminadas a reformar el Dhamma de un Buddha? Ninguno. Ergo: prefiero el Hinayana, que no es la creación de personas no-iluminadas sino la Enseñanza Original de una persona iluminada: el Buddha Gotama. Por supuesto que la tradición del Canon Pali no es perfecta, pero es la más antiguo, y por lo tanto, lógicamente, es la que más probablemente contiene las verdaderas palabras del verdadero Buddha. No creo que haya nada mejor que eso.

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En la lista de Referencias del Canon Pali puede usted verificar por sí mismo de dónde provienen las afirmaciones que hago en este blog acerca del Buddha-Dhamma (abrirá en otra ventana):

> Referencias del Canon Pali.

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Buddhismo Theravada para principiantes en una sola página (abrirá en otra ventana):

> Buddhismo Theravada para principiantes.

Libros sobre Buddhismo y meditación para leer en línea o descargar en PDF (abrirá en otra ventana):

El brillo de la vida.

El conocer sucede ahora.

Las cuatro nobles verdades.

La clave de la liberación.

Manteniendo presente la respiración.

El hombre que se llamaba a sí mismo Tathágata.

No Ajahn Chah.

Estrategia Noble.

En las palabras del Buddha.

Dhammapada.

Con cada respiración.

Cómo meditar.

La fortaleza interior.

Bases de la moral buddhista.

Buddhismo en pocas palabras.

Buena pregunta, buena respuesta.

PARA LEER EN LÍNEA (DEL CATÁLOGO DE LIBROSBUDISTAS.COM)

Budismo en Occidente: dos mil años de incomprensión (un artículo de J. Brosse)

Buddha1.Jean Boisselier reproduce en su libro La sabiduría de Buda fragmentos de un artículo de J. Brosse sobre la introducción del budismo en Occidente y las interpretaciones iniciales confusas sobre la Religión de Buda. El artículo es interesante porque expresa en pocas palabras la idea que un europeo promedio del siglo XIX pudo haber tenido sobre el budismo en base a esas interpretaciones. Interesante porque confirma lo que he escrito en otras partes sobre la visión bastante negativa que algún escritor o intelectual europeo del siglo XIX tuvo sobre esta religión más incomprendida que ignorada, como escribió Brosse.

Sobre el texto quiero hacer sólo dos comentarios. En lo formal, en la actualidad en vez del adjetivo indio usamos ahora el adjetivo hindú para referirnos a todo lo que tenga que ver con la India. En cuanto al contenido, vale la pena recordar que hay una diferencia teórica entre reencarnación y renacimiento. La reencarnación es una teoría anterior al budismo propuesta por la religión brahmánica. El renacimiento es la propuesta budista que en el budismo sustituye a la creencia en la reencarnación. En otras palabras, en el budismo creemos en el renacimiento de los seres (que son flujos de consciencia) mas no en la reencarnación de un yo sagrado y permanente (mónada espiritual o atman). Esto último es de otra religión.

Reproduzco los fragmentos del artículo tal como aparecen en La sabiduría de Buda (páginas 172 y 173). Como está indicado por los paréntesis cuadrados […], el artículo no fue reproducido en su totalidad en el libro de Boisselier.

Dos mil años de incomprensión

Durante dos mil años, el budismo ha sido más incomprendido que ignorado por Occidente. Los primeros encuentros tuvieron lugar muy pronto, pero no fueron sino individuales y sin porvenir. Un antigua texto pali, el Milindapañha, relata las entrevistas de uno de los sucesores de los generales de Alejandro Magno, el rey griego Menandro (siglo II a. C.), con el monje indio Nagasena, a quien aquél solicitó que le expusiera los principios del budismo. Instruido por él en las doctrinas concernientes al carácter ilusorio de un yo permanente, el karma, y la cadena de las reencarnaciones, el rey las habría adoptado con entusiasmo. […]

En el siglo II de nuestra era, el primero de los grandes apologistas cristianos, Clemente de Alejandría, pagano convertido y convertidor de paganos, habla de los filósofos indios y menciona a Buda. […]

En la Alejandría del siglo III, capital cosmopolita en la que se intercambiaban ideas procedentes de todos los horizontes, un monje célebre, Amonios Sacas, que tuvo por discípulo a Orígenes, el genial exégeta cristiano, pero también a Plotino, el último de los grandes filósofos paganos, habría sido un misionero indio. […] Luego llegaría el olvido, aunque no total porque en el siglo XIII una de las narraciones más célebres del medioevo, Barlaam y Josafat, relata en una versión debidamente cristianizada la historia de Buda, tal como es expuesta en el Lalitavistara, texto búdico clásico. Los filólogos han podido reconstruir la génesis de esta singular transposición. […] A finales del siglo XIII, Marco Polo, que había dado con el budismo en Asia, podía escribir: “Porque en verdad, si hubiese sido bautizado cristiano, él (Buda) habría sido un gran santo junto con nuestro señor Jesucristo”.

Y siguió el silencio. Un silencio que no fue quebrado sino por los viajeros eruditos que recogieron en Tíbet y Nepal colecciones de textos búdicos. A inicios del siglo XIX se sucedieron las primeras traducciones. […] Se creyó que se sabía ya lo suficiente de él como para publicarse, a partir de 1860, introducciones al budismo. Éstas dieron, durante mucho tiempo, una imagen inexacta cuando no caricaturesca. No veían en él sino un ateísmo destructor, basado en “curiosas imaginaciones” y “una mórbida aspiración a la nada”. Se ha señalado luego que esta incomprensión procedía en parte del hecho de que el budismo apelaba a elementos psicológicos que sólo fueron reconocidos en Occidente con el estudio de lo inconsciente por parte del psicoanálisis.

J. Brosse, en L’ Actualité religieuse dans le monde, octubre de 1993.


Introducción al Buddhismo: Las Cuatro Nobles Verdades

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La Rueda del Dhamma, símbolo secular del Buddhismo y de la Enseñanza del Buddha. Sus ocho radios evocan los componente del Noble Sendero Óctuple, que es en sí mismo la substancia de la Cuarta Noble Verdad.

En la tradición filosófica y legalista de la antigua India se usaba una forma de discurso que se llama “rueda”. Consiste en exponer un tema o dar una explicación en base a dos factores que se multiplican entre sí. En el sutta (discurso) donde el Venerable Buddha explica por primera vez las Cuatro Nobles Verdades, se utiliza este tipo de exposición. Por eso el discurso en cuestión se llama “Puesta en Movimiento de la Rueda del Dhamma” (en pali: Dhammacakkappavattana Sutta). Aquí los dos factores que se multiplican son, por un lado las Cuatro Nobles Verdades, y por otro el conocimiento-y-visión que el Buddha experimentó con respecto a cada una de ellas. Esto es, por lo tanto, un tres por cuatro que da origen a doce permutaciones. El mismo Buddha lo explica al final del discurso*:

Y, monjes, en tanto que esto –mi conocimiento y visión de tres rondas y doce permutaciones concerniente a estas cuatro nobles verdades como han venido a ser– no estuvo puro, no aseguré yo haber despertado directamente al total auto-despertar insuperable en el cosmos con su deidades, Máras y Brahmas, con sus contemplativos y brahmanes, su realeza y su gente común. Pero tan pronto como ésto –mi conocimiento y visión de tres rondas y doce permutaciones concerniente a estas cuatro nobles verdades como han venido a ser– estuvo en verdad puro, entonces sí aseguré yo haber despertado directamente al total auto-despertar insuperable en el cosmos con su deidades, Máras y Brahmas, con sus contemplativos y brahmanes, su realeza y su gente común. Conocimiento y visión surgió en mi: “Invencible es mi liberación. Éste es mi último nacimiento. Ya no hay ahora más devenir.”

Dhammacakkappavattana Sutta. Samyutta Nikáya 56.11.

Expliquemos entonces, en qué consisten las Cuatro Nobles Verdades y los tres conocimientos y visiones.

Las Cuatro Nobles Verdades

1. La noble verdad del sufrimiento

La existencia es sufrimiento. Nacer, enfermarse, envejecer y morir es sufrimiento. Estar unido a lo que se desprecia es sufrimiento. Estar lejos de lo que se aprecia o se ama es sufrimiento. La palabra utilizada en idioma pali es dukkha, que significa literalmente malestar, insatisfacción. Aquí debemos insertar una nota sobre el significado de dukkha. Durante muchas décadas, y en la mayorías de las publicaciones se ha traducido dukkha como sufrimiento, lo cual quizás sea una traducción exagerada. Su antónimo es sukkha (bienestar, satisfacción). Como casi siempre se ha traducido dukkha como dolor o sufrimiento, esto nos ha hecho pensar, a los occidentales, solamente en la parte más dramática o trágica de la vida, pero dukkha también es angustia, estrés, malestar. Debido a esta traducción exagerada de dukkha, los occidentales en general no ven por qué darle tanta importancia a dukkha en la vida. Nos acostumbramos a creer que dukkha es solamente cuando uno tiene un accidente trágico o cuando se muere alguien amado, y esto no es todos los días, ni siquiera es todos los años. Pero dukkha es también esa decena de malestares fastidiosos que sufrimos todos los días.

Dukkha es el malestar de cuando uno está enfermo con una simple gripe o con un dolor de cabeza. Dukkha es el estrés de esperar algo importante en una sala de espera. Dukkha es la insatisfacción que sentimos cuando algo no es lo que esperábamos o deseábamos que fuese. Dukkha es la decepción dolorosa que uno siente cuando una persona te traiciona o te engaña. Dukkha es la angustia que una persona siente cuando le hacen bullying o cuando se burlan de ella. Dukkha es la náusea existencial de Sartre, muy sutil, casi imperceptible, ese leve dolor de “¿por qué existo?”. Dukkha es el asco que uno siente por uno mismo cuando uno odia a alguien o cuando uno planifica una venganza contra alguien. Dukkha son todos estas pequeñas y medianas insatisfacciones que plagan la existencia humana cada día.

Por eso el Buddha dijo que dukkha (malestar) es inherente a la existencia, incluso si eres una persona perfectamente feliz y no te falta nada. Esta afirmación, “dukkha es inherente a la existencia”, cuando la traduces correctamente, no es exagerada, no es pesimista. Es un comentario descriptivo, objetivo, de la realidad. La insatisfacción, el malestar, es inherente a la existencia. Es imposible existir y no experimentar dukkha todos los días en algún momento.

El Buddha se refiere a todo esto cuando habla de las cuatro nobles verdades, las cuales quedaron registradas en el famoso Primer Sermón o Sermón de Benarés, que también es llamado la Puesta en Movimiento de la Rueda de la Ley. En este sermón, la primera noble verdad es explicada de la siguiente manera (recuerde que, donde dice dolor [dukkha], debemos pensar también en malestar, insatisfacción, estrés, angustia):

Ahora, monjes, esta es la noble verdad del malestar: el nacimiento es causa de malestar, envejecer es causa de malestar, la muerte es causa de malestar; tristeza, lamentación, dolor, estrés y desesperanza son causa de malestar; asociación con lo que no se ama es causa de malestar, separación de lo que se ama es causa de malestar, no obtener lo que se desea es causa de malestar. En resumen, los cinco cúmulos del apego son causa de malestar. 

La visión surgió, la introspección surgió, el discernimiento surgió, el conocimiento surgió, la iluminación surgió dentro de mí con respecto a cosas nunca antes oídas: “Esta es la noble verdad del malestar“. La visión surgió, la introspección surgió, el discernimiento surgió, el conocimiento surgió, la iluminación surgió dentro de mí con respecto a cosas nunca antes oídas: “Esta noble verdad del malestar debe ser comprendida“. La visión surgió, la introspección surgió, el discernimiento surgió, el conocimiento surgió, la iluminación surgió dentro de mí con respecto a cosas nunca antes oídas: “Esta noble verdad del malestar ha sido comprendida [por mi]”. 

En este Primer Sermón, Buddha concluye, al hablar sobre la primera santa verdad del sufrimiento, que “los cinco agregados son causa de malestar”. Este es otro aspecto de la propuesta filosófica de Buddha con respecto al tema de la constitución psíquica y espiritual del ser humano: nuestro ser está constituido por cinco agregados o componentes, uno físico (nuestro cuerpo) y cuatro intangibles (llamados mente o mentalidad para simplificar). También se les llama los cinco agregados de la existencia o cinco cúmulos del apego. Sólo es posible experimentar dukkha a través de los agregados de existencia.

> Sobre los cinco agregados del apego.

2. La noble verdad del origen del sufrimiento

El origen del malestar es el deseo, la lujuria, la avaricia. La sed constante de querer ser, de querer poseer, de querer hacer.

Y esta, monjes, es la noble verdad del origen del malestar: el deseo vehemente que tiene que ver con el devenir subsiguiente –acompañado de pasión y deleite, disfrutando ahora aquí, ahora allá–, es decir, deseo vehemente por los placeres sensuales, deseo vehemente por el devenir, deseo vehemente por el no-devenir. 

La visión surgió, la introspección surgió, el discernimiento surgió, el conocimiento surgió, la iluminación surgió dentro de mí con respecto a cosas nunca antes oídas: “Esta es la noble verdad del origen del malestar“. La visión surgió, la introspección surgió, el discernimiento surgió, el conocimiento surgió, la iluminación surgió dentro de mí con respecto a cosas nunca antes oídas: “Esta noble verdad del origen del malestar debe ser abandonada“. La visión surgió, la introspección surgió, el discernimiento surgió, el conocimiento surgió, la iluminación surgió dentro de mí con respecto a cosas nunca antes oídas: “Esta noble verdad del origen del malestar ha sido abandonada [por mi]”. 

La sed de la que habla Buddha es el deseo vehemente de existir y de experimentar placer. En nuestro sistema filosófico, el origen del nacimiento es esa sed asociada a los placeres de los sentidos. Estamos hablando entonces de que el ser nace una y otra vez por causa de esta sed, este deseo asociado al placer de los sentidos, que es lo que produce el renacimiento (devenir, bhava) del ser una y otra vez. Esto se parece a la teoría de la reencarnación pero no es lo mismo. En el Buddhismo hablamos de renacimiento no de reencarnación. La reencarnación es una teoría anterior al Buddhismo, una teoría asociada a la creencia de que nuestro ser espiritual es inmortal y fue creado por un dios (Brahma). En dicha teoría nuestro ser inmortal “viaja” de un cuerpo a otro. En la teoría buddhista del renacimiento no hay un ser inmortal ni un ser supremo creador: los elementos que nos constituyen, los cinco agregados, se separan y se “reciclan” una y otra vez, haciendo que el ser renazca en un nuevo cuerpo. Nótese que Buddha instruye: “Esta noble verdad del origen del malestar debe ser abandonada.” Aquí la palabra verdad significa no sólo la afirmación veraz, correcta de un hecho, sino también el hecho mismo. Lo que debe ser abandonado no es la afirmación veraz sobre el origen del malestar sino el hecho mismo de aquello que origina el malestar, verbigracia, el deseo vehemente, la sed, la lujuria, la adicción asociada a los placeres sensuales y al anhelo de existir o de no-existir.

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Según la teoría buddhista, no poseemos alma inmortal o un yo metafísico. Hablamos entonces de “devenir del ser” (bhava), de renacimiento del ser. No hablamos aquí de reencarnación, lo cual se refiere a la existencia de una chispa divina o alma inmortal. Según Buddha, los seres desaparecen con la muerte y luego reaparecen en otro lugar, los seres se transforman, devienen.

3. La noble verdad de la extinción del sufrimiento

Al acabar con el deseo vehemente, la lujuria, la avaricia, la sed por los placeres sensuales y el devenir, se acaba con el origen de dukkha. Abandonar el deseo, la sed, la lujuria, la avaricia, produce la cesación del malestar de la existencia.

Y esta, monjes, es la noble verdad de la extinción del malestar: la extinción y disolución sin restos, la renuncia, el abandono, el soltar y dejar ir de ese mismo deseo vehemente. 

La visión surgió, la introspección surgió, el discernimiento surgió, el conocimiento surgió, la iluminación surgió dentro de mí con respecto a cosas nunca antes oídas: “Esta es la noble verdad de la extinción del malestar“. La visión surgió, la introspección surgió, el discernimiento surgió, el conocimiento surgió, la iluminación surgió dentro de mí con respecto a cosas nunca antes oídas: “Esta noble verdad de la extinción del malestar debe ser directamente experimentada“. La visión surgió, la introspección surgió, el discernimiento surgió, el conocimiento surgió, la iluminación surgió dentro de mí con respecto a cosas nunca antes oídas: “Esta noble verdad de la extinción del malestar ha sido directamente experimentada [por mi]”. 

Al saber que el deseo asociado al placer de los sentidos produce los renacimientos y el dolor asociado a la existencia, podemos lógicamente suprimir esa sed, ese deseo, para obtener ulteriormente la cesación del sufrimiento de la existencia. El Buddhismo es una religión existencialista. Siglos antes de que Sarte “descubriera” la náusea existencial, Buddha ya la había conocido y elaborado un método para extinguirla. La relación interna entre las cuatro nobles verdades es completamente lógica:

  1. La primera verdad es la identificación del problema existencial: existir conlleva malestar, insatisfacción, angustia, estrés, sufrimiento y dolor.
  2. La segunda verdad identifica la causa de dukkha (que también está asociado al renacimiento precario del ser).
  3. La tercera verdad consiste, lógicamente, en eliminar la causa para que el efecto no se siga produciendo.

La Religión y Filosofía del Buddha está diseñada para ayudar a las personas a abandonar la sed asociada a los placeres de los sentidos, cesar la lujuria, el deseo que produce renacimientos indefinidos por toda la eternidad (tal sucesión de renacimientos se llama samsára). Es un proceso que la persona debe experimentar en sí misma, con su propia mente y esfuerzo: “debe ser directamente experimentada“, instruye el Maestro. Nadie puede eliminar por ti tu propia sed, tu propio deseo, tu lujuria asociada al placer de los sentidos y al renacimiento. Tú mismo debes hacerlo. En la práctica del Dhamma, cada quien se “salva” a sí mismo. La salvación buddhista no es ir al cielo o evitar el infierno o evitar el castigo de un dios: la salvación buddhista consiste en liberarse de la ignorancia del samsára, liberarse del samsára mismo.

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Casi todos los seres sintientes se anotan en el samsára. Desean el renacimiento, desean volver a experimentar una y otra vez la vida en el mundo. Sólo unos pocos se dirigen en la dirección contraria hacia la Orilla Lejana, el Nibbána. La Doctrina de Buddha es un entrenamiento mental, moral y espiritual para salir definitivamente del samsára y penetrar definitivamente en el Nibbána. Es un destino raro para unos pocos que aplican un esfuerzo supremo, durante muchas vidas o existencias.

4. La noble verdad del Noble Sendero Óctuple

El Noble Sendero Óctuple es la Doctrina (Dhamma), la Disciplina (Vinaya), la Religión-y-Filosofía diseñada por el Venerable Buddha para lograr la purificación de la mente y la extinción del malestar. Son ocho componentes de entrenamiento mental, moral y espiritual. Es un programa de desarrollo personal, de transformación personal, de excelencia moral y mental. La meta es el Nibbána: la extinción de dukkha, la purificación definitiva de la consciencia, el desapego total del mundo, la erradicación de las tres raíces del mal…

Y esta, monjes, es la noble verdad del camino de la práctica que conduce a la extinción del malestar: precisamente este Noble Sendero Óctuple –entendimiento correcto, intención correcta, habla correcto, acción correcta, modo de vida correcto, esfuerzo correcto, vigilancia correcta, concentración correcta.

La visión surgió, la introspección surgió, el discernimiento surgió, el conocimiento surgió, la iluminación surgió dentro de mí con respecto a cosas nunca antes oídas: “Esta es la noble verdad del camino de la práctica que conduce a la extinción del malestar“. La visión surgió, la introspección surgió, el discernimiento surgió, el conocimiento surgió, la iluminación surgió dentro de mí con respecto a cosas nunca antes oídas: “Esta noble verdad del camino de la práctica que conduce a la extinción del malestar debe ser desarrollada“. La visión surgió, la introspección surgió, el discernimiento surgió, el conocimiento surgió, la iluminación surgió dentro de mí con respecto a cosas nunca antes oídas: “Esta noble verdad del camino de la práctica que conduce a la extinción del malestar ha sido desarrollada [por mi]”. 

El cuarto punto de la secuencia lógica que mencionamos arriba es la medicina, la solución del problema:

4. La cuarta noble verdad explica el camino, la vía, el sendero que conduce a la extinción definitiva del malestar, a la liberación del ser del yugo de samsára y del renacimiento sucesivo en ignorancia y sufrimiento.

Aquí comienza en detalle la Religión-y-Filosofía del Buddha, su entrenamiento mental y moral para que puedas lograr la Iluminación (bodhi, el despertar). A este camino se le llama también Camino Medio, porque se aleja siempre de todos los extremos: ni exceso de ascetismo ni indulgencia en los placeres. En el Buddhismo no debe haber fanatismo de ningún tipo porque eso sería un extremo de la fe. Pero tampoco puedes ser buddhista sin fe en el Buddha y en su Doctrina, puesto que eso sería otro extremo. No debe haber crítica, juicio e intolerancia hacia ti mismo y hacia otros, pero tampoco debe haber una práctica vacía en la que uno se llama a sí mismo buddhista sin poner en práctica los preceptos y sin dedicarse al entrenamiento espiritual (meditación).

Aprender los otros nombres que se le da a los componentes del Noble Sendero ayuda a entender de qué se trata cada uno de ellos:

1. Entendimiento Correcto, Opinión Correcta, Visión Correcta (sammaditthi). Tener las opiniones o puntos de vista correctos, la visión (perspectiva) correcta acerca de lo que se debe hacer y no hacer. Entender correctamente la realidad y los comportamientos que son hábiles e inhábiles. Por ejemplo, creer que poseemos una chispa divina y que el Buddhismo se practica para alcanzar la inmortalidad del yo es una visión o entendimiento incorrecto.

2. Pensamiento Correcto, Intención Correcta (sammasankappa). Tener la intención correcta, realizar las acciones motivado por la intención buena de purificarnos y ayudar a todos los seres vivos. Por ejemplo, utilizar el Dhamma del Buddha para adquirir fama y renombre es una intención incorrecta. O utilizar las escrituras buddhistas para pavonearse intelectualmente ante otros es una intención incorrecta.

3. El Habla Correcto (sammavaca). Evitar el discurso falso, decir mentiras, la charla frívola y vana, la discusión iracunda, el chisme y la cizaña. Todo esto lo agrupamos en uno de los Cinco Preceptos porque todos tienen que ver con el proceso de formación verbal.

4. La Acción Correcta (sammakammanta). Evitar matar o dañar a otros seres vivos, no robar las posesiones de otros, evitar el comportamiento sexual impropio. En los Cinco Preceptos, estos son tres preceptos individuales dada la carga importante que cada uno de ellos tiene.

5. Sustento Correcto de vida (sammaajiva). Evitar los trabajos y profesiones que dañan a otros seres vivos y nos crean kamma oscuro a nosotros mismos (trabajar en mataderos, fábricas de venenos, con tráfico de armas y de drogas, y tráfico de personas).

6. Esfuerzo Correcto (sammavayama).

7. Consciencia Correcta, Atención Correcta, Vigilancia Correcta (sammasati).

8. Concentración Correcta (sammasamadhi).

Generalmente, para entenderlo mejor, el Noble Sendero se divide en tres partes principales:

  1. Una parte llamada sabiduría o discernimiento (pañña). Son los dos primeros componentes: Entendimiento Correcto e Intención Correcta.
  2. Una parte llamada virtud o conducta virtuosa (síla). Son los siguientes tres componentes: Habla Correcto, Acción Correcta y Medios de vida Correctos.
  3. Y una parte llamada concentración (samadhi), que abarca los últimos tres componentes. Son los componentes que tienen que ver específicamente con la meditación y todos los ejercicios de entrenamiento mental (samadhi, samatha, vipassaná, jhanas, etc). Es la parte más avanzada del Noble Sendero.

Los ocho componentes deben practicarse en una secuencia específica: hay un orden en la secuencia. Esto no quiere decir que no se puedan poner en práctica al mismo tiempo, es decir, avanzar en cada uno de ellos al mismo tiempo. Pero sí significa que sin una base sólida en pañña (los dos primeros componentes), uno no puede completar la siguiente parte, síla (los siguientes tres componentes). Y sin haber avanzado en pañña y en síla, será imposible avanzar en la tercera y última parte del Sendero.

La lógica de ésto es la siguiente: para comenzar a poner en práctica una disciplina o entrenamiento (y el Dhamma es eso), uno debe primero tener las ideas correctas sobre lo que se debe hacer, uno debe tener las opiniones correctas, el punto de vista correcto. Esto es el primer componente (sammaditthi). Si esto no está bien, todo lo demás saldrá mal, porque es como comenzar con el pie incorrecto. Por ejemplo, aclarar el asunto de la reencarnación es una tarea del primer componente, porque los que practican el Noble Sendero deben saber desde el principio que no poseemos un yo metafísico o un alma inmortal, lo cual es una opinión o punto de vista incorrecto. Si alguien pretende practicar el Noble Sendero para alcanzar la inmortalidad del alma, ya está comenzando mal todo el entrenamiento. Entonces, en la primera fase del Sendero, hay que corregir todas las ideas erradas que la persona pueda tener sobre la realidad.

Luego de tener el punto de vista correcto, uno debe tener la intención correcta (sammasankappa). Esto es: practicar por las razones debidas, por las razones adecuadas. Uno no se pone en el Noble Sendero para volverse popular y rico. Eso sería una intención incorrecta. Uno no sigue el Dhamma del Buddha para alcanzar la inmortalidad o para obtener poderes psíquicos. Eso sería también intenciones incorrectas. Entonces, habiendo comprendido el Dhamma, uno lo practica por las razones correctas, con la motivación o intención correcta.

Teniendo este principio adecuado, correcto, los dos primeros componentes que son como el pie derecho y el pie izquierdo con los cuales uno va a caminar en el Sendero, entonces uno se dedica a la virtud o comportamiento correcto (síla). Esto es los tres componentes siguientes: el tercero, el cuarto y el quinto (sammavaca, sammakammanta, sammaajiva). Esta parte del Sendero es tan importante como las otras. Es el entrenamiento que nos permite purificarnos, nos permite dejar de seguir sembrando kamma oscuro, nos permite destruir todas las raíces del mal en nuestra mente. Esta parte del Sendero está dedicada a la tarea de limpiarnos y desvincularnos de todas las cosas malas y oscuras que nos atan al mundo y al samsára. ¿Cómo podríamos lograr el Despertar, la Iluminación y el Nibbána si todavía estamos sucios, impuros, contaminados, atados a todas las cosas del mundo? Eso es imposible. Primero tenemos que desatarnos, desvincularnos, romper cadenas, limpiar impurezas. Todo esto se hace con síla, conducta o comportamiento virtuoso, para el cual el Buddha enseñó a las personas laicas los Cinco Preceptos.

Habiendo practicado la primera y la segunda parte del Sendero, la persona puede entonces dedicarse a la tercera parte, de la cual la meditación y la contemplación son las prácticas más mencionadas. Sin una base de paññá y sin síla, LA PERSONA JAMÁS AVANZARÁ EN LA MEDITACIÓN O EL DESARROLLO MENTAL. Esta es la razón por la cual el Buddha insistió en que las personas estudiasen el Dhamma, primero, y luego asumieran los Cinco Preceptos, y luego de todo eso, dedicarse a la meditación o concentración mental. Muchas personas aquí en Occidente aprenden todo esto de la manera incorrecta: aprenden primero a meditar, sin haber cultivado un suelo de conducta virtuosa y sin haber comprendido el Dhamma. Es decir, quieren desarrollarse en la parte más avanzada del Sendero sin haber practicado primero las dos primeras partes, que son necesarias para la tercera. El resultado es que intentan meditar durante años y no logran avanzar nada. O logran algún avance pero se estancan. La razón es que sin conducta virtuosa no podrán avanzar en la meditación. Otros tienen cierta base de conducta virtuosa, pero no les interesa estudiar el Dhamma. Dicen que no les interesa el Buddhismo como religión sino como filosofía. Y entonces no tienen una base de Entendimiento Correcto y de Intención Correcta, que son los pies con los que comenzamos a caminar en el Sendero.

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* Todas las citas textuales del sutta son mi versión en castellano de la versión inglesa del Venerable Thanissaro Bhikkhu.

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El hombre que se llamaba a sí mismo Tathágata.         No Ajahn Chah.

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