Servicio y purificación

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Ilustración de Moebius (Jean Giraud).

Me gusta el mensaje de ciertos grupos de seres extraterrestres, el mensaje que habla sobre paz mundial, de respeto a la vida, de purificación y de servicio a los demás. Es un mensaje que resuena totalmente con lo que enseñó el Bienaventurado, el Buddha Gotama y que nosotros aceptamos y seguimos.

El servicio a los demás es un acto supremo. Es cierto. Y hay cientos, quizás miles de maneras de servir al prójimo. Yo creo que aquí en el hemisferio occidental no se ha aprendido suficientemente bien la propuesta del Buddha de purificación a través del servicio a los demás. ¿Y cómo servimos a los demás en esta propuesta? Servimos a los demás por medio de cinco reglas de entrenamiento, los llamados cinco preceptos:

  1. Servimos a los demás no tomando la vida de otros seres sintientes (mamíferos, anfibios, reptiles, aves, peces, insectos). Esto es: no matando. Así respetamos la vida de los otros seres sintientes y así les hacemos un servicio real, verdadero, importante.
  2. Servimos a los demás no tomando lo que no nos han dado. Esto es: no robando ni apropiándose de las cosas de manera indebido o ilegal. Así respetamos lo que pertenece a otros y así les hacemos un servicio real, verdadero, importante.
  3. Servimos a los demás no hablando falsamente, ni difamando a otros, ni hablando con dureza, ni charlando ociosamente. Al no hablar falsamente evitamos engañar a otros diciendo cosas que no son ciertas o dando falso testimonio. Al no difamar a otros respetamos su persona, su nombre, su imagen, su reputación. Al no hablar con dureza evitamos causarle daño o sufrimiento a otras personas, lo cual destruye la paz y la convivencia pacífica. Al no charlar ociosamente evitamos un uso bajo, vulgar, básico, indebido, malicioso o dañino del poder del habla. Así respetamos a los otros seres sintientes y así les hacemos un servicio real, verdadero, importante.
  4. Servimos a los demás evitando todo acto sexual erróneo, inmoral e ilegal. Esto es: no teniendo relaciones sexuales con personas que ya están casadas, con personas que ya están comprometidas, con personas que están bajo el cuidado de sus padres o representantes legales o bajo la custodia de la ley, y con personas enfermas o discapacitadas que no pueden decidir por sí mismas. También no teniendo relaciones sexuales por la fuerza o de alguna manera que causa daño o sufrimiento a la otra personas. Así respetamos a las otras personas y les hacemos un servicio real, verdadero, importante.
  5. Y servimos a los demás no emborrachándonos ni consumiendo drogas que nos lleven al descuido y a la negligencia, porque al caer en el descuido y la negligencia rompemos todo lo anterior y le hacemos daño a los otros seres sintientes. Para servir y respetar a los otros seres sintientes debemos estar siempre conscientes, siempre vigilantes de nosotros mismos, siempre atentos a lo que pensamos, hacemos y decimos, y por eso evitamos el alcohol y las drogas. Así servimos a los otros seres vivos con un servicio real, verdadero, importante.

Buddha and dove.

Y también servimos a los demás extinguiendo en nosotros mismos las llamadas tres raíces del mal (lobha, dosa y moha, en idioma páli):

  1. Lobha: la raíz de la codicia, de la avaricia, de la obsesión, de la adicción, del deseo fuera de control.
  2. Dosa: la raíz del odio, del desprecio, de la rabia y de la ira.
  3. Moha: la raíz de la fantasía, de la ignorancia, del no-conocimiento.

Porque por medio de estas tres raíces surgen los pensamientos y las acciones dañinos, negativos, destructivos; el verdadero enemigo dentro de nosotros, los pensamientos y acciones que rompen la paz y la convivencia pacífica. Y cultivamos las tres raíces del bien (alobha, adosa, amoha), que son lo contrario de las tres raíces del mal:

  1. Alobha: la raíz de la generosidad, del desprendimiento material, de la no-posesividad.
  2. Adosa: la raíz de la benevolencia, del amor, de la amistad, de la paz.
  3. Amoha: la raíz del conocimiento verdadero.

Y así, evitando el mal (las tres raíces del mal) en nuestra propia mente y cultivando el bien (las tres raíces del bien) en nuestra propia mente, le hacemos un servicio real, verdadero, importante a los otros seres sintientes.

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Y también servimos a los demás cultivando y sosteniendo cuatro estados mentales que son sublimes, especiales, superiores, divinos, estados mentales parecido al de los seres de luz (devas) de planos superiores, e irradiando estos estados mentales hacia todas las direcciones del espacio, de manera pura y desinteresada, como lo hacen los Budhas y los Arahants y todos los Seres Nobles:

  1. Un estado mental de benevolencia (metta), de buena voluntad, de amigabilidad generosa, en el cual somos amigos de todos los seres en el universo, en este plano y en otros planos de existencia, y les deseamos el bien.
  2. Un estado mental de compasión (karuna), que es una forma de amor universal, impersonal y desinteresado, en el cual hacemos lo necesario para ayudar a otros seres.
  3. Un estado mental de aprecio empático (mudita), en el cual comprendemos a los demás y los reconocemos como dignos de aprecio y de compasión y de perdón, así como nosotros también lo somos.
  4. Y un estado mental de ecuanimidad (upekkha), en el cual los polos opuestos de la vida no nos afectan y no fluctuamos entre la alegría y la tristeza, entre el placer y el dolor, entre la luz y la oscuridad sino que vamos más allá de la dualidad.

Y con todo esto servimos a los demás viviendo siempre en la inofensividad (ahimsa, no-violencia) y en la paz, que son valores y principios de todos los Buddhas, sin hacer daño a nadie, sin causar sufrimiento a ningún ser sintiente, sin torturar, sin ser cruel, sin venganza, siempre perdonando. Y así es como también hacemos un servicio real, verdadero e importante a todos los seres que nos rodean y permitimos que haya paz en nosotros y en el mundo en que vivimos.

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Y no somos perfectos o infalibles en el servicio, pero cuando fallamos sentimos vergüenza, como debe ser. Las reglas de entrenamiento no son mandamientos, no son órdenes o comandos, no es presión, obligación, ritual, rutina vacía. No significa que nunca las rompemos, significa que no encontramos placer o dicha al romperlas, que cuando las rompemos sentimos dolor y decepción. Y entonces nos levantamos y retomamos el entrenamiento. Y mil veces fallaremos pero mil veces y una nos levantaremos y volveremos a empezar, hasta que la práctica sea completamente pura, perfecta, constante, sin falla.

Estas no son meras palabras, no es mera teoría. Esto es realidad y praxis, son hechos. Esto es real, esto es posible, esto se puede hacer, esto funciona. Nosotros lo difundimos porque lo hemos puesto en práctica y hemos visto que es real, que es posible, que funciona. No hay fe ciega aquí. No hay dogma. Esto es purificación y servicio activo.

Así lo enseñan todos los Buddhas en todos los mundos habitados como el nuestro, en el pasado, en el presente, y en el futuro. Esta Enseñanza no cambia, no caduca, no prescribe. Esta Enseñanza es sin-tiempo, fuera del tiempo, eterna, sin fecha de vencimiento. Es universal y cósmica.

cuida la tierra

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¡Importante: Hacer el bien sin apegarse al bien!

O cómo eliminar los tres complejos mentales

Cuando las personas hacen el bien, hay un problema de psicología profunda que usualmente se presenta. Cuando hacemos el bien, como en la manera en que hemos descrito más arriba, normalmente nos identificamos con la idea “yo soy bueno”. Esta identificación nos lleva automáticamente a compararnos con aquellos que “no son buenos”, sea esto basado en algo real o imaginario. Esto es hacer el bien apegándose al bien. El Buddha Gotama descubrió que este proceso doble de identificarnos con el bien y compararnos con los demás es un error que nos lleva al envanecimiento, al auto-engrandecimiento, a la petulancia, a la arrogancia y el orgullo espiritual. En esta identificación y comparación creemos que somos mejores que los demás, más puros, más nobles, etc. Incluso hay grupos modernos de espiritualidad que utilizan este proceso como una especie de mantra: “yo soy bueno”, “yo soy puro”, etc.

anatta_verdad ultima_no yo.En el buddhismo tenemos una solución a este problema. La solución es comprender que no existe realmente un yo fijo, estable, definitivo. Esto no es una “visualización”, no es un credo o un deseo. Realmente si observas la realidad de manera objetiva, te darás cuenta que no existe un yo fijo, estable, definitivo, ni siquiera en tu propia mente. Y si no hay un yo fijo, estable, definitivo, no tiene sentido apegarse a la idea “yo soy bueno, yo soy superior, yo soy mejor” y similares. Sólo existe aquí un manojo de procesos físicos y mentales que llamamos “ser” o “persona”. Pero todo esto es en esencia impersonal, es no-yo, carece de un ego-identidad. Al comprender esta verdad profunda de la existencia, podemos hacer el bien sin apegarnos al bien: sin identificarnos con una idea de que “yo soy bueno” y sin la comparación que origina el engaño de “yo soy mejor”. Aquí la palabra clave que es una fantasía es “yo”. Cuando descubres esta fantasía, se detiene la identificación y la comparación.

¡Y cuánta liberación y cuánto gozo existe en este servicio y en esta virtud que es totalmente impersonal, sin identificación y sin comparación! ¡Y cuán terrible puede ser aferrarse a estos símbolos mentales, estas fantasías que se llaman “yo” y “yo soy”! Por supuesto que a un nivel convencional existe un “yo” que es una herramienta social y piscológica. Eso no lo negamos. Pero estamos hablando aquí de una verdad última, trascendental, profunda. La mayoría de las personas todavía están en el nivel en que necesitan utilizar esa verdad convencional, explotarla, sacarle provecho. Obviamente una persona con baja autoestima o con una mente fragmentada puede encontrar cierta sanación y cierta integración psicológica al utilizar ese símbolo mental que es el “yo soy”, y la identificación con algo positivo ciertamente ayuda a la persona a sanar su mente. Pero una vez que la persona logró cierta sanación e integración psicológica, está lista para graduarse al siguiente nivel, y ese siguiente nivel es la verdad última trascendental, de que no existe realmente un yo fijo, estable, definitivo. Que esto que llamamos “yo” y “yo soy” es más una fantasía que una realidad.

Aquí yace la clave de un gran enigma buddhista. El Buddha afirmó que los que han logrado el Despertar han abandonado tres mentalidades o complejos mentales (mána):

  • El complejo mental de superioridad (seyyamána).
  • El complejo mental de inferioridad (hínamána).
  • El complejo mental de igualdad (sadisamána).

¿Y cómo una entidad o fenómeno auto-consciente no es ni superior, ni inferior, ni igual a otros? Esto parece un acertijo imposible. Esto puede ser sólo cuando comprendemos que en realidad somos fenómenos impersonales, sin-yo, no-yo, sin-ego-identidad. Lo más extraordinario de esta verdad última es que cuando la comprendemos se hace más fácil hacer el bien y servir a otros, porque ya no nos cuesta nada, ya no es una inversión personal, interesada, ya no traficamos ni negociamos con “nuestro” poder para hacer el bien, simplemente lo hacemos. Hacer el bien y servir a otros se convierte en algo tan natural y tan fácil como respirar. Entonces los preceptos ya no son reglas de entrenamiento sino que fluyen de manera natural, espontánea, en todo momento. Nos convertimos en la virtud y en el bien, sin identificación y sin comparación. Hay virtud, hay pureza, hay bondad, hay sabiduría y compasión en este fenómeno impersonal. Ningún yo, ningún yo soy. Dejamos de sentir, de pensar o de creer que “somos” superiores, o inferiores o iguales a otros. Esto es la verdadera “muerte” del ego, la verdadera caída de la “máscara” (persona, en latín) que tiene su base en el símbolo mental llamado “yo” y “yo soy”.

¡ELIMINA EL MÁS FEO COMPLEJO MENTAL QUE HAY!

narcisista
Soy, soy, soy soy… yo, yo, yo, yo… He aquí la persona (máscara, personaje, en latín). Esto es la “persona”: una máscara, un personaje, una mera actuación.

 

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