Theraváda

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Manuscrito del Canon Páli, los registros más antiguos y fidedignos sobre la Enseñanza del Buddha, base escritural del Therávada.

BUDDHISMO O DHAMMA

Cuando el Buddha se refería a su enseñanza, la llamaba Dhamma-vinaya, lo cual debería ser el nombre original o verdadero del Buddhismo. Dhamma-vinaya significa “Doctrina y Disciplina”. Los seguidores del Buddha también la llamaron de esa manera, aunque también se utilizó mucho el término Buddha-Dhamma, que significa “Doctrina de Buddha” o “Enseñanza de Buddha”.

En esa época el término religión, que es un concepto relativamente reciente, no existía. La palabra pali Dhamma (en sánscrito: Dharma) se utilizaba para expresar la idea de religión, en el sentido de doctrina religiosa, enseñanza filosófica o religiosa. Por eso la expresión Buddhadhamma se traduce muchas veces como Religión de Buddha, pero también podría traducirse como Enseñanza de Buddha, Verdad de Buddha, Doctrina de Buddha. Esos serían los nombres verdaderos del Buddhismo.

En la actualidad, en el contexto del Theraváda, los buddhistas se refieren a sí mismos en general como practicantes del Dhamma, seguidores o discípulos de Buddha. Los practicantes del Dhamma pueden ser de dos tipos: los seguidores laicos (hombres y mujeres que no se han ordenado en algún monasterio o abadía), y los practicantes ordenados (en pali: bhikkhu y bhikkhuní, monje y monja). El propio Buddha Gotama fue el primer bhikkhu de la historia del Buddhismo y el monje principal del Dhammavinaya durante los primeros cuarenta y cinco años de la misma.

El Buddha-dhamma consiste en las escrituras registradas en idioma pali: el Canon Páli. Este conjunto de textos se conoce como Tipitaka (en sánscrito: Tripitaka), los Tres Cestos o las Tres Canastas. Esto se debe a que el canon se dividió en tres partes principales que se guardaban en cestos o canastas. Las tres partes del Tipitaka son: el Sutta Pitaka (Cesto de los Discursos), el Vinaya Pitaka (Cesto de la Disciplina), y el Abhidhamma Pitaka (Cesto de los Análisis o Filosofía). El Canon Páli es muy extenso. Dependiendo de la traducción, puede llegar a tener muchos volúmenes de extensión. Una traducción en idioma inglés abarca cuarenta volúmenes y es once veces más larga que la Biblia. En la actualidad, por motivos de comodidad, llamamos al Buddhismo simplemente Dhamma, cuando nos referimos al núcleo de la religión o filosofía del Buddha, mientras que Buddhismo es un término general para las diversas tradiciones y escuelas que se originaron a partir de la difusión del Dhamma en el mundo.

MUCHAS TRADICIONES, UN MAESTRO

Con más de dos mil quinientos años de historia, el Buddhismo es más antiguo que el Cristianismo y el Islam. El Buddhismo nació en el norte de la India y siglos después se difundió por todo Asia, dando origen a muchas formas regionales y tradiciones mixtas. Por ello hay varias maneras de clasificar las distintas formas de Buddhismo que hay en el mundo. Una de ellas consiste en dividir el Buddhismo en dos ramas principales que hace mucho tiempo se les llamó hinayana y mahayana. En realidad, mahayana (significa “gran vehículo”) fue el término que un grupo de reformadores escogió para llamar a su escuela reformada de Buddhismo, mientras que llamaron despectivamente hinayana (“pequeño vehículo”) al Buddhismo de los Ancianos o Theraváda, que es el Buddhismo Original o Buddhismo Temprano. El mahayana se formó entre el siglo I y V de la Era Común y se extendió hacia el norte y el este de Asia. Más adelante el mahayana originó otras formas más recientes de Buddhismo. Otra manera de clasificar el Buddhismo es de acuerdo a los dos idiomas principales que se utilizaron para registrar sus textos y difundirlos por el continente asiático: el idioma páli y el idioma sánscrito. El Buddhismo antiguo o Buddhismo original es la tradición del Buddhismo en idioma páli o Buddhismo Theraváda (“Doctrina de los Ancianos”). Incluye todas las tradiciones regionales del sur de Asia, típicas de países como Sri Lanka, Birmania (Myanmar), Tailandia, Cambodia y Laos. La tradición en idioma sánscrito es el Buddhismo del norte y este de Asia, predominantes en China, Tibet, Nepal, Bhutan, Corea, Japón, Taiwán y Vietnam. Estas formas de Buddhismo son las que históricamente se denominaron a sí mismas Mahayana o Gran Vehículo. Otra clasificación considera una tercera rama o escuela principal llamada Vajrayana, que está representada por el Buddhismo esotérico nepalés, el Buddhismo esotérico chino, el Buddhismo tibetano y otras formas de Buddhismo esotérico del noreste asiático.

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Nuestro Maestro, el Despierto (Buddha) o Buddha Gotama.

El Theraváda se basa en el Canon Páli, que son las escrituras más antiguas que existen con respecto a las palabras del Buddha. Estas escrituras datan, en forma oral, del siglo III y IV antes de la Era Común y son el origen de muchas de las traducciones que más tarde aparecieron fuera de la India cuando el Buddhismo comenzó a expandirse por Asia. El idioma páli aún se sigue utilizando como “lengua sacra” en los países donde predomina el Buddhismo Theraváda. En América y Europa penetraron primero algunas escuelas del mahayana y del vajrayana como el Buddhismo Zen y el tibetano. Sólo recientemente comienza a conocerse el Theraváda, que es la única escuela antigua sobreviviente del Buddhismo original. Todas las tradiciones, sin embargo, provienen o se refieren al mismo Maestro: el Buddha Gotama, el fundador de esta hermosa religión.

MUCHAS VIDAS, UNA ESCLAVITUD

Los buddhistas creemos que el ser humano nace en el mundo, muere y vuelve a nacer muchas veces. Así estamos todos en el mundo. Nacemos, morimos, renacemos, volvemos a morir… Es un ciclo automático que parece que no tiene fin. Una condena, casi. Una esclavitud. Cada vez que renacemos, lo hacemos con una nueva forma, un nuevo cuerpo y mente. Durante incontables renacimientos hemos sido hombres, mujeres, amos, sirvientes, esclavos, gobernantes, comerciantes, sacerdotes, mendigos, prostitutas, criminales, de todo. Nuestro sexo, nuestra raza, nuestra identidad en esta vida desaparecerán con la muerte, y cuando volvamos a aparecer en el mundo todo comenzará otra vez: la niñez, la adolescencia, la vida en familia, la vejez, la enfermedad, la muerte. A veces tenemos buena suerte: nacemos en una buena familia, en un buen país. Otras veces no es así. Nosotros de hecho no creemos que sea una cuestión de suerte. Nuestras acciones en esta vida presente determinarán cómo será nuestra existencia futura, así como lo que hicimos en vidas anteriores determinó nuestra existencia actual. Nuestros pensamientos, palabras y acciones no sólo determinan las condiciones y circunstancias de nuestro futuro inmediato en esta vida: también determinan nuestras condiciones y circunstancias en la existencia siguiente. No hay ningún dios o demonio, ninguna fuerza invisible y despótica que nos pueda condenar a ir al infierno o premiarnos con ir al cielo: somos nosotros mismos, con nuestras acciones intencionales (kamma), los que nos condenamos o premiamos a nosotros mismos.

A este ciclo de incontables renacimientos y muertes lo llamamos samsára. A un ser determinado lo llamamos “corriente de vida”. Cada corriente de vida tuvo incontables existencias en el pasado y seguirá teniendo incontables existencias en el futuro. Hace dos mil quinientos años se creía que ninguna corriente de vida podía escapar del samsára, que la existencia en el samsára era una esclavitud eterna, sin salido alguna. Condenados a vivir esta mezcla de placer y dolor, felicidad y tristeza, vida y muerte, renacemos incluso como fantasmas, como espíritus y animales, como humanos y como seres de luz, pero siempre atados al mundo. Esto se creía hasta que una persona, un Iluminado, descubrió una salida, una vía de escape del samsára. A este Iluminado lo llamamos el Buddha (el Despierto). El Buddhismo es su doctrina. Cuando el Buddha se refiere a nuestra salvación, quiere decir nuestra liberación definitiva del samsára. Renacer en el cielo es una salvación pasajera, puesto que incluso los seres de luz en el cielo tendrán que morir y volver a nacer en algún otro mundo. La salvación de la que habla el Buddha es una salvación definitiva al ciclo de renacimientos, una emancipación definitiva a la mezcla de vida y muerte que caracteriza al samsára. Ese estado supremo del ser, más allá del samsára, de la vida y de la muerte, el Buddha lo llamó Nibbana, Lo Supremo.

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Todas nuestras posesiones materiales, incluyendo nuestro cuerpo, se destruyen con la muerte. No nos llevamos nada tangible para la siguiente existencia. Sólo nuestro mérito (kamma bueno) nos acompañará en la siguiente vida.

UNA CÁRCEL DE PLACERES Y ANGUSTIAS

La existencia en samsára puede ser vista como una condena: estamos obligados a vivir una y otra vez esta mezcla de placeres y angustias, de felicidad y tristeza, de vida y muerte. No obstante, el Buddha nos exhortó a ser optimistas: el hecho de nacer como un ser humano es una oportunidad valiosísima. Una oportunidad para aprender y para evolucionar espiritualmente, puesto que sólo en el mundo de los humanos podemos liberarnos definitivamente de las garras de Mára y de la esclavitud del samsára. La vida humana es por ello una bendición. Para los seres que renacer como humanos es más fácil crecer en sabiduría y compasión. Los animales no están conscientes de sí mismos y de lo que hacen, y por tanto no pueden crecer en sabiduría y conocimiento como nosotros. Los seres espirituales de luz (los devas) viven en medio de innumerables placeres celestiales, es un estado que parece de eterna juventud y salud, y por tanto no piensan mucho en el cautiverio del samsára. Los fantasmas hambrientos (petas) y los espíritus iracundos (asuras) están demasiado confundidos y agitados por sus propias pasiones que apenas pueden comprender lo que son y por qué se convirtieron en eso. De manera que sólo la existencia humana se encuentra en el plano o dimensión justamente conveniente para que los seres puedan interesarse por la liberación final y definitiva: ni muy agitados como los seres inferiores, ni muy relajados y despreocupados como los seres de luz en los planos superiores (reinos celestiales).

El Buddha decía que pocas corrientes de vida tienen la oportunidad de renacer como humanos en comparación con aquellas que renacen con otra forma. Esto puede ser cierto ya que el número de humanos en este mundo en un momento determinado siempre es mucho menor que el número de animales (insectos, peces, aves, reptiles, anfibios y mamíferos) vivos en ese mismo momento. Si consideramos formas invisibles de existencia (fantasmas, espíritus, seres de luz), el número de humanos es incluso aún menor en comparación.

Muy difícil en verdad es obtener esta preciosa vida humana.
Tenemos que hacer que valga la pena.
Esta vida humana es aún más preciosa por el hecho de haber conocido el Dhamma, la Enseñanza del Buddha.
Incontables son aún los seres que no han conocido el Dhamma
y que por tanto no tienen oportunidad de emanciparse del ciclo de renacimientos.

EL CIELO Y EL INFIERNO

El cielo y el infierno forman parte de la Enseñanza del Buddha, si bien hay notables diferencias en comparación con las creencias equivalentes en las religiones deístas. En el Judaísmo, Cristianismo y el Islam, el cielo es una recompensa eterna y el infierno un castigo eterno. En el Buddhismo no es así. Una corriente de vida puede renacer en el cielo (además hay varios cielos o reinos celestiales, según los discursos del Buddha) debido a sus acciones meritorias (buen kamma), pero cuando esa energía se agote la corriente de vida volverá a renacer en estados inferiores de existencia. Esos estados o mundos inferiores son, en orden descendente, el mundo de los humanos, el mundo de los animales, el plano de los espíritus iracundos y fantasmas hambrientos, y finalmente el infierno o purgatorio. En la dirección contraria ocurre igual: una corriente de vida renacida en un infierno o plano inferior morirá allí y renacerá en algún plano superior, de manera que la existencia en el infierno o purgatorio tampoco es eterna. Y así los seres están vagando constantemente, muriendo en un plano y renaciendo en ese mismo plano, o en un plano inferior o en un plano superior, dependiendo de sus acciones (kamma). El Buddha llama esto el “devenir”, el “convertirse en”, que nosotros traducimos como renacer. Básicamente los seres no tienen forma preestablecido o definida. Una corriente de vida que aparece en el infierno como un demonio o espíritu demoníaco eventualmente renacerá, cambiando de forma, en un plano superior, apareciendo como animal, como humano o como un deva (ser de luz). Igual un ser de luz puede desaparecer de los reinos celestiales y reaparecer en el mundo de los humanos, y luego en el mundo de los animales, y aún más abajo en un infierno o purgatorio. Cada una de estas “apariciones” es una vida o existencia en un plano determinado. No hemos sido creados con una forma o destino fijo sino que nosotros mismos determinamos nuestra forma y destino futuro dependiendo de nuestras acciones intencionales, dependiendo de nuestro kamma.

El Buddha pudo ver todo esto y entender este mecanismo de la existencia. Después de su iluminación pudo recordar todas sus vidas anteriores. Otros seres humanos que no han logrado el Despertar (Bodhi) también han recordado detalles de sus vidas anteriores, sobre todo de sus vidas humanas, siendo testigos de la verdad del renacimiento o reaparición del ser en diversos planos de existencia. En la Religión de Buddha, sin embargo, no llamamos esto “reencarnación”, puesto que esa es una creencia que pertenece a otra religión (la de los vedas o brahmanes, el hinduismo). Reencarnación y renacimiento son dos teorías distintas. Para distinguir la teoría buddhista de la teoría hinduista, preferimos hablar de renacimiento en vez de reencarnación.

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Representación de un Reino Celestial. Los reinos celestiales son dimensiones
superiores donde podemos renacer, después de morir, dependiendo de nuestras
acciones en nuestra vida presente. Fotograma de la película animadaThus Have I Heard“.

UN BUDDHA, MUCHOS BUDDHAS

El Buddha Gotama no creyó ser un hombre único o absolutamente especial, en el sentido de que la condición de Budeidad puede ser lograda por cualquier otro ser autoconsciente. En las religiones deístas hay sólo un Cristo o un Profeta de Dios, pero en el Buddhismo la condición de Buddha o Arahant (santos iluminados, despiertos) es inherente a todos los seres sintientes y puede ser lograda por cualquiera, no sólo en este planeta sino en cualquier planeta habitado como el nuestro. Hay una tradición que dice que en cualquier momento dado hay diez mil Buddhas, como el Buddha Gotama (el fundador del Buddhismo en este mundo), en diez mil mundos habitados como el nuestro en este universo. Cualquier ser autoconsciente que descubra el Dhamma (la Verdad Fundamental de la existencia), en cualquier mundo habitado, se convertirá en un Buddha. Y cualquier ser humano que sea discípulo de un Buddha y logre también la Budeidad, se convertirá en un Arahant, que es un sinónimo de la palabra Buddha. La tradición Theraváda nos presenta varias listas de Buddhas anteriores, de las cuales la más corta menciona a siete Buddhas en este mundo de los cuales el Gotama es el séptimo:

Homenaje a Vipassi, poseedor de la visión y el esplendor. Homenaje a Sikhi, compasivo hacia todos los seres.
Homenaje a Vessabhu, libre de todas las contaminaciones y poseedor de la energía ascética. Homenaje a Kakusanda, el Buddha conquistador de Mára.
Homenaje a Konagamana, quien se ha despojado de todas las contaminaciones y ha vivido la vida santa. Homenaje a Kassapa, quien está completamente libre de todas las contaminaciones.
Homenaje a Angirasa [el Gotama], el hijo de los Sakyas, quien está lleno de resplandor y quien proclamó el Dhamma que disipa todo sufrimiento.
(Discurso sobre la Protección de Atanatiya)

La tradición también nos dice que el octavo Buddha por aparecer en este mundo, después del Bendito Buddha Gotama, se llamará Metteya (en sánscrito: Maitreya), el futuro Buddha.

El Theraváda es la escuela más ortodoxa y conservadora de todo el mundo buddhista. Theraváda significa “Doctrina de los Ancianos”, y se refiere a la escuela más antigua de Buddhismo que ha sobrevivido hasta la actualidad. El Theraváda se basa en el Canon Páli, que a su vez es el canon de escrituras buddhistas más antiguo que ha sobrevivido hasta nosotros (fijado en forma oral varios años después de la muerte del Buddha, y en forma escrita unos doscientos años antes de la Era Común).

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Estatua del Bienaventurado Buddha Gotama en la India.

 

LA BANDERA DEL BUDDHISMO

240_F_52645710_UuMOyqi3Jqe3lNkVfzn3Y8Vhc5bKvCtGÉsta es la bandera con la cual se reconoce el Buddhismo en todo el mundo. Fue diseñada en 1880 por el Comité Colombo, en Colombo, Sri Lanka. Los cinco colores de la bandera hacen alusión a los que emanaron del cuerpo de Buddha cuando alcanzó la iluminación:

El azul, que emanó del cabello de Buddha, simboliza la Compasión Universal por todos los seres vivientes. El amarillo, que irradió de su piel, simboliza el Camino medio que conlleva al balance y liberación. El rojo, irradiado de su carne, representa la bendición de las enseñanzas de Buddha. El blanco, que se desprendió de los huesos y dientes de Buddha, simboliza la liberación y pureza de sus enseñanzas; la pureza del Dhamma. El naranja, que emanó de sus palmas, talones y labios, representa la inquebrantable Sabiduría de las enseñanzas de Buddha. Los colores en su conjunto simbolizan la verdad contenida en el Dhamma del Buddha.

LA TRIPLE GEMA

La Triple Gema o Tres Joyas es algo así como la Santísima Trinidad del Buddhismo: es lo que consideramos más sagrado y más valioso de esta Religión-Filosofía. Sin la Triple Gema el Buddhismo quedaría completamente vacío y sin sentido. La Triple Gemas, como su nombre lo indica, se compone de tres elementos que juntos forman una unidad inseparable:

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En el Canon Páli cada una de estas Gemas o Joya se describe de la siguiente manera:

BUDDHA –¡Digno, honorable y perfectamente Iluminado es el Buddha! Consumado en conocimiento y comportamiento, totalmente transcendido, experto en todas las dimensiones, conocer de todos los mundos, inigualable entrenador de aquellos que pueden ser entrenados, tanto maestro como guía de dioses así como de humanos, bendito, exaltado, despierto e iluminado es el Buddha.

DHAMMA –Perfectamente formulado es este Buddha-Dhamma, visible aquí y ahora, inmediatamente efectivo, sin tiempo, que invita a cada uno y a todos a venir y ver por sí mismos, inspeccionar, examinar y verificar. Guiando a todos y cada uno a través del progreso hacia la perfección. Directamente observable, experimentable y realizable por cada inteligencia…

SANGHA –Entrenando perfectamente está la Noble Sangha, comunidad de discípulos del Buddha; ¡entrenando en el camino correcto, en el camino verdadero, en el camino bueno y en camino directo! Por lo tanto estos ocho tipo de individuos, los cuatro pares nobles, merecen tanto regalos como auto sacrificio, ofrendas, hospitalidad y saludos reverenciales con las palmas de las manos juntas, y debido a esto esta Noble Comunidad de los Nobles discípulos de Buddha es un campo de mérito inigualable y por siempre sin igual, en este mundo, para este mundo, para honrar y respetar, sostener y proteger.

Buddha es el Despierto, el Maestro, el Sabio y Santo que inició esta Religión-Filosofía. Dhamma es la Enseñanza, la Doctrina, la Religión-y-Filosofía del Buddha. Sangha es la Comunidad de Discípulos Nobles, Monjes y Monjas.

Los buddhistas podemos pensar en el Buddha como nuestro Padre, en el Dhamma como nuestra Madre, y en la Sangha como nuestra familia de hermanos y hermanas.

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Veneración a las Tres Gemas (Buddha, Dhamma, Sangha), relieve encontrado en Gandhara (actualmente Pakistán), en el siglo II de la Era Común. La pieza pertenece actualmente al Museo Etnológico de Berlín.

PARA SER UN VERDADERO BUDDHISTA…

En el contexto del Theraváda y de los practicantes laicos del BuddhaDhamma, hay dos cosas que te convierten en un buddhista verdadero: la Toma de Refugio y los cinco preceptos. Estos dos cosas es lo mínimo que uno debe hacer para considerarse un verdadero buddhista laico o seguidor del Buddha. La Toma de Refugio en los países donde predomina el Theraváda es una ceremonia que se lleva a cabo en frente de un bhikkhu o bhikkhuní, quien recita la toma de refugio en idioma páli y que la persona laica debe repetir. Esto es algo así como un “sacramento”, algo parecido a la “primera comunión” de los católicos. Al tomar refugio en la Triple Gema la persona acepta el Buddha-Dhamma como su religión o código de conducta. La toma de refugio consiste sólo en la siguiente recitación:

Tomo refugio en Buddha.
Tomo refugio en Dhamma.
Tomo refugio en Sangha.

Por segunda vez, tomo refugio en Buddha.
Por segunda vez, tomo refugio en Dhamma.
Por segunda vez, tomo refugio en Sangha.

Por tercera vez, tomo refugio en Buddha.
Por tercera vez, tomo refugio en Dhamma.
Por tercera vez, tomo refugio en Sangha.

Las personas laicas que no tienen acceso a un templo buddhista o a un bhikkhu o bhikkhuní pueden hacer la toma de refugio por su cuenta. Tan sólo es necesario que la persona recite en voz alta la toma de refugio o incluso mentalmente. Esta recitación en solitario y en privado equivale a una “confesión de fe”, siempre y cuando se haga de corazón y con intención pura, aunque no esté presente un monje o monja.

Los cinco preceptos son el código de conducta mínimo que las personas deben llevar a cabo para considerarse buddhistas o practicantes del Dhamma. Los cinco preceptos es la forma más simple cómo el Buddha resumió la conducta noble o virtuosa (síla) para personas laicas. Los preceptos están diseñados para minimizar al máximo el daño que podemos hacer a otros seres vivos con nuestra conducta y también a nosotros mismos. Los cinco preceptos se basan en el principio buddhista de ahimsa (inofensividad) pero también contienen otros valores y principios fundamentales como la buena voluntad (mettá), la compasión (karuná) y la vigilancia de uno mismo (appamáda). En general hay una versión muy corta de los cinco preceptos que es ésta:

  1. Acepto el precepto de no matar.
  2. Acepto el precepto de no robar.
  3. Acepto el precepto de no mentir.
  4. Acepto el precepto de abusar del sexo.
  5. Acepto el precepto de evitar bebidas alcohólicas.

Sin embargo, esta versión corta le quita un poco de belleza y sabiduría a la versión más completa, que es la siguiente:

  1. Acepto el precepto de no tomar la vida de otros seres sintientes (no matar ni torturar: mamíferos, reptiles, anfibios, aves, peces, insectos). Viviré lleno de compasión y tolerancia hacia todos los seres vivos.
  2. Acepto el precepto de no tomar lo que no me han dado (no robar). No robaré ni cometeré fraude para apoderarme de lo que no me pertenece. Seré generoso y desprendido de las cosas materiales.
  3. Acepto el precepto de no hablar falsamente, evitar la charla vana, el chisme, la cizaña y la discusión iracunda. Seré honesto y diré siempre la verdad, no inventaré falsas noticias ni venderé información como un espía.
  4. Acepto el precepto de evitar toda conducta sexual impropia. Respetaré el matrimonio o compromiso que hay entre otras personas. No tendré relaciones con persona menores de edad, ni con personas discapacitadas o enfermas.
  5. Acepto el precepto de evitar substancias intoxicantes que nublen mi mente y produzcan negligencia. Viviré siempre atento y vigilante a todo lo que pienso, digo y hago. No dejaré de vigilarme y observarme a mí mismo para no hacerme daño y no hacer daño a otras personas.

Fuente: Buddhismo Theraváda para principiantes.

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