Paz mundial, primero en mí mismo

Paz mundial, paz mundial, se dice. ¿Qué hacer? ¿Cómo lograrlo? ¿Qué puede hacer una persona ordinaria sin ningún “poder” en la humanidad?

Primero, logra la paz en ti mismo. Perdónate por tus errores, tus defectos, tu forma de ser. El perdón te conducirá a sentir compasión hacia ti mismo. Y la compasión te conduce a la paz contigo mismo. Y si no estás en paz contigo mismo, ¿cómo aportarás paz al mundo?

Me perdono a mí mismo por ser un tonto. Me perdono a mí mismo por haber fallado tantas veces en tantas cosas. Me perdono por no ser lo que otras personas querían que yo fuese o necesitaban que yo fuese. Me perdono por decepcionarme a mí mismo a los demás. Me perdono por mis defectos y mis deficiencias. Me perdono por no haber resistido más, por no haber logrado más. Siento compasión por esta persona imperfecta y defectuosa que soy. Siento compasión por este pobre ser humano que no pudo hacer nada más grande ni lograr nada mejor. Siento compasión por esta persona porque todas las personas merecen compasión. Incluso la persona más negativa, pobre y deficiente merece que sientan compasión por ello. Por lo tanto, yo sentiré compasión por mi mismo.

Perdónate. Genera compasión hacia ti mismo. Vive en paz contigo mismo. Y entonces luego podrás perdonar a los demás y generar compasión hacia los demás y vivir en paz con los demás.

Perdono a todas las personas que me rodean. Lo perdono todo y a todos. No tiene ningún sentido el resentimiento, el odio y el desprecio. Así como me perdono a mí mismo todos los días, así perdono a las otras personas. Todos somos imperfectos, negligentes de alguna manera u otra, insatisfactorios, fuentes de insatisfacción, de angustia. Si todos somos así, entonces todos merecemos ser perdonados. Todos merecemos compasión. Siento compasión por todas las personas en este mundo. Sin importar lo que sean o cómo sean: siento compasión por todos. Incluso siento compasión por aquellos que son más negativos, más deficientes, incluso los más malvados de la humanidad: los perdono a todos y siento compasión por ellos. Lo que me hago a mí mismo, también se lo hago a los demás.

Y no hagas las cosas que destruyen la paz…

Estas son las cosas que destruyen la paz: pelear con los demás, atacar a los demás, tratar de crear obstáculos para los demás, tener hostilidad y odio y desprecio por los demás. Entonces: no pelees con nadie, no ataques a nadie, no trates de crear obstáculos a nadie, no tengas hostilidad ni odio ni desprecio hacia nadie. La hostilidad destruye la paz. La crueldad destruye la paz. La insensibilidad destruye la paz. La ira y la rabia destruyen la paz. El miedo y el odio destruyen la paz.

¿Y quién castigará a los que están mal? ¿Quién impartirá justicia? ¿Quién corregirá a los que están errados? El mal se cae por sí mismo. La persona malvada ya se está castigando ella misma con su comportamiento. Una justicia basada en la venganza y el castigo no es verdadera justicia: es venganza y castigo. Y sólo aquellos que están en paz consigo mismos pueden corregir a los demás. Así volvemos al principio de esta nota: primero logra la paz en ti mismo.

No soy quien para castigar a nadie. No soy quien para juzgar a nadie. Por tanto: no castigo a nadie, no juzgo a nadie. Si alguien comete en error se lo señalo, pero no lo castigo. Si alguien hace el mal, se lo señalo, pero no lo juzgo. Y si he de juzgar a alguien, evitaré que mi sentido de justicia se base en la venganza y el castigo. Justicia no es castigar y vengar. Justicia es algo mejor que eso. El castigo y la venganza son cosas culposas, cosas llenas de culpa. La justicia a la que aspiro es mejor que eso. Aspiro a un sentido de justicia libre de culpa.

ecuanimidad1.

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